Nota de Autora: Esta obra es un crossover entre los personajes de la saga de Harry Potter de la autora JKR con el libro Peligro Mortalde Eileen Wilks. Ni el trama, ni la historia me pertenece, si no a sus respectivas autoras. Yo solamente los combine por diversión.

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Agradezco a todas las personas que siguen este fic. Me descargue una app de fanfiction (aunque no se si es legal) y estoyaprendiendo a usarla, asi que si ven algo error de tipeo, es porque aún no manejo esto tan bien. Me quede sin PC y sin tablet. La primera murió definitivamente, haciendo que perdiera muchas cosas (fotos, videos, musica) y la tablet se encuentra en etapa de reparación (se rompio la pantalla tactil).

Espero que les guste el siguiente capítulo.

Sintió como se le iba la cabeza. La rueda de prensa que habia organizado el Gran Dick no fue gran sorpresa como la que se llevó gracias a lo que Ginny recientemente le había dicho. Aún podía haber un rayo de esperanza.

— Será mejor que respires de nuevo, ¿ok? —. Le dijo Blaise, mientras le sacudia el hombro.

— Estoy bien. Estoy bien. —Alejó a Blise con un gesto de la mano y recuperó el control de sí misma—. ¿Dónde? ¿Dónde está?

Cynna levantó las dos manos en señal de disculpa.

— Perdona, no me he expresado bien. Lo que quería decir era que lo he intentado, pero que no lo he localizado. De hecho, lo que he encontrado no tiene mucho sentido. Por eso necesito saber por qué crees que está vivo.

Hermione se dio cuenta de que tenía las manos cerradas con tanta fuerza que sus uñas estaban a punto de hacerla sangrar. Relajó los puños.

— De acuerdo. Dime qué es lo que has encontrado.

Blaise suspiró.

— Como miembro respetable de tu clan me veo obligado a amenazarte con todo tipo de horribles consecuencias.

— ¿Qué pueden hacer? ¿Echarme? —Sacudió la cabeza—. Lo siento. Sé que para ti es un asunto grave, pero para mí no significa tanto.

— Déjenme ayudar. —Como si ya no pudiera estar sentada y quieta durante más tiempo, Ginny se puso de pie y empezó a pasear por la habitación—. Hay algunas cosas que he ido deduciendo. Y he llegado a la conclusión de que hay tres posibles razones por las que no quieran contar conmigo. Una, que esté en peligro la seguridad nacional y que yo no tenga el nivel adecuado dentro del FBI para estar al tanto. Aunque si ese fuera el caso, me lo dirías, ¿no? O Dumbledore me habría informado antes de venir aquí.

— No se trata de eso.

— No lo creo. Segunda posibilidad. No me cuentas nada porque es algo personal y muy embarazoso. La gente lo hace constantemente y los "polis" no son inmunes a la típica reacción de ocultarlo todo. Pero un buen poli no lo haría y Dumbledore no permite que cualquiera entre en la Unidad. Sus requisitos son bastante estrictos. Y también lo son los de Draco. Así que eso me deja con la posibilidad número tres. —Miró a Blaise—. Que me acabas de confirmar con todo eso de ser "un miembro respetable de su clan".

Blaise arqueó una ceja.

— ¿Lo he hecho?

— Me pregunto si lo has hecho a propósito.

Hermione no tenía necesidad de preguntárselo. No estaba segura de los motivos de Blaise, pero no era de los que daban información por accidente.

— Sigue.

— Es un secreto lupus, ¿verdad? Y tiene que ver con tu relación con Draco. Algo que te hace saber en tu interior si él está vivo o muerto. Algo que hace que él sea, bueno, tuyo.

Hermione asintió lentamente. Había subestimado a Ginny.

— Ya lo sabes casi todo. Draco y yo estamos unidos por el vínculo.

Blaise suspiró y se dejó caer en una de las sillas, estiró las piernas y apoyó la cabeza en el respaldo.

— Me pregunto —le dijo al techo—, si me considerarán tu cómplice por no haberte detenido.

— No podrías haberlo hecho.

— ¿Y qué significa ese vínculo exactamente? —preguntó Ginny.

— Por lo que sé, es bastante raro. —Y mucho más complicado de explicar con palabras de lo que creía, especialmente a una mujer a la que apenas conocía… y a la que Draco había conocido muy bien—. Para los lupi, el vínculo es un tema religioso. Dicen que su diosa, a la que llaman La Dama, en ocasiones elige para uno de ellos una compañera para toda la vida. Y es, bueno, algo muy físico. Sexual, pero también más que eso. La primera vez que Draco y yo sentimos nuestro vínculo, no podíamos separarnos más de un par de kilómetros. Gracias a Dios, la cosa se harelajado un poco.

— ¿Qué quieres decir con que no podian estar separados?

— Si poníamos mucha distancia entre nosotros, nos mareábamos. Me dijeron que si nos alejábamos demasiado, podíamos llegar a desmayarnos, pero nunca lo pusimos a prueba.

Ginny frunció los labios y dirigió su mirada a Blaise.

— A mí no me mires —dijo mirando al techo—. Yo solo pasaba por aquí.

Hermiome siguió hablando.

— Draco dice que eso de no poder separarnos no desaparece nunca del todo, pero ahora mismo desconozco cuál es nuestro límite. Últimamente no habíamos hecho ninguna prueba, pero…—Se calló, tensa. Ella pensaba que el vínculo era como la banda sonora de su vida. Si la radio estuviera siempre encendida, ella no se daría cuenta a no ser que de repente se callara y ella prestará atención. Pero si alguien cambiara el dial o tocara el volumen…

— ¿Qué ocurre?

— Se mueve otra vez. Muy rápido.

— ¿Qué quieres decir con "otra vez"? —preguntó Blaise.

— Se ha estado moviendo de vez en cuando. Pero mucho más despacio. Ahora… —Intentó calcular—. Quizá vaya en coche o algo así, porque ahora va mucho más rápido.

Ginny frunció el ceño.

— ¿Puedes calcular la distancia? ¿Vas a desmayarte o algo?

— No lo sé. Está mucho más lejos de lo que ha estado nunca y cuanto más se aleja más difícil me resulta calcular la distancia. Pero la dirección en la que se mueve, eso lo tengo claro todo el rato.

Ginny asintió, sabiendo a que se refería.

— Más o menos así es como funciona localizar.

— ¿Qué quieres decir?

— Cuanto más lejos está mi objetivo, menos datos tengo sobre la distancia. También hay un límite. Para mí está entre los ciento cincuenta y los doscientos cincuenta kilómetros. Dentro de esos límites soy capaz de averiguar la dirección. Pero más allá… —Se encogió de hombros.

— Sin embargo tú no solo localizas objetos físicos. Dijiste que a veces encontrabas fantasmas.

— Sí. —Sus cejas se unieron—. Cuando quise localizar a Draco, ha sido como si me encontrara con fantasmas.

— Pero Draco no es un fantasma. El vínculo me une a su cuerpo y su cuerpo está muy vivo. —En alguna parte—. ¿Qué es exactamente lo que has localizado?

— Esta mañana me he acercado al lugar del tiroteo después de hablar con Dumbledore para tratar de localizar a Draco. Yo... ya tenía su patrón de cuando estuvimos juntos. Funciona mucho mejor cuando tienes el patrón actualizado, pero he pensado que con el que tenía sería suficiente si Draco andaba por los alrededores.

— ¿Y? —Hermione estuvo tentada de saltar sobre Ginny y sacudirla.

— Recibí señales confusas. Muy confusas. No creo que se tratara de un fantasma, pero es difícil estar segura al no poder fijar el lugar de procedencia. Pero había una dirección, así que la seguí. Sin embargo, allí donde mi don me decía que debía estar Draco… —Abrió las manos—. Una gasolinera. Un montón de coches. Ni rastro de él.

El corazón de Hermione latía frenético. Ginny había recibido la misma señal que ella: una dirección clara y un lugar concreto y, sin embargo, no había rastro de Draco. Eso demostraba que no se había vuelto loca y que el vínculo funcionaba correctamente, ¿no?

—¿Alguna vez te había ocurrido algo semejante?

Ginny negó con la cabeza.

— Excepto con fantasmas.

— Los fantasmas no se mueven de su sitio. ¿Dónde estaba esa gasolinera y a qué hora estuviste allí?

— En el cruce de Middlebrook con Hessing. Llegué sobre las nueve y media.

Hermione se inclinó y acercó la mesilla plegable, tomo el mapa y se lo dio a Blaise.

Este simplemente arqueó las cejas

— Comprueba mis anotaciones —dijo directamente—. He estado intentando seguir a Draco. La distancia es una estimación, pero la dirección es la correcta.

Blaise desdobló el mapa, lo estudió unos segundos y luego se lo pasó a Ginny sin decir una sola palabra.

— Dónde… oh, sí, ya veo. —Miró a Hermiome—. Quizá seas mejor de lo que crees calculando distancias. La línea que conecta todos estos puntos pasa muy cerca de la gasolinera. Y la hora parece cuadrar también.

— Sí. —Miró a Blaise, que había vuelto al interesante estudio del techo—. Quizá la gente de Draco espere que ahora me comporte de un modo extraño. Supongo que la súbita ruptura del vínculo tendrá sus repercusiones. Pero solo si partes de la presunción de que Draco está muerto. Y no sé por qué tú también crees eso.

El techo debía de ser condenadamente interesante como para que Blaise la ignorara. Hermione continuó.

— No hay cuerpo. El báculo ni siquiera estaba en contacto con Draco cuando fuiste a atacar a Gregory, así que, ¿por qué das por sentado que ha muerto? Ginny acaba de confirmar que el vínculo aún funciona. Las dos sabemos dónde está Draco, solo que no está donde debería estar. Solo veo una posibilidad. Está en algún lugar que geográficamente está vinculado a la Tierra, pero que no está en la Tierra.

— Lo he intentado —dijo Blaise sin despegar su mirada del techo—. ¿Acaso no lo he intentado? Pero Hermione está convencida y quizá Lucius esté equivocado. No, está claro que Lucius está totalmente equivocado. —De repente, se puso de pie—. Que él sea el rho no significa que sea el papá, ¿no? Nadie le ha otorgado el don de la infalibilidad.

— ¿De qué estás hablando? —preguntó Hermione, al escucharlo hablar, sin dirigirse a ninguna de las dos en específico.

Blaise empezó a pasearse por la habitación. Aunque no había mucho espacio para hacerlo.

— Repasa los acontecimientos. En ningún momento he dicho que crea que Draco esté muerto. En aquel momento, no estabas en condiciones de desentrañar los diferentes matices del lenguaje, pero yo solo dije que se había ido.

— Así que no crees que esté muerto.

— Quizá lo esté. —Blaise negó con la cabeza—. No lo sé. Lucius quería que te mintiera y lo he hecho. Soy un mentiroso de primera, pero mi corazón no está de acuerdo. Y no se me da muy bien la obediencia ciega. Supongo que perdí la costumbre en todos estos años en los que viví sin clan… —Blaise se detuvo, echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos—. Dios, estoy cansado.

— Sin embargo, continúa hablando.

Blaise suspiró.

— Tienes razón. Me temo que tienes razón en todo.

Hermione cerró los ojos. Se tuvo que recordar que no debía dejar de respirar. Lo hizo, y sus músculos se relajaron tanto que agradeció estar incorporada y apoyada sobre varias almohadas.

— ¿Y por qué ese tal Lucius quiere que mientas? —quiso saber Ginny.

Balise la miró.

— Lucius Malfoy. Es el padre de Draco y el rho, el líder de clan Nokolai… mi clan. Quiere proteger a Hermione.

— ¿Protegerme? —Hermiome sintió una descarga de ira que vibró a través de todo su cuerpo y la hizo incorporarse en la cama—. ¿Intentando convencerme de que Draco está muerto?

— Piénsalo. —El rostro de Blaise nunca podría ser otra cosa más que hermoso. Incluso cuando se lo habían destrozado y le habían sacado los ojos, había seguido poseyendo cierta gloria. Pero Hermione nunca lo había visto tan al desnudo, como un árbol viejo y retorcido. Todo huesos, nada de dulzura. Casi aparentaba la edad que tenía.

— He pasado una noche muy larga barajando todas las posibilidades. Te las voy a plantear tal como se las he planteado al rho. Una, Draco está de verdad muerto. Espera. —Levantó una mano—. Déjame terminar.

Retomó su paseo por la habitación, una pantera de dos patas enjaulada en una moderna habitación de hospital.

— El fuego mágico arde en lugares, puedes llamarlos dimensiones, que no puedes ver. Y en esos lugares alcanza temperaturas altísimas. Cuando mi fuego mágico alcanzó el báculo, la grieta en la realidad en la que estaba basada su existencia, implosionó. Quizá, de alguna manera, absorbió a Draco.

— ¿Lo absorbió ? ¿Y a dónde fue?

— Esa es la cuestión, ¿no? —Llegó a la pared y se dio la vuelta—. Dos. El báculo era de Ella. Si Ella lo reclamó justo en el momento en el que fuego mágico tocó el báculo, quizá fuera capaz de recuperar alguna parte. No sé por qué Draco se habría visto arrastrado por el báculo. Como ya has dicho, te estaba tocando a ti, no a él, así que no le he dedicado mucho tiempo a esta segunda posibilidad. Aunque, también puede ser que el efecto del báculo alcanzara a Draco al atravesarte a ti sin causarte ningún daño a causa de tu don. Y el que ha desaparecido haya sido Draco.

Ha sido Ella. La Anciana, o la diosa, o lo que fuera. Hermione sintió la boca seca.

— Solo hay un problema con eso. Mi don ha desaparecido.

Blaise asintió sin dejar de pasearse, incansable.

— Exacto. Así que pensé que Draco había muerto, pero tú estabas tan condenadamente segura de que no. No podía dejar pasar la posibilidad de que tuvieras razón. Intenté escrutar el fuego en su busca.

— No me lo dijiste. —Hermione todavía sentía su ira en plena ebullición, aunque un poco más calmada, replegándose poco a poco hasta convertirse en un calor sordo en su estómago—. Doy por hecho que no encontraste nada.

Blaise hizo un gesto de disgusto.

— Tuve que encender la vela con unas cerillas. No tenía elixir suficiente para encender una mecha y mucho menos para convocar un fuego. Es muy complicado hacer que una salamandra preste atención a un fuego no mágico. Fallé.

— Yo no —dijo Ginny.

Blaise le dirigió una mirada muy poco amistosa.

— Ya. Así que he tenido que repensar algunas de mis presuposiciones.

Hermiome tamborileó con los dedos sobre la mesita.

— No alcanzo a comprender qué tiene que ver todo esto con mentirme para protegerme.

Blaise le enseñó las manos con las palmas hacia arriba.

— Tal como lo veía Lucius, o Draco estaba muerto y te estabas haciendo ilusiones. Y estarás de acuerdo en que alimentar ilusiones vanas no es muy sano. O él estaba vivo y teníamos que descubrir la manera de ir a buscarlo y traerlo de vuelta. Claro que yo no sé cómo hacerlo, pero si asumíamos esta posibilidad, estaba claro que iba a ser una misión suicida, así que…

— Espera un minuto. Hablas como si supieras dónde está Draco.

Blaise arqueó las cejas.

— Creía que ya te lo habrías imaginado. Has dicho que estaba en un mundo casi análogo al nuestro, al menos físicamente.

Hermione tenía ganas de darle una bofetada.

— ¡Pero no sé qué significa eso!

Blaise se puso serio.

— El infierno, cariño. Draco está en el infierno.

A trescientos metros de altura, Hermione descubrió que quizá la ymu la mantuviera despierta, pero que seguía teniendo la necesidad de respirar. O quizá se había desmayado por el miedo, puro y simple. Volvió en sí cuando ya estaban descendiendo. Se habría detenido a pensar que era el peor momento para hacerlo, si no hubiera estado tan sorprendida de seguir viva y tan ocupada intentado no vomitar. Desde el suelo, había creído que el vuelo de los dragones eran la gracia y la elegancia personificadas. Pero en primer plano y experimentándolo en su propia persona, el viaje era un poco accidentado porque las alas cortaban el aire, inclinándose primero a un lado y luego al otro.

De nuevo las montañas. Verdes y doradas, tierra y roca; se acercaban a ella a tanta velocidad que se le encogía el estómago. Le resultaba difícil respirar. Las garras del dragón que se aferraban a su cintura, eran como cintas de acero que dejaban colgar su cabeza, los brazos y las piernas. No sentía ni las manos ni los pies. El viento frío azotaba sus oídos con ese sonido característico del oleaje del mar. Los ojos se le llenaban de lágrimas y su nariz goteaba.

Draco estaba cerca.

El murmullo que indicaba su cercanía sonaba en su interior mientras caían más y más y más, dándole algo a lo que aferrarse en aquel sentimiento de miedo y dolor. Draco no había muerto. El dragón no se lo había comido. Aunque parecía que iban a morir juntos en los próximos treinta segundos, estrellados contrala ladera de la montaña. No, un momento, pudo ver una grieta. Parecía demasiado estrecha para que pudieran pasar los dragones, pero estos se inclinaron y lograron pasar por ella, recuperando su posición normal al volar sobre el mar.

Oh, Dios, el mar. Por fin algo que le resultaba familiar aunque los colores no fueran los adecuados. Azul. Hermione recordaba el azul, una cambiante sinfonía de azules. Aquel mar brillaba con colores terrosos: amarillo ocre con franjas de rojo óxido y polvoriento verde oliva que reflejaban el extraño cielo.Ni rastro de playa. El agua chocaba contra el acantilado de piedra a cuyo lado volaban.

Después, el acantilado quedó atrás. Y cambiaron de rumbo para dirigirse hacia una amplia ensenada. Más acantilados; rocas que se encontraban con el mar, y después una estrecha lengua de playa que se hacía más grande…Descendieron hacia ella. Como si de pronto los dragones hubieran descubierto la gravedad, cayeron rápido, muy rápido. Los ojos de Hermiome se llenaron de lágrimas por el viento. No podía ver.

Quería tocar a Draco, tocarlo solo una vez más…El dragón empezó a frenar. Aquellas enormes alas se desplegaron para ofrecer resistencia al viento.

Hermione sintió que su cuerpo quería seguir cayendo. Pero las garras la tenían bien sujeta. No le quedaba oxígeno suficiente para gritar y se desmayó de nuevo. Aunque esta vez, solo fue durante unos segundos. Estaba ligeramente consciente cuando todavía la playa estaba a dos pisos de distancia, las garras se abrieron y la dejaron caer. Metro y medio aproximadamente, hasta aterrizar sobre la suave y cálida arena. Mientras se golpeaba contra el suelo, pudo ver brevemente la cola del dragón mientras este tomaba impulso con las alas para elevarse de nuevo.

Consiguió levantarse apoyándose en las manos y en las rodillas, y trató de vomitar. No tenía nada en el estómago, de modo que el intento fue breve e improductivo. Pero mientras lo intentaba, no pudo ver cómo el segundo dragón dejaba caer su paquete y solo vislumbró su cola mientras la criatura se perdía en el cielo. Sintiéndose mareada y abatida, se puso en cuclillas y observó los alrededores.

Estaba en una caja de arena gigante. De lado a lado abarcaba la mitad de un campo de fútbol. Fútbol pensó… hombres uniformados persiguiendo un balón, peleándose por poseerlo… Los lados eran paredes de roca. No era mampostería, porque aunque las piezas encajaban, no habían sido talladas para darle ninguna forma. Hermione comprobó que la playa estaba unos seis metros más abajo.

Y otros seis metros más allá, Draco se estaba poniendo de pie.

— ¡Draco! —Hermione intentó incorporarse, pero el dolor le atravesó el tobillo izquierdo y se dejó caer en la arena. Instantes después sintió que una cabeza peluda le acariciaba el brazo. Se giró y lanzó un brazo por encima del lomo del lobo; sentía ganas de esconder su rostro en el pelaje. Él se quejó.

Hermione se retiró y pudo observar como Draco jadeaba levemente.

— Estás herido.

El lobo se tocó el costado con el hocico. Quizá las garras le habían sujetado demasiado fuerte, o quizá se había roto algo al aterrizarsobre la arena.

— ¿Las costillas?

Draco asintió y tocó suavemente la pierna de Hermione con una de sus patas delanteras. La almohadilla estaba dura y rascaba.

— Me he torcido el tobillo al caer. No es gran cosa. —Hermione pasó una mano por el costado de Draco. No percibió protuberancias. Si el daño era interno…

Un chillido llamó la atención de Hermione. Se quedó observando mientras otro dragón emprendía otra caída suicida hacia el suelo y dejaba caer un pequeño demonio anaranjado y gritón a unos cuatro metros y medio de donde estaban ellos.

Así que Sam también estaba vivo. Para su sorpresa, Hermione se sintió aliviada. Aunque, por supuesto, quizá fuera prematuro sentir alivio. En lo que a los dragones se refería, quizá ellos tres no fueran más que comida para llevar.

A la izquierda de Hermione no había otra cosa que altos y rocosos acantilados cubiertos de grietas. En la cara del acantilado más cercano a ellos, había un gran agujero. Parecía como si un niño delgadito estuviera intentado sacar tripa; poco profundo para ser una cueva, pero lo suficientemente profunda para que la mitad del arenal estuviera cubierto por su sombra. Hermione tenía la sospecha de que aquella concavidad con forma de cuenco no era natural y que algo la había excavado en la roca.

Debajo de la caja de arena estaba la playa, bastante amplia justo en aquel sitio, pero que se estrechaba y desaparecía a unos quince metros en una dirección y a unos veinte en la otra. En el extremo más alejado de la playa, justo en el lado opuesto a la boca de la ensenada, crecía la hierba.

Hierba de playa, pensó Hermione. Ammophila arenaria. Sintió que algo húmedo le tocaba una mejilla. Se giró y se sorprendió… Sus mejillas estaban mojadas y la sensación salada que había tocado su boca no procedía tan solo del mar.

— Conozco su nombre —murmuró mientras hundía los dedos en la gorguera del lobo—. Conozco el nombre de esa hierba.

El mar la atraía. No era del color correcto, pero olía como tenía que oler. Estaba calmo y las olas eran pequeñas. Tras observar cómo una llegaba hasta la arena dejándola cubierta de delicada espuma, perdió el interés.

— Los dragones tienen una bonita caja de arena. —Cogió un puñado de arena y la dejó escapar poco a poco entre sus dedos. Los granos estaban muy sueltos. Sería muy difícil caminar por aquel arenal, y mucho menos correr. También hacía calor. Casi la temperatura del cuerpo, pensó Hermione, lo que le resultó extraño. El aire era fresco.

— Podríamos escalar el acantilado para salir de aquí —dijo mientras estudiaba las rocas—. La pared es alta, pero hay miles de grietas que nos pueden servir de apoyo y de asidero.

El lobo le tocó el hombro y señaló con el hocico. Hermiome se volvió y vio una docena de figuras recortadas contra el apagado brillo del cielo. ¿Guardias? Si era el caso, escalar no era una opción. Sin embargo, por el momento nadie los había amenazado. Inspiró profundamente, un poco temblorosa, y deseó tener agua limpia para quitarse aquel gusto amargo de la boca.

Draco estaba tumbado a su lado. Tocó el tobillo de Hermione con su hocico y la miró con una interrogación en sus ojos.

— No duele mucho. —Pero sí que dolía. Quizá estuviera pasando ya el efecto de la ymu. Miró a Sam.

El demonio estaba sentado hecho un ovillo anaranjado, balanceándose sobre su cola, gimiendo.

— ¿Estás herido? —le preguntó Hermione.

— Voy a morir, voy a morir —gimió Sam.

Hermiome no podía ver sangre por ningún lado. Quizá era que al demonio se le había acabado el optimismo.

— ¿Y ahora qué? —dijo aunque la pregunta iba dirigida sobre todo a ella misma. Sin prestar mucha atención, empezó a pasar la arena con los dedos mientras pensaba en sus opciones. No había muchas.

— Voy a comprobar qué sucede si intento escalar para bajar a la playa. Solo asi lo sabremos.

Draco suspiró y se levantó.

— No necesito escolta. Está herido. Si tú… ¿qué es esto? —Hundió la mano en la arena y tiró de… algo. Era duro, tenía el color de la arena y era más grande que sus dos manos juntas; aunque delgado y con una ligera curva.

Un fragmento de algo, pensó Hermione. Los bordes eran afilados. ¿Quizá podría utilizarlo como arma?

Limpió la arena que el objeto tenía encima y sintió que se le cortaba la respiración. Los colores cambiaban según el ángulo en el que inclinara el objeto, colores que poseían el sutil brillo de un ópalo.

Sam chilló.

— ¡Deja eso! ¡Déjalo donde estaba! ¡Vamos a morir todos!

— ¿De qué estás hablando?

— ¡Idiota! ¡Esto es un nido de dragones! ¡Somos la comida para los bebés! ¡Nacen hambrientos!

Una de las rocas que había cerca del acantilado parpadeó. Y la tierra tembló.

La arena empezó a escurrirse y algo surgió del subsuelo. Hermione cayó hacia atrás mientras con sus manos intentaba inútilmente aferrarse a la arena, como si pudiera dejar de rodar si conseguía que la arena se detuviera.

Ese algo siguió subiendo, una cabeza como la de una serpiente, pero del tamaño de un Volkswagen y con una cresta de color púrpura en la parte de atrás del cráneo. Una cabeza larga y plana y cubierta de escamas iridiscentes cuyos colores iban del acero al rubí y al crepúsculo. Una cabeza colocada en lo alto de un cuello que parecía no acabarse nunca, como el del monstruo del lago Ness, los músculos tensos y perceptibles debajo de aquel mar de escamas. Amanecer, atardecer y el lustre apagado de los espejos antiguos.

El cuerpo del dragón surgió de la arena, haciendo que la misma rodará, se escurriera y volara por el aire obligando a Hermione a cerrar los ojos. La parte más gruesa del cuerpo de la criatura estaba en el medio, entre el par de patas, y terminaba en una cola lo suficientemente larga como para equilibrar aquel enorme cuello. El dragón estaba tumbado formando un círculo, con el final de la cola cerca de la cabeza, y ellos estaban en medio como rodeados por una muralla viviente. En la espalda de la criatura descansaban, plegadas, las alas que parecían de papiroflexia.

El dragón miró a Hermione con unos ojos del tamaño de fuentes de servir, ojos que eran plateadosy negros más no tenían ni rastro de blanco. Sintió el peso del miedo sobre su pecho, su sabor en la boca y el sonido del pulso acelerado le retumbaba en los oídos. Solo acertó a tener un único pensamiento claro: Eso no es un bebé.