DÍA 25: ESTRELLA FUGAZ
¿Crees en las estrellas fugaces? ¿Crees que si le pides un deseo a una de ellas se te cumplirá? La realidad es que algunos creen y otros, no, y nadie te juzgará ni por la primera ni por la segunda opción. Sin embargo, si reflexionas bien, podrás ver que, al final, esa estrella fugaz solo es el poder de tu corazón, una fuerza incomparable que puede hacer que tus más hermosos sueños se hagan realidad.
¿O tal vez esos sueños ya se cumplieron y no te has dado cuenta?
Los dos se habían quedado dormidos y solamente en la madrugada habían reparado en que ya era Navidad. Tetsuhiro había hecho un berrinche y Souichi había amenazado con darle en casa todos los golpes que no le estaba dando hasta ese momento. Digna manera de recibir tal fiesta alienadora como describía el tirano. Su malestar se acrecentó, no obstante, cuando a su celular empezaron a llegar llamadas destinadas a su asistente: llamadas nada gratas, según su buen criterio.
– ¡Merry Christmas, niisan! – pronunció animadamente en un gracioso Japanglish – Sí, estoy bien, no te preocupes. Senpai ha cuidado muy bien de mí. ¿E-En serio? Ya veo… Bueno, ya nos veremos pronto para poder contarnos todo a detalle. Ajá. Ajá. Ah, no creo que sea muy buena idea…
El jovencito lanzó una mirada furtiva a su Senpai y este sospechó algo. Frunció el ceño y se acercó con disimulo, según él, a su asistente. El mencionado sabía bien que todo se arruinaría si actuaba con indiscreción, así que prefirió no hablar con quien había estado también muy preocupado por él junto con su hermano. Esa precaución evitaría futuros asesinatos.
– Por favor agradécele su preocupación. Sí, hablamos pronto. Bye, bye, niisan. – concluyó el chico dando por finalizada la llamada.
– Vaya, pensé que tu baka aniki te pasaría con aquel tipo.
– Lo iba a hacer, pero como sé que te molesta que hable con él, solo agradecí su preocupación.
– Mmm…
– Vamos, Senpai, pensé que ayer te había quedado más que claro que estoy enamorado de ti y que eso no cambiará nunca.
– ¿D-De qué hablas? – preguntó ruborizándose de pies a cabeza.
– ¿De qué hablo? Pues de esto…
En ese preciso instante lo jaló bruscamente, pero cuando estuvo a punto de besarlo, la puerta de la habitación se abrió de par en par. Dos mujeres se hicieron presentes interrumpiendo, una vez más, una escena digna de una película de Hollywood. Realmente ese chico no conocía la palabra "vergüenza", ¿verdad? Souichi se zafó de los traviesos brazos de su asistente justo a tiempo. Sabía, sabía muy bien que, tarde o temprano, alguien llegaría y los pescaría en pleno intercambio de afecto navideño.
– U-U-Usui-san, ¿q-qué es lo que…?
– ¡F-Feliz Navidad! V-Vinimos a ver cómo se encontraban…
– ¡Merry Christmas! Ay, okaachan, otra vez llegamos en mal momento. – le susurró la niña.
– No, no, no digas eso, Ayuka-chan. Ustedes son bienvenidas siempre, sobre todo en Navidad. Así que ¡Merry Christmas!
Madre e hija arquearon una ceja como dudando de la aseveración del menor de sus amigos. Este sonrió nerviosamente y las invitó a pasar para contarles lo que hasta ahora les había dicho el médico. Su visita alegró el día de ambos muchachos. Y es que ninguno jamás habría imaginado que sus jornadas estarían conectadas a una audaz mujer y a una tierna niña, ni que estarían tan lejos y tan cerca a la vez uno del otro.
No sabían con certeza cuándo le darían de alta a Tetsuhiro, pero sospechaban que muy pronto. Por ello, ahora sí era el verdadero momento de la despedida. Tetsuhiro y Fumiko intercambiaron números porque tenían la corazonada de que algún día sus caminos volverían a cruzarse, pero en un acontecimiento alegre, tal vez, ya no en uno de desgracia. El esposo de Fumiko ya iba a llegar a recogerlas y ambas estaban felices. No alcanzarían a conocerse ahora, pero quizá en un futuro lo harían. Nada estaba dicho en esta vida y aquellos cuatro lo sabían mejor que nadie.
– Muchas gracias por todo, Usui-san, y también a ti, Ayuka.
– Cuida mucho de Nemureru oniisan, ¿ne?
– Está bien, cuidaré mucho a ese tonto.
– Senpai, qué malvado. – fingió enojo con un puchero.
– ¡Bye, bye, Senpai oniisan! ¡Bye, bye, Nemureru oniisan!
– ¡Bye, bye, Ayuka-chan!
– Es un placer haberlos conocido a ambos. – dijo Fumiko conmovida, tras una venia que fue imitada por sus interlocutores en señal de profundo respeto.
Era el fin de toda una jornada juntos y en verdad dolía, en especial, porque era Navidad. Volverían a verse, estaban seguros de ello, pero transcurriría mucho tiempo antes de eso.
– Usui-san y Ayuka-chan son maravillosas, ¿ne, Senpai?
– Sí, espero que algún día volvamos a verlas y… ¿Quién está llamando ahora? – preguntó aproximándose a la pantalla.
– Está registrado como… ¿Homodachi?
– Ah, es tu amigo el del bar.
– ¡Hiroto-kun! Senpai, eres muy malo. Bien, le pondré altavoz.
La dramática, y al mismo tiempo, aliviada voz del bartender hizo reír a Tetsuhiro y, además, logró relajar el ambiente que se había vuelto un poco tenso tras la llamada de Kunihiro, y muy triste luego de la despedida de sus buenas amigas.
– Angel-kun, ¿estás vivo?
– Claro que lo estoy, Hiroto-kun, muchas gracias por haber estado pendiente de mí. En cuanto me recupere, iré a visitarte, ¿de acuerdo?
– Hai, hai. Por ahora disfruta cada minuto junto a Senpai-san. Ay, ni te imaginas cómo se puso cuando tú…
De repente, todo quedó en silencio y al joven de cabello ahora un poco más largo de lo habitual, le tomó unos segundos darse cuenta de la situación.
– Senpai, ¡le colgaste el teléfono a Hiroto-kun!
– Había empezado a decir cosas innecesarias, era indispensable que yo interviniera.
El mayor se cruzó de brazos y su expresión cambió en cuanto recordó una información bastante importante que todavía no le había mencionado a su compañero de departamento. ¿Sería conveniente contárselo en ese preciso momento o eso empeoraría su estado de salud o, más bien, su estado mental? Decidió, al final, tomar el riesgo.
– Eh…, Morinaga, hay una persona más que me llamó preguntando por ti.
– Se trata de mi madre, ¿no es así?
– ¡¿Lo sabías?! – exclamó sorprendido.
– Me lo acaba de decir niisan. Senpai, ¿es malo que me haya sentido bien al saber que ella se preocupó por mí?
Ah, ahí estaba el niño pequeño e indefenso que conocía, el que hacía su aparición cuando era lastimado y cuyo corazón podía casi tocar, pero no se atrevía en ese instante. Su propio corazón dolió al ver esa expresión, una mezcla entre nostalgia y melancolía. Era doloroso verlo en ese estado y no poder hacer nada más que contemplarlo y ofrecerle todo su apoyo en el más absoluto silencio.
– Morinaga…
Ambos despertaron de su ensoñación cuando la puerta de la habitación se abrió, de pronto, tras unos breves golpes que anunciaban la llegada del neurólogo. Después de saludar, este se dirigió al mayor de ambos.
– Tatsumi-san, ¿puedo hablar con usted un momento?
El doctor se excusó con su paciente, que lo miró intrigado, y le indicó a su acompañante el camino hacia su oficina. Lo invitó a tomar asiento y procedió luego a colocar cada una de las placas de la resonancia magnética que le habían sacado a su kouhai apenas ingresó a la clínica. Como era natural, Souichi tenía conocimientos de medicina por su misma profesión, pero leer una RM de encéfalo iba más allá de su entendimiento. Recorrió con la vista los pequeños cerebros que se suelen apreciar en las placas y luego la alzó hacia el galeno.
– Tatsumi-san, esta es la resonancia que le hemos hecho a Morinaga-san y…
La estoica expresión de Souichi se convirtió, repentinamente, en un gesto de pánico. Las preguntas se le atoraron en la garganta y, una vez más, se sintió a punto de caer al mismo vacío del cual tanto trabajo le había costado salir. ¿Qué tan malo podía ser lo que se había encontrado en el cerebro de su kouhai? Pensó lo peor. ¿Un tumor? ¿Un daño irreversible? El diagnóstico a continuación lo dejaría todavía más confundido.
– Todo está en perfecto estado.
El experimentado médico exponía esta verdad como si estuviera insatisfecho con los positivos resultados. Souichi habría cogido al médico por el cuello de la impecable bata que vestía, si no fuera porque sabía que necesitaba escuchar la explicación completa.
– Morinaga-san ha estado casi un mes inconsciente, pero no ha sufrido ningún tipo de daño cerebral.
Souichi suspiró totalmente aliviado y agradeció a todas las deidades existentes en el mundo de las religiones. Pudo haberse quebrado de emoción en ese preciso instante, pero la expresión inconforme del médico no le gustaba para nada. ¿No era maravilloso que un paciente estuviera en perfectas condiciones después de semejante experiencia traumática? A menos que hubiera algo más.
– ¿Qué me está tratando de decir?
– Lo que le sucedió a su amigo es muy extraño. Cayó inconsciente después de una explosión, y estaba casi seguro de que en la resonancia aparecería, por lo menos, una lesión, pero no hay nada, ni siquiera edemas.
– Entonces…
– Déjeme explicárselo mejor. Una persona puede estar inconsciente por varios días, semanas y hasta años. Después de este tiempo, algunos pacientes poco a poco salen de ese estado, mientras que otros… bueno, no corren con tanta suerte. Ahora bien, cuando una persona sale de la inconsciencia, la recuperación es paulatina, nunca es inmediata. Eso de despertar y que todo vuelva a la normalidad solamente sucede en las películas. Es por eso que solo encuentro una explicación, una no muy lógica, por cierto.
– ¿No muy lógica?
El galeno hizo una pausa como cuestionándose a sí mismo y, a la vez, a la ciencia a la que había dedicado su vida entera. Se preguntaba si su reputación como médico no se vería afectada por considerar factible aquella posibilidad que venía danzando en su compleja mente desde que había analizado los resultados de las pruebas realizadas al joven paciente.
– Pienso que el motivo por el cual cayó en ese estado es psicológico y no funcional.
– ¿Eh?
– Morinaga-san puede haber sufrido un desmayo, no a causa de un golpe, sino que algún trauma o impresión puede haber estado en su memoria antes del terremoto y la conmoción de la detonación o el impacto lo aguzó y por eso, entró en estado de shock.
El profesional de la salud tenía toda la razón cuando dijo que la situación era extraña. No obstante, su explicación no era tan ilógica si se aplicaba a una persona como Morinaga Tetsuhiro, un ser humano sumamente emocional. Sí, en su caso no sería de extrañarse que ese hubiera sido el detonante de su estado de inconsciencia. Lo peor era que Souichi conocía a la perfección el motivo del que hablaba el doctor y no pudo evitar sentirse culpable.
– No hay nada de qué preocuparse. Bueno, es obvio que me gustaría que nos visitara en una semana para hacerle algunas pruebas, solo para asegurarnos de que todo marche bien.
El científico manifestó su alivio en una sonora espiración e hizo una reverencia en señal de agradecimiento. Se disponía a marcharse de la oficina del doctor, cuando su nombre fue pronunciado como una invitación a escuchar una última recomendación de su parte.
– Ah, Tatsumi-san.
– ¿Sí?
– Por favor, cuídelo mucho. – pidió con la actitud de un padre más que de un médico – No tiene idea de lo afortunado que ha sido su amigo.
Souichi se giró y se retiró en silencio de la oficina.
No pudo evitar pensar que el verdadero afortunado había sido él.
Luego de la conversación con el galeno, Souichi regresó a la habitación de Tetsuhiro. En el camino, no podía hacer más que deliberar sobre todo lo departido minutos atrás. Cuando el menor notó su presencia, se inquietó.
– ¿Pasó algo, Senpai? ¿Qué te dijo el médico? Es algo malo, ¿cierto? Sea lo que sea, quiero que me digas la verdad, por favor.
– Morinaga, si no te callas, voy a golpearte. Y sí que puedo hacerlo, ya que esa cabezota tuya no tiene absolutamente nada de malo. Claro, aparte de tu estupidez natural, pero eso no es tan grave.
– Senpai, no te entiendo nada. – reclamó algo ofendido.
– ¿Ya ves?
– ¡Senpai!
– Está bien, está bien. – dijo sentándose en la cama – El médico acaba de explicarme que no tienes ningún tipo de daño cerebral, a pesar del tiempo de inconsciencia que tuviste.
– ¡¿Eh?! ¿No es eso demasiado bueno para ser verdad? No, Senpai, sé que algo me ocultas.
Souichi entrecerró los ojos, pero como era un ser compasivo por naturaleza, le dio un fuerte golpe en la mano para no tener que abusar de su recién recuperada cabeza.
– ¡Eso dolió, Senpai!
– Te lo mereces por idiota. No te estoy ocultando nada, Morinaga. Deberías estar feliz de que nada te haya pasado. Pero, claro, tú andabas de lo más tranquilo durmiendo mientras que yo…
Souichi bajó la mirada. No era eso lo que debía decirle al chico, porque nada de lo ocurrido era su culpa. Y no es que él hubiera estado durmiendo tranquilamente. El tirano realmente escupía veneno cuando entraba en pánico.
– Senpai, eso no es cierto…
– Lo sé. – se adelantó a decir – Es solo que yo…
El menor notó el arrepentimiento, la tristeza y el dolor ocultos en el rostro de Souichi. Siempre había sabido que el hombre de su vida no tenía idea de cómo manejar ni controlar sus sentimientos reales una vez que estos salían a flote a causa de una situación extrema. Por eso mismo, admiraba mucho su valor cuando se atrevía a revelarlos, atropellándose con las palabras, sonrojándose sobremanera. Era demasiado adorable.
– No quise decir esas cosas. Lo siento…
Y cuando se disculpaba, sabía que lo hacía de corazón, así como lo había hecho la noche anterior. Ah, en verdad las heridas tardarían en cicatrizar. ¿Podrían ambos lograr que estas sanaran por completo?
Tetsuhiro tomó su mano logrando que por fin lo mirara a los ojos. Sus miradas se conectaron en el más profundo silencio que acallaba solo de manera superficial el sinfín de emociones que cada uno sentía revolotear en su pecho.
– Senpai…
Tetsuhiro no pudo resistir un minuto más. Atrajo a su superior hacia su cuerpo y lo estrechó con renovadas fuerzas e inmensa ternura. Finalmente, nadie interrumpía su pequeño momento de felicidad por tan solo saber que estaban juntos y que, por más que no fueran una pareja, eran en realidad mucho más que eso y no necesitaban que el mundo lo supiera. Tal vez en un futuro cercano o lejano, ese bello tirano se daría cuenta de que lo que sentía por su adorable asistente era, nada más y nada menos, que el más puro y verdadero amor.
Al ver que no protestaba al igual que la noche anterior, el kouhai aprovechó para besarlo, y grande fue su emoción al notar que su amado Senpai correspondía tanto el beso como el abrazo. ¿Por qué el sabor del primero y la calidez del segundo eran los mismos y no cambiaban a pesar del tiempo o la distancia? ¿Por qué sus corazones palpitaban acompasados? Y más que nada, ¿por qué estaban llorando?
Por alguna razón, que no se molestaría en descubrir ahora, Souichi sintió que los brazos de Tetsuhiro no eran más una prisión. Y así lo fueran, él no escaparía nunca, aunque le cedieran la llave y le cosieran a la espalda las más hermosas alas.
Porque él era su única y verdadera libertad.
– ¡Morinaga-san!
La pequeña Kanako se lanzó a los brazos de un convaleciente Tetsuhiro que le correspondió con su usual dulzura. Souichi le llamó la atención, aduciendo que iba a desarmarlo, causando risas por parte de los presentes. A Matsuda-san también se le notaba aliviada al comprobar que el mejor amigo de Souichi estaba mucho mejor de lo que esperaba.
– Kanako-chan, Matsuda-san, lamento haberlas preocupado. Me alegra muchísimo verlas otra vez y justo un día como hoy. Muchas gracias por venir.
– En cuanto Sou-kun nos contó que te había encontrado sano y salvo, no dudamos en venir a verte. Y no agradezcas nada, sabes que eres parte de la familia.
Tetsuhiro se sonrojó ante esta aseveración. No porque indirectamente fuera una frase de doble sentido, ya que Matsuda-san no sabía lo que tenía ese par, sino porque se sentía querido y valorado en la familia Tatsumi, y lo haría incluso si no estuviera enamorado de Souichi. El tirano, a su vez, contemplaba la escena con calma, como si al fin todo hubiera regresado a ser como era antes. Volver a los días normales y apacibles hacía que uno valorara más que nunca lo que tenía, y que pensara dos veces antes de arriesgarse a perderlo de nuevo.
Todo lo que más quería estaba ahí, justo frente a sus ojos. Matsuda-san, la amable mujer que había hecho el trabajo que su madre dejó inconcluso; Kanako, la niña de sus ojos que era su motivo de lucha diaria; Tetsuhiro, el tonto jovencito que lo aceptaba con todos sus defectos y que decía amarlo más que a nadie en el mundo. Ah… si tan solo su padre y Tomoe estuvieran allí, la felicidad sería completa, pero sabía que ellos estaban bien y eso le bastaba. De acuerdo, no podía ser tan ingrato. Ese idiota llamado Mitsugu cuidaba bien de su hermano por más que él lo detestara, y el insoportable Taichirou lo había apoyado mucho durante la dolorosa ausencia de su kouhai. Tendría que hacer un par de llamadas cuando volviera a casa, ¿eh? Sumado a lo anterior, sabía que su madre los protegía a todos desde arriba.
La mirada limpia de Tetsuhiro brillaba como una pacífica noche de estrellas y su amplia sonrisa resplandecía como un bello arcoíris.
No permitiría que nada ni nadie volvieran a arrebatarle a ese chiquillo tonto.
– Ah, miren, una estrella fugaz. ¡Rápido, pidan un deseo! – dijo cerrando los ojos mientras formulaba el suyo en la mente – Vamos, tú también, Senpai.
– Bah, no hago niñerías como esas. – reprochó cruzando los brazos con indiferencia.
– ¡Senpai, qué cruel eres!
– Niisan es como el Grinch. Desde ahora te llamaré "SouiGrinch niisan".
– ¿Qué dijiste, niña?
– ¡Feliz Navidad, SouiGrinch niisan!
La habitación se envolvió en risas, aunque naturalmente la de Souichi era inexistente, ya que acotaba que no le veía lo gracioso al nuevo apodo acuñado por su hermana. Una enfermera los miró mal desde el umbral de la puerta, y tuvieron que frenar su entusiasta conversación llena de burlas para que no les llamaran la atención. Las miradas de Souichi y Tetsuhiro, sin querer, se cruzaron una vez más de manera cómplice, a medida que las risas se iban apagando y daban espacio a sinceras sonrisas.
Como un déjà vu, Tetsuhiro recordó un detalle muy importante que sabía desde hace mucho, pero que nunca estaba de más que la vida le recordase. En cuanto a Souichi, le había tomado unos 25 días y unos 8,2 grados saberlo, pero finalmente lo comprendía esa fría pero, a la vez, cálida Navidad.
No había necesidad de pedir nada más cuando ya lo tenías todo.
¡Feliz Navidad a todas y a todos!
Estoy muy feliz de poder presentarles este capítulo tan especial que casi cierra este fic. ¡Exacto, no estén tristes porque aún falta el epílogo! :D La próxima vez que nos encontremos, entonces, será en el epílogo que marcará el final de esta hermosa historia que tanto amé escribir y compartir con cada una/o de ustedes. ¿Les gustó la parte final? Tenía que ser especial y así fue, por eso, espero que puedan comentarla para saber sus opiniones y sus sentimientos.
Ja nee!
**Jane Ko**
