NdA: He tenido que dividir el final en dos capítulos porque me han quedado más de 30 páginas. Pero no sufráis... casi todo son diálogos... Espero que lo disfrutéis. Mega nota de autor al final del último capítulo... ¡Os voy a echar de menos!
Capítulo 25
-El final. Primera parte-
-¡Le estoy diciendo que ha sido Pansy! ¿Por qué iba a inventarme algo así?
-No lo sé, dígamelo usted, señor Malfoy.
-Oh, vamos, Severus. Confía un poco. Puede que el muchacho esté diciendo la verdad… para variar, claro…-intervino la profesora Sprout.
En ausencia de Dumbledore y McGonagall –no había ni rastro de ellos- los dos profesores se habian dejado caer por la enfermería para comprobar el estado de salud de los Slytherin, Neville Longbottom y el profesor Flitwick, el cual parecía estar completamente recuperado de su encuentro con la estudiante de Ravenclaw.
Snape se acercó un poco a Sprout para susurrarle algo al oído:
-Pomona… Pansy Parkinson preferiría tragarse su propia lengua antes de atacar a un Malfoy…-le dijo.
Acto seguido, el profesor de Pociones alzó una ceja y se quedó mirando a Malfoy. La versión de Draco no tenía ningún sentido. No podía imaginar a un Slytherin atentando contra alguien de su casa. Mucho menos a Pansy, que siempre había bebido los vientos por Draco Malfoy.
-¿Y por qué están todos lesionados menos el señor Goyle? -preguntó el pequeño Flitwick con recelo. Goyle había sido el único jugador del equipo de Quidditch que no estaba lesionado.
-Creo, Filius, que existen razones obvias para que el señor Goyle tenga sus huesos intactos- comentó Snape, en referencia al bochornoso espectáculo que habían ofrecido los dos amigos de Malfoy durante el partido.
Con el equipo al completo de Slytherin en la enfermería, allí no cabía ni un alfiler. Madam Pomfrey entraba y salía de su despacho cada dos minutos, llevando y trayendo pequeños botes con remedios mágicos en su interior.
-Dumbledore nunca me habló de esta carga de trabajo cuando me contrató -se quejaba entre dientes Madam Pomfrey.
-¿Tenía la señorita Parkinson algún motivo para estar enojada? -continuó preguntando la profesora Sprout.
-No lo sé –respondió con sinceridad Malfoy, que todavía estaba dolorido. Pansy le había roto varios huesos de los brazos.
-Bueno, ella se fue llorando hoy del comedor…
-¡Cierra la boca, Crabbe! -ordenó Draco, fulminando con la mirada a su amigo, que estaba en la enfermería para interesarse por la salud de sus compañeros, e intentar limpiar su imagen tras el bochorno en las gradas de Gryffindor.
Snape volvió a alzar una ceja con recelo y miró con desconfianza al rubio en busca de una explicación razonable.
-Puede que… estuviera un poco enfadada por una discusión que tuvimos esta mañana- confesó Draco, apretando un poco los dientes. –Aunque no creo que ése haya sido el motivo, la verdad…
-Pero Draco le dijo que prefería a Granger…
-¡Yo NUNCA he dicho eso! ¡Cierra el pico Goyle! -se quejó Draco.
-Sí lo dijiste, Draco. Esta mañana no parabas de lloriquear "Hermione Granger está muy buena", "Hermione Granger está muy buena"…- intervino Adrian Pucey, que se estaba retorciendo de dolor en su camilla.
-¡Pero aquello fue una trampa! -se excusó Draco.
-En cualquier caso -le cortó Sprout sin dar importancia a las disculpas del rubio -la señorita Parkinson parece estar muy enfadada…
-¿Alguien sabe de su paradero? -preguntó el profesor Flitwick a los Slytherin que se encontraban en la enfermería. Cuando todos se encogieron de hombros, los profesores comprendieron que iba a ser hartamente complicado dar con Pansy o averiguar por qué había atentado contra su propio equipo. Snape, Sprout y Flitwick salieron entonces de la enfermería, confundidos y sin rumbo fijo. Todos se preguntaban dónde demonios estaban la profesora McGonagall y el director del colegio.
Sala Común de Ravenclaw
-¿Cómo se encuentra? -preguntó Michael Corner, que acababa de entrar en la sala común de Ravenclaw, seguido de Terry Boot.
-Está estable, pero ha perdido mucho pelo… Otra vez… Ya no sé si Madam Pomfrey va a poder regenerarlo. Ha sufrido mucho- comentó Marietta con tristeza, casi con lágrimas en los ojos. -Hace un momento estaba despierta, pero todavía no ha logrado recordar qué ha ocurrido- dijo, mesando los únicos dos mechones sujetos a la cabeza de Cho Chang, que se encontraba tumbada, semi inconsciente, en uno de los sillones de la sala común.
-¿Crees que los gemelos le han borrado la memoria? -se interesó Terry Boot.
-Ésa es la pregunta del galeón... Puede que hayan sido ellos… u otros… ya no lo sé- cabeceó Marietta. -Por cierto, ¿cómo ha quedado el partido?
-Se ha suspendido… tendrán que jugarlo en otro momento.
-¿Suspendido? ¿Por qué? -exclamó la muchacha, algo desorientada.
-Dicen que ha sido Pansy Parkinson, que se ha vuelto loca y los ha lesionado a todos- resumió Michael Corner.
-¡Malditos Weasley!
-Y, por cierto, ya sabemos dónde están Roger y Padma. En las cocinas. Nos lo ha dicho un chico de primero de Gryffindor, que los vio en el comedor al mediodía. Al parecer están convencidos de que son elfos domésticos…
-¿¿Elfos domésticos?? -se sorprendió Marietta.
La Madriguera
Arthur Weasley llevaba horas intentando consolar a su esposa. Trataba de convencerla de que no era tan malo tener a un hijo un poco… diferente...
-Vamos, cariño, piensa que si decide meterse a stripper ganará una fortuna con Rowilda Junior…
-No digas tonterías, Arthur. Todos estos años invertidos en educación… tirados a la basura por culpa de esa bruja…
-Molly, querida, Hermione es una chiquilla que…
-¡Hermione es una bruja!
-Sí, una buena bruja, tienes razón, tienes razón.
-¡No me refería a sus buenas cualidades, Arthur! -protestó Molly. -¿Sabes qué? -amenazó, incorporándose. -¡No pienso quedarme de brazos cruzados mientras contemplo cómo se descarría uno de mis hijos¡. Tú quédate aquí si quieres. Yo me voy.
-¿A dónde? -preguntó Arthur. Dos segundos después se arrepintió de haber hecho esa pregunta.
-¡A Hogwarts, claro! -dijo, agarrando su abrigo de una percha.
La enfermería
Ron y Hermione se habían encontrado con Luna de camino a la enfermería. Y para desesperación de la morena, ésta les había estado contando lo bien que le había ido el negocio de besos. Por lo visto, había reunido más dinero que con toda la paga que le daba su padre a lo largo del año. Parecía muy contenta por ello, además de completamente indiferente a lo que había hecho.
Cuando por fin llegaron a la enfermería, se encontraron conque ya estaba allí el equipo de Slytherin. Pero Crabbe y Goyle se habían ido, temerosos de que sus compañeros se recuperaran antes de lo previsto y decidieran atacarles por haber estado animando a Gryffindor durante el partido.
-Pasen, pero no hagan ruido -les pidió Madam Pomfrey. –Les doy cinco minutos. Luego deberán irse.
Ron, Hermione y Luna se acercaron sigilosamente a la cama de Neville. Por suerte, los componentes del equipo de Slytherin se habían quedado dormidos y Hermione suspiró aliviada. No tenía ganas de tener otro enfrentamiento verbal con Draco Malfoy.
-¿Cómo te encuentras, Neville? -preguntó Luna, que por primera vez daba muestras de estar preocupada.
-Mejor… Madam Pomfrey me ha dado un calmante de hipogrifo. Dice que así no podré sentir cómo crecen mis huesos. Estoy esperando a que surta efecto…
-¿Has sabido algo más de tu abuela? ¿Sigue enfadada? -se interesó Hermione.
-No, ni siquiera me ha mandado otro vociferador…
Hermione sabía lo importante que era para Neville su abuela, el único miembro con vida de su familia, y al ver así a su amigo juró que se vengaría de los gemelos por haberle hecho eso. Aquello no tenía ninguna gracia.
Los cuatro charlaron durante un rato, pero después de cinco minutos se acercó a ellos Madam Pomfrey para recordarles que el tiempo de visita ya había concluido. Ron, Hermione y Luna se despidieron entonces de Neville, prometiéndole que volverían más tarde.
Hermione se quedó un poco rezagada y les pidió a sus amigos que se adelantaran porque tenía que ir al servicio.
-¿Le importa si uso el de la enfermería? -le había preguntado a Madam Pomfrey.
-No -concedió ésta con sequedad, torciendo el gesto. –Pero no tarde mucho. Aquí hay gente que necesita reposo.
Hermione entró corriendo al único baño que había en la enfermería, hizo sus necesidades, se lavó las manos en el lavabo y cuando ya estaba a punto de salir, se encontró con una desagradable sorpresa:
-¡Granger!
-¿Malfoy? Vaya, por un momento tenía la esperanza de que te hubieran partido las dos piernas…
-Muy graciosa, Granger, muy graciosa... Tendré algunos huesos rotos, pero todavía puedo ir al baño, gracias -replicó el rubio con desgana.
Hubo un momento de silencio en el que los dos estudiantes se quedaron callados, observándose uno a otro con desagrado. Hermione hizo ademán de salir, pero Malfoy no se movió; le estaba cerrando el paso.
-Si ya has acabado con tus tonterías, me gustaría salir. Ahora.
-No.
-¿Cómo que no? ¡Malfoy, apártate!
-No.
-Malfoy, no pienso repetirlo más veces: sal-de-mi-camino -ordenó Hermione, agarrando fuertemente su varita, que estaba en el interior del bolsillo de su túnica.
-A mí no me das órdenes, Granger.
Hermione estaba perdiendo la paciencia. Draco estaba en medio de la puerta y no podía salir de allí si no se hacía a un lado. Pensó en romperle los huesos que le quedaban, o partirle directamente las dos piernas, pero sabía que ya tenían suficientes problemas para buscarse uno más. Respiró hondo y haciendo un alarde de autocontrol, preguntó:
-¿Qué es lo que quieres, Malfoy?
-¿Qué te hace pensar que quiero algo de una Sangre Sucia como tú?
Respira, inspira, respira, inspira.
-Bueno, estás delante de la puerta de un baño, impidiéndome que salga…
-¿Y?
-Malfoy, se me está agotando la paciencia.
-Si quieres salir, sal. Yo no pienso apartarme -dijo el rubio, adoptando un comportamiento infantil.
-¿Cómo quieres que salga si estás en medio?
-Los Sangre Limpia van primero, Granger. Creía que habías aprendido la lección. No pienso moverme para que salgas tú antes…
-Malfoy… no tengo ganas de juegos, y te advierto que sé más maleficios que Dumbledore y la profesora McGonagall juntos.
Fue algo en las letras del nombre de la profesora McGonagall. Una manera de pronunciarlas y de mover los labios que hizo que Draco bajara su mirada, fija hasta entonces en los ojos de la morena, para echar un vistazo fugaz a sus labios. Tan sólo duró un segundo, pero fue suficiente para una persona tan observadora como Hermione.
-¿Acabas de mirarme los labios? -preguntó con una mueca de asco.
-No -mintió Draco, sin demasiada convicción en su voz.
-Mientes... Me acabas de mirar a los labios. Apártate, Malfoy. Hablo en serio -repitió Hermione, esta vez sacando su varita.
-Si quieres pasar -dijo Draco con mucha lentitud y marcando las palabras –tendrás que pagar el peaje…
-¿De qué hablas? ¿Qué peaje?
-Darme un beso…
Mierda, Draco. Juraste que esa poción de mierda no iba a poder contigo. ¿Qué crees que estás haciendo? ¡Se trata de Granger, los S-u-c-i-o-s labios de Granger, por todos los magos!, pensó el rubio.
-¿¿Se te ha secado ya el poco cerebro que tenías?? -se quejó ella.
Y sucedió. Draco había sido incapaz de luchar contra la poción de los gemelos Weasley. Agarró a Hermione por la cintura y con un movimiento seco la atrajo rápidamente hacia su cuerpo para que la chica no tuviera elección, y le dio un cálido beso en los labios. Antes de ser plenamente consciente de lo que estaba haciendo, Hermione dejó entrar la lengua de Draco, que se introdujo cálidamente entre sus dientes, caliente, suave, firme. Hermione se dejó llevar durante unos segundos, luego abrió mucho los ojos y rompió el beso con brusquedad. Cuando los dos se separaron, Draco escupió con desprecio sobre el suelo del cuarto de baño, y Hermione ¡ZAS! le propinó un tremendo puñetazo al rubio, le empujó contra la puerta y salió de allí sin mediar palabra.
-¡Ja, ahora actúa como si no te hubiera gustado! ¡A mí tampoco me ha gustado, Granger! ¿Te enteras? -le gritó Draco a Hermione poco después de que ella saliera por la puerta.
Ay, Sev, no sé qué me pasa. Estos tres últimos días me han dejado agotada.
Mi pequeña cosita, ¿cómo te encuentras tú?
Pom
Estoy mejor, gracias por preguntar, Pomona. Con un poco de reposo y comidas sanas, creo que estaré completamente recuperado en menos de una semana.
Filius
¿Te apetece un "filetito" de cena, enano? Puedo pedir a los elfos domésticos que te preparen un chuletón especial, para ti solito…
Severus
Muy gracioso, Sev. Y si quieres yo puedo llamar a Madame Malkin, a ver si tienen unos calzoncillos de tu talla. Pero que sean de la era jurásica, para que nadie haya osado lavarlos en todos estos decenios. A lo mejor así dejas de caminar como si se te hubiera escapado un huevecillo de la tortilla.
Filius
Eso no ha tenido gracia, pigmeo…
Severus
Sev: no tienes sentido del humor.
Pom
Tú ten la boquita bien cerrada o le cuento a Dumbledore que respondiste al anuncio de tu querido Won- Won.
Oh, sí, Won, Won, Won, más… dame más, Won… cómo me pones… won, won… won…ufff
Severus
Qué gracioso estás hoy, Severus… ¿Y tú cómo te has enterado de eso?
Pom
Las lechuzas vuelan, querida…
Severus
¿Pues sabes qué? Me da igual que se lo cuentes a Albus. ¡Ya soy mayorcita! ¡Puedo tocar el Won- Won, el saxofón o la TUBA si me sale del mismísimo bubotubérculo!
Y vosotros dos dejad de discutir. Tenemos que mantener la calma. Estoy buscando a Minerva, pero no aparece por ningún lado. ¿Pensáis que se habrá fugado con Albus? No sé qué pretenden que hagamos con lo del partido de quidditch. ¿Deberíamos castigar a Parkinson?
Pom
La verdad… ni lo sé ni me importa. Este colegio se ha convertido en un psiquiátrico… todo el mundo está descontrolado. Tal y como yo lo veo, sólo nos queda un consuelo…
Filius
¿CUÁL?
Pom
¿CUÁL?
Severus
¿Cuál va a ser?
¡Sybill ha dimitido!
Filius
Despacho del director Dumbledore
-¡Cambio de planes! ¡Hay que matar a Draco Malfoy! ¡Me da igual si acabamos en Azkabán! ¡Me da igual si los dementores me envían a San Mungo! ¡Me da igual si Dumbledore no lo aprueba! ¡Malfoy NO merece vivir! Esta noche. Iremos a la enfermería, cambiaremos su crece- huesos por algún veneno potente y mañana no habrá más Malfoy. Finito. Caput. ¿Estáis conmigo?
Hermione había entrado en el despacho de Dumbledore hecha una furia. Tenía los ojos desorbitados, la respiración agitada y el corazón desbocado.
-Oh, dios… ¿Qué ha pasado ahora? -se desesperó Harry, que se había hecho ilusiones, pensando que nada más podría pasar en lo que quedaba de día.
-Nada, pero hay que matarle. Cuanto antes.
-¿Cómo que nada? -preguntó Ginny, que también estaba allí, escondida con Harry, esperando a que pasaran las horas que restaban de juego. -¡Algo tiene que haber hecho para que quieras matarle!
-No ha hecho nada…
-Hermiooone…
-De verdad, no tiene importancia…
-Hermiooooone…
-Es una bobada que…
-¡HERMIOOONE!
-Está bien… ¡ME HA BESADO! ¿Contentos?
-¿QUÉ? -preguntaron Harry y Ginny al unísono.
En ese momento la chimenea del despacho de Dumbledore se iluminó con una cegadora luz verde. Los tres amigos se giraron para ver qué ocurría y en cuestión de segundos vieron las cabezas de los gemelos Weasley flotando en su interior.
Ginny no esperó a que hablaran. Salió corriendo hacia la chimenea, con los brazos abiertos y las manos convertidas en garras. Estaba dispuesta a estrangularles, pero no se dio cuenta de que las cabezas no estaban allí físicamente, por lo que cuando fue a apretar el cuello de Fred, se pegó de frente contra los ladrillos de la chimenea.
-¡Ouch!
-Ya te dije que no era buena idea que nos presentáramos en el despacho…-bromeó George, dirigiéndose a la cabeza de su hermano y sonriendo por el golpe que se había dado Ginny.
-Ginny, ¿estás bien? -preguntó Hermione, que fue rápidamente a socorrer a la pelirroja.
-¿Qué queréis ahora? -Harry se dirigió a los gemelos de malas maneras porque ya estaba cansado del juego.
-Bueno, si vamos a ser así de bien recibidos… nos vamos, ¿verdad, George?
-Verdad, Fred. Es evidente que ninguno está interesado en saber que Dumbledore y McGonagall están de camino al castillo…
-¿QUÉ? -gritaron los tres amigos.
-¿Entonces os interesa? -bromeó George.
-Déjalo, George, mejor nos vamos. Aquí no somos bienvenidos…
-¡Esperad! -imploró Harry.
-¿Las palabras mágicas? -pidió Fred.
-¿Por favor? -sugirió el muchacho, rogando para que fueran las mismas que usaban los Muggles.
-Así me gusta… Escuchad atentamente, ¿de acuerdo? Dumbledore y McGonagall se dirigen en estos momentos hacia el castillo…- empezó a explicar George.
-…su reunión ya ha terminado… por lo que calculamos que no estarán aquí hasta dentro de media hora, pero sería conveniente que os marcharais ya. Escondeos en algún lado y esperad a que se pasen los efectos de la poción -siguió dando órdenes Fred.
-¿Escondernos? ¿Dónde? -preguntó Ginny con enfado. Ya se había recuperado de su golpe, aunque tenía un chichón.
-En un baño -propuso Fred.
-En la panza de un thestral -bromeó George.
-En las mazmorras…
-Bajo las faldas de alguna estudiante…
-Sí, dicen que a las de segundo les da gustito…
-En la torre de Gryffindor…
-O en la sala común. Sabéis la contraseña, la Señora Gorda estará encantada de tener unas visitas tan ilustres…
-¿Cómo queréis que nos escondamos en la torre de Gryffindor con estas pintas? -se exasperó Harry, señalando el cuerpo de Dumbledore por si los gemelos habían olvidado en qué situación se encontraban.
-Busca una excusa. No puede ser tan difícil. La profesora McGonagall está allí a todas horas -le quitó importancia George.
-¡La profesora McGonagall, pero no Dumbledore! -insistió Harry.
-Minucias, Harry, minucias. Nadie se extrañará si ponéis una buena excusa -dijo Fred, con cara divertida. –Nosotros debemos irnos ahora. Todavía nos queda mucho que hacer antes de que llegue la noche. ¡Nos vemos después!
-¡Un momento! -les detuvo Hermione. -¿Estáis seguros de que tardarán media hora? ¿Y si llegan antes?
-Nah, está todo calculado. Es casi imposible que lleguen antes- contestó Fred. -¡Nos vemos esta noche! -dijeron al unísono antes de que sus cabezas desaparecieran rápidamente de la chimenea.
Los gemelos Weasley estaban contentos. Todo estaba saliendo sorprendentemente bien. Fred había estado a punto de resbalarse con una monda de plátano y, consecuentemente, de caer escaleras abajo. Pero un estudiante de primero la había pisado primero. George había evitado por milímetros un cubo de agua que Peeves le había lanzado a otro estudiante. Y todo porque se había agachado justo a tiempo para recoger un sickle del suelo. El vociferador que les había mandado su madre por haber faltado a varias clases ni siquiera lo habían abierto y, milagrosamente, no había estallado porque estaba mal hechizado.
La vida les sonreía. Felix Felicis estaba funcionando, tal y como habían estado planeando durante meses, mucho antes del juego. Nadie sería capaz de atentar contra su integridad física aquel día. Nadie iba a poder imponerles un castigo o una detención porque la vida, simplemente, podía ser maravillosa… y la poción Felix Felicis tenía buena culpa de ello.
La Unidad Especial Uno depositó a Myrtle la llorona en su cuarto de baño de siempre. El mago encargado de la misión se quedó muy satisfecho al ver que el fantasma no recordaba absolutamente nada de lo que había ocurrido. Había tenido serios problemas para descolgar a Kreacher de la lámpara de araña que había en el recibidor de Grimmauld Place, pero finalmente lo había conseguido y la misión podía darse por concluida.
-Misión cumplida- dijo en voz alta, mirando con satisfacción a Myrtle, que estaba inspeccionando una letrina, todavía muy confundida.
El mago se dirigió hacia la salida de Hogwarts, recordando mentalmente que tenía que dar instrucciones al Centro de Control para que éste comunicara a Dumbledore que ya estaba todo arreglado. Pero cuando estaba a punto de salir se encontró en el vestíbulo de entrada con la profesora McGonagall y el director del colegio.
-Ah, director Dumbledore. Me alegro de verle. Creo que se alegrará de saber que la misión Moco- Fantasma ha concluido satisfactoriamente.
Harry miró con confusión al mago y luego a Ginny y a Hermione, por si tenían idea de qué estaba hablando. Ellas le devolvieron la misma mirada perdida.
-Eh… sí, muchas gracias…eh………
-Rupert, señor -informó el mago. –Departamento de Catástrofes Mágicas.
-Sí, Rupert, claro. Muchísimas gracias por el… Moco-Fantasma… sí… nos ha salvado de una gran… lacra.
-Oh, no exagere, no exagere. Es nuestro trabajo. Usted provoca una catástrofe, nosotros la arreglamos -dijo con orgullo el mago, sacando pecho y enseñando una chapa en la que se leía el lema del Departamento de Catástrofes Mágicas. –¿Y qué tal van las cosas por aquí? ¿Mucho lío?
Harry, Hermione y Ginny pensaron que el mago se iba a ir tras haber cruzado con él unas diplomáticas palabras, pero se empezaron a poner nerviosos cuando comprobaron que pretendía entablar conversación. ¡No quedaba tiempo antes de que llegaran los verdaderos Dumbledore y McGonagall!
-Mmm… como siempre, la verdad -respondió Harry, que estaba meneando el pie con nerviosismo.
-Oh, no sea modesto, profesor Dumbledore -dijo el mago, dándole una palmadita en la espalda que casi le tumba. –Estos chiquillos no son fáciles de manejar. Recuerdo que cuando yo era un crío…
Por el amor de Merlín, pensó Hermione con desesperación. Batallitas de su adolescencia… ¿ahora? ¿Tiene que ser justo AHORA?
Caminito de Belén… quiero decir… de Hogwarts…
Albus Dumbledore y Minerva McGonagall se habían aparecido en Hogsmeade para ir desde allí hasta el castillo de Hogwarts. En el camino iban discutiendo algunos de los acontecimientos de aquel día, que había sido realmente completito. Estaban cansados de tanta discusión con los fantasmas, pero tenían el consuelo de que ya estaba todo resuelto y McGonagall ciertamente esperaba encontrarse el castillo tal y como lo había dejado.
-Volviendo a lo de tu tatuaje, Minerva -estaba diciendo Dumbledore –no tiene demasiado sentido, ¿verdad?
-¿Qué quieres decir? -preguntó la profesora de Transfiguraciones.
-Bueno, si mis cálculos son acertados… Sirius apenas había nacido por aquel entonces. ¿Cómo podía saber Tom de su futura existencia?
-Me lo he preguntado varias veces, pero no tengo ni idea… Todavía no he encontrado una respuesta. A lo mejor escuchó una profecía que hablaba de Sirius y de los Merodeadores; no lo sé…- indicó Minerva. –Albus, ¿crees que el castillo estará en orden?
-¿Por qué no iba a estarlo?
-Ay, no sé. Tengo un mal presentimiento… Albus, ¿esa de allí no es Molly Weasley? -preguntó McGonagall, que había visto la figura de una mujer tratando de entrar en el castillo.
-Ciertamente, Minerva, mucho me temo que es Molly -asintió Dumbledore, que entornó los ojos al ver a la progenitora de los Weasley. Si ella estaba bien, estaba claro que algo no iba bien en el colegio.
-Molly, sólo prométeme que vas a controlarte.
-¿Cuándo no me he controlado, Arthur?
-Bueno… nunca…-mintió su marido. –Pero ten en cuenta que nuestra visita es inesperada… a lo mejor Dumbledore está ocupado con otras cosas.
-Tonterías, Arthur… ¿qué ocupación puede ser más importante que hacerse cargo de sus alumnos descarriados? -dijo Molly, empujando con furia la puerta de entrada del castillo. Cuando ésta se abrió lo primero que vieron los señores Weasley fueron las espaldas de Dumbledore, McGonagall y… Hermione Granger.
-¡Profesor Dumbledore! -exclamó Molly, acercándose rápidamente e interrumpiendo la conversación que el director estaba manteniendo con Rupert, la Unidad Especial Uno de la Unidad de Catástrofes Mágicas.
Harry, Ginny y Hermione se giraron con pavor al escuchar la voz de la madre de Ron.
Dumbledore y McGonagall no tardaron más de medio minuto en llegar a la puerta del castillo. La empujaron cansinamente, pensando que si Molly Weasley estaba allí era porque algo catastrófico tenía que haber ocurrido con alguno de sus hijos. Al abrir completamente la puerta, Dumbledore y McGonagall se encontraron con…
¿Dumbledore y McGonagall?
-Albus… corrígeme si me equivoco, pero tengo la sensación de que Molly está hablando con ¿nosotros? -dijo la verdadera McGonagall, mirando con incredulidad la escena que sucedía a sólo dos metros de distancia. –Pero si estamos aquí, ¿cómo es que también estamos allí?…
-No, no te equivocas, Minerva. Molly está, efectivamente, hablando con nosotros -subrayó Dumbledore con parsimonia.
-Le estoy diciendo que esta bruja está pervirtiendo a mi hijo… Y ahora le ha dado por poner un anuncio en el periódico. Estoy muy, muy descontenta con los métodos educativos de Hogwarts, Albus…- se estaba desgañitando Molly Weasley, cuya varita apuntaba peligrosamente a Hermione Granger.
-¡Yo no he hecho nada! Ni siquiera sé de qué anuncio está hablando… Nunca he puesto un anuncio en el periódico -se quejaba Hermione.
-Tú no, ¡mi hijo! Y no tengas la indecencia de negar que has catado el Won-Won de Ronald...
-Molly, querida, es Rowildiña Junior, no Won- Won…-le corrigió su marido.
-¡No me importa cómo hayáis decidido bautizar a su cosa! Nuestro hijo se está exhibiendo y poniendo anuncios en el periódico y tú sólo te preocupas del nombre de esa pedazo trompa que Merlín le ha dado… Además, es el nombre más absurdo que he escuchado en mi vida. ¡Ni que se tratara de un jugador muggle de fútbol!
-Bueno… Rowildiña también tiene pelotas…-explicó en un susurro Arthur Weasley.
Harry tenía en sus manos el recorte de periódico en el que aparecía el anuncio y la fotografía de Ron.
-Pero, señora Weasley, Ron no ha podido hacer nada. Su hijo es todavía virgen…-explicó con vergüenza Harry, que había vuelto a olvidar que todavía era Dumbledore.
-Albus… ¿cómo puedes saber tú eso? Por Merlín, dime que tú no estás detrás de esta farsa…- preguntó Molly, girándose hacia él.
-Molly… se trata de Dumbledore…-explicó Arthur, como si fuera lógico que Dumbledore lo supiera todo.
-Eso, por una vez, no es exactamente cierto. Mucho me temo de que no se trata de Dumbledore, Molly- interrumpió una voz.
Molly, Arthur, Harry, Hermione, Ginny y Rupert, el agente de la Unidad Especial Uno, se giraron al unísono para ver de dónde provenía la voz. Todos se quedaron boquiabiertos al ver que quien hablaba era…
-¿Dumbledore? -preguntó Molly Weasley, tremendamente confundida.
-El mismo…
–Está bien -reaccionó la señora Weasley, mirando de un Dumbledore a otro Dumbledore –si se trata de una broma pesada, no tiene ninguna gracia. ¿Quién de ustedes es el verdadero Dumbledore? ¿Y por qué están duplicados?
Harry bajó la cabeza y no habló.
-Eso mismo me gustaría saber a mí, Molly -afirmó el director del colegio, mirando fijamente a Harry y estrechando los ojos. –Señor Potter, señorita Weasley, señorita Granger… ¿Podrían explicarnos qué está ocurriendo? -preguntó con inteligencia.
-Bueno… ejem… si no les importa, yo casi que me voy ya… se está haciendo… ejem… tarde -se despidió Rupert, el Agente de la Unidad Especial Uno.
En algún lugar de Hogwarts…
Pansy Parkinson trataba por todos los medios de evitar encontrarse con un Slytherin por los pasillos. Había pensado pedir asilo político en la Guarida del Mal y convertirse en una mortífaga a tiempo completo, pero había llegado a la conclusión de que al Señor Tenebroso tampoco le iba a hacer gracia que hubiera lesionado a todo el equipo de su amado Slytherin.
Llevaba ya horas escondida en un pasadizo secreto del castillo. Estaba preocupada, aburrida y muerta de miedo. Pero no podía salir de allí, al menos hasta que capturaran a los malditos gemelos Weasley y les pusieran un traje a rayas de por vida. Estaba pensando que allí no podrían encontrarla cuando la puerta del pasadizo secreto se abrió y escuchó dos voces que hablaban en susurros.
-¿Estás seguro de que aquí estaremos bien?
-No lo sé. Habrá que probar…
-¡Pero está muy oscuro!
-¿Goyle tiene miedito a la oscuridad?
-¡Claro que no!
-Pues deja ya de quejarte. Pareces Draco…
-Oye… ¿Crabbe?
-¿Hum?
-Creo que he tocado algo.
-¿Qué es?
-No lo sé… está… mullido… Espera…hay dos.
-¿Dos qué?
-No lo sé… pero se sienten bien…
-Goyle.. ¿no estarás tocando algo peligroso?
Durante un segundo, nadie respondió.
-¿Goyle? ¿Estás ahí?
-¡GOYLE! -exclamó Pansy. -¡Quita tus sucias manos de mis pechos o morirás antes de que aprendas a deletrear tu nombre correctamente!
-¡AAAHH! -gritaron Crabbe y Goyle, muertos de miedo.
-¿Quién hay ahí? -preguntó Goyle, que había sacado su varita y la asía temblorosamente.
-Soy Pansy, idiotas. ¿Qué hacéis vosotros aquí?
-¿Pansy? ¿Eres tú de verdad? -dudó Crabbe.
-Claro que soy yo, estúpido. ¿Qué estáis haciendo aquí?
-Ssssshhhh… nos estamos escondiendo…
-¿De qué? -preguntó la rubia.
-De lo mismo que tú -le informó Goyle.
-¿También habéis lesionado al equipo de Quidditch?
-¿De verdad has sido tú? -preguntó Goyle con incredulidad. -¿No irás a atacarme a mí también, no?
-Claro que no, imbécil. Tenía que lesionarles para que se cancelara el partido...
-Pues lo has conseguido…-le informó Crabbe con pesadumbre y culpabilidad.
-Entonces¿de qué os estáis escondiendo?- insistió la muchacha.
-Es que nosotros tuvimos que animar a Gryffindor -le explicó Crabbe con tristeza.
-Ah…-replicó Pansy, que ya lo entendía todo. -¿Y ahora qué? ¡Aquí no hay sitio para los tres! ¡Y huele fatal! Goyle…… ¿has vuelto a comer chorizo?
-No, morcilla…
-Yo sí he comido chorizo -dijo alegremente Crabbe.
Pansy alzó la cabeza hacia el cielo y juntó sus manos en una plegaria.
-Merlín… si me ayudas a soportar esta tortura, te prometo dejar de cruciar a los alumnos de primer año… ¡LO JURO!
Entonces, ¿qué vamos a hacer con los castigos?
Filius
¿A quién hay que castigar?¡Yo me apunto! Esto me gusta…
Severus
Bueno… yo he hecho una "lista rápida" basándome en los últimos acontecimientos. A la izquierda, los nombres de los acusados. A la derecha, sus delitos:
Ron Weasley- gigoló
Neville Longbottom- ladrón
SusanBones y Hannah Abbot- bolleras
Luna Lovegood- ¡prostituta!
Marietta Edgecombe- acosadora
Pansy Parkinson- macarra
Roger Davies, Padma y ParvatiPatil- Hmmm…¿retrasados mentales?.
¿Me he dejado a alguno? ¿Sabéis quién ha robado las bolas de Sybill?
Pom
Olvídate de las bolas, mujer. Al que las haya robado hay que darle un premio, no un castigo.
Severus
Estoy de acuerdo con Sev. Hay que enterarse de quién las ha robado para darle un premio especial por prestar un gran servicio al cuerpo docente. ¿Seguro que no hay nadie más?
Filius
Sí, ¿Qué pasa con Potter? ¿Seguro que no ha hecho nada?
Severus
¡Tú y tu obsesión con Potter!
Pomona
Severus:
Persónate en mi despacho de inmediato. Trae dos Veritaserum. Ha surgido un inconveniente.
Albus
¡Filius! ¡Pomona! ¡Corred! ¡Todos al despacho de Dumbledore! ¡Estoy seguro de que se trata de Potter! ¡Le han pillado!
Severus
Estimada Marietta Edgecombe:
Dado su reciente comportamiento, espero que comprenda que no es admisible en una señorita de su edad dirigirse al director de su casa con adjetivos como "mi filetón" o mi "costillita de lechón en su salsa", entre otros muchos nombres que prefiero no recordar en esta carta.
Me dirijo a usted por lechuza porque mi salud es todavía extremadamente delicada y no quiero arriesgarme a sufrir otro episodio como el de esta mañana. Espero que comprenda mis recelos, dados los acontecimientos recientes.
Como castigo por su comportamiento, el equipo directivo y yo hemos decidido someterle a detención por lo que resta de año. Su tarea consistirá en limpiar los invernaderos cada semana con un cepillo de dientes. Le recuerdo que no podrá usar la magia.
Esperando que medite sobre lo que ha hecho y corrija su espontaneidad en ocasiones futuras, se despide
FiliusFlitwick
Director de la casa Ravenclaw
Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería
