Capitulo 25
Apenas salía el sol cuando la chica dejó la habitación después de dar un suave beso en los labios a Ray que todavía dormía plácidamente; tocó la puerta de Egon que abrió en pocos minutos, aparentemente salía de la ducha.
— Voy a la parroquia – le informó – necesito los nombres de las personas con las que te entrevistaste— solicitó mientras entraba y se sentaba en la cama mirando fijamente a Spengler — ¿dormiste bien?—
— ¿Te soy sincero?— preguntó y ella asintió – no… tengo una teoría muy vaga sobre lo que hemos encontrado…—
—Pero es muy poca información— le interrumpió ella
— si… y ha revuelto más lo que teníamos al principio; de verdad no se que pasos dar en este momento – ajustó sus gafas y le entregó un papel con varios nombres escritos en él.
— ¿buscaste a la tal Esperanza? La supuesta hija de los españoles de la hacienda – Silvana releía los nombres –no veo que tengas anotado al encargado del cementerio –
— Lo estaba dejando para hoy en la tarde, planeaba una visita exclusivamente al lugar – terminó de acicalarse y se sentó al lado de ella – creí que te gustaría acompañarme considerando que esta tarde y noche me corresponde cuidarte— sonrió pícaro.
— Hmm… una noche contigo en el cementerio – repitió con una tierna sonrisa – suena muy romántico y dulce –
—Tan romántico y dulce como quieras que sea – contestó él – además… — fue obvio que se saldría del tema – me temo que tendremos que abrir al menos un osario –
— ¿profanar una tumba? Definitivamente va a ser una noche muy romántica— rio divertida –está bien, voy con las monjitas e investigo más sobre la fulana Esperanza— se acercó para darle un beso en los labios – nos vemos más tarde—
Dejó el hotel sin siquiera desayunar, entre los empleados se hablaba aun de los eventos sucedidos en la noche, el bar estaba acordonado por una simple tela blanca y huellas de pisadas color ocre marcaban el camino del bar hasta el pasillo del jardín.
Caminó por las solitarias calles, era tan temprano que apenas sonaba la primera llamada a misa de la campana de la parroquia, algunos jóvenes con uniforme escolar se dirigían a sus escuelas y mujeres ya de edad avanzada caminaban con paso lento a escuchar la misa del día.
Silvana creía que al tener un demonio dentro la haría revolcarse en la iglesia, blasfemar y escupir porquería mientras muy al estilo cinematográfico americano un sacerdote viejo y un sacerdote joven leían fervorosamente y en voz alta el ritual romano. Retó a Nahama cuando se acercó a la pila de agua bendita e introdujo sus dedos para marcar en su frente una cruz.
—Idiota— susurró riendo la demonio –eso solo sirve cuando crees, por ahora eres mi escudo, mi cuerpo y mi escondite ¿nos supones tan débiles y estúpidos?— la risa hizo eco en su cabeza haciéndola sentir ridículamente tonta –por ahora no voy a dañarte—.
Retomó su andar dentro de la iglesia, admirando los retablos, los arcos y los altares dorados, llegó al altar principal y como si se tratara de un lugar común lo atravesó para entrar por la puerta lateral a las oficinas.
—Busco a la hermana Romelia— avisó a la joven novicia que se asaba bajo las toneladas de tela de su uniforme sagrado; la llevó a través de pasillos y jardines floridos hasta una oficina austera precedida por dos imágenes, un imponente Cristo crucificado y una imagen de la Virgen María en su advocación de la Dolorosa, la hermana Romelia guardaba su libro de oraciones en ese momento.
— así que tu eres la portadora – sonriendo con dulzura la monja le tomó la mano –ayer estuve charlando con el señor Spengler, me puso al corriente sobre tu situación y créeme que estamos dispuestas a ayudar en lo que nos permita Nuestro Señor para librarte de ese engendro—
— Gracias hermana – cohibida Sy no sabia que contestarle o como iniciar la charla… ¿Qué tanto le diría Egon? – Entonces… sabe que estoy poseída por un…— con una sonrisa la hermana le hizo guardar silencio.
—tu amigo me contó toda la historia, y bien le dijiste… ese demonio es muy mentiroso… o mentirosa en este caso – la chica se preguntaba como podía mantener esa sonrisa piadosa mientras hablaban de la demonio— Estuve buscando en los registros de la orden cuando tu amigo se retiró, pedí consejo a la Madre Superiora y me ha permitido darte esto…— le entregó un legajo de más papeles viejos – El nombre original de Federico Sosa antes de cristianizarse era Ka Chi Teec –leyó en el documento – hijo de un sacerdote maya que tras la conquista quedó huérfano, un misionero catalán lo adopto, el hermano Juan Sosa y Armenta, dándole su apellido, Federico finalmente se quedó con el apellido Sosa –le entregó el legajo – solo ten cuidado, son documentos muy viejos y aunque han sido restaurados…— avisó confiada.
—por supuesto que voy a tener cuidado, gracias hermana— sin borrar la mueca amistosa de los labios Sy acomodó los papeles en una mesa comenzando a leer y tomando notas, un trabajo difícil por la antigüedad del documento, pedazos faltantes de papel y tinta borroneada por los siglos.
Mientras tanto y después de almorzar juntos, Egon y Ray se encargaron de sus propias investigaciones, en la oficina gubernamental le dieron trato preferencial a Raymond por ser extranjero y acreditarse como investigador de la universidad entregándole documentos que no le dieran a Silvana el día anterior.
—Ayer vino mi ayudante y no le enseñaron estos mapas ni partidas de nacimiento – puntualizó molesto – ¿acaso a los de su país no les permiten cierta información?—
—No es eso profesor— se disculpaba con fingida sonrisa el viejo empleado – solo que estaba traspapelado, y como ayer se estuvo reorganizando, aparecieron estos nuevos archivos—
— ¿Seguro que son todos?— enojado se caló los guantes blancos de algodón y sacó la pinza para pasar hoja por hoja –no quiero sorpresas, como les dije mi amigo el gobernador me ha dado luz verde para trabajar— gruño prepotente fingiendo estar más que molesto, por el gesto del hombre supuso que nunca investigaría si realmente era o no enviado del "gobernador" una mentirilla blanca pero necesaria.
—Claro que no profesor, es todo y supongo que por este pequeño incidente no será necesario molestar al señor gobernador— titubeante comenzó a dar pasos alejándose de Ray –le dejo a sus anchas profesor— y cerró la puerta del pequeño despacho.
Egon llegó al área de excavación de una pequeña zona arqueológica alejada de la ciudad, un camino de terracería y el calor sofocante lo tenían más que fastidiado.
Los obreros y ayudantes se movían como una colonia organizada de hormigas, a la distancia un tendido de lonas que previamente describiera Stantz le dio el punto exacto donde encontrar al arqueólogo.
—Michael Seretta— en un acento americano/italiano le saludo el joven arqueólogo, en un segundo Spengler entendió el por que Ray negó a Silvana visitarle.
Seretta contaba aparentemente con treinta años por lo mucho, no mas alto que él mismo pero de hombros y espalda un poco más anchos, los ojos azules y la nariz sutilmente torcida con una cicatriz eran más que suficientes para que Sy al menos se pusiera nerviosa.
—Doctor Spengler— respondió dándole la mano – el día de ayer mi colega el Doctor Stantz lo visito—
—Me menciono que vendría Doctor— Seretta comenzó a andar entre las rocas que antes fueran un templo maya – está muy interesado en el panteón precolombino—
—Estamos escribiendo un libro— respondió sacando una grabadora de audio – sobre lo que habló ayer con mi colega, ¿Qué mas podría decirme?—
—Le confieso que la charla me despertó muchas dudas, inquietudes que hace un par de semanas tuve y que por el trabajo dejé en segundo plano— una joven estudiante se acercó tímida, el arqueólogo le recibió una caja con piedras labradas del tamaño de una moneda de diez centavos y le sonrió agradecido, la chica soltó una risita nerviosa y volvió a su trabajo.
— ¿Qué inquietudes?— sacó al joven de sus pensamientos mientras revisaba la caja con pedaceria.
—¡ah si!— depositó la caja en un rincón y siguieron caminando – cuando me trajeron de la universidad, fue porque encontraron un cenote de sacrificios, todos ellos dedicados precisamente a Ah Puch –salieron del área entrando a la selva – considerando que los antiguos pobladores de esta zona tenían un acceso limitado a agua, nos pareció extraño que desperdiciaran una fuente natural contaminándola con cadáveres y ofrendas— llegaron a un claro donde los bordes blancos del cenote brillaban bajo la inclemente luz solar del medio día.
—imagine el cuadro Doctor Spengler— fascinado por el ambiente el arqueólogo abrió los brazos – exactamente a medio día un grupo de mujeres con el cuerpo totalmente pintando en negro y rojo cubiertas de piedras preciosas, oro y plumas de brillantes colores hacen un cerco alrededor de la charca – señala hacia un promontorio natural –ahí se encuentra el sacerdote en turno de Ah Puch, hay que ofrecer a una víctima pues el dios está hambriento, necesita sangre fresca para alimentarse y piel impoluta para cubrir sus descarnados huesos – poco a poco su relato va en un crechendo emocionado – la joven víctima llega andando voluntariamente, sabe que su sacrificio va a salvar a muchos en su pueblo, tal vez a una madre enferma o un hijo moribundo, sonríe pues sabe que su alma va a trascender y unirse al dios eternamente—
— ¿Simplemente los lanzaban al agua?— Egon se asomó hasta el fondo del cenote, un sudor helado le recorrió del cuello a la espalda.
—no…— Michael sonrió sombríamente – necesitaban el dolor, expiar sus errores mundanos con sangre sacrificada, acostaban a la doncella frente al sacerdote que con una negra navaja de obsidiana le hacía un pequeño corte en la mano, entonces los familiares de enfermos se acercaban para mojar con la sangre virgen sus peticiones escritas también con sangre en hojas de palma – le señaló la planta que contaba efectivamente con hojas anchas y grandes — la doncella se desangraba lentamente mientras los esperanzados mayas mojaban y remojaban sus peticiones con su sangre y luego quemaban las hojas en la hoguera que encendían en ese extremo – señaló un pequeño promontorio alejado un par de metros del cenote, la roca caliza estaba quemada— la doncella al morir llevaría sus peticiones directamente al Señor del Xibalbá.
—Entonces juntaban las cenizas— murmuró
— ¡efectivamente! ¿Cómo lo supo? Apenas estábamos desarrollando parte de esa teoría—
—los restos encontrados en la charca… ¿tienen señales de haber sido quemados?—
—Algunos Doctor Spengler, voy a hacer una inmersión próximamente para buscar más restos ya que han aparecido cráneos rotos, costillas, brazos también rotos, como si dependiera de algún factor externo el tipo de sacrificio— en actitud meditabunda Michael se sentó al borde del cenote — ¿Por qué romper o quemar?—
— ¿Cuándo planea bucear aquí?— Egon se sentó a su lado, una idea comenzaba a iluminarse en su mente –me gustaría acompañarlo, de ser posible también mi colega y nuestra becaria podría tomar nota de todo lo que lleguemos a descubrir… solo no nos mencione en su reporte—
— ¿En serio Doctor?— Michael lo miró extrañado — ¿algún caso relacionado con… usted sabe?— le hizo un guiño con una sonrisa cómplice.
—Simplemente es una investigación que hacemos sobre las costumbres precolombinas— respondió poniéndose de pie – pero si no le interesa mi propuesta…—
— ¿quedaría en el anonimato su participación? – Egon asintió – ¿no querrán después que les de el crédito de lo que encontremos?—
— es tan especifico lo que buscamos Seretta que dudo mucho que lo hallemos— respondió con una sonrisa burlona – y de encontrarlo solo le echaremos un vistazo y desaparecemos de su vida—
—Los espero entonces mañana en la mañana, lo más temprano posible Doctor Spengler— sonriendo abiertamente Michael le apretó la mano cerrando el trato – traigan trajes de buzo pues hemos encontrado bacterias en el agua, también sus tanques pues… el presupuesto que recibo no da para mucho—
—Nosotros traeremos nuestro propio equipo— Egon comenzó el camino de regreso a la zona de exploración oficial – y aunque tomemos fotografías, si usted las necesita las dejamos como una donación de nuestra parte a su trabajo—
Comment
un poco largo... sorry...
