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XXV

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La consolación de los tontos.

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—La ropa común provoca mayor grado de quemaduras en la piel que en las áreas en las que no está presente. Existen vestimentas de protección de fibra que ofrece la seguridad necesaria. Ésta, por ejemplo, incluye una alta protección contra el arco eléctrico y además contra las flamas.

Todo ese lugar no es nuevo para Sakura.

Lo ha visitado más de diez veces en lo que lleva estando en el Cuartel pero para Sasori, piensa, es la primera vez. No considera que sea una mentira, más bien un secreto. No está segura, además, de querer decirle la rareza de su procedencia en un largo tiempo. De hecho, espera que nunca lo sepa.

Estando a su lado todo parece ser menos pesado y menos tenebroso. Porque si bien está acostumbrada a ese tipo de ambiente, rodeada de tecnología, aún no lo acepta. Es inevitable no traer a su mente todos esos momentos aterradores y dolorosos siendo usada como mero fin de investigación para lo que se suponía era en pro de la vida y el bienestar de la nación.

Las buenas acciones siempre tienden a tener un origen bastante lúgubre pero ella es una chiquilla. ¿Qué iba a saber, no?

Estar rodeada de esos aparatos, del pitido de los equipos, del olor a metal y a veces alcohol etílico, no es nuevo pero tampoco es algo que le agrade.

A esa mujer, la dichosa doctora Kurenai, es la primera vez que la ve.

Nadie lo sabe pero desde que Sakura ha llegado al Cuartel, día con día es examinada. Todas esas veces que se reúne un poco tarde con Sasori o que simplemente no pueden verse durante unas horas, es porque está metida en los laboratorios de SHINOBI. El trato, si bien no es un dulce campo de tulipanes, dista mucho de la crueldad con la que fue tratada hace años.

No son amables pero tampoco inhumanos.

La miran, cada vez que es un poco sedada y medicada antes de sumergirse en las cápsulas de análisis, con mucho detenimiento pero no le temen. O eso es lo que ella siempre quiere pensar. Como si ese tipo de cosas no fueran anormales conociendo el mundo en el que viven actualmente.

Es…diferente, sí, pero al menos no la torturan ni nada que se le parezca. Y en todos esos estudios que le hacen, es la primera vez que ve a esa mujer.

—¿Y si Sakura usa esto, seré capaz de no lastimarla cuando la toque con mis hilos?

—En teoría—Brazos al frente, espalda derecha, cabeza alzada. Con cuidado, como un familiar arropa a un conocido, la tela se desliza por encima de la malla deportiva que Sakura usa, ajustándose a la perfección—. Esto servirá para protegerte de ahora en adelante durante tus entrenamientos con Sasori —la pelirrosa solo asiente—. Es una medida temporal en lo que confecciono un traje que sea adecuado y 100% seguro para ti.

Un traje, piensa.

Un traje para que los hilos de Sasori no la lastimen.

Porque, ahora, son algo así como el dúo estrella de SHINOBI. O al menos eso es lo que Sasori siempre le dice, sonriente de oreja a oreja, durante los descansos con Iruka.

Están en boca de todos de una manera que nadie hubiese esperado. Pero al ser la noticia más reciente del Cuartel, las miradas están sobre ellos, incluidas las del propio Canciller.

—Préstame tu guantelete, Sasori —el pelirrojo la mira, accediendo, curioso—. El carrete se quemó debido a la sobre rotación de los hilos. Iruka debió ponerlos en demasiados aprietos como para que tuvieras la idea de usar algo en lo que eres realmente bueno en práctica para un duelo —elogia la azabache consiguiendo que el menor se avergüence un poco.

—N-no fue para tanto —sonrojado mira a Sakura de reojo—. Y no fue mi idea. Fue de Sakura —confiesa.

—Ya veo —acercándose con la cautela suficiente, Kurenai intenta tocar el brazo de la pelirrosa, fallando notoriamente pues la desconfianza es evidente en tanto Sakura la mira. Kurenai suaviza su mirada, intentándolo una vez más—. Tranquila, no voy a lastimarte, solo voy a revisar tus heridas.

—¿E-es grave? —pregunta Sasori, interesado, pues ha sido él (de manera no intencional, claro está) quien le ha hecho tales heridas. Antes de que pueda acercarse lo suficiente Sakura intercambia miradas con Kurenai. Sí, no la conoce, y no sabe hasta dónde es capaz de decir pero Sakura tiene claro una cosa: mantener su secreto lejos de él. Incluso si es a costa de las intenciones de esa mujer.

—No, sanará pronto —para su sorpresa no tiene que fingir, si quiera, que miente. El semblante suave de Kurenai no tiene aberturas por las cuales alguien deba sospechar nada y Sasori, siendo un niño además, solo se conforma con su palabra—. Por el momento usa esto ¿de acuerdo? —le sonríe dándole un pequeño botecito negro. Un ungüento seguramente—. En cuanto a ti, Sasori, modificaré tu guantelete para que corresponda al uso que le darás de ahora en adelante.

—¿El uso que le daré?

—¿Aun sigues pensando que no serías un excelente soldado?

Ah, ese tema, piensa él. Creía que ya se había librado de eso.

Tch, ¿Por qué todos siguen mencionándolo?

—Porque lo serías —la soldado mira de reojo a Sakura quien luce concentrada en un par de aparatos que Kurenai tiene en su mesa de trabajo—. ¿No quieres proteger a Sakura? —el de ojos cafés se sonroja.

—No hace falta —dice Sakura, seria. ¿En qué momento se les ha acercado de nuevo?—. Porque yo lo protegeré a él —Kurenai ríe, entretenida por ese inusual comportamiento en el pelirrojo.

—Sakura ¿podrías quedarte? Necesito revisar tus niveles de hemoglobina —Sasori, más atento que nunca a todo lo que le acontece a Sakura, aparta la mirada de la susodicha, olvidando por completo su vergüenza.

—¿Por qué? ¿No está todo bien con ella? —cuestiona, sin ocultar lo entrometido que se ve seguramente. Sakura solo comparte miradas discretas con la mujer pues ambas han sido suficientemente entrenadas para camuflar lo que sienten a través de los años. Kurenai, por su padre, el antiguo director de esa área, y Sakura, por la vida misma.

—Descuida —sonríe la médico—. Es solo algo rutinario. Sakura había estado presentando un cuadro de anemia bastante severo cuando recién llegó así que es solo para comprobar que ya se encuentra completamente recuperada.

Miente.

Kurenai está mintiendo.

Pero ¿qué va a saber él? Sakura, sin embargo, es otra historia. A pesar de que sabe el motivo real de la evaluación, es lo suficientemente convincente en sonreír –porque es algo que ha vuelto a hacer desde que pasa tiempo con él- y no levantar sospechas. Prometiéndose verse en el almuerzo, uniendo sus meñiques, Sasori simplemente se va programando, también, una revisión rutinaria para mañana. De ese modo no hay sospechas acerca de nada.

Pero cuando quedan a solas, y Sakura se sumerge en esa cápsula llena de agua, los datos que arroja la pantalla dan un panorama distinto.

Kurenai lo sabe.

A pesar de haber sido recientemente asignada a vigilar y realizar diagnósticos periódicos a Sakura debido a lo que es, no deja de sorprenderse como cualquier otro ser humano al que le dijeran que la cura del cáncer existe.

Es una científica, sí, pero su padre siempre le advirtió sobre las incongruencias con las que se toparía a través de los años. Que debía estar lista para creer en lo imposible. Y que debía ser tan fría como el hielo pero tan cálida como el verano.

Su padre partió de ese mundo con una sonrisa, y Kurenai prometiendo que, antes que nada, estaría a favor de la vida y de la posibilidad de ayudar a quien lo necesitase. Por eso se enlistó en SHINOBI.

"¿Puedes prometerme…que me dirás todo acerca de ella, y que la cuidarás cuando yo no esté cerca?"

Por eso metió una solicitud para llevar el registro de esa chica. Iruka fue demasiado insistente en ello del mismo modo en que lo fue cuando Sasori llegó a las instalaciones. Iruka, quien no tiene ni padre ni madre, es posible que vea en esos niños la única familia que le queda.

Familia.

Un término vivo.

Sin embargo, esa chica…

La exploración física exhaustiva no miente. Las mediciones gráficas proyectadas en su pantalla, donde se acentúa la curva del crecimiento, es ridícula. Sus signos vitales, sin embargo, lucen normales.

—Sakura.

—¿Sí, doctora Kurenai? —la voz de la pelirrosa se oye sintetizada debido a la mascarilla que tiene cubriéndole casi la mitad de la boca. Kurenai aparta el micrófono integrado al tablero, y apaga la grabadora que, supuestamente, siempre debe estar encendida durante las exploraciones, a modo de expediente.

—¿Qué edad tienes?

No hay respuesta.

No, al menos, durante los primeros segundos en los que la mujer quiere atribuirlos a la incomodidad de responder dentro de un enorme tubo repleto de agua.

Vuelve a observar las gráficas.

La premisa debe ser incorrecta. O eso quiere creer pero el silencio de Sakura es distinto al de una persona atormentada por responder. Luce…desmoralizada. Resignada, pero además firme. Claro, después de todo, ella lo sabe más que nadie.

Lo que es…Lo que han hecho.

Lo que la doctora Kurenai notó en cuanto evaluó, primeramente, sus signos vitales.

Parece que la clave de la inmortalidad no se encuentra en el Santo Grial, sino en esa chica. Y aunque le parece sumamente fascinante el hecho de que esté viva ante la ausencia del órgano primordial que da la vida, también está aterrada. En todos sus años de servicio no ha visto tal cosa.

—Tengo catorce, creo —finalmente la oye contestar.

Esa extraña…mutación. Esa configuración genética…

—¿Desde hace cuánto?

Un envejecimiento con morosidad prodigioso, como si sus células fueran inmunes al tiempo.

—Hace mucho.

Es un cuerpo sin corazón.

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I

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Con el Canciller tiene un acuerdo pues solo él sabe -un poco más que el resto- a cerca de lo que Sakura es.

No obligarla a nada a menos que ella se lo pida y, por supuesto, mantener en secreto su extraña procedencia y rareza. Además de él, solo la doctora Kurenai, a la que Sakura le ha obtenido una ligera confianza, sabe sobre ella. No es como que sea una idea grandiosa ventilar que Sakura es el resultado de un extraño e inhumano experimento en el que su configuración genética ha sido alterada de manera brutal.

Eso sin olvidar su rápida regeneración de tejidos que le permite casi, al instante, cicatrizar cualquier herida en cortos periodos de tiempo. De hecho las heridas que Sakura se esmera por cubrir, presuntuosamente ocasionadas por las quemaduras ante los hilos electrificados de Sasori, no existen más. Pero sería poco conveniente y sumamente raro explicárselo a él, y mucho más al resto. Kurenai se ha dado cuenta al revisarla, aun estando Sasori presente, más ha guardado silencio y la trémula calma en todo momento.

Y por si eso fuera poco…

—¿Ralentización de crecimiento?

A unos metros, los gritos impulsivos de Sasori y los jadeos de Sakura durante el entrenamiento.

Tres veces por semana son imparables intentando rehacer la grandiosa combinación de hace apenas unos días. Además de eso, Iruka le ha puesto un régimen diferente al pelirrojo con el fin de fortalecer su resistencia física. Si bien Sasori es delgado, el hecho de mover tantos los brazos y piernas pueden sobre exigir su cuerpo, por lo que desde temprano, antes del entrenamiento en conjunto con la pelirrosa, Sasori entrena arduamente para obtener mayor complexión física.

Sin olvidar mencionar, además, que Sakura practica mucho más con la espada pues parece haber obtenido un gusto particular por ésta.

—La configuración genética de Sakura es…asombrosa —Iruka no se sorprende, o quizá está haciendo un esfuerzo sobrehumano para aparentar estar hablando del clima con Kurenai a cada tanto él voltea a ver a sus pupilos—. No es una enfermedad, es más bien como una mutación. Es como si sus células fueran inmunes al tiempo —el soldado, atento a todo lo que dice, quiere considerar la idea de que todo lo que sale de su boca lo ha sacado de algún reporte redactado por algún soldado ebrio—. Todo corresponde a la edad que dice tener pero incluso sus huesos podrían tener un desgaste debido al tiempo que ha mantenido dicha edad.

Todo eso no tiene sentido.

No lo tiene porque, en primer lugar, Sakura luce como una jovencita.

A simple vista lo es y no hace falta que Kurenai le diga que tiene catorce para que lo compruebe pero lo que le está diciendo, en palabras simples y absurdas cabe decir, es que…

—¿E-estás diciendo que su edad biológica no son los catorce años? —silencio. Kurenai luce con la mirada perdida en el entrenamiento de ese par. Demasiado atenta o quizá demasiado pensativa—. ¿Tan si quiera es eso posible?

—¿Crees que miento? —cuestiona, serena, hurgando además dentro de los bolsillos de su bata, obteniendo un cigarrillo. Iruka frunce el ceño, tenso.

—Creí que habías dejado ese hábito —la mujer no se inmuta, encendiéndolo—. A Asuma no le gustaría ver como repites lo mismo que él —Kurenai ríe, amargo.

—¿Sabes? Hace tiempo, cuando murió, no creía en la posibilidad de que algún ser vivo pudiese vivir tanto tiempo sin el motor esencial que nos da vida —el soldado, confundido, frunce el ceño de nuevo—. Quizá, solo si Sakura hubiese llegado antes, habría podido convencerme de que tal posibilidad sí existe y hubiese luchado hasta el último minuto por salvarlo.

—¿De qué hablas?

—Te lo dije ¿no? —hace una pausa, soltando humo luego de una calada—. La configuración genética de Sakura es asombrosa pero lo que es más asombroso aún es el hecho de que esté viva.

—¿Por qué lo dices?

Ah, el cruel mundo.

La manera en la que Sakura percibe cómo la mira Iruka, mientras toma un descanso en compañía de un agitado Sasori, cambia.

Y no le sorprende en realidad el tipo de mirada que hace conforme, aparentemente, Kurenai le continúa bombardeando con la verdad de su cuerpo.

Siente, de pronto, pesadumbre.

No le extraña que la mirada de Iruka sea de incredulidad, miedo y hasta de rechazo. No sería la primera persona que la ha visto así una vez que se enteran de la verdad. Una verdad en un 50% descubierta dado que Kurenai ha insistido, luego de ver su electrocardiograma, evaluarla diariamente en un periodo de tiempo en el que Sasori no esté presente.

Sakura supone que eso que le ha dado tal expresión de escepticismo a Iruka es lo que, por mucho tiempo a ella misma, le sabe a una penitencia.

No hay pulsaciones.

No hay registros.

No hay nada.

Porque en realidad…

—Sakura no tiene corazón, Iruka.

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II

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Nada e insignificante.

Con el pasar de los días a Sakura se le ha dado muy bien lo de mentir.

No resulta una tarea difícil considerando que su semblante es casi el mismo durante todo el día. Y uno se pregunta cómo es que puede fingir que nada sucede en ella.

Iruka, observador como solo él es, analiza cada gesto, cada pliegue, cada diminuta sonrisa que hace cuando está con Sasori. Con el resto del mundo, incluso en sus sesiones con Kurenai, es alguien completamente diferente.

Como si estuviese acostumbrada a ser usada para ser examinada de mil formas. Y nada de eso le asombra más que la manera tan apagada con la que dice: sí, a cada una de las hipótesis que Kurenai elabora cada minuto del día, y aún más la disposición de Sakura por responder a todo lo que le pregunta.

Eso, sin embargo, queda entre ellas.

A pesar de que Kurenai es un elemento más dentro del Shinobi que debe rendir reportes meticulosamente detallados con respecto a Sakura, ella los altera. Y aunque eso, en primer instancia, ponía demasiado nervioso a Iruka, con el pasar de los días entendió que lo que su compañera, y amiga, hacía no era para objetivos propios.

—¿Por qué siempre apaga las cámaras cuando está conmigo? —oye a Sakura hablar luego de salir de la cápsula y cubrirse solo con una manta.

Kurenai tiende a darle un caramelo cuando finalizan cada evaluación no sin antes, también, apagar micrófonos y cámaras.

Iruka, quien ha sido invitado en más de una ocasión a vivir el proceso con su amiga, siempre había desistido. Quizá su renuencia, a creer que Sakura era algo más allá de lo que ellos eran capaces de comprender, era lo que le retenía.

Quizá era miedo.

Quizá era todo.

Sin embargo Sakura nunca ha reprochado nada. No ha exigido un trato mejor. No le ha pedido que no sienta miedo hacia lo que es ella.

—No me gustaría que nuestros secretos se ventilaran por ahí —dice la mujer, tomando sus manos delicadamente, como si se tratara de una vieja amiga.

Medio año ha transcurrido ya y, aunque para que un gran cambio sea notorio en el crecimiento de una persona deben pasar más tiempo, Sakura continúa igual.

—Sasori ha crecido cinco centímetros —suelta la pelirrosa, monocorde.

Pero incluso aunque su tono de voz es apagado hay una ligera alteración en su pulso cuando nombra el nombre del menor. Kurenai lo sabe pues aún están conectados los cables a ella, verificando sus niveles de todo.

E Iruka, quien ha estado apartado de todo en silencio, puede notar ese cambio de semblante.

El infierno sobre ella. Todas las dudas también. Y a pesar de eso…

—Tú también podrás llegar a crecer un día, Sakura —le promete Kurenai—. Solo necesito un poco más de tiempo para…

—No me gustaría que nuestros secretos se ventilaran por ahí —interrumpe la pelirrosa, aturdiendo demasiado a ambos adultos en tanto oyen como cita la oración que hace segundos Kurenai le ha dicho—. ¿Qué tanto puedo confiar en usted, doctora Kurenai? —la mujer engrandece los ojos, sorprendida.

—¿Sakura?

Está harta.

Está agotada.

Está a punto de llorar.

Que tonto, piensa.

Algo como llorar es un privilegio para las personas que son normales.

Y ella no lo es.

No tiene permitido hacerlo.

Incansables veces se lo dijeron y la hicieron aprender a no tener otra emoción más allá de la neutralidad. Viejos hábitos nunca se olvidan pero por sobre todo no quiere faltar a la promesa que le ha hecho a esa mujer que le dio todo de ella. A pesar de Sakura sabotearse a sí misma creyendo que puede volver a comenzar desde cero, no puede.

No quiere arrastrar a más gente.

Sasori.

Sasori.

Especialmente a él.

Es tan parecido a Mikoto…, y no quiere que él termine como ella.

No sabe lo que va a conseguir tras decirle todo a Kurenai, y mucho menos a Iruka, pero de entre toda la gente de ese lugar, ellos dos son las únicas personas, incluyendo a Chiyo y a ese niño, que no la tratan distinto.

—¿Puede prometerme una cosa? —la mujer asiente, segura, apretando su mano en tanto Sakura, inhóspitamente, también se dirige a Iruka—. ¿Ambos?

—Lo que sea —finalmente dice, acercándose.

—No quiero que él lo sepa —garganta cerrada. Y esa sería la primera vez que verían llorar a Sakura de manera desconsolada contando lo que es, lo que le han hecho, y lo que le queda por hacer. No sin antes prometerse a sí misma…—. Sasori. Nunca le digan nada sobre esto.

...proteger esa sonrisa.

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III

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En la víspera del primer año de Sakura viviendo ahí, hay un ataque.

Iruka es reclutado, por supuesto, dejando a Sakura y Sasori a cargo de Chiyo. Ese, de hecho, es el primer cumpleaños compartido.

El primer sople de velas.

El primer deseo.

—Como no recuerdas el día que naciste, cada que yo cumpla años, tú también lo harás ¿de acuerdo?

Kurenai es invitada a la celebración también. Y a Iruka se le guarda una rebanada de pastel para cuando llegue.

Al día siguiente es felicitado públicamente por el Canciller por su gran desempeño en la misión. Y por eso, y por muchos otros logros obtenidos a lo largo de ese año, es promovido.

—¿Fenrir? —Iruka asiente, viéndose demasiado gracioso con ese gorro que Sasori le ha obligado a usar.

Ahora es víspera de navidad y ha sido realmente suerte haber conseguido un pastel en cosa de nada. Kurenai ha subido al exterior para conseguirlo con todas las especificaciones que Sasori junto con Sakura le han pedido a cerca de sus sabores favoritos.

—El Canciller quiere llamarlos así —dice el castaño, llevándose una uva a la boca, sentado al lado de Kurenai. Sasori en frente con dos asientos a su lado vacíos aún.

—¿Y tú serás uno? —el soldado asiente—. Pero si eres un debilucho —comenta, burlesco, recibiendo un escarmiento menor al sentir sus cabellos removerse por su amplia mano, riendo en el proceso.

—¿Dónde quedó el respeto a tus mayores, pequeño Sasori? —ríe el hombre a medida que las risas de Sasori también aumentan—. Vaya, ya tienes once pero has crecido bastante —confiesa, acariciando con más suavidad su cabeza.

Sip, pronto mediré lo mismo que un poste de luz —bromea, provocando la risa de los dos mayores—. Aunque me gustaría decir lo mismo de Sakura. Si no se apresura la dejaré atrás.

Ambos adultos callan.

Más bien no saben que decir, aunque no se preocupan mucho en pensar en ello dado que Sasori es un niño, aún, que apenas puede leer la tensión en el aire. Sin embargo, lo meditan en silencio al intercambiar miradas discretas. En ese último año Sasori ha crecido tanto física como emocionalmente. Y es gracias a que Sakura está con él, por lo que resulta un poco agrio el ver como la pelirrosa no recibe nada de la vida a pesar de ser una más en el mundo.

No crece.

Y no saben hasta cuándo lo hará.

Pues, según la propia pelirrosa, la decisión está en ella misma.

No hay algo que Kurenai pueda hacer o crear en su laboratorio para reactivar la inercia de su desarrollo y hacerla crecer. Otras personas estarían fascinadas de poder identificar el agente, y luego la edad adecuada, para detener esa inercia, como encontrar un interruptor de apagado, para que al hacerlo se produjera una perfecta homeostasis y así conseguir que los humanos fueran biológicamente inmortales.

Al Canciller, por ejemplo, le fascinaría.

Para Sakura, por otro lado, haberse sacado el corazón –porque prácticamente lo ha dicho así tal cual- es una especie de castigo.

—Dada su larga duración hasta alcanzar la descomposición, la piel de un Draug puede conservar su resistencia durante mucho tiempo. No es lo mismo, claro, un No Muerto reciente con articulaciones en perfectas condiciones que un saco de huesos o uno medio podrido —explicaría Kurenai meses atrás tras haber visto llorar a Sakura por primera vez, aceptando confiar en ellos únicamente—. Sin embargo, ésta particularidad, al igual que se extraen cadenas moleculares de un animal, podría ser extraía, de igual forma, de uno de ellos para beneficios propios.

—Pudo —corrige Sakura refiriéndose a que ella es la prueba, sentada en una silla giratoria, haciendo ruido con el envoltorio de un caramelo. Iruka, a su lado, le da esa seguridad, a través de su mirada amable, para continuar.

—Esa cadena molecular fue inyectada en humanos —sintetiza el soldado intentando hacer menos pesada la carga de Sakura en relatar.

—¿Sabes lo que sucedió con el resto de los experimentos? —la pelirrosa niega.

—Lo más probable es que hayan muerto —confiesa, pesarosa. Iruka toma su mano con fuerza viendo como ese diminuto cuerpo se contrae al tener recuerdos que no quiere ver en su mente otra vez—. Fui la única que se adaptó a la vacuna que ellos crearon.

—El virus, llamémosle así, evolucionó en ti ¿no es así? —la respuesta es afirmativa para Kurenai quien se detiene, por vigésima vez, a ver los gráficos en la pantalla que hay a sus espaldas—. Se adaptó a ti y por eso compartes ciertos patrones que los No Muertos poseen —de nuevo, el silencio afirma—. Sobre tu corazón…

—Los No Muertos anteriormente fueron personas. Poseían un corazón aun cuando se ocasionó la transformación por primera vez pero, al igual que un típico zombie, este deja de ser útil. Sin embargo los No Muertos no son zombies que se degeneran. Se mueven debido a los pulsos eléctricos que emite el cerebro. Pueden durar hasta una década hasta que los músculos se descompongan lo suficiente y no puedan moverse —explica la pelirrosa, y Kurenai, además de sorprendida por la facilidad y la precisión con la que Sakura se expresa como una enciclopedia andante, siente consternación ante la hipótesis que lentamente se alimenta con cada dato nuevo.

—Entonces…para que el factor de conservación de su cuerpo sea efectivo…—Sakura aguarda quieta, en el silencio, mientras Kurenai se lleva una mano a la boca intentando evadir la mueca descompuesta en horror que debe estar haciendo en ese preciso momento debido a la deducción que ha hecho.

—¿Qué? ¿Qué es lo que tiene que suceder? —exige saber Iruka.

—Tu corazón debe ser inservible. Para nosotros, los seres humanos que fuimos sometidos al procedimiento, teníamos que dejar algo atrás. Los No Muerto ya están muertos, valga la redundancia, por lo que un corazón no es necesario. Puede alojarse dentro de ellos pero no sirve. Pero, para quienes estábamos vivos y listos para ese proceso…

—…necesitaban deshacerse del corazón.

—Así es.

—Como No Muertos domesticados —Sakura aparta la mano que Iruka le ofrece, encogiéndose en su asiento con la mirada perdida—. No. Solo querían obtener las mismas habilidades de un No Muerto en una persona viva.

—Irónicamente, para ello, el corazón es innecesario —argumenta la médico, mirando con tantas lamentaciones a ese pequeño cuerpo.

—Yo…crecí algún tiempo —revela, atrayendo la atención de ambos—. Puedo vivir de ambas formas. La pérdida de sangre y tejido no es problema debido a la regeneración que poseo por lo que es casi como jugar a ser Dios —ironiza, ácida. Hay tanto odio, de pronto, inyectado en sus ojos y en sus palabras que de ser líquido esa habitación parecería una ciénaga—. Desconozco el paradero de mi propio corazón pero el corazón que se me había dado, antes de yo misma sacármelo a modo de penitencia, le perteneció a alguien más —Iruka traga grueso mientras Kurenai se muestra firme—. Antes de que el Canciller me encontrara yo tuve una vida feliz. O al menos un suspiro de lo que creí que era una.

—Dijiste que escapaste de las instalaciones donde te hicieron una especie de híbrido ¿verdad? —Sakura asiente—. El corazón que se te dio… ¿es de alguna de las personas a las que conociste luego? —los labios de la pelirrosa tiemblan y los ojos le arden de pronto.

Es tan doloroso hablar de eso. Tanto que en verdad quiere morir. Quiere regresar el tiempo y evitar nacer. Quizá así nada habría sucedido.

Nada.

Y la vida para Mikoto y su familia hubiese tenido un final diferente.

—Kurenai —Sakura oye la voz de Iruka, firme y grave, más no se ocupa en mirar qué cara está poniendo—. Es suficiente por hoy. Ya nos ha dicho mucho —pide él en favor de la pelirrosa pues ha sido exactamente así. Y duele, en verdad, ver como una chica tan pequeña tiembla ante cada recuerdo que cuenta. Para su sorpresa Sakura le toma del brazo, negando además—. ¿Sakura?

—Sí —da respuesta a la pregunta anterior, e Iruka solo puede ver la flama enardecida en sus ojos—. Mi parte No Muerto no requiere de un corazón pero hay bastantes beneficios y ventajas que obtiene un híbrido si se le implanta uno.

—Crecer es uno de ellos ¿verdad? —reanuda las preguntas Kurenai, e Iruka poco o nada puede hacer al respecto, resignándose a escuchar solamente.

—Los escuché hablar sobre ello varias veces —Sakura hace una pausa, cerrando los ojos, como si de esa manera concentrara focalmente haces de recuerdos en particular orden—. Cuando comencé a desobedecerles, ellos hablaron muchas veces de lograr un híbrido genuinamente nacido como tal, no creado, como yo y el resto.

—¿Qué habría de diferente entre un nacido híbrido y uno sintético? —interviene el castaño, interesado. Kurenai lo medita un poco antes de responder algo coherente.

—En primer lugar, opino, que un control completo de sus particularidades. Los No Muertos solo reaccionan a un patrón. Un instinto asesino que tarde o temprano podría presentarse en un híbrido sintético. Después de todo parte de la naturaleza, en este caso, de Sakura la ha obtenido de uno de ellos —la oji esmeralda asiente—. ¿Has tenido tendencias agresivas?

De nuevo las memorias.

Duele tanto física como emocionalmente mientras hace el esfuerzo.

Apenas distingue formas a pesar de que sabe perfectamente qué es lo que ha sucedido cuando ha dejado a Mikoto atrás. ¿Está bien con decir únicamente que sí, pero sin contar más? Por el momento solo asiente.

Asiente y vuelve a asentir.

—¿Qué tan a menudo te ha sucedido?

—Una vez —responde, seca.

No quiere decir más.

Decir es hacerse recordar.

Recordar cómo ha perdido el control o cómo la han obligado a perderlo al darle ese corazón. Se ve a ella misma sobre una plancha metálica y a lado, esa persona. Le ha arrebatado todo también a esa persona y al no sentirse merecedora de ella, se lo ha arrancado, ocultándolo. Congelando su crecimiento en el proceso.

—Significa que si volvieras a tener un corazón, ¿crecerías? —asiente—. Entonces ¿por qué…? —Iruka calla al verla cabizbaja. Una penitencia es lo que Sakura ha dicho que está pagando. Se ha prohibido crecer a causa de todo lo que ha hecho. Porque piensa que la muerte es para los privilegiados.

—Ese corazón ¿está seguro? —pregunta Kurenai, intentando desviar un poco la tensión.

—Sí —Sakura hace una pausa, y un gesto extraño, antes de seguir—. Pero no deseo decirles por el momento.

—Completamente comprensible.

¿Y entonces qué? Piensa Iruka, ansioso.

Pasarán los años y ¿se negará a crecer? La realidad suena tan absurda y ficticia pero en ocasiones la verdad suena así de descabellada. Además ¿qué ganaría ella en estarles inventando una historia así? Los gráficos tampoco mienten. No hay pulsaciones. Nada.

Su tiempo se ha congelado dolorosamente y ellos no son nadie para decidir sobre ella.

Sakura ha sido demasiado indulgente como para contarles algo que ni siquiera al Canciller le ha dicho. Correr tal riesgo porque ella misma está harta de cargar con todo eso, es cuando Iruka se pregunta qué tanto ha tenido que soportar, porque sospecha que no es todo. Que apenas es la punta del iceberg lo que les ha dicho.

Y con la punta, tanto él como Kurenai, están aturdidos.

Deben parar, al menos por ese día.

—Ya viene siendo hora de que vayas a tus clases con Chiyo ¿no, Sakura?

Chiyo.

Sus clases.

Sasori.

La realidad no es tan mala después de todo ¿no es así? A medida que sale del laboratorio, y pasa a su habitación solamente a recoger sus libros de texto, lo siente. Está viva de alguna manera. Y aunque los blancos pasillos no se comparan en nada a la protección de un bosque, está caminando.

—¡Te he estado buscando por todos lados!

De regreso a la víspera de Navidad, Sakura está nerviosa de entrar a esa habitación. Kurenai e Iruka son los primeros en verla llegar, y los primeros en sonreír en tanto la ven vestida para la ocasión.

—Sakura, ya estás aquí.

Sasori, en tanto oye su nombre, voltea con el mismo frenesí de aquella vez. Pero ahora no está tirando de su mano para apresurarla a llegar a clases. La efusividad muere de a poco pero no porque esté entristecido de verla. Chiyo, a su lado, le da un empujoncito haciendo que los tacones bajos hagan el sonido respectivo sobre el piso.

Ese bonito vestido.

Ese bonito carmín.

Ese bonito cabello,

Y esos bonitos ojos.

La recuerda.

Esa primera vez en la que se vieron.

Tan distinto panorama.

Sakura, en cambio, hoy luce como la princesa que en algún momento de su vida deseó ser. Aunque no hay una tiara de flores hecha por Mikoto esta vez, el sentimiento que le infla el pecho es parecido.

—Ya no luces como una vagabunda —esa misma ironía, esa misma sonrisa, esos mismos ojos que no la rechazan.

Está en marcha de nuevo.

Ya no, quizá, de la mano de Mikoto. Ni de Fugaku. Ni de Itachi, su hijo mayor. Ni de ese bebé al que ha dejado atrás.

—Es su forma de decir que estás guapísima —bromea Iruka, y el rojo de su cabello también adornan sus mejillas.

—¡O-Oye!

Sino de la mano de alguien más.

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IV

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La curiosidad y la inocencia es algo que Sasori, a pesar de estar por cumplir los doce, no abandona su cuerpo.

La familiaridad con la que los tres se tratan, ahora, deja en un plano bastante lejano y surrealista a esa primera vez en la que Sakura visitó el área de trabajo de la soldado. Aunque Sasori ya no toquetea tanto como antaño, su personalidad hambrienta y –¿Por qué no decirlo?- sobre protectora para con Sakura es algo bastante destacable en esos días.

Durante esos dos años se han vuelto un dúo bastante envidiable entre los soldados.

Enserio ¿qué cosa es lo que les da Iruka a ese par para haber mejorado tanto en ese tiempo?

Los reflejos de Sakura son envidiables, y su manejo de la espada es fuera de este mundo. Sasori, por otro lado, con solo doce años casi tiene la estatura de Sakura. Y aunque sigue teniendo la talla adecuada de acuerdo a su edad, según Kurenai, se encuentra en el límite del rango en masa muscular.

Lo que parecía una tarea imposible, el lidiar, no solo con la torpe motricidad de su cuerpo y su pésima coordinación sino además soportar el peso de su compañera, hoy día parece que lo han superado y con altas expectativas.

Aunque no todo el crédito es para ellos.

Iruka les ha entrenado arduamente y ha sacado a relucir sus fortalezas en lo que va del último año. Sasori, finalmente, puede sostenerle –incluso hasta hacerle sudar- un duelo. Además de ellos, Kurenai ha mejorado el traje que ha confeccionado especialmente para ambos al menos unas cinco veces, perfeccionándolo cada vez más.

Ésta, de hecho, es la prueba seis del traje de Sakura.

Y por el cual Sasori no puede evitar preguntar siempre.

—¿De qué está hecho?

—Micro células.

—¿Eh?

—Algo como placas de metal es muy pesado y poco práctico para el combate —explica la mujer, acercándose a su mesa de trabajo seguido de ellos—. Esta versión del traje de Sakura la usaré como base para los uniformes oficiales de Fenrir —se oye una exclamación justa de un niño ansioso y emocionado—. Este traje consisten en millones de unidades discretas del tamaño de granos de arena, de este modo pueden ajustarse a cualquier forma, optimizando su eficacia —explica, levantando la tela superior, revelando una malla luminosa debajo de la principal, como si fuera un mecanismo vivo—. ¿Lo ven? Cada célula es una unidad pequeña que contribuye a la energía del traje completo. Para los uniformes oficiales su versión será estar activo el 100% del tiempo pero para el traje de Sakura será tanto inactivo como activo, es decir, el traje entero podrá "colapsar" a nivel microscópico. Podrá activar el traje cuando ella lo crea conveniente.

—¿Qué hay del arco eléctrico?

—El traje tiene finos hilos de fibra de carbono a modo de canales conductivos y repelentes de la energía. A través de ellos las cargas eléctricas serán expulsadas de tu cuerpo, reduciendo enormemente la tensión —finaliza, levantando el traje como un todo, mostrándoselos a ambos—. Estarás completamente protegida con esto —hace una pausa, alcanzando a tomar de su mesa de trabajo el nuevo prototipo del guantelete de Sasori—. He aumentado las revoluciones y reforzado los hilos. Serás capaz de manipular las armas como ya sabes pero también podrías llegar a cubrirte con ellos y crear una especie de armadura o incluso crear tus propias armas. ¿Por qué no te lo pruebas? —sugiere, entregándoselo.

Sasori se lo coloca en la mano izquierda, ajustándolo con un rápido movimiento de muñeca, moviendo sus dedos de manera curiosa.

—¿Cómo lo sientes? —pregunta Sakura, curiosa a su lado.

El sonido del metal siendo furiosamente tomado por los hilos le sorprende a ambas mientras Sasori ríe, emocionado cuando nota la rapidez de las revoluciones del guante.

—Es genial. Nos servirá mucho de ahora en adelante —le dice él, golpeándole la nariz juguetonamente a la pelirrosa, volviendo la vista a Kurenai—. ¿Cuándo estarán listas ambas cosas? —la azabache enarca las cejas, sorprendida.

—¿Cuál es la prisa?

Sakura y Sasori se dan miradas cómplices al mismo tiempo que sonríen con suspicacia. A lo largo de ese año se han vuelto inseparables y a Sakura, incluso, se le ha pegado parte de la personalidad bromista e irónica del pelirrojo. Bien dicen que los malos hábitos se aprenden con la convivencia.

—Lo hemos hablado con Iruka. En la academia no solo basta tener una excelente condición física, sino que también los someten a pruebas psicológicas constantes.

—Preparación intensiva para responder a cualquier peligro —secunda la pelirrosa.

—Antes de pertenecer a un escuadrón de SHINOBI se deben completar un par de años de entrenamiento en condiciones extremas.

La emoción y la sorpresa escapan del semblante de la mujer a medida que ese par la mira ansioso.

—Ya lo hemos decidido, Kurenai.

—Nos volveremos soldados —añade Sakura, sonriente.

¿Cuál es la distancia entre esa nueva sonrisa y lo lejano que está su dolor?

Sakura puede verse claramente de pie frente a la otra silueta que también la representa, completamente de negro.

Un alma corrompida siempre permanecerá de ese modo, así que estará en constante lucha con sus propios tormentos, pero hay algo que Mikoto le hubo enseñado hace mucho tiempo y que pretende mantener.

"No te sientas culpable por decidir, siente culpable de no intentarlo"

—Y seremos los mejores.

.

V

.

Lo fuimos."

En verdad lo fuimos durante ese tiempo"

A los doce, les llamaron prodigios.

A los trece, genios.

A los catorce…

—¿No te estás quedando algo bajita?

—Mira quién lo dice, señor poste de luz.

A Sakura ya no le molesta bromear sobre eso.

Sobre eso y sobre nada.

Puede justificarlo su nulo crecimiento a que simplemente Sasori está creciendo a pasos agigantados. Basta con solo verlo. La voz poco a poco deja de tener ese tono agudo. Su cabello está más largo. Su mandíbula, más pronunciada. Su cuerpo, además, se ha adaptado al riguroso ritmo de vida que ambos han cogido en el momento que decidieron volverse cadetes.

Siempre caminando juntos.

Uno al lado del otro.

Como ahora, compartiendo un momento de silencio mientras miran el falso cielo a través de esos paneles de led que Kurenai ha añadido a esa sala. Esa, al igual que muchas noches, se sumergen en lo que Kurenai llamó: El Invernadero.

"Ya que no es posible que ustedes dos vayan al exterior aún, creí conveniente crearles una sala especial en la cual pudieran entrenar y pasar el rato"

Un fascinante atardecer de Sol rojo, rodeado de rayos azules, mientras observan la mezcla entre oscuro y claro del paisaje. Las tardes simuladas ahí se disfrutan más luego de un par de horas de entrenamiento.

—La próxima vez yo elegiré el terreno —dice Sasori, llevando sus brazos hacia atrás.

Esa tarde, como muchas otras, Sakura siempre elige el bosque.

Sasori no pregunta por qué porque no hace falta oír de su boca lo que él supone con ver solo sus ojos. Han estado juntos durante un largo tiempo después de todo y en todo el Cuartel no existe nadie que pueda entenderla mejor que él.

—¿A dónde tienes pensado llevarme? —pregunta ella, irónica, riendo un poco.

—¿Qué tal la orilla del mar? —Sakura ríe, y qué bonita es—. El bosque da un poco de miedo si es de noche, ¿no crees?

—Todo lo desconocido da miedo.

Es un poco complicada, a veces.

Pero Sasori no la presiona. Ha aprendido que con el tiempo es Sakura misma quien decide hablar. Y le alegra, aunque ya no lo demuestre tan expresivamente como antes, que sea él un pilar en el cual ella pueda apoyarse.

Ríe, trayendo memorias de antaño.

La primera vez que la vio.

Tan tétrica e inexplicable, y aun así sin temerle.

—¿Qué?

—Es enserio. Mira —volviendo a su postura sentada, acerca su mano a la cabeza de ella, trazando la línea de diferencia de estatura en el aire—. Estoy más alto —Sakura emboza una sonrisa jocosa.

—Tampoco es que hayas crecido mucho, enano.

—¡Oye!

Estar ahí le da paz.

Kurenai ha diseñado esa sala para generar que en el cuerpo humano se produzcan sensaciones de tranquilidad, bienestar y contemplación, pues es bien sabido para ella que, más que nada, lo que Sakura requiere es una especie de terapia de sanación que se base en aromas y sonidos extraídos de la naturaleza. Además de su fiel e irremplazable compañía.

Y el bosque siempre le ha traído esa paz.

Esa sensación de hogar.

Recuerdos que duelen un poco menos.

—¿Sabes? Hay algo que quiero intentar —dice, un poco seria.

—¿Algo?

—Sí, algo que he visto que hacen los adultos.

Fugaku y Mikoto.

—Si se trata de pelear: Yo paso. Estoy molid-

Manos entrelazadas.

Sasori baja la mirada, aturdido, a donde la unión de sus manos descansa sobre ese asiento improvisado que han hecho.

—Cierra los ojos.

—¿E-Eh?

—Hazlo.

—P-pero…

Ese sería el primer beso.

.

VI

.

Dicen que las acciones hacen al hombre, pero algunas no te dicen de donde deben de venir para sentir que ya eres un hombre.

Contrario a lo uno pensaría de él, incluso de lo que pensaría él mismo, la cercanía con Sakura no se alteró ni un poco. Al contrario…se intensificó. No había necesidad de explicar nada, ni tampoco decir. Solo con verla a los ojos Sasori pudo entender que era una especie de prueba. No es que Sakura sintiera algo por él. Y…estaba bien. Desde que la conoce ha percibido que ella no se ata a un solo lugar. Está en constante cambio. En constante movimiento.

Pero…

—Los llevaré a patrullar conmigo.

La noticia por sí sola debería hacer que ambos se exalten pero Iruka no se extraña de la reacción calmada de ninguno de los dos. Sasori tiene catorce y a simple vista ya se ve como todo un soldado aunque el reglamento no le permita serlo aún. Es, a sus ojos y al de muchos otros, un joven adolescente con un futuro brillante por delante. La sombra del niño simplón y perezoso ya no existe. En su lugar hay un prospecto bastante prometedor.

Sakura, por otro lado, como es de esperarse en cuanto a crecimiento, sigue igual, pero incluso sabiendo el aire que destila es también de un soldado listo para lo que está por venir. Si se lo preguntan Sakura, inclusive, estaría lista para pelear un lugar en Fenrir.

Contrario a sus pensamientos Iruka sabe que debe dejar de verlos como sus pupilos. A pesar de que lo siguen siendo, los comentarios malintencionados siempre existirán, y aunque no es nueva toda esa habladuría a cerca de las facilidades y privilegios que ese dúo tiene justamente por tener el apoyo de un Fenrir como Iruka, a ninguno le importa.

Son fuertes debido a sus méritos y al largo camino que han recorrido juntos, apoyándose. Y ahora, teniéndolos frente a él, firmes y seguros, no tiene duda al respecto.

Están listos.

Quizá siempre lo han estado.

Es una lástima…que no sea eso justamente lo que la vida les quiera probar ahora.

.

VII

.

Los escombros se consumen a un lado,

y el fuego se refleja en la claridad de sus ojos pardo.

¿Qué ha salido mal?

¿En qué momento todo se ha vuelto un caos?

Los expresivos ojos de Sasori están alerta mientras su pecho sube y baja sin parar, agitado. Su frente, además de su uniforme, está un poco manchada de mugre. No tiene miedo aunque no puede evitar pensar que ha sentido estrés en cuanto vio venir a esas cosas por primera vez.

El vehículo a donde varios soldados –porque, vamos, él apenas es un cadete que ni siquiera debería estar ahí- pretendían abordar, para regresar tras la marcha de esas criaturas de ojos rojos persiguiéndolos, ha explotado.

El fuego ha consumido casi todos los escombros, y él está ahí, oyendo como arde y cómo algunos quejidos aún se escuchan.

Algunos podrían decir que la razón de que solo esté ahí, quieto sin hacer nada, es debido a que haya entrado en un estado de shock pero la verdad dista de todo eso en cuanto sus piernas recuperan movilidad y comienza a correr tomando, en el proceso de su trayectoria, la primera espada que ha cogido, seguramente, de algún soldado caído.

Arde.

Arde.

Arde.

—¡Ah!

Uno.

Dos.

Seis.

Acaba con seis No Muertos que se han atravesado como si fueran nada. Y lo que se refleja en sus ojos no es miedo por sentirse expuesto o por ser atrapado por una de esas criaturas. Es otro tipo de miedo.

Sakura.

Su comunicador ha perdido señal. Solo oye interferencia. Con la última persona que ha hablado antes de que éste dejase de funcionar ha sido con Iruka.

"Mantente con vida"

Pero ¿y Sakura? ¿Dónde está? ¿Por qué no se comunicó? ¿Por qué se separó de él? ¿Cuándo? ¿En qué momento la perdió de vista? ¡Si estaba a un lado de él!

Se detiene, histérico, intentando calmarse.

No.

Está perdiendo la cabeza.

No puede buscar a Sakura si se vuelve un completo demente.

Ella está bien. Es Sakura después de todo. Si él ha podido con seis en un parpadeo, ella podría con veinte. Claro, ella puede.

Por supuesto que puede.

Está bien.

No quiere detenerse a pensar en qué punto esa misión, que debió ser solo de reconocimiento, ha fallado. Enserio no le importa nada de eso. Solo quiere encontrarla. Solo tiene que encontrarla.

Encontrarla e ir a casa, y…y…y…

Se detiene de nuevo pues otro edificio acaba de colapsar debido al fuego. No ve nada e irremediablemente ha comenzado a toser. Solo cuando distingue una gran torre con un tanque de agua en las alturas, con ayuda de los hilos, se trepa encima de ésta para tener un rango de visión más amplio.

Dios. Todo es un caos.

Puede ver a un par de soldados luchar y a otros más los escucha por el sonido de sus espadas chocar. Pero ninguno es ella. Ninguno tiene cabello rosa.

Hasta que escucha el grito de una mujer.

Sin pensárselo mucho, salta de nuevo a tierra firme, comenzando a correr hacia donde la voz lo llama.

Uno. Dos. Tres movimientos.

Y el cabello rosa que tanto le gusta se asimila, en medio de esa devastación, a una llamarada del mismo color. El bonito rodete que sostenía su cabello desde el inicio, ya no está. Pero está en pie. En pie y sin ningún rasguño, aparentemente, salvo la suciedad.

La mujer que ha gritado no ha sido ella, por supuesto, es otra a la que Sakura, en su sentido del deber, no ha decido abandonar, sino salvar.

El No Muerto que está sobre ellas, cae resbalando su cuerpo de la espada que Sakura le ha atravesado en el centro de la cabeza. La sangre oscurecida fluye de su arma y finalmente puede dar una merecida bocanada de aire antes de voltear y cerciorarse de que la mujer a la que ha salvado está bien.

—¡Sakura! —la llama Sasori pero no lo escucha. Es ridículo. Está tan cerca de ella. ¿Por qué no voltea a verlo?

—Mikoto…Estás a salvo.

¿Mikoto?

¿En qué momento las cosas han salido mal?

Cuando Sakura, cegada por su más entrañable recuerdo, voltea a ver a esa mujer que es tan parecida a su dulce amiga, todo se pinta de carmesí. ¿De dónde ha salido ese otro No Muerto? Pronto los gritos de la mujer vuelve a aparecer pero esta vez no hay nada que Sakura pueda hacer.

La están devorando frente a sus ojos.

A la mujer que sus engañosos ojos le hacen creer que es Mikoto.

No puede ni levantar la espada cuando la criatura se abalanza, ahora, sobre ella. Y es cuando Sakura grita de puro terror. De puro dolor. Sus esmeraldinos y ardientes ojos apenas pueden ver como el cadáver de esa mujer yace en el suelo luego de la feroz mordida que le ha arrancado completamente la yugular.

Mikoto.

Mikoto, no.

No otra vez.

—¡Sakura!

Finalmente ve estrellas.

Estrellas de verdad.

No son los paneles que simulan el cielo dentro del Invernadero. Son reales. Tan reales como las que vio con Mikoto y compañía hace tiempo. No sabe qué sucede pero ese lindo pelirrojo se ve lo suficientemente preocupado mientras la sostiene en sus brazos, gritándole algo. ¿Qué le está diciendo? ¿Lo conoce?

Todo es negro.

Todo es negro.

Todo es rojo...

Es probable que esté herida pero ya no piensa en Mikoto, ni en él, ni en nadie.

Tiene sed.

—¡Sakura! ¡Aguanta! ¡Tienes que…!

Ah, ya recuerda quien es.

"Perdóname, Sasori"

Lo único que hace es morder.

.

.

Continuará...


A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.

No me manoseen ;-;


Respondiendo a comentarios sin cuenta c:

Elene: Y eso que los capítulos son relativamente largos en comparación a otros fics (?) jajajaja Me alegra dejarte con esa sensación de más. Espero con este no te explote la cabeza jajajaja

Vanne: Me alegra que te guste esta faceta de ella c: El próximo capítulo planeo termine el arco de Sasori así que disfrútala mientras se pueda.

Mishi: Jajajaja Es que son tan tiernos, más Sasori. Uno no pensaría que ese niño terminó siendo un soldado bastante frío.

Notas:

¿Aplausos? -le avientan tomates-

Uno de los capítulos más esperados. ¡Aún no puedo creer que hayamos llegado al capítulo 25! Es un gran logro personal, en verdad, me siento muy dichosa de haber llegado a este punto en compañía de ustedes c: Gracias por tanto, perdón por tan poco (?)

Resumiré algunos puntos por si alguien se perdió leyendo.

1) La razón por la que Sakura no crece es debido a la ausencia de un corazón. Es un híbrido sintético, por lo tanto, que haya perdido el control hasta el final del capítulo es prueba de que al haber sido alterada genéticamente, su parte "primitiva" al final puede más que ella. Es su instinto.

2) Se menciona un híbrido puro. Es decir, un nacido mitad draug-mitad hombre. En capítulos anteriores se menciona, además, que Sakura conoció a un "hombre de las montañas". La sangre pura de un híbrido contrarresta su parte sintética.

3) ¡Pero Sasori no es un híbrido ni sintético ni puro! Ah~ En el próximo capítulo (?)

4) Sasori tiene 14 ahora. Es decir, han pasado 4 años. Sakura sigue teniendo su edad, llamemosle, congelada.

5) En capítulos pasados se menciona que Iruka "no sabe nada a cerca de Sakura" cuando mantiene la conversación con Sasuke. Es claramente una mentira pero aún no sabe hasta qué punto confiar en él para contarle.

6) Beso SasoSaku. Sí, aunque debo aclarar que Sakura realmente no tiene sentimientos románticos por él. O quizá sí (?) Pero nada pasa. Al menos en lo que a ella respecta. De Sasori no puedo decir lo mismo.

7) Es probable que el arco de Sasori acabe en el capítulo siguiente. Eso significa que en el próximo veremos cómo es que se separan y terminan "odiándose" Sí, será muy sad (?) Pero yo sé que extrañan a Sasuke ~ wii.

Mucha información, lo sé. Al igual que sé que algunas personitas ya sospechaban esto. Un aplauso para ellas! -clap clap-

De igual forma aprovecho para anunciar que es posible que para la próxima actualización -tanto de Lotus como mis otras historias- me demore un poco más. Entenderán que trabajo y que ahora tengo un proyecto personal en puerta por lo que no le puedo dedicar el mismo tiempo. Además del resto de mis obligaciones. Por eso quise sacar este capítulo lo antes posible, porque sé que muchas lo deseaban jajajaja

En fin, no es un hiatus como tal, por supuesto que no, solo les pido paciencia por si me demoro un poco más :) Además quiero agradecerles infinitamente el apoyo que tiene esta historia. En verdad, no tengo palabras.

Agradecimientos especiales a luutulip por promocionar Lotus por todos lados.

Sin más que añadir, espero que hayan disfrutado del capítulo.

Espero sus comentarios y sus nuevas teorías (?)

Rooss-out!