25: Daño.
Natsume Pov
La tome en mis brazos, la sangre manchaba mi camisa, era cálida, como ella. Salte del tejado, la limosina nos estaba esperando, el chofer me vio y no dijo nada pero reacciono rápido, abrió la puerta y me ayudo a entrarla, la sostuve entre mis piernas haciendo como cinturón de seguridad para ella, el hombre cerró y corrió para prender el auto, acelero a fondo. Al carajo las reglas o leyes, esta era una urgencia. Mikan se estaba muriendo.
Negué con la cabeza lentamente, no, no estaba muriendo, ella no podía estar en ese estado.
Mire hacia el exterior, recordé lo feliz que había estado la castaña cuando había subido al carro, trague lentamente y me fije en ella: pálida, más de lo usual, no estaba tan cálida como siempre, sus ojos estaban cerrados, murmuraba incoherencias
-¿Mikan? –pregunte, algunas palabras salieron de sus labios pero no lograba entenderla, la abrace, mis manos estaban rojas.
Sentía asco. Era la primera vez que sentía tanta repulsión por la sangre, mía o ajena, era la primera vez que deseaba no tenerla, esa sangre debía estar en el cuerpo de Mikan, no en el mío.
-Señor, llegamos al hospital del colegio
No espere escuchar nada más, abrí la puerta de un movimiento y me baje casi corriendo, la castaña en mis brazos, el celular aún sonando. Pero no me importaba, nada me importaba, entre al edificio blanco y varias enfermeras se giraron a verme, claro, estaba lleno de sangre y con un cuerpo entre mis brazos
-Ella… recibió un disparo –pude articular, intentando recuperar la respiración
-Tranquilo, la cuidaremos, ella estará bien –hablo un médico mientras la traspasaba a una camilla, mis brazos se sintieron vacíos y fríos, la sangre se me pegaba a la piel, a la ropa, quería bañarme ahora mismo, no podía tener su sangre sobre mí, no… - enfermera, cuide de él
-¿Qué? No, yo, yo estoy bien- comencé a explicarme, quería que se fijarán en ella, en que estaba sangrando… no era normal que ella sangre, mis ojos se oscurecieron y caí al suelo, sentí como la inconciencia venía a buscarme
Al diablo con todo.
-Natsume, es un nombre precioso ¿no es así? –Pregunto una mujer de cabellos oscuros y ojos carmesí mientras me abrazaba, yo era pequeño, lo sabía porque para verle el rostro debía levantar mi cabeza, porque solo le llegaba a las rodillas- Eres un niño especial, mi pequeño –susurró con dulzura, cargándome y besando mi mejilla con amor
-Mamá –las palabras salieron de mis labios con una voz infantil antes de que yo me diese cuenta
La imagen cambio, esa mujer estaba en el suelo, la sangre emanaba de su cuerpo, su piel estaba pálida, su sonrisa desvanecida, sus ojos sin brillo, escuche como mi papá me tomaba del brazo y me tiraba de él hacia atrás, tratando de llevarme lejos del cuerpo.
Una niña de cabellos azabaches y ojos carmesíes, más pequeña que yo, caminaba a mis alrededores y tomaba mi mano, reía, danzaba, su vestido azul flotaba mientras ella giraba, divertida, como si fuera un juego increíblemente entretenido. Aoi, mi hermanita, era tan hermosa, tan alegre… y entonces desapareció, alguien la atrapo, alejándola de mí, ella grito y se removió, rogando a toda su voz que la ayudará, pero yo no podía hacer nada, solo era un niño. Mi hermana desapareció, su risa dejo de escucharse, sus gritos no volvieron a oírse, ella había desaparecido de mi vida.
Mi padre, su cabello castaño largo recogido en una coleta, sus ojos grises, estaba entretenido intentando hacer un cono de helado pero debido a su torpeza siempre parecía caérsele, él se reía, me miraba y se disculpaba, mi hermana negaba divertida con la cabeza, yo sonreí. Extrañaba a mi padre. Él se acercó y me envolvió en un cálido abrazo.
-Todo va a estar bien –susurró con amabilidad antes de caer al suelo
Sangre. De nuevo.
-¿papa? –pregunte, con temor, cerrando mis ojos- Papá… -sollocé
Y entonces apareció la castaña. Con sus joyas de ojos, sus labios carmesí, su risa de campanitas, la sentía caminar detrás de mí, alrededor mío, acercarse corriendo para ofrecerme cosas que nunca llegaba a tomar, pero ella aun así seguía a mi lado, corriendo, solo estando allí. Sentí como me acariciaba la mejilla y sonreí sin poder evitarlo
Eres lindo cuando sonríes- susurró ella con dulzura, un sonrojo en su piel
La sombra de siempre comenzó a acercarse, era grande, tenía un arma en sus manos, caminaba con paso lento hacia Mikan, ella le daba la espalda, no lograba ver esa sombra, solo sonreía observándome, quería gritarle que se girara, que corriera, que huyera. Pero no, no podía, la voz no salía de mi cuerpo
-¡A ella no! –grite, casi rogué, cayendo al suelo arrodillado- por favor, a ella no. ¿No pueden solo esta vez dejarla conmigo?
Ella se arrodillo delante de mí, cayendo sobre un costado, la sangre cubría sus costados, su rostro comenzaba a perder el brillo usual, sus labios estaban pálidos, sus ojos se abrían y cerraban con sobreesfuerzo, intentando quedarse despierta, estar allí. El charco de agua roja comenzaba a crecer, me teñía los pantalones, las manos y los brazos, las lágrimas comenzaban a caer por mis mejillas, mi corazón latía cada vez más lento, mi respiración se cerraba.
-Por favor –solloce, tomando la mano débil de la castaña- Por favor…
Desee que hubiese un Dios a quien pueda decirle todo esto, a quien pudiese rogar por la vida de la castaña, a quien preguntarle porque siempre me tenía que arrebatar lo que más amaba ¿No podía permitir, solo por una vez, que me quede con ella? Solo ella…
Solo ella…
Abrí mis ojos asustado ¿Qué era esa clase de sueño? Pestañe, divisando donde me encontraba, que estaba haciendo, descubrí el suero que estaba enchufado a mi vena, la camilla suave debajo de mí, la almohada en mi cabeza, no pude evitar un quejido cuando intente ponerme de pie
-Quédate quieto –susurró Rei a un lado, estaba de brazos cruzados y con la máscara puesta- te doblaste el tobillo corriendo como idiota cuando trajiste a Mikan hasta aquí
-¿Cómo esta ella? –cuestione, la preocupación se notaba en mi voz, pero no me importaba, que supiese que la castaña me importaba, me daba lo mismo, no todos se doblan un tobillo para traer corriendo a alguien a un hospital. O quizás sí, yo no lo haría
-Estable –contesto con seriedad
-Estable –repetí, recostándome- ¿Qué significa eso?
-Que está recuperando la sangre perdida, la herida fue cerrada y no era tan grave. Fue más la sangre que perdió, solo le rozo el costado
-¿Solo la rozo? Eso es imposible, el tipo le estaba apuntando directamente al pecho, ella… no estaban muy lejos ¿Cómo pudo?
-Parece que uso su Alice de protección a último momento –explico Rei encogiéndose de hombros- pero el miedo no la debe haber dejado hacerlo completamente. Ahora, explícame algo ¿Por qué no contestabas?
-Bueno, ya sabes, estaba preocupado porque Mikan chorreaba sangre y me pareció más importante llevarla a un hospital que atenderte –conteste sarcásticamente- a la próxima la dejo morir, si quieres.
-No te pongas sarcástico –me gruño, fastidiado- ¿Qué paso con ese hombre?
-Lo mate –conteste sin la menor culpa. Él se lo merecía
-¿Seguro? –cuestiono
-O lo mate o estará tan herido que pasará el resto de su vida en un hospital y cuando salga, si es que sale, será el hombre más horrible del mundo gracias a las quemaduras. Podre reconocerlo con facilidad, todos podrán
-Buen trabajo –me felicito con un suspiro- ahora descansa y cuídate
-¿Te importa siquiera ella? –pregunte, fastidiado. ¿Lo único que quería saber era sobre ese tipo? ¿Sobre porque no le había contestado la llamada? ¿No le interesaba si Mikan moría o no?
Mikan…
-No te metas –susurró Rei con indiferencia, saliendo de mi habitación y cerrando la puerta detrás de él
No, no le importaba ella. Solo era un arma, igual que yo, pero esa arma era ingenua, delicada… quería protegerla, debía hacerlo
Rei Pov
Me acerque a la habitación de Mikan, su piel había comenzado a tomar color después de las donaciones de sangre que recibió, incluso estaba despierta. Más lenta de lo usual si era posible, pero despierta, me miro y sonrió desde que entre, yo le correspondí la sonrisa, sentándome a su lado
-Lo siento –me disculpe al instante en el cual la vi- si hubiera sabido que era así jamás hubiera permitido que fueras, lo juró
-Está bien –sonrió ella viéndome- la ciudad era hermosa, Rei, habían edificios muy, muy altos, árboles y muchas personas ¿crees que algún día podamos ir?
Trague en seco. Cuanto daría yo porque ella conociera el mundo entero si era necesario, y si podía acompañarla, mejor aún, asentí con una vaga sonrisa
-Te prometo que algún día te llevare a comer afuera –susurré- Iremos a los parques y al cine. ¿Te gustaría, Mikan?
Sus ojos brillaron, alegres, y asintió con firmeza. "¿no te importa?" había preguntado Natsume cuando me vio. Él nunca lo entendería, si yo mostraba libremente mis sentimientos hacia ella ¿Quién sabia como los demás se lo tomarían, como le hacían daño? No era tan fácil actuar de esa forma, no en esa escuela, no con las personas que nos rodeaban.
Si yo admitía que ella era mi debilidad, mi corazón, mi hermanita, entonces sería usada para manejarme a mí. Para manejarnos a todos.
No era tan sencillo, eso era lo que no entendía.
-¿Rei, está bien? –pregunto con una sonrisa, observándome
-Sí, princesa –conteste mientras le acariciaba la mejilla con dulzura- deberás cuidarte más ¿sí?
-Perdón por haberme herido –susurró con una vaga sonrisa- es que tuve miedo, y era la primera vez que salía… no supe que hacer. Pero ya verás que para la próxima regresare sana y salva
"Para la próxima" cuando deseaba que ella no tuviese una segunda vez en esto. ¿Y si la próxima vez se manchaba las manos con sangres? ¿Y si la próxima vez se convertía en asesina? ¿Y si la próxima vez regresaba peor, o muerta?
Desee que hubiera un dios para rogarle que no se metiera con ella, que la dejase vivir. No hacia ningún daño, no hería a nadie, que permita que ella sea feliz sin convertirse en victima ni victimaria.
Desee poder cuidarla de todos y todo, guardarla en una cajita de cristal, deseaba…
Sonreí, eran solo eso, deseos, bese la frente de Mikan y prometí traerle un howalon, ella rio mientras asentía, tan optimista como siempre, y me retire. No desearía que no hubiera una segunda vez, no lo permitiría.
