Disclaimer: El mundo de Harry Potter pertenece a JK Rowling y la historia original a Luckei1.
Capítulo 25: Tormenta en las sombras.
A la mañana siguiente, Hermione evitó a Draco, quien pasó todo el día con Harry planeando sus siguientes estrategias. La única interacción de Hermione con alguno de ellos fue cuando le llevó a Draco su poción. Le sonrió felizmente a Harry, platicó un poco un él, y fulminó a Draco con la mirada. Les preparó la comida y los dejó comer, eligiendo comer sola.
Planeaba pensar realmente en todo lo que le estaba pasado –especialmente con los fastidiosos y horribles sentimientos que tenía hacia Malfoy– pero la mayor parte del día la pasó mirando hacia la nada, dejando que su mente vagara sin orden.
Casi siempre terminaba pensando en sus padres. Mañana era el segundo aniversario de su muerte. Dudaba que Harry lo recordara; estaba tan preocupado que seguramente lo olvidaría. Y estaba segura de que Draco no lo recordaría.
Ya ni siquiera estaba enojada con él, sólo terriblemente triste. Esas cosas que ella le gritó habían sido por el peso del aniversario de la muerte de sus padres acercándose, no había ningún resentimiento contra él. Pensó en que tal vez él sabía eso, pero no podía estar segura; eso esperaba, porque no estaba segura sobre si podría disculparse, no con todo lo que pasaba por su mente. Era demasiado pesado. Terminaría llorando, y llorar dos veces en dos días frente a él era inaceptable.
Después de la cena, Hermione encontró a Harry y a Draco revisando sus planes aún en el comedor.
–Malfoy. –dijo.
Él la miró.
–Necesito revisarte para asegurarme de que la herida ha sanado.
–Okay… ¿qué tengo que hacer?
–Necesito que te recuestes y me dejes revisar tu estómago.
A Draco no le gustó mucho la idea.
–¿Dónde?
–No importa.
–El sofá en la estancia.
–Okay. –Ninguno de los dos se movió.
–¿Ahora? –preguntó.
–Sí, quiero irme a dormir.
–¿Tan temprano, Hermione? –preguntó Harry.
–Estoy cansada. –dijo y dejó la habitación. Draco la siguió a regañadientes a la estancia. Ella se cruzó de brazos mientras él se recostaba.
Su impaciencia estaba poniendo nervioso a Draco. Lo que era bastante tonto. Miró a Hermione, esperando a que cruzara la habitación y lo examinara. La vio fruncir el ceño y se dio cuenta de que ella estaba igual de nerviosa que él, sino es que más. No estaba impaciente, estaba nerviosa sobre lo que tenía que hacer. La última vez que vio sus heridas, él había estado inconsciente.
Saber eso le dio todo lo que necesitaba para calmar sus propios nervios.
–Uhm, estómago. –dijo Hermione aun desde la puerta.
–Oh, cierto. –dijo él. Se sentó y se quitó la playera. La escuchó tomar una bocanada de aire y él sonrió.
La última vez que Hermione había visto tanto de Draco, él había estado cubierto de horribles heridas. Había esperado que algunas todavía estuvieran ahí, aunque ella las hubiera sanado completamente. Cuando su piel apareció complemente perfecta, salvo por la cicatriz que tenía desde sexto año, sintió un alivio inmenso.
–Para hoy, Granger. –dijo Draco impacientemente.
–Oh, cállate. –dijo molesta. Cruzó la habitación y se paró frente al sofá. Hermione tragó en seco y escuchó a Draco reír. Eso la hizo enojar, y una parte de ella, una gran parte, estuvo tentada a picarlo con su varita y bastante fuerte; al cabo nunca sabría si eso era lo que tenía que hacer o no.
En su lugar, pasó su varita en donde había estado la herida en su baso y murmuró un hechizo. Hubo una luz azul.
–Felicidades, es niño. –dijo, y dejó la habitación, dejando a Draco desconcertado. –Estás bien. –dijo finalmente, y Draco la escuchó subir las escaleras hacia su habitación y cerrar la puerta.
Cuando Hermione despertó a la mañana siguiente, supo que algo estaba mal. Se sentía horrible, como si estuviera muy pesada. Lentamente abrió los ojos y miró alrededor de la habitación. Nada parecía fuera de lugar o mal. La pesadez estaba en su mente y en su corazón, pero encontró por alguna razón, que no se podía mover. Entró en pánico, sus ojos escaneando rápidamente el lugar, finalmente observando su varita, que estaba en su buró. A un lado de su varita estaba un pequeño calendario mensual que tenía imágenes de famosas pociones y como hacerlas. Sus ojos se movieron hacia la fecha que no tenía marcas especiales, no palabras, sólo un hueco blanco.
Hace dos años el día de hoy, Draco había matado a sus padres. El peso pareció incrementarse, se acorrucó en posición fetal, dejando las lágrimas caer. Lloró intermitentemente por un tiempo, durmiendo a ratos hasta que finalmente terminó durmiendo inquietamente.
Cuando despertó, Hermione podía ver al sol entrando entre las rendijas de las cortinas, y juzgando por el ángulo de la luz que se formaba en la pared, era cerca de la hora de comida. Frescas y calientes lágrimas rodaron por sus mejillas, pero mientras miraba alrededor de la habitación, notó algo nuevo; un sobre verde estaba parado sobre su cómoda. Frunció el ceño y se obligó a levantarse de la cama para ver que era.
El sobre era un oscuro color verde esmeralda con una "M" plateada en el frente. Hermione tomó un gran respiro para darse fuerzas y lo tomó.
"Aun lo siento" era todo lo que decía. De nuevo, las lágrimas comenzaron a caer mientras se recargaba en la cómoda para darse apoyo. Estas eran lágrimas diferentes a las primeras. Eran lágrimas de alivio en lugar de dolor. Mientras lloraba, se sintió mejor. Un suave toque en la puerta interrumpió sus pensamientos.
–Granger. –dijo una suave voz; era Malfoy.
Se limpió los ojos con un pañuelo y cruzó la habitación hacia la puerta y la abrió un poco. Draco estaba ahí solo, vestido en su túnica de viaje.
–Nos vamos. –dijo.
El corazón de Hermione cayó, y dejó que las lágrimas cayeran sin vergüenza, sus hombros se sacudían al ritmo de silenciosos sollozos. Draco abrió la puerta completamente y la estrechó entre sus brazos; la sostuvo fuertemente, como si nunca la fuera dejar ir, como si pudiera alejar todo el dolor. Hermione podía sentir el corazón de Draco latiendo en un ritmo constante mientras la sostenía, así como el estable subir y bajar de su pecho. Gradualmente los sollozos se calmaron y después se detuvieron. Hermione se alejó de él y se limpió los ojos.
–¿Quieres que nos quedemos? –preguntó suavemente. Hermione sacudió la cabeza y Draco alzó su barbilla de manera en que sus miradas se encontraran. –¿Hermione, estarás bien hoy? Dime la verdad. Odio que tengamos que dejarte sola hoy.
Hermione lo miró a los ojos y vio profunda preocupación en ellos.
–Sí. –dijo débilmente. –Gracias.
Draco la abrazó de nuevo, la dejó ir y se inclinó, dándole un beso en la frente.
–Nos vemos pronto. –Se giró y la dejó ahí antes de que perdiera la habilidad y la resolución para irse.
Hermione se quedó recargada en el umbral de la puerta; el toque de sus labios aun cosquilleando. Durante el resto del día, Hermione pensó sobre sus padres, pero no lloró de nuevo. Cualquier cosa que hacía le recordaba a Draco sosteniéndola, o su carta, o la gentileza en su voz, y sonreía. Él había recordado. Y encontró que se sentía triste de que él no pudiera estar ahí ese día. El relativamente pequeño esfuerzo que él hizo por ella hacía que su mente se llenara de esperanza, y se dio cuenta de que quería pasar más tiempo con él.
No volvió a llorar ese día.
Hermione recibió una lechuza de Seamus diciéndole que había logrado que pudiera visitar a Narcissa tres días después de que Harry y Draco partieron. La mañana de la cita, Hermione se levantó temprano y se preparó mentalmente.
No tenía idea de qué esperar, y estaba ligeramente asustada. ¿Podría Narcissa saber que había estado cerca de Draco últimamente? ¿La insultaría y no la vería? ¿Podría siquiera hablar con ella?
Cuando llegó al Ministerio, fue directamente a ver a Seamus en el piso más bajo del edificio que los llevaría por el largo camino hacia Azkabán.
–Gracias por venir. –dijo Seamus con una oscura sonrisa. –No hemos tenido suerte con ella, por lo cual Taylor accedió a dejarte intentarlo. Tú fuiste la única con la que Andrómeda habló; tal vez con Narcissa sea lo mismo.
Hermione asintió, y comenzaron a caminar. No podía evitar preguntarse porque Andrómeda se había abierto con ella y no con alguien más. ¿Acaso Draco tenía razón? ¿Había sido capaz de sentir que habían estado trabajando juntos regularmente, y por lo tanto confiaba en Hermione? De nuevo, sus miedos y preguntas sobre conocer a la madre de Draco inundaron su mente, y Seamus tuvo que llamarla tres veces antes de que ella pudiera escucharlo.
–Aquí estamos. –dijo, indicando la pequeña habitación de control donde se aparecerían manualmente en Azkabán.
Hermione fue guiada a la misma habitación donde había visto a Draco en Agosto. Narcissa ya estaba ahí, sentándose derecha y mirando hacia el frente. Su cabello estaba perfectamente alisado, ningún mechón fuera de lugar, e incluso hacía que el feo uniforme gris se viera bien en ella.
Hermione se sentó frente a ella. Narcissa estaba mirando algún punto sobre el hombro de Hermione.
–Buenas tardes, Señora Malfoy.
Narcissa no respondió y no le dio indicación alguna de haberla escuchado.
Hermione tomó un gran respiro.
–Mi nombre es Hermione Granger.
Narcissa lentamente movió su mirada hacia la de Hermione y cuando sus ojos se encontraron, alzó una ceja.
–¿La sangre sucia?
Hermione apretó la boca pero se negó a dejar que palabra alguna se escapara.
–Sí. –dijo finalmente.
Narcissa parpadeó.
–¿Bueno? ¿Por qué está aquí?
–Quería hablar con usted.
–Y está haciendo un excelente trabajo. Por favor continúe.
–Hablé con su hermana cuando recién la trajeron y tengo algunas preguntas para usted.
–Ah, ya veo. Así que en realidad quiere conversar conmigo, no hablarme. –La mujer sonrió. –Honestamente, debería usar palabras que sirvan mejor para expresar sus intenciones. Hace que el proceso de la comunicación se mueva de manera más fluida.
–Tiene razón, por supuesto. –admitió Hermione molesta.
–No veo la razón por la que mi hermana hablaría con usted y no con alguien más.
–Ella dijo que fue por la manera en que pronuncié su nombre.
Narcissa la estudió por un momento y movió la mano.
–Haga sus preguntas.
–Andrómeda fue traída bajo la sospecha de participar en las Artes Oscuras con usted. Ella alegó que nada parecido sucedía. ¿Cuál es la verdad?
–Señorita Granger, mi hermana nunca, de ninguna manera, ha estado envuelta en las Artes Oscuras. Semejante idea me parece ridícula.
–Estoy consciente de ello, por eso que tengo mucha curiosidad sobre la verdadera razón detrás de su relación. Tengo motivos para dudar de la explicación que Andrómeda me dio.
–¿Qué le hace creer que le diré la verdad? Podría mentir igual de fácil que ella.
–Ella me dijo que fue por su hijo.
Narcissa se tensó de inmediato ante la mención de Draco, mirando a Hermione con tanta intensidad que incluso llegó a sentirse transparente. Sentía como si Narcissa estuviera intentando penetrar en su cerebro, pero no sintió magia alguna. Entonces Narcissa se relajó, como si hubiera descubierto algo.
–En ese caso, dígame que fue lo que mi hermana le contó.
–Ella dijo que usted pidió verla porque estaba preocupada por su hijo. Que usted necesitaba alguien en quien confiar sus miedos. Lucius no la escucharía, y a su otra hermana no le importaría. Así que usted la llamó.
Narcissa suspiró.
–Lo que le dijo es verdad.
Silenciosamente, Hermione se alegró; estaba en lo correcto cuando le dijo a Draco que su madre en verdad se preocupaba por él.
–Señora Malfoy, siempre he tenido la impresión de que su hijo y usted no eran muy cercanos.
–No, no éramos cercanos. Pero aún soy su madre. Y yo observo a mi hijo. Lo he estado observando desde que era pequeño. Sé mucho sobre él por la manera en que se mueve, por la forma en que entra a una habitación, por la manera en que saluda a Lucius y a mí. Hace dos años, algo sucedió que lo cambió.
Hermione jadeó.
–¿Qué pasó?
–No estoy segura. Draco se fue en una misión, y no la completó. Pero después de esa misión, estaba cambiado. Comenzó siendo muy pequeño, pero fue creciendo. La última vez que lo vi, a mitad de Julio, sus ojos –sus ojos– estaban tan completos como nunca lo había visto antes, y ese cambio fue después de esa misión.
–Antes de eso, no había vida detrás de ellos. De hecho, hasta esa noche, temía por su vida, que terminaría haciendo algo imprudente y pagando con ella. La mañana después de que falló parcialmente su misión, vi que la neblina se había levantado, solo un poco. Pero fue suficiente para que yo pudiera ver.
–Durante los últimos dos años, vi como sus ojos se volvían más claros y enfocados, vi cómo se sentaba más derecho cuando venía a tomar el té conmigo, vi como la confianza regresaba lentamente a sus pasos. Estaba emocionada de ver que algo había pasado para regresarle su vida, pero tenía miedo de lo que significara.
–¿Por qué? ¿Qué cree que significa?
Narcissa la miró cuidadosamente antes de continuar.
–Creo que Draco se vio en el espejo y finalmente odió lo que veía. Y eso hizo que tomara la decisión que cambió sus circunstancias.
No podía ser coincidencia que el segundo aniversario de la muerte de sus padres fuera igual al repentino cambio de Draco. Su corazón latía desbocadamente al tiempo que lo notaba, una vez más pero forzosamente, debía de haber un vínculo entre los dos.
–Por favor, continúe. –dijo Hermione. –Explíqueme porque tenía miedo.
–Si él había pasado por un cambio verdadero en su corazón, por así decirlo, él estaría en un gran peligro con el Señor Tenebroso. No he escuchado de él desde la última vez que lo vi, y Lucius me dice que está en la India, o algún lugar parecido, pero no puedo evitar pensar en que está lastimado. O que lo han… matado.
–Seguramente alguien le habría informado si así fuera el caso.
Narcissa sacudió la cabeza.
–He estado bajo demasiada sospecha por parte de Lucius y Bellatrix. Ellos creen que sólo coopero con el Señor Tenebroso por Draco. Si él muere ellos me lo ocultarían para que así no me rebele contra mi amo y me maten.
Los ojos de Narcissa brillaron debido a las lágrimas.
–En verdad estoy preocupada por él.
Hermione alejó la mirada un momento.
–Le creo. –dijo. –¿Pero esto que tiene que ver con Andrómeda?
–Meda era la única con la que podía hablar. Y ella intentó buscar información de él a través de sus conexiones, pero no tuvo suerte.
–Andrómeda fue liberada el mismo día que la arrestaron a usted. ¿No lo encuentra extraño?
Narcissa ya se había recuperado de su llanto y su rostro estaba inexpresivo de nuevo.
–No realmente, no.
–Su hermana fue detenida porque querían obtener información sobre usted o Lucius que ayudarían en los esfuerzos contra el Lado Oscuro. ¿No está preocupada de que ella se haya tornado contra usted?
Narcissa sonrió.
–No. Andrómeda les dio exactamente lo que yo le dije que les diera.
Hermione jadeó.
–Yo… no entiendo.
–Meda les dio lo suficiente como para salir ella y encarcelarme a mí.
–¿Pero por qué querría eso?
Narcissa se veía de nuevo al borde de las lágrimas, y su mano tembló cuando apartó un mechón de cabello hacia la parte de atrás de su oreja.
–Lucius.
Cuando Hermione estuvo acostada en la cama esa noche, no pudo evitar pensar en lo que Narcissa le había dicho. Sólo podía pensar en una conclusión cuando pensó en lo que Harry le había dicho. No quería decírselo a Draco, pero sabía que tenía que hacerlo. Y pronto. Él aún no sabía que Narcissa estaba encarcelada, y Hermione se sentía terrible por ello. Tendría que decirle pronto, pero tenía que ser en el momento apropiado. Draco tenía que estar de buen humor. Porque lo que iba a decir lo pondría rápidamente en uno malo.
Regresaron después del almuerzo en el séptimo día después de su partida. Hermione estaba terminando de comer cuando escuchó que alguien entró.
Sonaban de muy buen humor, riendo mientras cerraban la puerta.
–¡Hey, Hermione! –dijo Harry alegremente. Le dio un fuerte y amistoso abrazo. –¿Cómo has estado?
–Bien. Aunque hace unos días terminé mi tarea. –dijo, sonriendo. Draco la estaba mirando casi con timidez. –Estaba tan aburrida, que en serio consideré usar la escoba de Draco.
Harry la miró sorprendido.
–¿Usarla para qué? –preguntó Draco.
–Para volar.
Draco miró de Hermione a Harry, y luego de nuevo a Hermione.
–Y…
–Y odio volar. Sería aterrador, pero estaba comenzando a sonar atractivo.
–Bueno, pues estoy feliz de que hayamos regresado para aliviar tu aburrimiento. –dijo Harry.
–¿Tomaste un descanso? –preguntó Draco.
–Sí. –dijo. –Pero necesito un descanso. Intenté buscar otras cosas que hacer, pero sin dejar la casa. –le dio a Draco una significativa y molesta mirada. –No tenía muchas opciones.
–Bueno, debería alegrarte saber que estamos por terminar nuestro trabajo.
Hermione jadeó.
–¿Ya descubrieron quien es el horrocrux? –miró a Draco, quien parecía bastante preocupado. No podía decirle ahora, apenas habían regresado de una larga misión, y merecían descansar. Pronto lo haría.
–Casi. –dijo Harry. –Nos estamos acercando al fin de Voldemort.
–Y a tu inevitable batalla, la que podría ser terrible. –dijo Hermione.
–Hemos estado trabajando por seis meses y medio para asegurarnos de un buen final. –dijo Draco.
–Lo sé. –dijo ella. –¿Pero en verdad están preparados para algo así?
Draco se encogió de hombros.
–Tú ciertamente no lo estás, pero Harry sí.
–Pensé que tú ibas a matarlo, Malfoy.
–No. Juré que no mataría, ¿recuerdas?
Hermione frunció el ceño y miró a Harry.
–Pero Bellatrix…
–Está bien, Hermione. –dijo Harry. –Ella obtendrá lo que se merece. Estoy de acuerdo con la decisión de Draco.
Ahora Hermione tenía miedo. Harry se iba a enfrentar a Voldemort después de todo. Eso la asustaba, pero al mismo tiempo, estaba aliviada de que no fuera Draco. Cuando la realización la golpeó, se sintió horrible. Harry era uno de sus amigos más queridos, y Draco era sólo… bueno, él era sólo… no. Pero era algo para ella.
Harry se sentó y tomó su mano.
–Hermione. –comenzó. Ella lo miró a los ojos. –Lo hemos sabido desde quinto año. He llegado a aceptar que es lo que se requiere de mí; tengo que intentarlo. No puedo… no hacerlo.
Hermione miró su regazo, luchando por contener las lágrimas.
–Lo sé, Harry, lo sé. –Lo miró, con la determinación escrita en su rostro. –Y sé que haré cualquier cosa en el mundo para ayudarte. Incluso… –pasó saliva. –… incluso dejarte ir.
Los ojos de Harry se llenaron de lágrimas y la abrazó.
–Te quiero, Hermione. Gracias.
–Yo también te quiero, Harry. –Se abrazaron por unos minutos. Cuando se separaron, Draco ya se había ido.
Harry le dio a Hermione unos pañuelos para que limpiara sus ojos.
–Sólo para que lo sepas, Hermione. Siento, ahora más que nunca, que en verdad tengo una oportunidad. Gracias a Malfoy. Él es… no es la misma persona, sabes. Ya no es el monstro que solía ser.
–Lo sé. –dijo asintiendo.
–En verdad puedo confiar en él. ¿Puedes creerlo? –rio. –Yo, Harry Potter, confío en Draco Malfoy. A veces eso aún me desconcierta.
–Harry, ¿Cuánto confías en él?
–Le confío hasta mi vida. Ya lo he hecho. –La miró intensamente. –Confío en él contigo.
–¡Harry!
–Es verdad. –Se puso de pie. –Si algo me pasa, sé que alguien cuidará de ti, y eso significa mucho para mí. Pero no te preocupes, no le he dicho nada. No quiero que su cabeza sea más grande de lo que ya es. Ahora es más moderado, pero su cabeza sigue llena de sí mismo.
Hermione sonrió.
–Sí, a veces lo deja salir.
–Bueno, tengo trabajo que hacer.
–Okay. Iré a visitar a Ginny esta noche.
–Oh. ¿En serio?
–Sí, sólo por la tarde. Ustedes dos hagan la cena.
–¿Por qué? –dijo Draco, entrando de nuevo a la habitación.
–Saldré.
–¿Con quién? –preguntó, tenso.
Hermione lo miró y alzó una ceja.
–Ginny, y sólo iré a la Madriguera.
Draco resistió la urgencia de protestar. No quería que Hermione se fuera, pero no podía inventar una buena razón para mantenerla ahí.
–Bien, puedes ir. –dijo.
Ella le sonrió.
–No estaba preguntando. Coman. –dijo, apuntando a los ingredientes para un sándwich que estaban en la barra de la cocina y subió a su habitación.
Hermione regresó unos minutos después usando simple ropa muggle; jeans y una playera. Draco no pudo evitar sonreír un poco.
–¡Adiós, chicos! ¡Los veo en la noche!
–¡Adiós, Hermione! ¡Estoy bastante celoso de que vayas a pasar tiempo con mi esposa y yo no! –dijo Harry, viéndola salir por la puerta.
–Lo sé. Intentaré hablar un poco de ti con ella. –Hermione le guiñó un ojo y se fue.
Harry regresó a la cocina y Draco se estaba preparando un sándwich.
–¿Por qué no puede simplemente quedarse? –gruñó Draco, poniéndole mantequilla al pan.
–Porque es Hermione. No te gustaría si fuera diferente. Está aburrida y vive con dos hombres. ¿Y sabes qué día es mañana?
Draco frunció el ceño.
–No. ¿Domingo?
–La infame e intolerable festividad rosa y roja.
–¿Qué? Oh… urg. ¿En serio? ¿Mañana?
–Eso me temo.
–¿Y eso que tiene que ver?
–No importa lo que pase en el mundo; esta guerra, nuestro trabajo; todas las chicas del mundo rinden tributo a esta fecha, ya sea con sus parejas o con otras chicas solteras. Mala nutrición y malas películas de romance reinan, al menos en el mundo muggle. En el mundo mágico, supongo que sigue habiendo mala nutrición, pero tal vez las chicas queman fotografías de chicos deseando que fueran algo más que amigos.
Draco lo miró como si tuviera una cabeza extra.
–Oh, y Malfoy, mañana lo pasaré con Ginny. Es algo así como un requerimiento.
–Okay.
Miró intensamente a Draco.
–Sabes, sólo serán tú y Hermione mañana.
Draco lo fulminó con la mirada.
–¿Y cuál es tu punto exactamente?
–Sólo… ten paciencia con ella. Dale un descanso.
–¿Yo? Pero si ella es igual de antagonista que yo, sino es que más.
–Aun así. Ella estará emocional, así que no la molestes.
–Potter, te diré algo mejor. Ni siquiera la veré mañana. Me alejaré de ella, y así que no tendrá que verme. ¿Qué tal eso?
Harry rodó los ojos.
–Eso es un poco extremo, ¿no crees?
–No, no si quieres una garantía de que no habrá una pelea.
–Eso no es exactamente lo que tenía en mente.
–¿Oh no? ¿Entonces qué?
Harry lo miró, pensativo. Decidió no compartir su opinión con Draco.
–Olvídalo.
–No, inaceptable. ¿Qué?
Harry suspiró.
–Sería genial si hicieras algo lindo por ella, sabes.
La realización golpeó a Draco.
–¡Oh! ¿Estás esperando que le compre flores? ¿O dulces? ¿Qué le confiese mi amor eterno? –preguntó sarcásticamente.
–Algo. No tan extremo como tu amor eterno, pero algo. –Murmuró Harry.
–Bueno, pues puedes olvidarlo. No pasará. ¿No hemos discutido esto ya?
–No, porque tú te niegas a discutirlo.
–¡Porque no hay nada que discutir! –Draco estaba comenzando a enojarse. –Esta conversación ha terminado. Tenemos trabajo que hacer.
Esa tarde, mientras Draco estaba acostado en la cama leyendo, esperando a que Hermione llegara a casa, estaba nervioso. Había escuchado que en días como mañana, extrañas cosas podían pasar, cosas que no pasarían en días normales. Así que Draco determinó que evitaría a Hermione. Sólo para estar seguros.
