¡Hola!

Gracias a Roxy Everdeen, damcastillo, Julietaa, AnnaGreen, Guest (¿Mery Vedder, puede ser?) y CallMeStrange por los reviews del capítulo pasado.


Capítulo vigesimocuarto: Sólo esta noche

Yesterday, all my troubles seemed so far away.
Now, it looks as though they're here to stay.
Oh, I believe in yesterday.
The Beatles-Yesterday

Al día siguiente, Lysander vuelve a su casa bastante temprano.

Pese a que se siente extrañamente bien tras haber dormido con Tatiana, conforme entra en el hogar que comparte con su hermano y con Rose el remordimiento, apoyado por la resaca y el resfriado que cogió anoche, empieza a hacer mella en él. Merlín, no debería haberlo hecho… Lorcan se va a acabar enterando, y entonces va a pensar que él es un traidor… aunque Lys ya es un traidor por el mero hecho de no haber logrado sacarse a Tatiana de la cabeza.

-Buenos días.

Lys da un respingo y mira hacia la cocina. Lorcan está sentado a la mesa, comiéndose una tostada.

-Buenos días-responde. Se dirige a su cuarto, dispuesto a dormir para quitarse el dolor de cabeza (Juro que no volveré a probar una gota de alcohol en mi vida), pero Lorcan no piensa dejarlo estar:

-¿De dónde vienes?

-De dar un paseo-Lysander se siente mal al mentir a su hermano, pero prefiere eso a que Lorcan sepa lo que ha hecho.

-¿Sabes que mamá estuvo ayer aquí y preguntó por ti?-inquiere su hermano.

-Oh-Lys se rasca la cabeza-. ¿De verdad?

-Tanto como tu paseo-y entonces comprende que Lorcan no está en Ravenclaw porque sí. Sin embargo, para su alivio, su hermano no parece haber descubierto el quid de la cuestión. O quizá ha decidido hacerse el sueco-. Por cierto, supongo que eso-señala dos botellas vacías de whisky de fuego que hay en un rincón de la encimera-fuiste tú. Que sepas que sólo tenemos un hígado-le informa.

Lysander está a punto de reírse.

-Lo sé-le asegura. Sospecha que Lorcan sabe (o supone) lo que ha estado haciendo esta noche, pero no entiende por qué no se lo echa en cara.

De todas formas, decide que ya lo pensará cuando deje de dolerle la cabeza.


Jolene está a unas horas de cumplir trece días de vida cuando Lena, con una sonrisa que no le cabe en el rostro, irrumpe en la habitación en que la tienen y anuncia a su padre y a su tío que los sanadores han decidido autorizar las visitas a su madre, porque consideran que Lisbeth Nott ya está fuera de peligro.

-¿Podemos verla? ¿En serio?-inquiere Tony, incrédulo. Lena asiente, pero no tiene tiempo para decir nada, porque entonces él la levanta del suelo y la besa-. ¡Es genial! ¡Quiero verla!-exige.

Tom, por su parte, sigue teniendo a Jolene en brazos, observando a Lena con sorpresa.

-¿De verdad? ¿Está…?-Lena asiente desde los brazos de Tony, y él deja a Jolene en su cuna, liberando su dedo del agarre del bebé. Lena sale de la habitación delante de ellos.

Recorren toda el área de maternidad de San Mungo, hasta que llegan a la habitación en la que Tony se coló el día que nació Jolene. Lena entra primero, y los dos muchachos la siguen.

Tony no puede evitar sonreír. Porque en la cama, recostada entre un montón de almohadas, se encuentra su hermana, despierta y observándolo también con una ligera sonrisa.

Tom, por su parte, se queda quieto, mirándola una y otra vez de arriba abajo, fijándose en lo pálida que está y en lo frágil que parece. No puede evitar sentir una oleada de rencor hacia Jolene, aunque luego se recuerda que su hija no ha tenido la culpa, o al menos no ha tenido la menor intención de hacer daño a su madre.

Tony se lanza a los brazos de su hermana, estrechándola contra él.

-Estás bien, estás bien, estás bien…-repite una y otra vez, como si se le hubiera olvidado que existen más palabras en el diccionario.

-Estoy bien-le asegura Lizzie-. Bueno, todavía me duele la espalda-admite-. Pero dicen que se me pasará, y si a vosotros os han dejado entrar es porque no me voy a morir…-entonces mira a Tom y sonríe.

Es la única señal que él necesita para acercarse a ella, apartar a Tony sin cuidado alguno y refugiarse en su hombro. Lizzie nota su temblor al abrazarlo, y le acaricia el pelo para calmarlo. Lena le ha dicho que lo ha pasado muy mal, tanto que… Se siente tentada de comentárselo, pero no lo cree conveniente con su hermano escuchando. De modo que sólo le susurra palabras tranquilizadoras al oído.

Tom, sin embargo, sólo dice tres palabras:

-Ya hay luz-y sonríe.

Lisbeth sonríe también.

-¿Cómo está?

-¿Eh?-Tom la mira confundido.

-Jolene-responde ella-. Lena me ha dicho que se llama así…

Tom asiente.

-Un nombre horroroso, si quieres mi opinión-interviene Tony-. Claro, que como el maltrato nominal infantil está permitido si quienes lo ejercen son los padres del niño… ¿no podías haberle puesto un nombre más bonito?

-¿Como, por ejemplo, el tuyo?-sugiere Lisbeth. Su hermano asiente-. Es una niña.

-Anthony–a, entonces-sugiere Tony-. Cualquier cosa mejor que tu nombre raro-refunfuña.

Lizzie pone los ojos en blanco.

-Mira, hermanito-dice, poniéndole una mano en el hombro con esfuerzo-. Cuando tengas tus hijos, eliges cómo llamarlos. Aunque dudo que a Lena le haga gracia que se llamen Tony uno, Tony dos y Tony tres.

Lena se sonroja sin poder evitarlo, y Tony también.

-El parto te ha dejado idiota, Lizzie-comenta.

Lizzie se apoya en el hombro de Tom.

-Quiero verla-susurra-. A Jolene.

-Todavía es pronto para que te muevas-interviene Lena-. Y ella de momento tampoco puede ir muy lejos; es muy pequeña.

-Ni siquiera sé cómo es-susurra la joven con tristeza-. Es mi hija y no la conozco.

-Es como tú-le asegura Tom.

-Aunque tiene el pelo de éste-agrega Tony-. Pero me parece que va a tener los ojos claros. Y las orejas son totalmente tuyas. Pero la nariz también es de éste-el motivo de que Anthony Nott se niegue a pronunciar el nombre de Tom más de lo necesario es un misterio para los cuatro jóvenes.

-Y es luminosa-le dice Tom al oído-. Igual que tú.

Lizzie sonríe. Después de lo que le han dicho, desea más que nunca ver a Jolene.


"Sólo esta noche"

Tatiana lleva cuatro días dándole esa respuesta a Lysander cuando él llega a su casa y le pide quedarse con ella. No hacen nada, ni siquiera hablan, simplemente se quedan abrazados en la cama de ella hasta quedarse dormidos.

Tatiana sabe que Lysander sabe que lo que está haciendo no es correcto. Quizá sea por eso por lo que, a excepción de la primera noche, cuando tenía más alcohol que sangre en las venas, no ha vuelto a tratar de meter las manos bajo el camisón blanco que él mismo le regaló. Tatiana lo ha lavado todas las mañanas. Pero el olor de Lys no se va, porque él llega por la noche y se encarga de renovarlo e intensificarlo.

La muchacha ya no sabe cómo decirle a Lysander que no vuelva, porque está traicionando a su hermano cada vez que la ve y porque ella se siente una traidora también, pero el joven no escucha. Tumbarse a su lado, aferrado a ella, parece haberse convertido en un proceso biológico más para él, como hacer la digestión o bombear sangre.

La quinta Sólo esta noche que Lysander se queda con ella, Tatiana no concilia el sueño con tanta facilidad como él. Observa a Lysander, tranquilo, abrazado a ella, respirando profundamente, con los ojos cerrados. No obstante, ella sabe que el joven no está dormido aún. Sólo intentando estar en paz con su conciencia una vez más, calmándola con argumentos vacíos.

Tatiana cree que debe hacer algo. No volver a permitir que Lysander ponga un pie en su casa, mandarle un anónimo a Lorcan para que lo encadene a la pata de la cama y no pueda ir a verla… o quizá hablar con el hermano de su nov… ex… nov… am… bueno, lo que quiera que sea Lys respecto a ella en este momento.

Notar que Lysander deja de aferrarse a su cintura con tanta desesperación y sus brazos se relajan es la señal que le indica que finalmente se ha quedado dormido. Tatiana le acaricia el pelo, preguntándose qué hacer. Es obvio que Lys no puede seguir así. Siente que traiciona a su hermano cada vez que piensa en ella siquiera –y, honestamente, Tatiana también lo piensa–, pero a la vez le duele estar lejos de ella. Si hubiera algún modo de que Lorcan pudiera perdonarla…

Lo haría por Lys, comprende, viendo en ese momento dónde está su oportunidad. Si se da cuenta de que toda esta situación le duele, dejaría pasar lo que he hecho. O al menos dejaría de decirle qué hacer.

Tatiana sonríe un poco y le da un beso en la cabeza a Lysander. Él murmura algo ininteligible y se pega más a ella, sin despertase.

-Tu madre tiene razón, Lys-le susurra Tatiana, pese a saber que el joven no la escucha-. Todo tiene solución, menos la muerte-vuelve a besarle el pelo castaño y cierra los ojos, con una sonrisa que le sabe a esperanza.


-No te muevas tan rápido.

Lizzie suspira y deja de intentar cambiar de posición, permitiendo que sea Tom quien cargue con todo su peso. El joven la coge en brazos y la deja en la silla de ruedas, y Lena la empuja para moverla. Tom toma su mano derecha, y Tony camina a su izquierda sonriendo. Es obvio que se alegra de que su hermana esté mejor.

En realidad, Lizzie puede caminar. Lo que pasa es que se cansa muy rápido; aún no ha recuperado todas las fuerzas, pese a que hace días que su vida dejó de estar pendiendo de un hilo. No obstante, pese a que ella quiere entrenarse, porque al paso que va cuando quiera acordar no sabrá ni cómo se ponen los pies en el suelo, ni Tony ni Tom le permiten que se fatigue demasiado. En cuanto da un par de vueltas por su habitación, cuando empieza a dejar de tropezar con el aire y empieza a caminar por su habitación, los dos jóvenes se pelean por llevarla de nuevo a la cama.

Pero hoy es un día especial. Después de casi tres semanas, Lizzie va a conocer a su hija. Apenas si puede estarse quieta de la emoción; tiembla de los nervios y la impaciencia. Tom le ha estado informando de la evolución del bebé, según él, "aceptable". Después de haberle preguntado a Lena, Lizzie ha descubierto que el estado de Jolene es más que satisfactorio, pero Tom y su pesimismo crónico no tienen intención alguna de admitirlo. El joven es muy cauteloso, y según Tony protege con un celo inusitado a su hija.

-¿Aquí?-pregunta Lizzie cuando Tony abre una puerta para que pase la silla de ruedas. Lena asiente.

Se encuentra en una habitación débilmente iluminada. Lizzie mira alrededor, parpadeando para acostumbrar su visión a la repentina oscuridad, y entonces se fija en una cuna. Contiene la respiración mientras la silla de ruedas se acerca, con ella encima, hasta ahí. Tom suelta su mano y se adelanta. Se inclina sobre la cuna y, unos segundos más tarde, saca lo que hay en su interior. Luego se acerca a la joven, que está a punto de levantarse de la silla, y deja a Jolene en brazos de su madre.

Lizzie siente deseos de llorar cuando ve a su hija. Se la ha imaginado muchas veces en base a las descripciones de sus hermanos, sus padres y Tom, pero ni la mejor de sus imágenes mentales se acercan a la realidad del bebé que está mirando embelesada. Porque Jolene Watson, pese a ser demasiado pequeña para estar totalmente sana, es perfecta. Es una combinación inmejorable de Tom y ella.

-Como tú-le dice Tom al oído.

Lizzie aprieta a Jolene contra su pecho.

-Es preciosa-su hija alza un bracito y Lizzie lo atrapa con cuidado entre sus dedos para besarlo con cuidado-. Has dado muchos problemas-le informa. La apoya en su pecho-. Pero no me hubiese importado morir por ti-susurra muy bajito, de forma que sólo ella lo oiga.


Cuando ve a su novio, su amiga y el novio de ésta observando y haciendo carantoñas para arrancar sonrisas del rostro de Jolene, Lena sale de la habitación. No porque se sienta fuera de lugar, sino porque necesita descansar después de tantos días preocupada por Lizzie; al paso que va no durará ni una semana más.

Sin embargo, cuando está doblando la esquina, escucha pasos acercándose a ella. Se da la vuelta, creyendo que será Tony, pero para su sorpresa se encuentra con Tom Watson observándola de forma extraña.

-¿Necesitas algo?-pregunta con cautela. Recuerda lo que se encontró al día siguiente del nacimiento de Jolene, y también que Lisbeth le ha asegurado que ha hablado con Tom para que no vuelva a hacerlo. Y ella no se lo ha dicho a nadie más que su amiga, así que no entiende qué puede querer ese muchacho de ella.

-Quería darte las gracias por lo del otro día-responde Tom. Los ojos de la muchacha se van involuntariamente a su brazo durante unos segundos, antes de que logre recuperar la educación y mirar al muchacho de nuevo a los ojos, a los que no se les ha escapado el detalle-. Y también… también pedirte perdón, aunque ya no sirva de mucho.

-¿Perdón por qué?-inquiere Lena, descolocada-. Es decir, no me has hecho nada… ¿por qué te disculpas?

Pero Tom no responde. Se da la vuelta y se encamina de vuelta a la habitación donde está su hija, con un andar algo más ligero que cuando ha salido de ella.

Lena se encoge de hombros y sigue su camino. Definitivamente, ese muchacho es tan extraño que sólo Lizzie podría ser capaz de sentir algo por él.


Lorcan está preocupado por Lysander.

Porque desde que rompió con Tatiana está muy apagado. Es cierto que su hermano nunca ha sido precisamente un culo de mal asiento, pero últimamente… es como si estuviese enfermo, sólo que no le duele nada. Al menos, nada físico.

Cuando le pidió que la dejara, Lorcan creyó que hacía lo correcto. Después de todo, ella lo había dejado a él abandonado a su suerte, y si hay algo que Lorcan no tolera es la indiferencia ante los problemas ajenos. Además, había un enorme miedo atormentándolo; ¿y si la próxima persona a quien la muchacha ignoraba era su hermano?

Pero ahora no está completamente seguro de que alejarse de Tatiana sea lo mejor para Lysander. En apenas un mes, su hermano ha gastado él solito la mitad del whisky de fuego de la despensa, por no hablar de las noches que pasa por ahí, con Tatiana, o eso supone Lorcan. Curiosamente, no le molesta saberlo. Porque por la mañana Lys vuelve un poco más contento de lo que se fue.

Cuando llaman a la puerta, supone que será su hermano, que quizá haya vuelto algo antes de su paseo nocturno con Tatiana. Lorcan mira su reloj; son las cinco de la madrugada. Se levanta con la intención de decirle a Lys que tenga la decencia de llevarse las llaves, que si él no estuviera despierto porque hoy los recuerdos de su cautiverio son demasiado vívidos para dejarlo dormir se hubiera levantado de muy mal humor. Y cuando abre la puerta y se encuentra con Tatiana Zabini, se queda boquiabierto y sin saber qué decir.

-Cierra la boca, te van a entrar moscas-le espeta la joven-. Tengo que hablar contigo.

Lorcan arquea las cejas.

-Pues tú dirás-no le ha ofrecido entrar y tampoco piensa hacerlo. Una cosa es que esté preocupado por Lysander y otra muy distinta que desee ser cortés con ella.

-Mira…-Tatiana baja la vista-. Siento no haber hecho nada cuando te oí, ¿vale? Pensé… bueno, pensé que meterme sólo me traería problemas… y creí que quienquiera que fuese se las podría apañar solo. Eso no es ninguna excusa, lo sé-agrega cuando Lorcan va a hablar-. Y comprendo que estés enfadado conmigo, perfectamente, la cagué a lo grande; muchas veces he intentado imaginármelo al revés y créeme cuando digo que te odiaría…

»Pero a Lysander todo esto le está haciendo daño. Ha estado viniendo a mi casa estas últimas semanas… ¿sabes?, y se siente fatal, porque cree que lo que está haciendo supone una especie de traición hacia ti… Cree que lo odias por ello, y eso hace que esté tan… tan… bueno, tan así.

»No te pido que me perdones, Lorcan. Ni que nos des tu bendición Sólo que dejes de decirle qué debe o no debe hacer, porque por mucho que te pese es su vida y él quiere estar conmigo. No le hagas creer que lo odias por pensar en mí. Sólo te pido eso. Si quieres… si quieres, puedo dejar de verlo, prohibirle venir a mi casa, hacer que mi elfina lo eche cada vez que se acerque… eso no le dolerá tanto como hacer algo por lo que cree que lo odias.

Baja la vista, y Lorcan se queda un rato meditando sus palabras. Son sinceras, concluye. Tatiana quiere estar con Lysander, pero no le ha pedido eso, ni siquiera ha tratado de obtener su perdón. Sólo quiere que su hermano no se sienta mal por algo que no puede evitar. Se muerde el labio, indeciso.

-Creo…-empieza finalmente-. Lys te quiere. Mucho. Sabe que debería estar enfadado contigo, y aun así te defiende cada vez que tu nombre sale en alguna conversación y te ve a escondidas y luego asegura que se ha pasado toda la noche de paseo…-sacude la cabeza-. Si… supongo que si quiere estar contigo… tienes razón; es su vida, ¿no?

Tatiana lo mira y sonríe un poco.

-Gracias-dice con sinceridad-. Y lo siento. No espero que me perdones, pero por intentarlo no se pierde nada.

-No lo hago por ti-le asegura Lorcan-. Lo hago porque me preocupan el hígado y la salud mental de mi hermano.

Y, por mucho que me moleste, Lys la necesita, razona a regañadientes.

-¿Qué haces aquí?

Tanto Lorcan como Tatiana miran por la puerta. Al otro lado de la calle, Lysander los observa con sorpresa; bueno, más bien observa con sorpresa a Tatiana, intentando averiguar qué diablos hace en su casa hablando con su hermano. El joven se dispone a cruzar la calle, boquiabierto, para enterarse, pero entonces Lorcan escucha el ruido de un coche acercándose, ruido que su hermano, concentrado en ellos, no ha oído.

-¡Lys!-exclama, alarmado.

Sin pensar en lo que hace, sin planteárselo siquiera, Lorcan echa a correr hacia la carretera y le da un empujón a Lysander, apartándolo de la trayectoria del vehículo, y el joven cae a la acera de espaldas. Sin embargo, Tatiana contempla, horrorizada, cómo el coche se le echa encima al muchacho, que no tiene tiempo para apartarse.

Se escuchan el grito de alerta de Lysander, el intento del coche por frenar y el impacto.

Y luego, un silencio que se hace interminable.


Notas de la autora: Sólo quedan un capítulo y el epílogo. Pa' que luego digáis que no os he avisado.

Por cierto, "ser un culo de mal asiento" es una expresión que significa "no poder estarse quieto, ser muy nervioso".

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