Lugar: Zona de Administración de la Hollow Área – Hora: Anochecer


- Ahh, es inútil – exclamé mientras presionaba frenético las teclas de la consola. Aquí no hay nada relacionado con la actualización que PoH implantó.

Y para hacerlo peor, mis conocimientos sobre programación no eran muy altos, por lo que, aunque encontráramos la consola utilizada por el líder de Ataúd Risueño, no sabríamos como detener el virus...

- ¡Maldición! - grité estampando mis manos contra el teclado.

Ni siquiera sabía cuándo el sistema volvería a ejecutarse... podría ser en una hora o en un simple pestañeo...

Me hallaba perdido... impotente y confundido...

En ese instante, sentí una mano rozar mi hombro.

Philia... pensé.

Aquella joven, aquella bella jugadora que había conocido el día de mi arribo al Área Hollow. Sus penetrantes ojos azules alcanzaban el rincón más profundo de mi alma, queriendo comunicarme algo con ansias...

- Hiro... ¿podría hablar contigo un momento? Hay algo que necesito decir...

Respiré profundo y me alejé de la consola.

- Claro, Philia ¿de qué quieres hablar?

La pelirroja levantó un dedo y señaló un espacio a la derecha.

- ¿Podemos sentarnos, un momento?

- Okay – contesté sin problemas.

En cuanto estuvimos a gusto sobre aquel traslúcido suelo, ella tomó la palabra...

- Sabes... cuando vine a este mundo, no me sentía como yo misma. Tenía este... vacío dentro de mí que deseaba llenar, no me importaba lo que hiciera... sólo hacía lo que creía era necesario para sobrevivir. Por eso, cuando nos conocimos por primera vez, casi terminé lastimándote... puedo suponer que debió haber sido un gran susto...

- Pues, lo fue, siendo sincero- dije con leve sarcasmo.

- También me di cuenta que... nunca hice el esfuerzo por disculparme por lo de aquella vez, ni siquiera hasta el día de hoy...

- Philia... ya te dije que no tienes que...

- Pero por sobre todo... interrumpió. Siento que, el haberte conocido y acompaña en estas aventuras me ha ayudado mucho, a llenar ese vacío que sentía dentro de mi... Donde otros se hubiesen espantado, por el mero hecho de tener que convivir con un jugador naranja, tú decidiste darme una oportunidad y... te quedaste a mi lado... y me apoyaste...

- ...

- Fuiste tú..., quien me permitió sentirme como una persona normal otra vez... y lo único que hice... lo único que hice para recompensar ese esfuerzo... fue ayudar a un grupo de locos que intentaron matarnos... dijo la pelirroja con lágrimas comenzando a asomar. Después de ésta última odisea... siento que... no estoy calificada para ser tu amiga... ni siquiera para ser tu compañera... en el campo de batalla- agregó agachando la cabeza y ensombreciendo su mirada.

Me quedé en silencio, mirando a la torturada chica frente a mí por incontables segundos.

- Cuando llegué a este mundo...- comencé mientras sujetaba su mano. Tenía miedo. Más que el de cualquier otro jugador. Tanto que pasé casi 2 años de mi vida, encerrado en el Pueblo de los Inicios sin poder acercarme a una espada. Tuve que realizar encargo tras encargo. Sólo. para poder comprar alimento. Llegué a pensar que no habría esperanza alguna para mí. Que terminaría sólo y abandonado en aquella ciudad inmensa, cuando todos partieran... Pero... alguien me rescató. Fue un amigo... un amigo muy cercano, a quien llegué a querer como a un hermano. El sacrificó no sólo su tiempo, sino su lugar al frente, por mantenerme a salvo. Todas las noches veía el cielo, buscando la respuesta a tan ridícula decisión...y no fue hasta hace un mes atrás, que logré entenderlo al fin. El confiaba en mí... quería verme crecer y enfrentar mis temores, creía con toda su alma... que estaría destinado a hacer cosas de lo más grandes. Hablas de no ser digna de mi amistad, Philia, pero yo me siento mucho menos merecedor de la tuya... Mentí, no sólo a ti sino a mis nuevos amigos en Aincrad, sobre muchas cosas... mi pasado... mi fuerza... ésta fuerza que no obtuve con sudor y esfuerzo si no... por un extraño giro del destino... Y muy dentro de mí llegué a pensar, que quizás eso estaba bien... que sin importar de donde habían salido mis nuevas habilidades, las usaría para una buena causa. Quería de alguna forma... hacer que aquel amigo, que dio hasta el último punto de su vida por mí... se sintiera orgulloso, que supiera que todo por lo que había trabajado, no había sido en vano. Lo que quiero decir con esto es que... no te sientas mal por tus decisiones, después de todo, ellas te han traído hasta aquí. Me agradas, Philia y te considero mi amiga. No podría odiarte, no es algo que yo haría... dije quedándome en silencio y dejando que mis lágrimas fluyan. Simplemente... no podría...

Callado y con mi rostro humedecido por el llanto, esperé.

Algún tipo de argumento o protesta de parte de mi compañera, pero sólo alcancé a percibir un débil susurro.

- Baka...

Al oírlo levante la vista. Sus mejillas estaban muy coloradas y sus ojos resplandecían...

- No es justo... dijo la pelirroja dejando caer sus propias lágrimas. No sé cómo reaccionar si dices algo como eso...

- Gracias por estar allí para mí, Philia. Realmente lo necesitaba...- agregué abrazándola de manera desprevenida.

El abrazo duró unos largos segundos hasta que, por fin, alejamos nuestros cuerpos uno del otro

- ¿Qué sigue ahora, Hiro? – preguntó la cazatesoros.

Desvié la mirada hacia la consola y sus múltiples pantallas.

- No podemos detener el virus con lo que tenemos a la mano, ni siquiera tenemos los conocimientos para entender si quiera cómo desactivar los comandos ingresados...

Philia bajó la cabeza con tristeza.

- Pero sabemos de alguien que quizás pueda ayudarnos...

Mi compañera me miró confundida.

- Hablas de...

- Sí, tenemos que hallar a C...


Lugar: Hollow Área (Zona del Mundo Exterior)– Hora: Anochecer


El Bosque del Alien Perplejo- leí en el mapa.

Raro nombre para una zona... sobre todo porque lucía muy similar a la del mar de árboles serpenteantes, pero con un notable cambio en su paleta de colores.

El monolito de transporte nos dejó justo a un lado de una senda. Siguiendo las coordenadas, no sería difícil hallar la habitación del jefe, además, lo único que se interponía en nuestro camino eran un par de monstruos insecto que no lucían como una gran amenaza.

- Bien, esto luce fácil- le dije a Philia.

El espadachín albino y la pelirroja cazadora apresuraron el pazo exterminando las alimañas que encontraban a su paso, pero entre más avanzaban más oscuros se volvían los alrededores.

- La noche nos va a dificultar la tarea – dije en voz alta.

- Por suerte la naturaleza nos ayuda – contestó mi compañera indicando unas flores luminiscentes en las cercanías.

- Si, debemos agradecerle. Por fin algo que no intenta matarnos – bromeé.

En eso, un extraño ruido, similar a un rugido, pero más errático, logró oírse a lo lejos.

Tenía que abrir la boca...

- ¿Hiro, qué puede ser eso? –dijo una consternada Philia observando cada centímetro circundante.

- Espera, intentaré averiguar- respondí utilizando mis habilidades de visión.

Por desgracia, lo único que había podido identificar eran restos de destrucción dejados por algún tipo de criatura que había pasado. No sabíamos de qué se trataba, pero algo era seguro, no estábamos solos en aquel lugar.

- Debemos movernos- dije tomando a la pelirroja del brazo. Hay algo allá afuera... y no podemos darnos el lujo de toparnos con él...

Con la vista fija en el mapa, apresuramos el paso. Lo que sea que deambulara por la maleza, no aflojaba el paso.

Debíamos llegar al otro extremo de la zona y rápido, ya que muy probablemente, allí estaría la sala del jefe.

Pasamos incontables minutos dejando atrás árbol tras árbol, mientras nos aproximábamos al punto, pero... una vez arribamos, no hallamos nada, sólo un callejón sin salida.

- ¿Eh? No lo entiendo, ¿cómo puede acabarse la zona aquí? – exclamé bastante confundido.

- No hay ningún tipo de entrada... ¿qué está pasando? – agregó Philia empezando a asustarse.

En ese instante, el extraño "rugido" de antes, comenzó a oírse mucho más cerca, como si viniese directo hacia nosotros. Para nuestra sorpresa, tan pronto como se acercó, éste se detuvo en seco.

- ¿Se habrá alejado? – preguntó la joven cazatesoros.

Abrí la boca para compartir mi observación, pero, un fuerte estruendo sacudió los árboles.

Ante nosotros ahora había aparecido un gigantesco escorpión púrpura con coraza luminiscente.

Algo aturdidos por el impacto, desenvainamos nuestras armas.

En eso una realización me golpeo de repente y esbocé una efímera sonrisa.

- Creo que encontramos al jefe...

Con "La Reina Amedister" reducida a fragmentos...

Si, ese era el nombre de aquella criatura...

Extendí una mano hacia mi camarada y la ayudé a levantarse.

- Buen trabajo, Hiro- exclamo ella con entusiasmo.

- No podía haberlo hecho sin ti, Aibou (Compañera) – respondí. De alguna forma, tus movimientos fueron más fluidos y mejor ejecutados que en veces anteriores.

- Quizás... tenga que ver con cómo me siento...

Arqueé una ceja.

- ¿Mmm?

- En nuestras otras batallas... siempre me sentí una brecha entre nosotros. Pensaba que sólo era una copia de la Philia original. Pero ahora, es diferente, y puedo sentirme como yo misma, una vez más...

Una sonrisa se dibujó en mi rostro al ver a la chica pesimista y desconfiada que alguna vez conocí, de un excelente humor y en buena forma. En eso, la cazatesoros pareció recordar algo y su seño cambió a uno de preocupación.

- ¿Ocurre algo, Philia? – pregunté.

- Acabo de recordar que... por lo que pasó en el desierto, no pudimos encontrar la sala del jefe. Aún nos falta vencerlo...

Coloqué mi mano sobre su hombro.

- No te preocupes, el jefe de esa zona no fue un problema...

Los ojos de la pelirroja se agrandaron al instante.

- Hiro... ¿estás diciéndome que te enfrentaste a él tu solo?

- No, yo sólo no podría haberlo vencido – dije simpatéticamente. Recibí ayuda... de un viejo amigo...


Comienzo del Flashback


- ¿K-Kaito? ¿Eres tú?

El joven descapuchado de pelos oscuros me miró confundido.

- ¿Te conozco de algún lado?

- Soy yo, Hiro...

Kaito cruzó los brazos y me miró sospechosamente.

- No te creo, no es posible. Conozco a Hiro, él no puede sujetar una espada.

En ese momento mi mente y mi cuerpo luchaban unos contra los otros. Sentía deseos de abrazar a quien había velado por mi bienestar todos estos años, pero aún debía probarle mi identidad.

Entonces, se me ocurrió la solución.

Fui al menú y de ahí a mi inventario. Sólo un objeto de allí ataría los cabos... para hacer que me creyera.

- El 7 de noviembre del año pasado... me obsequiaste esto... dije entregándole el pequeño libro.

Kaito lo tomó entre sus manos, no pudiendo creer lo que veía.

- Yo... le entregué esto a la encargada de la taberna... para que se lo diera a Hiro como regalo de cumpleaños. Me costó conseguirlo... tuve que...

- ¿Pelearte con una bibliotecaria NPC? – completé.

- Si... y un regalo así, no puede intercambiarse... eso quiere decir que... tú eres...

El pelinegro no logró acabar la frase porque ya había corrido a abrazarlo, con mis lágrimas fluyendo lentamente.

- Tengo mucho que contarte- murmuré rompiendo el abrazo. No vas a creer todo lo que ha pasado...


Fin del Flashback