Un par de minutos más tarde, se abre la puerta del cuarto de Prusia, quién a estas alturas es un drama y estaba planeando como irse de casa, le mira con el petate medio montado. Germania frunce el ceño duramente.
—¿Qué haces?
—Me voy de casa —sentencia. Germania se cruza de brazos. Prusia le mira y le imita cruzándose de brazos también.
—¿Y a dónde vas a ir?
—Pues... ¡A dónde yo quiera! ¡Seré un imperio yo solo! y os ganaré a todos —decide—. Seré el imperio más grande y más genial y nadie me golpeará porque sí y podré decir lo que quiera y tendré a Hispanien y a Frans conmigo. Y luego me llevaré a mein bruder.
Germania parpadea lentamente antes de sentarse en el camastro del albino.
—Ven —pide con voz grave y sería.
Prusia le mira nervioso porque acaba de contarle sus planes de insubordinación.
—Ven, acércate —insiste y él lo hace un poco, vacilando—. Vas a tomar tus cosas y vamos a ir a cazar —murmura poniéndole las manos en los hombros.
Prusia le mira un poco desconsolado. Germania le toma de la barbilla y le levanta la cara mirándole el sitio donde le pegó, que tiene rojo, desde luego, el pequeño aparta la vista y parpadea.
—Estoy enfadado —sentencia el adulto.
—¿Por qué? —le mira.
—Estoy enfadado conmigo —murmura.
—¿Con... tigo? —inclina la cabeza.
—Ja —admite en un susurro mirándole a los ojos.
—¿Por qué?
Germania suspira.
—Sohn —se encoge de hombros sin muchas respuestas sinceramente. Le da una palmadita en la mejilla.
—Pero... no entiendo —confiesa.
—Yo tampoco.
Prusia parpadea
—Entonces no te enfades —resuelve el pequeño sonriendo. El mayor suspira de nuevo sintiéndose un poco mejor al verle sonreír.
El albino vacila sintiendo que debería abrazarle o algo así, pero sin estar seguro, así que no lo hace. Germania se separa de él y se levanta de la cama.
—Vamos a ir a cazar igual, ningún plan se modifica —sentencia despeinando un poco a Prusia que sonríe un poco más, saca del petate un par de cosas que había metido para irse de casa y ya está preparado para ir a cazar—. Necesito que me ayudes a algo importante... Si lo haces te daré un premio a cambio —agrega antes de salir del cuarto.
—¿A qué? —le mira con entusiasmo.
—Si consigues que Deutschland diga otra palabra que no sea Rom... Te comprare un escudo nuevo.
Prusia levanta las cejas y le brillan los ojos. Alemania siente una perturbación en el universo.
—Ve a buscar mis cosas de caza... Ahora salgo.
—Ja! —asiente y... ahora no, porque se van a ir a cazar, pero va a machacarlo hasta que diga Preussen... y una vez diga Preussen... va a arrepentirse y va a machacarlo para que le llame Bruder. Se va corriendo.
Germania entra de nuevo a la cocina buscando a los inseparables que han desaparecido. Así que el germano suspira pensando que ya tendrá que hablar con ellos cuando vuelva.
Suspira de nuevo recogiendo las cosas y víveres que ha pedido que le preparen pensando en ir a despedirse de Alemania y sintiendo una sensación extraña en el estómago, pensando en el día anterior. Niega con la cabeza, tenso y triste otra vez (al menos no enfadado) yendo a buscar a Prusia que está en los establos con los caballos preparados
El rubio se va para allá, silbando y pensando que, bueno... Seguramente correr en los bosques y asesinar animales va a hacerle sentir mejor. Lo que silba, claro, es algo relacionado con Roma y en cuanto se da cuenta se tapa la boca y frunce más el ceño otra vez llegando al establo.
Prusia le mira y sonríe habiéndose olvidado ya del incidente de la cocina. Germania en cuanto llega le carga, subiéndole al caballo de un sólo y bestia movimiento.
—¿Y cómo será mi nuevo escudo? —pregunta Prusia ignorando la bestialidad.
—Depende de lo difícil que sea la palabra que diga —pone el hatillo de comida en el caballo de Prusia y se sube a su caballo.
—¡Tiene que ser blanco con dos franjas negras y tener la águila bicefala de nuestra casa! ¡Spanien y Frans tienen que morirse de miedo nada más verlo y saber que no pueden meterse conmigo!
Germania asiente un poco considerando esta una idea muy buena.
—El día de hoy estas siendo un digno hijo mío —valora mirándole. Prusia vuelve a sonreír orgulloso.
—Tiene que estar entonces antes de que vayamos a casa de Rom en Julio, así podré estrenarlo si peleo de nuevo con Spanien —asegura para sí mismo (oh, sí, ya está hecho... y Prusia va también, que lo sepa todo el mundo)—. Mañana le enseñaré a decir mi nombre.
Germania le mira de reojo.
—No estoy seguro de que vayamos a ir a casa de Rom.
—¿Eh? ¿Por qué no? —le mira.
—Porque Rom y yo... Estamos enojados.
—Pero él te invitó —inclina la cabeza.
—Ja, antes de enojarnos.
—¡Oh, y se echó atrás! ¡Es un tonto! —protesta frunciendo el ceño
—Nein, no se echó atrás —frunce en ceño—. Yo no quiero ir.
—Pues voy yo y le digo que es un tonto, ¿Sí? —propone, porque de hecho sí quiere ir a ver la capital del imperio y le gusta que le lleven a hacer cosas y piensa de nuevo en España y Francia para jugar, por que sus hermanos son como la cosa más aburrida del mundo.
—Nein, si vamos vamos todos... Y para eso falta mucho tiempo aún además...
—Entonces vamos y no te enfades con él, ¿sí? —propone de nuevo con una gran sonrisa.
—Ya veremos —con un nudo en el estómago —. Por ahora no quiero pensar en él.
—¡Pues vamos y le vencemos, le pegamos fuego y nos quedamos con su casa! —el sangriento.
—Mejor dejamos de hablar de él —murmura.
—¿Cuándo volvamos a casa puedo escribirle a Spanien y Frans un mensaje? —pregunta cambiando de tema... aparentemente.
—Nein.
—¿Por qué no? —ahora sabes, Germania, el motivo de traer a sus niños.
—Porque no nos interesan y tenemos que olvidarnos de ellos
—Pero...
—Nein.
Prusia baja los hombros decaído, mientras cabalga.
—Mejor hablemos de otro tema—insiste firmemente, tenso, maldiciendo al romano. No sólo era él el que le extrañaría ahora, eran sus hijos, y eso era aún peor que extrañarle sólo.
Prusia se queda unos instantes en silencio, pensando... de hecho planeando como va a escribirles sin que su padre se entere.
Unas horas más tarde, ensangrentados, sudados y cansados, vuelven con dos jabalíes gordos amarrados al caballo, y por lo menos Germania, los ánimos un poco más controlados. No ha pensado en Roma en los últimos 5 minutos.
Prusia lleva conejos, un ciervo y un pato, al que le ha dado mucha mucha mucha pena, matar, porque ha descubierto el nido y ha sido un accidente, así que lleva conejos, un ciervo, una mama pata y los huevos envueltos en un paño con mucho mucho cuidado.
Germania viene ayudándole un poco a Prusia a llevar al caballo, porque está muy cansado, contándole de las cazas más fantásticas que ha hecho en su vida.
Suiza es quien valientemente sale a recibirles, medio escondido entre los árboles, pero como realmente hubiera querido ir a cazar también, les mira genuinamente curioso desde detrás de un árbol y Prusia, que las ha oído mil veces, pero igual le encantan está pidiendo en plan "cuéntame de la vez que te encontraste con la manada de lobos".
Germania nota que Suiza les espía cuando llegan a la caballeriza, sonriendo un poquito de lado y dejándole hacer, ayudándole a Prusia a bajar del caballo en lo que termina de contar la de los lobos.
—¡Mira, Schweiz! ¡he traído la cosa más genial! —le muestra Prusia a Suiza sus huevitos en el nido—. ¡Vamos a tener patitos!
Suiza se acerca con curiosidad mirando a su padre de reojo, casi se derrite al ver los huevos, ilusionado.
—¡Patitos! —sonríe un poco pensando en el prospecto
—Ja, Patitos. Habrá que cuidarles bien entre todos —Germania se le acerca a Suiza y él da un pasito atrás.
—Ja! ya les he puesto nombre, mira este se llama Preussen, este se llama el increíble Preussen y este se llama el Poderoso emperador Preussen —señala a cada uno de los huevos... espera a que nazcan y se entere que son hembras.
Germania se agacha al suelo entre Prusia y Suiza. Él le mira.
—Hemos traído muy buena caza... ¿Dónde está Österreich? —pregunta el germano a Suiza quien mira a Germania y luego a Prusia. El austríaco está dentro existiendo en algún lado, como siempre. Suiza señala hacia la casa mirándole aún azoradillo.
—¡Dile que no puede tocar a los patitos, que son míos! —suelta Prusia para Suiza.
—Preussen, los Patitos son de todos nosotros —indica Germania levantando a Suiza del suelo, cargado, él se paraliza
Prusia hace una pedorreta con la legua y se lleva el nido adentro de la casa.
—¿Estas bien? ¿Qué hicieron hoy? —pregunta Germania un poco mucho, bastante más suave que en la mañana. Suiza le mira tenso aún mientras entran a la casa.
—Flechas —murmura.
Prusia corre a la cocina con los huevos explicándoles a todos ahí que va a dejarlos cerca de la lumbre para que no mueran de frío y que a NADIE se le ocurra comérselos.
Si hay algo que tiene el awesome Prusia es una increíble personalidad y capacidad para hacer que las cosas avancen como pocos personajes más tienen...
