¡Hola!
Gracias a lumus-maxima por sus reviews.
XXV
Pese a que ha oído decir a su hermano que está mejor, a Ignatius no se lo parece.
Sigue a merced de las pesadillas. En medio de ese mar de escalofríos y dolor, recuerda fragmentos de la destrucción de Dresde, de las personas sin rostro ni nombre que lo encontraron, del caos y los cadáveres.
A veces, sin embargo, ve a Lucretia. Normalmente la joven está borrosa y parece tener la consistencia de la niebla, pero en ocasiones Ignatius logra enfocarla correctamente. Y trata de hablar, pese a que también le duele y no está seguro de que ella lo entienda.
Una de esas veces logra llamarla. La joven lo mira con preocupación, pero sonríe un poco.
—Buenas tardes—lo saluda—. ¿Qué tal?
Ignatius se plantea mentir, pero pensar algo que no es cierto hace que le duela la cabeza.
—Dicen… que estoy mejor. Lo he oído—Lucretia le acaricia la mejilla—. Pero yo… Creo que no…
—A ver si vas a saber tú más que los sanadores ahora—lo corta la joven con severidad. No obstante, Ignatius ve miedo en sus ojos azules—. Tienes las heridas mejor—le informa—. Y menos fiebre…—sacude la cabeza—. Y como no te pongas bien, te descuartizaré. Creo que ya lo he dejado claro.
Ignatius no puede evitar sonreír, al tiempo que se plantea seriamente la opción de cortarse la pierna rota. Al menos, dejaría de dolerle.
—¿Y si me pongo bien?—inquiere. Le gustaría tener un incentivo para recuperarse.
Lucretia se encoge de hombros.
—¿Qué querrías a cambio?
A pesar de que su mente funciona a menos de la mitad de su velocidad normal, Ignatius da con la respuesta a esa pregunta bien rápido. Quizá sea porque estar cerca de la muerte siempre consigue que uno tenga las cosas más claras:
—Que te cases conmigo. Antes de que acabe el año.
Lucretia se sonroja. Sonríe, e Ignatius lamenta estar demasiado débil para abrazarla y besar sus mejillas rosadas.
—¿Me estás proponiendo matrimonio, Ignatius Prewett?
Él asiente, mordiéndose el labio para no soltar un quejido cuando su dolorido cuerpo protesta por el movimiento.
—Podemos repetirlo cuando esté mejor—le promete—. Ahora…
Se interrumpe cuando Lucretia le pone una mano en la frente.
—Tienes fiebre…—comenta la joven—. No estarás delirando, ¿verdad?
Las costillas de Ignatius protestan cuando el joven contiene la risa.
—No—frunce el ceño, fingiendo estar planteándoselo seriamente—. Creo—Lucretia le acaricia la mejilla con cuidado—. ¿Quieres…?—un acceso de tos lo interrumpe; afortunadamente, hace unos días que dejó de venir acompañada de sangre—. ¿Quieres o no?
Lucretia sacude la cabeza y mira a Ignatius como si fuese idiota. Sin embargo, sonríe, y sus ojos azules brillan más que nunca. Se inclina sobre él y lo besa con dulzura, con cuidado, sin querer hacerle daño con el gesto.
—Idiota—susurra sobre sus labios. Se separa de Ignatius y engarza su mirada con la de él—. Lo único que quiero es que estés bien. El resto es secundario.
»Pero sí. Ignatius Prewett, estaré encantada de casarme contigo.
Notas de la autora: ¡Tacháaan! No, si en el fondo soy una romántica. Ñe. Lo que iba a decir, que, por si tenéis curiosidad, esto está escrito desde el punto de vista del sufrido suegro -léase Arcturus-. Se titula ¿Un capricho más? y ahí está.
En fin. ¿Qué os ha parecido? Podéis tirarme tomates vía review, y así puedo hacerme una ensalada :)
