—¿Cómo te fue? — Preguntó Mary recargándose en el marco de la puerta de la habitación de su hija.
—No te lo voy a decir porque no quiero un "te lo dije" de tu parte. — Respondió Emma levantando la vista hacia su madre.
La rubia estaba quitando las horquillas de su cabello dejándolo suelto y estaba pasando unas almohadillas de algodón sobre su rostro para remover el maquillaje.
—¿Tan mal?
La morena entro a la habitación y se sentó en la cama apoyando sus manos detrás de ella con la mirada en su hija. Emma movió sus brazos para dar media vuelta a su silla de ruedas y mirar a su madre.
—Él me beso. — La rubia resopló — Owen me beso al terminar la cita y yo… no sentí nada en absoluto. Fue como besar la pared.
Mary Margaret asintió apretando sus labios en una delgada línea.
—Solo dilo.
—Regina se va. — Habló su madre.
—¿Qué? — Susurró Emma después de unos segundos sintiendo sus labios temblar.
—La visite ayer en el hospital y ella me lo dijo.
—¿A dónde se va? — La rubia sintió sus ojos llenarse de lágrimas y desvió la vista al suelo.
—No lo sé. — Mary negó con la cabeza y cruzo los brazos — Pero la vi muy resuelta con su decisión. — Ella se aclaró la garganta tratando de atraer la vista de su hija — Aunque, yo no creo que este tomando la decisión adecuada…
—Es su decisión mamá. — Interrumpió Emma dando media vuelta de nuevo hacia el espejo.
—Ya basta Emma. — Espetó la morena levantándose de la cama. Su hija la miro por el espejo y sintió un nudo formarse en la garganta. — Sé que estás pasando por un proceso difícil, lo sé. Sé que todo esto ha cambiado tu forma de ver la vida por completo…
—¡No!¡No lo sabes! — Exclamó la rubia apretando sus manos en los descansabrazos de la silla de ruedas — Todos ustedes creen que lo saben, pero no es así. — Emma giró su silla con un movimiento rápido — Estoy sentada en una silla de ruedas… A penas puedo mover los brazos y hablar y tengo que depender de ustedes para poder moverme. — Ella se pasó las manos por la cara tratando de recuperar la compostura — Estoy cansada… Estoy cansada de sentirme una carga y de que todos me compadezcan. Así que ya basta de decirme lo que debo o no debo hacer, lo que debo o no debo sentir; tal vez en este momento no tenga control sobre a donde ir o que hacer, pero no voy a permitir que mi libertad se esfume… Así que por favor, no quiero hablar más de Regina. Ella está bien, está a salvo y quiere continuar con su vida justo como yo lo quiero hacer.
—Las dos son unas tontas…
—Ya basta mamá.
—¡No! — Mary le dedico a su hija una mirada decidida — Regina se quiere ir porque no quiere que lastimen a las personas que ella ama… No quiere que te lastimen. — Ella caminó hasta la puerta y se detuvo girando un poco para mirar a Emma — Pero no se da cuenta de que el irse es lo que realmente va a lastimar a ambas.
Emma observó a su madre marcharse y se dio la libertad de dejar escapar un par de lágrimas hundiendo su rostro entre sus manos.
—¿Quieres que haga qué? — Graham frunció el ceño y se cruzó de brazos.
El chico había regresado a la prisión el día anterior y para su tranquilidad solo tendría que estar un par de semanas mientras su libertad condicional era aprobada.
—Es la única forma en que todo va a estar bien. — Explicó Cora apoyando los codos sobre la mesa frente a ella.
—No creo que sea lo correcto.
Cora miro a Graham en ese traje de un horrible color naranja y por un momento le recordó al niño de 15 años que le estaba prometiendo protegerla.
—Una vez, tú me juraste que nos protegerías a Regina y a mí. — La mujer alargo la el brazo ofreciéndole su mano a Graham. Después de titubear unos segundos el chico colocó su mano sobre la de Cora — Cumple esa promesa Graham… No te lo pido por mí; te lo estoy pidiendo por ella. No dejes que lastimen a mi hija otra vez.
—Eso es un golpe bajo.
—¿Necesitas que te recuerde lo que él es capaz de hacer?
—Se lo que es capaz de hacer Cora… ¿O se te olvida porque estoy aquí? Precisamente es porque es todo lo que él es capaz de hacer.
—Entonces sabes que es la decisión adecuada. — Insistió ella.
—No podría acercarme a él. Esta aislado…
—Él necesita ir al baño, darse una ducha.
Cora se encogió de hombros y el chico estudio con la mirada a la mujer.
Era una muy mala broma del destino haberlo llevado a la misma prisión en la que Gold se encontraba, pero lo que Cora le estaba pidiendo era una misión más que suicida, imposible.
—No sé si pueda hacerlo. — Susurró él con un nudo en la garganta.
—Por favor Graham… — Los ojos de Cora se llenaron de lágrimas — Mata a ese bastardo.
—¿Estas lista? — Preguntó Zelena buscando las llaves de su auto dentro de su bolso.
Regina estaba sentada en la cama de hospital, con la vista perdida en el suelo y sus manos apoyadas a sus costados. La morena llevaba pantalones deportivos y una blusa que le quedaba suelta para evitar lastimar las heridas de su espalda, llevaba el cabello recogido en una coleta y tal vez fuera la primera vez en años en que había cambiado las botas por unos zapatos deportivos.
—Regina. — La llamó de nuevo su hermana.
—¿Qué pasa? — Preguntó ella mirando a Zelena.
—¿Estas lista para irnos?
—Estoy lista.
—Andando. — Zelena movió su cabeza haciendo que su cabello rojo se agitara en el aire.
Regina se levantó con lentitud de la cama y respiro profundo. Le estaba costando trabajo marcharse de ese hospital, pero no porque le gustara estar ahí, sino por lo que pasaría después. Tragó con dificultad pensando en que tendría que dejar la ciudad la mañana siguiente; no sabía a donde iría y si se quedaría de por vida ahí, solo sabía que tenía que marcharse. Ella comenzó a avanzar con pasos cortos y cruzó los brazos sobre su pecho.
—No te atrevas a dar un paso más.
La morena entornó los ojos y se quedó boquiabierta al observar a Emma bloqueando la puerta. Regina inclinó la cabeza tratando de entender lo que estaba sucediendo frente a ella.
La noche anterior.
Emma sintió los brazos de Owen tomar su cuerpo para sacarla del auto y ponerla en la silla de ruedas. El doctor le dedico una pequeña sonrisa una vez que la rubia estuvo instalada.
El trayecto hasta la casa de sus padres había sido silencioso y largo. Owen había tomado su mano varias veces durante el camino y le había sonreído un par de veces a lo que Emma respondía con una pequeña e incómoda sonrisa.
Owen empujó la silla de ruedas hasta la entrada del edificio y Emma se tomó las manos con nerviosismo.
—Entonces, ¿El fin de semana es demasiado apresurado para otra cita? —La rubia rio por lo bajo con nerviosismo y puso las manos sobre las ruedas de la silla para detenerse. Owen frunció el ceño y caminó para colocarse frente a ella —¿Está todo bien?
—Sí, es solo que… — Emma negó con la cabeza y observo al doctor — Lo que ella te dijo, Zelena, es cierto.
—¿Sobre…?
—Regina y yo, tuvimos una relación.
El pelirrojo dio un paso hacia atrás y metió las manos a los bolsillos de su pantalón sastre mirando a Emma con ojos confundidos.
—Entonces, supongo que esa fue la razón de su amenaza.
—Probablemente. — Emma hizo una mueca — Ella es bastante impulsiva.
—¿Por qué me estás diciendo esto? — Preguntó él encogiéndose de hombros — Creí que no querías hablarlo.
—No quiero mentirte.
—Quieres que empecemos esto sin nada de secretos. — Owen asintió — Entiendo.
—Owen, no quiero mentirte… — Inquirió ella — Estoy enamorada de ella. Y probablemente lo voy a estar siempre. — Confesó con lágrimas en los ojos y una triste sonrisa. Segundos después, apretó los labios y suspiro — No quiero mentirte diciéndote que puedo continuar con esto.
—Puedo esperar…
—No quiero que esperes… No hay nada que esperar. — Él asintió cruzándose de brazos y mirando hacia el suelo — Lo siento mucho. Eres un gran hombre, apuesto y atento. Pero en este momento, yo no puedo tenerte, no puedo darte lo que quieres.
—Supongo… — Owen se aclaró la garganta — Supongo que esta es la primera y la última cita, ¿Verdad?
—Lo siento…
—Esta bien. — Él caminó de vuelta a espaldas de la silla de ruedas — Esta bien. — Repitió empujando la silla.
—¿Me escuchaste? No te atrevas a irte.
