Disclaimer: Los personajes de Naruto pertenecen al gran Masashi Kishimoto-San, la historia descrita a continuación es producto de mi loca imaginación. Un día me dio por escribirla, y aquí está, "Entre el amor y la venganza".


Holaaaa, he vuelto con otro capítulo ¿Me extrañaron? Yo sí lo hice. Durante este tiempo he hecho muchas cosas. Lo bueno es que ya estoy de vuelta y espero actualizar más a menudo.

Este es un capítulo especial, nuevos personajes entran en acción y quizás despejen algunas dudas. Ojalá les guste.

Disfrutad la lectura.


Ella

Ella lo había hecho. Su propia hija volvía a manchar sus manos de sangre, esta vez con la del hombre que siempre amó, Fugaku... si tan solo su compromiso se hubiese concretado él no hubiese muerto en manos del monstruo que engendró. Porque en eso se había convertido su hija, un monstruo sanguinario que no descansaría hasta acabar con todo a su paso. No cabía duda, por sus venas corría la misma asquerosa sangre Hyuga que truncó su destino.

Tenía que hablar con Hinata, debía pedirle una explicación. No tardó en abordar el avión que la llevaría de nuevo a su infierno. Tenía un mes fuera de Japón, Dubái le sirvió mucho para despejar su mente y para verla, era tan linda, como quisiera llevarla a casa, pero no podía. Hinata no debía saber de su existencia, ni siquiera la misma Hanabi. Le costó mucho ocultarla... esa niña era lo único que la unía a Fugaku, aparte del primer hijo al que se vio obligada a abortar porque sabía era la prueba de la traición a su marido. Ella estaba bien cuidada, era lo realmente importante. Esa mujer le prometió que estaría a salvo lejos de toda la maldad Hyuga y Uchiha. Alguien en esta familia merecía ser feliz y esa niña sería esa persona. Sus hijas sufrieron mucho por nacer bajo un seno familiar demasiado estricto. Estaba segura que si su familia política llegaba a poner sus manos encima de aquella pequeña criatura le harían pasar por lo mismo que a las gemelas.

Keiko Mitashi era una niña extremadamente inteligente, dulce, y sobretodo feliz. A sus cortos once años podía darse por satisfecha de haber dado un futuro mejor a su nieta. Engañó a Hinata, lo hizo de una forma cruel, pero con un claro y firme objetivo. Ahora debía velar porque ella siguiera con su vida como hasta ahora.

También debía hablar con Madara, ese hombre la ponía nerviosa, estaba obsesionado con su hija, qué bueno que esa extraña mujer que se hizo llamar la mano derecha del Uchiha, la ayudó a desaparecer a la niña sin dejar rastro que seguir. La alejó de él, para que no la pudiera utilizar como arma contra su hija. Al percatarse del gran problema de ese hombre se arrepintió de haberse cruzado en su camino, si era como esa mujer se lo describió, era un completo desquiciado

El viaje era largo, no quería regresar, se quería quedar con ella. Siempre vivió viajando después de toda esa tormenta, junto a su Keiko, su niña de dulce y fácil sonrisa. Amaba a esa pequeña, le devolvió la sonrisa, aunque debía fingir con su hija. En el fondo estaba feliz, Hinata si lo llegase a saber se lo agradecería. No podía ser tan mala con ella si le contaba la verdad ¿O sí?

No, no podía decirle nada, debía cargar con el odio de su hija, por la felicidad y bienestar de su nieta... tenía la sangre de su verdadero y único amor, aunque él haya sido el de la propuesta de desaparecer a su niña.

Keiko tenía una nueva amiga, no le dio tiempo a conocerla, pero le dijo que era lo más cercano a una hermana, era como si se conocieran de toda la vida. Esa noticia agradó mucho a Hisui, su pequeña estaba sintiendo algo que su madre y tía no pudieron aun siendo gemelas... aun habiendo crecido en la misma bolsa, el mismo vientre y haber estado juntas 15 años de sus vidas. Estuvo en lo correcto cuando decidió apartar a su nieta del agobio familiar.

El viaje fue preocupante, ¿Estaría todavía en la cárcel? ¿Qué tenía que ver con ese muchacho con el que salió en varios medios? Gracias al internet se informó de muchas cosas. Recordó cuando Keiko le preguntó por la muchacha bonita que tanto buscaba en la web. No pudo mentirle y dijo que era una de sus hijas, a ella le brillaron sus negros ojos al verla. Era la conexión madre e hija no cabía duda, el llamado de la sangre era demasiado fuerte como para pasar desapercibido.

Al llegar al aeropuerto de Haneda su chofer como siempre la estaba esperando, pensó que todo era normal hasta subir al auto después de darle la maleta. Su marido la esperaba allí, en el asiento trasero de su BMW. ¿Qué hacía Hiashi allí? Eso en parte atemorizó a la Mishima, ¿Cómo era posible que él supiera el día de su llegada? Esperaba que todo esto fuera mera coincidencia.

—Como que todas las mujeres que llevan tu sangre tienen que terminar revolcándose con un Uchiha… tal como tú antes de casarnos ¿Cierto? —Dijo tendiéndole una revista donde se apreciaba mejor el beso entre Hinata e Itachi.

—No sé de lo que hablas, a veces pienso que te creas historias en la cabeza para justificar la miserable vida que me has dado. —La de ojos azules se cruzó de piernas, hojeó la revista sin prestar mayor importancia a la noticia principal del medio.

—Creo que la que omite ciertos detalles para justificar sus actos es otra. ¿Cómo te fue viendo a quien sea que visitas siempre en Dubái? —La mujer al escuchar esto se tensó, ¿Cómo sabía él que visitaba a alguien en ese emirato?

Lo miró a los ojos, aquel par de perlas nacaradas que se volvieron el peor tormento de su vida desde el día que se casó con Hiashi. Una mirada llena de odio que conocía tan bien, porque sí, él la odiaba por la humillación por la que tuvo que pasar el día de su boda al notar que ella ya no era virgen, que se había casado con una mujer usada y desvirtuada. Ese era el mayor pecado que pudo cometer para Hiashi y el clan Hyuga.

—No sé de qué estás hablando, Hiashi. Tengo una casa allí porque me sirve para relajarme y alejarme de todo el caos que me genera estar en este país. —Continuó viendo sin ver lo que decía la revista.

Sin previo aviso, Hiashi arrancó el objeto de sus manos y apretó una de sus muñecas con fuerza, haciendo que Hisui levantara la vista hacia su marido. Pudo ver la ira contenida en aquella helada mirada. Un frío recorrió su espina dorsal, él no estaba jugando, hablaba en serio. Debía tener cuidado si no quería ser descubierta por los Hyuga. Jamás perdonarían que hubiese actuado de la forma que lo hizo.

—Escucha bien, Hisui. —Dijo el patriarca con demasiada exasperación en su voz— No soy ningún tonto y si piensas que todo lo que has hecho con alevosía durante estos años ha pasado frente a mis ojos sin que lo percatara, estás muy equivocada. En menos de lo que piensas borro esa sonrisa estúpida que traías después de visitar a nuestra nieta.

La Mishima no daba crédito a lo que escuchaba, su marido había hecho clara referencia a su nieta, a Keiko, él lo sabía absolutamente todo aún después de haber sido tan meticulosa para no dejar pistas de lo que hacía en aquel lugar del mundo.

—Vaya, veo que te has sorprendido, ¿De verdad pensabas que te podías ocultar de mí y mis influencias? Por algo soy un empresario conocido en todo el mundo, para algo sirven los contactos e investigadores privados al notar los constantes viajes de mi señora a tierras tan lejanas. —Hizo una pausa, esperando ver qué tenía su mujer para decir, pero era claro que la tomó desprevenida y no diría nada para defenderse. Era el momento de atacar psicológicamente— ¿Cómo puedes dormir sabiendo que tu hija lleva doce años buscando a alguien que su propia madre tiene secuestrada? Porque querida Hisui, eso que has hecho con la pequeña… mmm ¿Cómo es que se llama? Ah ya recuerdo, Keiko. Eso que has hecho con la pequeña Keiko, es un secuestro, o sea un crimen que se paga con cárcel, mi adorada esposa.

Hisui no salía de su asombro, regresar a Japón ahora sí se había convertido en un verdadero infierno, Hiashi cumplía con sus amenazas y ésta sin duda era una. La estaba alertando de lo que no tardaría en hacer si le negaba algo, detrás de esa declaración de guerra tan abiertamente había un propósito, tenía que descubrir qué quería de ella.

—Déjate de rodeos y di qué quieres de mí. Te conozco Hiashi, tú solo dices las cosas de frente cuando quieres obtener algo de tus víctimas. ¿Para qué te soy útil?

El castaño sonrió, su mujer lo conocía, incluso más que Samara, no era para menos, treinta años de matrimonio no pasaban en vano. Lo que quería era algo a lo que gustosa accedería si no quería ir a parar a la cárcel.

—Quiero que hagas una venta donde cedas todos los derechos sobre los bancos y empresas de los Mishima a Hyuga Group & Co. Quiero que todo quede en manos de mi Heredera. Que sea el patrimonio de su futura familia con un hombre que yo sabré escoger a su debido tiempo.

—Pero ¿Qué dices? Estarás despojando de sus bienes a todo un clan. —La mujer no acreditaba aquello que escuchaba, pero de qué se sorprendía, los Hyuga solo pensaban en dinero. — ¿Y qué es eso de casar a Hinata con un desconocido? Creo que enloqueciste.

—No, al contrario, necesito que mi hija se case con alguien de mi confianza que sepa gestionar a su lado el futuro de mis empresas. Tengo al candidato ideal. Porque querida, mi hija va a estar de acuerdo con todo lo que yo le diga, a cambio de esa hermosa jovencita que tú le quitaste.

—Todos quieren lo mismo. Chantajearla con esa inocente criatura. No quería que cayera en las garras de tu asquerosa familia porque la harían sufrir como a mí o mis hijas. Y tenía razón. —El hombre comenzó a emitir pequeños chasquidos que molestaban a la mujer.

—Yo quiero a mi nieta para que esté junto a su madre, como Dios manda. Tú la apartaste de ella. Solo quiero que cada cosa empiece a retomar su curso natural. Curso que tú desviaste, querida esposa. Piensa mi propuesta, tienes más cosas que perder.

Continuaron en silencio el resto del camino hasta la residencia Hyuga, jamás tuvo tanto miedo de Hiashi como en ese momento, temía quedar sola en aquella gran casa donde si la encerraba en alguna de las habitaciones nadie acudiría a su ayuda. Ojalá Hanabi no se encontrara en casa, estaba segura que esa aparente serenidad de su marido se desataría en una gran furia que arrasaría con todo lo que se atravesara en su camino… y su hija menor tenía muchas cosas que explicar a su padre.

Al llegar cada uno tomó sus respectivas pertenencias y entraron a casa como siempre que llegaban juntos —eran raras las veces— los empleados quedaron mirándolos, sabiendo que algo ocurría con sus señores, notaron el grado de tensión en el ambiente, podían incluso cortar el aire con una tijera.

Ellos de manera profesional atendieron a sus jefes con el mismo trato de siempre, Hiashi pidió al ama de llaves que informara a su hija menor —si estaba en casa— que debía ir con su padre quien la esperaba en el comedor. También pidió que se comunicara con Hinata, y le diera un mensaje, que en cuanto pudiera se comunicara con él.

La mujer hizo exactamente lo que su señor le pidió, efectivamente, la menor de las hermanas se hallaba en casa desde temprano, no había pasado la noche en casa, pero desde que llegó no había comido ni salido de su habitación. Intuía que algo realmente serio pasaba con la joven Hyuga, pues había escuchado que tiraba uno que otro objeto.

Hanabi abrió la puerta algo histérica lanzando improperios a quien osaba interrumpir su arrebato de ira contenida desde que estuvo con Sasuke, mas optó por bajar la guardia al conocer que era su padre quien solicitaba su presencia de manera inmediata. Sin más preámbulos acomodó su ropa y cabello, así como también sus sonrosado rostro, prueba de que estuvo llorando.

Al llegar junto a Hiashi algo le decía que nada estaba bien, era extraño que su padre requiriera de su presencia desde que tenía a su hija ideal, Hinata.

—Toma asiento, por favor. —Alcanzó a decir con cierta frialdad el patriarca a su benjamina.

—El ama de llaves dijo que solicitabas mi presencia, padre. ¿En qué puedo servirte? —La joven tomó asiento tal cual como le ordenó el Hyuga, no podía negar que estaba aterrada, nunca se sabía qué esperar de él.

—Hisui, para ser más claro en mi petición, te voy a dar a elegir.

Hanabi no entendía a qué se refería su padre, ¿Por qué solicitaba su presencia para pedir algo a su madre? Algo no estaba bien en todo esto. Lo que vino a continuación sin duda sorprendió a la joven ojos de luna.

—Si no quieres ir a dar a la cárcel junto a tu hija —dijo viendo a Hanabi con algo de desprecio— tienes que firmar cada uno de los documentos donde dices que cedes el patrimonio del clan Mishima a la heredera Hyuga, sin que el consejo del mismo llegue a inmiscuirse en las decisiones que se tomen luego de hacer la concesión.

Hanabi abrió los ojos como platos, ¿De qué rayos hablaba su padre? ¿Ir a la cárcel? ¿Ceder toda la fortuna de su familia materna a la estúpida de su hermana? Estaba hablando de desheredarla, pero... ¿Por qué?

—Te debes estar haciendo muchas preguntas, hija... hasta suena gracioso decirle hija a una persona egoísta que solo piensa en sus propios intereses y los de su familia le dan igual, no hay duda que la sangre de Hisui corre por tus venas, Hanabi. Pero no es tu culpa, tienes una mala entraña, querida. —Ésta vez su mirada fue a parar en la azul de su esposa, quien al escuchar las hirientes palabras de su marido, solo pudo bajar la cabeza ante él.

—Padre, no entiendo a lo que te refieres, pero nada de lo que dices es cierto, vivo para servir al clan, no es como dices, sí, de un tiempo para acá me he alejado un poco de mis funciones y sé que está mal, lo acepto. Si lo dices porque ahora estoy más cerca de mi prometido y he descuidado mi deber con...

Hiashi no pudo soportar escuchar tanta insensatez junta, sin duda era igual que su madre, una mentirosa y manipuladora de primera, incluso la misma Hinata había sacado algo de la maldición que le tocó por mujer.

—No hablo por esas tonterías que dices, pequeña. —Una sonrisa burlona se dibujó en los labios del Hyuga— ¿No tienes algo que decirme, cariño? No sé tal vez algo que yo desconozca —hizo énfasis en esto último simulado unas comillas con sus dedos— Puedes tomarte el tiempo que quieras para meditar mi pregunta y puedas darme una respuesta objetiva y clara. Obvio necesito argumentos que la sustenten. Depende de ti que te incluya en la petición que hice a tu madre y en mi testamento.

El hombre con el aplomo y elegancia que lo caracterizaba, se puso de pie e hizo su retirada de aquella habitación, su esposa e hija tenían muchas cosas que hablar. No podía alertar a la gemela menor sobre la existencia de su nieta, a quien suponía ésta desconocía que vivía y cuál era su paradero.

...

Enseguida al salir del área del comedor donde dejó a ambas mujeres, tomó su teléfono celular y marcó a la oficina de Hinata, ¿Dónde se había metido? Necesitaba urgentemente reunirse con ella, pues tampoco se podía decir que estaba de acuerdo con las acciones que ésta había tomado últimamente. Sin duda, la sangre maldita de los Mishima corría también por sus venas, era igual de débil que Hisui ante los Uchiha.

La joven asistente de su primogénita no pudo dar razones de su hija desde el día anterior que había avisado que no iría a trabajar durante esa otra semana... ¿Acaso pensaba que le regalarían el dinero? Tenía que ponerla en su lugar. Últimamente las mujeres de su familia solo servían para causar problemas... y casualmente siempre había un miembro de cierto clan en medio.

Llamó a una persona que sin duda le ayudaría a dar con Hinata y devolverla a la realidad. Al tercer tono le respondió la voz áspera del hombre al que llamaba.

—Uzumaki al habla, ¿Quién llama?

—Naruto, muchacho. Soy Hiashi, tu jefe, ésta es mi línea privada. Mi llamada tiene un motivo breve. Necesito tu trasero mitad inglés abordando uno de mis jets lo más pronto posible. Te quiero en Tokio para ayer, sin peros, es urgente. —Sin decir nada más, ni dar derecho a réplica el Hyuga cortó la comunicación, dejando a un atónito Naruto del otro lado de la línea.

—Ya veremos la cara de Hinata cuando Uzumaki le diga lo que planeo. —Pensó en voz alta, antes de adentrarse por completo en su despacho.

— ¿Qué sabe papá? —Preguntó una Hanabi asustada— ¿Por qué te pide que hagas algo para evitar que vaya a la cárcel? —Hisui la observaba y a la vez no, estaba perdida en sus pensamientos.

—Él no lo puede hacer, ni siquiera por lo de Harper. —La matriarca se levantó más contenta de lo que estaba, su marido podía amenazarla con enviarla a la cárcel, pero no en Japón. Sus delitos fueron en Inglaterra, por tanto había una ley que les protegía, no las podían extraditar ni a ella, ni a Hanabi para ser juzgadas. Hiashi no tenía nada, absolutamente nada con qué amenazarle... bueno sí había una cosa, o mejor dicho alguien, Keiko.

— ¡Madre! —El grito de Hanabi la sacó de sus pensamientos— Van a saberlo todo, no hay forma de escapar de la cárcel. Nos mandarán al mismísimo infierno, he visto mucho de eso en películas y... —la mujer calló las estupideces que podía decir su hija. Sin duda al final podía resultar algo tonta.

—No vamos a ir a la cárcel y punto. Nos protege el parlamento, somos de una respetable familia, si los Hyuga nos dan la espalda, tenemos a los Mishima de nuestro lado, Hiashi jamás nos hará daño, te lo prometo. Voy a asesorarme para conocer mejor nuestro panorama.

La mujer abrazó a su hija, reconfortándola no permitiría que les sucediera nada.


Hinata preparaba el almuerzo a duras penas, Itachi realmente no la dejaba terminar absolutamente nada de lo que comenzaba a hacer. O terminaba contra el refrigerador o en el peor de los casos sobre el mesón de mármol. ¿Cuántos días llevaban así? A ella le daba igual, no importaba mientras él estuviera a su lado.

El moreno le rodeó la cintura mientras Hinata cortaba una cebolla en finas rodajas para el plato que planeaba preparar. Itachi comenzó a repartir besos por el cuello haciendo que se retorciera entre sus brazos. Ya la comida pasaba a segundo plano, la Hyuga estaba segura que terminarían nuevamente ordenando a domicilio, si seguían a ese ritmo.

Se giró hacia él sin tardar en apoderarse de su boca, las manos del Uchiha comenzaron a recorrer la espalda por encima de la fina tela del camisón que cubría la desnudez de Hinata. Llegó hasta sus glúteos y los amasó con parsimonia haciendo escapar un gruñido proveniente de la mujer al pegarla contra la prominente erección que ésta provocaba en el moreno.

Itachi la levantó en vilo y la montó sobre la isla del desayunador sin apartar por un momento la danza de sus bocas. La Hyuga abrió sus piernas para rodear el cuerpo de su hombre con ellas. Pero el sonido del teléfono celular la sacó del trance en el que se hallaban. Era el de Itachi. Hinata al notar la expresión que ponía al ver quién le llamaba, supo enseguida de quién se trataba, era ella, Sakura.

Él se alejó un momento hacia la terraza para contestar, la morena aprovechó para arreglarse el camisón y continuar lo que estaba haciendo antes de dejarse llevar por la pasión. No sabe cuánto tiempo duró Itachi hablando con la de cabellos rosados, lo bueno de esa llamada, fue que pudo terminar lo que pensaba preparar en un principio, Capelli d'angelo, con lomo de res al horno bañada en una salsa de champiñones que preparó aparte. Sí, también era muy buena cocinando, se le daba como a una profesional.

El moreno se acercó a la cocina y divisó los platos que reposaban en la encimera listos para comenzar la degustación, la Hyuga estaba entretenida descorchando una botella de vino tinto para acompañar la comida. Él simplemente se quedó observándola, la maestría y delicadeza con la que lo hacía era fascinante, realmente todo en ella le parecía cautivador.

Ella buscó algo en los estantes de cocina, al encontrarlo sirvió dos perfectas copas de un tinto con color intenso, le tendió una que no dudó en catar, el color era un rojo rubí intenso, al olerlo pudo percibir el aroma de las bayas, ciruelo, un matiz de tabaco, vainilla, cuero y hierba. Pudo sentir en el paladar un rastro aterciopelado, supo que se trataba de un tempranillo, interesante elección, no porque estuviera mal, al contrario, se notaba que era de una gran cosecha, lo que no entendía era que lo usara para acompañar un platillo que estaba compuesto por carne de res, que él gustosamente hubiese acompañado con uno de Cabernet Sauvignon. No dudó en preguntarle el motivo de su elección, ella negó con la cabeza al notar que era muy inteligente y conocía de vinos, pero le faltaba mucho por aprender y darse cuenta de pequeños detalles.

—Quise hacer nuestro primer almuerzo algo especial, no niego que tu sugerencia también era válida, pero como habrás notado, el centro de atención son los champiñones que aderezan el asado, ese vino le restaría el protagonismo a mi receta. —Sonrió con burla, era increíble que no lo hubiese notado— Además, era del único que tenía una cosecha excelente, es del noventa y cuatro, así que de mi vinoteca es el único que rebasa los veinte años, es joven aún, pero no tanto... y lo mejor es que queda perfecto.

Se sentó junto a él, rodeó el cuello con sus manos y depositó un dulce beso en sus labios. Pudo notar el sabor del licor mezclarse en sus bocas.

—Deberíamos comer y arreglarnos para retomar nuestros trabajos. —Dijo Hinata tomando posición en su asiento.

Comieron en silencio, dándose miradas cómplices y uno que otro pico. Itachi estaba gratamente complacido con la comida preparada por la Hyuga, no conocía esa faceta de ella. A pesar de ser una mujer que vivía prácticamente metida en una oficina, conocía de cosas para mantener un hogar. Luego de un rato Itachi tomó un sorbo de su copa y dijo algo que tomó por sorpresa a la morena.

—Sakura fue la persona que me llamó. —Hinata continuó comiendo y bebiendo, ya lo sabía y no le molestaba, entendía que ellos tenían muchas cosas que los unían, en especial su hija. —Sarada volverá mañana, voy a volver a ver a mi hija.

La morena lo tomó de las manos, era bueno saber que Sakura había recapacitado en esa absurda idea de separar a la niña de su padre, pero también sabía que esto haría que no se viesen tan a menudo como ahora. Pero era por el bien de la pequeña, necesitaría tiempo para asimilar la situación entre sus padres.

El intercomunicador comenzó a sonar, alguien quería subir.

—Buen día, ¿Quién habla? —Contestó la Hyuga con su habitual aplomo.

Era Tenten quien le avisaba que su padre había llegado al país y le urgía hablar con ella. Tenía casi una semana con el celular apagado y no se había conectado ni siquiera para hablar con Naruto y pedirle que invalidara todo lo referente a la compra-venta de las acciones de la empresa de los Uchiha.

—Bien, si puedes comunicarte con él, por favor dile que esta noche iré a cenar a casa. —Itachi observaba su nerviosismo, era más que evidente en la forma como enrollaba el cable con sus dedos. —Gracias por avisarme, pronto voy a reincorporarme. Hablamos luego.

Colgó y soltó una larga exhalación del aire que estaba conteniendo al saber que su padre tenía días buscándola.

El Uchiha no tardó en preguntar sobre su preocupación, no tuvo más opción que contarle que el patriarca Hyuga estaba desesperado por verla. Seguro por las estúpidas revistas ya sabía lo suyo con Itachi y ameritaba de una explicación. Le había dado todo e incluso más de lo que pedía. Merecía tener la potestad de elegir con quién quería estar y esa persona era Itachi.

Él con gusto la hubiese querido acompañar, pero en la noche tenía que ir por Sarada al aeropuerto junto a Sakura, su hija llegaba en el vuelo de las veinte horas, la morena pudo comprender su situación, él anhelaba ver nuevamente a su hija y también quería averiguar cuál era el destino del que procedía. No dudó en brindarle su apoyo y comprensión.


Increíblemente era Dubái, a la mujer de cabellos rosados se le había ocurrido llevar a Sarada a uno de los Emiratos. ¿Con quién? Eso estaba por verse, Sakura tenía mucho que explicar.

El vuelo de Emirates tenía veinte minutos de haber llegado, según información todos los pasajeros se hallaban en la cinta corredora para retirar su equipaje, así que Sarada ya lo debía estar haciendo. Era pan comido para ella, ha pasado la vida entera viajando.

— ¿Con quién viene Sarada? —Preguntó el moreno con algo de irritación en la voz, su hija viajaba con un extraño.

—Con una amiguita y la madre de ésta. No podía viajar sola. —Respondió sin más.

— ¿Se puede saber dónde conoció a esa amiga? —Sakura sonrió no dando una respuesta que el Uchiha necesitaba con ansias.

—Lo importante es que ella estaba segura en ese lugar. No te alarmes, jamás pondría en peligro la vida de mi hija. —Dijo haciendo énfasis en esto último.

¿Su hija? ¿Acaso él estaba pintado en la pared? Itachi pasó de ella, no era momento para discutir, pero eso era algo que no dejaría pasar por alto… tampoco cierto accidente con pérdida de memoria incluida, pensaba que podía engañarlo con esa farsa.

Pudo divisar a lo lejos a la pequeña Uchiha saludar junto a otra niña aproximadamente de su misma edad. Por la larga distancia que los separaba no pudo distinguirla bien, pero a medida que se iba acercando, no pudo evitar sentir que esa niña podía fácilmente pasar como un miembro de su familia. Venían con los brazos entrelazados riendo y hablando. Para nada se veían cansadas después de un largo viaje. ¿De dónde sacaban tanta energía los niños?, se preguntó Itachi.

Al llegar a su lado Sarada no dudó en rodear a su padre en un cálido abrazo, lo extrañaba, no entendía por qué su madre había planificado ese corto viaje, de menos de un mes de duración.

No dudó en presentar a su nueva amiga, la conoció durante dos semanas en el internado al que la envió su madre. Casualmente tocaron como compañeras de habitación y desde el día que se conocieron se volvieron inseparables, casi como hermanas. A Itachi le agradó mucho la nueva amiga de su hija, sin duda era una pequeña dulce. Keiko Mitashi era su nombre. Llevaba una larga y abundante cabellera negra azuladoa que llegaba hasta la cintura, un flequillo de medio lado algo despeinado, unos enormes ojos azules —por un momento esperó que fueran negros— y una hermosa sonrisa.

Al poco rato llegó una mujer cubierta por un velo, en el que solo se podían visualizar los negros ojos de la fémina. Saludó en un idioma extraño que la pequeña enseguida tradujo para los presentes. Al parecer era su madre y ésta era oriunda del emirato del cual llegaban.

La mujer comenzó a hablar en un fluido inglés, no conocía el japonés así que su otra alternativa de comunicarse era esa.

'Am tuhawil 'an tatasarrafa. Qaariban sawf najtamie mae juddaty. —La joven Keiko sonrió de forma falsa al percatar como todos se quedaban pasmados observándola hablarle de forma déspota a la mujer que decía ser su madre.

Itachi a pesar de no entender una sola palabra de lo que decía supo que era una especie de regaño por parte de la ahora no tan dulce niña.

'Ana asaf, ami. —La jovencita agachó la cabeza al decir esto último a modo de disculpas. Su madre le dio unas leves palmadas en el hombro como muestra de aceptación.

Por lo menos la pequeña tuvo el gesto de rectificar sus acciones, pero aun así tuvo desconfianza al pensar en el tipo de educación que le darían a esa niña que trató a la señora Guren —ese era el nombre de la mujer cubierta— como si de una criada se tratara.

Ghurin, yjb 'an la taetad ealaa tulqi aietidhari. Hifz makanik. —Sonó dulce al pronunciar aquellas extrañas palabras, más extraño fue ver cómo la mujer asentía de forma obediente después de oír aquello.

Algo lo puso en alerta, esa niña ya no le inspiraba la misma confianza de que esté cerca de su hija. Sakura en cambio sonrió a la pequeña con la dulzura que le caracterizaba. Subieron al auto y se dirigieron en silencio hasta la residencia Uchiha-Haruno.

—Es un placer visitar vuestro país. —Dijo la mujer del velo a sus anfitriones. —Cuando Sarada y su señora madre me pidieron que sirviera de acompañante de la más pequeña para este hermoso país, no lo pensé dos veces. Además, gracias a vuestra invitación pude obtener la autorización para que concedieran la salida de Keiko del Emirato. Su padre está de viaje y no tengo derechos sobre ella. —mintió.

—Es su madre, tiene los mismos derechos que su esposo, así como nosotros, sino Sakura no hubiese sacado a Sarada fuera de este país. —Respondió Itachi algo serio al escuchar semejante barbaridad ¿Una madre sin derechos sobre su hija?

—La verdad, no es como ustedes o los occidentales. En nuestra cultura los hijos pertenecen al padre y la familia de éste. Nosotras las mujeres solo somos sus madres hasta que Allah lo permita. Si una mujer es arrojada al viento el Corán es claro, la caída en desgracia no podrá ver más a sus hijos. Venimos de una familia tradicionalista, si lo escribió el profeta fue por los designios de Allah.

—Madre, ¿Ya vas a empezar con eso de la religión? —La joven Keiko sonó exasperada de lo que decía su madre. —Ella fue arrojada al viento antes de que naciera, mi padre es japonés por eso mi nombre es así. Aunque ella insista en criarme dentro de su religión, tengo claro que esa no es ni será mi creencia. Son roces por los que siempre discutimos y nunca terminamos de ponernos de acuerdo. —Sonrió por el retrovisor a Itachi. —Por suerte las leyes de los hombres no son las mismas que las de Kami, Allah... o como quieran llamarlo. —Una sonrisa maliciosa surcó los labios de la jovencita de once años.

Sin duda era sorprendente como una niña de su edad podía hablar y comportarse como una adulta. Eso lo desconcertó enormemente. Sarada era madura, pero esa niña aparte de madurez tenía un aire de prepotencia que le hacía dudar nuevamente de la crianza que le dieron, prácticamente no respetaba a sus mayores. Deseaba que su estadía fuese corta, no quería su mala influencia para Sarada.

Al llegar a casa los criados se alegraron de nuevo al ver al sol que iluminaba la casa, no era para menos, pues la pequeña Uchiha era quien llenaba de vida cada rincón. Keiko no pudo evitar observar todo desde la distancia. Ojalá tuviera un hogar donde la recibieran así, pensó para sus adentros. Le había contado su secreto a Sarada. Su abuela era una mujer poderosa en Japón, nunca le faltó nada, pero su madre la había abandonado en cuanto nació. Guren solo era una criada que hacían pasar por su progenitora para borrar toda conexión con la familia de su pariente más cercana. Por eso tanta historia inventada sobre sus orígenes.

Sí, era una hija no deseada, cuya madre dio a luz, pero por miedo al qué dirán la abandonó a su suerte. Al final, irónicamente le hicieron lo mismo que a su esclava, Guren.

Creció con un temperamento fuerte con el que no dudó utilizar para tratar a sus sirvientes, pero cambiaba a uno dulce y tierno con sus conocidos y abuela. Debía guardar la compostura, pero era una persona dañada. Odiaba haber nacido y ser despreciada por la misma persona que le dio la vida… odiaba a su madre, era algo que no podía negar. Cuando recibió la llamada de Hisui Mishima con la noticia de que viajaría al país donde vivía la mujer que la parió, no dudó en ordenar que prepararan sus maletas y obligar a que Guren, su madre legal, la acompañara.

Fue una suerte que Sarada, su nueva compañera desde hace unas semanas también viajara de retorno a su país, pues su madre se arrepintió de haberla llevado a aquel lugar. Si la suya hubiese hecho lo mismo su historia sería diferente, se dijo internamente con pesar.

Tenía donde quedarse hasta que volviera a comunicarse con su abuela y preguntarle por qué ese movimiento desesperado para que saliera tan de repente de Dubái. Según ella, el peligro estaba muy cerca y la debía proteger, pero Keiko pensaba hacer otras cosas, pretendía enfrentar a su madre. La buscaría y reclamaría una explicación a su desamor. Tenía derecho a hacerlo, merecía algo para cerrar ese capítulo de su historia.


N/A: Bueno hasta aquí el día de hoy… mmm ¿Qué les digo? Keiko es mi nuevo personaje y ya saben de quién se trata. La amante de Madara ayudó a Hisui a ocultarla incluso de éste ¿Qué planea esa mujer? Bueno, eso lo sabremos más pronto que tarde.


Respondiendo Reviews

Tengo muchos que responder… se me han acumulado y acá es la 1:04, tendré que hacer un cap. para responderlos todos. Los quiero, sigan dejando sus reviews, cuando me vuelva a sentar en la PC les respondo a todos.

Um beijo grande meus amores… nos leemos pronto.

Sayonara Baby's