ATENCIÓN: CONTENIDO SEXUAL EXPLÍCITO.
Zelda podía sentir los brazos de Link pegados a su cuerpo, protegiéndola y asegurándola sobre el lomo de Epona, que cabalgaba veloz según las órdenes de Link. Cuanto más se acercaban al prado secreto, más nerviosa se ponía. No había pensado que él le hiciese caso y, mientras que una parte de ella ardía en deseos de estar completamente a solas en el bosque, otra parte, la responsable, le decía que aquello era una absoluta locura y que debía poner rumbo de vuelta a Ordon de inmediato. Sin embargo, Zelda estaba harta de hacerle caso a esa parte de ella. Estaba cansada de no hacer lo que sentía y lo que quería y en esos momentos lo único que quería era que Link la estrechara entre sus brazos y se fundiera con ella.
Se mordió el labio inferior y se atrevió a mirar hacia atrás. Vio que Link tenía los ojos azules, brillantes, entrecerrados por el viento y fijos en el camino. Se fijó en la forma de su mandíbula, de líneas finas y suaves, ovalada, enmarcando un boca de labios carnosos, nariz pequeña y respingona y unos ojos azules protegidos por unas finas pestañas rubias, algo más oscuras que el cabello que ondeaba al viento y le cubría parcialmente el rostro por los lados. Suspiró. El sol, que se filtraba entre los árboles, le arrancaba destellos cobrizos y le daba un aspecto salvaje, pero no menos hermoso.
Link se percató de los ojos de Zelda sobre él y le devolvió la mirada, sintiendo que no sería capaz de aguantar mucho más sobre Epona sin atrapar de nuevo su boca. Por suerte, apenas quedaban unos metros. Agachó el rostro hasta quedar a la altura del de ella y, mirándola a los ojos, le susurró al oído.
-¿Estás bien?
-Sí-musitó Zelda con un hilo de voz.
-¿Estás segura de esto?
-Completamente.
Link cerró los ojos y contuvo las ganas de besarla. Justo en ese instante, Epona llegó al prado y, como si hubiera leído la mente de su jinete, se paró junto al pequeño lago con suavidad. Con esfuerzo, Zelda dejó de mirar a Link y se centró en el bosque. Sus recuerdos no habían descrito ni por asomo lo bonito que era aquel sitio. Link abrió los ojos y respiró hondo. Sin decir nada más, se bajó de Epona y ayudó a Zelda a desmontar, dejando que ella colocara las manos sobre sus hombros y se apoyara en él para bajar. Ambos se miraron, el uno en brazos del otro. El corazón de Zelda latía a mil por hora y a ella le daba la impresión de que estaba a punto de salírsele del pecho.
Link se dio cuenta de que estaba empezando a temblar y la abrazó con dulzura.
-Si no estás segura…
-No-le interrumpió Zelda, adivinando lo que iba a decirle-. Estoy bien. Es solo que los paseos con Epona me dejan las piernas de gelatina.
Link rio por lo bajo y se separó de ella. La cogió de la mano y tiró de ella hacia el lago. Zelda se dejó llevar hasta la orilla y sonrió al ver el pequeño arcoíris que se formaba al dar de lleno el sol contra el agua de la cascada. Link la miró y esbozó una media sonrisa.
-Vamos.
Zelda frunció el ceño y le devolvió la sonrisa, confusa.
-¿Qué?
Link le soltó la mano y comenzó a deshacerse el nudo de los cordones de los zapatos. Zelda le observó, anonadada y dio un paso hacia atrás.
-Ah, no, ni de coña…-se negó en rotundo en cuanto vio que Link se ponía de nuevo en pie y le tendía una mano.
-Venga, está caliente-la animó Link, divertido.
-Me niego-reiteró Zelda-. No, no y no.
Link se encogió de hombros sin perder la sonrisa y empezó a quitarse la ropa.
-Tú te lo pierdes.
Zelda abrió los ojos como platos al ver que Link dejaba a un lado la camiseta y se disponía a quitarse los pantalones.
-Espera, ¿qué haces?-inquirió Zelda, sintiendo que le iba a dar una combustión al ver el torso de Link desnudo, moreno y perfectamente moldeado, ni muy marcado ni muy dejado.
Link desvió la mirada de su cinturón marrón a Zelda y disfrutó de lo lindo al ver su sonrojo. Estaba como una moto después de los besos en el muro, pero sabía que Zelda se había echado un poco para atrás y le avergonzaba haberle pedido que hicieran pellas. Así que había decidido aprovechar el paseo para darse un baño en el lago, para que al menos se divirtiera un poco con él y se olvidara de las gilipolleces de Shad.
-Me estoy quitando la ropa-explicó Link como si Zelda fuera corta de entendederas-. Como tú comprenderás, no voy a mojar la única ropa que tengo aquí ahora mismo. Si hubiese sabido que querías escaquearte de las clases, me habría traído una muda.
Zelda estaba, literalmente, helada y plantada en el sitio, incapaz de moverse y de decir nada, con los ojos recorriendo el cuerpo de Link y con el cerebro trabajándole a toda pastilla para que no le diera un soponcio.
-Pe… Pero…-tartamudeó, pasmada- ¡No puedes quedarte desnudo delante de mí!
-¿Por qué no?-inquirió Link, riéndose a carcajada limpia por dentro- Además, no voy a desnudarme del todo. Solo me quedaré en ropa interior, no tiene nada de malo.
-¡¿Nada de malo?! ¿Te estás oyendo?
No pudo evitarlo. Link empezó a reírse a boca batiente.
-Pues báñate conmigo y así no tendrás que verme sin nada.
-¡Ni de coña!-repitió Zelda, sin saber muy bien qué hacer en aquella situación.
-Tú misma-Link volvió a encogerse de hombros y terminó de desabrocharse el cinturón.
Se desabrochó también el botón superior del pantalón y se bajó la cremallera. Tiró de la cinturilla del pantalón hacia abajo y movió las piernas para quitarse la prenda del todo. Zelda se puso del color de los tomates maduros y desvió la mirada al momento. Link se mordió la lengua y se quitó los calcetines.
-¿Seguro que no quieres meterte conmigo?-dijo una vez más Link, viendo cómo Zelda le miraba a hurtadillas cuando creía que no se daba cuenta.
-¡No!
-Vale, vale… ¡Allá voy!
Link se metió en el lago y comenzó a nadar hacia la zona más profunda, aquella que quedaba muy cerca de la cascada. Zelda se aseguró de que no se le veía nada y solo entonces se atrevió a mirar. Maldijo el momento en que puso los ojos sobre Link, que salía en ese instante hacia fuera, completamente mojado. El agua le resbalaba por el cuerpo y el pelo rubio se le pegaba al cuello. Los ojos le relucían de una forma extraña debido al brillo del agua y el bóxer se le pegaba aún más a la cintura y a su entrepierna. Los ojos de Zelda no pudieron evitar hacer el recorrido desde su rostro, pasando por su cuello y su torso, hasta aquella zona. Al instante, la princesa abrió la boca y los ojos casi se le salieron de las órbitas.
Link había salido del agua y ni siquiera se había acordado de que tenía su erección en todo su esplendor, marcando el lugar donde correspondía en la ropa interior.
-Zelda…-dijo Link con voz ronca, captando su atención y consiguiendo que los ojos de ella volaran de nuevo hacia su rostro.
Link estuvo tentado de hacer alguna broma, pero la tensión que había antes de montar a Epona volvió a aparecer entre ellos y cambió el ambiente por completo. Link tragó saliva y le tendió la mano derecha con la palma hacia arriba.
-Zelda…-repitió Link en un susurro.
Zelda no respondió, estaba sin habla. Sin embargo, sin saber cómo, sus pies se movieron hasta colocarla a pocos centímetros de Link. Sin darse cuenta, levantó la mano derecha y posó su mano sobre la de él, inclinando un poco la cabeza. Algo estaba ocurriendo, los dos eran conscientes de eso. Ese gesto les pareció tan familiar que a ambos les recorrió un escalofrío que terminó en sus manos unidas. Zelda levantó entonces la vista y vio que él la miraba con intensidad, con la boca entreabierta y el pecho subiéndole y bajándole con rapidez.
Fue entonces cuando Link comenzó a andar poco a poco hacia atrás, metiendo de nuevo los pies en el agua y arrastrando a Zelda consigo. La princesa se dio cuenta de lo que pasaba y se quitó los zapatos y los calcetines con un rápido movimiento de los pies antes de que el agua comenzara a llegarle por los tobillos, empapando el bajo de sus vaqueros. Hipnotizada por la mirada de Link, que había cogido su mano con firmeza y suavidad, siguió andando hacia adelante, importándole más bien poco que se le estuviera mojando la única ropa que llevaba encima.
Link no pensaba. Solo era capaz de asimilar la imagen de Zelda entrando poco a poco en el agua a paso lento pero seguro. Solo cuando el agua empezó a llegarle por el pecho, sintió que le faltaba el aire. La blusa verde cacería se le pegaba a la piel y marcaba perfectamente sus curvas. Sin embargo, Zelda no era consciente de ello y continuó andando hasta que dejó de dar pie en el suelo del lago y tuvo que empezar a moverse para mantenerse a flote. Link, que era más alto que ella, pudo aguantar un poco más y se quedó en el límite.
Como en un sueño, atrajo a Zelda hasta su cuerpo, le soltó la mano y la posó junto con la otra sobre sus caderas. Ella se dejó hacer y colocó sus brazos en torno al cuello de Link, maravillándose con el tacto de su piel bajo la yema de sus dedos. Tan tersa… Tan varonil… Tan llena de secretos… Se mojó los labios por inercia y eso atrajo los ojos de Link sobre su boca. Zelda jadeó. Los dedos de Link comenzaron a acariciarla bajo el agua, evitando la fina tela de la blusa verde. Apenas era consciente de que el agua sí que estaba caliente, tal y como él le había dicho. Solo se veía capaz de sentir a Link pegado a ella y la necesidad de tenerle por entero sobre su piel, por lo que, ante la mirada sorprendida de él, comenzó a quitarse los vaqueros bajo el agua. Una vez quitados, se los dio a Link y él, con un fuerte tirón, los lanzó fuera del agua, muy cerca de donde estaba su ropa. Le siguió la blusa casi al momento y, en cuanto Link se hubo desecho de ella, pegó su frente a la Zelda y respiró su aroma mezclado con el del agua dulce del lago.
-Link…-murmuró Zelda, temerosa de romper el momento y lo que estaba sintiendo.
Él la miró al instante, interrogante.
-Bésame.
No hizo falta más. Link cubrió la pequeña distancia que había entre ellos y se hizo con su labio inferior. Lo besó, lo chupó, le pasó la lengua por encima y, finalmente, lo mordió, arrancándole un gemido instantáneo a Zelda. Link la asió con más fuerza y subió una mano hasta su nuca para agarrarla con mayor firmeza. Zelda abrió la boca y se pegó a Link todo lo que pudo, metiendo su lengua en la boca de él y sorprendiéndole en el acto. Link jadeó y respondió sin dudarlo. Zelda enrolló las piernas en torno a la cintura de Link y se atrevió a tocarle tal y como había deseado desde que él se quitara la camiseta en la orilla. Bajó sus manos por el cuello y le acarició los hombros. Sus dedos recorrieron sus pectorales mientras él profundizaba el beso y pegaba sus caderas a Zelda. Ella ahogó un gritito al sentir la erección de Link golpeándole en el punto exacto donde comenzaba su placer.
-Link…-jadeó, agarrándose a sus brazos con ambas manos y clavándole los dedos.
Él posó sus ojos turbios sobre ella y la miró.
-Si quieres que pare, dímelo-dijo Link, acariciándole la mejilla con una mano.
-No, no quiero que pares-Zelda cerró los ojos y posó su frente sobre la de él-. Es solo que… Yo nunca…
-Yo tampoco-admitió Link para sorpresa de Zelda.
Ella abrió los ojos al momento y le observó, asombrada.
-¿En serio?
Link asintió, serio y para nada avergonzado.
-¿Cómo es posible…?
-Te estaba esperando-repuso Link, haciendo que a Zelda se le hinchara el corazón de felicidad-. ¿Y tú?
Zelda sonrió sin remedio.
-Te estaba esperando-le imitó sobre sus labios.
Link sonrió y volvió a hacerse con su boca, anhelante.
-¿Quieres…?-comenzó Link, dubitativo, cuando se separó de Zelda para coger aire- Tú…
-Sí-confesó Zelda, sonrojándose un poco.
Link sacudió la cabeza, intentando despejarse y pensar con claridad.
-Pero, yo no tengo nada aquí…
Zelda rio por lo bajo y le abrazó.
-No hace falta. Yo tomo una cosa que se llama pastilla anticonceptiva.
Link se echó un poco hacia atrás y la miró, sospechoso.
-¿En serio?
-Sí, ¿qué pasa? Me duele mucho cuando me viene la regla, ¿vale?-explicó Zelda, sonrojándose aún más- No solo sirven para no dejarme embarazada.
Link estalló en una sonora carcajada y la besó con suavidad. Zelda se separó poco después de él, seria.
-Entonces…
Link esbozó una media sonrisa y la besó en la frente.
-Haré lo que me pidas, Zelda-murmuró con la voz cargada de emoción-. Por si no te has dado cuenta, siempre hago lo que quieras.
Zelda sonrió a su vez y agachó la cabeza. Link no pudo evitarlo y le puso una mano en la barbilla y tiró de ella, obligándole a mirarle.
-¿Vamos afuera?-propuso con suavidad, aunque por dentro estaba de todo menos calmado.
Zelda se mordió el labio inferior, hinchado por los besos de Link, y asintió con la cabeza.
