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Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer

EL SENTIDO DE MI VIDA


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Capítulo XXIV


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Salí de mi oficina con paso ligero, hablando por móvil con el que había sido el fisioterapeuta que había enseñado a Bella los ejercicios que tenía que hacer con Tanya. Él necesitaba una enfermera a tiempo parcial para que cuidase a su madre durante el tiempo que él no estuviese en su casa y sin duda era una gran opción para Bella.

-Hablaré con ella, aunque no te aseguro nada.

-Gracias, la verdad es que me hace falta, la última enfermera se fue hace dos semanas por motivos personales y mi madre no puede pasar tiempo sola sin que alguien se encargue de darle sus medicinas cuando toca y no la vigile un poco. Con setenta y cinco años que tiene parece una niña pequeña, el alzhéimer la sorprendió muy rápido. - Explicó de carrerilla, en su voz podía notar algo de desesperación.

-Esta bien, de todas formas, mañana Bella y yo salimos de viaje, pero estamos aquí en cinco días.

-No me importa esperar unos días, conozco a Bella y me gusta, sé que hará bien su trabajo.

-Por supuesto, tengo que dejarte, un saludo, Esteve.

-Otro para ti, Edward.

Me senté en el asiento del Volvo y me intenté relajar. Sabía que estaba actuando como un estúpido adolescente hormonado, pero no podía evitar sentirme un poco preocupado por Esteve y Bella. Él era un tipo realmente apuesto, joven…

Sacudí la cabeza y arranqué el coche. Esto era lo que quería Bella. Y era un trabajo que estaba bien, solo tendría que trabajar cuando Esteve estuviese fuera de casa, no sonaba tan mal, ¿no?

Conduje ansioso, como hacía desde que había vuelto de Marbella. Echaba tanto de menos a Bella durante todo el día que no veía la hora de llegar a casa para estar junto a ella; el descanso del medio día me parecía realmente insuficiente para saciar mis ganas de ella.

Parecía estar viviendo aquella vida que siempre había deseado desde que supe que estaba enamorado de Bella, pero sin los fantasmas del pasado. Era maravilloso despertar con ella a mi lado por las mañanas, salir de la ducha y encontrármela con un precioso camisón, una camiseta de las mías o una camisa mientras terminaba de preparar el desayuno para mí, recibiéndome con un suave o a veces no tan suave beso.

Pero lo mejor era llegar a casa y ver como ella casi corría a la entrada de casa casi siempre para recibirme, demostrándome que me había echado tanto de menos como yo a ella. Era un sueño, un precioso sueño del que nunca querría despertar, aunque en contadas ocasiones tenía que volver a la realidad, cuando Tyler me llamaba. Él no había sacado nada nuevo del caso, seguía estudiándolo minuciosamente, porque al igual que yo, no estaba dispuesto a darle a Tanya más de lo que yo consideraba necesario.

Apagué el motor y caminé hacia la entrada de mi nueva casa, ya decorada en su totalidad. Nos había costado dos semanas más, pero al fin todo estaba en orden y podía disfrutar de ella con mi preciosa americana.

Abrí la puerta y fruncí el ceño extrañado porque Bella no me hubiese venido a recibir, no era muy normal. Pasé al comedor, a la cocina e incluso me asomé al aseo de abajo pero no había rastro de ella.

-¿Amor? - Pero nadie contestaba, así que decidí subir al piso de arriba.

Caminé y entré a todas las habitaciones sin tener suerte.

-¿Dónde te has metido? - Me pregunté a mi mismo en voz baja, bastante preocupado pues ella no me tenía acostumbrado a sus ausencias. ¿Le habría pasado algo? ¿Estaría en peligro?

Me llevé una mano al pelo de manera desesperada y caminé como un loco hacia el ventanal, sonriendo en el acto al verla tender la ropa. Negué con la cabeza, ¡Dios mío! Esta mujer iba a volverme paranoico.

Bajé de dos en dos las escaleras y caminé a zancadas hasta el jardín de atrás, donde Bella estaba tendiendo algunas prendas de ropa mientras tarareaba una canción. Sigilosamente me acerqué a ella y rodeé su cintura con mis brazos, provocando que ella soltase un sonoro jadeo por mi inesperado gesto.

-¿Edward? - Preguntó girándose. - ¡Ay! ¡Me has asustado! - Exclamó dándome un manotazo en el pecho. Solté una carcajada que no pude evitar acallar.

-Me preguntaba donde se encontraba la princesa de este palacio, mi Lady… - Dije estrechándola a mi cuerpo, ignorando sus pequeños intentos por deshacerse de mi abrazo.

-¡Dudo que la princesa quiera verte si le das esos sustos! - Reí al ver su cara de pocos amigos.

-Oh, vamos… ¿Quieres comprobar por qué la princesa no puede resistirse a mis visitas? - Ella me miró alzando una ceja con sus labios fruncidos, realmente su expresión estaba comenzando a asustarme. - Prometo que no te arrepentirás, mi dulce dama. - Me acerqué a ella y besé su cuello candentemente. - Soy un caballero sediento del cuerpo de su mujer… - Susurré sobre sus labios, dejando un beso en ellos.

-¿No buscabas a la princesa? - Preguntó ella con dificultad a causa de las sensaciones que estaba seguro que comenzaba a sentir. Sonreí de manera socarrona solo por eso sobre sus labios, llevando mis dos manos a cada una de sus nalgas.

-Mi princesa, mi Lady, mi mujer… ¿qué más da? Tú te conviertes en todas ellas. - Murmuré dando un mordisquito a su labio inferior, mientras mis manos presionaban su trasero haciéndole notar mi estado.

-Edward… - Suspiró cerrando los ojos.

-¿Sí? - Murmuré sobre su cuello mordiéndolo apasionadamente, sin dejar de envestir su bajo vientre.

-¡Dios, Edward! - Exclamó en un gemido, llevando sus manos a mi rostro y mirándome con la lujuria desbordada en sus ojos. - Más te vale dejar el listón bien alto. - Pronunció entre dientes, de manera firme, algo que sin duda me encendió aun más. Sonreí, sintiendo la excitación aumentar en mí de golpe solo con aquellas simples palabras.

-Siempre lo hago.

La alcé ejerciendo fuerza en su trasero y consiguiendo que sus piernas se cerraran en torno a mi cintura y en el acto nuestros sexos se rozaran por sobre la ropa. Gemí en sus labios devorándolos sin piedad.

-Dios, me vuelves loco. - Dije dejándola en el suelo cuando entramos a la cocina, quitándome la americana y aflojando mi corbata sin dejar de besarla.

-No puedo más. - Jadeó sobre mis labios, deshaciéndose de los botones de mi camisa.

-Ni yo. ¡Dios! - Exclamé cuando quité la camiseta que llevaba puesta y seguidamente su sujetador. - Eres preciosa, perfecta. - Murmuré agachándome para comenzar a besar, a morder y a lamer sus pechos.

-Oh, Edward… - Gimió presionando mi cabeza contra su cuerpo.

Elevé mi cabeza, y me encontré con sus ojos mientras me deshacía del cinturón y los pantalones junto a los boxers de manera frenética. Por sus movimientos supe que ella estaba haciendo lo mismo con sus vaqueros, pues era incapaz de apartar mi mirada de sus ojos.

El sexo entre nosotros era mucho más que sexo y más que hacer el amor. Era capaz de leer en su mirada qué necesitaba y muy pocas veces me equivocaba y difería de lo que yo mismo quería. Además estaba el hecho de que Bella por fin tomaba anticonceptivos y no teníamos que pensar en buscar un maldito preservativo, sin contar que el sentirla piel a piel se había convertido sin dudas en la mejor sensación que jamás había sentido.

Sus manos resbalaron por mi abdomen en dirección ascendente pasando por mi pecho hasta llegar a mi nuca y allí apuñó mis cabellos empujándome contra su boca ardientemente para besarme de igual manera, provocando que no pudiese aguantar más.

Mis manos se clavaron en su pequeña cintura y en un movimiento rápido la giré, dejándola de espaldas a mí y empujando su espalda con mi cuerpo, presionándola sobre la mesa de la cocina. Ahora su cuerpo vibraba entre la mesa y el mío propio.

-Joder, Bella… - Gemí friccionando mi miembro entre sus nalgas. - No puedo aguantar más… - Confesé llevando mis dedos a su centro.

-¡Edward! ¡Ah! - Gimió ella al sentirme en aquel lugar de su cuerpo. - Hazlo de una vez, no puedo aguantar más. ¡Dios! - Suplicaba mientras removía su cadera buscando alivio.

Y yo tampoco podía, era demasiado para mí sentirla así de excitada por mi causa. Verla tan suplicante porque yo acabara con lo que había empezado me encendía de una manera que jamás pensé posible.

Llevé una de mis manos a su nuca sosteniéndola e introduje mi miembro en su interior lentamente, sintiendo y viendo como su carne engullía la mía deliciosamente.

-¡Oh, Dios, oh, Dios! - Podía notar como sus dedos ejercían fuerza sobre la superficie de la mesa ya que las puntas de los mismos estaban blancas.

-Esto es el cielo… - Susurré deshaciendo el camino que había hecho para volver a entrar en ella, esta vez de manera menos tortuosa para los dos, sintiendo el calor hechizante en aquel lugar de mi cuerpo. - Uff, Bella… - Dije volviendo a introducir mi miembro en su interior.

Los jadeos y gemidos se abrieron paso entre nosotros en compañía del excitante sonido que nuestras carnes emitían al chocar. Tenía que admitir que me encantaba hacer el amor con ella, pero el tomarla por detrás me excitaba en sobremanera.

- ¿Te gusta? - Pregunté cuando el ritmo de mis envestidas comenzaba a aumentar.

-Oh, sí… ¡Sí! Pero más… más rápido, por favor. - Su voz sonaba estrangulada y eso me encantaba.

-¿Así? - Pregunté elevando el ritmo.

-¡Sí, sí, así… Oh, sí!

Mis dos manos se deslizaron hasta su cadera hasta hundir mis dedos en ella para acompañar los que sabía que eran mis últimos movimientos. Los gemidos de Bella cada vez se hacían más frecuentes y sonoros y podía comenzar a sentir su carne apretando mi miembro cada vez con más intensidad.

-Sí… sí… mi amor, déjate ir. - Pronuncié entre dientes. - Me encanta escucharte gemir así y sentir cómo te cierras en torno a mi. - Dije de manera dificultosa, notando como una gota de sudor se resbalaba por mi patilla.

-Oh, Edward… - Seguía gimiendo, hasta que por fin llegó a su ansiada cúspide, la cual intenté prolongar e intensificar cuando noté como mi liberación llegaba con fuerza, moviéndome más rápido y llevando uno de mis dedos a su clítoris.

A ella se le escapó un grito desde lo más profundo de su ser, al igual que pasó conmigo y mi gruñido gutural cuando al fin acabé.

Caí rendido sobre su espalda, intentando no dejar caer todo mi peso, aunque eso era casi imposible. Nuestras respiraciones agitadas eran el único sonido que se escuchaba en la cocina.

-Oh, mi Lord, mi príncipe, mi hombre… Ha sido maravilloso. - Sonreí, pues aunque la había entendido perfectamente, su respiración, aun jadeante, le había dificultado en algo articular aquellas palabras.

-Me alegra haberos satisfecho como es debido, mi Lady. - Murmuré besando su cuello e irguiéndome, saliendo de su interior con cuidado y ayudándola a girarse para que quedara en pie frente a mi.

-Estoy más que satisfecha, mucho más… - Murmuró hundiendo su rostro en mi pecho abrazándome con fuerza. La cogí en brazos y comencé a caminar. -Hmm… me encanta que hagas eso. - Yo sonreí y besé su mejilla.

-¿Cogerte en brazos? - Ella asintió.

-Tengo que admitir que adoro que me consientas y me mimes así.

-Y yo adoro hacerlo, preciosa. - Dije besando el tope de su cabeza, ya que ella había escondido su rostro en mi cuello. - Ahora descansa un poco antes de cenar. - Murmuré dejándola en la cama y tumbándome a su lado. - Mañana salimos de viaje… y quiero aprovechar esta noche.

Habíamos comprado unos billetes de avión para viajar a Tucson y ver a su abuela Marie. Tenía ganas de hacerlo desde hacía tiempo, pero estaba esperando a que las cosas se estabilizaran y se normalizaran un poco para conseguir irme con ella sin entorpecer mucho mi trabajo y por si Tyler necesitaba algo.

-Hmm… - Murmuró pasando su brazo por mi pecho, ciñéndose más a mi cuerpo. - Eso suena prometedor.

-Y no sabes cuánto, pequeña. - Respondí sonriendo.

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-¡Venga, Edward! ¡Van a cerrar las puertas de embarque!

-¡Cielos, Bella! Adelántate tú. ¿Qué has metido aquí dentro? ¡Pesa como un demonio! - Exclamé como pude, el maldito equipaje de mano pesaba con ganas.

-¡Deben ser tus chupas! ¡Presumido! Si no van a ser necesarias… ¡Venga, no seas vago! - Abrí los ojos sorprendido por lo que me había dicho.

-¿Vago? ¡Já! ¿Quién lleva el maldito equipaje? La próxima vez lo llevamos por separado. - Ella frunció el ceño.

-Esta bien, a mi no me importa, he viajado sola con MI equipaje… - Pronunció enfatizando el MI. Puse los ojos en blanco.

Sabía que nos quedaban muchas horas de vuelo por delante, aunque la primera parada era en Barajas, así que el primer viaje no iba a ser muy largo. Le temía más al tirón de Barajas a Dallas, estaba seguro de que llegaría a desesperarme por estar tanto tiempo sentado, ya me había pasado más de una vez cuando hacía viajes tan largos. Y el que Bella estuviese tan nerviosa estaba consiguiendo que me pusiera a mi también.

Claro, nos habíamos quedado dormidos y cuando desperté dándome cuenta de la hora salté de la cama, llevándome a Bella por el camino.

Este viaje era importante para mi, puesto que iba a conocer el entorno de Bella y sobretodo a su abuela, aquella persona tan importante para mi niña.

Por fin llegamos a la puerta de embarque, cuando aun quedaban cuatro o cinco personas para embarcar. Bella respiró tranquila y yo también.

El primer vuelo fue tranquilo y corto. En cuanto nos sentamos Bella cambió su mal humor y se mostró ilusionada y feliz, como tanto me gustaba. Le estuve comentando lo que había hablado con Esteve el día anterior y ella a cambio emocionada e ilusionada por la noticia, me estuvo contando, mientras descansábamos esperando el siguiente avión para que nos llevase a Dallas, que Jessica le había mandado un mensaje de algunas personas de la vecindad en la que ella vivía, recordándole que la adoraban y que había sido una de las niñas más adorables que habían conocido.

Íbamos a quedarnos en la casita de su abuela, ya que Bella no había querido venderla por lo que pudiese pasar.

-La echo de menos… - Me dijo melancólica, jugueteando con los dedos de mi mano derecha. - Me hacia un chocolate buenísimo cuando era más pequeña, de esos que te quitan el frío por mucho que haga ahí fuera, aunque en Tucson realmente nunca ha hecho mucho frío, alguna helada cae… pero ¡En España he muerto de frío! - Dijo sonriendo al final, gesto que hizo que se me escapara una sonrisa a mi.

-Sé que la echas de menos, por eso te propuse traerla a España. - Ella negó con la cabeza.

-Tus intenciones son buenas, y no sabes lo que significa para mí que quieras hacerte cargo de todo para dejarme más tranquila a cambio de nada, mi amor… pero no puedo hacerle eso a mi abuela. Es un viaje muy largo… si ya nos cansa a nosotros, imagínate a ella. - Sonreí, elevando la mano que jugueteaba con mis dedos y besé su dorso.

-Lo entiendo… - Respondí mirándola a los ojos.

Lo que ella no sabía era que ya estaba empezando a arreglar las cosas para que los dos nos fuéramos a vivir a Tucson y yo trabajara desde allí, cuando todo lo de mi divorcio acabase.

Cuando desperté en el avión que nos llevaba a Dallas, no podía creerme que solo quedasen cuarenta y cinco minutos para aterrizar. Alguna vez había podido echar alguna cabezadita, pero jamás había dormido tanto.

Bella seguía dormida sobre mi pecho; serena y tranquila. Tenía tantas ganas de conocer a la persona que se encargó de ella desde bien pequeña, sacándola adelante a pesar del dolor que su marido y su hijo le habían causado. Era sin duda una superviviente.

La segunda escala que hicimos en Dallas fue más pesada, comimos algo y nos subimos de nuevo al avión para aterrizar en Tucson por fin. Eran las seis y media de la tarde allí.

-¡Oh, mira! - Exclamó mi preciosa americana, señalándome con el dedo a una chica, quien supuse que era su mejor amiga. - ¡Jessica! - Exclamó abrazándola.

-¡Bella, cariño! ¿Cómo estás? - Preguntó ella abrazándola también. Después se separaron y Jessica acunó su rostro sonriendo.

-Bien. - Respondió Bella.

-Sí, te veo bien. - Se separó cogiéndola de la mano, viéndola a mayor distancia. - Muy bien, estás preciosa.

-Ay… no es para tanto. - Contestó ella. Jessica se me quedó mirando algo sorprendida y yo sonreí sin saber qué hacer por su reacción.

-Oh… Él es Edward. - Habló Bella al notar la incomodidad.

-Encantado de conocerte en persona, Jessica. - Dije ofreciéndole mi mano.

-¡Oh, no…! - Me quedé esperando a que su mano estrechara la mía porque solo miraba a Bella, quien tenía una sonrisa divertida pintada en sus labios, y a mi, de uno a otro. - ¡Por Dios, Bella! ¡Es guapísimo! - No pude evitar reír por su ocurrencia y negué con la cabeza recomponiendo mi postura.

-Tu amiga va a sacarme los colores, amor.

-¿Amor? - Preguntó Jessica a Bella. - ¿Te llama amor? - Elevé las cejas incrédulo por las reacciones de su amiga. Había hablado un par de veces con ella pero jamás me la había imaginado así, los ojos parecían hacerle chiribitas. - ¡Oh, por Dios! ¡Es monísimo! - Bella no podía aguantar la risa y yo terminé por reír también, acercándome y rodeando su cintura con mi brazo. -Supongo que al menos me dejarás darle un beso, ¿no? - Bella puso los ojos en blanco.

-Adelante. - No sabía por qué pero Jessica se me parecía a alguien… ¿Sería a Alice? Sus labios besaron mi mejilla sonoramente y se separó sonriéndome.

-¡Encantada de conocerte también! Perdona que me esté comportando de manera tan eufórica, pero es la primera vez que Bella me presenta a un chico y… ¡Uff! Dios… - Dijo mirando a Bella de nuevo, dándole un codazo juguetón. - Menudo novio te has sacado.

-Oye… Deja de hablar ya y llévame con mi abuela. - Jessica sonrió, esta vez de manera comprensiva, besó su mejilla y entrelazó su brazo con el de ella, dirigiéndonos hacia la salida. -¿Cómo está ella?

-Como siempre, Bells…

El viaje en coche hasta la clínica en la que estaba la abuela de Bella fue realmente corto comparado con el tiempo que habíamos estado encerrados en las pareces del avión, y aunque el cansancio era obvio a estas alturas, la emoción por conocer a su abuelita me daba las fuerzas necesarias para estar con ella en aquel momento.

Pronto estábamos caminando por los pasillos decorados en tonos beiges y blancos. Mi corazón bombeaba nervioso. Para mí significaba mucho poder ver a aquella señora, poder conocerla por fin. Era la única familia de sangre que Bella tenía y aunque sabía que no estaba en sus plenas facultades, no podía dejar de pensar en si notaría o no mi presencia.

-Aquí es. - Me dijo Bella, soltando mi mano y dirigiéndose hasta el centro de la habitación, donde había una cama. - Hola abuela. - Murmuró suavemente, dejando un suave beso en algún lugar de aquella mujer.

Me quedé unos segundos pasmado en la puerta, sin poder moverme. Me daba mucha lástima ver a la única persona que se había encargado de mi preciosa pequeña postrada en una cama…

-¿No la quieres conocer? - Me preguntó Bella dándose la vuelta con una pequeña sonrisa, dándome la tranquilidad que necesitaba. Yo se la devolví y caminé lentamente hasta ella. La mujer allí tendida tenía la vista clavada en su nieta, anhelante, desesperada por decirle con la misma, millones de cosas que le estaban prohibidas por su enfermedad -Mira, abuela, quiero que conozcas a alguien. - Le dijo acariciando su mano. - A Edward, el hombre que cuida de mí allí en España. ¿Lo ves?- Le preguntó. -Acaríciale la mano, Edward, puede sentirte.

Vacilante extendí el brazo y puse la palma de mi mano sobre el dorso de la de la mujer, la cual sostenía Bella. Miré a mi princesa y ella asintió, indicándome que todo estaba bien, pero no quería hacerle daño. Notaba su mano tan débil que tenía miedo de lastimarla.

-Señora, es un placer conocerla. - De pronto sus ojos se centraron en los míos y un escalofrío me recorrió de pies a cabeza a causa de las sensaciones que aquella mirada producía en mi. -Puede estar tranquila, Bella es mi vida, jamás dejaré que le pase nada malo.

-¿Lo escuchas abuela? Estoy perfectamente en España…. Aunque te echo también mucho de menos. Pero mira, ya sabes que voy a venir siempre que pueda y él va a viajar conmigo.

Aunque Bella era quien le hablaba, los ojos de la mujer no me dejaban de mirar a mi, aunque ahora ya no sentía escalofríos, sino que una extraña calidez y una paz inexplicable se adueñaron de mi. ¿Sería que le había gustado? No pude evitar sonreírle, y en ese instante, su mirada enfocó a Bella para después posarse en mi de nuevo, y así volvió a cambiar varias veces, haciendo que Bella y yo riéramos entre dientes.

-Abuela, ¿qué pasa? ¿Quizás no esperabas que me echase un novio tan guapo? - Preguntó a modo de broma. Los ojos de la mujer se quedaron mirando el rostro de su nieta.

Estaba casi seguro de que deseaba por todos los medios expresarle sus mejores deseos, sin embargo eso era lo más difícil que podía intentar.

Sentí la necesidad imperante de llorar; sentía como las lágrimas subían hacia mis ojos. Recordé a mi madre cuando también estaba en una cama de hospital y la impotencia que yo sentía por no poder hacer nada para que se recuperase.

Sin embargo Bella no se derrumbaba llorando a su lado, bromeaba con ella, la animaba… Tuve que salir antes de que las lágrimas comenzasen a desparramarse por mis mejillas.

-Ey. - Jessica, que estaba sentada en una silla fuera de la habitación me llamó. Ni me acordaba que ella había venido con nosotros, pues no había entrado a la habitación. - ¿Qué pasa? ¿Ha sido demasiado?

-Pasa que la vida es muy injusta, Jessica.

-¿Me lo vas a decir a mi? Conozco la historia de mi amiga desde siempre. Nuestras abuelas son vecinas, muy amigas, así que nos conocemos desde muy pequeñas. Jugábamos en el parque cuando mis padres me llevaban a verla… Y sí, toda la historia de esa pobre mujer y de paso la de Bella, es muy triste. - Sequé las últimas lágrimas que recorrían mis mejillas y tosí, esperando deshacer el nudo que se había formado en mi garganta.

-No quería decírselo a nadie aun… Espero que me guardes el secreto… - Jessica frunció el ceño, pero asintió. - Quiero venir a trabajar aquí para que Bella esté más cerca de su abuela. - Los ojos de Jessica se abrieron inesperados y sonrió de oreja a oreja.

-En serio, Edward. Muchas gracias por hacerla feliz.

-Aun queda un poco para que lo seamos completamente, supongo que te ha contado la historia…

-Sí, sí, estoy al tanto, pero créeme que jamás la había visto tan… guapa, está preciosa.

-Siempre lo ha sido. - Dije encogiéndome de hombros. - Voy a entrar de nuevo. Gracias, Jessica. - Ella solo sonrió.

Estuvimos un rato más con su abuela antes de retirarnos para que Jessica nos llevase a la casita de su abuela; la casita en la que Bella había crecido.

Como me había imaginado era una casita de lo más acogedora, todo estaba en perfecto orden y en vez de sentirme extraño me sentí, por alguna extraña razón, como si estuviese en mi propia casa.

-Bueno… no es como nuestra habitación, pero para dormir está bien. - Dejé el equipaje en la entrada de la habitación y rodeé la cintura de Bella por la espalda, quien miraba su cama de 90.

-A mi no me importa dormir pegado a ti, amor, además, creo que estamos entrenados para poder dormir en una cama de 90, pero si vas a estar más cómoda puedo comprar una más grande mañana mismo.

-No es necesario, amor. - Respondió dándose la vuelta y alzándose sobre las puntas de sus pies para besarme en los labios. - ¿Estás cansado? Creo que deberíamos ducharnos, cenar cualquier cosa en la taberna de la señora Peggy y venir a dormir. - Sonreí cuando al finalizar su propuesta bostezó.

-Como mande mi princesa. - Murmuré dejando un beso en su nariz.

Los días siguientes no difirieron mucho entre ellos. Lo único que hacíamos era levantarnos, ir a ver a la abuela de Bella, y marcharnos solo para comer algo para después volver. La mirada de aquella mujer cada vez me resultaba más cómoda y había aprendido a hacerle pequeños comentarios sin esperar una respuesta que jamás llegaría.

Lo peor fue el día de la despedida, cuando Bella al despedirse de ella y salir de la clínica terminó llorando un buen rato hasta que se tranquilizó.

-Mi amor, volveremos pronto. - Dije intentando consolarla.

-Sí… lo sé, pero… pero me da tanta pena dejarla. Estoy tan lejos de ella que… - Un sollozo se escapó de sus labios. Yo viajaba con ella en el asiento trasero mientras Jessica conducía hacia el aeropuerto.

-Ya mi vida… Cálmate.

-Sé que en cualquier momento puede pasar algo y… y… - Un sollozo más.

-Bella, mi vida… tienes que tranquilizarte.

-Tienes que hacerle caso a Edward, Bella. El viaje es muy largo y no te preocupes, estoy segura de que pronto te veré de nuevo.

-¿Ves, mi amor? Jessica y yo tenemos razón.

Las palabras de Jessica parecieron ejercer efecto en ella, ya que dejó de llorar aunque su semblante apenado no cambio mucho, a penas le sonrió a su amiga cuando desaparecimos por los controles.

Tampoco habló mucho durante el viaje de vuelta, casi estuvo durmiendo en todos los vuelos, e incluso cayó rendida cuando llegó a casa sin probar bocado. La tapé con las sábanas, dejé un beso en su sien y me alejé para tomar un yogur antes de meterme en la cama con ella.

Solo esperaba que su estado de ánimo cambiase pronto, no soportaba verla triste.


Ains... pobre Bella... su situación es bien difícil... pero bueno... :/

En fin... voy a subir ahora una imagen de Esteve, y también otra imagen a partir de la cual describí la casa de Edward y Bella, que ha habido un par que me la han pedido :)

Gracias a todas, en especial a:

saraes, Sarah-Crish-Cullen, valinight, Elyta, Iare, crismery, Cullen Vigo, Aliena Cullen, Milhoja, SsiL, Black Cullen, nany87, Paaameeelaaa, NuRySh, Jos WeasleyC, Patchmila Cullen Mellark, Denisse-Pattinson-Cullen, EdithCullen71283, joli cullen, bellaliz, Sky Lestrange, Yeya Cullen, CaroBereCullen, ludgardita, codigo twilight, cutita2, liduvina, Nurymisu, kelly hale cullen, Nishali Black Cullen, ObsessionTwilight16, BABYBOO27, Samy Cullen Black, IgotYOUunderMYloveSPELL, linda-swan, Carolina Cullen Swan, MnM9, fabi91, anita cullen, Chayley Costa, Maya Cullen Masen, Lightning Cullen, janalez, alexpattinson, indacea, MaxiPau, ISACOBO, ImPoly, jupy, Clacanward, Desi 81, lokaxtv, dioda, AnithaPattzCullenPacker, imtwilighter, Rommita Cullen, TinaCullenSwan, lady blue vampire.

Nos leemos en el siguiente

Un besazo chicaas! :)