DE AMOR Y TRAICIÓN

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CAPÍTULO XXIV


Breves notas de las autoras:

Créditos financieros al imperio DISNEY.

Agradecemos mucho los reviews que nos han dejado en torno al final de la segunda parte. Gracias a Rorou por sus ánimos a la historia y a Mizhuz por su sincero comentario; les agradezco así porque no puedo responderles vía reply. Gracias también por los pm's, los what's app, y por leer la historia finalmente. Nos encanta saber que hay gente nueva leyendo la historia o que se animan a dejarnos un comentario por primera vez. Gracias a nuestras lectoras usuales n.n Ya saben que los reviews son el combustible de toda historia.

Henos aquí después de quince días. Vamos a intentar regresar a la actualización semanal pero, estamos con el agua hasta las rodillas y si por algún motivo volvemos a ahogarnos en la marea, y tuviéramos que volver a vernos quincenalmente, se los haremos saber. Después de muchas aluciones acuáticas, al fic...

ADVERTENCIAS: AU, angst, elfos.

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Capítulo XXIV:

Hagbard madrugó para acudir a su despacho a finiquitar algunos asuntos pendientes. Había sido el encargado de atender Harokim en lo que se elegía un nuevo gobernador aunque la gran mayoría de asuntos los trato juntó con Thor, pues el rey insistió en que fuera así. Loki se había hecho con los asuntos de Faida y Ragnheidur con los de Harma. Sin embargo esas tareas extras en sus labores llegaban a su fin, ese día sería el nombramiento de los nuevos concejales.

Se apuró dejando instrucciones de último minuto a su secretario y llegó a sus aposentos justo para desayunar con sus hijos. Era un hecho que no dejaba de azorarlo, pero tenía dos en Valaskialf. Hallgeir, el menor y que era el nuevo secretario de Thor; y Rognbard, uno de sus bastardos que obtuvo el puesto de segundo de la guardia de palacio. Él jamás habría postulado a sus dos vástagos pero ellos lo hicieron solos y tras obtener los cargos, Hagbard les suplicó casi de rodillas que jamás cometieran traición, que fueran leales a Thor y a Loki. Sus hijos lo vieron exasperados creyendo que exagerada pero Hagbard no lo veía así. Pensaba, un poco paranoico, que la elección de Thor para con su hijo tenía que ver más con castigarlo por ser tan fiel a Loki y a su vez intentar minar la influencia de su consorte sobre él. Y el nombramiento de Loki para su bastardo, creía era una amenaza de que lo tenía bien cerca.

Sus hijos podrían decir lo que fuera, pero Hagbard no deseaba que tuvieran la suerte de los vástagos de Erwel, ni mucho menos el destino del descendiente de Harma, que estaba proscrito del hogar.

Había acudido a las exequias fúnebres de Erwel, pues aun siendo traidor, fue su amigo y su consuegro. Se prometió que honraría su memoria intercediendo por sus hijos. Habló con Thor sobre ellos, le pidió que no castigara a los jóvenes por los crímenes del padre y aunque el rey no tenía intenciones de hacerles daño, el estigma de "hijos de traidor", era suficiente. Finalmente consiguió acomodarlos en ciertos puestos: Como su hija estaba casada con Esbern, el mayor de los tres, este no fue removido de su cargo de embajador en Vanaheim. A Einar, Hagbard lo tomó como secretario en Nidavelir, por supuesto que su compromiso con la princesa Héroïque se anuló. Y Ertan, no podía ser ya capitán de los einheriar pero lo nombraron jefe de puertos.

Los tres hijos de Erwel se mostraron muy agradecidos, si Thor fuera dado a ejercer el poder con crueldad habrían perecido sólo por ser hijos de un traidor. Los hijos de Hagbard hacían chanzas en la mesa, bromeando y mirando que sus futuros eran prometedores. Hagbard ya no aspiraba a más grandeza, todos sus chicos tenían un puesto que los haría hombres honorables y que les daría para cuidar a sus familias cuando las tuvieran. Ya no quería más, el ex acerero no era ambicioso.

Entretanto Loki había recuperado el control de Valaskialf. Volvió a asumir su cargo como guía de la vida de palacio y devuelto sus puestos a sus aliados: Gellir era el nuevo capitán de los einheriar, Geirolf volvía a capitanear los einheriar de la ciudad, Benfred volvió a su puesto como tenedor de libros y Ari, Loki quería incluirlo en el concejo pero era demasiado joven, lo recompensó haciéndolo noble, el Lord de Gladsheim, aunque seguía trabajando como su secretario. Había una nueva mayordoma de nombre Mirelle que se ocupaba del funcionamiento del palacio; pero era Valdis, como visir de los pajes, quien atendía a los reyes. Lo hacía con tanta eficacia y discreción, que los rumores en torno a los detalles más íntimos de la familia real habían cesado en el acto. Por supuesto, Loki había expulsado de palacio a todos los siervos que Valdis había enumerado como partidarios de Amora. Hagbard se preguntó si se ocuparía de darles muerte o los dejaría estar dado que no tenían ya ninguna relevancia. Su guardia vanir había sido devuelta a Vanaheim como un gesto diplomático de que el consorte real volvía a sentirse seguro en palacio. Celtigar y los suyos volvieron a Cuenca de las Rosas, pero juraron volver al servicio de Loki siempre que los convocase.

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Héroïque le hizo señas a su nueva y propia doncella de que le ayudara a acomodarse el cabello en suaves ondas. Thor había querido recompensar a Karnilla por los servicios que le había brindado y la norn le pidió que otorgara a Héroïque una asignación mensual; para ella pidió que el invernadero que Svadilfari construía fuese aún más grande. Thor había accedido. Así que al menos habían dejado de discutir cuando Héroïque le pedía dinero a Karnilla. Tenía su propia doncella e ingresos para gastar en sí misma. No alcanzaba la riqueza que Lara, Amora y Faida habían llegado a ostentar pero podía permitirse vivir con más holgura.

Se estaba arreglando rápidamente, saldría de su alcoba en unos momentos para ver con Mirelle, la nueva mayordoma, que todo estuviera en orden para el banquete en honor a los nuevos concejales.

Loki la había nombrado encargada de llevar la vida de palacio a pesar de ser muy joven. La elección era un poco obvia. Threir fue devuelta a Alfheim, Lara estaba por marcharse de nuevo a Svartálfheim con el estigma de la traición encima, vivía recluida en sus habitaciones y las otras dos… Así que las únicas que quedaron eran Sif, Karnilla y Héroïque. Y por supuesto, era impensable pedirle a las dos primeras que se ocuparan de ese tipo de cargo. Sin embargo, el consorte real ya no se desentendía de esos asuntos, la norn tenía que rendirle cuentas directamente a él. Héroïque debía organizar banquetes y buscar que hubiera diversiones, pero no podía aceptar a nadie en la corte ni mediar en los conflictos entre nobles, esa función la seguiría ejerciendo él. Se veían del diario para comentar los asuntos del día junto con Valdis y Mirelle. Lo primero que Héroïque le había señalado era que necesitaban nuevas damas para animar la corte. Loki lo solucionó. La primera adición fue Vilda, la prima de Thor recluida en Gladsheim. La segunda, una nieta de Ragnheidur: Ragni. Vilda llegó tan desorientada a palacio que para Héroïque fue una delicia explicarle todo; pero de Ragni, a pesar de ser amable, la norn prefirió no hacerle confidencias privadas. Había aprendido por fin que jamás se debía ser tan transparente. Aún creía que faltaba sangre fresca pero Loki se negó en redondo a aceptar a alguien más; dijo que de momento con ellas tendría que bastar.

Acomodó su vestido color crema, que tenía un calado rosa y croché. Salió con su doncella siguiéndolo les pasos, en el camino se encontró con Ari, a quien no pudo evitar hacer una reverencia.

–Lord Ari –lo llamó con una sonrisa, sincera pero con un dejo de burla. El joven secretario se sonrojó sin poder evitarlo y la saludó también, aunque se escabulló deprisa. Héroïque sabía que era de los que no se acostumbraban a su nueva posición como noble.

Mirelle la estaba esperando en el gran salón. Faltaba para la primavera pero Héroïque insistió en que se adornaran con flores de temporada el salón. No en pequeños ramos sino en grandes floreros de los cuáles se desbordaban. Se veían sencillos pero elegantes. Dispuso mesas pequeñas y tenía el sitio de cada uno de los invitados. La mayordoma y ella discutieron largamente cómo estaba dispuesta la cena: lechón, cisne asado con almendras molidas. Pavo bien tostado y crujiente con un relleno de cebollas, hierbas, champiñones y castañas asadas. Lucio dentro de un envoltorio de masa, con una salsa marrón que Héroïque no había probado jamás en su vida pero que estaba deliciosa.

–Héroïque –dijo una voz a sus espaldas. Ella se giró y encontró a Bileygr, el anterior amante de Lara. Estaba más cotizado que nunca pues su padre, Dregni fue convocado al cargo de gobernador de Harokim por el mismísimo Thor. –Por las nornas, estás deslumbrante –le dijo él y le hizo una reverencia. Héroïque le agradeció el cumplido con discreción. Él le estaba coqueteando pero ella no lo alentó. Su rompimiento con Einar estaba muy reciente, aunque de hecho no se habían dicho ni una sola palabra cuando se comprometieron y menos aun cuando se separaron, pero esa no era la única razón para actuar con modestia; la menor de las norn sabía bien que no tenía dote, ni riquezas como para que un hombre como Bileygr la tomase en serio. Había aprendido a ser cauta.

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Hacia la tarde, Hagbard se dirigió hacia la sala del concejo donde habría una ceremonia formal y corta, con los reyes de Asgard y el nuevo concejo; tras la cual habría un banquete. En los pasillos se encontró a Dregni, el nuevo gobernador de Harokim, que divisaba por uno de los balcones de Valaskialf. El ex acerero sabía lo abrumador que se sentía estar de pronto ahí, en el centro de todo y con una cantidad indecente de poder y de responsabilidad.

–Lord Dregni –se acercó a saludarlo.

Hagbard, estuvo casi un mes en Harokim analizando y concluyendo los asuntos de Erwel, se había visto con Dregni en más de una ocasión. Sabía que era cervecero, que siempre había vivido en su provincia y que había acudido alguna vez a Asgard pero que jamás se había hospedado en Valaskialf. Sabía que era un hombre sumamente rico, con más tierras de las que jamás tuvo otro gobernador en Harokim y que exportaba cerveza a Alfheim y Vanaheim. Noble, aunque su familia no había emparentado con nadie importante en las últimas generaciones. Más que eso, Hagbard le había mirado las manos y comprobado que era un hombre que sabía trabajar con ellas.

–Lord Hagbard –lo saludó también con un movimiento de cabeza.

Ragnheidur apareció al final del pasillo. Del viejo concejal se decía que se pasaba los días vigilando a su nieta pero también se rumoraba que estaba muy dispuesto a que se casara con Bileygr. Riqueza y nobleza, era el tipo de mezclas que muchos buscaban. Hagbard se preguntó cuántas posibilidades tendría de casar a su Hallgeir con esa muchacha. No muchas la verdad.

Los tres se saludaron y entraron a la sala del concejo. Hagbard cuidó bien que Dregni quedara en medio de los dos, como siempre, Ragnheidur se sentó a la izquierda del sitio del rey.

Sif entró, con su esbelta figura acompañada de otra mujer, la nueva tesorera: Sula. Hagbard la veía y pensaba en Faida. No tanto porque se parecieran, que en realidad no lo hacían, pues Sula era amiga de la diosa de la guerra, por lo que compartían edad y también juventud. Sino porque él había recomendado a la última tesorera, en esta ocasión Hagbard no hizo mención a ningún conocido. Aunque en el caso de Dregni, éste no se postuló; así a los tres concejales el rey los eligió sin pedir opinión a nadie. El nuevo maestre era el discípulo de Harma, Velaryon. Pelirrojo y joven, con aire nervioso fue el último en sentarse.

En eso, Loki y Thor entraron juntos en la sala. El dios del trueno llevaba puesto un atuendo sencillo, con un manto del mismo rojo encendido de las capas que solía usar y botas más bien desgastadas, no portaba ningún signo de su rango como le era usual pero aun así parecía dominar la escena con su simple presencia; emanaba poder y serenidad. Loki en cambio iba ataviado de negro y verde, con los adornos dorados en el pecho y las muñecas a juego. Su ropa no era muy variada cuando se presentaba ante los nobles, se veía muy sereno. La pareja real aparecía como un frente infranqueable.

–En el día dos del primer mes, nos reunimos para que Dregni, el nuevo gobernador de Harokim; Sula, la nueva tesorera real y Velaryon, el nuevo maestre; tomen posesión de sus nuevos cargos como concejales. Estamos aquí para escuchar sus juramentos hacia el rey, y a su vez para que los antiguos miembros del concejo renueven sus promesas: Ragnheidur, gobernador de Gundersheim; Hagbard gobernador de Nidavelir; Loki, gobernador de Asgard y Sif, general de los ejércitos de Asgard. –Dijo Hallgeir.

Se fueron poniendo de pie uno por uno y recitando sus votos. Loki fue el primero, pronunció sus promesas con solemnidad pero sin emoción alguna en su voz.

–Yo Loki Odínson del linaje de Laufey, juro proteger el reino de Asgard con cada aliento de mi ser, honrarlo en mis pensamientos y velar por su bienestar en cada una de mis acciones. Juro lealtad al rey, de quien todos somos siervos. Juro honestidad y valor, rectitud y honradez.

Sif era la siguiente, su tono fue más bien militar. Pronunció los mismos votos que Loki acababa de hacer, salvo por el final.

–Juro lealtad a mi rey y comandante supremo. Juro fidelidad a su consorte y a su familia –Loki levantó los ojos hacia ella visiblemente extrañado, pues esa frase no formaba parte de los votos originales de los concejales. No pudo evitar voltear a mirar a Thor quien asintió levemente, pero sin ningún guiño de complicidad. Aquella modificación era toda una sorpresa para el consorte. –Mi espada está a su servicio para protegerlos, mi lengua jamás habrá de vituperarlos y en mi corazón los honraré con fervor.

Todos juraron de manera similar, su lealtad sería entonces para con el reino y el rey pero también para con su consorte. Hagbard juró todo cuanto Sif dijo. Le resultó entretenido escuchar a Ragnheidur decir que honraría con fervor en su corazón a Loki. Notó que el dios del engaño esbozaba una leve sonrisa que se desvaneció al siguiente segundo como si no hubiese ocurrido.

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El banquete transcurría entre pláticas amenas y música de fondo. Varios nobles, y miembros del ejército se habían acercado a los nuevos concejales para felicitarlos, entre ellos los nuevos embajadores que habían arribado. De los enanos, una fémina llamada Hyndla. De los elfos, un hombre alto de pelo rubio y la habitual apostura de esa raza, llamado Dimrost, que lo primero que hizo fue visitar a Lara. Sveyn y Dgeir continuaban en sus cargos.

Héroïque se ocupaba de que los invitados estuviesen bien atendidos. Su prima Karnilla estaba por ahí conversando con Velaryon quien se le había acercado a ratificarle que ya había prestado juramentos y a proponerle compartir algunos conocimientos sobre medicina. La joven los dejó solos con su conversación sobre anestesias para cirugías.

Se hizo un momento de silencio cuando un heraldo anunció a la reina Skadi de Jötunheim. La soberana de ese reino había arribado unos días después de las ejecuciones. Héroïque se había ocupado de que estuviese bien atendida y lo hizo personalmente pues su rango era de lo más alto; aun así no se acostumbraba a verla.

Skadi entró seguida de cuatro gigantes de hielo cada cual más alto que el anterior. La reina iba descalza pero enfundada en un vestido blanco que caía hasta el suelo. Portaba varios brazaletes en los brazos desnudos, usaba un velo sujeto por una tiara que señalaba su rango, el cual le caía hasta los hombros. No podía ser considerada bella para los cánones aesir pero Héroïque admiró la forma en que se conducía. Cuando te miraba y te hablaba no podías dejar de prestar atención a sus palabras pues era sabia y poderosa. Skadi y los suyos se dirigieron a sus puestos, en su propia mesa cerca del sitio de honor. La norn se acercó a saludarlos. Njorthrbiartr, el embajador jötun recién nombrado la felicitó por su labor al organizar aquello. Era poco más alto que su reina, de rasgos menos feroces y de modales menos reservados, seguro lo habían elegido por esas cualidades. Héroïque había escuchado que los jötun se quejaban de no tener noticias de su príncipe Loki porque no contaban con nadie en palacio y aún más porque las comunicaciones a través de drakar eran más lentas que las oficiales que se hacían por bifrost y por eso Thor había aceptado contar con un embajador de ese reino. A pesar de las palabras amables que le dedicaron Héroïque se sintió intimidada por ellos.

Cumplidas sus funciones de anfitriona, la norn pudo relajarse y disfrutar como si fuese otra invitada. Bailó con Bileygr que volvió a coquetearle, y luego con Hallgeir, el secretario de Thor, por el cual Ragni le hizo bulla. El hermano de éste último, Rognbard igual estaba presente, aunque estaba de servicio como segundo de la guardia que era y no podía dejar su puesto; pero eso no le impidió acercarse a Héroïque discretamente para asegurarle que era la joven más bella de todas las que estaban presentes y además le pidió cenar fuera juntos alguna vez. Héroïque le dijo que sí pero no le dijo cuándo, no podía salir con él pues era bastardo. Su última pareja de baile fue Ari, quien ya no podía saltarse esos eventos dado que era un lord. Héroïque le preguntó por Ertan pues sabía que la amistad de ambos continuaba a pesar de que el hijo de Erwel ya no podría vivir nunca más en Valaskialf. Ari fue algo parco en su respuesta pero eso era de esperarse.

En la mesa de la familia real, estaban Vilda, junto a Frigga. Loki y Thor estaban uno al lado del otro, Fandral los había abordado y hablaba con Thor, mientras que a Loki lo tenía acaparado Sula, la nueva tesorera. Frigga hablaba en cambió con Sif, acerca de su boda, la cual ya estaba por acaecer. Héroïque notaba como los embajadores, los nuevos concejales y los nobles recién hospedados en Valaskialf miraban a los reyes, parecían querer saber que había detrás de todos los rumores y de todo lo que había pasado en el reino dorado. De pronto Thor se inclinó hacia Loki para intercambiar alguna palabra, como si le hiciera una confidencia y luego le tomó la mano para depositar un beso en ella. El dios del engaño le sonrió ante ese gesto.

Héroïque se preguntó qué pensarían todos de saber que esa real pareja que lucía tan armoniosa, en privado no se hablaban.

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"¿Dónde encontrar hombres que sólo sean buenos o crueles? Lo débil debe eliminarse. Haz de soportar dolores, debes ser violento, dominante, impávido, cruel. Debes ser fuerte para poder crear algo nuevo". Dice la voz de Laufey, aunque su semblante queda en la penumbra.

"Sí padre" responde Hildetand y voltea en dirección de Loki.

Él conocía esa mirada. Era un "no te atrevas".

¿No te atrevas a qué? A caer, a ser débil, a ser pequeño, a perder en el entrenamiento, a no resistir el dolor, a suplicar que paren.

"Quítalo de mi camino" le dice Laufey a Skadi. "El fruto de mi vergüenza".

"Sí majestad" responde ella. Pero cuando Laufey se pierde de vista se inclina a él, se hinca para quedar de su tamaño. "Él no te ama Loki, no te tiene estima pero eso no quiere decir que no la tengas. Tú eres tú y haz de descubrir que significa. Eres pequeño pero no eres débil, tú puedes superarlos a ambos. Debes superarlos a ambos".

Loki se ve a sí mismo siguiendo a Laufey de lejos, mirándolo hablar con sus generales, mirándole cada gesto que hace. Tan fuerte y poderoso.

"Padre, estoy aquí" Le quiere decir pero a la vez le teme, que volteé que lo vea, que lo aparte de su lado de una patada como si fuese una bestia indeseable. Laufey repara en él, camina en su dirección y Loki quiere correr pero no se mueve. Si huye todo será infinitamente peor. Su padre no se agacha a hablarle, alza la mano y Loki aprieta los ojos. El golpe es rápido y brutal, está en el suelo al siguiente instante. Si tiene suerte Laufey seguirá de largo, pero ese día no la tiene. Skadi lo levanta del suelo, él está llorando y escucha algún improperio contra sus lágrimas. Está sangrando, se lleva la mano a la cara y la retira manchada de rojo. Por eso Laufey se detiene, siempre paraba cuando veía sangre.

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Loki saltó de la cama con los ojos desmesuradamente abiertos, el corazón le martilleaba con fuerza, el pánico tardó un momento en desprenderse de él. El sol aún no había salido pero no podía dormir más. Se vistió sin magia, con lentitud impropia. Repasó algunos asuntos. Se presentó a saludar a sus hijos mientras ellos desayunaban. Le dio un beso a Nari y otro a Hërin. Laufey jamás lo besó, ni lo acarició, ni le preocupó que se terminara el cuenco de avena. Le habría dado una paliza si se le hubiera caído la cuchara como a Nari.

–Hijo. Te veo mal, ¿te encuentras bien? –Le preguntó Frigga. Él le dijo que sí y lo sazonó con evasivas. –Skadi parte hoy –dijo la reina.

Skadi. Desde que llegó las pesadillas no cesaban. Estaba ansioso por decirle adiós. La reina de Jötunheim había acudido para presentar a su propio embajador, para ponerse al corriente con los pagos de su vasallaje, para conversar sobre las hostilidades de los enanos, y para asegurarle a Thor que Hildetand y todo el reino de hielo respaldarían a Loki si hiciera falta y de la manera que hiciera falta. Una amenaza a destiempo, el peligro había pasado. Su antigua guardiana había insistido en hablar con él pero Loki la había evitado con éxito durante cinco días. Cinco días donde esos viejos recuerdos de una infancia atormentada afloraban cada noche. Se sentía desganado y exhausto.

Bajo esas condiciones ella se presentó a hablar con él. No pidió audiencia, de nuevo, porque Loki le habría dado evasivas, de nuevo. En cambio agarró a Ari de la ropa y lo echó y luego se sentó delante de Loki. Él no quería enfrentarla. Había descubierto que cada vez que lo hacía salía perdiendo. Cuando Skadi había arribado a Asgard, en un impulso incontenible, Loki le había contado con pocas palabras que Amora era hechicera, le había contado de la poción despierta–sombra y de los acontecimientos en torno a aquel amargo trance. Se había arrepentido de su sinceridad en el acto y había huido de ella. No habían hablado en privado desde aquella ocasión.

–¿Qué? –Le preguntó con malos modos, hosco y beligerante. –Dime lo que sea que quieras decirme antes de irte. Acabemos ya.

–Duermes mal –dijo ella en primer lugar. –Estás sufriendo. –Él barajeó una docena de respuestas que incluían: "¡pues claro que estoy sufriendo!" "¡Déjame estar!" Y "seguro piensas que me lo busqué, como eres admiradora de Thor". En cambio escogió esta:

–No es de tu incumbencia.

–Amora ha muerto.

–Ya lo sé, estuve ahí.

–¿Vas a perdonar a Thor algún día?

–Lo pondré en mi lista detrás de Laufey, Hildetand y de ti, cuando los perdone a ustedes tres me ocuparé de él.

Ella dibujó una mueca triste en su rostro azul.

–Loki, en verdad me importas.

–Ya dijiste eso antes, repetirlo no le suma valor –la interrumpió. Siempre era así con ella, no podía evitar saltarle a la yugular aun cuando se hubiera propuesto firmemente no reñir con ella.

–¿Qué es lo que harás? –Él calló largamente, ella no se fue, no hizo nada más que mirarlo deseosa de que le dijera lo que fuera.

–¿Por qué nunca me escribiste? ¿Por qué nunca volviste por mí? –Ella suspiró. –Tú eras como mi madre, no recuerdo nada de la que me parió, no sé si me quiso o que pensaba de mí, pero en cambio tú, tú eras mi mundo. Sé que mi padre te echó a la mala pero esperaba que al menos demostrases que te importaba.

–Perdóname –él negó, estaba harto de oír eso. No aceptaría ni un "perdóname" venido de nadie. –Me conoces, soy fría y soy distante. Pensaba en ti, estaba pendiente de noticias tuyas pero no te busqué…

–¿Por qué? Dime esas razones que justificaran todo, que borrarán el abandono de un plumazo y que reivindicarán tu figura ante mis ojos.

–Porque yo no quería sufrir. –Se sinceró. –Te extrañaba entrañablemente a pesar de que al principio me dije mil veces que no te tomaría cariño. Pero eras el príncipe a pesar de los desprecios de Laufey y yo no podía tenerte conmigo. Te echaba tanto en falta que no quería verte para no cometer alguna locura. No me importó si te hería con mi silencio, tan sólo quise protegerme.

–¿Y después? Cuando Laufey murió, tardaste mucho en venir a Asgard y lo hiciste por el asunto del cofre.

–Sabía que ibas a odiarme, quería ahorrarme este trago amargo que generosamente me sirves, pero al final lo hice, te vi, te conocí de nuevo y te sigo queriendo. Espero que puedas perdonarme algún día.

–¿Te arrepientes?

–Sí –a Skadi le tembló la voz.

–¿Te perdonaste a ti misma por dejarme? –Ella lo miró desde el mar rojizo de sus ojos, de una profundidad que parecía conocer cada secreto que Loki albergaba en su corazón.

–Sí.

–¿Entonces para qué quieres mi perdón? Me enterraste para protegerte y ya te haz disculpado a ti misma. –Loki parecía hecho polvo. Skadi se levantó y lo abrazó aunque él se le resistió en un principio.

–No pienses que no tuviste amor pues yo te quise y Járnsaxa te quiso. Laufey se olvidó de ella y de ti por un tiempo. No puedes recordarlo porque eras demasiado pequeño pero te dormía junto a ella, te cantaba, jugaba contigo, jamás te pegó o te alzó la voz. Desconozco si quería huir contigo o si pretendía enfrentar a Laufey por ti, pero era claro que no deseaba entregarte a tu padre. Él se acordó de ti eventualmente y quiso separarlos, reñían constantemente por que ella era como una loba defendiendo su cría. Pienso que por eso no pudiste doblegarte a la voluntad de tu padre como hizo Hildetand, porque aunque fue por poco tiempo tuviste amor. –Loki negó. –No, no pienses que sólo puedes llamar amor a las situaciones perfectas.

–Hay muchas cosas que no puedo olvidar, si lo hiciera entonces sería como restarle importancia a lo sucedido. –Eso ya no iba por Laufey. –No puedo perdonar.

–El perdón es algo que simplemente te ocurre –Skadi le tomó el rostro entre sus largas manos de dedos fríos y la piel de Loki se tornó azul donde lo tocaba. –No es olvidar la afrenta, es recordar sin dolor.

–Quizás algún día –dijo Loki mirándola igual con ojos rojos. –¿Qué hago con Thor? No me des consejos políticos que ya tengo una tía enviándome cartas al respecto. A ti que tanto te preocupa que pueda querer y perdonar, dime que hago con él.

–Lo que quieras.

–Quiero verlo a la cara y golpearlo hasta hartarme, escupirle su traición, sus mentirosas palabras de amor y su hipócrita afecto por mí. Mandarlo a Hel por pedirme una nueva oportunidad. Quiero que lo pague caro todo, que implore para que yo lo desprecie. Y también quiero no sentirlo más. Ya no quiero dar de vueltas en mi cama en las noches sin poder conciliar el sueño pensando en él y preguntándome si siempre me sentiré así, como muerto en vida y anhelante de su compañía. Ya no quiero extrañarlo a pesar de tenerlo cerca, ni quiero que me mire como si me adorase. No quiero sentir nada de esto.

Skadi apoyó su frente en la de Loki.

–Hazlo todo.

–¿Piensas que fue mi culpa? ¿Qué me engañó porque yo lo dejé para ir a Svartálfheim? ¿Fue culpa de Amora y sus pociones para que él no tuviera escrúpulos?

–Pienso que no debes dar por hecho el amor de tu cónyuge, todos cambiamos y nuestros sentimientos también. Pienso que ella era muy hábil y les puso una prueba muy difícil. Pienso que Thor no debió mirarla por encima de ti. Pienso que debes escuchar lo que tenga que decir y decidir por ti mismo lo que sea mejor.

Para variar Skadi no lo hizo sentir peor que antes.

–¿Cómo está Hildetand? –Se acordó de preguntarle.

–Ansioso de que le des motivos para pelear con Thor de hombre a hombre. –Loki negó y masculló un "idiota" por lo bajo. –Eso mismo le he dicho yo.

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El maestre los hace recitar la genealogía de los antiguos jötnar. Loki se la sabe de memoria, es listo, muy listo, lo único en lo que es mejor que todos los demás. Se levanta, escuálido y enano comparado con Riodhr, Vill, Ull y Hildetand pero hay orgullo en su sonrisa. Laufey entra en ese momento. Ha ido a verificar sus progresos. Alguna vez le dedicó unas tardes a Loki para enseñarle esa misma genealogía por sí mismo. A Loki le cayó un golpe cada vez que escribió mal alguna runa o erró en algún nombre de los noventa y dos jötnar hijos de Ymir. Laufey se sienta y los mira, Loki inicia pero la voz le tiembla. Su padre lo mira y niega, no parece decepcionado como si no le sorprendiera que además de ser deforme Loki tenga alguna tara.

"Su cuerpo se formó mal y su mente también" lo escuchó decir una vez a un embajador extranjero. "No puede presentarse en la corte por eso".

Intenta seguir, "Þekkr y Þriði, Þuðr y Uðr, Glapsviðr y Fiölsviðr". Laufey lo mira y Loki pierde el hilo. Él sabe la lección de memoria, la ha recitado antes pero ahora con Laufey observándolo, no puede. Su voz refleja el terror que siente. Riodhr se está riendo por lo bajo aunque Hildetand lo mira con solemnidad de sepulturero. Como quien no quiere ver lo que está por pasar pero a la vez no puede apartar los ojos. "Glapsviðr y Fiölsviðr" repite Loki de nuevo. Laufey se levanta y va a él. "Glapsviðr y Fiölsviðr" se queda sin voz. "Padre por favor no" le suplica sabiendo de antemano que implorarle sólo lo alentará a ensañarse. Hildetand se lo ha dicho muchas veces, "no supliques, suplicarle es incitarlo a atacarte".

–¡Por favor, por favor, ya no! –Despertó gritando y saltó fuera de la cama. Echó a correr a la alcoba en común como un poseso y de ahí siguió a la habitación de Thor. La puerta no tenía echado el cerrojo. –¡Thor! –Le gritó irrumpiendo como un vendaval.

El dios del trueno se enderezó alerta en un segundo, después de todo era un guerrero nato.

–Loki. –La habitación estaba alumbrada sólo por la luz de las lunas que se cuela por las ventanas. El rubio salió de la cama, músculo, brillo, y poca ropa pero Loki ni reparó en su físico.

–¿¡Por qué!? –Le gritó con todas sus fuerzas. –¿¡Por qué me hiciste eso!?

–¿Qué te sucede? ¿No podías dormir? –Las preguntas de Thor no le entraron en la cabeza. El dios del trueno lo miró preocupado y extrañado por su abrupta entrada.

–Dijiste que me amabas, me lo juraste. ¿Cómo pudiste humillarme así? –Loki parecía haberse quedado sin aire. Inhaló hondo y se quedó quieto y tenso. El rostro crispado de dolor.

–Lo lamento –le dijo apenado Thor. –En verdad te amo y te fallé. Lo hice porque... –Thor meditó lo que iba a decirle. –Fue una cadena de situaciones, hubo celos, soledad y tu silencio que me mataba…

–No importa –lo interrumpió Loki. –No quiero escuchar, pensándolo bien tus motivos no deberían interesarme, tan sólo importa lo que hiciste. –El tono de Loki era acusador. Su mirada se posó en las sábanas de la cama de Thor. –¿La trajiste aquí?

–Sabes bien que nunca la dejé entrar aquí –había un corro de gente vigilando y llevando ese tipo de noticias. –Jamás yací con ella. –Loki pareció aliviado con esa revelación pero luego volvió a tornarse sombrío y no dejó que Thor continuara explicándose.

–Vengo de un reino en el que se puede tener más de una esposa Thor, al final del día no me hubiera sorprendido tanto que tuvieras ganas de follar con alguien más. Me hubiera ofendido menos que me lo dijeras todo y te revolcaras con ella a que la presentaras como la amante real delante de todos, a saber que jugaba con mis hijos, que la llevabas contigo a Gladsheim. Estoy seguro de que aún piensas en ella.

–Loki –intentó acercársele.

–Me entregué a ti, en todo, luché tus batallas, lo hice todo por ti, te ofrecí otro hijo.

–A cambio de huir de mí.

–¡No te pertenezco! No quiero vivir bajo tu sombra. –La mirada de Loki se tornó huidiza como si buscara las palabras precisas. No las encontró. Se acordó de Karnilla diciéndole "estás muerto para mí" y quiso decir eso, se acordó de la pesadilla de Hërin, esa en la que Thor moría. Ojalá se cumpliera pronto. La versión del dios del trueno que aparecía en ella, no era muy diferente del actual. Si Thor era un hombre muerto caminando quizás no deberían reñir. Cuando muriera Loki sería regente de Hërin mientras Odín siguiera dormido. Podría perdonar a Thor cuando falleciera, hacer como todos los necios y olvidarse de sus defectos y errores, glorificar su amor y extrañarlo habiéndolo desaprovechado en vida. Lo imaginó un breve instante y luego pensó en Laufey. –Ni muerto te perdonaría.

–No me odias con tanta inquina por haber dejado que alguien más entrase en mi vida, me odias porque me piensas tu amo, crees que te tengo aquí apresado para usarte a mi antojo, que me haz dado todo a mí, tu carcelero. Pero no es así, yo igual te he dado todo el amor que poseo. Te entregaste a mí y luego me lo quitaste todo, y tu silencio, ese silencio me enloquecía. Pues bien, me arrepiento por Amora, hasta el punto de terminar la historia con mis propias manos, pero no me hagas culpable y raíz de todo lo malo en tu vida. Nunca he querido esclavizarte bajo mis deseos.

–No fue eso lo que me dijiste cuando pensabas que era Karnilla, te recuerdo construyendo imaginaria torre para meterme en ella.

–¡Tengo deseos oscuros! ¡Me obsesiona poseerte! Pero nunca los realizaría. Tú también eres sombra, todos lo somos.

Thor mató a su padre, mató a Erwel, a Amora, a todos, su arma perfecta. Lo miró y por un instante quiso alcanzarlo y pedirle que lo estrechara, que lo metiera en esa cama que seguro olía a él, que le hiciera el amor hasta que todas las voces de dolor en su interior se acallaran. Pero entonces se acordó de Amora diciéndole que ardía en deseos de lanzarse a los brazos de Thor, pero que no lo haría porque al final no se lo merecía.

Se dobló sobre sí mismo ahogando un sollozo.

–Loki –Thor se agachó a su lado y lo rodeó gentilmente con sus brazos. –Por favor, por favor –le rogó.

El jötun estalló de pronto, una hoja de hielo se formó en su mano, delgada y pequeña.

–No me toques. –Thor lo soltó con un gemido de dolor. Se separaron, se quedaron en el suelo, Loki empezó a crear otra hoja de hielo pero al final se frenó de arrojársela.

El dios del trueno lo miró entre azorado y enfadado, se arrancó aquel punzón de la carne, estaba sangrando, se llevó la mano a la herida y la retiró manchada de rojo. Por eso Loki se detuvo, paró a la vista de sangre.

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Velaryon lo zurció sin hacer una sola pregunta sobre el origen de la herida, Karnilla le pasó una plasta antiséptica que estaba machacando ahí cerca. El maestre se la aplicó al rey.

–Buenas puntadas –comentó la norn analizándolo todo. –Le daré también té de hojas de mallorn, se ve que fue hecho con odio. Esos sentimientos enraízan en las heridas y pueden dificultar que sanen o dejar cicatrices que no se desvanecen.

El gran maestre asintió a todo lo que la bruja dijo como dando por bueno el tratamiento. Thor jamás pensó ver al líder los sabios y a la hechicera trabajando juntos tan armoniosamente. Les dio las gracias a ambos, se retiraron de sus alcobas con una reverencia pero ella le lanzó una última mirada a Thor, sabía quién lo había apuñalado.

El dios del trueno se vistió, la herida no era muy profunda, en realidad Loki más que atacarlo había reaccionado. Eso no quería decir que no fuera a irse con cuidado la próxima vez que parlamentaran pero peores cosas le habían ocurrido en combate. Soltó una risa frustrada. "Combate" en eso se había convertido su matrimonio. Pensó un momento en su consorte, lo había visto muy peligroso e inestable. Intuía que Skadi había contribuido, cada vez que ella acudía a Asgard o que ellos iban a Jötunheim, los viejos fantasmas dentro de su dios del engaño se despertaban penándolo. Se preguntó si estaría bien pero también supo con certeza que no tenía forma de averiguarlo.

Su mañana se fue con la nueva embajadora de los enanos que quería saber cuál era la postura de Thor respecto a su reina y su política de comercio con los jötun. A Thor le cabreó el asunto pues para eso había embajador del reino de hielo en su corte, para que discutieran ese tipo de asuntos. Lo que el pensara sobre Thyra mejor se lo guardaba para sí mismo y así se lo dijo a Hyndla.

Hallgeir le había dejado un espacio en su agenda para que se pasara a ver a sus hijos. Thor fue a buscarlos a sus habitaciones.

Cuando entró Ásta y Fuya lo reverenciaron, su madre estaba sentada con un libro en su regazo en la alcoba. Sus hijos jugaban sobre un tapete, con Loki. El hechicero estaba sentado en el suelo mientras que Nari y Hërin se disputaban el peinarle el cabello.

–Hërin, tú ya me cepillaste, deja que Nari lo haga –le dijo Loki poniéndose a su hijo en el regazo entre protestas. La niña tomó el relevo.

–Yo, yo cepillo mi lindo caballito –canturreó la princesa y Loki se rió.

Debió captar a Thor de reojo porque de pronto se puso tenso. Bajó a Hërin y se puso de pie.

–Madre –le dio un beso a Frigga y luego se despidió de los niños, pasó junto a Thor sin siquiera mirarlo. El dios del trueno le vio las ojeras marcadas y el semblante preocupado.

Saludó a su familia y ocupó el sitio de Loki en el tapete. Nari se estaba quejando de que su papá se había ido pero Thor la alzó en brazos y ella pronto se distrajo. Se liberó para ir por algunas de sus muñecas y se puso a mostrárselas a Thor una por una instándolo a saludarlas y a darles un beso en la mano. Eran unas quince así que hubo galantería para un rato. Hërin en cambio se había subido a su caballo de madera, Loki había sustituido el que Amora le había obsequiado a su hijo por otro más grande y más elaborado. El dios del trueno dejó un momento a Nari para ir a por su hijo.

–¿A qué quieres jugar hoy? ¿Soy el oso que te persigue mientras cabalgas? –Hërin negó con semblante serio.

–Estoy enojado.

–¿Estás enojado?

–Muy enojado –enfatizó y se cruzó de labios haciendo un puchero.

Thor le acarició la cabeza.

–¿Por qué estás enojado?

–Porque estoy enojado. –Hërin se esforzó pero era un pensamiento muy elaborado para que pudiera enunciarlo. Thor alzó la vista, Frigga lo miraba como analizándolo.

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El dios del trueno se recluyó en su despacho, había confiscado los dietarios de los embajadores y tenía que leerlos pero eran diversos y todavía no lo hacía. Usó su tiempo para meditar qué hacer respecto a Loki, por lo que terminó escribiéndole una carta. Le era imposible hablar con él de asuntos personales, sólo peleaban, y deseaba que Loki lo escuchara. Soltó un suspiro y abrió ese cajón en donde tenía cosas privadas, sacó el dibujo de un Loki más joven en forma jötun, el libro de arquitectura para Svadilfari, desdobló la infame majestad.

–Ya sé quién te hizo –le dijo a la pintura que lo había eludido durante todo ese tiempo, y que a su forma de ver, había sido la raíz de muchos de sus problemas. La estrujó y la lanzó al fuego de la chimenea. Ya no la necesitaba.

Enrolló su carta en el dibujo de Loki Jötun, se lo iba a dar al ojiverde junto con el libro porque después de todo, ninguno de los dos le pertenecía. Svadilfari había hecho esa pintura para Loki y su hechicero le había querido regalar un libro al elfo oscuro. A Thor le seguía encelando esa relación pero no podía hacer nada.

Fue a buscar a Loki en sus habitaciones, aunque no usó el paso por la habitación en común que alguna vez compartieron. No le gustaba entrar ahí, había demasiados recuerdos de ellos dos en tiempos dichosos. Valdis estaba al pendiente haciendo su ronda habitual por los aposentos reales. Fue él quien se ocupó de anunciarlo. Su dios del engaño acababa de bañarse, llevaba el cabello húmedo, estaba sentado leyendo algo.

–¿Qué sucede? –Le preguntó con amabilidad pero no despegó los ojos de lo que leía. –¿Es el concejo? ¿La ciudad?

–No sucede nada ni con uno ni con el otro –le dijo Thor deteniéndose ante él.

–Entonces ya puedes irte, tenemos este tácito acuerdo de hablar sólo de política.

–Anoche viniste a mi alcoba. –Se vio en la necesidad de recordarle.

–No volverá a suceder –le aseguró Loki pero no le preguntó si le dolía la cuchillada que le había dado. Thor se agachó a su altura.

–Escúchame. –Loki negó.

–Déjame corregirme, no volverá a suceder que invada tus estancias para agredirte pero no te garantizo tal cosa si eres tú quien viene a buscarme.

Thor suspiró y dejó un paquete en el sofá junto a su consorte. Se retiró sin insistirle. Loki siguió leyendo, ignorando aquel paquete, pero no podía concentrarse, las palabras del pergamino del gremio de orfebres carecían de sentido. Finalmente desistió y desenvolvió aquello que Thor le había dejado. Era el libro que envió desde Svartálfheim para Svadilfari, así pues Thor trataba de decirle que ya no le importaba el elfo oscuro. Igual había dos pergaminos, el primero era una carta.

"No temas que el contenido de esta carta sea una continuación de la pelea de anoche, ni que contenga una reiteración de los sentimientos que guardó por ti, pues sé de sobra que los conoces a la perfección. Tampoco es una súplica de que me concedas una nueva oportunidad, pues esa ya te la he reiterado antes. Te escribo pues no hallé forma de hablar contigo sin que caigamos en la tentación de gritarnos, sinceramente también lo hago para que no interrumpas mis alegatos con tu proverbial labia. No deseo humillarme insistiendo en tu perdón, y si no fuera porque mi necedad me impulsa a escribirte, no lo haría. Tendrás que perdonarme por pedir que leas esta misiva, sé que lo harás a regañadientes pero apelaré a tu curiosidad para que lo hagas.

Anoche mientras discutíamos intentaba expresarte mis razones por las cuáles te fui infiel y que no te traicioné desde que partiste a Svartálfheim como lo has hecho sonar. Quizás no quieras saberlo o no te interese pero me veo en la necesidad de relatar sentimientos que pueden serte ofensivos. Lo hago para que me comprendas. Jamás he dejado de amarte, permití que Amora se me acercara más que ninguna otra mujer en la corte porque la veía únicamente como una amistad. Me sabía tan enamorado de ti que lo considere inofensivo, pensé que aquello no tenía consecuencias negativas. Pienso que, hasta ese momento, no es reprensible lo que hice.

Ahora comprendo que erré en prodigarle mi atención posteriormente, en requerir su presencia a mi lado y en permitirle conocerme. Lo hice porque me sentí solo, y mi necesidad de afecto superó mi sentido común, debo ser franco que a pesar del cariño que te tengo, me sentí agobiado por tu ausencia. Creo que el único momento en que mutuamente nos hemos entendido fue cuando me reprochaste que era mi amante –aun cuando no lo era– y yo a su vez, hice lo mismo respecto a tu amistad con Svadilfari. Siempre quise conocer la naturaleza de su relación pero jamás me la dejaste en claro, ahora ya la sé, y quizás hubiera preferido no conocerla.

Sé que puede parecerte que mis motivos fueron insuficientes, pueden serlo, pero no se me hacen condenables. Mis acciones por el contrario sí fueron indignas, especialmente porque te mentí. Te dije que mis intenciones no eran lastimarte pero sí lo eran, no sólo deseaba poseerte en cada uno de los sentidos sino que deseaba herirte y cobrar revanchas. Me arrepiento de lo que hice. En cuanto a si pienso en ella, lo he hecho, rememorando que me envenenó para enfermarme y así poder asesinarte. El resto de lo que sucedió, ambos lo conocemos de sobra.

En cuanto a la verdad de lo que aquí digo puedes preguntarle a Karnilla. Si el desagrado que te provoco le restara todo valor a las palabras que aquí te manifiesto, espero que exista la posibilidad de que aceptes las palabras de tu amiga. Creo que he escrito más que suficiente y me gustaría contar con una respuesta, si no, sólo me restará avergonzarme de mis sentimientos."

Estrujó aquel papel y lo dejó de lado maldiciendo a Thor. Por supuesto que no le daría la satisfacción de sacarle una respuesta. Desdobló el segundo pergamino, era un retrato de sí mismo en su forma jötun, reconoció de inmediato los trazos de Svadilfari, aunque Loki no se explicaba cómo había llegado a manos de Thor. Pensó en Amora, como le pasaba últimamente, en ella diciéndole "Thor no sabe guardar secretos".

–Qué poco lo conociste, sí que sabe hacerlo.

No sabía cuánto tiempo había tenido Thor ese dibujo ni cómo es que nunca le había preguntado por él pero entendió porque Thor, estando desatado, había agarrado del cuello a su amigo.

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La reina madre salió de la habitación de Odín.

Le había narrado los funestos acontecimientos de la infidelidad de Thor y de la traición de los nobles, no estaba segura de lo que opinaría su marido acerca de lo sucedido pero ya lo sabría cuándo él despertara. Frigga había prometido mantenerse al margen del reinado de sus hijos, así como de su relación y sólo intervino cuando vio que las cosas se desmoronaban. No estaba dispuesta a tomar parte en los problemas de éstos pero donde no podía apartarse ni hacerse de oídos sordos, era en el asunto de sus nietos.

Frigga pasaba mucho tiempo con los niños, más que sus padres que estaban ocupados en sus labores. Veía que la ansiedad de Nari crecía y el enojo de Hërin empezaba a manifestarse en hoscos silencios y en llanto para dormir, para bañarse, para comer. Preguntaba todo el tiempo por Loki mientras que Nari hacía lo propio por Thor. Sus padres creían que los niños no se daban cuenta de lo que sucedía entre ellos pero estaban muy equivocados. Y la reina madre no estaba dispuesta a permitir que los infantes padecieran los desencuentros de sus padres.

Le pidió a Jyana que los hiciera llamar a cada uno por la tarde, sin hacerle saber al otro de la presencia de su consorte. Loki llegó primero a sus estancias privadas, ella le señaló un asiento a su lado pero cuando el hechicero iba a ocuparlo, Thor entró.

–Madre –dijo Loki haciendo ademán de levantarse pero la reina lo retuvo de un brazo.

–Yo lo invité también –le explicó. –Debo hablar con ambos. –El dios del trueno se acomodó frente a ellos y Frigga esperó hasta que Loki se sentó para empezar. –Hijos, yo no tomo partido en sus rencillas por ninguno de los dos. Pero no puedo guardar silencio en esta ocasión pues mis nietos están sufriendo. Delante de sus súbditos pueden fingir todo lo que deseen pero los niños saben, intuyen y se percatan de que ustedes dos se han distanciado. –Thor fijó su mirada azul en Loki el cual no desprendía la suya de sus manos. –No pueden seguir así. No puedo imponerles una reconciliación, pero esto les digo: no pueden evitarse delante de sus hijos. No pueden instarlos a tomar parte en su riña. Desayunemos los cinco juntos, como antes –les propuso Frigga. –Permitan que los vean juntos, que sepan que los dos los aman.

–¿Nos sugieres fingir que no pasa nada? –Preguntó Loki.

–No, no he dicho que deban tomarse la mano y darse besos, llamarse cariñosamente y hacerse arrumacos. He dicho que los niños no deben tener que escoger entre uno y otro. ¿Pueden hacerlo? Hërin parece tener la impresión de que si no se aparta de Thor, no podrá estar con Loki. –El mencionado pareció avergonzado. –Y Nari presiente que algo está mal, porque ve a su hermano enojado y llora –les comentó. –No pueden sólo hablar de política y de la ciudad, deben hablar de sus hijos también porque ellos son de los dos, no de uno solo.

–Tarde o temprano se darán cuenta de que algo está pasando –dijo Thor conciliadoramente y miró a Loki. El hechicero alzó por un momento la mirada y cuando la fijó en Thor parecía genuinamente mortificado.

–Les aconsejo que empiecen a pensar en lo que les dirán en un futuro. Entretanto nos vemos en el desayuno –y en ello último Frigga no estaba preguntándoles si estaban de acuerdo o no.

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A la mañana siguiente Frigga ya los esperaba para tomar el desayuno en las estancias comunes. Ambos se sentaron un poco tensos pero los niños llegaron rápidamente de la mano de sus niñeras. Hërin fue el primero en desprenderse de Ásta.

–¡Papá! –El pequeño de inmediato le pidió a Loki que lo sentara en sus piernas. Se giró hacia Thor y lo miró con algo de recelo. Fuya sentaba a Nari junto al dios del trueno, pues esa era su costumbre.

Les llevaron la comida. Hërin insistió en comer del mismo plato que el de Loki. Desayunaban miel, leche, huevos tibios, avena, pan negro y cortes finos de jabalí en las hierbas.

–Yo contigo, yo contigo –insistía.

–Tú tienes tu desayuno –repuso el ojiverde.

–No, yo quiero comer tu comida. –Loki le acercó el suyo. Hërin se puso muy feliz y ufano. Loki negó pero sonreía.

Thor le estaba dando de comer a Nari en la boca. Su pequeña princesa le iba contando algo entre balbuceos y cucharadas de comida. Frigga condujo la conversación hablando sobre los niños únicamente; pero notó que cada tanto Loki miraba a Thor cuando creía que el dios del trueno no se daba cuenta, y Thor hacía lo mismo. Frigga se permitió tener esperanzas.

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Lord Herryk, señor de los enanos de Modruladur, sostuvo las riendas del pony de su reina mientras esta descendía con un movimiento fluido. Thyra iba escoltada por veinte guerreros suyos y su hijo Tryggvi. La reina usaba ropa de montar finamente decorada, su cabello castaño iba sujeto en una coleta que se balanceaba a la altura de su cadera. Su andar siempre era recto y seguro, con grandes zancadas para los cánones de su raza. Presumía de ser sincera y franca, tanto que a veces parecía desafiante.

–Mi amada reina –le dijo Lord Herryk con una marcada reverencia.

Thyra no estaba ahí ni por sorpresa ni por un asunto trivial. Había llegado desde Menelmakar para un concilio de guerra convocado por uno de sus aliados, pero llegaba temprano para revisar los preparativos que desde hacía tres años estaba fraguando. Modruladur había dejado de ser principalmente una mina y se convirtió en una armería. La reina había ordenado fabricar lanzas, espadas, escudos, ballestas, armaduras y máquinas de asedio. Levantó una leva e hizo a sus lores que entrenaran nuevos soldados para el día en que conquistaran Svartálfheim y exterminaran a los elfos de luz.

–Las últimas cifras de nuestra bodega –le dijo tendiéndole un pliego al que Thyra echó una ojeada sin dejar de caminar.

–¿Cómo van los pilares? –Le preguntó.

Lord Herryk la instó a que lo siguiera. Entraron en una de las secciones de la mina, el sopor de inmediato hizo presa de la reina y el príncipe. El calor de los hornos y fundidoras se percibía aún en los niveles superiores pero ellos no descendieron sino que caminaron por una lateral de la mina y desde las alturas, el lord les señaló la construcción de los pilares que le solicitaron. Estaban hechos de una aleación de bronce y gelgja, medían más de quince metros de alto y tenían el grosor de un pequeño drakar. Debían ser ocho y apenas llevaban siete. Había varios enanos que con cinceles y martillos les grababan con cuidado pequeños símbolos que componían un laitale. Un grupo de elfos oscuros trabajaban junto a ellos puliendo los símbolos y hechizándolos. Les había tomado esos tres años diseñarlos y construirlos. No era labor fácil menos aun cuando el material escaseó y Hildetand se negó a venderlo. Thyra tuvo que coger el que Odín le entregó tras derrotar a Laufey y que éste le envío con un singular propósito. En fin, en la guerra todo se valía.

–Pronto estará listo el último –dijo satisfecho Lord Herryk. Tenía hombres trabajando día y noche, sin descanso para formar, no sólo una pieza firme sino también una obra de arte. Desde ahí el pilar que tenían más cerca brillaba.

–Por fin –dijo satisfecha Thyra. –Todo su esfuerzo hasta ahora no ha de decrecer Lord Herry, pues nuestra prueba más ardua está por llegar –lo alentó y el hombre se sintió halagado. La expresión de Thyra se tornó nuevamente en un gesto lleno de seriedad. –¿Y Hrimthurs?

–En su campamento. Dice que le cuesta diseñar los laitales necesarios en medio de este calor. Sus hombres a veces salen a través del puerto de Bain pero Hrimthurs siempre se queda atrás. –Thyra sabía por qué, Telenma andaba en busca de su cabeza y no dudaría en cortársela el día en que lo encontrara. A la reina enana le producía un gran placer y múltiples mofas el que su gran enemigo estuviera oculto en Svartálfheim y que el linaje de Eyrikur no conociera la existencia del puerto de Bain.

–Iré a verlo –señaló saliendo de Modruladur. El campamento del que hablaban, estaba a dos estadios. Ella jamás ordenó a Herryk que les hiciera espacio dentro del castillo, ni en la población, y si actuó así fue para recordarles a los elfos oscuros que debían conquistar Vilwarin si deseaban que Svartálfheim fuera tan suyo como lo era de ella.

La guerra aunque no declarada había iniciado un día en que un cambia formas llamado Bölthorn apareció en su reino junto con un grupo de elfos oscuros encabezados por Hrimthurs, el gran arquitecto. Bölthorn traía en manos el proyecto de su señor, el gran Surtur. A la mención de ese nombre, Thyra se sintió tentada a rehusarse oír pero la curiosidad pudo más. Bölthorn, como si conociera los más oscuros secretos de su corazón, le prometió ayuda para obtener Svartálfheim para los enanos y elfos oscuros. Se librarían por fin de los elfos de luz, que los habían tratado como a sus subordinados. Thyra siempre había odiado al linaje de Eyrikur.

A cambio de que Surtur los ayudara en su conquista debían obtener el observatorio, quitarle el sello que aprisionaba al rey de los Muspell y facilitarle su tránsito, junto con su ejército, hacía Asgard. Pero en ese momento la reina de los enanos había querido algo más. Los grandes reyes de su tiempo estaban muertos y Odín dormía pero quedaba uno: Larus. Bölthorn, era un hechicero con poderes casi ilimitados, pero por cada cosa que te concedía debías retribuirle. A saber que le daría Surtur a cambio de su labor para liberarlo. Thyra habló en privado con él para pedirle que matara al rey elfo, a cambio de ello, el cambia formas la hizo comprometerse a ayudar en todo a su señor.

El hechicero prometió que el príncipe Eyvindur daría muerte a su padre con sus propias manos para después ser consumido por un demonio. Thyra se regodeó en grande, equipó a su nuevo aliado Hrimthurs con sahya y armas para tomar el observatorio. Ese era su plan inicial a la vez que su declaración de guerra pero aunque Larus murió, lo demás no pudo concretarse. Eyvindur no fue quien lo mató pues no estaba en Vilwarin, en cambio se hallaba en el observatorio y junto con su maldito dragón, venció a Hrimthurs en esa incursión.

Después de aquello Eyvindur envió a Teros a la frontera con su ejército, desconfiando abiertamente de ella. Le enojó el trato despectivo que le prodigó a su hijo, algo que no le perdonaba, pero le gustó verlo tan desconfiado como para dejar en claro que no iban a jugar. Y Ausmünd se levantó en armas desafiando a los nuevos reyes.

Thyra pudo haber aprovechado esos acontecimientos pero decidió mejor mostrarse paciente. Ocultó a Hrimthurs en su territorio y aguardó a observar lo que sucedía. Cuando el rey elfo partió a Vanaheim ella decidió ayudar a Ausmünd con la esperanza de que ganara, matara a su enemigo y tener un aliado más. Nuevamente hubo otro revés, uno que llegó de la mano de Thor. El rey de los aesir le demostró a Thyra que estaba más que dispuesto a apoyar al rey elfo. Entre los dos dieron cuenta de la revuelta.

Obró bien en no continuar con las hostilidades en ese momento. Eyvindur tenía una alianza más fuerte que ella. Bölthorn volvió, no habían logrado su parte del trato así que les pidió en compensación algo más: Que construyeran unos pilares capaces de nulificar el bifrost. El hechicero insistía en que los necesitarían el día en que tomasen el observatorio de Svartálfheim, para impedir a los ases ayudar a los elfos de luz. Bölthorn no dejaba de señalar que si ellos solos se lanzaban a la guerra, perderían tal como le sucedió a Ausmünd. Era indispensable contar con su señor Surtur. Thyra meditó los sucesos, no consideraba a Hrimthurs un aliado valioso porque no tenía soldados y la construcción de los dichosos pilares, no era sencilla, necesitaba a alguien más.

Por eso pensó en Hildetand.

Thyra envió a Bölthorn a Jötunheim a conseguir más gelgja para los pilares y a hacerse con los gigantes para sus propios propósitos. Pero en vez de que el rey jötun aceptara, prefirió hacer de buen vasallo y se alió con el dios del trueno. Thyra estaba segura de que eso era obra de Skadi, de quién decían era la que gobernaba en realidad, gran amiga de los reyes de Asgard, a veces hasta acudía sola al reino dorado. Particularmente, Thyra pensaba que Skadi se follaba a Thor.

Otra vez el rey de Asgard se metía en su camino.

Por ahora las cosas marchaban lentamente. Hrimthurs había cumplido su parte de ayudar en la construcción de los pilares solicitados por Bölthorn, pero además estaba reuniendo a los elfos oscuros que llegaban al reino a través del puerto de Bain. Su gran adhesión hubiera sido la flota de Nulka, si no hubiera sido destruida por Telenma.

Thyra sentía que cada plan que tenían era frustrado por Thor y Eyvindur. Ella, se dedicaba a vigilar a sus enemigos y a preparar las mejores armas. Aunque eso último estaba amenazado por un accidente. Unos centinelas de Lord Wose habían dado con un grupo de elfos oscuros en el que viajaba el mismísimo Hrimthurs cuando éste volvía del puerto de Bain. Habían peleado y los elfos oscuros abatieron a todos sus homónimos de luz, sin embargo Lord Wose se preguntaría por su unidad perdida, así que Thyra ordenó a una unidad de enanos quitarse las insignias y se adjudicaran aquella matanza, atacando las fronteras de Wose, pretendiendo que eran renegados. Los elfos de luz se tragaron ese ardid sin sospechar de elfos oscuros pero con la paranoia de Eyvindur, eso bastó para que enviase al dragón negro a sus tierras. Thyra no dejaba de perder hombres tratando de mantenerlo alejado de Modruladur y de Hrimthurs.

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En cuanto la vieron en el campamento de los elfos, uno corrió a la tienda más grande, seguro a informarle a Hrimthurs que había llegado. Tryggvi se adelantó a abrirle la cortina y dejarla pasar, después de eso, despachó a su hijo. No le tenía miedo a Hrimthurs.

El elfo no estaba solo, lo acompañaba una chiquilla escuálida que se afanaba en dibujar unos planos. Hrimthurs sobresalía del resto de los elfos oscuros, no por su apariencia física que no distaba de los otros de su raza, sino que tenía el porte de un hombre curtido por el mundo, orgulloso y temerario. Los enanos lo llamaban el "pretendiente" pues deseaba hacerse con el reino de los elfos de luz pero Thyra veía en él más deseos de venganza que ansías de gobernar.

–Dema, déjanos –le ordenó con tono firme pero voz suave.

La elfa oscura salió de inmediato y la reina tomó asiento alrededor de la mesa del gran arquitecto, ni siquiera miró los papeles. Sólo les quedaba aguardar por Bölthorn, quien los había convocado.

–¿Cómo está la situación en las fronteras? –Le preguntó Hrimthurs.

–Como cabría esperar: mal –respondió ella. –El dragón negro está a varias jornadas aún de aquí, Lord Herryk le ha dado permiso para entrar a nuestro territorio y mañana mismo saldrá a alcanzarlos con el propósito de ayudarlos a exterminar a estos enanos rebeldes, aunque más bien es con la idea de alejarlo de aquí. No quiero que encuentren la armería. Mi capitán Haryon tiene órdenes de que todos sus hombres declaren que deseaban hacerse con Velgermyr. Los nueve saben que jamás les hemos perdonado esa ofensa, ni les perdonaré ésta. Eyvindur soltó a su mascota, quien no sólo asesina, destroza y quema a mis hombres con su fuego, sino que los aterra hasta que temen encararse a él y prefieren salir huyendo. ¡Malditos cobardes!

Thyra había tenido buen cuidado que esas noticias no se filtraran a los campamentos, lo que menos quería, era que antes de iniciar la guerra sus hombres ya temieran al enemigo. Tenía suficiente con que Teros y Telenma fueran unos hijos de dísir para añadirles el dragón. Ese atolladero era culpa de los elfos oscuros pero Hrimthurs jamás le ofreció una justificación o le solicitó su perdón a Thyra por ello, no era hombre que creyera en las disculpas.

La cortina se corrió, y Bölthorn entró transformado en elfo oscuro.

–Llegas tarde –lo reprendió Thyra.

El aludido le dirigió una sonrisa amable y en un movimiento fluido fue a sentarse al lado de Thyra. Hrimthurs permaneció de pie por gusto, y de esa manera los dominaba al menos con su altura. Era quien menos hombres tenía, menos armas y quien había hecho muchas promesas a ellos dos, para alcanzar sus deseos.

–Estaba en Asgard entretenido con las ejecuciones celebradas. No podía permitirme no verlo, son la comidilla de los nueve reinos –se burló. A Thyra no le hizo gracia, su embajador había muerto ahí. A Hrimthurs no le importaba, lo consideraba una tontería. –La reina jötun estaba de visita y también te traigo nuevas sobre tu hijo –le dijo a Hrimthurs –es arquitecto real en Asgard –y se rió como si fuera una broma muy divertida. No por el nombramiento de Svadilfari sino porque Hrimthurs, el gran arquitecto, jamás había logrado su sueño de tener una vida tranquila construyendo.

El aludido se mantuvo inescrutable.

–Eso es algo que ya sabía –dijo Thyra no sin irritación, su nuevo embajador se lo había contado aunque ella no se vio en la necesidad de comentarle nada de ello al elfo oscuro. –No me importa en absoluto si Skadi acudió a Asgard para acostarse con Thor, ¿qué tiene eso de interesante?

–Pues debería importarte –contradijo Bölthorn –porque es el rey de Asgard quien tiene poderosas alianzas en este momento: Hildetand, los reyes vanir, hizo aesir a un gran número de alfh, y no a campesinos alfh, sino a los antiguos soldados de Giselher que ahora lo adoran porque los hizo parte del reino dorado; por no hablar de Starkag en Alfheim y por supuesto Eyvindur.

–No me menciones al hijo de Larus, esa pequeña zorra… –Se enfadó Thyra. Siempre había odiado a Eyriander y a su bellísimo hijo. No soportaba la manera en que este se conducía. –Sí, Thor será un fastidio cuando entremos en guerra, yo siempre lo tuve por el imbécil más grande de los reinos, ahora empiezo a creer que eso es una mentira bien elaborada para engañar a los incautos.

–Pero no crean que sólo he ido a divertirme. Estuve en Nornheim buscando aliados, hablé con Oxater, que tiene un gran clan para que se una a nosotros, pero con los norn no se puede, en unas horas estaban entrando en combate con otro clan. Pude haber esperado quién salía victorioso pero consideré la tarea inútil. Además, he escuchado que Thor se hizo de varios rehenes valiosos de los clanes, y tienen casi lista a la reina norn para devolverla a su mundo, y no sola, sino desposada con un vanir que llegará con sus ejércitos a pacificarlo todo. –Se encogió de hombros.

–Así que no sólo te has ido a divertir, sino que haces de ave de mal agüero. Qué alegría que hayas conseguido más aliados a nuestra causa –dijo Thyra con sarcasmo.

Bölthorn no picó.

–Me he cruzado con nuestros amigos mercenarios. Están listos para arribar a Svartálfheim, lo harán en la próxima luna nueva, les ha tomado lo suyo esquivar la flota de Telenma. Y si logré traer a alguien más, se las presentaré en unos minutos. –No dejó que la reina enana hiciera otro comentario mordaz y continuó hablando. –Este es un buen momento para atacar nuevamente. Los pilares están casi listos, y Muspellheim se puede ver en el cielo, es un momento más propicio que el que tuvimos hace tres años para liberar a mi señor Surtur. Así que los exhorto a que empiecen a alinear a sus hombres; es hora de que esta guerra secreta deje de ser tal.

Sus dos aliados se quedaron callados.

–Podríamos hacerlo, sólo falta un pilar y tenemos los hombres necesarios para un ataque al observatorio –dijo Hrimthurs.

–Yo preferiría librarme de Eyvindur tal como lo hicimos con Larus, ¿qué deseas a cambio de enviar a ese demonio tuyo para que lo asesine? –le pidió a bocajarro. –El dragón hizo que tuviera que sacrificar una unidad entera, pero estoy segura de que se replegará si el rey muere.

–No puedo hacerlo –se negó Bölthorn –mi agente se encuentra en Asgard. Le he ordenado matar al rey y no podrá volver hasta que lo haga. –Bölthorn le había dado la caja de droma a Amora, que le era conocida pero temía que la rubia no instó a Thor a abrirla y ahora que estaba muerta, no podía ir a reprocharle su incumplimiento.

–Si Thor muere, el reino quedaría en manos de su hijo pequeño y del consorte real –meditó Hrimthurs –que sin duda no podrá entrar en una guerra tan velozmente. Thor no ha dejado de interponerse en nuestro camino.

–Sí, ha sido una buena idea –se congratuló a si mismo Bölthorn.

–Entonces mata al dragón negro tú mismo –insistió Thyra.

–Los dragones no son susceptibles a la magia. –Bölthorn jugó con sus dedos –pero tranquila, tengo una solución para encargarnos de él. –De todos modos lo haría porque el dragón estorbaba pero si Thyra y Hrimthurs querían darle algo a cambio por hacerlo, Bölthorn no les negaría el placer de pagarle. –Sólo tendrán que pensar qué me darán por hacerlo a un lado. –Se puso en pie para correr la cortina de la tienda y hacerle una seña a alguien que aguardaba fuera. Una mujer entró detrás de Bölthorn, pero no era cualquier fémina, porque estaba muerta y su cuerpo entrado en putrefacción que no culminaba la hacía lucir terrible. –Ella es Brun, la capitán de las dísir. Tengo tres unidades de ellas que están ansiosas de probar almas de elfos de luz. ¿Cuándo dijeron que estará listo el último pilar?

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Eyvindur despertó con un sobresalto. El contenido de sus sueños se borró cuando alcanzó la lucidez. Solía dormir así, de manera interrumpida, despertaba constantemente y le costaba volver a conciliar el sueño. Estaba solo en su alcoba. Pronto amanecería así que se evitó el esfuerzo de intentar descansar un poco más. En vez de eso comenzó a vestirse para presidir la oración del amanecer.

Hacía tiempo que dormía solo. Antes cuando no lograba conciliar el sueño se refugiaba en los brazos de Elemmíre; aunque no lo hacía con hambre de caricias y carne. Pronto se percató de que intimar no sosegaba su espíritu, pues le era posible yacer con su amante y aun así pasar la noche en vela presa de preocupaciones y sueños alarmantes. Por eso decidió pedirle a Elemmíre consuelo en forma de poesías y canciones. Du bardo se sentaba cerca de él y con su voz tejía sueños tranquilos. Eyvindur se prendó de aquel consuelo y trataba de recompensar a Elemmíre con su afecto aunque sus encuentros amorosos lo dejaban en ascuas e inconcluso. La relación entre ambos cambió un día en que Lúne le hizo infausto consejo.

"Podrías pedirle a Lómelinde una poción para dormir sin soñar" había dicho su tío. Y Eyvindur receló.

"¿Cómo sabes qué tengo pesadillas?". Lúne le había dicho que tenía mal semblante pero el rey elfo no confió en que eso fuera todo.

Cuando confrontó a Elemmíre, su amante admitió que se lo había contado a Lúne. Eyvindur lo presionó acerca de los motivos por los cuales se entendía tan bien con su tío, que él supiera no eran amigos. Su bardo le confesó con gran vergüenza que Lúne lo había instado a acercarse a él en un inicio, aunque todo lo sucedido después se debía al afecto que le prodigaba. Eyvindur le creyó e incluso pudo perdonarlo por haberle ocultado aquello y por revelar lo que pasaba en la intimidad de sus aposentos ante Lúne; pero resolvió que debía lidiar con sus demonios por sí mismo. Dejó de dormir con su amante y su relación se enfrió.

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Después del rito del amanecer tomaba lecciones con la hechicera real, aunque era el rey no deseaba desatender el uso de su seidh. Esa mañana Lómelinde le enseñó un laitale en el que estaba trabajando. Se trataba de una barrera mágica que debí a ser capaz de encarcelar un ser de energía maligna en su interior. La hechicera se lo mostró ejecutándolo ante su rey y capturándolo dentro de una suerte de domo creado con su seidh.

–Impresionante –dijo Eyvindur con voz apagada desde el interior del hechizo.

–Esto contendrá cualquier fuerza demoniaca que lo cruce, haciendo imposible que dañe o escape –le explicó. –En el caso de la caja de Droma, el escudo que rodea nuestro castillo no impidió su paso porque iba oculto en la caja. –Lúne había ordenado que todos los objetos dirigidos al rey fueren revisados por Lómelinde antes de entregárselos. –Pero si volviese a suceder algo similar, este hechizo tendría que contener al hechicero que fuese poseído.

Eyvindur asintió. Tuvo curiosidad por probar la fuerza de aquella magia. Posó una mano en la barrera y con su propio seidh la hizo vibrar tratando de resquebrajarla. No lo consiguió. No se trataba de fuerza sino de precisión, con un poco de tiempo hallaría una forma de desbaratarla pero debía admitir que si encerraban a un demonio en esa barrera tendría que ser muy listo para encontrar la longitud de onda adecuada y escaparse.

–Haz hecho un buen trabajo –la felicitó.

–Ojalá pudiera hacer más, pero para defenderse de entidades malignas lo primero que se debe hacer es conocer su nombre. Mientras no sepamos quién viajaba en la caja de Droma y que suerte tuvo, tener un hechizo para contraatacar es mejor que nada.

Eyvindur le temía a ese demonio, si volviese a atacar Enya era seguro que él o Lord Aldor o Lómelinde, uno de los tres moriría. La hechicera real lo liberó. Eyvindur tomó el pergamino donde estaba escrito el laitale.

–Igual serviría para resguardar a alguien adentro.

–Sí –dijo ella. –Un campo de fuerza a pequeña escala. Desvía moléculas rígidas y ondas de luz, pero también seidh y energía.

–En verdad te felicito, es un hechizo hermoso. –Lómelinde se inflamó de orgullo por el elogio de su rey.

–Tengo algo más que narrarle –dijo levantándose para acudir a la ventana de las estancias donde un telescopio estaba firmemente asentado. –Belfrast me envió una misiva ayer, en el observatorio detectaron un acontecimiento sin igual en el firmamento. Sé que sus tareas lo tienen muy ocupado y no tiene tiempo de escrutar el cielo pero no debe dejar de ver esto. –Eyvindur tomó ansioso el artefacto para mirar por la lente, Lómelinde ya lo había calibrado para que él pudiera ver. Y en efecto, en el cielo a pesar de la luz del día, pudo contemplar un brillo rojo.

–Su color rojizo indica que es de una temperatura muy baja y la luz que emite, quizás sea por el día pero me parece que está muy cerca de nosotros.

Se enderezó. La hechicera real sonreía satisfecha.

–Pero mi rey, eso no es una estrella. Es Muspellheim. –Eyvindur volvió a divisar por el telescopio. Entonces al contrario, al ser un reino, ese tono rojizo indicaba su alta temperatura. –Todos los reinos nos movemos por las ramas del Ygdrasill pero sus caminos no son eternos. Es algo que Lord Aldor descubrió – Eyvindur asintió, había leído el libro que su maestro escribió al respecto.

–Entre los reinos hay caminos naturales que enlazan uno a otro y que son ramas del Ygdrasill pero al igual que un fresno, puede que sus ramas se muevan y un reino cambie su senda –terminó de decir él. Pero aún con aquella explicación estaba anonadado, deberían buscar cuándo había sido la última vez que Muspellheim se había atisbado a través de sus cielos. Podría hacerse una crónica para que pudieran hacer una predicción a futuro sobre ese suceso.

–Nosotros compartimos rama con Vanaheim, por eso tenemos una senda natural –le dijo Lómelinde. Ese camino estaba en el norte.

–¿Hay peligro de que los Muspell entren al reino?

–Nos alinearemos pero no se formará ningún camino, ellos están sellados en su mundo. Cuando un reino sale de su rama, se le llama vagabundo. No se quedara mucho tiempo ahí. En el observatorio seguirán su caminar y le mantendremos informado. –Eyvindur en realidad tenía ganas de ir directo al observatorio a hacerlo por sí mismo. Dibujaría un mapa estelar marcando su andar e inclusive podía añadir detalles más precisos en su reloj cósmico y sin embargo sabía que no lo haría, sería como Lómelinde le dijo, lo mantendrían informado pero hasta ahí.

Echó un vistazo más. Muspellheim parecía más rojo al centro, pero ahí en el cielo parecía más una herida en el cielo, un anuncio funesto, que un reino vagando por el gran espacio.

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Cuando llegó a su despacho Lúne ya lo esperaba ahí.

–Tengo lista la embajada que traerá de vuelta a mi hija a casa –fue lo primero que le dijo. A su tío le sentó mal enterarse que Thor había arrestado a Lara y enjuiciado y dado muerte a Eredlindon, insistía en que el rey de Asgard debió ponerlos en sus manos para que ellos depusieran el embajador y resguardar el honor de su hija que fue juzgada como traidora en la ciudad dorada y conocida así en el resto de los reinos. –Con ellos irá el nuevo embajador, si Thor lo ratifica, ocupara el lugar de Eredlindon.

Eyvindur consideraba que su prima no debió de haber firmado aquella petición de juicio en contra de Loki, Lara debió ser prudente y mantenerse al margen de los sucesos. Pero no era algo que Lúne comprendiera. Asintió a las disposiciones que su tío había tomado. Lúne habría querido ir en persona pero no lo haría, en cambio iría Eyriander.

–Estoy seguro de que Thor hizo lo que debía para las circunstancias que atravesaba –fue lo único que dijo. Pese a la mesura de su comentario, Eyvindur también se sorprendió cuando escuchó a cuántos ordenó decapitar, se preguntó si él sería tan implacable si lo traicionaran. Recordó la ocasión en que acuchilló en la mano a Tryggvi, la respuesta era clara.

El elfo dejó de pensar en los problemas del dios del trueno para concentrarse en los suyos propios. Estaba especialmente interesado y mortificado por lo que ocurría en el señorío del norte, con sus problemas pluviales y de inundación de cosechas. Le había ordenado a su secretario, Eydís que se enviaran reservas de los graneros del oeste para abastecer a esa parte de la población, aquellos granos no sólo eran de Svartálfheim sino que habían pedido a los vanir que del vasallaje que les daban por tutelarlos, una parte fuera dada en cosechas. Ahora Eyvindur comprobaba que había sido una medida prudente.

Sin embargo no quería depender por siempre de aquello, era el segundo año en que las cosechas del norte se perdían.

–¿Alguna noticia del sur? –Le preguntó a su pariente para sacarlo de su enojo.

–De Wose. –Informó pasándole un rollo. Continuaban sus confrontaciones con los enanos rebeldes. –Han logrado hacer retroceder a los enanos hasta el río Elivagar, cuando crucen se encontraran en territorio de Lord Herryk, quien ha dado su consentimiento para que entremos a sus tierras y ha ofrecido su ayuda para exterminar esta rebelión.

–Eso fue obra de Thyra sin duda alguna. –Ella se lo habría ordenado pues Herryk no haría nada sin el consentimiento de su reina, Eyvindur se preguntó por qué habría cambiado de opinión.

–Nos dice que Hagen ha hecho un excelente trabajo, ha aniquilado junto con sus hombres a dos centenares de enanos en menos de dos semanas. Nos dice que a la vista de la espada que porta, huyen aterrados o deponen las armas. –Lúne parecía muy satisfecho con ello. –En detrimento de su letalidad, nos narra que a nuestro Lord Protector le da por la rapiña, supongo que un norn siempre será un norn –o sea un salvaje. –¿Le reprendemos por ello? –Los elfos no eran dados a tomar las posesiones de los muertos.

–No veo por qué no ha de quedárselo. Los norn ven de diferente forma la guerra, para él es un desperdicio y una forma de deshonrar a un enemigo el no quitarle sus pertenencias.

–Bien –aceptó Lúne pero añadió: –a veces me he preguntado si existirá algo que le niegues. –El rey le lanzó una mirada gélida pero el lord Consejero adoptó una expresión severa, como si deseara recordarle que a pesar de ser su soberano, continuaba siendo su sobrino; la ira de Eyvindur que amilanaba a muchos no surtía efecto en Lúne. El rey no dijo más, rara vez mencionaba a Hagen como no fuera para seguir sus progresos en la guerra. –También tengo un informe de Lady Telenma. Tras su incursión en Alfheim y de haber exterminado a los mercenarios de Nulka, no ha hallado en el espacio a otra flota de elfos oscuros, sospecha que todos se encuentran en tierra. Escondidos en los nueve, aunque su asentamiento más importante es Asgard.

Eyvindur estaba al tanto de la destrucción de la flota y de que Lúne había conseguido que Starkag permitiera que Telenma buscara prófugos en Alfheim. A la elfa le había tomado un mes sentirse satisfecha en cuanto a ello.

Por un lado le alegraba saber que aquellos que hurtaron sus máquinas de asedio habían perecido por fin y por otro lado, se sintió hastiado de las noticias. Desde que inició su reinado sólo conocía de guerras, confrontaciones y enemigos. Primero fue Ausmünd, después los elfos oscuros, ahora estos enanos rebeldes, y sin olvidar a Droma y tal vez la participación de Hela. Estaba consciente de que para vengar a su padre todas esas acciones eran necesarias pero mientras más elfos oscuros caían menos parecían poder encontrar a Hrimthurs. Como si los nueve se lo hubieran tragado.

–He pensado que deberíamos pedirles a los otros reinos que nos permitan la entrada para arrestar elfos oscuros cómplices de Hrimthurs –dijo Lúne. Eyvindur ya había tenido una conversación similar respecto a lo que se entendía como "cómplice" y debido a su primer decreto como rey, Lúne insistía en qué significaba: Todo aquel que sepa y oculte información sobre Hrimthurs. Todos los elfos oscuros eran por lo tanto potenciales partícipes.

Eyvindur miró el otro reporte en sus manos.

–He pensado que una represa en el reino del norte podría ayudar a los problemas de las cosechas. Quizás inclusive un acueducto sería ideal –cambió de tema.

–Enviaré un grupo de los ingenieros para que estudien el problema, te haré un informe y veremos que se inicien los trabajos cuanto antes.

–Quisiera ocuparme del problema personalmente –lo cortó Eyvindur. La última vez que había ido al norte fue cuando era joven, en un viaje de su padre al señorío de Teros y no había vuelto nunca más.

–Me temo que no es una buena idea. Eres nuestro rey y tú seguridad es primordial, mientras no descubramos más acerca de la hechicería negra de aquella caja y donde se encuentra aquel espíritu que violentó a Atán, no recomiendo que salgas de la seguridad de Enya. Salvo que sea una causa que así lo amerite. –Lúne tomó su silencio como una aceptación pues Eyvindur siempre escuchaba sus consejos. Le entregó las cifras de los elfos oscuros abatidos y el informe de Lord Wose en el sur para que lo leyera si así gustaba. –Creo que este sería un buen momento para que acudas a Asgard.

–¿Y qué haría yo en Asgard?

–Hemos esperado lo suficiente; es momento de solicitar a Loki y a Thor que cumplan su palabra de permitir a Telenma entrar en el reino dorado para aprisionar a todos los elfos oscuros que encuentre ahí. En especial a la esposa e hijo de Hrimthurs. Me parece que el rey Loki ya ha hecho bien su labor reuniéndolos y del último informe de Eredlindon, no parecen crecer más en número.

–Thor no permitirá a Telenma descender y mucho menos hacer arrestos. Cuando hablé con él al respecto me aseguró que puedo contar con su apoyo mientras no transgreda su honor. Además he leído con cuidado los últimos reportes de Eredlindon, la flota que está en Asgard no es de mercenarios sino de ingenieros, más aún el hijo de Hrimthurs es arquitecto real en el reino dorado.

–¿Crees los rumores de que es amante de Loki? ¿Piensas que él lo protegerá? –Eyvindur negó, no se creía nada de ello. –Sí, es un favor lo que vas a pedirle a Thor pero no por nada somos aliados a la ciudad eterna. Es más, hay que recordarle que en base a sus actos, nosotros también les concedimos la ciudadanía svartá a los alfh asentados. Y por tratarse del rey de Asgard, es que vas en persona, debes convencerlo en aras de la amistad que guardan.

–No estoy seguro de hacerlo –confesó Eyvindur –no sólo porque no quiero pedirle algo de esta índole a Thor sino porque me parece que aunque tomemos como rehén a su familia eso no asegura que Hrimthurs dé finalmente la cara. Y Svadilfari no parece calzar en la descripción de mercenario, parece más bien…

–¿Bueno? –dijo Lúne.

–Inocente –dijo el rey.

–¿Puedo preguntarte para qué haz pasado tantas pruebas y corrido grandes riesgos si ahora te conviertes en enemigo de tu propia seguridad? ¿De dónde te viene este súbito respeto por la sangre de tus enemigos? No apartaste la mirada cuando te trajeron las cabezas ni las manos de los elfos. Eso me hizo pensar que la sangre te gustaba ¿y acaso crees que el hijo de Hrimthurs no tiene las manos más rojas que las tuyas? No dudes en que derramaría tu sangre si te tuviera cerca, después de todo han sido elfos oscuros los que han matado a tu abuelo y a tu padre; y a ti te marcaron para siempre. ¿O esas cicatrices en el rostro no te recuerdan nada?

Eyvindur endureció sus gestos. Su tío no temía en ningún momento en lastimarlo con lo que más le dolía para doblegarlo. Miró los papeles sobre su escritorio, cuántas torturas tenía ahí, cuántas muertes atroces narradas. A veces se preguntaba si tendrían fin. "Es necesario para el reino. Debemos hacerlo por el reino", se repitió como Lúne a veces solía recordarle. El reino, el reino, siempre el reino.

–Ningún reinado es grande si no tiene su parte de hiel. Para alcanzar la grandeza a veces tienen que hacerse actos crueles pero Eyvindur estoy seguro de que en unos años, esto será olvidado y tu reinado se basara en algo más esplendoroso. No hemos errado en nuestras acciones, confía en mi consejo como haz hecho hasta ahora ¿o me he equivocado? –Preguntó el Lord Consejero.

–No, tío –aceptó al menos ello.

–Quisiera preguntarte por las minas de tierra que diseñaste –continuó Lúne.

El rey las había ideado una noche de insomnio y se lo había contado de pasada a Lúne quien se mostró emocionado por aquel invento. Eyvindur dijo que intentaría crearlas y su pariente se lo tomó muy en serio.

–Creo que están listas para hacerse pruebas con ellas, tengo al menos diez –le contó.

Lúne asintió, dijo que pondría a Lord Teros en la tarea aunque en territorio elfo, insinuó que después podrían usarse contra los enanos pero Eyvindur no escuchó ya aquello.

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Invitó a Elemmíre a cenar con él esa noche. Aunque comieron callados.

–Puedo preguntar, ¿a qué se debe este silencio? –Le preguntó su bardo con mesura cuando los siervos ya se llevaban los platos. Le alcanzó una mano y se la acarició. Eyvindur no respondió, en cambio bebió un poco de vino tomando la copa con su mano libre. –¿Deseas que cante para ti? –El rey negó.

–Deseo… deseo saber si me piensas cruel. –Su amante se mostró algo confundido con la pregunta. –¿Crees que me estoy convirtiendo en un rey que ama en demasía la sangre y la muerte de sus enemigos?

–Tienes sobradas razones para actuar como actúas; y el poder para ejercer la justicia.

–Querrás decir la venganza. Tener tanto poder en mis manos, ¿me da derecho de teñirlas de rojo?

–¿Qué es lo que te preocupa?

–Estar equivocado –dijo –pero también me preocupa ser débil. –Por supuesto que Eyvindur conocía aquel dicho de que cada nuevo brote del linaje de Eyrikur era más débil que el anterior.

–Estás atribulado por tus deberes como rey. No sé en qué concepto te tienes pero esto sí sé: tus súbditos te aman. –Eyvindur le sonrió agradecido por recordarle que en medio de todo, al menos había paz y prosperidad para los elfos de luz.

Elemmíre trató de abrazarlo y Eyvindur se lo permitió aunque no se sentía capaz de gestos espontáneos de afecto.

–¿Me permitirás acompañarte esta noche? –Inquirió Elemmíre tomando aquella concesión como una invitación. Hacía tiempo que no intimaban. Eyvindur consintió con una sonrisa y un beso; pero no por ello se apresuraron al lecho. Elemmíre tocó una canción en su lira, un relato sobre las estrellas, sobre la más hermosa de ellas, era algo que halagaba a su rey siempre, y esta vez no fue la excepción. Eyvindur lo miró con cariño y sus ojos se posaron en sus manos. Elemmíre era hábil con ellas, en las armas y en la música. Eyvindur deseó que así como le arrancaba armoniosos acordes a la lira, pudiera hacer lo mismo con él.

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Elemmíre le ayudó a quitarse el mantón que portaba y la túnica que lo cubría. Ya conocían el cuerpo uno del otro, pero Eyvindur seguía sin saber que caricias le gustaban más a su bardo, que era lo que más le gustaba de él. Y no se atrevería a preguntárselo. Se besaron lánguidamente, a Eyvindur le gustaba la manera en la que Elemmíre lo miraba, adorándolo, incrédulo cada vez de que le permitiera contemplarlo tan íntimamente. Cayeron entre las sábanas comiéndose la boca lentamente. Las manos de Elemmíre alcanzaron la piel de su rey, lo tocaban prodigándole cariño y cuidado. Eyvindur se dejó hacer, deseaba que pasara, consumirse en aras de la pasión, abandonarse por completo y sentir. Elemmíre se había vuelto más hábil desde la primera vez que habían estado juntos. Cubrió a Eyvindur con su cuerpo, buscando darle satisfacción. Eyvindur arqueó la espalda y se mordió los labios cuando lo hendió. Le dolió, aún le dolía. Maldijo para sus adentros. Se quedó estático procurando que su rostro no trasluciera su malestar; convirtió su respiración adolorida en suspiros de placer y hundió las manos en la cama apretando para resistir. Dejó que Elemmíre gozara de él, mientras que se preguntaba si había algo intrínsecamente retorcido dentro de él, que le impedía disfrutar aquello. Nunca había sido demasiado entusiasta, ni en su escasa experiencia previa, pero lo que ahora sentía lo perturbaba pues debajo de la incomodidad física y de la sensación de desgarrarse, no había nada.

Elemmíre detuvo los movimientos rítmicos con los que lo poseía. Lo dejo ir. Eyvindur se incorporó, quedando sentados uno junto al otro. Las primeras veces Elemmíre no cuestionó nada, culminaba y luego ayudaba a Eyvindur con sus manos, pero poco a poco el rey fue apartándolo. En sus encuentros el bardo alcanzaba el clímax pero Eyvindur no, y al final dejó de importarle que intentara otras caricias, otras formas además del coito para darle satisfacción.

–¿Te encuentras bien? –Le preguntó el cazador. Porque claro, Eyvindur podía resistir y pretender, pero no podía fingir el orgasmo, no podía obligarse a mantenerse duro y culminar, ni podía ocultarse, su cuerpo lo exponía.

–Lo estoy. –Elemmíre jamás le reprochaba pero en su mirada había decepción. –Lo lamento, no creo que pueda continuar.

–Sé que no he logrado ser digno de ti y de tu afecto, si hay algo que desees, lo que fuera, yo estaría dispuesto. –El rey negó.

–No volverá a pasar –le aseguró y su bardo entendió a qué se refería en el acto. –Me haz consolado y me haz acompañado en medio de mis tribulaciones pero no es justo que continúe utilizándote de tal manera. Cada vez me entrego a ti más por gratitud y por compañía que por afecto, no deseo seguir así. No quiero que nuestro romance se convierta en motivo de dolor.

–Pero este momento ya es doloroso –dijo Elemmíre y apartó la mirada de su rey. –Nunca tuve pretensiones elevadas, tan sólo quería hacerte feliz.

–Si hay algo que pudiera hacer por ti sólo pídemelo –le dijo Eyvindur pero la frase era más bien de despedida.

Su bardo lo tomó de los hombros y lo besó suavemente en los labios.

–Sólo esto.

Elemmíre dejó su cama. Eyvindur se quedó solo pero no se sintió apenado. Su vida estaba dedicada al reino y a su venganza, no había cabida para nada más y no lo lamentaba.

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La noche sin luna los cubría con su manto sombrío. Los elfos podían ver en la oscuridad pero los enanos no. Belegaer se adelantó con sus pasos silenciosos y que no dejaban huellas. Hagen lo seguía de cerca. Había centinelas en el campamento de los enanos, unos que cayeron sin siquiera un grito, abatidos por las flechas del elfo.

Cuando se percataron de que el dragón negro había llegado, era demasiado tarde. Se desbandaron sin un orden mientras que los arqueros elfos hacían blanco de ellos causando una gran mortandad. El guerrero negro portaba una espada de acero élfico, cuya empuñadura representaba un dragón con las alas extendidas y la cola enroscada en el filo. La espada se prendió en llamas. Las ballestas de los enanos hendieron el aire dando en el blanco pero su enemigo ya se había recubierto parcialmente de escamas. Las flechas penetraron esa coraza maldita pero no lo herían lo bastante para tumbarlo. El acero incendiado partía los cuerpos de cuajo, esgrimido por la fuerza apabullante de su dueño. Sesgar cabezas, abrirlos en canal y mutilarlos. Era muy fácil.

La matanza se prolongó hasta que el sol salió. Los elfos habían impedido que los enanos pudiesen huir, devolviéndolos al círculo donde Hagen peleaba sobre una pila creciente de cuerpos. Se detuvieron cuando no quedó nadie en pie, ni un grito de auxilio, ni un intento fútil de defenderse.

–¿Cuántos caídos? –Inquirió Lord Wose, quien era el señor del sur y padre de Elemmíre. Llegaba a caballo y Belegaer, apostado en la periferia del campamento, le respondió.

–Eran un grupo pequeño, unos ochenta. –La compañía que Hagen lideraba era aún más pequeña. Consistía en veinte arqueros y él. –Por nuestra parte, ninguno. Los enanos no portaban insignias, más renegados.

–Otra victoria aplastante de nuestro Lord protector, deberé agradecerle a nuestro rey el haberlo enviado. Mis hombres rastrearán río abajo, aunque de seguir así Hagen liquidará a todos los enanos de Menelmakar. ¿Dónde está él?

Belegaer se mostró ligeramente incómodo. Los elfos nunca tomaban las posesiones de los muertos como no fuera para quemarlas o enterrarlas junto con sus dueños; Hagen había sido educado en otras costumbres.

–Reclamando su tesoro entre los caídos –respondió el arquero. Wose negó reprobatoriamente pero no sería él quien intentase disuadirlo.

Ambos elfos entraron en el campamento, los elfos estaban apilando leña para cremar los cuerpos. El dragón le estaba quitando los anillos de los dedos a uno de los caídos.

–Salud a los victoriosos guerreros –saludó Lord Wose guiando su caballo entre las tiendas. Hagen se incorporó y le respondió con una reverencia. –¿Haz terminado tu labor, Lord Hagen?

–Sí, mis enemigos se presentan cada vez menos decorados –repuso lanzando los anillos en un saco que luego le aventó a uno de los miembros de su compañía. –Llévalo por mí, ya tengo un buen tesoro a recaudo –le pidió con la voz ronca de su forma semihumana.

–He mandado preparar por anticipado un banquete en mi fortaleza, sabiendo como sabía que vencerían.

–Te agradezco mi lord esa molestia, y también el que hayas venido personalmente a invitarnos el almuerzo –los modales de Hagen dejaban mucho que desear. Lúne, Teros y Lord Aldor, e inclusive la reina Eyriander, parecían haberse habituado pero no así Lord Wose que se tomaba su desfachatez a burla. Frunció el ceño.

–Deseaba contemplar con mis propios ojos tu obra, no me gusta que se me refieran importantes acontecimientos por boca de terceros cuando puedo constatarlos por mí mismo.

–Dado que ambos hemos finalizado lo que nos ocupaba, marchémonos. –Dijo Hagen finalizando aquel infructuoso evento.

Sus hombres apilaron los cuerpos y les prendieron fuego. Recobraron sus caballos que habían dejado algo apartados y partieron.

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Lord Wose, había vivido demasiado cerca de Menelmakar toda su vida, por ello residía en una fortaleza, amplia e iluminada, pues era una obra de los elfos, pero austera y fortificada. Se llamaba Barad Eithel, la torre de la fuente. Era en efecto un conjunto de torreones blancos, alrededor de los cuales se asentaba una pequeña ciudad, la capital del reino del sur. Estaban rodeados de un muro altísimo y contaban en el mismo centro con un manantial anidado en una fuente con la efigie de Naira Anar, al que se debía aquel nombre. Sus puertas les fueron abiertas. Los jinetes desmontaron en el patio de guardia. Un grupo de elfas se les acercaron llevando agua para enjuagar sus manos de sangre y polvo.

–Mi Lord, aún eres un dragón –dijo una de ellas, de hermoso rostro y cabellos rubios muy claros. Era la favorita de Hagen en ese lugar, le gustaba su compañía porque además danzaba sublimemente, pero no le había puesto ni una mano encima, ni a ella ni a ninguna otra doncella de la ciudad. Lord Wose conocía su reputación de conquistador y se ufanaba que bajo su vigía el dragón se comportaba. En realidad había otros motivos para que se mantuviese apartado de las tentaciones de la piel y la pasión; pero esos no los compartía más que con Belegaer.

–A veces me toma algo de tiempo recobrar mi forma humana –repuso Hagen enjuagando manos cubiertas de escamas negras y garras. Ella no se inmutó pues no era la primera vez que le veía aquella figura. Las escamas negras corrían por los brazos de Hagen y se perdían bajo su armadura, su cabeza era lo menos alterado, las escamas cubrían parcial y desordenadamente parte de su cuello pero el rostro permanecía libre de ellas, aunque los ojos eran ambarinos como los de un reptil.

–Debes tener hambre, permite que te agasajemos –añadió ella y se retiró.

–No sé cómo lo haces pero creo que te haz ganado su corazón –dijo Belegaer sólo para los oídos de Hagen.

–A toda fémina le seduce un caballero apuesto con un algo de peligro en él –fanfarroneó Hagen.

Fueron al interior de la fortaleza a través de un corredor rodeado de arcos, hasta el salón principal. Wose presidía la mesa, los veinte elfos de la compañía de Hagen se sumaron a los familiares y a los guerreros de la corte del sur. Había un elfo que acababa de llegar de Vilwarin, llevaba la capa azul con la estrella de cinco puntas, lo que indicaba que era de la guardia real aunque Hagen no lo reconoció, dijo llamarse Celon, portaba varios mensajes de la corte. Mientras comían, Celon empezó a hablar con Lord Wose. Le refirió primero que nada que el rey se encontraba bien y que su reinado prosperaba sin obstáculos. Luego le contó que Elemmíre cumplía sus deberes con diligencia y honor. Belegaer le dio un codazo por lo bajo a Hagen pues había chasqueado la lengua al oír aquello. El dragón procedió a convertir aquella burla en un acceso de tos.

–El rey desea viajar a Asgard –añadió aquel elfo y Hagen se interesó en el acto. –Lord Lúne lo está organizando todo, desconozco la fecha de partida pero parece que se quedará allá un tiempo, nuestra majestad Eyriander irá con él.

–Yo también desearía ir –murmuró el dragón a Belegaer. –Hace tanto tiempo que no veo a mis primas que igual y ya no las reconozco.

–Escríbele y dile que haz cumplido tu deber, refiérele esta petición, no creo que te lo niegue.

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Por la tarde, Hagen se ocupó de que sus hombres limpiaran sus armaduras y afilaran las espadas. Le pidió a Belegaer empenachar flechas nuevas. Todo eso lo hizo bajo forma de dragón. Había intentado de todo para relajarse y volver a su forma humana, bebió algo de vino, se dio un baño, echó una siesta, escuchó algo de hermosa música élfica, pero no hubo manera. Estaba como atascado en esa forma aberrante y empezaba sentirse irascible.

–Mi Lord –lo abordó Celon cuando Hagen se dirigía con Belegaer a entrenar un poco para ver si cansándose volvía a ser humano. –Te tengo un mensaje de viva voz de Enya.

–Dilo pues.

–Si te consideras a ti mismo un auténtico svartá deberás dejar de lado tus costumbres barbáricas, se te insta a entregar el tesoro que haz acumulado arrancado de los muertos y cederlo al templo de tu preferencia para que honre a las nornas y de esa manera se impida un mal hado.

–¿Quién manda decir tal cosa? ¿Es Eyvindur quien me reprocha?

–No. Es un mensaje de parte de Lord Lúne.

–Ya. –Hagen asintió. –Puedes decirle a Lord Lúne que sólo obedezco a Eyvindur, si es el rey quien me lo pide haré lo que se me manda, pero si es un capricho del lord Consejero pues, él mismo. –Le dio la espalda a Celon.

–Qué falta de obediencia para tu superior. Este mal hábito te traerá desgracias pues sin duda la codicia guía tu mano. Debo inquirir, ¿para qué quiere una bestia un tesoro? ¿Emularás los relatos de antaño de dragones echados sobre oro? –Hagen se giró de prisa antes de que Belegaer lo alcanzara.

–¡Calla el hocico! –Alzó al elfo por el cuello con facilidad. –No sabes, no entiendes.

–Suéltalo. –Belegaer le sujetó las manos tratando de meterle razonamiento a su capitán. Hagen lo obedeció. Celon se puso de pie velozmente. –Tu pregunta es ofensiva –se dirigió a él Belegaer, –y bajo esta forma necesaria para vencer enemigos, mi lord no es el más paciente de los nueve. Te pido disculpas en su nombre.

Eso dijo el arquero y después se fue de prisa detrás de Hagen que volvía sobre sus pasos a su habitación en la fortaleza.

–Te agradezco que hayas intervenido –le siseó a Belegaer cuando se quedaron solos. –Si hubiera dicho una palabra más que me enfadase lo habría matado.

–Ya, porque hay que matar a los que fastidian a un dragón, todo el mundo sabe que eso no es sabio –trató de relajar la situación el arquero.

–No Belegaer, en verdad iba a quitarle la vida por unas preguntas idiotas. Me cuesta dominarme, no creo que pueda recobrar mi forma humana. –Belegaer se mostró preocupado, tanto como Hagen lo estaba. Sus ojos de serpiente seguían siendo expresivos. –Necesito un favor. Me quedaré aquí encerrado para no incurrir en algún agravio, se nota que Wose no me desea ningún bien y no quiero incitar su furia. Ve que todo vaya bien y que se hagan preparativos para volver a Vilwarin.

–Así lo haré y me pasaré a verte, quizás quieras que cenemos juntos. Mañana estarás mejor, son todas estas batallas, haz participado en muchos combates recientemente y pasado demasiado tiempo cubierto de escamas. –Hagen asintió como esperanzado. –Mañana estarás renovado, listo para coquetear con todas las elfas de Barad Eithel. –Repitió Belegaer.

–No me interesan ellas. –Los dos se carcajearon. –Y una cosa más, consigue una cadena –le pidió Hagen como casualmente, –la más resistente que halles.

–¿Una cadena? –Repitió Belegaer y su general lo miró apenado. El arquero lo dejó solo. Hagen se acercó a la ventana. En el cielo había asomado una estrella roja. La había notado hacía varias noches, por alguna razón lo hipnotizaba.

El día siguiente no trajo la ansiada recuperación. Belegaer se encontró con la habitación destrozada y su comandante junto a la ventana mirando el cielo.

–¿Hagen? Por Anar, que locura te ha dominado.

–Vlaövic –dijo Hagen. –Hay una estrella roja en el cielo, ¿la haz visto?

–Sí –respondió Belegaer omitiendo que lo había llamado por otro nombre.

Su capitán se giró a mirarlo pero no lo reconocía, siguió hablando, creía que estaba en otro sitio, en Ijósálfar. Mentaba a un tal Kranjcar; y pedía por Kaarina y sus primas. El arquero intentó razonar con él pero pronto comprobó que tal cosa no era plausible, Hagen no comprendía nada de lo que trataba de explicarle y se irritó tanto que encendió en fuego maldito una de sus manos. Belegaer tuvo que huir de ahí. No podía callar una cosa así, se lo tuvo que decir todo a Lord Wose. La alarma cundió por toda la fortaleza.

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Eyvindur se retiró temprano para descansar. Su madre había partido ya para traer a Lara de vuelta a Svartálfheim. Su prima había sido motivo de discusión entre su tío y él. Lúne había pensado que una forma de resarcir el honor mancillado de Lara, era convirtiéndola en heredera de Eyvindur, ya que no tenía hijos. Pero él se negó posponiendo todo ese asunto, algo que no le agradó a su pariente.

Estaba cansado de pelear con él.

–Mi señor –lo llamó Eydis desde detrás de la puerta. –Ha llegado un mensajero de Lord Wose, lo está esperando en su despacho, ya he avisado al Lord Consejero.

El mensajero era Belegaer, le hizo una reverencia y Eyvindur tomó su asiento para escuchar el mensaje que llevara. Su tío ya se encontraba en su despacho a la espera de las noticias. No podían sino ser importantes ya que era una hora tardía para dar cualquier reporte.

–Majestad –inició Belegaer –Lord Wose me ha enviado con toda premura pues su sapiencia no es suficiente para resolver el problema que nos aqueja, además de que teme incurrir en su ira si se equivocase.

–¿Qué asunto puede ser tan grave que el astuto Wose pide consejo al rey y que a la vez lo obliga a despedirse de un capitán como tú en tiempos de conflicto?

Belegaer respondió pero cuando lo hizo su mirada estaba fija en el rey

–Se trata de mi Lord Hagen. Combatió por última vez hace siete noches y obtuvo otra victoria aplastante haciéndolo todo casi por él mismo. Sin embargo después del fragor del combate cuando quiso recobrar su aspecto habitual, dejando atrás la semi humana figura con la que aterroriza a sus enemigos, tal cosa le fue imposible. Se quedó atrapado en la piel de dragón. Nadie osó decirle ni una sola palabra y él se rió de sí mismo restándole importancia. Pero a la mañana siguiente no sólo su figura era menos que humana sino también su razonamiento. Ha perdido la capacidad de dialogar pues cuanto dice es incongruente y se comporta de forma violenta con todos, no me reconoce ya. Pasaba horas mirando esa estrella roja en el cielo sin comer ni dormir. Hace dos días Lord Wose decidió apresarlo y Hagen permitió ser conducido a una celda sin oponer resistencia, como temíamos, pero su estado empeora como si el dragón que habita en él, hubiera despertado y estuviera reclamando al hombre.

Hizo una pausa.

–Lord Wose estaba hablando de ejecutarlo antes de que pierda el dominio de sí mismo y nos devore o nos incineré. Pero yo, y otros muchos, que admiramos el valor y la lealtad de nuestro general nos hemos reusado recordándole lo cercano que mi Lord Hagen es para con el rey. "Ninguna palabra de Lord Wose podría terminar con la vida del dragón negro, pues es un leal súbdito de su majestad el rey Eyvindur y si su vida ha de estar en manos de alguien, ha de ser en las suyas". Y tras decirle aquello, tomé un caballo y aquí me tienes mi rey.

–Las precauciones dictadas por Lord Wose me parecen sensatas, si en verdad Hagen ha perdido la razón debería ser ejecutado antes de que se torne en una amenaza –opinó Lúne.

Eyvindur se imaginó que Hagen se estaría resistiendo a transformarse completamente a dragón por temor a aquella piedra en su interior que supuestamente estallaría. Le preocupó pensar en lo que podría pasar si superaba aquella barrera y un dragón salvaje se liberaba en su reino. El rey cerró los ojos durante un momento, consciente de que tanto Belegaer como Lúne esperaban sus palabras.

–Dices que no cesaba en mirar la estrella roja, pues bien, no es tal sino Muspellheim, que ahora puede verse en nuestro cielo. Hagen, cuya forma de dragón proviene de ese mundo, debe estar afectado por su influencia. –Belegaer lo miró con esperanza –posiblemente una barrera que bloquee este influjo maligno podría devolverle la razón.

–Magnifico, Hagen es un guerrero sin igual, sería una pena tener que sacrificarlo sobre todo en los tiempos aciagos que corren –se entusiasmó Lúne.

–Sin duda son aciagos tío, cuando al amigo se le trata como arma y a nuestro campeón se le piensa mascota –no pudo contenerse de reprocharle. –Belegaer, descansa y ve que te den un nuevo caballo. Volverás donde Wose para decirle que en forma alguna apruebo que le haga daño a mi Lord Protector.

–Si es para dar tales noticias no necesito ningún descanso, partiré de inmediato.

–Hablaré con Lómelinde y veré que se prepare para viajar cuanto antes, ella es la más indicada para resolver este problema. Recurrir a cualquier otro istyar tomaría demasiado tiempo. –Dijo Lúne.

Eyvindur asintió y tanto Belegaer como Lúne, lo reverenciaron antes de dejarlo a solas.

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El rey detuvo a su secretario ante sus estancias.

–Ve a las caballerizas donde encontrarás a Belegaer, dile que espere por alguien que lo acompañará, pídele al caballerizo que prepare una montura más y tráeme una armadura de la guardia. Después vuelve –le ordenó.

Eyvindur entró a sus habitaciones. Durante un segundo caviló lo que estaba a punto de hacer y al otro, cambió sus ropajes reales por prendas para montar. Tomó dos dagas que ciñó a su cintura, a pesar de que iba a viajar con Belegaer y que éste era un guerrero sin igual, no podía ser tan descuidado. Había decidido acudir él mismo a ayudar a Hagen. Escribió un mensaje para su tío: "Iré al sur. Tío, resuelve los asuntos más apremiantes, prometo volver pronto para viajar a Asgard." Sabía que ceder en el tema de acudir a Thor calmaría la ira de su pariente.

–Su alteza –dijo Eydis. Eyvindur le indicó que entrase en su alcoba –el capitán Belegaer aguarda. –Su secretario lo miraba aprensivamente, le tendió la armadura que le había pedido, lo asistió para ponérsela. Le ayudó a su rey a trenzar su largo cabello para que quedara oculto bajo el yelmo.

–No digas a nadie lo que estoy haciendo –le prohibió. Le dio la nota que había escrito –entrégasela a mi tío el día de mañana mientras desayuna. No antes y no después ¿me haz entendido?

Eydis asintió.

Los pasillos estaban casi vacíos a esa hora. Eyvindur se movió como un guardia más hasta las caballerizas. Belegaer lo aguardaba, por un instante lo tomó por el dichoso acompañante que iría con él, pero teniéndolo lo suficientemente cerca, lo reconoció.

–Majestad, ¿acaso piensa venir conmigo? El Lord Consejero dijo algo diferente.

–El Lord Consejero se equivocó, seré yo quien vaya contigo y no Lómelinde.

–Hagen se pondrá feliz de verlo, majestad –dijo en vez de intentar disuadirlo.

–Si es que me reconoce –pensó para sus adentros. Ambos salieron de prisa de Enya sin que ninguno de los guardias sospechara de él. El rey jamás hacía aquello, jamás tomaba decisiones imprudentemente. La única ocasión en que había abandonado sus responsabilidades, había sido hacía varios años y de la mano de Hagen.

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CONTINUARÁ…