En mi defensa ese capítulo ha estado a medio desarrollar en mi cuaderno y ayer en la noche y parte de hoy lo he tecleado y dándole forma ya que... Seamos sinceros: escribo cosas que ni siquiera yo entiendo y muchos menos puedo unir sin revolverme.

Okay, en estos momentos estoy un poco triste ya que no tengo vacaciones y este es el penúltimo capítulo de este fic. Se que debería haberlo terminado desde hace tiempo pero por cosas del destino no he podido y menos porque le cogí cariño a mi primera historia en este fandom. En fin ¿que se le puede hacer?


BrisTigressandPo.- Bueno, lo que pasa es que los niños viajaron al pasado gracias a ese instrumento musical. Como sea puse una nota en el capítulo anterior.

phoenix-bird-blu.- Me alegro infinitamente que le entendieras.

Leonard kenway.- Digamos que Shifu soy yo, suelo ser muy celosa con mis amigos. Además siento que él reaccionaría así ya que aunque no tenga una excelente relación padre - hija, quiere lo mejor para ella aunque apenas están recuperando el tiempo perdido. Lo siento pero por eso esta en un fic aparte.

Black Rose -IMZ.- ¡Recordaste la conversación! Oh la diva se siente feliz que lo recordaras. Pobre de mi mini clon de Po... pero era mi deber trollearlo sino o soy yo.

Guest.- Me alegro dejarte ¿emocionada? Porque eres una chica ¿no?

Guest.- No, no tenía nombre... ahora si.

LiaEEG.- Porque soy perversa muahahhaha... No hay nada que perdonar, pero eso si: extrañaba tus comentarios.

LuisaLane.- Aquí esta la tan anhelada continuación ¡Abrazo!

Nirvanax.- Si no reacciona así no es Po.

Yushi Lucile and Agatha.- Ya puse una explicación en el capítulo anterior y ya le puse la letra... lo siento, ese día estaba distraída.

Laus Deo.- No digas nada, que yo cuanto tiempo he pasado sin gracias por aquellas palabras y de paso alagar mi raro escrito e idea(?) ¡Sabes que las tendrás!

maken.- Me alegro que amaras a mini Po, y me alegro que te guste mi historia.


Kung Fu Panda pertenece a la franquicia de Dreamworks & Jennifer Yuh Nelson


Yuan

Durante varias semanas Po, mejor conocido por el título del Guerrero Dragón e hijo del respetado comensal mejor conocido simplemente como Sr. Ping, había estado comportándose demasiado extraño. Más de lo que era acostumbrado en realidad.

Al principio nadie parecía darse cuenta, se comportaba como usualmente lo haría desde que llegó al palacio: con esa conducta típica de un fanboy mientras hablaba de historias de varios maestros de la historia del kung fu y señalaba unos objetos del palacio remarcando su punto, contaría anécdotas vergonzosas, se quejaría un poco del entrenamiento antes de recibir una llamada de atención de Shifu, bajaría al pueblo a visitar a su padre, cocinaría un poco, jugaría con sus figuras de acción o planearía cosas tontas con los chicos.

Pero conforme el tiempo pasaba se comportaba un poco diferente, tanto llegó su extraña actitud que incluso todos los habitantes del palacio concordaban que era ligeramente diferentes desde que llegó o incluso como la semana anterior. Salía más a menudo, dejaba de hacer cualquier cosa que estuviera haciendo como si recordara algo y saliera de ahí con un gesto nervioso balbuceando cosas sin sentido a modo de excusa.

Todos sus compañeros y amigos en el palacio había tratado de sacarle un poco de información sobre porque tal interés de salir rápido del palacio para llegar a su destino, cualquiera que fuera en sí. Pero todos habían recibido pobres excusas del panda, a simple vista con un gesto nervioso a la hora de hablar antes de distraerlos con alguna tontería y salir de ahí.

"Ha de ser que Po este consiguiendo unas figuras de edición limitada o algo por el estilo." Trató de razonar Mono, tratando de sacar una solución lógica.

"O tal vez vaya por las noches a esconder los cadáveres de sus víctimas." Sugirió Mantis en un tono misterioso antes de que todos rompieran a reír.

"Lo más probable es que Po este con su padre ayudando en el restaurante." Comentó Víbora una vez que logró detener un poco la risa causado gracias del comentario anterior. "Recuerden que su padre es muy exigente cuando se trata del negocio familiar."

"¡Tal vez incluso le estén enseñando una nueva receta!" Exclamó Mantis con verdadera alegría.

"Sea lo que sea, eso solo le conciernen a Po y al señor Ping." Dijo Grulla, finalizando con eso la conversación.

Puede que esa simple plática entre ellos hubiera calmado algunas preguntas sobre lo que hacia aquel guerrero de blanco y negro pero había una persona que sinceramente no se la tragara esa teoría en lo más mínimo.

Tigresa pensaba que eso no era una simple receta nueva que el Sr. Ping le quería enseñar a su hijo. Bien sabía que aquel ganso era muy celoso a la hora de compartir a su hijo cuando le estaba ayudando en el restaurante y si era completamente necesaria la presencia de Po lo dejaba ir, aunque a regañadientes, pero lo dejaba.

Así que ella decidió un día bajar al pueblo e ir a visitar aquel restaurante de fideos y tailarines, que se había hecho tan popular desde que Po había sido elegido como el Guerrero Dragón y había vencido por primera vez a uno de los grandes villanos del valle mejor conocido como Tai Lung.

"Oh, Maestra Tigresa." Exclamó aquel viejo ganso de plumaje gris y ropa colorida mientras su fiel y exótico sombrero brincaba de un lado a otro.

"Buenas tardes Sr. Ping." Saludó respetuosamente la maestra con una leve inclinación con la cabeza.

"¿A qué se debe ese honor de venir a visitarme en mi humilde restaurante?" Preguntó curioso después de responder aquel saludo. "¿Viene a comer? ¡Oh, que pregunta la mía! Claro que sí, debe estar hambrienta…"

"De hecho Sr. Ping." Lo interrumpió Tigresa al verlo partir rápidamente unos vegetales y arrojarlos a la olla. "Vengo a buscar a Po."

"¿Po?" Preguntó el señor Ping, bajando considerablemente la velocidad de cortar los vegetales hasta quedar quieto, regalándole una mirada extrañada a la felina en el acto. "Mi muchacho no ha venido aquí durante varios días, se suponía que vendría a ayudarme ayer."

"Oh."

Eso ya era demasiado sospechoso. Tigresa se llevó una mano bajo su barbilla con gesto pensativo. Que Po no viniera al restaurante en varios días cuando hace una hora había mencionado que iría a ayudar a su padre antes de salir, era sinceramente extraño viniendo del panda.

"Aunque ha de ser por romper aquel jarrón." Eso último lo refunfuño entre dientes el señor Ping antes de volver a cocinar, logrando sacar a Tigresa de sus pensamientos.

"No se preocupe señor Ping, yo le diré a Po que venga a visitarlo." Y sin más salió de ahí pensando en que cosas estaba metido ese panda.

'¿En qué estarás metido ahora, Po?'

Bien, si él no quería darle respuestas ella misma las encontraría. Por algo era la líder no oficial de los Cinco Furiosos y El Guerrero Dragón, por más poderoso y habilidoso fuera este último cuando la situación lo requería. Y con ese pensamiento subió a paso lento los escalones que se encontraban frente a ella para llegar al Palacio de Jade, mientras que en su mente trazaba varios planes, uno mejor que el anterior que ejecutaría cuando tuviera la oportunidad.

Pudo haber continuado sumida en sus pensamientos de no ser por aquella figura escandalosa se interpuso en su camino, logrando ponerla alerta en un instante gracias a sus reflejos naturales que caracterizaba su especie y más desarrollados gracias al entrenamiento que llevó a cabo durante varios años para cualquier indicio de peligro que surgiera en cualquier misión, haciendo que olvidara – momentáneamente – el hecho que estaba ahora en el Palacio de Jade.

"Hola Tigr-" No pudo terminar aquella frase, debido a que tuvo que esquivar un golpe –aunque con dificultad – que iba directo al rostro del Guerrero Dragón.

"Po." Exclamó sorprendida. ¿Tan distraída estaba? Al parecer sí. "¿Qué haces aquí?"

"Vivo aquí." Le respondió como si digiera que el cielo era azul.

"¿Te divertiste en el pueblo ayudando a tu padre?" Preguntó la felina para tratar de distraerlo y que así poder calmar la pequeña cantidad de adrenalina que corría por su cuerpo.

"¿Mi padre?" Preguntó extrañado Po antes de abrir los ojos ante la realización de la pregunta. "¡Oh, mi padre!"

"Si, tu padre." Repitió Tigresa, poniendo ambas manos a un costado de su cadera, observándolo con detenimiento.

'A ver a cuanto llega su mentira.'

"Pff…Ya sabes…" Comentó Po moviendo los hombros y las manos como si estuviera calentando. "Cortando fideos, mi pa' tratando de convencerme de hacerme cargo algún día del restaurante, servirle a los clientes…"

Po dejo las palabras bailando en el aire y solo se movió nervioso en su lugar, bajo la atenta mirada analítica que le daba Tigresa.

"Muy bien." Le comentó la felina con voz neutra. "Te veré en la cena."

Y sin más se fue al cuartel de estudiantes, dejando a un Po soltando todo el aire que tenía guardado en sus pulmones pensando que se había salvado de un buen interrogatorio para más tarde dirigirse a la cocina e ir a preparar la cena.

La noche paso con la misma naturalidad y normalidad de siempre, si dejamos a un lado que Tigresa vigiló los movimientos de Po durante cinco minutos antes de romper aquel contacto visual de aquella escandalosa figura y enfrascarse en una conversación con Víbora lo que resta de la noche.

La noche dio paso al día, escondiendo a la gran estrella en aquel escenario oscuro junto con aquellas pequeñas acompañantes que brillaban como pequeños diamantes para darle la bienvenida a los primeros matices de colores claros, anunciando aquel astro rey que se asomaba perezoso detrás de las montañas y acompañado con algunos trazos de calor que poco a poco empezaban a calentar la tierra y alumbraba todo lo que tocaba.

Podría decirse que el día continuo con aquella rutina desde que sonó el inconfundible gong, retumbando en todo el valle e iniciaran con lo que llevaban haciendo desde casi siempre. Podría haber continuado de la misma manera hasta que nuestro panda favorito pareció recapacitar en algo.

"¿Po? ¿Estás bien cariño?" Preguntó Víbora al ver que el mencionado se quedó prácticamente congelado en su lugar.

"Eh… Sí, si…" Trató de tranquilizarla. "Solo es que tengo mucho sueño… ¡Ah! ¡Wow!… Cuanto sueño…"

"¿Amigo, seguro que estas bien?" Preguntó Mono, viendo las exageraciones que, según el panda, eran bostezos.

"Si, solo tengo mucho sueño." Terminó lo que restaba en su plato de un tirón antes de levantarse de la mesa y limpiarse la boca con el dorso de su mano.

"¡Oye pero que pasa con…!"

"¿Puedes lavar los trastes por mí, Mantis? Que gran amigo eres."

"¡Espera…!"

"¡Adiós chicos, hasta mañana!" Y sin más salió de ahí dejando a todos sorprendidos por aquella actitud.

"Qué bueno que ustedes me ayudarán." Comentó alegre Mantis, pero aquella alegría se esfumo cuando vio que no había nadie en la cocina. "¿Chicos? ¡¿Chicos?! ¡No me dejen solo! ¡Le tengo miedo a la oscuridad!"

Tigresa caminaba con la mente pidiendo algo con que concentrarse. Al parecer hoy no tendría la oportunidad de saber –y con suerte descubrir – lo que causaba aquellas salidas extrañas de Po. Decidió desconectarse un poco, sintiendo el aire fresco invadieran sus pulmones y tan refrescante que la caracterizaba esta noche. Pudo haber continuado con aquella pereza, tan poco característica de ella de no ser por unas ¿monedas quizás? que se escuchaban a lo lejos de su posición.

Se acercó con cautela para poder saber el origen del sonido chocar de pequeños pedazos de hechos de metal, pero lo único que encontró fue una figura de blanco y negro que ella conocía la perfección.

"¿Po?"

Sin escuchar el susurro de la felina y mirar a ambos lados, salió por la entrada trasera del palacio para adentrarse a la vegetación que lo ocultaría de ojos curiosos.

'Muy bien, llegó la hora.' Y con ese pensamiento salió detrás de la figura de Po, tomando sus deliberadas precauciones para que él no notara su presencia.

Lo siguió durante todo el camino, al principio volteaba en cierto número de pasos para ver si no venía nadie siguiéndolo, pero conforme avanzaba dejaba de mirar cada cinco minutos y decidía concentrarse en el camino, a veces desviándose a la izquierda, luego a la derecha, caminar recto y otra vez tomándose una desviación.

Lo único que se escuchaba eran las pisadas pesadas cada vez que él daba un paso y el constante ruidito de metal que llevaba dentro de aquella vieja bolsita a un lado de aquellos retazos de tela amarilla que Po orgullosamente llamaba pantalón y se negaba a cambiar.

Y pudo haber seguido así durante un rato más, de no ser porque una figura se puso enfrente del panda, causándole una cara de susto pero que fue sustituida con una sonrisa al ver quien se encontraba bajo aquella capa.

"Hey. Lo siento…" Trató de dar una explicación pero no pudo ni siquiera terminar.

"¿Sabes cuánto tiempo llevo esperándote?" Preguntó enojada aquella figura, por su voz era fácil decir que era una mujer.

'Esa voz yo la conozco. Solo ¿de dónde?' Se cuestionó Tigresa, aun escondida detrás de unos árboles y troncos a solo unos cuantos metros.

"…Llevo horas esperando a que te dignaras a aparecer." Aquella frase la saco de sus pensamientos a Tigresa que trataban de darle una cara a la voz.

"Lo siento." Se disculpó nuevamente. Con un bufido aquella figura se quitó el gorro de la capa, dejando ver por fin a la chica misteriosa.

"¡¿Song?!" Susurró Tigresa sorprendida. '¡¿Qué hace ella aquí?! ¿No se suponía que estaba muy lejos ahora?' Al parecer no.

"No importa." Le sonrió Song a Po, ambos ignorando que una felina estaba esputrefacta desde su escondite. "Lo importante es que ya estás aquí."

Y sin esperar ninguna contestación por parte de él, Song se puso a un costado antes de tomar su brazo un segundo después. "Vamos, ya se nos hizo tarde…"

"Ya voy, ya voy…" Contestó entre risas a causa de las cosquillas que le causaban los bigotes de su acompañante, dejándose guiar.

Mientras tanto Tigresa sentía la bilis subiendo por la garganta y amenazaba con instalarse en su boca, escuchándose un pequeño crujido a causa de una ramita que tuvo la mala suerte de estar cerca de su alcance y ahora estaba convertida en astillas bajo la mano de la joven guerrera.

¡¿Cómo era posible que Po estuviera con ella?!

No se movió en lo más mínimo, trato de tranquilizarse pero era prácticamente imposible; A simple vista sus orejas estaban a ambos lados y pegados a su cabeza, su nariz estaba ligeramente fruncida igual que su ceño, tenía los labios levemente levantados y enseñaba ligeramente los dientes y sus pupilas estaban dilatadas. Sentía su corazón bombeando con más fuerza y sus músculos listos para cualquier cosa física, al contrario que su respiración que era casi superficial.

Estaba en una posición que solo significaba una cosa: estaba lista para lanzar el primer ataque.

Solo se quedó viendo la escena, la conversación entre ambas figuras era imposible de escucharla, tal vez porque estaban demasiado lejos o porque su sangre golpeaba salvajemente detrás de sus orejas, logrando bloquear cualquier sonido y solo escuchara un ligero zumbido.

Pudo haber continuado así de no ser por dos simples razones: la primera el sonido constante de aquella bolsita. Y segundo, porque vio que estaban muy juntos, demasiado para su gusto.

"…Así que tuve que sentarme durante 10 minutos escuchando las reclamaciones de mi padre porque no había ido a ayudar con el restaurante…" Comentó Po antes de verse interrumpido por las risitas sofocadas de su acompañante.

"No puedo creer que tu padre pueda ser el único oponente que te venza y solo con palabras." Comentó divertida Song, antes de acercarse más y bajar la voz. "¿Lo traes?"

"Por supuesto que sí." Contesto del mismo modo Po, sacando la bolsita que había traído consigo. "Aquí esta."

Y abriendo la pequeña bolsita vieron lo que tenía adentro y pudieron haber admirado más de no ser porque una mancha anaranjada tacleó literalmente a Po, haciendo que este último soltará un grito y arrojara la bolsita al aire y lo atrapara Song para evitar vaciar su contenido.

"¡¿Pero qué…?!"

"¡No me mates!" Gritó Po al sentir aquella figura tacleadora de pandas encima de él. "¡Soy demasiado joven para morir!"

"¿Maestra Tigresa?" Preguntó Extrañada Song, aun con la bolsita en la mano. "¿Qué hace usted aquí?"

"¿Tigresa?" Preguntó ligeramente aliviado Po, y solo ligeramente porque sabía que la bronca vendría después.

"¡Po! ¿Qué haces con ella?" Le preguntó Tigresa, ignorando las preguntas que le habían hecho y la posición en la que se encontraba. "¿No recuerdas que ella es mala? ¡Por todos los cielos, Po! ¿Tanto es tu necesidad de pasarte al lado oscuro?"

Song solo puso una mueca en el rostro al escucharla, al parecer no se había ganado la confianza como era el caso de Grulla y Víbora o al menos un saludo cordial de la felina, como era en el caso de Mantis y Mono.

"Ammm… ¿Hola? Estoy aquí." Aclaró Song, levantando levemente la mano.

"Tigresa ¿Qué haces aquí?" Preguntó Po, viendo la mirada seria que amablemente le regalaba la maestra. "¿Cómo supiste que estaba aquí? ¿Tienes poderes mentales? Digo porque si fuera así sería bárbaro…"

"Te seguí para saber a dónde te ibas." Le aclaró, levantándose y sacudiéndose la ropa. "Ahora veo que te reunías con ella para cometer vandalismo."

"¡No estábamos cometiendo vandalismo!" Respondieron los dos perfectamente coordinados.

"Oh." Tigresa los miro seriamente a ambos, cruzándose de brazos en el proceso. "¿Entonces que están haciendo?"

"Pues…"

"…Nada…"

Tigresa solo vio las figuras que estaban frente a ella, ninguno de los dos parecía querer mantener la mirada enfrente para verla, al contrario, desviaban la vista como si fueran dos cachorros o unos adolescentes en su primera cita…

"¿Están saliendo?" Preguntó Tigresa de la nada. No sabía porque lo había hecho, pero al parecer su boca se abrió por si sola y apenas pronunció esas palabras se sintió terrible por saber la respuesta y sin saber porque.

"¡¿Qué?!" Gritaron los dos, ahora sonrojados por aquella pregunta. "¡No! ¡No estamos saliendo!"

No sabía porque pero aquella afirmación le hizo sonreír para sus adentros antes de aclararse ligeramente la garganta, llamando su atención. "¿Entonces? ¿Por qué tanto misterio?"

Po y Song se miraron por el rabillo del ojo antes de suspirar derrotados, ya se les hacía tanta maravilla que no los hubieran descubierto antes. Song miro la pequeña bolsita que tenía ahora en su poder y se la arrojo a Tigresa, que no tuvo mucha dificultad con atraparlo.

"¿Qué es esto?" Preguntó la peli naranja. Y sin esperar una respuesta decidió abrir la bolsa para ver el contenido.

Lo que venía adentro y causaban aquel sonido tan repetitivo por cada movimiento resulto que no eran anillos, collares ni pulseras. Solo eran varias monedas de bronce, mejor conocidas por la mayoría de los habitantes de China como yuanes.

"Estábamos consiguiendo varias monedas para una buena causa." Se defendió rápidamente Po cuando vio que Tigresa abrió ligeramente la boca.

"¿Buena causa?" Preguntó extrañada la maestra.

"Una recolección de fondos." Le respondió Song. "Para los niños del orfanato de Bao Gu." Aclaró cuando vio una mirada extrañada.

Tigresa se quedó callada, solo analizando las expresiones de las dos personas que tenía delante de ella. Observo el rostro manchado de Song, serio y a simple vista sincero, pero teniendo en cuenta la mala experiencia que tuvo al conocerla en el pasado decidió mejor buscar en el rostro de Po. La cara del panda se podía ver el nerviosismo a causa de la incertidumbre para cualquiera que lo viera de reojo, pero ella decidió mirar esas piedras de color jade que tenía por ojos para encontrar la respuesta a su pregunta silenciosa y al parecer la encontró.

"¿Por qué?" Preguntó quedamente, ganado miradas extrañadas que ella no fue capaz de prestarle atención. "¿Por qué si era por una buena causa lo tenían tan escondido?"

"Debido a que no tienen tantas donaciones piensan cerrarlo." Contestó Song, su tono triste era fácil de detectar. "Y si no consiguen a alguien que lo compre o sea el padrino del lugar, los niños se verán afectados."

Tigresa hizo una mueca al escuchar eso. Bien, no podría decir que sus primeros cuatro años en ese lugar fueron los más felices de su vida pero tampoco le gustaba la idea de que cerraran el lugar y dejaran a los niños en la calle, sin un techo y a su suerte en el mundo. Eso era simplemente horrible.

"Espera un momento." Comentó Tigresa después de salir de sus pensamientos unos segundos más tarde. "Mencionaste sobre un comprador o padrino… ¿Quién es…?"

"Es Po, por supuesto." Respondió orgullosa la felina. "Hemos estado juntando dinero desde entonces, incluso trabaja dándole mantenimiento al orfanato para ahorrarse algo de dinero."

Tigresa volteó a verlo sorprendida, aunque parecía que Po no le gustaba en lo más mínimo que le dieran todo el crédito y dijeran todo eso sobre él y una pequeña muestra de ese hecho era que trataba de salir de puntitas del lugar y un ligero sonrojo que se instaló en sus mejillas al escuchar todo sobre él.

"¿Todo este tiempo has estado juntando dinero para comprar el orfanato?" Preguntó aun sin salir de su sorpresa. "¿Por qué no nos dijiste nada?"

"Song solo está exagerando unas cosas." Contestó apenado, sobándose el brazo con pena. "Además ustedes están tan ocupados y… pues…"

Po solo vio el gesto serio de la peli naranja mientras avanzaba hacia le, y sin aviso le golpeó con fuerza el brazo haciendo que soltara un quejido a causa del golpe.

"¡Auch!"

"A veces eres un tonto." Le contestó Tigresa al escucharlo quejarse. "Somos tus amigos y guerreros que buscan la seguridad de los demás. Y si necesita salvarse el orfanato nosotros ayudaremos sin importar que."

"Te lo dije…" Susurró Song al aire en son de burla al escuchar a la maestra pronunciar palabras parecidas que le había dicho al panda desde el principio.

"Está bien." Respondió Po, sobándose el brazo golpeado. "Al parecer hoy fue la noche de golpeemos a un panda."

"Mañana le diremos a los demás." Dijo Tigresa, ignorando las quejas de su amigo. "Y Song…"

"¿Si?" Preguntó dubitativa.

"Tendrás que explicarme todo lo que han hecho, como se han organizado, la capital que tienen y lo que han avanzado desde que empezaron sobre salvar el orfanato."

"Seguro." Contestó más aliviada la felina, al menos era un avance viniendo de la maestra más radical que ha conocido.

Al parecer mañana todos tendrían como misión salvar el orfanato como fuera para mantener a los niños a salvo… Aunque alguien tendría que salvar a Mantis, ya que el pobre quedo atrapado debajo de una gran olla inconsciente a causa del cansancio por limpiar la cocina él solito.