Buenas noches querida gente del mío cuore! Cómo están? Espero que bien!
Yo estoy muy feliz porque pude terminar un nuevo cap de mi adoradísima locura, el cual hoy comparto con todxs uds.
En esta ocasión les traigo un episodio livianito, donde narro situaciones bastante 'rosas' y hasta algo cursis, ya que después de tantas 'pálidas' y momentos difíciles que les tocó atravesar a nuestros queridos protagonistas, me pareció lindo recurrir a tonos bien simples y alegres como para empezar a acercarnos al final feliz que todxs esperamos… Que dicho sea de paso, ya se nos viene el desenlace en el próximo capítulo!
Así que sin más lxs invito a leer el VEINTICUATRO en paz y les pido como siempre que me cuenten qué les pareció!
Casi lo olvido! Hoy de nuevo hay 'banda sonora': Se trata de una muy bonita canción interpretada por Missy Higgins, "The way you are tonight". Si la escuchan, espero que les guste.
Bueno, ya hechas todas las aclaraciones importantes, ahora sí lxs dejo leer tranquilxs. Que lo disfruten!
Todos los personajes pertenecen a su autora Naoko Takeuchi, yo sólo los tomé prestados.
Abajo me despido,
Bell.-
:: Capítulo Veinticuatro ::
Algunos meses después…
Era una agradable y templada noche de primavera. Después de un arduo trabajo y de haber conseguido superar unos cuantos contratiempos en el camino, finalmente había llegado el día de la inauguración de las torres que Darien y sus socios habían proyectado juntos. A pesar de todos los sobresaltos e imprevistos que atravesaron durante el proceso, lograron terminar con la obra en tiempo y forma como lo habían planificado.
Y esa noche había tenido lugar un evento especial al aire libre a modo de celebración en la terraza de una de las torres. Ya quedaba poca gente en el lugar, y luego de despedir a unos empresarios que se estaban retirando, Darien pidió una copa de champagne y se encaminó hacia el otro extremo de la terraza, donde una joven de vestido largo contemplaba la vista de la ciudad de Tokio junto a la baranda.
Cuando llegó a su lado, se apoyó de espaldas a la baranda y la examinó de arriba abajo con la mirada. —Buenas noches, señorita —dijo en tono seductor—. Disculpe que la importune, pero la he estado observando desde hace rato y me llama mucho la atención que una mujer tan bonita como usted se encuentre sola —y le dio un sorbo a su bebida sin sacarle los ojos de encima.
Ella sonrió coqueta. —Pues lamento desilusionarlo, joven…
—Darien —se presentó él—. Mi nombre es Darien Chiba. Encantado de conocerla, señorita… —y le tendió una mano para saludarla.
Ella dudó unos breves instantes, pero finalmente tomó su mano para responderle el saludo. —Serena —dijo esforzándose por contener la risa.
Darien acercó la mano de Serena a su boca. —¿Sirena? —preguntó después de darle un suave beso en el dorso.
—No, Serena —lo corrigió ella—. Me llamo Serena.
—Vaya —dijo él simulando sorpresa—, pero creo que siendo usted tan preciosa e intensamente encantadora cualquiera la confundiría con una Sirena —sin soltar su mano, dejó la copa sobre una mesa que había cerca y cuando volvió a mirarla rodeó su cintura con su otro brazo para acercarla más a él—. Y dígame, señorita Serena —continuó con el mismo tono seductor—, ¿por qué acaba de decirme que me ha desilusionado?
—Porque no estoy sola.
—¿Ah, no? ¿Está acompañada? —Serena asintió mientras abrazaba su cuello—. ¿Y me puede decir por quién?
—Por mi prometido.
—¿En serio? ¿Usted está comprometida? —ella volvió a asentir mordiéndose el labio inferior—. La felicito, señorita —murmuró Darien con una insinuante sonrisa—. Y dígame, ¿quién es el afortunado?
—Es un jovencito muy guapo y sexy —respondió Serena también seductora—, que tiene unos ojos azules tan hermosos y enigmáticos que cada vez que me mira siento que me derrito por dentro, como ahora.
—¿Ahora? —preguntó él sorprendido—. ¿En este preciso instante su prometido la está mirando? —y miraba hacia todos lados como si buscara a otra persona—. ¿Y dónde está que no lo veo?
Ella no aguantó más y echó a reír. —Está frente a mí, jugando al galán con su propia novia, haciéndose el gracioso como si se hubiera tomado unas cuantas copas de champagne.
—¿Yo? ¿Yo soy su dichoso prometido? —Darien también reía—. ¿Yo soy el novio de la Sirenita más linda y divina del mundo entero? —ella asentía muerta de risa—. Entonces sin dudas soy el sujeto más afortunado de la tierra —y la abrazó con fuerza para enseguida refugiar su rostro en su cuello—. Me voy a casar contigo, Sirena, no puedo sentirme más feliz —dijo con un largo suspiro.
Serena también suspiró emocionada. —Yo también me siento muy feliz, mi amor…
—Por fin —murmuró Darien en su oído—. Por fin todo terminó —se refería a su trabajo—. Así que, por favor, discúlpame si me comporto como un tonto, es que recién ahora empiezo a relajarme y además estoy algo pasado de copas —reconoció y ambos rieron—. Pero más que nada estoy contento. Estoy tan contento y aliviado porque este dichoso día haya llegado al fin…
—Todo salió estupendamente bien, Darien. Debes sentirte muy orgulloso por tu trabajo, te felicito.
—Gracias —dijo él al separarse para poder mirarla a los ojos—. Gracias por tu apoyo, Serena. Por compartir conmigo este momento tan importante para mí. —y le dio un tierno beso en la frente.
Pero la voz de alguien que se había acercado a ellos los interrumpió. —Disculpen…
—¡Hola, chicos! —exclamó Darien entusiasmado cuando reconoció a sus amigos—. ¿Cómo están mis queridos colegas? ¿Cómo lo están pasando?
—Muy bien, ha sido una velada más que agradable —comentó Kobayashi.
—Pero estamos un poco cansados —dijo Saori—. Y como los clientes ya se retiraron, nosotros también nos vamos.
—¿Ya se van? ¿Por qué tan pronto? —preguntó Darien desilusionado—. Aún es temprano, bebamos algo juntos, sigamos celebrando.
—Estamos muy cansados, Chiba —dijo Kobayashi—. Y tú también debes estar exhausto. Además ya es algo tarde y…
—Esperen un momento —lo interrumpió Darien al percatarse de que ellos estaban tomados de las manos—. ¿Qué está pasando aquí? ¿Acaso ustedes… —y creyó adivinar lo que ocurría—. ¿Hay algo entre ustedes dos?
Saori se sonrojó levemente y bajó la mirada. —Bueno, en realidad…
—Sí, Chiba —se adelantó Kobayashi a responder mientras la abrazaba por la cintura—. Saori y yo estamos juntos, desde esta noche.
—¡¿En serio?! ¡Vaya! ¡Pero qué excelente noticia! —exclamó Darien contento y los abrazó—. Con más razón entonces tenemos que seguir celebrando. ¡Tenemos que hacer un brindis! —y al soltarlos, buscaba con la mirada algún mesero que estuviera cerca.
Saori rió nerviosa. —No, Darien, ya nos vamos. Ya hemos celebrado y brindado lo suficiente.
—Está bien, si prefieren estar solos, no voy a retenerlos más —dijo él guiñándoles un ojo con picardía—. Gracias, amigos —los abrazó de nuevo—. Gracias por aguantarme todo este tiempo, ha sido muy gratificante y satisfactorio trabajar con ustedes.
—Para nosotros también —dijo Kobayashi al darle unas afectuosas palmadas en la espalda.
Cuando se separaron ambos volvieron a tomarse de la mano. —Adiós, Darien —dijo Saori con una gentil sonrisa—. Adiós, Serena.
Ella también sonrió. —Adiós, Saori —se despidió cordial y los dos finalmente se fueron.
Darien los siguió con la mirada mientras se alejaban. —No puedo creerlo, Saori y Kobayashi juntos… Jamás lo hubiera imaginado. Aunque te confieso que siempre tuve la impresión de que él estaba interesado en ella, igual me resulta increíble que Saori le haya correspondido al fin.
—Sí, se ven lindos juntos —comentó Serena—. Pero lo que yo no puedo creer es que tú estés ebrio —dijo riendo—. Nunca te había visto así.
Él también volvió a reír. —No estoy ebrio, Serena, sólo estoy… ¿Cómo decirlo? Alegre, sí, así me siento, felizmente alegre.
—¿Felizmente alegre? —ella reía todavía más por la forma graciosa en que Darien hablaba, casi arrastrando las palabras.
Él asintió. —Así es, y también me siento muy satisfecho por cómo salió todo. Porque me ha costado mucho llegar hasta aquí en mi profesión, tú lo sabes, ha sido todo un desafío para mí. He tenido que sortear muchos obstáculos, muchos asuntos personales bastante delicados. Pero también muchas gratificaciones, sobre todo las que involucran a mi hermosa y adorada Sirenita —y tomó sus manos para besarlas con dulzura.
—Es cierto —reflexionó Serena—, han sido tiempos agitados y bastante turbulentos, pero valieron la pena, ¿verdad? Ahora los resultados compensan todo el esfuerzo que has hecho.
—Que hicimos juntos, querrás decir —la corrigió Darien—. Porque nada de esto habría sido posible si lo hubiera enfrentado solo —volvió a abrazarla—. Sí, es verdad que con mis socios hemos hecho un gran equipo y trabajamos muy bien entre los tres, eso no lo niego. Pero mi principal motivación, mi soporte más importante en esto has sido tú, Serena. Y no me va a alcanzar la vida para agradecerte todo lo que has hecho por mí —besó suavemente su cuello—. Te amo… —susurró con un nuevo suspiro.
—Mi amor —susurró ella emocionada—, estás muy sensible esta noche, me vas a hacer llorar con las cosas que dices.
—Bueno, entonces dejaré de divagar e iré directamente al grano —dijo él al mirarla otra vez a los ojos—. Serena, debemos decidir algo muy importante y tiene que ser esta misma noche, ya no tenemos que dejar pasar más tiempo.
—¿Qué? ¿Qué es tan urgente?
—La fecha de nuestra boda.
Serena lo miró sorprendida y con una enorme y alegre sonrisa en su rostro. —¿Ahora? —Darien asintió—. ¿En serio? —él volvió a asentir—. Ay, mi amor, creí que lo habrías olvidado.
—Claro que no lo olvidé, te prometí que apenas todo esto terminara fijaríamos una fecha y planearíamos nuestra boda —agregó con convicción—. Yo por mi parte ya decidí que desde hoy voy a tomarme unas merecidas vacaciones, en lo que al trabajo del estudio respecta, para enfocarme más en nuestro negocio y en nuestra casa, porque tengo pensado hacer algunas refacciones. Pero principalmente porque quiero disponer de tiempo para abocarme pura y exclusivamente a mi futura esposa. Así que discutámoslo ahora mismo, Serena, elijamos una fecha.
—Bueno, yo ya estuve pensando mucho al respecto, no voy a mentirte —dijo ella entusiasmada—. Y creo que una excelente fecha sería el 4 de agosto.
—¿El 4 de agosto? Pero sólo faltan un par de meses para esa fecha, ¿no crees que es demasiado pronto?
—No, el 4 de agosto es perfecto —enfatizó Serena—. Porque ese día se cumple exactamente un año desde que estamos juntos.
Darien meditó unos instantes para hacer memoria. —Es verdad —recordó—, justo el día después de mi cumpleaños —y sonrió con nostalgia al acordarse de aquel lluvioso día de verano en que se encontraron en la estación del pueblo y se dijeron lo que sentían.
—Es más —siguió ella—, tenía planeado hacerlo más tarde, cuando regresáramos a tu departamento, pero… —y soltó el abrazo para acercarse a la mesa y buscar su bolso—. Quiero adelantarte tu regalo.
—¿Mi regalo? —preguntó él con impaciencia—. ¿Por mi cumpleaños? ¿Ahora?
—Sí, tiene que ser ahora o me moriré de la ansiedad.
—¿De qué se trata, Serena? Me estás poniendo nervioso.
—Es algo muy muy especial para los dos. Algo que deseamos mucho.
—¿Qué? ¿Qué es? —insistió Darien más impaciente.
—Te daré una pista para ver si adivinas —Serena sacó un pequeño papel de su sobre y se lo entregó—. Toma.
—¿Una fotografía? —preguntó él al recibirla. Y después de observarla con detenimiento, creyó reconocerla en la imagen—. ¿Ésta eres tú?
Ella asintió y también miraba la foto. —Sí, soy yo de niña, y ésta es Rei —señaló a la chica que estaba junto a ella—. En nuestro primer día de clases de primaria. Ella tenía la foto —explicó—, me la dio hace unos días.
—Se ven muy bonitas las dos —comentó Darien—. Pero no comprendo, ¿cuál es la pista?
—Fíjate bien y presta atención. Mírame, ¿notas algo diferente en mí?
—A ver… Pues aparentas tener unos seis o siete años —él empezó a describir lo que veía—, tu cabello está… —se detuvo al percatarse de su particular peinado—. Los chonguitos… ¡Tus famosos chonguitos! —y la miró con ojos enormes cuando comprendió lo que eso significaba—. La niña… La niña de los chonguitos… —dijo con voz temblorosa—. Entonces… Entonces… Serena… Tú… Tú estás…
—Sí, Darien —asintió ella con sus ojos llenos de lágrimas—. Estoy embarazada…
—¡Serena! —Darien la abrazó efusivo—. Serena, mi amor, no puedo creerlo, ¡lo conseguimos! —la mecía entre sus brazos y Serena reía y lloraba al mismo tiempo—. Estás… Estamos… ¡Por dios, soy tan feliz!
—Lo logramos, Darien. Tendremos a nuestro bebé, tendremos a nuestra hija, nuestra propia hijita…
—Nuestra hija, nuestra mini-sirenita… —él la miró de nuevo sin poder contener más su emoción—. Gracias, Serena, es el mejor regalo que podría haber siquiera soñado —sin dejar de abrazarla comenzó a besarla repetidas veces en los labios—. Gracias, mi amor… —dijo entre besos—. Gracias… gracias… gracias…
—Darien, mi amor… —dijo ella al cortar los besos y ahora acariciaba su rostro con ternura—. Mi amor, yo… Yo te amo con toda mi alma, tú lo sabes, ¿verdad? —Darien asintió y también la acariciaba para limpiar sus lágrimas—. Y para mí es un hermoso sueño poder formar una familia contigo, poder hacerlo realidad juntos. Y ahora que estamos a punto de concretarlo y que además vamos a casarnos, siento que… Puedo sentirme la mujer más feliz del mundo al cumplir todos mis sueños a tu lado. Te amo…
—Yo también soy muy feliz, Serena. Muy feliz… —dijo Darien al besarla de nuevo—. Y te amo tanto… —volvía a abrazarla y profundizaba los besos—. Te amo, Serena, te amo…
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Una calurosa mañana de verano, el día anterior a la tan ansiada boda de Darien y Serena, ella se encontraba en la playa acompañada de Hotaru y sus amigos. Ese día los chicos habían llegado desde Tokio para celebrar el cumpleaños de Darien, y por supuesto el matrimonio de la pareja.
Mientras conversaban entre sí bajo un par de enormes sombrillas, Serena le aplicaba una buena dosis de pantalla solar a la pequeña Hotaru y por su parte Rei hacía lo mismo con Seiya, cubriendo de crema su espalda y sus hombros. Y cerca de ellos Mina y Yaten estaban tendidos en la arena tomando un poco de sol.
—Y dime, Serena, ¿cuándo viene tu hermano? —preguntó Rei.
—Esta tarde, vendrá con mi cuñada y mi sobrino.
—¿En serio? ¿No es muy pequeño para hacerlo viajar tan lejos?
—No, ya tiene un mes. Además es la boda de su tía, no tiene que perdérsela por nada en el mundo.
—¿Ya un mes? Qué increíble, cómo pasa el tiempo…
—Así es, el tiempo pasó volando —comentó Serena al acariciar su pancita, que en las últimas semanas se había empezado a asomar.
—Es cierto, esa pequeña ya se está haciendo notar —agregó Rei.
—¿Y tu suegra cuándo vendrá? —preguntó Seiya—. Es raro que aún no haya llegado y esté volviéndolos locos a todos con los preparativos de la boda.
—Mónica también llegará esta tarde, es probable que viaje en el mismo tren que Sammy. Igualmente quedaron en avisarme si se encontraban.
En eso se acercó Mina. —El sol está un poco fuerte, hace bastante calor —protestó mientras buscaba una botella de agua en la conservadora.
—Bueno, listo, ya pueden ir a nadar —dijo Rei cuando acabó su tarea.
Seiya volteó. —Gracias, mi cielo —le dio un ruidoso beso en la mejilla—. Eres la mejor.
Y apenas Serena también terminó de aplicarle la crema a Hotaru, la niña se acercó a Seiya y los dos empezaron cuchichear entre ellos. —¿Qué les pasa a ustedes dos? —preguntó Rei con desconfianza al verlos en una actitud llamativamente sospechosa—. ¿Acaso están planeando alguna maldad?
Ambos rieron con picardía y no le respondieron. —¿A la cuenta de tres? —le murmuró Seiya a Hotaru.
Ella asintió entusiasmada. —A la cuenta de tres —repitió en voz baja.
Se acercaron muy sigilosamente a Yaten, quien estaba recostado en el suelo boca arriba y con los ojos cerrados, y por su parte las chicas los observan curiosas. Cuando llegaron junto a él, Seiya le hizo una seña con las manos a Hotaru contando con los dedos hasta tres. —¡Ahora! —gritó y entre los dos empezaron a arrojarle arena al pobre Yaten, que enseguida se levantó pegando un salto del tremendo susto que se dio y empezó a maldecir furioso.
Seiya y Hotaru estaban muertos de risa por su reacción, e inmediatamente él la tomó de la mano. —¡Corre, princesa! —los dos comenzaron a correr hacia el mar—. ¡Corre por tu vida! —y Yaten los persiguió gritándoles de todo.
Las chicas reían divertidas ante la escena, menos Rei que se llevaba una mano a la cabeza. —Por dios, es tan infantil… —refunfuñaba avergonzada.
—No te quejes —la regañó Mina—. Si eso es lo que más adoras de él.
Y al verlos a los tres jugar y chapotear en el agua, ahora Rei sonreía enternecida. —Es verdad, siempre es tan lindo con Hotaru… —y buscó algo en su bolso—. Voy a tomarles unas fotos —dijo contenta al encontrar la cámara y se fue hasta donde ellos estaban.
Mina y Serena se sentaron bajo las sombrillas. —¿Y tú cómo estás, amiga? —preguntó Mina—. ¿Te sientes muy nerviosa o ansiosa? Mañana en la tarde ya estarás caminando hacia el altar.
—Sí, no falta casi nada —respondió Serena emocionada—. Pero por suerte estoy muy tranquila, ¿sabes? Creí que a estas alturas me pondría histérica o me daría un ataque de pánico o algo parecido como es mi costumbre —bromeó y las dos rieron—. Pero para mi sorpresa nada de eso ha pasado. Todo lo contrario, estoy tan feliz, tan entusiasmada con la boda, con que las personas que más quiero se reúnan a celebrar con nosotros, que me siento muy bien.
—Me alegra que así sea. Además que estés tranquila también es bueno para la bebé —Mina acarició su pancita—. Ella percibe todo lo que sientes.
—Es cierto, creo que por eso trato de mantenerme calmada, para que ella esté lo mejor posible.
—Mira, allá está Darien —señaló Mina al divisarlo a lo lejos—. Parece que ya terminó de correr —él estaba haciendo algunos ejercicios de estiramiento.
—No entiendo para qué corre todos los días, es demasiado —dijo Serena preocupada al verlo—. Últimamente entre el negocio y los arreglos de la casa ha estado tan ocupado, y sin embargo no deja pasar un solo día sin salir a correr, no sé cómo no se cansa. Además hoy es su cumpleaños, ustedes acaban de llegar, debería estar disfrutando su día con nosotros en vez de hacer ejercicio.
Mina rió por su comentario. —Ay, amiga, ¡eres el colmo! No lo trates como a un niño chiquito, así terminarás pareciéndote cada vez más a Rei.
—Tienes razón, a veces soy muy sobreprotectora y rigurosa con él —admitió Serena—. Pero no lo hago con mala intención, sólo quiero cuidarlo.
—Pero él ya es grande, puede cuidarse solo.
—Sí, lo sé.
—Mira, está viniendo para acá —dijo Mina al ponerse de pie—. Yo me iré al agua con los chicos y tú trátalo bien, ¿de acuerdo?
Una vez que Mina se fue, Serena buscó una botella de agua y una toalla. Y cuando Darien llegó, se acercó a él para entregarle las cosas.
—Gracias —dijo él al recibir la botella y enseguida comenzó a beber apurado—. Estaba muriendo de sed y de calor —ahora se arrojaba un poco de agua en la cabeza—. Hoy logré correr un kilómetro más, cada vez gano más resistencia —comentó contento mientras volvía a beber.
—Te felicito —dijo ella con una gentil y un tanto forzada sonrisa mientras repasaba el cabello de Darien con la toalla.
Él la miró extrañado. —¿"Te felicito"? ¿Qué es eso? —preguntó riendo—. ¿No me vas a decir nada más? ¿No te vas a enojar ni vas a regañarme como siempre con eso de que entreno demasiado? ¿O que no tengo cuidado con el sol? ¿O que debería salir más temprano y usar pantalla solar?
—No, no voy a decirte nada —respondió ella agrandando su sonrisa.
—¿Por qué no?
—Porque no me gusta enojarme contigo y regañarte por esas cosas —explicó Serena avergonzada—. Es una muy mala costumbre de mi parte que quiero empezar a cambiar.
Darien volvió a reír. —¿De qué rayos estás hablando? ¿Por qué dices que es una mala costumbre? No es para tanto —y la abrazó por la cintura—. Además a mí me encanta hacerte enojar y que me des sermones —dijo seductor—. Ese lado maternal tuyo me fascina, ¿si no por qué crees que la mayoría de las veces no te hago ni el menor caso?
—¿Así que me desobedeces a propósito para provocarme? —preguntó Serena ofendida—. Pero qué jovencito más impertinente…
—Es que eres muy sexy cuando te enojas —murmuró él acercándose lentamente a su boca.
—Y tú eres un atrevido —murmuró ella y lo besó.
Y entre risas y cumplidos cursis y melosos, se besaron con dulzura por unos instantes más, hasta que la estridente voz de Hotaru los interrumpió. —¡Serena! ¡Darien! —los llamó desde el la orilla, ambos voltearon al escucharla—. ¡Vengan! ¡El agua está deliciosa! —gritó entusiasmada.
—¡Ahora vamos! —le respondió Darien y después de quitarse la camiseta y dejar las cosas bajo las sombrillas, volvió a acercarse a Serena, quien estaba esperándolo con sus brazos extendidos. Él tomó sus manos al llegar junto a ella —¿Quieres nadar conmigo, mi hermosa y enojona Sirenita?
—Por supuesto, mi precioso y terrible jovencito de ojos azules.
Ambos rieron, se besaron una vez más y juntos se encaminaron tomados de las manos hacia donde Hotaru y sus amigos se encontraban.
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Esa misma noche, todos se reunieron a cenar en el bar de Andrew para celebrar el cumpleaños de Darien.
Después de brindar, conversar y reír largo y tendido por horas, compartiendo una enorme e improvisada mesa entre familiares y amigos, en lo que se había convertido en un ambiente sumamente distendido, la gente se fue distribuyendo en pequeños grupos por todo el lugar. Y Darien y Serena se encontraban junto a la barra platicando con Sammy, su esposa Mika y también con Mónica.
Mientras hablaban de temas ligeros, Serena sostenía en sus brazos al hijito de su hermano. —Es un niño muy hermoso —dijo enternecida y acariciaba suavemente las manitos del bebé.
—¿Verdad que sí? Porque se parece a su padre —dijo Sammy orgulloso.
—Cariño, no seas presumido —lo regañó Mika.
Él se encogió de hombros haciéndola reír y se acercó a Serena para también acariciar a su hijo. —Oye, hermana, ¿y ya sabes si tu bebé será niño o niña?
—No, aún no lo sabemos —respondió Serena—. En realidad queremos esperar hasta que nazca, pero la verdad es que estamos totalmente seguros de que es una niña, ¿cierto, Darien?
—Así es —respondió él—. Nuestra hija es una mini-sirenita, no tenemos ninguna duda.
—Pobre de ti, cuñado —bromeó Sammy—. ¿Otra mujer en la familia? ¿No te gustaría que fuera un varón?
—Bueno, si te soy franco las mujeres de mi vida siempre han sido mi perdición pero al mismo tiempo mi salvación, así que no me quejo —aseguró Darien.
—Igualmente ahora tienes un sobrino —agregó Mika.
—Sí, un sobrinito todo hermoso y chiquitito —dijo Serena mientras mecía al bebé entre sus brazos.
—Es cierto, es un bebé muy pequeño —señaló Mónica—. En cambio Darien era un niño tan enorme… Si apenas nació pesaba más de 4 kilos, imagínate el trabajo que me dio tenerlo.
Darien puso los ojos en blanco. —Mamá, por favor —intentó detenerla.
—Es verdad, hijo —siguió ella sin hacerle el menor caso—. ¿Por qué crees que siempre te digo que eres un cabeza dura? ¡Por lo difícil que fue para mí dar a luz a semejante criatura! —todos reían al ver cómo Darien se avergonzaba cada vez más con los comentarios poco discretos de su madre—. Así que, Serena, empieza a hacerte a la idea de que es muy probable que tu bebé también sea muy grande. Porque es Chiba, y todos los Chiba siempre han sido muy altos. Míralo a él, y también mira a su hermana. Hotaru apenas tiene 9 años pero ya casi te está alcanzando, si está altísima.
—Tienes razón, ahora que lo pienso Mamo también era muy alto —recordó Serena—. Sólo espero que mi niña no me de mucho trabajo al nacer —comentó riendo, pero se calló al notar cómo su sobrino comenzaba a llorar de repente—. ¿Qué pasa, pequeño? ¿Por qué te enojas? —dijo preocupada y enseguida le entregó el bebé a su cuñada.
Mika lo recibió y poco a poco el niño se fue calmando, pero no dejaba de llorar. —Ya debe tener hambre de nuevo.
—¿Quieres que nos vayamos así le das de comer? —preguntó Sammy.
—Sí, mejor vayan a casa —les sugirió Darien—. Ya es algo tarde y deben estar cansados por el viaje.
—Bueno, entonces yo aprovecho y también me voy con ellos —dijo Mónica.
—Está bien, vayan en mi auto —dijo Darien al entregarle las llaves a su mamá—. Nosotros tomaremos un taxi.
—De acuerdo. Gracias por todo, chicos, hasta mañana —se despidió Sammy.
—Buenas noches, Serena. Feliz cumpleaños, Darien —se despidió Mika.
—Adiós, hijo. Feliz cumpleaños, querido —se despidió Mónica con un cariñoso y efusivo abrazo—. No se acuesten muy tarde, ¿si? Porque Serena tiene que descansar.
Darien de nuevo ponía los ojos en blanco. —Sí, mamá, enseguida nos iremos a dormir, no te preocupes.
—Adiós, hasta mañana —los despidió Serena y finalmente los cuatro se fueron.
Apenas se quedaron solos, se acercaron a la barra Haruka y Michiru, quienes estaban a punto de hacer la segunda parte de su presentación musical de esa noche.
—¿Cómo están los futuros Señor y Señora Chiba? —los saludó Michiru—. ¿Cómo lo están pasando?
—Muy bien —respondió Darien mientras abrazaba a Serena por los hombros—. La verdad es que ha sido el mejor cumpleaños que he tenido en mucho tiempo —dijo al darle un tierno beso en la frente—. ¿Y ustedes cómo están? ¿Ya van a volver a tocar?
—Sí —respondió Michiru—. De un momento a otro comenzaremos, ¿verdad, cariño? —pero Haruka no respondía—. Cariño, Haruka, ¿qué te pasa? —insistió.
Ella estaba observando atentamente a Serena. —Es que la miro y no lo puedo creer —dijo emocionada—. Amiga, estoy tan feliz por ti —se acercó un poco más a ella—. Verte tan radiante, tan afianzada a este lugar, tu lugar, tu pueblo, con tu gente. Y que estés formando tu propia familia… —sin poder contenerse más abrazó a Serena con fuerza, quien no supo cómo reaccionar ante tan inesperada actitud por parte de Haruka, siendo que ella no acostumbraba a hacer este tipo de demostraciones de afecto—. Te quiero tanto, Serena, tanto… —murmuró con voz temblorosa—. Y estoy muy orgullosa de ti…
Serena también se emocionaba al escucharla. —Gracias, Haruka. Yo también te quiero mucho…
—Más te vale que la cuides bien, ¿eh? —le advirtió Haruka a Darien riendo para disimular sus propias lágrimas.
—Claro que sí —aseguró él. Y cuando las chicas se separaron volvió a abrazar a Serena.
En eso aparecieron el resto de sus amigos, Yaten, Mina, Rei y Seiya.
—¡Hola, chicas! —Seiya las saludó efusivo a Haruka y Michiru mientras se ubicaba en medio de las dos y las abrazaba a cada una por los hombros—. ¿Cómo están? ¿Ya van a subir al escenario de nuevo?
—Sí —respondió Haruka de mala gana—. Ahora vamos, sólo estábamos…
—Haruka —la interrumpió él mientras las soltaba y observaba a Michiru de pies a cabeza—. Querida amiga mía, ¿te dije alguna vez que tu novia es una mujer muy hermosa?
—Kou, por favor, no empieces…
—Y no sólo es hermosa, sino que también es una música muy talentosa.
—Kou… —protestó Haruka entre dientes esforzándose por no estallar de rabia.
Michiru reía divertida por la escena. —Eres tremendo, Seiya —él siempre provocaba a Haruka con estas bromas, sabiendo que ella jamás podía tomárselas con humor.
—No le hagan caso —intervino Rei—. Es que ya se ha tomado varias cervezas.
—Oigan, ¡tengo una idea! ¿Qué tal si Rei las acompaña con su voz? —propuso Seiya entusiasmado.
—¿¡Qué?! —exclamó ella horrorizada.
—No pongas esa cara de susto —se burló él—. ¡Es una idea estupenda! Canta con ellas, enséñales tu increíble voz.
—Sí, amiga —la animó Serena—. Seiya tiene razón, de seguro las acompañarías perfectamente con tu hermosa voz.
—Bueno… eh… yo… —titubeó Rei algo avergonzada.
—Yo creo que es una buena idea —opinó Michiru—. ¿Tú que dices, cariño?
—Es cierto, esta vez estoy de acuerdo con el irreverente de Kou —respondió Haruka—. Vamos Rei, canta con nosotras.
—Está bien, lo haré —accedió ella con una alegre sonrisa. Rei adoraba cantar y nunca lo había hecho con ellas.
Así que antes de que se echara atrás, las tres se disculparon con el resto de los chicos y juntas se encaminaron hacia el escenario.
Una vez que se acomodaron en unas banquetas frente a los micrófonos, Haruka les dirigió unas breves palabras al público. —Buenas noches de nuevo. Antes de dar inicio a la segunda parte de nuestro habitual repertorio, queremos presentarles a una amiga muy querida que hoy tenemos el placer de tener aquí con nosotras para compartir algunas canciones. Damas y caballeros, con ustedes la Señorita Rei Hino —y todos los presentes la aplaudieron y ovacionaron.
—Muchas gracias —dijo Rei un poco avergonzada—. Buenas noches a todos. En primer lugar me gustaría…
Pero antes de poder seguir hablando, un eufórico grito que provenía desde la barra la interrumpió. —¡Te amo, Rei! —soltó Seiya sin reparo. Todos rieron y volvieron a aplaudir. Y ella se puso colorada hasta las orejas.
—Bueno —Rei carraspeó nerviosa e intentó continuar, haciendo de cuenta que no había pasado nada—, en primer lugar me gustaría saludar a un buen amigo al que quiero y aprecio mucho: Feliz cumpleaños, Darien —él le agradeció saludándola con la mano.
—Y también —continuó—, quisiera dedicarle unas palabras a alguien que es muy especial para mí —y se dirigió a Serena—. Amiga, simplemente quiero decirte que estoy muy feliz por ti. Que me alegra muchísimo ver la increíble y gran mujer en la que te has convertido gracias a que te atreviste a soltar tantas cosas viejas y pesadas para aprender de nuevas experiencias y cambiar, crecer. Tú sabes muy bien cuánto te adoro, porque eres como una hermana para mí. Y estoy eternamente agradecida por tenerte en mi vida. Así que deseo con todo mi corazón que seas muy feliz con esta nueva vida que estás emprendiendo, junto a Darien y su hijita. Sé que van a lograrlo. Te quiero mucho, Serena. Los quiero mucho a los tres…
Serena era un solo mar de lágrimas desde que su adorada amiga y hermana empezó a decirle tan sinceras y emotivas palabras.
—Bueno —siguió Rei—, por último también quiero decirle al maleducado muchachito que acaba de gritar como idiota, que yo… —otra vez se sonrojaba al sentirse tan expuesta—. Yo también te amo, Seiya… —dijo con timidez y todo el mundo volvió a aplaudirla y ovacionarla.
Y una vez que la gente guardó silencio, las chicas finalmente comenzaron a tocar la canción que Rei había elegido para interpretar con su voz.
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"All the faces in the crowd… All the singing long and loud…
(Todos los rostros en la multitud… Todos los fuertes y largos cantos…)
Celebrations on the midnight clear… They set the world alight…
(Las fiestas en la clara medianoche… Incendian el mundo…)
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Mientras escuchaban, Darien no dejaba de abrazar a Serena y de regalarle dulces besos en la mejilla a cada instante. Y ella apretaba sus manos, que estaban entrelazadas con las suyas, recibiendo los besos entre suspiros, hasta que volteó a verlo. Cuando sus ojos se encontraron ambos sonrieron tranquilos, contentos, enamorados…
Serena llevó una mano al rostro de Darien para acariciarlo con suavidad. —Feliz cumpleaños, mi amor —susurró emocionada. Y lo besó en los labios.
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All the fire in the sky… I can see it in your eyes…
(Todo el fuego del cielo… Puedo verlo en tus ojos…)
And I could love you for a thousand years… The way you are tonight…
(Y podría amarte por miles de años… Tal como estás esta noche…)
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Momentos más tarde, Darien se encontraba en el balcón de la habitación del hotel donde él y Serena pasarían algunas noches hasta después de su boda cuando partieran hacia su luna de miel. Ya que en su casa se estaban alojando su familia y amigos y no había suficiente espacio para todos.
Mientras la esperaba, apoyado en la baranda con la mirada perdida en la calle, reflexionaba sobre muchas cuestiones. Pensaba en todo lo que había pasado desde el primer día que llegó a ese pueblo para reencontrarse con su padre después de tantos años. Recordaba que en aquel momento el solo hecho de estar de regreso en su pueblo natal había sido una situación bastante insólita para él, sobre todo al enterarse de que Mamoru estaba a punto de morir. Y también pensaba en cómo se había sentido tras el extraño y revelador encuentro que tuvo con Serena cuando la conoció y supo por medio de ella sobre la existencia de su pequeña hermana, y cómo cientos de ideas se cruzaron por su mente y encontradas emociones se removieron en su interior ante semejante noticia.
Tenía en claro que su primera reacción había sido claramente de enojo y rechazo, no hacia Hotaru sino hacia su padre, por imaginarse que habría formado una familia perfecta y feliz, que habría sido un gran padre y un fiel y honrado esposo, que todo lo que jamás les ofreció a él y a su madre de seguro se los habría dado a su nueva y bonita familia. Y creía que si deseaba evitar desesperarse o preocuparse de más con esta situación, lo mejor sería tener todo bajo control, mantenerse firme y entero como siempre para poder enfrentarlo, hasta que todo terminara, para luego regresar a Tokio y continuar con su vida y rutina habitual.
Porque en ese momento él aún era un hombre solitario e independiente, y lo menos que necesitaba era tener una familia y una vida simple y aburrida en un pueblito costero. Porque su vida pasaba por otro lado, por su trabajo, su profesión, sus proyectos personales. Esas eran sus únicas prioridades en ese entonces.
Y al recordar todo esto se daba cuenta de la increíble e inesperada forma en que con el paso del tiempo más todo lo que ocurrió después de aceptar la tutela legal de Hotaru, de enamorarse de Serena, de conocer su pasado y reconciliarse con la memoria de su padre, su crecimiento personal había pasado por tantos estados, logrando él mismo cambiar en tantos sentidos y reconocer que en realidad antes le daba un significado a su vida que tal vez no era el mejor, o quizás sí lo habría sido, pero en otras etapas, en otros ámbitos.
Se daba cuenta de las imprevisibles y sorprendentes maneras en que sus ideas y formas de apreciar y valorar las cosas aún seguían transformándose, tanto que le parecía sumamente lejana la época en que creía con plena convicción que su vida como era lo llevaría hacia un rumbo perfecto y prometedor. Sin embargo todo había cambiado tan drásticamente, y sabía que más cambios estarían por venir, porque estaba a punto de casarse, porque en pocos meses se convertiría en padre y formaría su propia familia, lo cual era algo que jamás creyó que lo haría sentir tan pleno y feliz al poder concretarlo.
Pero una vez que empezó a sentirse algo ansioso y movilizado por tanto pensar y repensar en todo esto, sacudió la cabeza para soltar las ideas y decidió entrar a la habitación para buscar a Serena, ya que hacía rato que la esperaba y le pareció que se estaba demorando demasiado.
Cuando estuvo adentro, notó cómo el lugar estaba delicada y tenuemente iluminado por un montón de velas distribuidas por todas partes, lo cual creaba una atmósfera muy cálida y acogedora a su alrededor. Y cuando divisó a Serena cerca de la cama y de espaldas a él, tarareando bajito la canción de Rei mientras encendía otra vela, comenzó a acercarse lentamente a ella. —Serena —la llamó, pero pareció no escucharlo, ya que no se movía ni dejaba de cantar.
Sin poder evitarlo Darien empezó a sonreír enternecido al tenerla cada vez más cerca y darse cuenta una vez más que al verla podía sentirse tan tranquilo y feliz, que podía identificar una intensa sensación de seguridad, de refugio y de paz que sólo junto a ella era capaz de experimentar. —Serena, mi amor —insistió—, ¿qué estás haciendo?
Ella se calló de golpe y volteó enseguida a verlo. —Darien, me asustaste…
—¿Qué haces? ¿Qué significa todo esto?
Serena dejó la vela que acababa de encender sobre la mesita de noche y comenzó a caminar hacia él. —Sólo es un pequeño detalle —explicó con tono coqueto—, que quise preparar para sorprenderte.
Darien sonreía embelesado mientras la examinaba de arriba abajo con la mirada a medida que se iba acercando más a él. Ella llevaba puesta una bata de seda blanca, estaba descalza y tenía el cabello suelto. —¿Para sorprenderme? —preguntó curioso.
—Bueno, en realidad lo hice para darle un toque romántico a este cuarto, porque… —Serena se detuvo frente a él y acercó sus brazos a su cuello para abrazarlo—. Esta noche tú y yo tenemos que celebrar —dijo seductora.
Él abrazó su cintura. —¿Ah, sí? —preguntó también seductor—. ¿Y qué se supone que debemos celebrar? ¿Mi cumpleaños?
Serena negó con la cabeza y sonreía con picardía .—No, ya hemos celebrado tu cumpleaños.
—¿Entonces de qué se trata? ¿Por qué vamos a celebrar?
—Porque ésta es nuestra última noche de novios.
Darien reflexionó un momento. —Es cierto, desde mañana dejaremos de ser novios —dijo con cierta nostalgia.
Ella se fue acercando cada vez más a su rostro. —Claro, porque vamos a casarnos —murmuró.
—Sí —murmuró él sin quitarle los ojos de encima y regalándole lentas caricias en la espalda—, porque te convertirás en mi esposa.
—Y tú te convertirás en mi esposo —susurró Serena casi rozando sus labios.
—¿Y seremos felices por siempre y para siempre? —susurró Darien con un entrecortado suspiro.
—Sí, muy felices…
—Claro que sí… —y la besó con suavidad.
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The way you hold me… The way you sing along…
(La forma en que me abrazas… La forma en que cantas…)
And find someway to make me feel so good… Whenever else is maybe wrong…
(Y encuentras alguna manera para hacerme sentir tan bien… Cuando quizás lo demás está mal…)
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Comenzaron besarse con calma, sin prisa, acariciándose alternada y lentamente con sus labios, y aunque no llegaron a pasar a besos más intensos y apasionados, era un beso tan sencillamente perfecto que no querían interrumpirlo por nada en el mundo.
Hasta que Darien cortó por un momento los besos para volver a hablar. —Ahora comprendo —dijo con un pícaro e insinuante tono de voz—. Lo que tendremos esta noche será nuestra despedida de solteros, ¿verdad? —y sin darle tiempo a nada tomó a Serena entre sus brazos para enseguida comenzar a caminar hacia la cama.
Ella echó a reír divertida por su repentina reacción. —Tienes razón, es nuestra despedida de solteros.
Él también reía. —Claro, ya que los desconsiderados de nuestros amigos no nos organizaron nada tendremos que despedirnos entre nosotros —bromeó y volvió a besarla mientras la recostaba sobre la cama con delicadeza. Y una vez que se acomodó a su lado, la miró otra vez a los ojos y la acarició con dulzura llevando un mechón de su cabello detrás de su oreja—. Gracias, Serena —susurró con una cálida sonrisa—. Gracias por haber sido mi novia hasta hoy.
Serena se puso seria y también lo veía profundamente a los ojos. —Gracias a ti —susurró en un suspiro.
Y de nuevo Darien retomaba los lentos y tiernos besos mientras acariciaba su pelo, su cuello y muy despacio empezaba a descender con sus dedos hacia el pecho de Serena hasta llegar al cinto de su bata para desatarlo con cuidado.
Dejó de besarla para volver a mirarla al tiempo que quitaba la tela que cubría su cuerpo. —Eres… tan hermosa —susurró al depositar cortos y tibios besos sobre la piel de su cuello, de su pecho y continuar descendiendo hasta su vientre, donde de repente se detuvo, dejándola totalmente descolocada—. ¡Pero miren a quién tenemos aquí! —exclamó contento al encontrarse con la pequeña pero abultada pancita de Serena, quien echó a reír de nuevo ante su inesperado cambio de actitud—. Hola, pequeña —siguió Darien mientras le regalaba ruidosos besos haciéndola reír aún más—. ¿Cómo estás, hijita? ¿Qué cuentas de nuevo?
—Darien, ¿qué haces? —preguntó Serena risueña.
—Hablo con mi hija —respondió él—. Tengo algo muy importante que decirle, así que espera un momento y no nos interrumpas, ¿quieres? —y pegaba más su rostro contra su pancita—. Mira, pequeña, el asunto es más o menos así —comenzó a explicar—. Resulta ser que últimamente tu mamá está bastante mimosa, por no decir insaciable. Y dicho sea de paso y acá entre nos, eso es algo que a mí no me desagrada en lo más mínimo, porque tú sabes muy bien que yo estoy loco por ella y me encanta consentirla —volvió a besarla y Serena se esforzaba por contener la risa—. Bueno, simplemente quiero pedirte que tengas un poco de paciencia, porque mientras tú no nazcas sólo estaré abocado a ella y a sus reiterativos reclamos de atención, si entiendes a qué me refiero…
—¡Oye! ¡No le digas esas cosas o va a pensar mal de mí! —protestó Serena.
—No, pequeña —continuó Darien—. No tienes que pensar mal de tu mamá, todo lo contrario, porque es la mujer más maravillosa que existe en el mundo. Y tanto ella como yo estamos desesperados porque nazcas y tenerte al fin con nosotros y comerte a besos. Pero hasta entonces quiero demostrarle una y otra vez cuánto la amo, cuánto me importa. Así que, por favor, no te pongas celosa, ¿sí?
—No sé ella, pero yo sí empiezo a sentirme un poco celosa —volvió a protestar Serena.
Él alzó la vista. —¿Estás celosa de tu propia hija? —le preguntó riendo.
—¿Cómo no voy a estar celosa si me estás ignorando, si sólo le prestas atención a ella?
Darien volvió a acercarse a la pancita de Serena. —¿Te das cuenta de lo que te digo, hija? Tu madre es muy demandante.
—¡Darien! —exclamó ella simulando estar molesta.
Él regresó a su lado y se acomodó junto a ella. —Y a mí me encanta que seas así —dijo seductor mientras volvía a abrazarla por la cintura para pegarla a su cuerpo y retomar los besos—. Tú me encantas, me vuelves loco… Y por supuesto que también me encanta mimarte, consentirte, darte con todos los gustos.
Serena reía y le devolvía cada beso. —Eres tremendo, mi amor.
Darien dejó de besarla —Y tú eres… —dijo repentinamente serio—. Serena, tú eres… —acarició su rostro soltando un largo y melancólico suspiro y enseguida la abrazó con fuerza.
Ella se preocupó al notar que de nuevo sus ánimos cambiaban. —¿Qué pasa, Darien? ¿Qué tienes?
—Serena… —susurró él en su oído—. Mi Sirena, te amo… Te amo tanto que…
—Darien, mi amor, yo también te amo… Te amo con toda mi alma, con todo mi corazón…
—Quiero… Serena, yo quiero… —Darien soltó el abrazo para poder mirarla de frente. Y Serena se conmovió profundamente al notar que él tenía los ojos llenos de lágrimas—. Quiero que sepas —dijo al tomar su rostro con las manos—, que lo que más deseo es tenerte siempre conmigo, siempre —sin poder ocultar sus emociones ella comenzó a llorar—. Porque tú me ayudas a crecer, porque me comprendes. Porque simplemente me amas y me aceptas como soy, con todo lo que tengo y hasta con lo que me falta. Y lo más importante es que desde que te conozco me has demostrado muchas veces que el amor, el verdadero amor existe y es posible. Y que es capaz de ayudarme a sanar, porque yo… Gracias a tu amor yo he logrado curar mis heridas. He podido recuperar y aceptar mi historia, empezar a ser feliz de verdad. Tú me haces tan feliz, Serena… Tú, nuestra hija y todo lo que compartimos.
—Darien… Gracias, Darien —dijo ella con voz temblorosa y él no dejaba de acariciar su rostro para limpiar sus lágrimas—. Es muy hermoso lo que me dices, y yo… Yo me siento igual, yo también te agradezco por todo lo que me das. Y quiero que sigamos creciendo juntos, acompañándonos, afrontando la vida con todas sus dificultades y compensaciones. Y quiero darte todo lo que tengo, lo bueno y lo no tan bueno. Y abrir mi corazón para recibir de ti todo lo que me das. Y despertar todos los días a tu lado, para encontrarme con tu sonrisa, tan dulce, tan sincera… Y elegirte una y otra vez. Y saber que tú también me eliges, por el resto de nuestra vida juntos…
Permanecieron unos instantes más viéndose fijamente a los ojos, acariciando sus rostros con ternura, y sin decir más palabras ambos podían transmitirse con sus miradas lo felices y seguros que se sentían con lo que estaban eligiendo para sus vidas, con estar juntos como hacía tanto lo deseaban.
—Te amo, Sirena… —susurró él emocionado.
—Te amo, 'Ojos azules'… —Susurró ella y volvieron a besarse.
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There are times I get to see… All the things you mean to me…
(A veces consigo ver… Todo lo que significas para mí…)
I could love you for a thousand years… The way you are tonight…
(Podría amarte por miles de años… Tal como estás esta noche…)
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Ohhhh… Son tan mononos y cursis estos dos… Y bue, creo que se merecían una buena dosis de miel sobre hojuelas ¿Uds. qué opinan?
A continuación respondo a algunos de sus rws (el resto va por privado):
-yssareyes48: A pesar del amague que nos hizo el bebé en el cap anterior, hoy por fin hizo su aparición. Y los tortolitos están más que felices con la espera de su "mini-sirenita". En el siguiente cap probablemente tendremos la boda!
-romi: Hoy sí hubo bebé! Bueno, en realidad embarazo. Y parece que prontito también habrá boda!
-Murielcita A: Espero que hoy también hayas suspirado, jeje! Ya falta poquito para la boda!
-Jan: Me encantó todo lo que dijiste de Darien, y acuerdo totalmente con vos… Es un bomboncito de dulce de leche! Y tanto él como Serena se merecen ser muy felices, además son tan lindos juntos…
-kaguya: Así es mi querida, ahora su relación está más afianzada que nunca, y con bebé a bordo están a punto de casarse al fin!
-Leidy Flourite: Si te pareció tan dulce el cap anterior, espero que hoy no te hayas empalagado, jaja! Parece que ya se nos viene la boda, así que paciencia!
-Paty: Al final sí hubo bebé! Ahora hay que esperar para saber si será o no la nena de los chonguitos, aunque ellos están seguros de que sí!
-Ana: Hoy fue un cap liviano, aunque también bastante emotivo. Y parece que ahora que los tortolitos ya están completamente afianzados en su relación, se viene la boda se viene!
-brujitadcc: El bebé llegó prontito, a pesar de hacernos el amague en el cap anterior! Y nuestra adorada pareja está mejor que nunca, y a un pasito de la boda…
Bueno gente, esto es todo por el momento. Espero que hayan disfrutado de la lectura y les pido que no dejen de compartir conmigo lo que sintieron y pensaron con este cap…
No se olviden de dejarme sus reviews por favor!
Saluditos per tutti y hasta la próxima,
Bell.-
