LAS DOS CARAS DEL SER

LIBRO I: EL PRIMER GOLPE

CAPÍTULO 25: CRUDEZA CRECIENTE

Mientras volaba por los cielos de la capital japonesa, Paul intentaba percibir donde se hallaban la mayor parte de soldados o guerreros imperiales. Aquél es Hyoga, y está peleando con un sujeto tan poderoso como Edira, si es que no más… quizá deba ayudarlo pero… el aura de Sakura está muy débil y no sé si Eriol y Shiryu llegarán a tiempo para socorrerlos, pensaba Paul mientras analizaba si debía ir hacia donde los soldados se reunían o ayudar a Hyoga o a Sakura.

Era curioso que él pensara tal cosa cuando hace pocos días ni siquiera lo hubiera intentado. En el fondo, Paul supo que todos ellos eran aliados demasiado valiosos como para perderlos. Entonces cayó en cuenta de que Garudamon y WarGreymon venían hacia donde él estaba, junto con sus digi-destinados.

-Espera "Guardián".-dijo WarGreymon, mientras se dirigía donde él estaba.

-Lamento que hayan perdido a su camarada, de haber podido reaccionar a tiempo… .-trataba de excusarse Paul, mientras se detenía.

-Ahora yo lo lamento como nunca… ¿puedes sentir donde están el resto de nuestros amigos?-preguntó Tai.

Paul sólo se sumió en sus pensamientos y dijo a sus interlocutores:

-Exceptuando a Cody y Digmon, parece que alguien más ha muerto… curiosamente dejé de sentir dos pequeñas presencias en Shinjuku.

-¿Acaso sabes si Mimi ha muerto?-inquirió una llorosa Sora, tratando de agarrarlo del peto de su armadura.

-Por favor, no me digas que… .-decía Garudamon, temiendo lo peor.

-Tienen que calmarse… escuchen bien… detecté que la presencia de dos de ustedes desaparecieron, una era humana, la otra como un animal… ¿o una planta? Y estaban en Shinjuku, supongo que eran ellas, ya que sus auras eran similares a las que ustedes emiten, y la de esa chica es ligeramente distinta a los seres humanos corrientes.

-¡Maldición!-exclamó Tai, sin poder evitar el llanto.

-Alguien más murió en Tomoeda… y esa niña Sakura subió de poder más de la cuenta y… debió pelear con esa Shadow Warrior, ya que ahora está débil… .

-Entonces debemos ayudar a Sakura de inmediato y… .-Sora iba a continuar, pero Paul entonces les cierra el paso y niega con la cabeza.-¿Qué es lo que pasa? ¿Por qué nos detienes?

-Hay al menos cuatro Shadow Warriors aquí, el grupo de Sakura ha enfrentado a uno, aunque quiero creer que Eriol y Shiryu llegarán a tiempo para ayudarlos. Hay otro más que está enfrentando a Hyoga.-Paul señalaba los lugares en los que podía sentir la pelea para luego decir.-Sé que Cisne pelea allá por su cosmos y ese horrible aire helado. Hay un sujeto que no es un Shadow Warrior, pero sí que sabe pelear, ya que las auras del "manicomio" de Nerima están débiles. Hay dos más, y si son Shadow Warriors… uno de ellos, desapareció su poder hace un segundo y… rápido… ¡salgan de aquí!

-No… esta vez debemos… .-decía WarGreymon.

-¡Ayuden a sus camaradas que están combatiendo a los caronianos un poco más adelante! ¡Que el Omnipotente quiera que no se encuentren con el sujeto que ocultó su aura hace un segundo!-indicó Paul, preocupado por el aura que se acercaba a gran velocidad, y por el aura que dejó de percibir que sentía como más amenazante.

Fue cuando un hombre de cabello rubio, sujetado en una coleta y portando una armadura negra con algunos decorados apareció ante el grupo.

-Al fin conozco al sujeto que junto a su maestro derrotó a Raeluk… aunque es extraño que siendo eso cierto tu poder no sea tan grande… debías ser un Guardián de Plata, creo que los rumores son falsos. Y además, debías estar muerto.-teorizó Uthbak.-De cualquier modo no importa, yo soy Uthbak, y vengo aquí a hacer el rumor de tu muerte… ¡una realidad!

El imperial lanzó una serie de ráfagas de energía a una velocidad muy superior al sonido, que Paul contuvo con su Crystal Bubble antes de lanzarse contra él y golpearlo con un Bólido Destructor que lo derribó mandándolo contra la pista y haciendo un surco de cientos de metros con el cuerpo del imperial, que sin embargo de un salto mortal ya estaba de pie.

-¡SALGAN RÁPIDO!-ordenó Paul, antes de trenzarse en una lucha cuerpo a cuerpo con el caroniano.

Muy a su pesar, digi-destinados y digimons sabían que ese hombre de aura azulada tenía razón. Una vez que se alejaron de aquél lugar, Paul sintió más tranquilidad a la vez que seguía atacando a su enemigo.

-No sirve de nada que los hayas dejado salir… los mataré de todos modos.-contestó Uthbak, aplicando un duro rodillazo en el estómago a Paul y luego hizo que atravesara las paredes de un edificio golpeándolo con ambos brazos.

El imperial habló en tono confiado:

-Carlos fue un idiota al no dejar que te matemos desde un inicio. Su estúpida venganza personal costó la muerte de cuatro de mis camaradas, y los vengaré ahora… ¡Cápsula Relámpago!-anunció Uthbak, antes de formar una pequeña esfera de luz, del tamaño de una pelota de golf y lanzarla destruyendo parte del edificio en el que se hallaba en joven Guardián.

Todo indicaba que aquél fue el final del Guardián de Bronce, pero pronto comprobaría lo lejos de la realidad que era eso.

-Regla número uno, nunca bajar la guardia o descuidar tu espalda.-susurró Paul a Uthbak en pleno oído antes de agarrarlo por los hombros y dar un enorme salto girando como un tornado y mareando a un azorado Shadow Warrior que era luego derribado de un codazo para luego atraerlo con su telequinesis para conectarle de lleno un Dragón Naciente.

La sorpresa era mayúscula en el caroniano, quien apenas se reponía de aquél sistemático ataque y del impacto de aquél enorme dragón esmeralda proyectado por el puño del hombre de ojos azul-grises que apenas atinó a decir:

-Cómo es posible… mi Cápsula Relámpago… .

-Me sorprendiste aunque en el último minuto, neutralicé parcialmente aquello con mi Crystal Bubble. Y hará falta más que eso para vencerme… ¡Meteoro de Pegaso!-anunció Paul, aunque para sorpresa de él todos los meteoros no le acertaron.

-Impresionante… a nosotros nos tomó semanas como mínimo para entender las técnicas de los Santos de Atena pero tú lo haces apenas viéndolas… y el Meteoro de Pegaso puede ser efectivo, los primeros impactos podía evadirlos o detenerlos con mis puños, pero a medida que seguían debí usar mi sable. Mi turno… ¡Guadaña de la Muerte!-en ese momento Uthbak movió su brazo como si estuviera dando cortes de karate.

Para sorpresa de Paul, miles y miles de ráfagas cortantes salían del brazo de Uthbak a una velocidad y aceleración casi similares a las que él había lanzado con el Meteoro de Pegaso. El imperial entonces vio como el guerrero de la luz terrestre desviaba sus cortes de la misma forma en que él lo había hecho con sus meteoros. Pero de pronto el brazo izquierdo del Guardián estaba sangrando.

-De todos los cortes, uno de ellos es un corte de mi sable de luz… no es tan fuerte como un Shadow Blade pero puede ser fatal.-indicó el caroniano, antes de reír en forma burlona.

-Entiendo… deberé matarte rápido si quiero limpiar la basura.-contestó el Guardián, antes de lanzarse contra él en un segundo intercambio de golpes a una velocidad que parecía hacerse más y más distante de la del sonido.

En un momento dado, Paul sintió algo más. Esos conceptos… Raeluk, Carlos… llegaban a su mente como imágenes intercaladas, unas de él y un sujeto de armadura roja en un bosque, y otras de una pelea en un extraño complejo gigantesco con un diseño muy futurista. No aguantó más y tosió sangre, aquello era demasiado en su cabeza. Justo entonces, Uthbak le conectaba un certero derechazo en la mandíbula e iba a estocarlo con su sable de luz.

-¡Muere de una vez, maldito perro!-exclamó Uthbak, aunque veía en ese momento como Paul activaba su sable y se defendía.

-El único perro eres tú.-contestó el Guardián de Bronce, antes de lanzarse sobre Uthbak en un feroz intercambio de mandobles.

Diez y cuarenta y cinco de la mañana en Tokio, tres y cuarenta y cinco de la mañana en Atenas. Siete horas de diferencia aunque eso no quitaba el hecho de que en ambos lugares tan distantes entre sí, y de zonas horarias totalmente distintas se daba una lucha terrible contra el mismo enemigo que cubría de rojo carmesí los cielos debido a la presencia de sus astronaves de guerra. Milo de Escorpio y Aioria de Leo comprobaron eso cuando veían a las figuras de armadura negra llegar hacia la quinta casa.

-Ahí vienen.-dijo Milo, mientras se colocaba en una postura de pelea y haciendo crecer su uña hasta volverla un aguijón carmesí.

-Que no esperen más… ¡Relámpago de Plasma!-anunció Aioria, atacando por sorpresa a los cinco invasores que no pudieron reaccionar a tiempo y salieron disparados cada cual contra una columna del templo de Leo.

Pero Draloth a diferencia del resto colocaba una mano en el piso y de un salto mortal evitaba la caída. Los dos Santos de Oro quedaron impresionados ante aquello, ese fue el sujeto que venció a Kanon, y todavía seguía en pie del ataque del león dorado.

-Nada mal pero hay alguien más poderoso en la sexta casa de éste asqueroso Santuario… así que largo de mi vista.-siseó Draloth con prepotencia.

-Antes recibe el ataque carmesí… ¡Aguja Escarlata!-respondió Milo, mientras lanzaba al menos cinco piquetes contra Draloth, pero otro de los Shadow Warriors detenía su ataque usando su sable de luz.

-No, tú pelearás contra mí.-anunció Toufar, mientras se ponía en guardia contra el Santo Dorado de Escorpio.

-Y tu contra mí… gatito.-le dijo Caridi a Aioria, en un evidente afán de humillarlo, antes de lanzarse contra el Santo de Leo en un feroz combate cuerpo a cuerpo.

-Kales, Yanil… vámonos.-ordenó Draloth.

-De acuerdo pero antes… ¡Pesadilla Infernal!-dijo Kales, mientras proyectaba un poderoso ataque psíquico que hacía que Aioria recibiera directamente una serie de recuerdos sobre todos los momentos en que había sido humillado por la supuesta traición de Aioros, dejándolo indefenso para recibir varios golpes de parte de Caridi.

-Cierto, estos infelices recibirán algo por lo que me hicieron… ¡Ondas Destructoras!-decía Yanil, mientras que una serie de círculos que se hacían más y más grandes golpeaban a Milo en todo su cuerpo, lo que lo dejó indefenso ante un ataque telequinético de Toufar que se limitaba a estamparlo contra una pared.

Kales, Yanil y Draloth subieron aquellas escaleras de piedra decididos a derrotar al Santo Dorado que había hecho aquella ilusión en Cáncer.

Mientras tanto, muchísimos peldaños abajo, en la casa de Aries los soldados continuaban retirando la mayor cantidad de escombros que les fuera posible. Si lo que realmente aquellos Shadow Warriors decían era cierto, entonces tres guerreros del Santuario habían sido muertos o estaban a punto de morir, para lo cual ellos debían rematarlos.

Era una operación bastante sencilla, e incluso uno que otro soldado había bromeado un poco sobre lo "difícil" que era conquistar ese mundo ante los poderosos defensores de la Tierra.

-Suena interesante que estos sujetos realmente sean quienes dicen ser, ¿no te parece?-comentó uno de los soldados mientras fumaba un cigarrillo.

-Y que lo digas… tomar este planeta será menos complicado, creo que a lo mejor me retiro y… .-decía el otro, cuando en eso notó que los ojos de su interlocutor demostraban pánico.-Oye, que… .-en ese momento, cayó en cuenta que todos los demás estaban cargando sus armas.

El militar caroniano volteó y se encontró cara a cara con un Bud malherido pero listo para continuar luchando. Intentó activar su arma, pero un golpe a la velocidad de la luz lo fulminó. Todos los demás entonces dispararon contra Bud, pero en eso notaron como los disparos se estrellaban en una extraña pared de cristal. Antes que pudieran reaccionar, la melodía de una flauta les destrozaba los oídos, y aunque algunos trataban de arrancárselos, no podían siquiera llevar sus manos a su cabeza.

-Es inútil… la música afecta directamente al cerebro.-decía Sorrento, antes de seguir con su Sinfonía Final y rematarlos.

-Ahora debemos ir a las otras casas y… .-decía Bud, cuando el Santo de Aries se les interponía.-¿Qué ocurre contigo Mu?

-Por más buenas intenciones que tengan, ustedes no deberían estar en el Santuario.-decía el Santo al tiempo que señalaba primero a Bud y luego a Sorrento.-Tú atacaste a traición a Aldebarán, y tú eras el emisario de Poseidón. ¿Qué es lo que buscan realmente?

-Entiende que ya no somos una amenaza. Desde las guerras santas contra Asgard y contra Poseidón nuestras órdenes han quedado casi extintas y ahora no tiene sentido oponerse a los Santos de Atena. Además, entre Atena o los caronianos, es mil veces mejor que el mundo quede bajo el mando de su diosa.-explicó Sorrento.

-Y respecto a Aldebarán… nunca debí atacarlo a traición, pero el que peleaba era mi hermano, y debía ayudarlo. Ahora que él no está, sigo… y creo que seguiré siendo una sombra por el resto de mis días… si cuando menos voy a pelear, esta vez quiero que sea por lo correcto.-declaró Bud, antes de avanzar.

Tras aquello, Mu entonces decidió dejarlos pasar, aunque les dijo:

-No esperen necesariamente el mismo perdón de mis camaradas.

Y subieron cuesta arriba, decididos a vencer a los caronianos de una vez y por todas. Sin embargo, no repararon en que uno de los soldados pudo sobrevivir y logró comunicarse con Zertok.

-Capitán… rápido… debe mandar refuerzos… los guerreros del Santuario… siguen… viv… .-en ese momento, el soldado expiró.

Entre tanto, en el puente de mando de la "Yusud", Zertok se lamentaba el que los Shadow Warriors no ultimaran a los Santos.

-Posicionen todas las armas de las naves a su máxima potencia contra el Santuario… dejen de divertirse en Atenas, Estambul, Jerusalén o El Cairo… que no quede ni el recuerdo que allí existió el Santuario de Atena.-ordenó Zertok.

-En un lapso de un macrotac estará listo todo señor.-repuso uno de sus oficiales.

-Un macrotac, tacs más… tacs menos… solo eso le queda de vida a ese Santuario asqueroso.-siseó Zertok.

En las calles de Minato, diez androides de batalla caronianos luchaban ferozmente contra los digimons de los digi-destinados al tiempo que todo a su alrededor quedaba arrasado. Era un milagro que un reloj electrónico en un auto que se salvó de milagro de destruirse marcara puntualmente la hora. Eran las diez y cincuenta y ocho de la mañana. Pese a que algunos de esos digimons luchaban de igual a igual contra los androides, lo cierto era que ellos veían más cercana la torre de Tokio.

-Debemos destruir ésos robots, no podemos ser vencidos por los caronianos... ataca Stingmon.-ordenó Ken.

-¡Ataque de Aguijón!-dijo el digimon con forma de bicho, haciendo tambalear a uno de los androides aunque sin lograr penetrar su campo de fuerza.

-¡Por el Digimundo! ¡Flecha Celestial!-anunciaba Angewomon remeciendo la estructura de otro de aquellos colosos mecánicos.

De pronto una columna de soldados caronianos emergió desde los techos de los edificios de Minato y volaba en dirección a la retaguardia de todos aquellos digimons al tiempo que cargaban y apuntaban sus rifles-láser.

-¡Puerta del Destino!-dijo MagnaAngemon, haciendo que algunos soldados imperiales que iban a atacarlos, fueran atraídos por la puerta y sean atrapados allí.

Finalmente, las inmensas maquinarias robóticas del imperio caroniano se detenían y empezaban a pelear contra ellos. Izzy notó el lugar. Estaban peleando en la versión japonesa de la Torre Eiffel, la Torre de Tokio.

-¡Martillo Volcán!-anunciaba Zudomon, quien secundaba el ataque del digimon en forma de lobo y lograba dañar en parte a los androides de batalla.

Fue allí que algo curioso sucedió. Aquél impacto hacía que al fin empezaran aquellos gigantes de metal a recibir un daño que al fin podía percibirse.

-¡Aliento de Lobo Metálico!-decía MetalGarurumon, que lanzaba de nueva cuenta aquellos "misiles congelantes", los cuales ésta vez hacían congelarse y tambalear a esos diez androides.

Aparte de ésos robots, también Shaoran se tambaleaba con un rodillazo en el rostro antes de caer al piso. Intentó defender a una inconsciente Sakura de Adelia. La niña de ojos esmeralda sorprendió a todos con aquella demostración de fuerza, pero al agotarse rápidamente estaba indefensa. Había pasado un buen tiempo de aquél duelo mágico pues ya el sol empezaba a proyectarse con más intensidad, lo cual le hizo asumir al niño Li que debería ser ya las once de la mañana. Uno a uno Spinel-sun, Kerberos, Yue y Ruby-Moon habían sido abatidos con relativa facilidad mediante una segunda Lluvia de Meteoros de Adelia.

El heredero del clan Li intentó enfrentarla, pero ni aún con todas sus fuerzas pudo detener a la terrible guerrera extradimensional. Ahora sangraba por todo su cuerpo, y tenía unas costillas rotas, al tiempo que supuso que Sakura debía haberse roto algunos huesos por la caída que sufrió al ser derribada por ésa mujer, y sentía que todo se había perdido.

-Ven que desafiarme es algo que nunca debieron intentar. Los mataré con algo de dignidad... usaré una mejor técnica contra ustedes.-dijo la Shadow Warrior que emitía una enorme concentración de energía mágica y áurica cuando sintió un par de presencias más.

-Hi... ragizawa... .-musitó el chino con una enorme debilidad mientras reconocía a uno de sus rescatadores.

-Mis suposiciones eran ciertas, Sakura tiene un poder superior al que pudo preverse, y retó a esta bruja durante unos instantes al menos.-habló el inglés.

-¡BRUJA! ¿QUIÉN TE CREES PARA HABLARME ASÍ, NIÑO?-gritó Adelia en un frenesí de rabia.

-Soy Eriol Hiragizawa... la reencarnación de Lead Clow y el creador de las Clow Cards, que ahora conoces como Sakura Cards. Y voy a derrotarte.

-Espera Eriol, no estás sólo en esto.-dijo Shiryu.

-Ahora hay acá un Santo de Atena, te recuerdo bien... atacaste a Edira... sólo falta ese Guardián de Bronce, y podré vengar a mi compañera.-recordó la caroniana.

-Fuiste responsable de esto y pagarás... ¡Dragón Naciente!-anunció el Santo de Bronce ciego generando un inmenso dragón esmeralda que salía de su puño y golpeaba a Adelia en el rostro mandándola a volar.

Para sorpresa de Shiryu, su oponente dio un salto mortal en el aire y cayó de pie perfectamente. Revisó el lugar de nueva cuenta y notó a Sakura, si ella realmente había podido medirse por un instante con la Shadow Warrior, entonces su poder realmente era algo que debía considerarse.

-Suena interesante tu reto, Dragón... veremos si lo puedes mantener... ¡Lluvia de Meteoros!-dijo Adelia, haciendo que cientos de meteoros vayan contra el Santo.

Para sorpresa de la guerrera caroniana, una serie de esferas de fuego logró contener aquél ataque. Shiryu se volvió sorprendido ante Eriol.

-Tú no deberías pelear aquí, es peligroso.

-No lo entiendes... todos estos baños de sangre son mi culpa y debo enmendar el daño.-decía Eriol con la voz de Clow, antes de lanzar un enorme rayo de energía mágica de su báculo. Adelia hubiese querido reaccionar con su Círculo Oscuro, pero Shiryu se le había adelantado, sujetándola del cuerpo y haciendo que reciba de lleno aquél ataque.

Adelia se libró de aquél agarre mediante una acrobacia quedando exactamente sobre él y conectándole una patada en el cuello. Eriol entonces, decidió atacarla creando un arco de energía y lanzando un diluvio de flechas contra su enemiga.

-¡Expansive Aura Wave!-anunció quien fue la asesina de la familia de Shaoran arrasándolo todo a su paso y golpeando duramente al hechicero y al Santo.

Luego, la Shadow Warrior y el Santo de Atena se tranzaron en un espectacular duelo cuerpo a cuerpo durante algunos minutos donde golpes y contragolpes iban y venían entre ambos, aunque un descuido de la defensa de Shiryu hizo que Adelia le propinara una patada voladora, para luego dirigirse contra todos.

-Alístense a morir... tierra... viento... fuego... agua... destruyan a mis enemigos... ¡Naturaleza Sombría!-Adelia ejecutó aquél ataque al tiempo que esa inmensa concentración de energía negativa de los cuatro elementos era arrojada contra sus oponentes de lleno y estampándolos contra sendas paredes.

Sin embargo, el que Shiryu y Eriol todavía se estuvieran incorporando la hizo rabiar y tornó sus ojos en horribles llamaradas plateadas de ira y odio, sobre todo por un hecho en especial.

-No puede ser… ¡cómo es que un hechicero de pacotilla como tú puede mantenerse en pie!-exclamó Adelia, cuando cayó en cuenta que Eriol no había sido el más afectado con aquella técnica, sino Shiryu.

-Como dije… estoy decidido a vencerte… prepárate.-anunció la reencarnación de Lead Clow, agitando su báculo.

-Sakura tendría más oportunidad que tú, niño… y te lo probaré ahora… ¡Naturaleza Sombría!-anunció Adelia, de nueva cuenta pero para sorpresa de ella, Eriol había logrado ser capaz de contener aquella energía con un gigantesco campo de energía.-No puede ser… mi Naturaleza Sombría esta… .

-Yo diseñé y enseñé a varios de los que mataron esto… recibe la Reversión Maestra.-anunció Eriol, llevando su báculo al frente.

Al inicio, todo parecía indicar que no pasaba nada realmente, pero poco después… una extraña esfera de energía mágica aparecía cerca del báculo de Eriol y salía disparada contra Adelia, haciendo que atravesara varios edificios en el proceso.

-Aghhh… la Reversión Maestra contra esa mujer, fue demasiado… no sé cuánto más pueda aguantar debido a ese hechizo.-declaró Eriol, mientras sudaba por todos los poros en forma abundante y colocaba una rodilla en el piso.

-Extraordinario… para ser un hechicero sin tanto potencial como Sakura aprovechaste bien tu energía… eso le faltaba a esa niña. Ya que deseas no sentirte mal por esa niña, te haré un favor.-decía la Shadow Warrior, cuando notaba que Shiryu le salía al frente.-Es que no puedes mantenerte calmado… ¡Trueno Oscuro!

Lo siguiente fue aquella enorme descarga de electricidad rojiza con ciertos tonos negros lanzada contra Shiryu golpeándolo violentamente antes de derribarlo. Adelia entonces analizó la situación, si continuaba dejando a ese Santo de Bronce ciego allí y se entretenía con Eriol o alguno otro, perdería la batalla.

Definitivamente no iba a cometer ese error y mataría a todos los hechiceros en ese momento, empezando por esa niña sobre todo, esa pequeña Card Master que despreció la idea de ser su aprendiz. Eriol se intentaba levantar, pero una patada de la imperial lo derribaba y dejaba inconsciente. La guerrera de armadura negra y espiral roja descendente en el peto se dirigió hacia una Sakura que apenas recobraba el sentido.

-Al no ser mi aprendiz y desafiarme en esa forma, al desaprovechar un potencial tan valioso… te sentencio a la peor de todas las muertes que puedo darte con mi poder.-Adelia entonces movió sus brazos formando una especie de círculo en su recorrido, y llamaradas plateadas de odio aparecieron ocupando el lugar de sus cuencas oculares mientras una enorme aura oscura se formaba alrededor de ella.-Tiempo de morir, ¡INFIERNO SUPREMO!

Sakura veía que su muerte llegaba y cerró los ojos, resignándose a lo peor. Ya sabía que no podía hacer absolutamente nada. En ese momento sintió que una persona la lograba empujar violentamente y sacarla de la trayectoria del impacto de ese hechizo.

Shiryu de Dragón llegó a levantarse y, al igual que todos los demás que estaban poniéndose en pie, contempló horrorizado como el cuerpo de la pequeña Tomoyo Daidouji se convulsionaba de dolor como si estuviera sufriendo un ataque de epilepsia, estirándose y encogiéndose envuelta en un aura oscura y contorsionando su pequeño cuerpecito en ángulos imposibles, mientras poco a poco empezaba a salir sangre por todos sus poros, desangrándose horriblemente hasta caer en el piso.

-Maldita niña estúpida… no debiste entrometerte.-declaraba Adelia, mientras maldecía una y otra vez su mala suerte y notaba como Shiryu se incorporaba.

-Eres una miserable… ¿cómo pudiste caer tan bajo? ¡Pagarás con tu vida lo que has hecho!

Sakura aún no se podía recuperar del shock… primero su hermano, ahora su mejor amiga. Y ya no podía despertar su poder mágico, ya no tenía más fuerzas. En ese momento empezó a llorar.

-Que alguien… me despierte de esta pesadilla.-decía Sakura llorando en silencio.-¿Por qué Tomoyo? ¿Por qué?

-Porque… siempre has sido mi heroína… puedes ayudar pero nunca, nunca cambies.-tras aquellas palabras, una lágrima surcó la mejilla derecha de la niña de pelo negro mientras moría con una mirada que, contrastando con la muerte que le tocó, era extrañamente dulce.

-¡TOMOYO… NO!-decía Sakura, queriendo levantarse pero sus piernas no le respondían debido a todo ese desgaste de energía.

Yue, Kerberos, Ruby-Moon, Spinel-Sun y Shiryu entonces salieron al frente y empezaron a combatir a Adelia, mientras emprendían un recorrido dirigiéndose extrañamente a la Torre de Tokio.

Ya era las once y diez de la mañana, cuando Hyoga finalmente lograba destrozar al último de los cíclopes creado por su oponente a punta de golpes y se enfrentaba en una terrible pelea cuerpo a cuerpo con el enmascarado Arinus.

-Sin duda la Legión de Seres de Hielo es algo muy útil, pero ni así podrás conmigo… ¡Rayo de Aurora!-decía Hyoga mientras una ráfaga de aire congelado golpeaba severamente al Shadow Warrior.

Pero su oponente, a pesar de recibir de lleno la potencia de ese ataque acabando estampado contra una pared de lo que fue un restaurante, reía ante el Santo del Cisne al tiempo que hacía estallar su aura y con ello demolía aquella estructura.

-Jajajajaja… torpe… has destruido a mis cíclopes… pero deberías fijarte en el hielo de alrededor, ¿no ves cómo se está posicionando?

El Santo de Bronce tuerto en ese momento cayó en cuenta que los pedazos de hielo no se habían derretido como había supuesto sino que seguían allí.

-Espero que te agrade… morir encerrado en hielo… ¡Iceberg de la Desesperanza!-anunció Arinus, mientras veía como Hyoga era paralizado rápidamente en sus extremidades inferiores y luego sería atrapado en un gigantesco peñasco de hielo.-Este bloque es especialmente fuerte, llega a una temperatura inferior a lo que en escala terrestre son menos doscientos grados centígrados y deja al que está dentro un lapso que conoces como cinco minutos de vida, ya que este frío ataúd consumirá todas tus fuerzas y va disminuyendo su temperatura hasta menos doscientos cincuenta grados centígrados.

Los segundos pasaban y Arinus se sentía enormemente complacido, finalmente parecía haber ganado a uno de los defensores más poderosos de ese mundo, así que apenas la conquista de ése planeta azul se llevara a cabo tendría gloria y prestigio asegurados. Minuto tras minuto, todo indicaba que finalmente la victoria se acercaba para él. Sin embargo, justo cinco segundos antes de lo que debía ser la sentencia de muerte del Santo del Cisne, Arinus veía como empezaban a aparecer grietas desde el interior del iceberg.

-No puede ser… para llegar a esa temperatura corporal y reunir esas fuerzas… ese chico debió… desarrollar hace mucho el sétimo sentido.-deducía el invasor extradimensional con algo de horror en sus palabras, una emoción que se intensificó al ver como Hyoga finalmente lograba hacer estallar el iceberg desde adentro.

Pero antes que pasara nada más, una ráfaga de energía golpeó a Hyoga a traición. Arinus entonces se volvió a observar quien lo había ayudado.

-Carlos… .-decía Arinus algo azorado.

-Si no te ayudaba hubieras muerto, y Adelia también está en serios problemas, sólo espero y llegue viva al punto de reunión.-hablaba el Shadow Warrior terrestre.

Fue cuando el que hasta hace poco había sido oponente de Hyoga notó que su compañero traía a alguien en brazos. Allí cayó en cuenta que él no había percibido una gran manifestación de aura de su parte, a diferencia del resto de sus camaradas.

-Oye… ¿y esa chica?-inquirió el caroniano, que veía como Carlos sostenía firmemente a una jovencita pelirroja que estaba inconsciente.

-Es nuestra ventaja, así como este Santo de Bronce. Vamos.

Ambos hombres volando hacia el punto de reunión llevándose a ambos rehenes. Por su parte, Paul y Uthbak continuaban combatiendo ferozmente el uno contra el otro, mientras hacían un recorrido que se iba acercando cada vez más a la réplica de la Torre Eiffel.

-Ja, aún no entiendo cómo le causaste tantos problemas a varios de mis camaradas, ¿es esto todo lo que puedes oponerme?-decía Uthbak.

-No me provoques viejo, puedes resultar muy mal si es que lo haces.

En ese momento, las Sailors trataban de combatir a otro grupo de soldados caronianos que aparecían cerca de donde Paul y Uthbak peleaban, y el grupo de Seiya y Shun se acercaba al lugar también en persecución de los imperiales. Paul entonces se percató de sus intenciones.

-Eres un cobarde… ¡piensas usar a esos niños como escudo!-le reclamó el joven Tapia.

-No, los usaré como blancos… todas las unidades, abran fuego… ¡Cápsula Relámpago!

El ataque salió a una enorme velocidad en dirección a donde todas las Sailors se hallaban, y en ese momento Haruka logró percibirlo.

-No dejaré que lastimen a la princesa… ¡Espada de Urano… elimina!

-Yo te ayudaré Uranus, ¡Reflejo Submarino!-secundó Neptune.

Sin embargo, los ataques de ambas Outer Scouts, nada pudieron ante el terrible ataque del Shadow Warrior que sólo le dio de lleno a ambas, golpeándolas salvajemente. Al mismo tiempo, los cañonazos de los tanques caronianos arrasaban todo a su paso a la vez que hacían que todo temblara como si se sintiera un terrible temblor de tierra.

-¡Gente que no valora la vida de nadie merece recibir esto! ¡Cadena Nebular!-anunció Shun, al tiempo que una de sus cadenas se extendía ilimitadamente y atravesara los campos de energía de aquellos tanques e hiciera debilitar las estructuras de los mismos.

-¡Van a caer, miserables! ¡Todos ustedes van a caer! ¡Meteoro de Pegaso!-exclamó Seiya, quien con aquél inmenso despliegue de cosmoenergía hacía estallar en mil pedazos todos aquellos vehículos blindados con sus tripulantes adentro.

El Guardián de Bronce entonces se dirigió ante el Shadow Warrior con furia y elevó terriblemente su aura al tiempo que la temperatura alrededor de él disminuía rápidamente.

-Eres un maldito… ¡Polvo de Diamante!-anunció Paul, lanzando su ataque, ante lo que Uthbak sólo se limitó a esquivar con un salto dejando que vaya directamente contra Sailors y Santos.

En un esfuerzo supremo de aura y telequinesis, Paul logró desviar aquella corriente de aire congelado hacia arriba, intentando perseguir a Uthbak, el cual con un terrible Expansive Aura Wave neutralizaba parte de aquél ataque.

Fue algo que dejó desorientados a todos por un momento cuando el Shadow Warrior se colocaba frente a las Scouts y las derribaba a punta de golpes. Paul entonces logró recuperar el sentido y con su telequinesis lo derribó. Ambos guerreros de la luz se lanzaron el uno contra el otro y se mantuvieron en un duelo de sables de luz donde cortes, mandobles y estocadas buscaban herir o matar al oponente. Allí, en un breve descuido, Uthbak de un potente rodillazo derribaría al suelo al joven Tapia. Seiya entonces lograría percatarse de su presencia.

-Debes de ser uno de esos miserables Shadow Warriors, me encargaré de acabarte de una vez… ¡Meteoro de Pegaso!-anunció Seiya, aunque para sorpresa del Santo de Pegaso, Uthbak se limitaría a dar un enorme salto y patearlo directamente en el rostro.

Jabú, Geki y Nachi entonces intentarían atacarlo directamente, pero una Expansive Aura Wave del poderoso guerrero imperial los dejaría inconscientes y estampados contra sendos edificios tras hacer con cada cual un surco que arrasaba pistas, postes de luz, automóviles y paredes.

-¡Onda Relámpago!-exclamó Shun, mientras su cadena cuadrada surcaba los aires a gran velocidad contra Uthbak, el cual sólo se limitó a correr a gran velocidad y pasar precisamente por donde estaban Jupiter, Mercury, Mars, Plut, Ichi y Ban los cuales fueron afectados por el ataque de aquella cadena, aunque Uthbak finalmente sería herido en su costado derecho.

-¿Cómo puede ser? Mi cadena no debería haber atacado a las Sailors o a mis amigos.-decía Shun algo azorado.

-Pude controlar parcialmente tu cadena con mi telequinesis, esa cadena te es completamente leal, pero la manipulé de modo que afectara a otros con tal de herirme y sirvió, ahora… espero que no les afecte que tome la vida de su estúpida líder… ¡Shadow Blade!-anunció Uthbak lanzando aquella elipse de energía.

-¡Silent… .-anunció Hotaru, pero antes de completar aquél ataque el corte que había ejecutado el caroniano, el ataque iba directamente contra Serena.

Fue cosa de un segundo, y lo único que pudo distinguirse era un enorme charco de sangre. Todos supieron que alguien había muerto, pero recién tras aquél instante lo notaron. Al último segundo, Tuxedo Mask, el que debía ser el futuro soberano de la Tierra había decidido sacrificarse por la vida de la joven Tsukino.

-Darien… no… .-decía Sailor Moon llorando a mares y sintiendo como era desgarrada por dentro.

-Te amo.-fue la lacónica respuesta de Darien, el cual antes de morir, le lanzó una rosa a Uthbak clavándosela directamente en el hombro derecho.

-¡NOOOOO!-sollozó Moon, mientras sostenía el cuerpo inerte de Darien.

-Ah… odio las telenovelas, así que los mataré a los dos juntos.-repuso Uthbak en forma burlona después de quitarse la rosa.

No vio como Paul le daba un certero puñetazo en el cuello derribándolo. Todas las Sailors y Santos de Atena que estaban allí iban a matar al sujeto que hizo aquello en ese momento, pero Paul los detuvo con una mano.

-Mató al príncipe de la Tierra, ¿cómo nos pides que… .-reclamaba Jupiter.

-Simple, yo debí matarlo… ahora enmendaré mi error, y libraré a este mundo de una basura como ésta.

-No creo que sea tan sencillo, ¡Guadaña de la Muerte!-anunciaba el caroniano, pero veía con sorpresa como Paul detenía todos los ataques de Uthbak con suma facilidad y aparecía frente a él estocándolo en el pecho, hiriéndolo a la altura del pulmón izquierdo, sabiendo que la hemorragia haría el resto del trabajo.

-Aghh… miserable… .-el Shadow Warrior intentó una arremetida con el sable, pero Paul lo previó y de una patada apartó el sable de la mano del de armadura negra, para luego destruirlo con un duro mandoble antes de conectarle una serie de golpes que derribaron a Uthbak.

-Ma… maldito… ya verás… los destruiré a todos así muera… ¡RESPLANDOR NEGATIVO!-sentenció Uthbak tornando sus ojos de modo enteramente plateado, mientras daba un enorme salto y creaba una esfera de energía de color negro que se hacía más y más grande a medida que se acercaba y en la que colocaba toda su fuerza.

-Mejor muere solo tú… ¡RESPLANDOR MORTAL!-contestó Paul, mientras que empleaba buena parte de su poder en aquél ataque.

Por algunos segundos parecía ser que el ataque del guerrero imperial iba a vencer definitivamente al del Guardián, pero él impuso condiciones, algo que los Santos de Bronce y Sailor Mars percibieron directamente. Uthbak salió con su armadura completamente destrozada y siendo mandado a volar directamente a los pies de la Torre de Tokio, sangrando profusamente y agonizando.

Era ya las once y veinte de la mañana, cuando aquél grupo heterodoxo vio con sorpresa y horror que otro Shadow Warrior le incrustaba el puño derecho a Uthbak, abría su mano en el interior del tórax del mismo para luego destrozarle el corazón desde adentro al tiempo de cerrar su puño.

Paul en ese momento, sintió un extraño escalofrío por la perversidad de aquél ataque, así como por ver quién lo ejecutaba, al tiempo que canturreaba con sarcasmo una melodía que le pareció escuchar en la radio, de un grupo de rock llamado Ormuz y Ahrimán, y reconocía como familiar aquella voz.

-Gira, gira pequeña moneda Eros o Thanatos he allí el dilema. (1)-cantaba aquél hombre, con un sarcasmo cada vez más creciente y viendo a sus enemigos con una expresión de furia apenas enmascarada por una sonrisa en su rostro que parecía diluirse por momentos.-Dos caminos, dos opciones, ¿serán de ti las decisiones o ser tú olvidarás? ¡y el infierno vivirás!

-¡¿Quién eres tú? ¡Contesta!-inquirió Seiya, poniéndose en guardia.

-Cuestión de decisión, ¿qué es lo correcto? Mantenerse recto o ser cruel sin perdón. Tú lo decides, tú lo manejas, sólo te jodes o sólo triunfas. Realmente el que la compuso debe tener daño cerebral, ¿no lo crees así, camarada?-dijo Carlos dirigiéndose al joven Tapia, mientras Hyoga y a la chica que había capturado estaban colgando de la punta de la torre de Tokio.

-¿Camarada?-preguntaron todos los aliados de Paul, igualmente sorprendidos.

Fin del capítulo 25.

Notas de Autor:

Tomó su tiempo, pero al fin está aquí. El capítulo 25 del Libro I de LDCDS. La antesala al clímax de uno de los dos momentos clave de ésta historia. Quienes aún tras todo este tiempo hubieran esperado una historia linda, rosa y feliz… aunque las chances de algo así fueran una en un millón… créanme, es mejor que se retiren ahora. Los caronianos avanzan cada vez más en el Santuario, y éste hombre… Carlos… va a mostrar en verdad cuán poderoso y peligroso es capaz de ser. ¿Podrán nuestros héroes ganar? O quizá más importante… ¿podrán sobrevivir?

Dudas, comentarios, amenazas, proposiciones indecentes solo aceptables a criterio del autor del fanfic y demás a falcon_ o a

Lista de Términos:

(1) Gira, gira pequeña moneda Eros o Thanatos he allí el dilema: Éste es el coro del primer dizquepoema que hice, el cual debería sonar dentro del fic como si fuera una canción de rock cantada por el grupo ficticio Ormuz y Ahrimán, e irónicamente hubiera imaginado que bien pudiera ser el opening de ésta historia. Lo siguiente que Carlos canta con sarcasmo, son algunas de sus estrofas. En cualquier caso dejo con ustedes el texto completo del dizquepoema Eros o Thanatos.

Eros o Thanatos

Gira, gira

pequeña moneda

Eros o Thanatos

he allí el dilema.

Dos caminos, dos opciones,

¿serán de ti las decisiones

o ser tú olvidarás?,

¡y el infierno vivirás!

Cuestión de decisión,

¿qué es lo correcto?

mantenerse recto

o ser cruel sin perdón.

Tú lo decides,

tú lo manejas,

sólo te jodes

o sólo triunfas.

El temor siempre acechará

oculto como francotirador

en la oscuridad buscará

llevarte al odio y al rencor.

Formas seductoras adoptará

con seres torpes y vanos

o juguetes novedosos,

pero tu alma caerá.

Gira, gira

pequeña moneda

Eros o Thanatos

he allí el dilema.

Querrán moldearte a gusto

porque no eres "el príncipe".

Manipularte sin temor o susto,

hacerte hipócrita partícipe.

Desprecias bondad y esperanza

cuando más sólo te sientas

y pensarás que cuerdo seas

por idear la gran venganza.

No lo imaginas venir,

justicia y venganza llegas a confundir

al borde del abismo permaneces

al borde del salto en que pereces.

El sol sale más fuerte que bomba nuclear,

¿será que el milagro se dió acaso?

decide que será: amanecer u ocaso,

el nuevo reír o el nuevo llorar.

¿Olvidarás a los que amaste?

¡Si es así, ya la cagaste!

¿O contra viento y marea, adelante?

¡Entonces, vamos pa'lante!

Gira, gira

pequeña moneda

Eros o Thanatos

he allí el dilema.