La última esperanza
Capítulo 25
Un niño moreno, de apenas ocho años, corría solo por una pradera. Estaba llorando.
Rey observó cómo se resguardaba bajo un árbol y se acercó.
El niño se asustó al verla, limpiándose las lágrimas al ser descubierto.
—Hola. ¿Estás bien?
—Sí…
—¿Por qué lloras?
—Hoy es mi cumpleaños.
—¡Pero eso es bueno! Felicidades.
—Estoy solo, mis padres no están conmigo.
Rey puso una mueca de tristeza. Se agachó para estar a su altura. Sus orejas de soplillo y sus lunares le resultaron familiares.
—¿Cómo te llamas?
—Ben…
Lo que había supuesto.
—Yo soy Rey —sonrió de oreja a oreja.
Ben sonrió, un poco rojo al hablar con una chica guapa y mayor.
—¿Sabes? Desde que soy muy niña, he pasado sola todos mis cumpleaños. No eres el único, Ben. Hoy lo pasaremos juntos si quieres. ¿Te gustaría jugar a ser un Jedi?
—¿Cómo mi tío Luke?
—¡Sí, como tu tío!
Rey buscó dos troncos lo más parecidos a palos y jugó con él toda la tarde a que eran dos caballeros.
—Tengo que irme, Rey, es tarde y me reñirán mis cuidadores.
Esta lo estrechó entre sus brazos y lo besó en la mejilla.
—No lo olvides, vales mucho.
—¿Volveremos a vernos?
—Estoy segura de que sí…
El niño marchó colina abajo, feliz.
Se fue haciendo de noche rápidamente y de pronto vio a un adolescente caminar hacia el árbol. Trepó hasta las ramas.
Rey se acercó para observarlo mejor. Al verse descubierto, casi cayó al suelo.
—¡Cuidado! O te meterás un buen porrazo.
—¿Quién eres?
—Soy Rey. ¿Y tú?
—Ben.
Ella quedó confusa. Acababa de dejar al Ben de ocho años.
Decidió subirse al árbol también.
—¡Ey! Este árbol me pertenece.
—No veo que lleve tu nombre escrito.
El chico bufó, molesto. No le gustaba que invadieran su intimidad.
—Listo.
—Trepas muy bien —tuvo que admitir.
Rey observó que ya tapaba sus orejas con una media melena. No era capaz de mirarla a la cara.
—Conocí a una chica que se llamaba Rey también. Fue hace años.
—¿Y tú cuántos tienes ahora?
—Dieciséis.
Rey solo tenía tres más que él, pero se sintió mucho más adulta.
—¿Y tú? —preguntó Ben.
—Soy un poco más mayor… ¿Qué haces aquí solo a estas horas?
—Mis padres no paran de discutir. El único que me hace caso es un wookiee, amigo de mi padre. Mi madre es Senadora y mi padre… bueno… Va de aquí para allá con esa chatarra de nave que tiene.
—¿Y no te ha llevado en ella?
—No quiero ni subir, la aborrezco.
En esos momentos ya se notaba su enfado hacia Han.
—Bueno, al menos tienes padres. Los míos me abandonaron cuando era una niña muy pequeña.
—Pues te envidio, me cambiaría por ti. Es mejor que esto. Además, sé que me escoden cosas familiares, y eso me agobia.
—Sería mejor que volvieras a casa, ¿no crees?
—¿Y tú de dónde vienes? —cambió de tema.
—De Jakku.
—Vaya… qué aburrido.
—Sí, la verdad…
—¿Y… no tienes ninguna familia? Hijos, un marido…
—Bueno… tal vez esté esperando aún a la persona que me quiera —decidió mentirle.
—Seguro que será afortunado… Eres muy guapa —el pobre bajó la mirada. Por la oscuridad no pudo verlo, pero seguro que tenía la cara y las orejas como brasas.
—Espero que sea tan guapo como tú.
Ben perdió el equilibro y casi se cayó de bruces de no ser por Rey, que detuvo la caída usando la Fuerza.
De un salto bajó y ayudó al joven, que ya era más alto que ella, aunque de complexión delgada.
—¿Eres una Jedi?
—Sí —se echó a reír.
—Mi tío lo es. Seguro que le conoces…
—Luke Skywalker. Sí, lo conozco. ¿Y tú vas a ser un Jedi?
—No creo tener tanta habilidad.
—Te sorprenderías, Ben Solo.
—¿Cómo sabes mi apellido?
—Si Luke es tu tío, tu madre es Leia Organa y su esposo es Han Solo —dijo para salir del paso.
—Claro. Supongo que son muy conocidos en toda la Galaxia.
—Bastante. Oye, ¿quieres que probemos tu habilidad en la Fuerza?
—¿Cómo?
—Sentémonos y crucemos las piernas.
Se colocaron el uno frente al otro.
—Cierra los ojos, toca la hierva con las palmas de los dedos y deja que la Fuerza fluya por tu cuerpo. Porque está en todas las cosas. En la luz y en la oscuridad, en lo bueno y en lo malo, en ti y en mí…
Rey observó a Ben, que se lo había tomado muy en serio. Lo cogió de las manos y dejó que su Fuerza pasara a través de él. Este la miró de pronto, asombrado.
—La siento como nunca antes…
—Y yo… Ben Solo…
Estuvieron así toda la noche, compartiendo su fuerza.
Pero Rey vio en él la Oscuridad que se cernía, a Snoke acechando. También vio la Luz, aunque cada vez se volvía más pequeña.
Llegado el amanecer, Ben tuvo que irse a casa.
—Gracias por creer en mí…
—Puedes hacer cosas grandes, Ben…
—¿Volveremos a vernos?
—Seguro que sí.
Y se fue con una sonrisa tonta en los labios.
Rey se tendió bajo el árbol, y durmió un poco. Al despertarse, un Ben ya adulto la miraba con seriedad.
Este pareció reconocerla.
—¿Me recuerdas? Soy Rey…
—No puede ser —respondió él con su masculina voz—. No pareces ser más mayor que yo.
—¿Cuántos años tienes?
—Veintidós.
Iba vestido como un padawan y se había dejado una trenza crecer, a un lado. Sobresalía por debajo de su abundante melena negra.
Rey sintió que el corazón le iba a explotar de emoción al ver a Ben de aquella forma.
La Jedi observó algo tallado en la madera del árbol. El joven lo tapó con la mano, rápidamente, como si se apoyara en el tronco, disimuladamente.
—Venía a despedirme de mi lugar favorito. En el que puedo disfrutar de mi soledad en paz.
—¿Te vas?
—Me voy al Templo Jedi definitivamente.
—Entonces viste tu potencial.
—Tal vez…
Se quedaron callados un largo rato. Rey le observó directamente, él no fue capaz de alzar la vista.
—¿Por qué no me miras?
—Te estuve esperando cada día… Y no volviste, me dejaste solo de nuevo.
—Ben… No dependía de mí, te lo aseguro. No era mi intención… —se le llenaron los ojos de lágrimas.
—No… no llores, por favor…
Rey llevó la mano hasta la de él, la que estaba apoyada en el tronco. Se la apartó y vio sus dos iniciales talladas, juntas.
—Tonterías de adolescentes —se excusó él.
Rey sonrió, halagada.
—Vaya…
—Espero que hayas encontrado a alguien y ya no te sientas sola.
—Lo encontré…
Deslizó la mano por su brazo hasta llegar a su masculino rostro. Ben se estremeció con el contacto. No dejaba que nadie lo tocara desde hacía ya unos cuantos años.
Él acarició los cabellos de Rey y sonrió brevemente.
La joven pegó el cuerpo al de Ben, dándole a entender lo que deseaba.
Sus frentes se tocaron y sus alientos se mezclaron, deseando besarse.
Una voz masculina lo llamó al fondo y Ben se apartó de ella, frustrado.
—Es mi tío. Tengo que irme.
Se apartó de ella, que lo sujetó de la mano antes de que se marchara del todo.
—¡No estás solo, Ben! Recuérdalo.
Él la soltó y se fue antes de que Luke los viera. Este tenía un aspecto más joven y aseado. Ambos hombres desaparecieron finalmente.
—Volveremos a vernos… —susurró Rey.
La Jedi anduvo loma abajo y vio humo de fondo. Echó a correr hacia allí, como loca. Al llegar al punto del que salía el humo, vio el Templo Jedi destruido y muchos muertos.
Se giró de un lado a otro, buscando a Ben. Entonces lo vio.
Snoke ya lo había seducido, ya no era Ben, sino Kylo Ren. Y Luke había cometido un tremendo error.
Él la reconoció, pero le dio la espalda.
—¡Ben! —lo llamó, corriendo hacia él.
Este sacó su espada láser y se le encaró.
—¡Vete, Rey! ¡Vete de aquí! ¡No me mires!
—¡Ben!
Él la atacó con su sable láser, intentando asustarla. Pero Rey usó la fuerza y, con el brazo levantado, se la arrancó de las manos, dejándolo desarmado y confuso.
—¡Soy más poderosa que tú ahora mismo, Ben!
—¡Ben está muerto! —bramó ofuscado.
—¡Ben Solo no está muerto! ¡Es el hombre que amo! ¡Él está vivo!
Este se quedó confundido y se llevó las manos al rostro, para tapárselo.
—¡Llegaste tarde! ¡Me dejaste solo!
—¡Nunca volverá a pasar! ¡Nunca me separaré de ti!
Él le tendió la mano y tragó saliva. Rey sabía que estaba sufriendo por lo que acababa de perpetrar.
—Ven conmigo, Rey.
—No, ven tú conmigo.
Ella también le tendió la mano.
El joven se acercó poco a poco, pero una sombra sobre él pareció detenerlo. El lado Oscuro le susurró cosas, Rey pudo escucharlas.
—No, Ben, no hagas caso a Snoke…
—Ven conmigo, Rey, juntos seremos invencibles…
—No puedo…
La Jedi bajó la mano, dejándola inerte sobre su costado. Y sollozó amargamente por no poder ayudarlo.
Ben reculó, apretando el puño. Recuperó su arma y le dio la espalda a la mujer, despareciendo del todo.
Rey cayó de rodillas, muerta de tristeza. Cerró los ojos, mientras el humo la rodeaba y el calor de las llamas quemaba su piel. De pronto todo cambió y pasó a estar en un bosque invernal. Se levantó y miró a su alrededor, confusa.
Corrió con dificultad por la nieve y sintió que la perseguían. Miró hacia atrás y Kylo Ren, con su casco y la ropa de invierno, la estaba siguiendo espada láser en mano.
No conocía sus intenciones, ignoraba si la había reconocido, así que prefirió poner espacio de por medio para poder ganar tiempo.
Sin embargo, sintió la Fuerza empujarla contra el tronco de un árbol. Hizo un esfuerzo para contrarrestarla y pudo darse la vuelta.
Kylo la estaba manteniendo allí con su mano levantada.
—Rey —le escuchó decir con la voz distorsionada.
—Ben…
—Ben está muerto —insistió—. ¿Realmente quién eres? No has cambiado en años. Estás exactamente igual, como si el tiempo no hubiera pasado para ti.
—Soy tu destino… Y tú eres el mío. Nos vamos a encontrar en todas las épocas de tu vida en las que te sientas solo.
Rey por fin lo comprendió.
—Me he sentido más solo que nunca estos seis años desde que nos vimos, desde que no cogiste mi mano.
Rey comenzó a sollozar, recordando que ya había hecho aquello en una ocasión anterior, en la Supremacía.
—Lo siento… Ahora estoy aquí, he venido a salvarte.
—No necesito que me salves. Estoy donde quiero estar.
Rey sintió que le costaba respirar y algo apretaba su cuello levemente. Levantó la mano también y usó su fuerza para impedírselo.
—Ahora sé quién soy, quién fue mi abuelo; Darth Vader. Me lo estuvieron escondiendo durante más de dos décadas, como si yo fuera un imbécil al que proteger. Mi destino es cumplir lo que él no pudo: matar a todos los Jedi. Y tú eres una de ellos.
—Anakin Skywalker se redimió. ¡O es que no lo sabes!
—¡Cállate! —apretó con fuerza y Rey chilló, empujándolo hacia atrás con su poder, zafándose de él.
Rodó por la nieve, pero él la asió del brazo para levantarla y empujarla con su cuerpo contra otro tronco.
Rey sintió temblar sus piernas.
—Quítate eso —le ordenó mirándolo—. No pienso hablar contigo si no es cara a cara.
Kylo apagó su espada y llevó las manos al casco, del que se despojó.
Debajo estaba el Ben que ella conocía, aunque sin la cicatriz. Sus ojos marrones la miraron, y se dirigieron hacia sus labios, justo antes de besarlos con pasión.
Rey se resistió al principio, pero le anhelaba desesperadamente. Pasó los brazos alrededor de su cuello y él le levantó las piernas para que también le rodearan.
—Te amo —dijo él—. No he dejado de amarte, Rey.
—Ni yo a ti. En todas las épocas, en todos los momentos, te he amado.
—Ayúdame, Rey. Quiero salir de este lugar. Me siento tan solo… Sin ti… Me estoy muriendo sin ti. Noto como mi Fuerza se apaga.
Rey le quitó un guante para sentir la calidez de su mano.
La apretó fuerte y tironeó de ella, para que Ben caminara.
—Vamos a salir de aquí, y todo irá bien.
Pero las voces del Lado Oscuro torturaron a Ben.
—¡No las escuches!
Este cayó de rodillas sobre la nieve y comenzó a sangrarle un costado profusamente.
—¡Ben! —Rey quiso taponar su herida, pero no consiguió parar la hemorragia.
—Rey… Me voy…
—¡No puedes irte! ¡No lo permitiré!
—Te amo… No lo olvides, chatarrera.
—¡No me dejes sola! ¡Espero un hijo tuyo!
Ben la escuchó, pero comenzó a perder el sentido entre los brazos de Rey.
—No… Por favor…
Finalmente se quedó inerte y frío.
Rey chilló de rabia, impotencia y dolor, rota por dentro, mientras la nieve les caía encima y los tapaba a ambos…
