LEYENDA PENDRAGON

LIBRO I: LA PROFECÍA

Capítulo 24: "EL CAMINO DE LA SERPIENTE"

Interior de la montaña "Björn", Cordillera Skaderna, tierras de Gawain, Norte de Albión.

El pequeño grupo de personas encapuchadas y abrigadas con largos mantos de piel, avanza en hilera por dentro de la cueva, alumbrados por antorchas que iluminan el estrecho sendero del oscuro y gélido sitio; a la cabeza de todos va la anciana guerrera Walküre marcando el camino, tras ella, Lady Ami Gawain con su leopardo blanco, la rubia reina, Lady Lancelot, y los 13 "Demonios del Sur", avanzando en silencio, atentos a cada paso que dan en aquel camino de dimensiones inverosímiles, donde solo cabe a la vez un solo pie en sucesión ordenada, pues a los lados solamente hay vacío y debajo de éste, afilados picos de estalagmitas de hielo, que se iluminan con destellos brillantes al reflejo de las antorchas cuando pasan.

Un silencio total reina en el interior de la cueva, nadie osa siquiera pronunciar una palabra, casi por común acuerdo, atentos a cada paso y a la posición correcta de sus pies en un camino mortal, donde cualquier error o distracción puede costar la vida. Pero a pesar del intenso frío de aquel pasadizo que cruzaba las montañas, la joven heredera Pendragon siente unas gotas de sudor cruzar por su frente y rodar por sus mejillas, ante tanta tensión. Arriba de ellos, el ave roja del santuario de Lord Nimue, revolotea en círculos, con un vuelo bajo y silencioso, y de vez en vez se para en el hombro de la heredera de Benwick, quien va a espaldas de la reina.

El paso de la comitiva es muy lento, y Serena se pegunta cuántas horas han pasado desde que, al despuntar el alba, entraron en aquella ladera de la montaña, por una cueva que asemejaba la boca abierta de una serpiente con colmillos puntiagudos. La reina ha perdido la noción del tiempo, solo sabe que hace ya mucho tiempo que avanzan por ese pasaje mortal intrincado, maravilla de ingeniería subterránea, que era el "Camino de la Serpiente" y que parece no tener fin, y entonces se pregunta en dónde irá en ese momento la comitiva real, con Luna, Pellinor, Molly y todos los soldados, pensando que quien usa la armadura real es ella, siendo que, quien va bajo ese casco, es Lady Minako Tristán.

¿Habrá hecho bien engañando así a Luna? ¿Comprometiendo a Mina? A esas alturas al menos los cercanos ya debían saber el engaño, y en el corazón recto y bueno de la muchacha rubia, había una pequeña espina de incomodidad al estar desobedeciendo las reglas de su mentora por primera vez desde que llevaba la corona en su cabeza.

Abstraída en sus pensamientos, no notó donde pisaba y se resbaló con una roca congelada, perdiendo equilibrio y cayendo al vacío, ante un grito de espanto de Lady Ami Gawain, cuando algunas rocas se desprendieron y cayeron, pero la mano firme y fuerte de Rei Lancelot la detuvo del brazo evitando que cayera, y la ayudó a subir de nuevo.

—Tenga mucho cuidado, su majestad, el terreno es muy instable, y una caída sería fatal. —asegura Ami Gawain con tono precavido y no exento de alarma.

—Mantente atenta en lo que haces, Sere, tu mente en el aquí y el ahora, no en el pasado ni en el futuro. —instruye la muchacha de cabello negro a una temerosa reina, quien asiente en silencio, todavía recuperándose del susto.

—Lo lamento mucho, Rei, Ami, estaba concentrada caminando, pero empecé a pensar que Luna ya debe haberse enterado de todo, y si se levanta el campamento, seguramente Lady Tristán debe ir en mi lugar, estamos engañando a todos y solo pensaba… pensaba que es la primera vez que desobedezco así y tomo riesgos como éste en mis manos. —asume con sinceridad la rubia reina. En tanto la joven peliazul, como la guerrera de cabello oscuro, cruzan sus miradas, comprensivas.

—Muy seguramente no será la última vez que deba hacerlo, es el papel de un buen líder tomar siempre las mejores decisiones. —opina la heredera Gawain, y la heredera Lancelot asiente, mirando a sus hombres.

— ¡Todo en orden! Regresemos al camino —llama Rei Lancelot a su gente a proseguir el avance, tras el leve susto de la casi caída de la reina. —Tienes que comenzar a comprender una cosa, Serena, eres la reina, y como tal, muchas veces tendrás que elegir lo que te mande tu corazón y lo que te dicte tu instinto, porque eso siempre será lo mejor, no importa si a los ojos del resto es lo correcto o no, o si lo dice Luna Merlín o la misma Diosa en persona, ninguna de ellas es la reina, lo eres tú. —palmea su espalda la pelinegra, animándola a continuar.

—Eso que dijiste suena mucho a blasfemia… —sonríe Serena, continuando su avance por el sendero angosto.

—Lo es, pero me tienen sin cuidado las blasfemias, prefiero mil veces poner mi fe en ti, a quien conozco, respeto y quiero, que en una diosa que no me es muy simpática. —Le guiña un ojo la joven de ojos amatista a la heredera Pendragon, que responde con una leve sonrisa, continuando su camino por la ladera montañosa; aunque muchas de las frases y expresiones de la famosa guerrera del Sur aún eran para ella inexplicables e incomprensibles, sabía que, tal como había ocurrido hacía unos momentos, si caía, el brazo de su amiga estaría ahí para sostenerla, y eso le deba seguridad y fuerza en esa aventura que era nueva en su vida.

El grupo continua su avance hasta llegar, conducidos por la anciana, a una saliente del terreno donde acaba el estrecho sendero, al fondo del cual una cueva oscura y profunda, con muchas rocas congeladas, trozos de hielo y una gruesa capa de nieve ha cubierto la entrada. La anciana encapuchada de la orden de Uggla se detiene ahí y espera la llegada de su señora la reina, lady Lancelot y los 13 guerreros de Benwick, quienes, al llegar, rodearon a la guerrera de Uppsala, atentos a sus recomendaciones.

—Muy bien, Sváva, ahora dinos que encontraremos dentro, para saber cómo entrar y cuál es la estrategia más segura. —pide Lady Ami Gawain.

—Este es el punto en que acaba el camino estrecho e inician las cuevas del Camino de la Serpiente, tuve que provocar este derrumbe para tapar la entrada, huyendo de los engendros del mal que habitan en esta cueva, por lo tanto aquí es donde vamos a necesitar toda la ayuda de la gente de Benwick para descongelarla. —Mira la guerrera canosa a los 13 guerreros y a su señora.

—Cuentas con ella, ¡Ya escucharon todos! Vamos a descongelar esas rocas. —pide Rei Lancelot a sus hombres, quienes asienten y levantan un leve murmullo de aprobación que hace sonreír a Serena.

—Antes de que hagan eso, tengo que hacerles una recomendación práctica. —interrumpe la siempre prudente Lady Gawain, con su voz queda y tranquila, que basta para calmar el alboroto de los impetuosos guerreros del Sur, que, atentos, escuchan con respeto a la heredera de Uppsala.

Serena nota eso y lo guarda muy bien en su mente: La sabiduría de Ami imponía respeto hasta en estos hombres bravos y salvajes, y vio en ello algo importante para imitar: "Si eres sabia y prudente, ganas respeto instantáneo".

—Como ya habrán notado, estamos en las entrañas de una montaña de hielo, con toneladas de roca congelada arriba y debajo de nosotros, si se dedican a descongelar la entrada con una grande descarga de poder de fuego, la temperatura de este lugar subiría demasiado y la estabilidad del terreno en que fue excavada esta cueva por mis ancestros sufriría un daño inmediato, colapsándose muy seguramente sobre nosotros.

En ese momento, ante el comentario de Ami, la reina mira hacia arriba, notando que en el techo de la congelada cueva, había infinidad de estalactitas que tintinean arriba de sus cabezas, picudas, amenazantes y apenas sostenidas por lo helado del lugar, y no quiso pensar qué pasaría si estas se derrumbaban sobre ellos.

—No me había dado cuenta de ello. —balbuceó Rei Lancelot.

—Yo tampoco lo pensé, mi señora, pero usted tiene la razón, este lugar es la garganta de la Serpiente, el inicio del camino, y por tanto, muy peligroso. —completa Sváva.

—Lo más seguro es que uno solo de los guerreros de Benwick comience un deshielo lento, no muy brusco para la temperatura del lugar, y luego sea suplido por otro y después por otro, hasta abrir un hueco pequeño, solo para ser traspasado por una persona, y podamos entrar uno por uno sin sufrir mucho daño en la estabilidad de la cueva. —propone la inteligente joven peliazul. Rei Lancelot asiente, conforme a su idea.

—Lady Gawain… ¿Cuánto tiempo nos llevará eso? —preocupada interviene al fin Serena.

—De la forma precavida que lo debemos hacer y calculando un poco la profundidad de las capas de hielo, quizá unas dos horas, su alteza. —contesta Ami Gawain.

— ¿Cuánto tiempo llevamos caminando por ese sendero estrecho? —sigue cuestionando la muchacha rubia.

—Según mis cálculos, casi cinco horas, su majestad. —afirma la anciana Sváva.

—Entonces debe ser más de medio día… ¿Dónde estará ahora la comitiva real? —Pregunta de nuevo la reina.

—Si levantaron el campamento al despuntar el alba, deben estar por cruzar las montañas, y por la noche, cerca de las siete, acamparán en el inicio del paso Gunnbjor. —Contesta Ami Gawain, con todo conocimiento de causa y del terreno de su reino.

— ¿Y una demora como esta es aceptable?... tenemos que llegar a Uppsala antes que el ejército de Camelot. —inquiere dudosa Serena.

—Es aceptable y necesaria, su alteza, de nada nos sirve apresurarnos si se pone en riesgo su preciosa vida, usted es quien debe llegar con bien al final del camino y destruir el medallón de Lady Galathine. —reafirma la anciana bibliotecaria, y Serena asiente, aunque no muy convencida.

—Acampemos aquí un poco y tomemos algo de comer, a todos nos hace falta, y mientras tanto yo tomo el primer turno del deshielo y continuaremos en el orden de siempre. —Indica con voz de mando la guerrera de Benwick a su gente quienes asienten, deseosos por descansar un poco en la zona rocosa, y comienzan a buscar entre las provisiones que habían llevado, algo para alimentarse; Serena, en cambio, sin desempacar el bolso de piel que llevaba en su espalda desde el inicio del viaje, camina hacia la entrada cubierta de hielo, donde Lady Lancelot se estaba retirando el abrigo de piel y la bolsa con comida, y, usando su traje negro y su media armadura roja, llega al frente de la gruesa pared congelada, y alarga sus manos, cuya piel estaba coloreada de rojo intenso, hacia esta, tocándolas.

La reina rubia se detiene al lado de su capitana, y el ave roja del santuario llega volando y se posa en el hombro de Serena, quien le sonríe y acaricia su cabeza, mientras se aproxima a su amiga, quien, al verla, le responde con otra igual sonrisa, sin alejar sus manos rojas de encima de la pared.

—Le agradas, no se deja tocar por nadie más que por mí y mi padre, a todos los demás los quema. —asegura la pelinegra.

—Garuda es mi amigo, me ha ayudado ya en dos ocasiones, y nos llevamos bien. —responde la hija de Uther Pendragon.

—Ve a descansar y comer con los demás, necesitas reponer fuerzas. —Aconseja la heroína del Sur.

—No quiero, prefiero ver como descongelas esta pared, te he visto antes usar tus dones mágicos de noble de Albión, los dones de fuego de la gente de Benwick, mucho fuego y poder, pero nunca en escala menor… ¿Es eso posible? —pregunta interesada Serena.

—Todo poder mágico tiene algo llamado intensidad, ¿Recuerdas que te dije que en eso se centraría tu entrenamiento nuevo? No hay control si no eres capaz de regular la intensidad, Serena, y te diré algo extra: es más difícil para quienes tenemos dones mágicos, controlar la baja intensidad, que la alta. Descargas de poder sin dirección ni control tenemos demasiado, están conectados a nuestras emociones, pero esto que ves, es infinitamente más difícil. —instruye la muchacha de ojos amatista ante una joven reina que, mira atenta y asombrada como las manos rojas de su amiga, sin necesidad de estar encendidas en fuego, solo con la temperatura controlada por ella, comienza a derretir el grueso hielo, y unas gotas de agua resbalan por este, formando un delgado arroyuelo en la cueva congelada.

—Eso me pasa a mí, cuando he dejado salir la fuerza en mi pecho, en eso momentos peligrosos, con el Trementur en Camelot, y con esa planta horrible en el bosque, solo sale, tan fuerte que lastima. —comenta la reina.

—Lo sé, estás iniciando en su control y en su conocimiento, pero aún te falta mucho por aprender, y este tipo de ejercicios, son los que más te enseñan, a mí me costó muchísimo aprender la descarga de temperatura de baja intensidad. —Rei Lancelot mira a su amiga, afirmando sus palabras con esa acción.

—Rei…—interrumpió la reina.

—Dime.

—Lady Galathine asesinó a tu familia… ¿Cierto? —Pregunta ella, con cautela, para no levantar recuerdos dolorosos en su amiga.

—Cierto, asesinó ella misma a mi padre, a mi madre y a mis hermanos. —responde con voz estoica la guerrera del Sur.

—Luna dice que también mató a mi madre, cuando huía conmigo de Camelot. —lanza con voz triste la muchacha rubia.

—Es cierto, está programada para asesinar, ya escuchaste a Lady Merlín y a la anciana bibliotecaria, es un dearg-dul. —responde la guerrera el Sur, atenta en su labor de deshielo.

— ¿Y eso no te hace desear matarla por ti misma? Vengar a tu familia, porque cuando supe eso me dolió algo muy dentro de mi pecho, ahora que ya sé quién soy y a dónde pertenezco, sentí mucha rabia contra esa mujer, o lo que sea ese ser, que acabó con la vida de mi madre y me impidió conocerla. —externa triste la muchacha rubia con esa confianza que le tenía a la guerrera de Benwick.

—Lo sé, eso se llama odio, y es muy normal sentirlo cuando se tienen motivos, y tú y yo los tenemos.

—Ahora más que nunca quiero enfrentarme con ella, aunque Luna diga que tiene todos esos poderes y es muy peligrosa, por eso insistí tanto en la reunión que me dejaran luchar en su contra, me gustaría mucho acabar con ella por mi mano, y que dejara de hacer tanto daño como nos hizo a ti y a mí, y como quiere hacerle a la madre de Lady Gawain. —habla con vehemencia la reina adolescente, ganando una sonrisa comprensiva de la heredera de Benwick. —pero, por más que yo la deteste, si llegamos a Uppsala por este pasaje y podemos enfrentarla, yo te dejaría a ti que luches en su contra, a mí me quitó solo a mi madre, pero a ti te quitó mucho más, y tienes derecho a acabar con ella.

—No. Tú no harás eso, cuando llegue el momento y la tengamos cara a cara, te corresponde a ti, la Reina Péndragon, luchar en su contra, y debes meterte esto en la cabeza, Serena, no es matar a Galathine el objetivo de esta misión, sino destruir el medallón maligno que le da la posibilidad de masacrar a nuestra gente, no vinimos a una misión de venganza, vinimos a una misión de rescate, y tú eres el único rayo de esperanza que le queda a Albión, no debe ser la venganza tu objetivo, sino la libertad y la justicia, ¿Comprendes? —Aconseja con firmeza la chica de cabello oscuro a su amiga y reina, quien hace un gesto de rebeldía.

— ¿Y si se da la oportunidad?... ¿Y si podemos matarla?

—No sabremos eso hasta estar frente a ella, Sere, pero en ese momento no debes pensar como hija de Serenity Igraine, sino como la Reina Pendragon a la que le ha jurado lealtad todo un reino, y en cuyas espaldas descansa la esperanza de hombres, mujeres y niños de Albión que aguardan su libertad, todos nuestros soldados, y todas nosotras, confiamos en ti, su vida depende de ti, y también la victoria en esta batalla, igual la de la familia de Lady Gawain, ¿Comprendes?...

—Sé… pero cuesta…

—Mucho.

— ¿Cómo lo aprendiste tú?

—Gracias a mi padre y a la instrucción espiritual que tuve en el Santuario, y a la cual agradezco sobremanera, aunque en su momento la detestaba; mi padre, creyendo que yo podía sucederlo algún día como Arcano del Santuario, me formó en el camino de la diosa, y templó mi espíritu y mi voluntad para que comprendiera estas cosas, ahora tengo muy claro que cuando el destino lo quiera, me pondrá cara a cara con Galathine en un combate justo que no perderé, mientras tanto, aun no estoy lista para ello y no lo buscaré, no quiero morir, tengo demasiado por lo cual vivir, por ejemplo, ver a mi reina, señora y amiga liberar Albión y alzarse como la reina justa y poderosa que todos esperamos, y liberar a mi gente de las montañas de la vida miserable que tienen ahora. Cuando eres líder de un grupo de gente, Serena, y ellos confían en ti, tus intereses personales deben estar en segundo lugar, y en primero, siempre, el bien de la mayoría. —con madurez pero sin dejar esa voz apasionada la joven guerrera del Sur, y Serena, escuchándola hablar, se da cuenta que la admira mucho más que antes.

— ¿Te digo algo?... —pregunta Serena tocando el hombro de Lady Lancelot, quien afirma con la cabeza. —Luna dice que tú eres una líder irresponsable, soberbia, impulsiva, que solo le gusta lucirse y que no eres un modelo digno de imitar para mí…

—Lady Merlín tiene razón, porque sí lo soy, gracias a mi padre soy muy consciente de mis defectos y de lo que me falta por vencer. Hazle caso, si quieres un modelo para seguir, yo no soy el mejor. —honesta la muchacha de ojos amatista.

—Pero ves primero por el bien de tu gente que por el tuyo, y eres capaz de dejar de lado tu justo odio y venganza por un bien mayor, y haces todo por tu pueblo, así que, para mí, sí eres un modelo a seguir, porque conozco a la verdadera Rei Lancelot, tengo el orgullo de llamarla amiga y jamás dejaré que nadie cambie en mi corazón esa idea. —asegura la reina Péndragon con esa sinceridad tierna que su edad y corazón le hace tener, ganando una sonrisa agradecida de la valiente guerrera del Sur.

—Y yo te juro jamás dejar de merecer tu amistad y tu confianza y proceder siempre con la rectitud necesaria para que me sigas llamado amiga toda la vida, y si no lo hiciere así, y mi proceder algún día fuera indigno o poco leal a ti, que el cielo caiga sobre mí. —Responde la guerrera de cabello oscuro.

—Y sobre mí si llego a creer de nuevo lo malo que digan de ti. Te lo prometo. —continúa la reina, y el ave de fuego graznó un poco, dejando escapar alguna chispas de fuego, haciendo reír a las dos amigas, que acababan de hacer una promesa demasiado poderosa y fuerte, tanto, que el sabio fénix presentía que tendría tanta trascendencia, que habría que sellarla con fuego.

Cordillera Skaderna, tierras de Gawain, Norte de Albión.

La larga y nutrida comitiva del ejército de Camelot cabalga por los terrenos nevados del camino montañoso más helado de Albión, a paso moderado, considerando la cantidad de guerreros que componían la comitiva, entre los guerreros de Gawain, los soldados dorados de Tristán, los "leones del desierto" de Bors y los soldados de lanzas plateadas de la guardia real que rodeaban a la reina, formaban una larga hilera que caminaba aquella tarde, nublada, y con ventisca, hacia el paso Gunnbjor.

A la cabeza de la comitiva, marchan los soldados de Gawain, los pocos de la escolta de Lady Ami que habían ido con ella desde su tierra hasta el torneo de Camelot y seguían a su lado. Ellos indican el camino y a la cabeza de todos va el coronel Olaf Rudbeck; en medio, cabalgaba la heredera Pendragon, con su armadura plateada de combate, la Excálibur en su funda y una capa roja en sus espaldas, custodiada a la derecha por los soldados de Camelot, junto al capitán Ghillenhall, y a la izquierda por Pellinor y los soldados de Lady Bors, mientras a la retaguardia cabalgaban atentos los guerreros de armadura doradas de la escolta de Lady Minako Tristán.

De pronto, la monotonía del sonido de casco de caballos que acompañaba la silenciosa marcha, fue interrumpida por un clamor de relinchos de caballo y movimientos de armas. A lo lejos, Luna Merlín escucha el alboroto de la vanguardia de la avanzada y con un destello de luz salido de su báculo, detiene el camino de todos.

—Capitán Ghillenhall, vaya a investigar el motivo de la demora a la vanguardia. —pide la hechicera, y el joven guerrero de la guardia plateada asiente, acuciando su montura, y la hechicera de cabello azul aprovecha la ocasión para acercar su caballo al unicornio blanco de la reina, quien, rodeada de su guardia, permanecía al centro, solo con el viejo Pellinor y Molly Harwe a su lado.

—Sea lo que sea que esté pasando, manténgase al margen, señora…—exagera Luna esa última palabra, y la joven con el casco plateado, asiente.

—No se preocupe, Lady Merlín, tampoco yo quiero que se descubra la treta. —contesta la heredera Tristán en voz baja, quien iba bajo la armadura real.

—No logro comprender qué la llevó a usted, siempre recta y disciplinada, a avalar esta locura de Serena, pero sea lo que sea, espero no tenga consecuencias fatales, la vida de la heredera Pendragon es algo tan valioso y delicado para Albión, que si algo malo le pasa en las entrañas de ese camino subterráneo, usted y las otras instigadoras de este plan van a tener una alta cuenta que rendir al concejo de Albión y a todo el reino.

—Descuide, Lady Merlín, tenga fe en la Diosa y en el poder de la reina, su falta de confianza se parece mucho a una falta de fe, hagamos bien nuestra parte y confiemos en que ellas harán la suya. —asegura Lady Minako Tristán, y la ofendida arcana del santuario ya pensaba en responder, molesta por su insinuación, pero el sonido de cascos de caballo llegando al lugar la hizo detener la imprecación que ya asoma a sus labios.

El capitán Ghillenhall volvía cabalgando, seguido del coronel Olaf Rudbeck y de otro hombre, rubio y de barba poblada, mucho mayor que el coronel, pero luciendo la armadura con las arma del guepardo de las nieves de Gawain. Los tres se acercan a la comitiva real y fue el capitán quien ordena que la guardia de la reina los dejara pasar, hasta llegar frente a esta y Lady Merlín.

—Creo que será imposible pasar desapercibida, Lady Merlín.

—Déjeme manejarlo a mí. —contesta la hechicera y adelanta su caballo.

—Lady Merlín, perdone que no haya ido hasta la vanguardia, pero en el camino encontré al coronel con este soldado, quienes pedían hablar con la reina Pendragon y con Lady Gawain, ya le avisé que Lady Gawain va en otro camino en misión especial pero que podía hablar con la reina y con usted. —explica Ghillenhall, algo preocupado de que el secreto de la suplantación se supiera.

—Hable usted, soldado, supongo que es parte del "Ejército Gélido" de Gawain. —inicia Luna.

—Así es, Lady Merlín, soy el Teniente Lundstedt, y tengo ese privilegio, soy compañero de armas del coronel Rudbeck.

—Doy fe de ello mi señora. —Avala el alto y rubio guía al lado de su compañero.

—El motivo de la demora en vanguardia es que estábamos aguardando por ustedes, cerca el paso Gunnbjor, el cual supusimos sería el paso obligado del ejército de Albión y de la heredera Péndragon, para unirnos a ustedes en la batalla por rescatar Uppsala. —Cuenta el teniente mirando alternadamente a Luna y a la joven cubierta de armadura plateada que supuso era la salvadora de Albión.

— ¿Unirse a nosotros? ¿Quiénes? —pregunta Lady Merlín.

—Un grupo de guerreros de Gawain y mi persona; somos un total de 500 hombres de armas, procedentes de los diferentes komuner del reino, y estamos listos a luchar al lado de la Heredera Péndragon por la libertad de nuestra tierra. —Valiente el hombre barbado.

—Es cierto, Lady Merlín, Lady Skadi envió a Lundstedt, el día que supimos de la invasión, para que llevada a acabo esta misión, reunir a la mayor cantidad de gente posible para apoyar a la reina cuando llegara a Gawain, y a mí me envió a Camelot a dar la noticia. —asegura el joven coronel al lado de su compañero de armas.

—Mi señora y reina, nos ponemos a sus órdenes en esta batalla por la libertad como un día estuvimos a las de Lady Skadi, y en ausencia de Lady Ami Gawain, estamos dispuestos a dar la vida si es necesario por usted y por nuestra libertad. —Sigue el fiero teniente. Luna mira por la visera del casco a Minako, intentando que comprendiera que era mejor callar, pero ella, dueña de la situación, responde.

—Acepto su valiente ayuda, teniente, en momentos de emergencia para el reino, toda ayuda es bienvenida, desde este momento son usted y sus hombres también parte del ejército de liberación de Albión, marchemos juntos y de prisa hacia Uppsala, que los minutos cuentan mucho. —manteniéndose ecuánime y segura la heredera Tristán, ganando una sonrisa de ambos hombres de armas, quienes en sus caballos inclinaron la cabeza, respetuosos.

—Gracias, mi señora, ya tiene la lealtad de 500 hombres más… ¡Por Gawain y por Albión! —grita emocionado el teniente, dirigiéndose a su montura, junto con su compañero, de vuelta a la vanguardia, cabalgando veloz. Luna acerca su caballo al de Minako Tristán.

—Lo hizo bien, Lady Tristán. —aprueba la hechicera.

—Descuide, sé cómo suplantar a una reina, y no hay que ponerse en evidencia, es lo mejor que podemos hacer para apoyar el plan de la reina, continuemos el camino en paz, y confiemos en ellas. —Afirma con todo control de la situación la bella heredera de Tristán. Luna no puede más que asentir.

— ¡En Marcha! —da la orden la arcana, y la comitiva del ejército real continúa su camino, atravesando el paso montañoso, detrás del cual iniciaba la llanura de Uppsala. Debían darse prisa en llegar al final del paso antes de la noche, o la ventisca se volvería nevada e imposibilitaría el avance. Luna mira por última vez las altas montañas dentro de las cuales estaba seguramente en camino la joven reina. —Por favor, mi señora Serenity, proteja a su hija, y que esta locura termine con bien. —ora la hechicera avanzando con su caballo para alcanzar a Lady Tristán, cuya capa con el dragón rampante de la heredera Pendragon, hondeaba con la fría ventisca del Norte.

Interior de la montaña "Björn" Cordillera Skaderna, tierras de Gawain

Habiendo dejado atrás la gruesa pared y hielo, con el orificio circular, el grupo de exploradores, con sus capuchas de pieles, avanzan por los oscuros pasadizos del "Camino de la Serpiente", alumbrados solo por la luz del fuego de las manos de Lady Lancelot y sus hombres, siguiendo a la anciana que los conduce entre ese laberinto de cuevas. Serena avanza, con el ave roja en su brazo, y en silencio.

—Ami… ¿Cómo sabe la anciana exactamente a dónde vamos? —pregunta la joven soberana en voz baja a Lady Gawain, quien camina a su lado.

—Por siglos, el emblema de la biblioteca de Uppsala, fue un cuerpo de serpiente torcida en mucha curvas, como un laberinto que iniciaba en su hocico y terminaba en su cola, ella ha vivido toda su vida en la biblioteca y conoce de memoria en emblema, lo debía reproducir y pintar en todo documento oficial que entraba o salía de ahí, nunca usaron sellos, las bibliotecarias por tradición lo hacían a mano, ahora, Sváva se ha dado cuenta que esa tradición tenía sentido, esta cueva, mi señora, reproducen el mismo modelo. —informa la sabia joven peliazul a la pregunta, dejando asombrada a la reina.

—Es maravilloso… ¿Y los monstruos?... ella dijo que había muchos del otro lado y fuera de los cadáveres apestosos que vimos al cruzar el agujero del muro de hielo no he visto ninguno. —agrega la reina.

—Yo tampoco, pero si Sváva dijo que los hay, debe haberlos, solo que quizá aún no detectan nuestra presencia, igual hay que estar alerta. —añade la heredera Gawain, y justo en ese instante, una serie de rugidos terribles se escuchan con eco ominoso por la cueva, haciendo a la comitiva real detenerse por completo. De repente, todos los guerreros sin excepción, sacan sus armas de su funda y forman un círculo en torno a la heredera Pendragon, colocándose en guardia.

—Muy bien, Sere, querías monstruos y eso vas a tener… ¡Afuera Excálibur! —ordena la guerrera de Benwick que estaba al centro del círculo, a su lado, cumpliendo su papel de campeona de la reina. La jovencita afirma con un movimiento de cabeza y saca la espada sagrada de su familia del cinto, empuñándola en guardia media, como le había enseñado su amiga, atenta a todo movimiento.

—Ya se acercan… —murmura la anciana bibliotecaria, quien lleva en sus manos dos cuchillas circulares que eran sus armas de ataque.

—Sváva… ¿Hacia dónde hay que continuar? —inquiere la heredera Gawain al lado de su fiel guerrera, mirando la infinidad de túneles en apariencia iguales que se extiende delante suyo.

—Hacia el último de la derecha, mi señora, el más angosto y de rocas amarillas, estamos en el estómago y ese es el inicio del intestino de la serpiente. —responde esta, pero su marcha se ve interrumpida cuando de los otros pasadizos alrededor de ellos comienzan a surgir fantasmagóricas formas monstruosas, con cuernos, hocicos, garras y cuerpos horribles y deformes que se lanzaban en desbandada sobre el contingente de guerreros del Sur, que con sus manos presionadas en sus armas esperaban el ataque. Serena respira hondo con su espada lista, sintiendo un sudor frío que la acometía desde su frente y nuca, ante la adrenalina previa al ataque.

— ¡Guerreros de Benwick! ¡Sin fuego porque la estabilidad del pasadizo de hielo corre peligro! —pide, siempre precavida, Lady Ami Gawain, que conocía muy bien la ferocidad de sus acompañantes.

— ¡Ya escucharon! No deshagan formación, todo ataque será solo físico, y protejan a la reina mientras avanzamos al pasadizo. —ordena la pelinegra, y los 13 demonios del Sur, comienzan a avanzar hacia el túnel señalado por la anciana, al mismo tiempo que la horda de animales monstruosos del reino oscuro caía sobre ellos en una estrepitosa carnicería.

La reina Pendragon, al centro del círculo, observa con ojos asombrados y la boca seca, como los valerosos hombres de la guardia personal de Lady Lancelot, haciendo uso solamente de sus armas, masacran con habilidad y derroche de valor a cuanto rabioso monstruo del Caos intentaba llegar al centro del círculo de protección, al tiempo que sangre negra, rugidos, gritos de batalla y miembros cercenados de engendros, caían en desorden por todo el pasadizo.

—Esto no luce nada bien, siguen saliendo más y más de cada túnel, y tus hombres, aunque valerosos, no son incansables…—se queja observadora Lady Gawain al lado de la reina.

—Aguarden aquí, protejan tú y la anciana a Serena. —asegura la pelinegra con los dientes apretados y se aleja corriendo y saltando con su espada apoyada en tierra, como la joven soberana la vio en el bosque, dio un giro sobre la formación de sus hombres y cae directo en el mar de animales que salían de los túneles.

—¡Rei! —se alarma la rubia, y llena de esa fuerza y valentía que recorre el cuerpo en situaciones de peligro, Serena da un paso al frente, deseosa de ayudar también a su amiga, pero el brazo de la peliazul la detiene.

—No, su alteza, déjela, ella y su gente saben qué hacer, para eso los trajimos con nosotros. Usted debe quedarse aquí, su vida es muy valiosa, y tenemos una misión más importante que matar animales. —añade con tono frío la muchacha, y eso chocó con los sentimientos de la rubia reina… ¿Valiosa su vida? ¿Más que la de Rei Lancelot y sus hombres?

—Pero Ami… no puedo quedarme sin hacer nada, yo…

—No la dejaré intervenir, como líder debe aprender que en momentos de más peligro, lo único que nos salva es respetar el papel que nos corresponde desempeñar, y seguir el plan. —afirma la joven y Serena, resignada, baja su espada, sin apartar sus ojos azules y preocupados de la batalla que frente a ella tenía lugar.

—¡Falange de flecha! —escucha a su amiga y capitana gritar a sus hombres y para su asombro, los bravos hombres del Sur se colocan ahora en forma de un triángulo sin base, como el pico de una flecha, y a la orden de Lady Lancelot, comienzan a avanzar dando tajos de sus armas y abrirse hasta formar un línea horizontal perfecta que caminaba como engranaje de máquina, mientras los monstruos horribles delante de ellos se clavaban en las puntas de sus lanzas y espadas o en los filos de sus hachas, en carrera desbocada, y ellos se protegían con sus escudos dorados, avanzando encima de cadáveres y miembros cercenados de monstruos que iban quedando tras ellos a su paso.

—Asombroso… los guerreros de Benwick superan por mucho lo que de ellos se dice y sabe en las crónicas. —comenta la anciana Sváva al lado de Serena, quien asiente, también maravillada de ver tan de cerca una táctica de combate semejante; en un momento, todos los horrendos animales fueron replegados al túnel de donde salieron, y los guerreros del Sur detuvieron su ordenada falange de repliegue.

— ¡Lo hicieron!... eso fue… fue asombroso. —se emociona la joven soberana, corriendo hacia Rei y mirando las sonrisas de los guerreros que, llenos de sangre negra de los animales, se daban un respiro tras el primer embate.

—Nos felicitas después, hay que irnos pronto. —asegura su amiga pelinegra tomándola del brazo, haciendo una seña a sus hombres para seguirla, pero en ese momento más rugidos y sonidos espeluznantes salieron de los otros túneles, logrando volver a poner en guardia a los 13 hombres y las herederas.

— ¿Qué no acabamos con todos, maldita sea? —ruge el castaño Redfern, capitán de los guerreros.

—Es imposible acabarlos, salen de todos lados, esta parte el camino que es el estómago de la serpiente está infestado de ellos. —informa la bibliotecaria.

—Como los parásitos que son. —responde con rabia Ami Gawain. —no tenemos tiempo para detenernos matando bestias. —apremia la muchacha, angustiada por la pérdida de tiempo que restaba horas de vida a su madre y hermanos.

—Pero si continuamos nos seguirán, y dentro del pasadizo seremos carnada fácil. Hay que pensar algo más, y rápido. —externa Lady Lancelot.

— ¿Entonces estamos atrapados? —cuestiona la reina. No recibiendo respuesta a eso, pero por las caras de todos, supo que sí, en efecto, lo estaban.

—Se los advertí al iniciar el viaje, será imposible cruzar esto. —responde la anciana.

—Y sin embargo usted, una mujer anciana y sola, lo cruzó. —añade con terquedad Rei Lancelot.

—Porque provoqué el derrumbe del inicio y por milagro salté a tiempo fuera de la boca de la serpiente, pero los milagros no se repiten con facilidad, Lady Lancelot. —contesta la anciana, caminando con ellas de prisa hacia el túnel correcto.

—Quizá sí se repitan Sváva. —sonríe Lady Ami Gawain tocando con sus manos un poco de la roca de un raro color amarillento de la cueva correcta, y presionando su mano en ésta, se desmoronó. Un instante la mirada azul de Ami Gawain se cruza con las inteligentes pupilas a amatistas de Rei Lancelot quien asiente.

—Ursus… ¿Puedes dar un mazazo con todas tus fuerzas a la pared del túnel? —pregunta Rei al fuerte y calvo hombre, quien asiente con suficiencia.

—Sabe que sí, mi señora.

—Rei, Ami, si Ursus hace eso iniciará un derrumbe por dentro, y la cueva se desmoronará. —parece comprender Serena, mirando que, dentro, esta era muy estrecha y solo permitía el paso máximo de dos personas.

—Es lo que queremos, pero nosotros estaremos dentro y correremos con todas nuestras fuerzas. —contesta la pelinegra y da un paso al frente. — ¡Guerreros de Benwick! Todos ustedes juraron lealtad a la Reina Pendragon y saben lo importante que es que lleguemos de prisa a Uppsala antes que inicie el combate por tierra y ella salve a la armada y con ella a toda Albión, cruzaremos solo nosotras cuatro, Phobos y Deimos, y Ursus cerrará el pasaje con un derrumbe.

— ¡NO!... ¡Rei eso no! —salta indignada la reina, pero Ami Gawain de nuevo la detiene, interponiéndose en su camino y pidiéndole con una seña guardar silencio. Todos los valientes hombres del Sur asienten a su señora.

—Hemos pasado juntos por más que esto, confío en cada uno y les ordeno no morir, tenemos que vivir para ver libre a Albión y a nuestra amada patria, pero si aun así alguno se niega a esta propuesta, que guarde su arma y se vaya ahora. —señala la pelinegra el pasaje de roca amarilla que conducía a la salida, pero ni uno solo de los hombres y mujeres del Sur se movió y asintieron; Serena, angustiada, pasea su vista por los rostros fieros de todos, desde el capitán Redfern hasta las dos chicas, Adarthia y Epona, que sonreían y asentían.

— ¡Mi señora! ¡Ya se aproximan más monstruos! —informa la muchacha de coleta castaña ante los rugidos que se hacían más cercanos.

—Váyanse ya. —apremia el castaño general. Rei asiente.

— ¡NO!... capitán Redfern, Adhatia, Epona, Gan-Ami, Ursus… todos… ¡No tienen que arriesgarse así por mí! Podrían morir. —se resiste Serena con lágrimas en los ojos a sus amigos de Benwick.

—No se preocupe, su alteza, nuestra señora nos ordenó no morir y jamás desobedecemos sus órdenes. —contesta el gigante Ursus a la desconsolada Serena, a quien Ami Gawain jalaba del brazo.

—Vamos su majestad, esto es urgente. —añade Ami, prácticamente jalando a Serena a donde esperaban Rei y la anciana Sváva. Las dos gemelas cuervo se habían transformado ya en aves y volaban dentro del pasadizo, junto con Garuda y Quíone, la guepardo de Ami.

—Ursus, cuenta hasta diez y da el golpe más fuerte de tu vida, no tengas miramiento alguno. —ordena Rei a su gigante guerrero, quien asiente girando en sus brazos hercúleos la pasada arma.

—Inicio el conteo…

— ¡Corran sin detenerse como si en ello les fuera la vida! ¡Sigan a Quíone y la luz de Garuda! —ordena de nuevo la pelinegra.

— ¡Uno, dos!... —inicia Ursus. Ami y la anciana comenzaron a correr, siguiendo a los cuervos y al leopardo de las nieves que ya les sacaba mucha ventaja.

—¡Rei, no puedes sacrificarlos a todos por mí!… —triste, intenta Serena disuadir a su amiga, pero Rei Lancelot, con el ceño fruncido y tomándola del brazo, casi la arrastra con una fuerza y violencia que antes jamás había utilizado con ella.

—¡Si de verdad valoras lo que hacen por ti, corre! ¡Corre, Serena, Maldita sea! —rugue Lady Lancelot y en ese instante algo en la mente de la joven reina parece reaccionar bajo la presión del peligro, comenzando a correr con todas sus fuerzas, al lado de su amiga y siguiendo las flamas del ave de fuego que iluminaba el pasadizo de rocas amarillas, y mientras escuchaba a lo lejos el conteo de Ursus y los rugidos de las bestias, algunas lágrimas cayeron de sus ojos, recordando al grupo de guerreros de Benwick que la recibieron con un estofado y música festiva cuando Rei la llevó a su campamento, y que después, ya como reina, le habían jurado lealtad con vehemencia propia de su tierra, con un cántico, luces de fuego y alzándola en brazos. Los conocía hacía poco pero los estimaba mucho, aún antes de ser reina la habían acogido con tanto cariño, como una de ellos.

El sonido sórdido del golpe de Ursus ayuda a que el pasadizo de frías rocas amarillas comenzara a desprenderse de prisa tras ellas, en un derrumbe impresionante, que era lo que se estaba buscando.

—¡Más de prisa! —grita Rei Lancelot, corriendo a su lado. Serena asiente y ambas corren todo lo posible para evitar ser atapadas por las rocas que caían a sus espalda; al fondo, se veía la luz del ave de fuego y a Lady Gawain y la anciana Sváva apremiándolas al final del túnel. Finalmente, casi saltando, las dos salieron de éste, expulsadas por un alud de piedras y polvo a la siguiente cámara del camino subterráneo.

Una fuerte tos acomete a la reina, quien estaba tirada en el suelo y no lograba ver bien por el polvo, hasta que siente las manos de Ami Gawain y la anciana levantarla del suelo.

—Su majestad… ¿Se encuentra bien? —pregunta preocupada la anciana.

—Ami… Sváva… sí… sí… eso… eso creo… me duele un la cabeza y el tobillo, y perdí mi mochila de alimentos, pero estoy bien, en realidad más impresionada que otra cosa, pero bien. —contesta la heredera Pendragon, y su mirada azul busca la silueta de la guerrera de Benwick, quien, con el ave de fuego en su brazo, hablaba algo con Phobos y Deimos, ambas en su forma humana.

—Lady Lancelot, la reina está bien, y parece que el plan funcionó. —Ami Gawain es quien informa a la pelinegra.

—Me alegra que estén todos a salvo. ¿Cuánto falta para llegar? —Consulta la muchacha de ojos amatista con voz tranquila y controlada, como si no hubiera dejado tras ese derrumbe a sus hombres y amigos luchando con un mar de bestias salvajes. Serena la mira inquisidora y contrariada por su actitud. ¿Es que no se preocupaba de cómo habrían quedado sus amigos y guerreros?

—Estamos a más de la mitad de pasaje, Lady Lancelot, si continuamos a paso moderado, yo calculo que en unas cinco o seis horas estaremos llegando al final. —contesta la anciana Sváva.

—Entonces andando, nos detendremos en tres horas a tomar un descanso y comer algo, y después reanudamos el camino; Usted adelante, Sváva, sabe mejor que nadie como dirigirnos y Phobos y Deimos cubran la retaguardia y Garuda alumbrará al frente. —Todos asiente a la voz de mando de la heredera de Benwick y reanudan la marcha. Rei se acerca a la joven rubia y le alarga el bolso de piel con los alimentos. —Perdiste esto al salir de la cueva, ten más cuidado, tenemos poca comida y es importante conservarla.

—Tendré más cuidado. —Recibe la bolsa Serena, apenada de la actitud de Rei con su gente, quien, dando media vuelta, se adelanta junto a la anciana bibliotecaria. Ami Gawain mira a su señora limpiar sus lágrimas con el dorso de su brazo, ponerse el bolso y caminar en silencio y sonríe comprensiva y observadora, negando con la cabeza, entendiendo el conflicto de emociones de aquella joven e inexperta reina.

—Su majestad, procure no hacerse ideas negativas sobre el proceder de Lady Lancelot con sus guerreros, aunque no comprenda su actitud, su decisión y tenacidad nos salvaron a todos, luego usted lo comprenderá.

— ¿Eso crees, Ami?… a mí me parece que por más que ella crea en su valor, fue fría con el destino de su gente… hace un momento dije que quería ser como ella, y que Luna era injusta diciendo lo que decía sobre su egoísmo, y ya no sé qué pensar o sentir, pero lo que sí creo es que no debió dejarlos ahí, siento como que ellos no le importan, quizá me equivoque. —triste y dudosa la joven reina.

—En realidad no es así, le importan, pero antes que líder de sus hombres, ella lleva en su brazo la insignia de Campeona de la Reina, puesto que usted misma tuvo el honor de darle, por lo tanto es su deber, primero que todo, preservar la vida de usted y tenemos poco tiempo y mucho que perder si no cumplimos nuestro deber y labor de acuerdo a nuestras responsabilidades.

— ¿Y es necesario ser insensible y sacrificar vidas de otros cuando eres líder? Porque si es así yo no quiero serlo, no me siento capaz de anteponer la vida de otras personas sobre la mía. —aun confundida la adolescente sobre el deber y los sentimientos.

—Ser líder es mucho más que eso, mi señora, ser líder es saber tomar las mejores decisiones rápidamente, conocer los elementos con que cuentas, saber distribuirlos y a veces sacrificar algunos en bien de objetivos mayores. —instruye la sabia muchacha de cabello azul.

—Pues esa parte no me gusta, ¿sacrificar a sus guerreros por mí valió la pena? ¿Es su vida más valiosa que la mía? ¿La vida de algunos vale más que la de otros? —Sigue cuestionándose la reina sobre aquello que le parecía no ser tan justo, pues para ella, la vida de todos tenía el mismo valor.

—En estos momentos sí, su majestad, solo usted puede destruir el medallón de Galathine, y al hacerlo evitará la muerte de cientos y miles de nuestros soldados, ella no está sacrificando a diez hombres, está salvando a miles, igual Usted; además, no subestime a los "Demonios del Sur" ¿No dice que los admiraba desde antes? Ya los vio en acción, ellos saben cómo hacer esto, y únicamente por falta de tiempo, que es apremiante, es que no nos quedamos a ayudar. Ya verá de nuevo que ellos acabarán con cuanto monstruo haya en el pasadizo, tenga fe, y concéntrese en el siguiente objetivo, llegar a Uppsala y salvar el reino. —asegura Ami Gawain.

Serena, aunque todavía impresionada y triste, asiente, continuando el camino, siguiendo al ave de fuego y a la anciana Sváva. La reina se dijo a sí misma que Ami Gawain había expuesto una perspectiva de los hechos muy diferente, una que ella antes no comprendió del todo hasta antes de esa aclaración. Al ver a Lady Lancelot caminar con firmeza delante suyo, sin un solo gesto de dolor o arrepentimiento, con la mirada al frente, lista a lo que siguiera, supo que aunque le doliera, estaba aprendiendo y comprendiendo algo nuevo sobre ser una buena reina, una lección que seguramente le dolería mucho aplicar, pero que parecía ser indispensable en un buen líder: Saber sacrificar.

Reino de Camelot, tierra Media. Habitaciones de Lord Nimue.

La joven de cabello oscuro y ojos rojos, tan propios de la gente de la región norte de Valaquia, avanzaba aquella mañana por entre la construcción de rocas del palacio dorado, donde trabajaban los obreros al mando de los arquitectos que reconstruían poco a poco la maravilla que había sido en tiempos de Uther Pendragon el palacio de Camelot, y se detiene en una de las habitaciones que por milagro habían quedado intactas y que ahora, ya rehabilitada y reconstruida, estaba destinada a los aposentos de Lord Artemis Nimue.

Setsuna Badevire sabía que había una reunión importante del arcano del cristal de plata con Lord Le Fay, el regente de Camelot en ausencia de su hermana, y con Lady Sagramore y Lady Percival, quien había vuelto con más guerreros del mar a apoyar a Camelot tras la partida de la reina; la reunión de ese día era habitual, casi siempre la tenían, para coordinar tanto los perímetros de defensa como la reconstrucción de la ciudad y los asuntos de gobierno, pero ese día en especial, la hija de Lucius Badevire tenía algo sumamente importante que comunicar a sus compañeros, y la mejor muestra de ello era la presencia de la lechuza blanca en su hombro.

Los guardias de armaduras plateadas se separaron respetuosos al ver a la joven y bella heredera de Valaquia llegar a la cámara de reuniones y la chica entra con confianza al acogedor y sencillo lugar en que los responsables de Camelot se reunían.

—El trabajo con los arquitectos está avanzando a un ritmo aceptable, una vez terminadas las murallas con las protecciones mágicas requeridas, pueden concentrarse de lleno en el remozamiento y reconstrucción del palacio dorado, Lady Kakyuu de Antor hizo un magnífico trabajo hasta antes de su partida y los materiales especiales que traje de Cornualles de regreso serán sabiamente aprovechados. —explicaba en ese momento la hermosa joven de cabello aguamarina.

—Gracias por el informe, Lady Percival, estaré atento a que todo se siga según el modelo y que el Palacio Dorado sea tal como lo recuerdo, en tiempos de mi madre… Lady Sagramore, ¿Cómo van avanzando las guardias perimetrales? —pregunta el apuesto joven de cabello plateado a la castaña.

—Hasta este momento con tranquilidad, señor, coordinándonos con los aprendices de Arcano y dejando las alarmas mágicas y las rocas moradas en el perímetro establecido. —responde la guerrera de las selvas.

—Lady Badevire, que bien que llega, hoy se demoró más de la cuenta. —saluda el mago de largo cabello blanco a la chica de Valaquia, quien con su calma y control natural, asiente.

—Mis excusas, Lord Nimue, un aviso urgente de mi gente de Valaquia me llegó por sorpresa esta mañana y su lectura imprevista me demoró, es un aviso que quiero compartir de prisa con la junta de gobierno y con Lord Le Fay para que tomemos las medidas precautorias más convenientes. —explica la hija de Lucius Badevire, sentándose al lado del arcano y sacando de la pata de su bella lechuza gris un cilindro, desenrollando de este un pequeño pergamino; enseguida el bello pájaro voló a posarse en una madera del techo de la cámara.

—¿Usan lechuzas entrenadas para mensajes en Valaquia? —pregunta asombrada Lady Michiru Percival, mirando a la bonita lechuza.

—Así es, Lady Percival, son una rápida y muy segura herramienta de comunicación, las han entrenado y utilizado por siglos, y desde el inicio de la invasión, tanto el rey Uther como todo Camelot las utilizó, recuerde que el difunto rey recibió su educación militar en Valaquia, de la mano de Lord Lucius Badevire. —Responde Artemis.

El joven Diamante recuerda aquella lejana época en sus inicios adolescentes como comandante del ejército del mal, en que fue enviado por Neherenia a Valaquia para corroborar si eran verdad o no los rumores de traición, y que fabricaban armas para ayuda de los rebeldes del Sur. Fue ahí cuando conoció a la también adolescente Setsuna Badevire y vio por sí mismo a esa lechuza blanca con gris. En ese entonces no le pareció sospechosa, ahora, sabía que era el medio informativo más seguro e insospechado de los rebeldes.

Mi señora, el que escribe, capitán Stefanov Gadurits, comandante de los soldados de Valaquia y encargado de la seguridad fronteriza, acaba de ver pasar delante de los bosques por el desfiladero del diablo un contingente formado por casi 200 soldados del ejército oscuro, todos desfilando en ordenadas filas y al mando de la general Beryl de Gaheris, cabalgando por las montañas en dirección inequívoca de Camelot; tal como usted ordenó antes de partir al torneo nadie hizo intento alguno por detenerlos ni hicimos evidente nuestra presencia pero creemos nuestro deber avisarle de este incidente para que tome las precauciones requeridas ya que, como sabe, el paso montañoso de Valaquia es la forma más rápida de llegar a la tierra media y suponemos un inminente ataque. Espero ser oportuno en el mensaje y sobre todo prevenir de una invasión a nuestra amada reina y señora, la heredera Pendragon.

Setsuna Badevire termina la lectura del breve pero preciso mensaje que su comandante había enviado desde su tierra, ante la mirada seria y preocupada de todos los presentes.

—Al fin se decidieron. —comenta Diamante, cruzando su inteligente mirada con la de la joven de Valaquia, quien asiente.

—Lo esperábamos hace mucho, con la reina fuera y el ejército con ella, sólo era cuestión de tiempo para que pasara. —responde Artemis Nimue.

—¿Solo 200 hombres? No parece una suma preocupante, solo en Camelot con los ejércitos de Sagramore y mío, superamos casi en 10 a uno esa cifra. —indica con confianza la bella Lady Michiru Percival.

—El problema no es el número, Lady Percival, sino la estrategia que el reino oscuro utiliza cuando hay soldados entre sus filas. —asegura, con todo conocimiento de causa, Makoto Sagramore a una asombrada Michiru.

—¿Estrategia? ¿No tienen pensado atacar de frente? —duda la bella princesa de las islas.

—No, Lady Percival, el reino oscuro no ataca de ese modo, sus verdaderas campañas militares de devastación completa y total están a cargo de un general oscuro, quien porta una gema o medallón maldito con poder del caos. Éste, como usted sabe, les da la capacidad de invocar monstruos y engendros y controlarlos lanzándolos contra los pobres pueblos a quienes vaya dirigida la ira de mi horrible tía Neherenia le Fay. —explica con voz indignada el joven de cabello plata.

—¿Y los soldados que función tiene? Si los monstruos acaban con todo a su paso. —duda de nuevo Lady Percival, quien de las herederas, era la única no familiarizada con la guerra y formas de ataque del reino oscuro.

—Los soldados aguardan pacientes tras el general, y cuando los monstruos del caos han acabado de destruir y devorar todo, ellos entran a rematar a los heridos y a tomar el control de la zona, es su forma de ataque más conocida, y seguramente la que intentarán usar contra Camelot. —aclara con su voz siempre mesurada y tranquila Setsuna Badevire, y un pesado silencio se hace en la sala de reuniones.

—Lady Badevire, por la distancia de la frontera de Valaquia a Camelot, ¿Opinan que habrá tiempo suficiente para el desalojo de la ciudad? —pregunta el arcano del cristal a la guerrera de ojos rojizos.

—Puede ser que demoren un día más o día y medio según la marcha, mover 200 hombres a pie no es fácil, máximo dos días. —responde Setsuna.

—Entonces no hay tiempo que perder, habrá que avisar al concejo de nobles y comenzar a expandir la noticia para organizar la evacuación y…

—¿Y por qué no les hacemos frente? —pregunta de repente el joven de cabello plateado, haciendo que todos en la sala lo miren asombrados de su propuesta.

—A favor. —repite con una sonrisa la alta castaña de las selvas de Sagramore.

—Lord le Fay, Lady Sagramore, me parece que ambos están proponiendo algo que además de peligroso es imposible, la ciudad está en franca reconstrucción, los ejércitos no están acostumbrados a luchar juntos, la muralla no está terminada y no tenemos a la reina a nuestro lado para contar con el poder de la espada sagrada al vencer a esas bestias, ustedes no saben cómo es un ataque de monstruos del Caos, yo lo he visto con toda su cruda realidad…

—Claro que lo sabemos, Lord Nimue, yo he sido general del ejército oscuro, Lady Sagramore y Lady Badevire han vivido en sus reinos por años en invasión, y sé que aunque Lady Percival gozó siempre de paz en las islas de Cornualles, sus hombres son fieros en combate y estaría dispuesta a la lucha si se requiere. —anima Diamante Le Fay con voz potente, ganando un sentimiento de agradecimiento de la bella chica de cabello aguamarina por sus palabras.

—Sin duda, si la consigna es enfrentarlos, mi gente y yo estamos listos. —responde Michiru.

— ¡De modo alguno! Los riesgos son muchos, no voy a secundar algo así. —replica el hechicero de cabello blanco.

—Lord Nimue, evacuar la ciudad sería dejar todo en sus manos, quizá no morirían personas pero se gozarían en destruir todo por lo que hemos estado trabajando, Camelot es la muestra de la reconstrucción del reino, de la unidad, de todo Albión que se alza para gritarle al reino Oscuro "Miren, no les temeos, estamos unidos, tenemos una reina y una causa común", ¿O por qué supone usted que esa bruja de Neherenia quiere atacar justo aquí, en este momento? – pregunta con voz firme y valiente la castaña Makoto Sagramore. Diamante asiente.

—Si evacuamos a la gente y nos vamos, si no les hacemos frente, el reino Oscuro sabrá que Camelot es débil, además ¿A dónde iríamos todos? Somos mucho más de cinco mil personas, nos seguirían, Lord Nimue, y fuera de la ciudad una organización de batalla sería imposible, al menos aquí tenemos en resguardo de las murallas y 5 armadas dispuestas a defendernos sin contar con los arcanos a su servicio, yo creo como Lord Le Fay y Lady Sagramore, que podemos hacerles frente y salir victoriosos. —apoya Setsuna Badevire y Artemis Nimue mira los rostros de las tres guerreras y del regente de Camelot, decididos, firmes y confiados unos a los otros, comenzando a dudar.

— ¿Verdaderamente creen que podríamos ganar? —duda el hechicero.

—Podemos tener una aplastante victoria, incluso, si siguen el plan que tengo en la cabeza en este momento, podremos atrapar a Lady Beryl de Gaheris, la conozco muy bien, sé cómo atacaría, y si preparamos una emboscada con los soldados del ejército plateado y sus arcanos, cayendo por detrás, sé que podría enfrentarme a Lady Beryl yo mismo y quitarle el medallón. Sin ese medallón maldito solo son un ejército de 200 soldados fácilmente contenible. –responde Diamante.

—Lord Le Fay, le recuerdo que usted no tiene ni una de las reliquias de poder, ¿No está arriesgando mucho? Sería difícil que neutralizara el medallón oscuro. —Inquiere Artemis.

—Es verdad, Lord Nimue, no soy Serena, no tengo ni el cristal ni la espada, pero aún tengo sangre Igraine en mis venas, y he pasado un periodo de recuperación largo que ha purificado mi poder, además he entrenado con usted, y sé que podría con Beryl, ¿Ha pensado el mensaje que le estaríamos enviando al ejército oscuro y a Neherenia si vencemos y atrapamos a una de sus colaboradoras más cercanas? —cuestiona el muchacho con una leve sonrisa de seguridad.

—Que Camelot con o sin la reina no es débil, que vamos a batirnos con todo si alguien amenaza nuestra soberanía o la de nuestra reina, y que no somos un punto fácil para conquistar. —resume Michiru Percival, ganando un asentimiento de todos los presentes. En un momento, Artemis Nimue duda un poco, valorando con toda la prudencia que lo caracteriza, la situación.

—Lord Nimue… ¿Qué decide? ¿Aprobará nuestra idea? ¿Hablará a nuestro favor con los nobles de Camelot? —cuestiona Setsuna, que conoce bien los protocolos para cada decisión. Artemis suspira hondo.

—Antes de hacerlo quiero escuchar el plan de Lord Le Fay. Debo saber qué decir y qué garantías ofrecerle al concejo de nobles. —asegura cauteloso el hechicero.

—MI plan es este, primero, usaremos a los hombres del ejército de Galahad, que vienen con la pequeña Lady Hotaru para proteger el lado Este de la muralla de Camelot, que al no estar terminado es el más vulnerable, ¿Contaríamos con ellos? —pregunta Diamante a Artemis, que siendo tutor de la pequeña princesa, es quien podría decidir.

—Sin duda, sé que obedecerían esa orden. —afirma el hechicero.

—Después, arriba en la muralla, la gente de Badevire, los arqueros de Valaquia, para defensa última en caso de combate, con una nueva forma de flechas que he estado ideando, tocadas con rocas mágicas de Galahad de las mismas que usamos en las alarmas de las fronteras, que si bien no matan al menos debilitan a los monstruos. He trabajado mucho en idear contraataques usando lo que ya sabía antes de la naturaleza de los demonios del Caos que convocan los generales, y bastaría con bañar las flechas en la solución mágica y contar con un poco de ayuda de Lord Nimue y la buena puntería de sus guerreros, Lady Badevire. —explica entusiasta el príncipe Diamante.

—Cuente con ello, todos a sus órdenes. —afirma Setsuna.

—Creo que voy comprendiendo para qué me necesita, Lord Le Fay. —responde Artemis Nimue mucho más confiado con el plan.

—En pleno campo de batalla, listos a hacer frente a los monstruos, creo que el ejército en pleno de los osos de Sagramore y la gente de Percival harían un buen equipo, unos tienen la experiencia de combate y los conocen bien, y es un buen momento para que los fieros tiburones del mar aprendan a matar demonios. —sugiere el joven de cabello plana ganado una sonora risotada de Makoto Sagramore y un asentimiento de cabeza de Michiru Percival.

— ¡Al fin algo de acción! Pensé que moriríamos de inanición, ¡Maldita Haruka! Si supiera que mi hacha cortará primero que la suya los cuellos de esos monstruos del Caos... —asegura la castaña como si acabaran de anunciarle una divertida fiesta y no el preludio de un sangriento combate.

—Será un honor luchar al lado de Lady Sagramore y sus osos de las selvas, trabajar juntos y demostrar que mi armada de tiburones está lista para cualquier batalla. —afirma la belleza de las islas, demostrando que la gracia no está peleada con el valor.

—Finalmente, la parte medular de mi plan: una parte del ejército planteado se quedará protegiendo la ciudad, en caso de que las cosa fallen, pero la otra vendrá conmigo, nos camuflaremos en el bosque con las técnicas que nos enseñaron los osos de Sagramore, y aguardaremos ocultos la llegada de Beryl y los soldados; también vendrán mis compañeros fomorianos, la gente del volcán de lava y algunos arcanos, porque será necesaria magia para contrarrestar las armas con energía oscura, y cuando ella esté al límite de su poder oscuro y más vulnerable, caeremos por detrás, luchando contra los soldados y abriéndome paso hacia Beryl, pelearé con ella y neutralizaré el medallón, ustedes se darán cuenta de mi éxito porque dejará de convocar monstruos, y cuando tengamos a todos dominados y a ella prisionera, habremos vencido la batalla. —acaba confiado Diamante Le Fay, ganando un asentimiento de cabeza de todas las herederas. Artemis clava sus ojos azules en los del príncipe Regente, y descubre en ellos la misma chispa de mando y fortaleza de Serenity Igraine, a veces, como en ese momento, Diamante sacaba su herencia bendita de la diosa, y se parecía mucho a su madre, a su abuelo, a la reina Serena y a toda la dinastía bendita que lideró Albión por siglos, y el hechicero supo mostrarse de acuerdo con eso.

—Hablaré con el concejo de nobles, de igual modo hay que organizar la ciudad y tranquilizar a los habitantes, voy a dar mi voto de confianza a todos ustedes y a la idea de Lord Le Fay, porque sé reconocer cuando algo es bueno y tiene sentido; procuren no fallarnos ni a Camelot ni a nosotros ninguno de ustedes, y defender con valor la ciudad que, como dijo sabiamente Lady Sagramore, representa todos los ideales de la heredera Pendragon y del nuevo orden. —responde Artemis Nimue, mientras las herederas estallan en plausos y vivas, y Diamante, solo asiente al hechicero, agradecido, pensando que si bien su hermana estaría enfrentando una batalla difícil y peligrosa, él iba a hacer lo mismo, ambos lejos, pero ambos demostrando el valor de la sangre divina de reyes y líderes que corría por sus venas, además, el tenia viejas cuentas con la sabandija de Beryl, había dicho que se encargaba de ella, pero no había dicho cómo…

Mazmorras del Castillo de Gawain, Uppsala.

Todo era oscuridad dentro de la fría mazmorra, solo se escuchaban lentamente las acompasadas respiraciones de los pequeños príncipes de cabello azul, que yacen juntos en un montón de paja, mal cubiertos por una manta.

Del otro lado del pozo circular, se encuentra atada con grilletes la mujer de cabello blanco platinado, con el camisón blanco lleno de sangre seca, y los brazos levantados, contrario a sus hijos, Lady Skadi Gawain no respira, no se mueve, es como si simplemente estuviera muerta. Aunque no entra ni un rayo de luz en aquel pozo oscuro en que la maldad de Erzebeth Galathine los ha lanzado, de alguna inexplicable razón, Skadi Gawain sabe que afuera se mete el sol, que la noche llega, pues todos sus sentidos ahora se agudizan con la oscuridad de la noche, y de repente, levanta la cabeza, olfateando el ambiente, su rostro, antes hermoso, está mucho más delgado que nunca, los pómulos sobresalen de su cara, y sus ojos adquieren un color rojo oscuro, en lugar del tono azul cielo habitual en ella. Su nariz se mueve oliendo y gira su cabeza hacia el montón de paja en que duermen sus hijos, ahí están, vivos y apetitosos como nunca, puede oler la sangre debajo de sus cuerpos, casi sentir como corre por sus venas cada que inhalan y escuchar los latidos de su corazón.

Skadi se relame los labios, dejando ver un par de puntiagudos colmillos, y se remueve para ir en busca de tan apetitosa cena, pero al momento se percata que está firme y fuertemente atada a las gruesas cadenas y contiene un animalesco rugido de fiera, respirando agitada, por sus planes frustrados. De repente, la mujer se tranquiliza, suspira hondo, sonríe y comienza a hablar, en un tono bajo, casi susurrante.

—Azur… Azur… hijito… —llama Skadi con un tono lastimero y doloroso, lento y quedo, repitiendo el nombre de su hijo menor, quien, aunque dormía, parecía sentir un escalofrío en su espina dorsal ya que se sacude y abre los ojos, incorporándose.

—¿Madre? —pregunta el niño al verla.

—Sí… Azur, querido hijito… soy yo… ¡SHHH!... habla bajo, cariño mío, no despiertes a tu hermano… ven… ven a mí… -estira sus brazos la hermosa reina de cabello blanco; el niño la mira, y duda un poco en ir, a su lado, su hermano mayor está profundamente dormido, y presiona en su mano un pico de hueso tallado que estuvo haciendo todo el día mientras a su madre le daba ese letargo con fiebre tan extraña.

"Azur, prométeme que vas a permanecer lejos de mamá, ella está enferma, la envenenaron, y es peligroso que te acerques", le había dicho su hermano, pero ahora, era su madre quien le hablaba, no parecía peligrosa, parecía estas sufriendo.

— ¿Qué pasa hijito querido? ¿Por qué no te acercas?

—Índigo me dijo que es peligroso, que estás enferma, que me mantenga lejos…—susurra el niño de cabello azul.

— ¿Peligrosa yo?... amor mío, soy tu madre, ¿No me ves? La misma de siempre, el veneno se ha ido, por favor ayúdame a quitarme las cadenas, pesan demasiado, ya estoy sana, no más fiebre, ven conmigo, quiero abrazarte. —extiende sus manos la hermosa mujer de cabello blanco sonriendo a su hijo con una sonrisa preciosa y maternal, y el niño, sonriente, se levanta y camina hacia ella, lanzándose en sus brazos a pesar de la cadenas, con rostro lloroso.

—¡Madre! Tuve mucho miedo, estabas tan enferma, con fiebre y parecías sufrir. —llora emocionado Azur Gawain. Skadi lo estrecha en sus brazos y sonríe con una sonrisa sádica y terrible que el niño no logra ver.

—Así era cariño, así era, pero ya no más, estoy bien, ahora me ayudarás a liberarme… ya te tengo en mis brazos al fin… ¡Al fin! —susurra la mujer y sube sus manos huesudas y delgadas, con largas uñas que parecían haber crecido en una sola noche, por la espalda del niño, hasta el nacimiento de su cuello, donde palpita una deliciosa vena. Skadi relame sus labios rojos y abre la boca por completo lista para comenzar a succionar la sangre deliciosa de su pequeño, pero antes que lo logre, siente una punzada de dolor en su hombro izquierdo que la hace emitir un rugido feroz de animal herido y soltar a su recién atrapada presa.

Azur Gawain grita de miedo y cae de espaldas, mirando con asombro a su hermano mayor, detener la lanza de hueso puntiaguda, la cual se encuentra clavada en el hombro de su propia madre. El niño en el suelo se recorre de espaldas a la pared, bastante asustado y lloroso de la escena.

—¡Atrás! ¡No vas a tocar a mi hermano! —lanza con fuerza Índigo Gawain al ser monstruoso en que se había convertido su madre. — ¡Azur, levántate y quédate atrás de mí! —Pide el adolescente de cabello azul a su hermano, quien asiente, mirando a su madre reptar como animal en cuatro patas y revolverse entre las cadenas.

—¿Qué… qué le pasó a mamá? —pregunta asustado y con lágrimas en sus ojos Azur.

—El veneno que te dije, la vuelve un peligroso animal de noche, un depredador, como los lobos de las tundras de Gawain, ella no es ella de noche, Azur, no debes estar cerca ni creerle nada de lo que te diga. ¿Entendiste? —pregunta Índigo, sacudiendo de los hombros a su hermano, quien asiente, y ambos miran como el ser monstruoso jala con fuerza las cadenas que se sacuden, sujetas de la pared con fuertes clavos. —vamos a buscar más huesos y a tallar una arma para ti, las cadenas no la detendrán por siempre y está hambrienta.

—Índigo… ¿Qué vamos a hacer cuando no la detengan más? ¿Ella nos…—Azur no dice la última palabra, un poco temeroso. —…nos matará?

—Sí. En el día le disminuye el veneno y tiene esa fiebre extraña, algún día la transformación será completa, ella me lo dijo, así que cuando pase, debemos luchar. —es la terminante respuesta de su hermano.

—Pero… es mamá… —lloroso argumenta el menor.

—Ya no es mamá, Azur, no llores, ella me pidió ayer que aún tenía conciencia, que fuéramos valientes, que te defendiera de ella, y eso haremos, así que no vuelvas a creerle, así diga que es mamá, no te acerques,

—Si hermano… Índigo… ¿Ya no esperas que Ami venga a rescatarnos con la reina Pendragon? Tu dijiste que ella podría salvarnos a todos.

—No hermano, ya no lo espero…—contesta el adolescente con dureza en su voz. —quizá Ami luche con la reina y vengan en camino, pero creo que será imposible que lleguen antes de que ella nos coma, no tenemos salida, hermano, hay que luchar y ser valientes. ¿Lo prometes? —pregunta Índigo Gawain a su hermano y el niño asiente, limpiando sus lágrimas con su brazo y caminando tras su hermano en busca del hueso adecuado entre los cadáveres del pozo para fabricar su arma, a lo lejos, dos ojos rojos los observan agazapados entre las cadenas del otro lado de la tienda, y Azur siente mucho miedo de ese ser que los mira como cazador a sus presas, definitivo ya no es su madre, pero él, contrario a su hermano, seguía creyendo en su hermana mayor y en la reina.

—Ami… Reina Pendragon, dense prisa… —suplica el niño de cabello azul en silencio, una plegaria muda en que contenía todas sus esperanzas infantiles.

Interior de la montaña "Björn" Cordillera Skaderna, tierras de Gawain, Norte de Albión.

Una pequeña fogata ilumina un recodo del interior del camino subterráneo, construido siglos atrás por los bibliotecarios de Uppsala, alrededor de la cual se encuentran durmiendo, envueltas en sus abrigos de pieles en el suelo Lady Ami Gawain, la anciana Sváva y las dos chicas cuervo en forma humana. La reina Serena se agita sin poder dormir del todo, en parte por el frío, por el cansancio, por el dolor de su cuerpo tras la última caída en el túnel y principalmente por todo lo que todavía da vueltas en su cabeza sobre la última decisión que obligó a su amiga Rei Lancelot tomar, al dejar tras el derrumbe y detrás a todos sus hombres de Benwick.

Después de un momento sin lograr dormir, la joven rubia se incorpora de la manta, y mira en torno; todas las mujeres duermen profundamente y solo Lady Lancelot se encuentra sentada frente al fuego, con el ave roja en su hombro, y adelanta su mano a la antorcha jalando un poco del fuego de esta a su mano, como si lo absorbiera; la reina mira atenta y curiosa hasta que la voz de la guerrera de Benwick la sobresalta.

—Deja de dar vueltas en la manta y ven aquí, Serena, creo que tienes mucho que preguntarme, o reclamarme, y no vas a dormir tranquila ni reparar fuerzas si no me lo dices. —invita la chica de cabello negro. Serena se levanta, y se envuelve en la manta, acercándose a su amiga, y sentándose a su lado, con muchas emociones encontradas en el pecho sin saber por dónde empezar. —Vamos, déjalo salir, aprovecha que tenemos un poco de descanso antes de seguir la marcha, y más te vale que saques todo porque mañana enfrentaremos una batalla monumental y no sabemos qué pueda pasar.

—¿Por qué los dejaste ahí? ¿Por qué los sacrificaste por mí? ¿No sientes ni un poco de pena o preocupación por ellos? —lanza la reina adolescente aquellas preguntas que la estaban atormentando.

—Son muchas preguntas, veamos si logro contestarte todo. En Benwick las cosas no son ni remotamente como en Antor o Camelot. La invasión del reino oscuro tiene ocupado todo, mi gente se refugia en las montañas para no ser esclavizados o masacrados en las minas del polo, y nuestra estrategia es hacer la vida imposible al reino oscuro, estamos habituados a esa forma de combate y no pocas veces nos hemos visto en una situación semejante, cuando atacamos fuertes del reino oscuro o entramos a liberar gente a estos, y es una táctica de momentos difíciles y sin salida, se llama "An chéad mhisean", que en lengua de Benwick significa "La misión primero". Lo que hicimos contigo fue eso, es valorar más el objetivo, la mayoría se queda luchando y el más apto escapa a cumplir el propósito, después nos reencontramos en el campamento.

—Aquí no tienen un campamento… estamos en una tierra que no conocen ni tú ni tus hombres, en un camino subterráneo, ¿Cómo sabes que ellos sobrevivirán? Que estarán a salvo… —aprensiva la joven rubia.

—Porque confío en ellos, Sere. ¿Nunca te has preguntado por qué solo elegí a 13 guerreros de los muchísimos excelentes que hay en las montañas de Benwick para mi armada?...

—La verdad sí, muchas veces, porque otras herederas tienen sus séquitos con muchos guerreros, al menos unos cientos. —contesta la reina.

—Habría podido tenerlo si quisiera, cuando el padre de Redfern, un general de mi padre que sobrevivió, supo que estaba con mi padre Artemis en el santuario, a una edad apropiada me llevó a entrenar a las montañas, y hubo muchos que al saber que había sobrevivido quisieron ponerse a mis órdenes como la heredera de Benwick que soy, para lograr la libertad del pueblo y recuperar nuestra tierra, así que pude haber formado un enorme ejército si quisiera, pero no lo hice. ¿Sabes por qué? … —pregunta la chica de ojos amatista. Serena niega con la cabeza. —porque conocía el dolor de mi pueblo, mi padre me hizo muy consciente de los horrores de la guerra, miles de familias deshechas, huérfanos, heridos, mutilados, ¿Iba a pedirle a mi pueblo que tanto había sufrido que me volviera a entregar a sus mejores hombres y mujeres para volver a perderlos? No. —Enfática al decir esa última palabra.

—¿Y por qué solo ellos trece? —pregunta la reina rubia a su amiga y campeona.

—Porque son los mejores en lo que hacen, cada uno de ellos es especial, nadie supera al otro en una de sus habilidades y porque todos han visto de frente a la muerte y no le temen, han perdido mucho, pero también tiene una razón por la cual luchar, además de su lealtad a mí y su patria, unos una esposa, otros una novia, otros una madre, unos hermanos. No iba a ir a la batalla con trece suicidas que no valoraran la vida, cada uno de ellos luchará con toda su alma y fiereza en combate pero lucharán para sobrevivir, porque quieren volver, tienen la mitad de su corazón en Benwick y la otra en la batalla, y encontrar gente así es difícil, no puedo ir a una misión sin confiar plenamente en cada uno de ellos, yo pondría mi vida en sus manos y ellos en las mías sin dudar ni un segundo. Yo no sé conducir ejércitos, Serena, no tengo la habilidad de mi prima o de Lady Tristán, ni la tuya. —sonríe la heroína de Albión. La reina responde a su sonrisa con otra.

—¡Mentirosa! Sé que lo harías muy bien si quisieras. —contesta Serena Pendragon con sinceridad.

—Puede ser, pero no es mi estilo de pelea, yo jamás iré a una batalla sin confiar en mis hombres, sin conocerlos plenamente uno a uno y sin estar segura que todos volveremos. Y deja de preocuparte por ellos, todos van a hacer su mejor esfuerzo por salir de ahí y presentarse delante de ti en unos días para decirte que están listos para el siguiente combate. —contesta la guerrera, acariciando a su ave roja. Garuda hace unos sonidos con su pico y pasa al hombro de la chica rubia, quien besa su cabeza.

—Entonces para ser buena líder debes hacer dos cosas importantes, rodearte de los mejores, confiar plenamente en quienes tienes a tu servicio, y saber sacrificar… —resume la reina lo que había aprendido ese día intenso y su amiga asiente. —No sé si alguna vez pueda lograrlo, estaba… me sentí muy extraña contigo porque creía que no valorabas a tus hombres, por pensar que valorabas más mi vida que la de ellos… si no fuera porque Ami me hizo comprender ese punto, yo… —La reina suspira, apenada. —A veces me parece que estoy muy lejos de ser la reina que necesita Albión, tengo demasiado corazón, y parece que una reina debe tener sangre fría, como tú y como Lady Gawain.

—No dudes nunca de ti misma, Serena, porque estás aquí y ahora en este puesto porque solo tú eres capaz de darle al reino lo que necesita: Esperanza. Piensa un poco en todo lo que has logrado y hecho desde que sacaste la espada de la piedra, que no es poca cosa, y en todo lo que vas a hacer en el futuro, eres la indicada, Sere, y tienes que confiar primero en ti misma, en tu legado, en tu misión y en la gran fuerza de tu alma y tu corazón. Vas a cambiar mucho el concepto tradicional que tenemos de un líder, vas a enseñarnos que se puede dirigir un reino con el corazón y con la razón a la vez, y si se te olvida y dudas de ti, aquí estaré para recordártelo. —afirma Lady Lancelot y la reina asiente.

—En unas horas estaremos dentro del castillo Gawain y quiero hacer mi mejor esfuerzo para que esta misión valga la pena, para no defraudar a Lady Bors, a Mina, a Lady Gawain, a tus hombres, a Sváva y a todos los que se arriesgaron conmigo. —dice la chica rubia con decisión.

—Entonces mantente enfocada en tu misión, que es llegar con Galathine y destruir el medallón, porque afuera de las murallas estará la armada completa luchando con monstruos del Caos, y de tu capacidad de haber entendido esta lección dependerá la vida de muchos, solo tú puedes usar la espada sagrada y destruir ese poder, así que no te cuestiones ni dudes las decisiones que tomemos para hacerte llegar a Galathine, y no desgastes tu mente en pensamientos de venganza, no vale la pena, dentro del castillo, eres la reina Pendragon, en quien descansa la esperanza de ganar o perder.

—Lo tendré claro, Rei, ¡Vamos a ganar la primera batalla! —exclama con emoción la reina adolescente.

—Veamos qué tan claro lo tienes, dime tus prioridades en orden, ¿Qué harás cuando logremos entra al castillo Gawain por el sistema de desagüe? —cuestiona Rei Lancelot.

—Mi principal prioridad será rescatar a la familia de Lady Gawain, ¡y no arrugues el ceño! Ya te conozco, vas a decirme que no, que de eso se encargará ella, que yo debo ir directo por Galathine, pero, Rei, hay algo que he estado meditado desde que escapamos del campamento… ¡Creo que el poder del cristal de plata puede ayudar a Lady Skadi! —explica la reina rubia contrarrestando la primer explosión de palabras que ya amenazaban con salir de la boca de la guerrera del Sur.

— ¿Cómo lo sabes? —pregunta Lady Lancelot, dudosa.

—No lo sé, solo es algo que he pensado, ¿Intuición? ¿Corazonada? Y un poco la historia que contó Luna sobre los comedores de sangre de Valaquia y como mi antepasado y el de Lady Gawain encontraron una cura, creo que tiene que ver con los poderes de la dinastía Igraine, al menos quiero intentarlo.

—¿Sabes lo que un retraso como ese representaría para la misión? Tenemos el tiempo medido. —duda Lady Lancelot un poco seria.

—Sí, sí lo sé, pero quiero hacerlo, Rei, si tú hubieras tenido, así fuese una sola oportunidad de salvar a tu madre y yo a la mía de ese demonio horrible de Galathine, lo hubiéramos hecho, Ami la tiene, y sé que ha sido muy valiente todo este tiempo para que sus sentimientos personales no influyan en su misión pero si Lady Skadi tiene una oportunidad, una sola, por el recuerdo de nuestras madres hay que ayudar a Ami… ¿Verdad que estás de acuerdo? ¿Verdad que vas a apoyarme? ¿Verdad que no vas a dejar que la madre de Ami se vuelva un monstruo como Galathine?¡Por favor, Rei! —suplica la reina y abraza a la chica de cabello negro que la mira con una ceja levantada.

—¿Me lo estas pidiendo o me lo estás ordenando, Serena? —duda la guerrera de cabello negro.

—Como amiga te lo estoy pidiendo, porque sé que compartimos el mismo sentimiento por la pérdida de nuestras familias, y que en el fondo de tu dureza y tu mente fría eres sensible y comprendes, no quiero ordenarte nada como reina.

—Deberías, porque no hay otra forma en que lo haga… vamos, ordénamelo, y sin abrazos. —pide Rei. Serena le sonríe dándose cuenta del truco que usaba su amiga para ceder a su petición y aclara su garganta.

—Muy bien, Lady Rei Lancelot du Lac, su reina y señora le ordena tener como prioridad de la misión el rescate de la familia Gawain. —finge la joven rubia una voz solemne.

—Y yo le juro, su majestad, que será obedecida y su orden se ejecutará con la mayor presteza posible. —contesta con la misma voz solemne la heredera de Benwick. Un momento ambas se miran y ríen un poco, no muy alto para no despertar a las mujeres que duermen. —Anda a dormir, solo descansaremos 3 horas y te quiero enfocada, dentro de poco vas a enfrentar tu primer gran batalla. Recuerda, si quieres paz…

—…Prepárate para la guerra, lo sé, no lo he olvidado, nos vemos en un momento, Rei, y gracias por confiar en mis intuiciones. —Serena besa la mejilla de su amiga y se despide de Garuda, que había vuelto al hombro de Lady Lancelot, volviendo a las mantas a descansar ahora si con su alma en paz por todo lo que aclaró con Rei. La chica de cabello negro acaricia al ave roja, y del contacto de sus dedos surgen unas chispas.

—Cuídala mañana, Garuda, cuando lleguemos al castillo, vigílala bien y no te separes de ella, sé mis ojos y mi fuerza a su lado, porque algo me dice que no podré protegerla. —dice con voz baja la hija de Artemis Nimue, y el fénix grazna un poco, como si la comprendiera bien. Finalmente, la misión de ambos, era ser el escudo de su señora. Rei Lancelot suspira hondo, y continúa entrenando su poder, aún muy débil, de fuego, en ciclo de creación, y se repite a sí misma que Serena Pendragon, aun a su corta edad e inexperiencia, es justo la reina que quiere servir toda su vida, con esa capacidad única de unir inteligencia y corazón, valor y sentimiento. Ella aún no lo sabe, pero va a cambiar todos los conceptos conocidos de lo que es ser una Reina, de eso está muy segura, y finalmente canta en voz baja y despacio la canción para recordar su patria y su misión que siempre cantaba con sus hombres y que le daba fuerza para cada batalla…

Dime pequeña nube blanca

¿Desde dónde vienes volando?

¿Has visto la casa de mi Padre?

¿Has oído la voz de mi Madre?

¿Qué hace mi amado hijo afuera?

Comiendo con extraños, departiendo con ellos

Pequeña nube, dile a mi madre

Dile que estoy bien, dile que me has visto

Envíale mis mejores deseos

Ha sido tanto tiempo, pero tan poco…

Es casi tiempo de volver a mi Patria

Para regresar de nuevo y abrazar a mi Padre

Es casi tiempo de volver a mi Patria

Para regresar de nuevo y abrazar a mi Madre…

Envuelta en sus mantas, Serena Péndragon escucha la canción, y sonríe arrullada por la dulce voz de su amiga, orando a su madre y a la diosa de la Luna que fundó Albión, para que le dieran la fuerza que necesitaría en la mañana, la fuerza para salvar a su pueblo...

NOTAS FINALES:

Siempre repito que amo demasiado esta historia como para abandonarla del todo, aún con doctorado encima y cambio de ciudad, y con todo lo que implica decidirse a hacer un posgrado para el tiempo y la mente de un estudiante que deja poco para la fantasía, me he dado un respiro en vacaciones de navidad para avanzar esta historia así que aquí lo tienen, siguen al menos otros dos que intentaré subir mas de prisa ya hechos sobre la enorme batalla en las tierras de hielo y en Camelot que es de forma simultánea, va avanzando la historia igual que va creciendo Serena Péndragon como reina, que es la idea de este primer Arco.

Mil gracias a quienes aún a pesar de mi inconstancia siguen asomándose de vez en vez a mi imaginación y siendo fieles a esta escritora mala e inconstante. A ustedes dedico este capítulo. ¡MERCI!

"Cuanto más complicado, mejor, cuanto más imposible, más bello"

EBOLI.