Disclaimer: Los personajes son la maravillosa Stephenie Meyer, solo yo juego con ellos junto a mi imaginación. La historia si me pertenece.
Summary: El sentimiento de pérdida está latente en la vida de Bella Swan, quien lucha día a día para darle lo mejor a su pequeño hijo siendo la secretaria del solitario y ermitaño Edward Cullen, quien no quiere ni confía en nadie, ¿Será que se necesitarán mutuamente para ser los que eran antes y dejar de lado sus dolorosos pasados?
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Solo necesito a alguien como tú.
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Capítulo 24
~ Cinco meses después…
POV EDWARD
—Necesito esos papeles cuanto antes —hablé cansinamente.
—Es que estamos en demora, ya sabes cómo son estos temas, querido Edward —contestó del otro lado de la línea.
—Lo sé Eleazar, pero si no fueran de suma urgencia no estaría tan repetitivo en esto, ¿Cuánto hace que te los pido? ¿Dos semanas?
—Entiendo tu urgencia, pero sabes cómo es la vida de los presidentes de la empresa —volvió a decir. De verdad que este hombre estaba sacándome de mis casillas.
—Yo también tengo una vida a parte de la empresa Eleazar y no por eso, descuido mis obligaciones —respondí con voz contenida.
—Haré lo posible para que a más tardar este ese bendito papel mañana, mandare a mi secretaria. —Dijo luego de unos minutos.
—Espero que esta vez sea verdad. Adiós. —Corté la comunicación sin esperar una respuesta de su parte.
Dejé el teléfono sobre el escritorio utilizando más fuerza de la necesaria. ¿Por qué hacía tanta historia por esos papeles? Eran muy importantes tanto para él como para mí. Íbamos a firmar por fin la terminación de nuestros trabajos, las cuales nos dejaba una muy buena suma de dinero a ambos. Aunque mirándolo de su lado, quizás para él no era muy conveniente terminar ese trabajo con la Corporación Cullen. No quiero sonar muy egocéntrico, pero en estos últimos meses, la empresa había crecido de manera extraordinaria, y yo bien sabía que Eleazar no era idiota y estaba al tanto que este iba a ser el último trabajo que realizáramos juntos.
Trabajar junto a él había sido un infierno, jamás nos poníamos de acuerdo en nada y, como había llegado a mi límite de frustración, había decidido que no iba a aceptar más trabajos tediosos con él, salvo las relaciones que teníamos desde añares, pero nada más allá.
—Ven a mi oficina, te necesito —dije tocando el intercomunicador dejando caer mi cabeza sobre el escritorio.
Tras unos instantes, sentí como la puerta se abría, luego se cerraba y unos ruidos de tacones se acercaban hasta mí. Levanté mi cabeza y ahí estaban esos ojos chocolates que me traían la paz que necesitaba cuando tocaba límite, como ocurría justo ahora. Corrí mi silla hacia atrás y mi ángel se acomodó en mi regazo.
Sin decir nada comenzó a acariciar mi cabello, ella más bien que nadie sabía que eso lograría tranquilizarme. Tras unos minutos en la misma posición, quité mi cabeza del hueco en su cuello y miré esos ojos chocolates que me habían hipnotizado desde el primer momento.
—Ese hombre va a sacarme canas verdes —comenté, frustrado.
—Sabemos cómo es Eleazar, cielo —trató de tranquilizarme mi Bella, quitándome los mechones de cabello de la frente.
—Lo sé, pero no puedo controlarlo. Siento que el mundo se me viene encima —agregué derrotado.
—Para eso estoy aquí, yo seré quien te levante —respondió con una sonrisa y luego me dio un casto beso en los labios.
—Te amo tanto, no sé qué haría sin ti —cubrí su boca con la mía, quedándome insatisfecho con el breve beso que me había dado hace instantes.
Como últimamente nos estaba sucediendo, de un simple beso inocente comenzábamos unas batallas en nuestras bocas. Mi lengua rápidamente invadió la boca de Bella, llenándome de su delicioso sabor. Con mi mano derecha, puse las trabas de la silla del escritorio —como tenían rueditas era posible que nos llevemos un buen golpe— y gracias a eso, pude mantener la estabilidad.
Comencé a besar a mi ángel con devoción, como si fuera la última vez que tendría la suerte de probar sus labios. Con mis manos, recorrí toda la piel expuesta de sus níveas piernas, aprovechando que hoy llevaba unas faldas hasta más arriba de las rodillas.
Sus manos no paraban de acariciar mi nuca y de vez en cuando jalar mi cabello. Era increíble lo bien que se sentía. Por la falta del aire, rompimos el beso, pero sin poder dejar de saborear su piel comencé a repartirlos en su extenso cuello; sabía que eso la volvía loca. Sabiendo de ante mano la respuesta, Bella inclinó su cabeza, dejándome a mi merced toda la porción de su cuello. Cuando mordí suavemente aquella parte detrás de su oreja, un sonoro gemido salió del fondo de su garganta, haciendo que mi cuerpo comenzara a despertarse.
Una sonrisa involuntaria salió de mis labios, ante la idea que se me había ocurrido.
—¿Pusiste el pestillo? —pregunté con la voz ronca. Bella me miró con una ceja alzada y con una sonrisa maliciosa en su rostro.
—¿Qué tiene en mente, señor Cullen? —preguntó batiendo sus pestañas.
—Tengo trabajo extra para usted, señorita Swan —dije siguiendo su juego. En sus ojos apareció ese brillo de deseo que lograba encenderme en un dos por tres.
—El pestillo está puesto —respondió finalmente mordiéndose su labio inferior.
—Era todo lo que quería oír —sin más volví a atacar su boca, pero esta vez con mucho más deseo y pasión.
Mis manos volaron a su cadera, logrando subir su camisa y acariciar la piel recién expuesta de su abdomen. Las manos de Bella no se quedaron atrás y comenzaron a desabrochar uno por uno los botones de mi camisa. Sin perder tiempo, quite de un tirón la suya, por alguna extraña razón ningún botón salió despedido —eso era realmente buena suerte, no pensé en que todavía nos quedaban un par de horas más en la empresa—, y revoleé la prenda hacia algún lado del despacho.
Mi ángel demoníaco y seductor, comenzó a refregarse en mi muy notoria y dolorosa erección, logrando que saliera del fondo de mi garganta un sonoro gemido. Comenzó a repartir besos húmedos en la piel sensible de mi cuello, mientras mis manos recorrían su espalda en busca del broche de su sujetador. Una vez que lo encontré, rápidamente lo desabroché y sus deliciosos senos estuvieron en libertad. Sin perder un microsegundo, llevé mi boca hacia su pezón izquierdo, masajeando el derecho con mi mano. Luego invertí los roles, atendiendo el derecho con mis labios y el izquierdo con una de mis manos.
Escuchar los gemidos de mi Bella, era realmente la mejor sensación que existía y, de más está agregar, que era el único que sabía y provocaba esta faceta de mi ángel.
Las manos de mi amada quitaron mi camisa, dejándome en iguales condiciones que ella —desnudo en la parte de arriba de mi cuerpo—. Comenzó a acariciar mi reciente espalda desnuda, clavando sus uñas cuando mis labios encontraban la piel de su cuello o mis manos pellizcaban sus pezones. Sin poder aguantar un minuto más, me levanté de la silla alzando en mis brazos a Bella, logrando que enganchara sus largas piernas en torno a mi cadera.
Como pude, la sostuve con un solo brazo y con el que me quedó libre, tiré todo lo que estorbaba arriba del escritorio. Seguramente se habrá escuchado un sonido ensordecedor, pero la verdad, ni siquiera me importó.
Una vez que la superficie estuvo vacía, coloqué a Bella sobre ella, colocándome entre sus piernas. Comenzamos a besarnos apasionada y salvajemente. Hice que se levantara unos pocos centímetros y enrollé su falda hasta su cintura.
—Desde aquí puedo oler tu excitación —murmuré en su oído con voz ronca—. Me vuelves loco.
Llevé mis manos hacia la fina tela de sus braguitas y, sin aguantarme la necesidad, rasgué esa pequeña prenda, ahora dividida en dos partes.
—¡Oye! Esas me gustaban —se quejó con su respiración agitada y sus mejillas en un hermoso color carmín.
—Te compraré un camión completo, te lo prometo. —Aseguré acariciando sus piernas una y otra vez.
Llevé mis manos hacia la parte interior de sus muslos y comencé a acariciarla más íntimamente. Trasladé mis dedos hacia su sexo, estaba empapada. Una sonrisa apareció en mis labios al saber que era por mí, yo lograba esas sensaciones en ella, solo yo.
—Estás tan mojada —dije bombeando dos dedos dentro de ella—. Y es solo por mí, ¿No es así? —pregunté encontrando su punto más sensible.
—Ummm, si… Ed-dward… solo por ti —dijo entre altos gemidos que tuvieron que ser acallados con mis labios.
—Debemos ser silenciosos amor, estamos en nuestro lugar de trabajo —le recordé, mordiendo su labio inferior.
—Por favor… —pidió meciendo sus caderas en torno a mi mano que no dejaba de entrar y salir de ella a un ritmo lento, torturándola.
—Por favor, ¿Qué? —pregunté sintiendo como mi miembro latía dentro de mis pantalones, era malditamente doloroso.
—No me tortures, más… rápido —murmuró con frustración al borde del abismo.
Como me lo pidió, comencé a bombear más rápidamente, sintiendo como su cuerpo se tensaba completamente; sabía que estaba cerca de llegar a su liberación. Empecé a trazar círculos en su muy hinchado clítoris con mi dedo pulgar, mientras que dos de mis dedos entraban con mucha velocidad dentro y fuera de ella. Bella puso sus ojos en blanco y se echó hacia atrás, sosteniéndose con sus antebrazos. Cuando alcance su punto G, sus brazos fueron al torno de mi cuello y ahogo los gritos de su ansiada liberación, besándome de manera salvajemente apasionada.
Cuando salió del transe de su orgasmo, sus manos fueron directamente a la cremallera de mi pantalón y tiró de ellos junto a mis bóxers para dejar que mi erección se liberara y estuviese completamente desnudo.
Acerqué a Bella hacia mí, enganchando sus piernas en mi cadera, empujando mi pelvis hacia la suya, haciendo que nuestros sexos se rosasen, la fricción era jodidamente exquisita. De un solo golpe entre en ella, besándola fuertemente para silenciar nuestros gritos. Me quedé unos segundos sin movernos, disfrutando de la calidez de su interior.
Al principio comencé a penetrarla despacio, haciendo que mi miembro entrara hasta lo más profundo y sacándola casi completamente, para volver a penetrarla. Comencé a aumentar el ritmo, entrando y saliendo de ella, sin dejar de besar todas las partes de su cuerpo que me eran posibles.
Con una de mis manos, la sostenía de su cadera marcando el ritmo de nuestros movimientos y con la otra pellizcaba sus deliciosos pezones. Al sentir las uñas clavándome la piel de mi espalda y sus gemidos cada vez más altos, supe que Bella estaba cerca, yo estaba en iguales condiciones; no me sentía capaz de aguantar mucho tiempo más. Los pies entaconados de mi ángel, trataban de acercarme lo más posible a ella, apretando fuertemente mi trasero. Verla tan entregada a mí, hacía que quisiera saltar por todas partes, ella por alguna extraña razón me había elegido a mí, solo a mí.
Comencé a penetrarla como un loco maniático, a una velocidad sobrenatural.
—No… aguanto… más… —dijo como pudo.
—Dámelo, nena —pedí mordiendo fuertemente su hombro y llevando mi mano libre hacia su clítoris, comenzando a dar círculos con mi pulgar allí.
Automáticamente a mi pedido, todo el cuerpo de Bella se tensó al igual que sus músculos vaginales en torno a mi polla y se dejó ir. Sin poder evitarlo, sentí mi miembro más duro y comencé a penetrarla a una velocidad imposible, buscando mi liberación. Tras unas cuatro embestidas más, me vacié dentro de ella, llenándola de mí esencia. Yendo al infinito y mas allá, gracias a mi ángel.
Me dejé caer encima de Bella —quien se había terminado de acostar sobre el escritorio—, soportando todo mi peso, sin salirme de su interior aún.
Nos miramos a los ojos y una sonrisa cómplice apareció en nuestros labios. La besé tiernamente y me salí de su interior, extrañando su calor instantáneamente.
Nos vestimos silenciosamente, entre caricias y besos suaves.
—Por tu culpa, tendré que andar por ahí, sin bragas —se quejó cruzándose de brazos, mostrándome el cadáver de su prenda interior.
—Realmente lo siento cariño, pero nadie se dará cuenta —dije abrazándola por su cintura, una vez que terminé de colocarme la corbata y guardé sus braguitas —o lo que quedo de ella— en el bolsillo de mi pantalón.
—¿Qué haré contigo, Edward Cullen? —preguntó negando con la cabeza, mientras acomodaba el nudo de mi corbata.
—Estar siempre a mi lado para hacerme feliz —dije sinceramente mirándola a los ojos y un hermoso rubor cubrió sus mejillas—. Definitivamente no veré este lugar de la misma forma, jamás —agregué haciendo referencia al despacho.
—Será mejor que levantemos el desastre que hicimos —contestó una sonrojada Bella señalando con el dedo todos los documentos tirados sobre el suelo.
Le di un rápido beso y comenzamos a ordenar el desastre que había hecho. Una vez que estuvo todo más o menos presentable escuchamos unos golpes en la puerta del despacho. Bella rápidamente fue a mirar de quien se trataba.
—¡Al fin! Después de todo si había vida —dijo mi prima entrando como un tornado. Quedo parada entre medio de Bella y mío, sus ojos viajaban de mi ángel hacia mí, una y otra vez—. ¿Qué estaban haciendo, picarones? —levantó sus cejas inquisitivamente—. ¡Abran las ventanas! ¡Aquí huele a sexo!
—¡Cállate ya, Alice! —exclamé.
—Oh, está bien —dijo encogiéndose de hombros—. Debe ser muy excitante hacerlo aquí, ¿O no Bella? —volvió a decir y Bella se sonrojó hasta su cuello.
—¡Ya basta, Alice! —volví a exclamar, pero tratando de disimular mi sonrisa.
—Será mejor que vuelva a mi puesto —dijo Bella en un murmullo.
—Amor, no hagas caso a Alice, ya sabes que está loca —me acerqué a ella, atrayéndola a mi pecho.
—¡Te escuche, Edward Cullen! —Exclamó Alice, fingiendo molestia.
—Era la idea, primita —respondí con una falsa sonrisa—. Has hecho una de mis fantasías realidad, no te avergüences —susurré en el oído de mi ángel, acariciando su mejilla suavemente—. Te amo.
—¿De verdad? —Preguntó, yo asentí—. Tú hiciste lo mismo, también cumpliste la mía —agregó y le di un suave beso en los labios.
—Feliz aniversario —volví a decir en un murmullo, su cuerpo se relajó.
—Pensé que lo habías olvidado.
—Nunca. Es una fecha muy importante para mí —afirmé, estrechándola más a mi cuerpo, sintiendo en una décima de segundo como su cuerpo era apartado de mi lado.
—¡Argh! Son imposibles —murmuró Alice diciéndole algo en el oído a Bella, donde ella asintió mirándome con una sonrisa y sin más se fue a su escritorio—. ¡Luego hablaremos, Bella! —gritó.
Para evitar que todo el edificio siguiera escuchando los gritos de Alice, cerré la puerta del despacho. A penas cerrada la puerta, unos delgados brazos me abrazaron desprevenidos.
—¡Amo verlos tan enamorados!
—Alice, estas dejándome sin aire —dije con una sonrisa. De verdad que la efusividad de mi prima no tenia cura.
—Eres un exagerado. —Murmuró poniendo los ojos en blanco—. Necesito tu trasero hoy, Cullen.
—¿Se puede saber para qué? —pregunté haciéndome el desentendido.
—No te hagas el bobo, demasiados problemas tengo con tu novia, no te agregues tú también.
—Sabes que a Bella no le gustan las compras Alice.
—Lo sé, por eso le digo bicho raro, ¿A qué mujer no le gusta la ropa? —Preguntó como la cosa más extraña del mundo—. Pero bueno, después arreglaré ese detalle con ella, necesito que te pruebes el traje; solo nos quedan dos semanas, primito.
—Alice, eres una pesada, antes de ayer me lo fui a probar.
—Pero ya le hicieron los arreglos, no quiero que luego te quede mal, es muy importante para mí —dijo haciendo un puchero y mirándome con ojos de perrito mojado.
—Eres imposible —dije con una sonrisa—. ¿Estás nerviosa? —pregunté, yéndonos a sentar al sofá que tenía en mi oficina.
—Más que nerviosa, estoy histérica y ansiosa. Yo creo que casarse, es el paso más hermoso para una mujer, claro que ser madre debe ser millones de veces mejor. Pero sobretodo es casarse con el hombre del que me enamoré, no estoy nerviosa por ello, porque sé que Jasper va a estar esperándome en el altar.
—Eso si no se da cuenta que estás completamente chiflada y sale corriendo —dije modo de broma y ambos nos reímos—. ¿Quién iba a pensarlo? Tu casándote en tan poco tiempo con Jasper.
—El amor es inesperado, primito. Tú bien lo sabes —respondió con una sonrisa.
Alice, nos había sorprendido otra vez, primero no fue tanto porque se había puesto de novia con Jasper, nosotros sabíamos que ellos dos están loquitos el uno por el otro. Pero la noticia que nos hizo caer de bruces al piso, fue el saber que se casaban en menos de tres meses de relación. Su explicación era clara y concisa: "nos amamos, el tiempo no importa". Me parecía perfecto por ellos, se notaba el amor infinito que se tenían.
Y hoy aquí estábamos, terminando de ultimar los detalles de la vestimenta a solo dos semanas del gran evento.
—Entonces, Jazz pasará por ti a la salida del horario de trabajo. Yo me llevaré a Bella, ahora —avisó.
—Qué hay si la necesito conmigo. ¿Ah?
—Ya tuviste tu alegría oficinista, Edward. Déjala descansar un poco —me guiñó el ojo. Yo solo los rodé y negué con la cabeza.
—Estás muy pesada esta tarde —concluí derrotado—. Muy bien, dejaré que me la robes… pero dile a Jasper que lo espero en media hora, no hay mucho para hacer ahora.
—¡Perfecto! Le diré que traiga a Thomas con él —respondió con su efusividad característica—. Nos vemos a la noche —dijo y, tras darme un abrazo, se marchó. Cuando se fue, solo pude lanzarle un beso en el aire a Bella.
Hacía tiempo que en mi cabeza venía dando vueltas y vueltas la idea de tener a mi lado a mi ángel, vestida de novia y prometernos amor eterno en el altar. Ese era uno de los sueños que tenia, y solo esperaba en algún momento poder cumplirlo.
—Toc toc, lamento sacarte de tus pensamientos hijo, necesito hacerte un par de comentarios —la voz de mi tío me interrumpió.
—Tío, claro no te preocupes. Ven vamos a sentarnos —dije y volvimos a entablar conversación de los que más me preocupaba en estos momentos.
Eleazar Denali.
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POV BELLA
¿Cómo entender a esas mujeres que se pasan horas y horas dentro de un centro comercial y probándose cada prenda que encontrasen? Definitivamente esa vida no era para mí, pero ya saben con personitas como Alice y Rosalie, quedarse en casa junto a Edward y Thomas era imposible.
—¿Qué te parece éste Bella?
—Yo creo que le va a quedar hermoso el naranja pastel, va a marcar la palidez de su piel —respondió mi muy gran hermana por mí.
—Alice, ya sabes que yo estoy en tus manos, la verdad es que no tengo la menor idea de que colores van conmigo —expliqué encogiéndome de hombros.
—Muy bien, deben estar hermosas. Serán mis damas de honor —Alice nos dio esa noticia con una hermosa sonrisa.
Tanto Rose como yo la miramos asombradas, esta era una maravillosa noticia.
—¡Gracias! —exclamamos al unísono y fuimos a abrazarla fuertemente.
—No sé porque se sorprenden tanto, si no hubiera sido por ustedes, Jasper y yo seguiríamos separados.
—De verdad que estaban ciegos, los dos —dijo Rosalie.
—Pero ustedes estaban ahí para ser nuestros ojos —hicimos una mueca graciosa—. ¿Qué tal este? —volvió a preguntar.
La relación de Alice y Jasper fue todo un suplicio. Todos sabíamos que se amaban, pero ellos eran muy tímidos. Sé que sueña extraño decir que una chica como Alice Cullen, era tímida, pero para sorpresa de todos así fue y Jasper no se quedaba atrás tampoco. Con Rosalie, decidimos cerrar el restaurant solo para ellos una noche, claro que sin decir nada, supuestamente iba a ser una reunión familiar, pero no fue así. Gracias a esa cena, al fin los dos se decidieron y aclararon sus sentimientos, poniéndose de novios esa misma noche. Dos meses después, hicieron conocer la noticia de su casamiento. ¡Vaya que eso si fue inesperado!
—¿Estás bien, Rose? —le pregunté al ver su mueca de dolor en el rostro.
—Sí, es solo que tu sobrina decidió quedarse inquieta hoy —respondió tocándose su enorme vientre.
—Ven vamos a descansar un poco, no está bien que estés mucho tiempo parada en tu estado —dije y Alice concordó conmigo.
—Vayan, yo voy a pagar y las alcanzo —anunció mi menuda amiga y fuimos a la cafetería que estaba en frente del local de ropa.
Fui a pedir rápidamente unos jugos de naranja con unos ricos tostados, para poder recuperar las energías perdidas con las largas compras que habíamos hecho.
—Si me quejaba los primeros meses, es porque no sabía lo que eran los últimos —suspiró llevándose el vaso a la boca.
—Piensa que en poquito vamos a tener a una hermosa niña con nosotros —dije acariciándole la mano por encima de la mesa.
—Es por lo único que soporto todo esto.
Vimos a Alice acercarse hasta nosotras cargando las bolsas de las compras.
—¿Estás bien, Rose? Lamento no ser considerada contigo, soy una egoísta, ¿Cómo voy a dejar que estés de aquí para allá en tu estado?
—¡Hey! No te culpes Alice, yo acepté gustosa venir. En lo que si voy a culparte es tener casarte a una semana de tener que parir —dijo bromista Rose.
—¡Qué emoción! Ya no falta tanto para tener a otro niño junto a nosotros.
—Será una niña, Alice —corrigió con los ojos brillantes.
Mi única hermana ya estaba en el último período de su embarazo, solo quedaban tres semanas para que nuestra nueva integrante naciera. Hacía tres meses se había enterado que era una niña, tanto ella como mi cuñado, largaban babas por donde quiera que pasaran. El departamento ya estaba preparado para su llegada y todos entusiasmadísimos también. No todos los días te conviertes en tía por primera vez.
—Muy bien chicas, recién me llamó Jasper, necesitan ayuda. ¡Hombres! —Dijo girando los ojos—. Mañana las veo. —Agregó y, tras un saludo, se fue.
—Aun no sé donde guarda las energías esta muchacha —dijo en broma Rose.
Terminamos la merienda y fuimos al estacionamiento a buscar mi coche. Así es tenía un coche, en realidad el auto era de Edward, solo que me lo "prestó" por tiempo indefinido. Nos montamos dentro del auto y manejé hasta el departamento.
—Quedo todo muy lindo con las remodelaciones —dije con una sonrisa.
—Ven, quiero mostraste la habitación de mi pequeña —la mano de Rosalie me dirigió hasta una habitación que yo conocía muy bien.
Las paredes estaban pintadas de un hermoso lila, con unas hermosas guardas de ositos en ellas. También había una cunita en el centro de un color blanco con apliques en rosa, y un sofá en forma de oso a un lado de la habitación. Sobre las paredes, puestos en portarretratos estaban las ecografías del bebé, ordenadas por fecha.
Sin poder evitarlo, una solitaria lágrima descendió por mi mejilla.
—Todo es hermoso, Rose —dije abrazándola, sintiendo como mi sobrinita hacía acto de presencia—. Vas a tener una hermosa familia, bebita —acaricié el vientre de Rose, hablándole a mi futura sobrina.
—Se los extraña mucho aquí, pero sé que hiciste lo correcto. No te veía tan feliz desde hace mucho tiempo.
Asentí con una sonrisa en los labios y sentí como sonaba mi celular en el bolsillo de mi chaqueta.
«Ya estamos en casa. Thomas tiene muchas ganas de mostrarte algo. Te amamos.»— Edward.
Sonreí como una colegiala y rápidamente tecleé una respuesta.
«Estoy junto a Rosalie, pronto iré a casa. Hasta pronto.» —Bella.
—Por esa sonrisa, no hace falta adivinar de quién se trata —habló Rose y escuchamos como la puerta se abría de par en par.
—¡Amor ya estoy en casa! —gritó Emmett y rápidamente salimos del cuarto de mi futura sobrina.
—¡Oh! Pensé que se trataba del vecino —dijo sarcástica Rose yendo hacia su lado dándole un suave beso en los labios.
—¿Cómo esta mi osita? —preguntó acariciando el vientre de su esposa.
—Muy inquieta —respondió mi hermana.
—¡Bells! ¿Cómo estás? —dijo mi cuñado una vez que se percató de mi presencia.
—Muy bien Emmett —contesté yendo a su lado para abrazarlo—. Bueno, me voy. Llámame cualquier cosa —avisé a mi hermana y asintió.
Me despedí con un beso a cada uno y fui en busca del Audi A-4 que ahora manejaba.
Recorrí un camino muy conocido por mí. Hacía cinco meses que lo hacía, por lo menos tres veces a la semana. Justamente hoy, hacía cinco meses que había decidido ser la novia de Edward y también sería el aniversario, aunque eso sería mañana para ser más exactos, de haberme mudado definitivamente con él a la mansión. Fue una sorpresa para mí también, pero no me arrepentía para nada y estoy segura que fue la mejor decisión que había tomado.
Coloqué en el estéreo del auto la suave melodía de Debussy y me dejé llevar por los recuerdos.
Mi relación con Edward iba viento en popa, ya teníamos unos flamantes cinco meses de novios. Era fantástico como el tiempo volaba cuando uno se lo pasaba de maravilla.
La convivencia con Edward, era realmente cómoda, las necesidades de la casa nos las dividíamos con Sue, me parecía justo. No iba a dejar que ella realizara todo el trabajo cuando yo también tenía dos manos para ayudarla. Mi hora preferida era la cena, donde yo me ocupaba de cocinar y estábamos todos juntos en la mesa del comedor.
Thomas era infinitamente feliz con nuestra nueva vida, sonreía mucho más de lo que hacía antes y estaba más que contento en tener un papá, por fin. Habíamos decidido dejarlo en el maternal solo en la mañana, a la tarde Sue se encargaba de recogerlo y cuidarlo por la tarde, mientras nosotros cumplíamos con nuestro trabajo. Poder hacer eso me dejaba más tranquila y feliz, por fin podía darle la vida que siempre soñé para mi pequeño.
En la empresa las cosas eran un poco más difíciles, no habíamos hecho pública nuestra relación, pero era sabido que la "secretaria se estaba enrollando con el jefe". Con esos comentarios que llegaron a mis oídos, gracias a una indignada Jessica, con quien no tuvimos el cuidado de hablarlo en voz baja y Edward también se enteró. Al principio, tuvo la idea fija de despedir a todos los que hablaban de nosotros, pero luego lo hice recapacitar diciéndole que no podía dejar a numerosas familias sin empleo. Entonces, se conformó con hacer una reunión haciendo que cada empleado se lleve su regaño por difundir su vida privada. Había olvidado lo frío que podía ser Edward en la empresa, aunque sus días del «témpano Cullen» habían terminado para mí, en la Corporación seguía intacta. Desde ese momento, ya no se volvió a comentar nada a cerca de nosotros, por suerte solo se ocupaban del trabajo por hacer.
Doblé la última curva y parada en la puerta del garaje, pulse el botón para que éstas se abrieran. Estacioné el vehículo junto al Volvo plateado y, al fijarme en las puertas, los dos hombres que se ganaron mi corazón estaban esperándome.
—¡Mamita! —corrió Thomas a mis brazos cuando llegaba hasta ellos.
—Mi cielito —dije abrazándolo, dando vueltas junto a él. Tommy comenzó a carcajearse y mi pecho se infló de felicidad, escuchar su risa me llenaba el alma—. ¿Compraron muchas cosas? —pregunté acercándome a Edward.
—¿No hay un recibimiento para mí también? —se hizo el ofendido mi novio, rodé los ojos y enganché mi brazo libre a su cuello y lo besé suavemente.
—¡Puaj! —dijo Thomas cubriéndose los ojos, pero dejando lugar entre ellos para vernos.
—Así está mejor —murmuró Edward y miró divertido a Thomas—. Cuando tengas novia no vas a decir «puaj», Tommy.
—Pero eso va a ser cuando tenga cincuenta —agregué bromista. Nuestro pequeño solo se reía de nosotros, ajeno al tema que conversábamos.
Entramos a la casa y una alegre Sue me recibió. Todos los días me decía que agradecía cada día nuestra llegada a su vida. La verdad era que yo también lo hacía, Edward me había devuelto la mitad de la felicidad que necesitaba para sentirme completa.
—Espero que no te importe Bella, pero hoy cocino yo —dijo Sue con una sonrisa—. Hoy es un día de celebración.
—Me parece bien Sue, no tengo objeciones —respondí—. Voy a bañarme —avisé y subí a la planta alta para poder hacerlo.
Veinte minutos después, ya estaba fresca, limpia y por fin con unas bragas puestas. Se me ponían las mejillas ardientes de pensar que luego de nuestro fogoso encuentro en la oficina de Edward, había andado por la cuidad sin ropa interior. ¡Qué vergüenza!
Cuando salí de la habitación, unos murmullos hicieron que entrara a la habitación de Thomas, justo en frente del cuarto que compartía con Edward. Eso también le pudimos dar a nuestro pequeño, una habitación solo para él. Apenas le dije que si a Edward —en cuanto a mudarnos con él—, comenzó con la refacción de las habitaciones. Había decidido remodelar la habitación que era de sus padres para Thomas; yo me había opuesto a esa idea al principio, pero luego lo acepté cuando me dijo que para él Thomas era su angelito protector y que sus padres se pondrían muy felices en verlo dormir allí. No hice más que abrazarlo y agradecerle por hacer todo lo que hacía por nosotros.
Ahora el cuarto estaba absolutamente convertido, las paredes estaban pintadas de un hermoso celeste decoradas con los dibujos que hacía mi pequeño, protegidas en portarretratos. Una cómoda cama a un costado y un armario enorme llena de ropa —cortesía de Alice—. Además tenía un estante lleno de juguetes, sin lugar a dudas era el cuarto que todo niño soñaba.
Cuando me asomé a la puerta, vi a Edward y Thomas muy concentrados armando un rompecabezas. Iban bastante avanzados, ya se podía diferenciar la cabeza de una cebra.
—Pásame ese, papi —murmuró un concentrado Thomas y Edward le paso la pieza pedida—. Esto no funciona, hay que comprad oto —volvió a decir con el ceño fruncido.
—Ese no es su lagar Tommy, si que funciona. Mira va aquí —le explicó Edward con una sonrisa, colocando la pieza en el lugar correcto. Thomas sonrió y aplaudió en el aire festejando.
Estuve unos cinco minutos viéndolos embobaba, si algo que amaba de esta nueva etapa de mi vida, era ver a mi pequeño tan feliz junto a Edward, la relación que habían cosechado cada vez era más solida.
Thomas fue el primero en notar mi presencia.
—Ven mamita, ayúdanos a tedminad —pidió y me senté en el suelo junto a ellos.
Estuvimos entretenidos varios minutos, riéndonos de las ocurrencias de Thomas cuando una pieza no encajaba con la otra. Había dicho que era mejor utilizar las tijeras para cortar o pegar las piezas con pegamento para que encajaran. Era increíble su imaginación.
—¡Pod fin! —exclamó Tommy cuando terminamos de armar el rompecabezas. Era una linda fotografía de una cebra en el medio de la selva.
—¿En donde lo colocamos? —preguntó Edward.
—Sobre el escritorio, luego vemos donde lo colgamos —dije señalando la superficie a un lado de la habitación.
—Tabajo realidado —murmuró Thomas y chocamos nuestras manos—. Voy a poned la mesa – agregó y salió brincando por la puerta.
Cuando nos quedamos solos, Edward se acercó hacia mí y colocó mi cabello detrás de mi oreja.
—¿Cómo fue con Alice? —preguntó acariciando mi mejilla.
—Agotador, aunque más lo fue para Rosalie, no sé cuando se quedara quieta esa mujer, ni siquiera un embarazo de ocho meses y medios la paran. ¿Cómo te fue a ti? —pregunté poniendo mis brazos alrededor de su cuello.
—Al fin Alice se conformó con mi traje, lo tengo que retirar la próxima semana. Thomas ya tiene el suyo también —respondió tomándome por la cintura acercándome a su cuerpo—. Hoy no pude decirte feliz aniversario como se debía —murmuró con el ceño fruncido.
—¿Seducirme en la oficina no cuenta? —pregunté con una sonrisa.
—Creo que fue usted quien me sedujo, señorita Swan —respondió y me mordí el labio —. No muerdas tu labio, sabes lo que me produce —enarcó una ceja y liberó con su dedo pulgar mi labio inferior.
Sin dejar de mirarnos a los ojos, nuestros rostros fueron acercándose como imanes, hasta que nuestros labios se tocaron. Nos comenzamos a besar suavemente, degustando nuestras bocas. Su lengua pidió permiso para entrar en mi cavidad y por supuesto sin durarlo le permití el acceso. Mis manos fueron a su nuca y comencé a acariciar su suave cabello. Sus manos me tomaron fuertemente de la cintura. Era un beso sin prisas, demostrando lo que sentíamos. Cuando la falta de oxígeno se hizo presente, finalizamos el beso pero nos quedamos en la misma posición. Con nuestras frentes juntas.
—Feliz aniversario —dijo por fin sin dejar de mirarme profundamente.
—Feliz aniversario —respondí en un murmullo.
Volvimos a juntar nuestras bocas, pero esta vez más apasionadamente. Este hombre me traía loca, bajaría el cielo si es que me lo pidiese. Hacía un mes había descubierto al fin el gran amor que sentía por Edward Cullen, sé que van a decir que tardé mucho tiempo en darme cuenta, pero realmente necesitaba que mi corazón sanase de todo el mal que pasó. Y… que solo Edward, mi Edward había ayudado a sanar. Fue muy paciente conmigo, nunca me presionaba y hacíamos todo a mi tiempo. La convivencia juntos hizo que entendiera que este era mi lugar, junto a Thomas y a Edward.
El lugar en el que formáramos nuestra familia, llena de amor.
Aún no había sido capaz de decírselo en voz alta, pero sabía que él era consciente de lo enamorada que estaba y no me presionaba en ese aspecto, ni en ningún otro.
Al único hombre que le había dicho esas dos palabras, había sido Benjamín, pero por cosas del destino ya no estaba aquí. Antes pensaba que jamás volvería a enamorarme, pero aquí estaba besando al hombre que había logrado que me volviera a enamorar perdida e irrevocablemente. Es increíble como los sentimientos se despiertan de formas diferentes, porque si bien yo estaba enamorada de Benjamín, el amor que siento por Edward no se compara en lo más mínimo, son cosas totalmente diferentes.
Por más que Benjamín fue el hombre que me enseñó a amar, Edward fue el que me salvó del pozo oscuro en el que estaba y lucharía para hacerlo feliz todos los días de mi vida, incluso si alguna vez se llegara a aburrir de mí.
—Te amo tanto, mi Bella —me sacó de mi ensoñación con esas palabras tan bellas.
Al fin había llegado el momento.
—Te amo Edward, lo hago con cada célula de mi cuerpo. —Confesé con mi corazón latiendo a un ritmo sobrenatural.
Lo siguiente que sentí fueron mis pies en el aire.
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¡Hola mis hermosas lectoras! Se que con una disculpa me quedo corta, pero no se me ocurre nada mas que decir. Mil perdones por estar desaparecida.
Por fin hay un nuevo capitulo, ¿Que les pareció? ¿Alguna sugerencia? Las tomare gustosa :D
Gracias, gracias y gracias por los hermosos review que me dejan, por los favoritos, alertas, pero como siempre digo por seguir la historia a pesar de mis lentas actualizaciones. De verdad que me hacen muy feliz!
Este capitulo va dedicado a Iga G W, vuelvo a disculparme contigo, espero que Thomas en este capitulo no te haya hecho llorar xD.
Quiero hacer una mención a todas esas personitas que me hicieron llegar sus opiniones en el capitulo anterior, es muy importante para mi saber si les gusta o no, si me olvido de alguien por favor avisenme :)
freckles 03, SalyLuna, supattinsondecullen, stewpattz, nina, Mary Cullen, PotterZoe, Iga G.W, KarenMasenCullen, catitacullen, mami Cullen, Sandra 32321, Nina y MeliRobsten02.
Dejare el adelanto cuando lo tenga en mi pagina de Facebook, si alguien esta interesado aquí pueden agregarme: Alie A Cullen
Hasta la próxima actualización, las quiero.
Alie ~
