Capítulo 25. BECAUSE OF YOU

Mokuba estaba sentado en medio de su cama, pensando.

Sabía que su hermano estaba en el departamento de Joey, porque el chofer le había avisado… también sospechaba, aunque el chofer no quiso decirle, que su hermano estaba bajo los efectos de alguna bebida alcohólica, porque jamás su hermano iría voluntariamente, sin algún tipo de "ayuda" a ver a Joey.

Ambos estaban siendo demasiado testarudos, y Mokuba (junto con el resto de los que sabían de aquella locura) estaba aburriéndose de tener que observar a la distancia como dos personas que obviamente se preocupaban una por la otra, negaban cualquier tipo de sentimiento que pudieran sentir.

Especialmente su hermano.

Claro que no lo culpaba, la forma en que habían sido criados era uno de los factores más importantes que explicaba la forma de ser de su hermano.

Siempre tan competitivo y cerrado, porque así le había enseñado Gozaburo Kaiba a actuar, tatuando en la memoria del CEO, que ésa era la forma en que uno se comportaba para ser un triunfador.

Y el pequeño Kaiba sabía que su hermano era un triunfador con tintes de perdedor… porque estaba solo, y había perdido realmente lo que es importante en la vida humana. Cualquier rastro de sentimiento en el corazón de Seto Kaiba estaba ahí sólo por Mokuba.

Por nadie más.

Y, cómo esperaba Seto continuar su vida, o mejorarla, si no admitía que podía sentir libremente… como cualquier otra persona.

Mokuba lo admitía por él.

Kaiba no amaba a Joey, pero hacia allá se dirigía.

La forma en que en ocasiones le miraba le delataba, y aunque él quisiera seguir levantando paredes en su corazón, con el fin de alejar a la gente, y para poder seguirse portando como el idiota, egocéntrico y engreído que era, ignorando la mirada ámbar de Joey.

Mokuba apreciaba todo lo que su hermano había hecho por él.

Desde el haberle salvado la vida, hasta las cosas más superficiales de su vida, como la enorme mansión en la que vivía, los juegos de video que disfrutaba en el aburrimiento.

Ahora era su turno de salvar a su hermano.

Sabía que podía considerarlo una intromisión, pero él estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por su hermano, con tal de verlo sonreír como cuando era sólo un niño, con aquella emoción verdadera que iluminaba sus ojos.

Quería que la verdadera forma de ser de su hermano volviera, que dejara de ser aquella persona a quienes muchos detestaban por creerse superior… ésa era una actitud que buscaba erradicar de su hermano.

Estaba listo para iniciar.

Era un Kaiba, después de todo, y si bien él no vivió el mismo entrenamiento que Seto, había aprendido de los consejos que su hermano le había dado, y estaba listo para atacar…

Con una sonrisa en el rostro se dijo que un poco de travesuras, por el bienestar de la persona más importante en su vida no estaba nada mal.

Iba a conseguir que su hermano sonriera.

Que fuera realmente feliz.

Y que, si en verdad sentía algo por Joey, la relación que tenía prosperara de modo que fuera mejor para ambos jóvenes.

OOOO

Definir su relación era el dilema para ambos jóvenes, considerando de forma especial su historial, porque la forma en que se habían tratado en el pasado hacía notar la gran dificultad entre ellos; aunque una cosa era segura, no habría nada de aburrido o malo en su relación siempre llena de altibajos, y eso iba a brindarle una pizca interesante de sabor a las cosas.

Pero la emoción no es todo lo que forma una relación, y eso Joey lo sabía muy bien.

Debía haber compromiso, ternura (aunque fuera en porciones pequeñas, como un recordatorio del afecto de pareja), respeto y calma; la tranquilidad debía formar parte de una relación, la comodidad, el saber que podían estar juntos sin sentirse intrusos en el momento o la situación.

Por supuesto que si analizaba lo que tenía con Kaiba bajo esos principios, lo suyo no parecía tener gran profundidad, y eso le molestaba.

Estaba siendo honesto consigo mismo; el ojiazul no lo respetaba, porque sólo dependía de él cuando se trataba de sexo, y eso era tan mundano y vacío que le hacía sentir con muy poca autoestima; estar con Kaiba era incómodo, excepto cuando ambos estaban en una cama, más pendientes de otro tipo de actividades que no requerían la formación de sentencias coherentes por parte de ninguno, no había tranquilidad, porque todo lo que había entre los dos era apresurado e inconcluso, todo el tiempo; y, por último, no había privacidad, ya que sus amigos y Mokuba, creían saber más que ellos sobre su "relación", una relación inexistente de la que todos opinaban, excepto los involucrados.

Claro que tampoco era tan buen momento para ponerse a analizar sus acciones y decisiones cuando, en ese preciso momento, compartía su cama con Kaiba, en vez de haberlo mandado de regreso a la mansión.

'Lo hiciste por Mokuba' ya no parecía tener el efecto de antes, ya no era suficiente, porque el rostro de Kaiba, oculto en el cuello de Joey, decía algo más.

El rubio agradecía haber cerrado con seguro su puerta, porque la pose en que estaban él y Kaiba no era una que quisiera que su padre viera, y si dependía de él no la iba a ver.

Mantenía oculta a los ojos del mundo, la relación de tipo física que compartía con Kaiba, no iba a descubrirse después de haber sido tan cuidadoso y haberle mentido abiertamente a su padre.

Su mano se dirigió a los mechones castaños del ojiazul y comenzó a acariciarlos con ternura. Fue un acto reflejo, porque aún continuaba enfadado con el ojiazul, por no tener consciencia y actuar de forma impulsiva, cuando se suponía que de aquella "relación" el que actuaba sin pensar era él.

Sabía también que era él quien estaba involucrándose de más en la "relación", quien estaba permitiéndose experimentar emociones que habían sido prohibidas desde el principio.

Pero entre más lo intentaba (dejar de sentir) más hondo caía en sus propios sentimientos, y refugiarse en la negación no era algo que buscase, al menos no aún.

Cerró los ojos con fuerza.

Estaba agotado y quería dormir, pero debía ser extremadamente cuidadoso, porque Kaiba podía despertar e intentar marcharse, y su padre podría toparse al compañero nocturno de su hijo; Joey prefería no dormir y evitarse un incómodo, y complicado de explicar, escenario.

Sabía que su padre iba a molestarse, pero no por lo de la homosexualidad, sino por el hecho que le había mentido y le había presentado una novia falsa.

También tendría que lidiar con la rubia, y en su mente, ya la podía escuchar. Mai no era tan mala, es que simplemente la muchacha no parecía comprender la idea de que Joey ya no estaba locamente enamorado de ella.

Joey admitía que pudieron haber tenido algo significativo, pero que ella en su narcisismo no había sabido reconocerlo y por lo mismo, lo había desechado; y ahora que buscaba una oportunidad, Joey se encontraba en una difícil situación a la que no le veía una pronta solución.

Cuando menos, iba un paso delante de Kaiba, quien seguía en la fase de estupidez, lo había comprobado al verlo aparecer ebrio y despistado en la puerta de su departamento, escoltado por un confundido chofer que sabía que debía guardar silencio o Kaiba iba a ser de su vida una tortura.

Bostezó, y se frotó los ojos, intentando apartar el sueño.

Sus ojos se cerraban contra su voluntad.

Apoyó su cabeza sobre la del ojiazul, quien aún seguía con el rostro oculto en el cuello largo y blanco de Joey.

Cuando estaba empezando a dormirse profundamente, la presión que ejercía la mano de Kaiba en su cintura le despertó de forma sorpresiva, y lo único que hizo fue alzar el rostro y mirar a Kaiba, quien ahora le miraba fijamente a los ojos.

"No estabas durmiendo?" Preguntó con voz somnolienta.

Kaiba le besó en la boca, suave y largamente, y en el estado adormilado en el que Joey se encontraba, no opuso resistencia, sólo permitió a los labios de Kaiba acariciar los suyos, con lentitud y calma, una calma extrema.

Un beso suave que se extendió, cubriendo el rostro de Joey de un inusual afecto, un beso con sabor a cariño que derritió al rubio en su posición, dejándolo, aún más, a merced de Seto Kaiba, quien probablemente ya había notado la sumisión de Joey.

Seto no sabía que lo motivaba a continuar, explorando con besos la extensión del cuerpo de su amante; tampoco comprendía porque ambas de sus manos habían buscado a las de Joey para entrelazar sus dedos mientras continuaba los besos, ahora por aquel cuello suave y de color claro.

Empezó a levantar la playera del rubio, con intenciones de desnudarlo, de sentirlo, de hacerle el amor de forma suave y tierna, lenta, disfrutando los placenteros sonidos que brotaban del rubio. No la había levantado mucho cuando Joey le detuvo.

"Qué sucede?" Preguntó con tono irritado. "Quiero tocarte."

Joey tuvo la decencia de sonrojarse y apartar el rostro antes de responderle.

"Mi padre está en casa… No podemos."

Kaiba suspiró resignado.

Beso de nuevo al rubio, tiernamente, y acarició sus cabellos despeinados.

"Lo siento, Kaiba." Se disculpó el rubio. "Pero no aquí, mi padre aún cree que Mai es mi novia."

Seto negó.

"Tengo autocontrol, Joey." Dijo. "Puedo esperar."

Joey decidió cambiar de tema, para distraerse ambos de loas actividades previas.

"Mientras tanto deberías dormir. Mokuba sabe que estás aquí. Tu chofer debió decirle, para evitarle preocuparse. Es muy joven para desvelarse, especialmente para esperarte a ti."

"Lo sabía. Estás molesto."

Joey le miró fijamente.

"Claro que sí. Tuviste un accidente por estar ebrio y hoy haces justamente lo mismo que esa vez… te embriagas sin pensar en las consecuencias… no piensas en tu hermano y lo mucho que éste se preocupa por ti, porque sólo piensas en ti mismo como para…"

"No es igual. Llevaba un chofer." Le interrumpió el ojiazul. "Sé que pude haber muerto, y no soy estúpido, Joey. Eso no va a repetirse. Desde que Mokuba me exigió que hiciera uso del chofer, lo estoy haciendo… así que por el momento no creo que haya ningún problema. Estoy cuidándome." Explicó con voz suave.

Joey se mordió el labio inferior.

Quería gritarle a Kaiba que era un estúpido, pero no podía por dos razones: estaba seguro que si lo hablaban no iba a conseguir nada, y gritándoselo (como tanto lo deseaba), iba a despertar a su padre, así que se conformó con simplemente asentir a lo que el otro joven había dicho. Se preocupaba demasiado, pero era cierto, iba a darle eso… el ojiazul siempre había sabido cuidarse.

Lo había hecho bien durante el transcurso de su vida (sin contar el casi trágico accidente, claro).

Pero, ¿cómo le explicas eso a un corazón enamorado? Por eso mismo, Joey ya no quería sentir nada, porque el rechazo iba a ser muy grande, y él seguía desarrollando un sentimiento que no anunciaba un pronto final, y la idea de no estar con Kaiba le dolía.

Ya se había resignado, estaba seguro que las cosas iban a salir de la forma en que su mente pesimista lo había pensado.

No guardaba ningún tipo de esperanza, pero eso no significaba que iba a dolerle menos. Su resignación no iba a evitarle sentir el rechazo por parte del ojiazul.

También lo sabía, y aún estando consciente de ello no se alejaba de Seto, porque quería aprovechar con él hasta el último minuto, porque si terminaba todo ahora, iba a sufrir menos, pero Kaiba lo superaría aún más rápido, y no iba a disfrutar de lo mismo, iba a estar menos tiempo con él.

Lanzó un profundo suspiro.

"¿Ocurre algo?" Le cuestionó Kaiba, y Joey se sorprendió, porque por un instante había olvidado que el ojiazul estaba ahí con él, en su casa, en su cama, abrazándole de la cintura.

Miró a Kaiba a los ojos, aquellos ojos azules que no expresaban ningún sentimiento, a menos que estuvieran en algún momento del sexo… entonces Joey podría claramente distinguir la lujuria en ellos.

"No es nada." Mintió. "Sólo estoy pensando en algunas cosas estúpidas… como el hecho que Mai es mi novia."

Kaiba no se contuvo un gruñido.

"¿No pudiste conseguir a alguien menos convincente?" Interrogó. Se decía que no estaba preguntando debido a los celos, ya que aquella sensación ardiente e incómoda en el centro de su pecho no era algo a lo que él podía denominar celos… no.

¿Cómo podían ser celos? Era Joey, y él sólo sentía pasión por el rubio.

Joey se soltó del abrazo de Kaiba y le dio la espalda al CEO. Si respondía eso podría dejar escapar algo que ocultaba muy profundamente, la profundidad de sus sentimientos, y eso era un tema que muy probablemente iba a terminar por asustar a Kaiba, y por consiguiente a alejarlo.

"¿Joey?" Llamó Seto. "¿Joey?"

"Tea fue novia de Yuugi, mi padre lo sabe, y Maki… bueno, ella está muerta. ¡Gran ayuda podría ser!" Dijo, su voz tomando un tono que contenía una mezcla de sarcasmo y amargura.

Y no lo pudo evitar… algunas lágrimas empezaron a brotar de sus ojos color miel.

Kaiba lo sintió convulsionar por el llanto y lo abrazó por la espalda.

"Cálmate, Wheeler. Llorando no vas a solucionar nada." Le dijo fríamente, contradiciendo su tono por las suaves caricias que hacía a la cintura del rubio, y a los besos que depositó en su cuello.

Kaiba no quería a aquel Joey Zombi que parecía no querer vivir la vida sin aquella chica, así que si debía consolarlo, aunque él no fuera muy bueno en eso (porque jamás había tenido que consolar a nadie, sólo a Mokuba, y estaba seguro que eran métodos muy distintos), iba a hacer su mejor esfuerzo.

Además, se preguntaba qué tan fuerte había sido esa relación para que Joey actuara de esa forma. Qué tipo de lazo había compartido con ella para derrumbarse cada vez que la recordaba. Eso no era saludable, también le irritaba saber que el rubio estaba dispuesto a muchas cosas por esa niña, aunque ella ya no estaba ahí.

"Ya sé que no voy a solucionar nada." Susurró Joey, limpió sus lágrimas y escondió el rostro en la almohada. Sus pestañas húmedas dejando huellas en el forro de la almohada. "Ella seguirá muerta no importa lo mucho que yo la llore, no importa cuántas veces la llame, ella ya no vendrá a verme para conversar y perder el tiempo. Aspiró fuertemente, se giró entre los brazos del ojiazul y le sonrió… una sonrisa llena de tristeza y dolor. "Pero no por eso la voy a dejar de extrañar o a olvidarla."

Kaiba le besó la frente.

Joey necesitaba hablar de ella, y sacarse del pecho todo el dolor que sentía, y aquel resentimiento contra la chica por haberle abandonado; el rubio quería confort. Quería a alguien que le dijera que todo iba a estar bien.

Kaiba Seto haría justamente eso.

Iba a ser difícil, para ambos, pero una experiencia única que los iba a unir aún más que el sexo, y extrañamente, era justo eso lo que el CEO quería, fortalecer su relación con Joey; aunque si alguien se atrevía a preguntarle el motivo de su tan inusual comportamiento, no iba a admitir nada de esto y diría que lo hacía por lástima.

Aunque no fuese verdad.

OOOOO

Extrañar a alguien a quien estás acostumbrado a ver todos los días, y no has visto, aunque sea en corto lapso de tiempo, es comprensible; pero eso no significaba que Bakura fuese a aceptarlo tan fácilmente, porque él mismo vivía en la completa negación, evitándose cualquier problema de esa forma.

Sabía que sus acciones con Ryou no habían sido las correctas, y que, como siempre, actuó basado en sus corazonadas e impulsos, y que había arruinado con eso la rutina a la cual estaba habituado.

Él era una persona de costumbres, o al menos eso quería creer, para poder así justificar el motivo por el cual extrañaba al otro joven. No lo extrañaba a él, se decía, extrañaba todo lo que hacía con él.

Sin su acompañante, tampoco había la posibilidad de tener sexo, porque hacerlo con alguien más no sería igual. A Ryou lo conocía a la perfección, y sabía exactamente donde tocar para obtener la reacción deseada.

Ahora, con Ryou en casa del faraón y el enanito ojón, Bakura empezaba a entrar en pánico.

No se alimentaba bien, porque quien cocinaba era Ryou, había montones de platos sucios, la habitación era un desastre, toda la casa estaba sucia.

Ryou le hacía más falta de lo que él jamás creyó posible.

Por primera vez en su vida, admitía que él era un inútil para sobrevivir, ya que desde que le habían conseguido un cuerpo para poder permanecer en esta realidad él siempre dependió de Ryou, quien sin pensarlo dos veces se había ofrecido a brindarle un hogar a Bakura.

El joven ya no era aquel cuerpo al que tenía que proteger porque de ello dependía su vida, y por las atenciones de Ryou siempre se dio por sentado que las cosas nunca cambiarían.

Qué equivocado había estado.

No podía ir por Ryou, porque el pesado faraón estaba ahí para cuidarlo ahora, y no le permitirían acercarse al chico.

Pero iba a encontrar una forma de acercarse al joven y hacerlo volver a casa, ante que ésta terminase por derrumbarse sin su presencia ahí para evitarlo.

Bakura se sentía débil.

Al depender de Ryou, sólo demostraba que no estaba listo para estar en el mundo real, pero egoístamente no quería marcharse porque eso significaba dejar atrás todas aquellas costumbres que justo en ese momento estaban confundiéndole en extremo y dificultando su existencia, aquella que sin el pequeño a su lado, no parecía disfrutar mucho.

OOOO

Continúa…

Notas de autora:

Finalmente, el capítulo está terminado, un poco más corto de lo que yo planeaba pero listo. Se acercan algunos conflictos emocionales por parte de Kaiba y un encuentro entre Yami y Bakura (sí, leyeron bien… Yami y Bakura).

Cuídense y nos seguimos leyendo.