Descargo la responsabilidad: no soy dueña de nada. Tan solo de mi imaginación, que es la que ha creado esta historia.

Bigotes de nata

Emma tenía que admitir que los domingos eran su día favorito de la semana. Era el único día que podía quedarse hasta tarde durmiendo y no preocuparse por nada, ni desayunos, ni comidas, ni cenas, ni amenazas de villanos.

El primer domingo de mayo, Emma se despertó por los rayos de sol que entraban a través de las cortinas. Se estiró con gusto y palpó el otro lado de la cama, donde su apuesto marido solía dormir, que estaba vacío y frío por la falta de calor humano. Bostezó y miró el reloj de su mesilla. Las 9:15 de la mañana. Se quitó las finas sábanas que la cubrían las piernas y se dirigió al baño. Allí se aseó, y después bajó al primer piso.

En la cocina, se encontró a su marido y sus hijos preparando el desayuno. Fruta variada, zumo de naranja, bacon con huevos revueltos, tortillas con miel y lo que más la gustaba, chocolate caliente con nata y canela.

"Mmm" dijo Emma acercándose a su hijo menor, que estaba sentado en su trono, y dándole un beso en la cabeza, "que buena pinta tiene todo" dijo, cogiendo un trozo de bacon y comiéndoselo.

"Buenos días amor" dijo Killian acercándose a su mujer y dándola un suave beso en la cabeza, "lo hemos preparado todo para que lo disfrutes" dijo, sentándose en la mesa.

"Si" coincidió Henry, "disfrútalo, porque a Killian se le han quemado algunos trozos de bacon y se ha puesto nervioso" dijo, con una risita al final, "ha sido digno de ver".

Killian miró a su hijastro con los ojos entrecerrados pero riéndose también. "Que conste que ha sido porque estaba vigilando a tu hermano pequeño y ha habido un momento en el que me he despistado" dijo Killian, comiéndose sus huevos revueltos.

Emma observaba a su chicos mientras disfrutaban de su desayuno. Tenía que admitir que, por mucho que salir a derrotar villanos la gustase, quedarse en casa disfrutando de la compañía de su familia la gustaba muchísimo más.

Casi cuando terminaban de desayunar, Emma se dio cuenta de que tanto su marido como su hijo tenían un bigote de nata debido al chocolate que se estaban tomando. Soltó una risita y ambos la miraron entrañados.

"¿Qué pasa, mamá?" preguntó Henry.

Emma, sin poder parar de reírse, les señaló el bigote. Killian y Henry se miraron y lo comprendieron. Cuando se lo iban a limpiar, Emma les paró y les dijo, "esperad, voy a haceros una foto". Subió a la habitación de su hijo y cogió su cámara. Bajó de nuevo a la primera planta y les hizo una foto. Salían ambos con el bigote de nata y brindando con la taza.

"Sabes Swan, no me gusta que me hagan fotos en las que aparezco haciendo el ridículo" dijo Killian, limpiándose la nata.

Emma le sacó la lengua como respuesta y dijo, "Henry, cuando saques en papel las fotos, me pasas esta, ¿vale?". Henry asintió como respuesta.

Cuando terminaron de desayunar, recogieron todo y se fueron a dar una vuelta por la ciudad...

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