A lo largo del fic he usado distintos tipos de narradores y tiempos, lamento todo eso ya que pues en si no es correcto usar a los narradores de esa manera. Lo que quiero es dar distintos enfoques y puntos de vista a así como sentimientos que puedan tener los personajes, ofrezco una disculpa si les molesté. Agradezco a todos los que siguen este fic y a los que esperan las conti de los otros ya que quiero terminar este porque van como 3 años con él y aun no termina. Gracias a los que dejan reviews y a los que no, anímense, así sino les gusta lo que escribo con sus sugerencias quizás si les guste. Aquí está el siguiente cap!


The Pleasure of the Danger [Original of Guilty of Loving You]

Fanfiction

Copyright: Toei Animation

Digimon no me pertenece.

Cuando llegamos a la base de los Cazadores de Virus, Christopher ya nos estaba esperando. Su mirada había cambiado un instante al igual que su actitud, al momento de entrar a la base el corrió para abrazarnos, nos dijo que daba gracias a Dios porque estábamos a salvo. Luego, se marchó sin más.

La noche trascurrió lenta, ni Willis ni yo pudimos dormir bien ya que la preocupación del día siguiente nos mantenía despiertos. Atacar a nuestros amigos era una cosa, pero quitarle la vida a una niña elegida, al amor de mi vida era llegar al extremo. Sabía que no podía hacerlo sin embargo algo dentro de mi me obligaba a seguir las instrucciones de Christopher; la situación en que el Digimundo se encontraba debía de cambiar y eso sólo se lograría si los ángeles destruían la oscuridad.

Los primero rayos del sol iluminaron tenuemente mi rostro, inmediatamente una pesadez calló sobre mi espalda. Desperté Willis quien dormía plenamente junto a sus dos Digimons, por su parte, Patamon había dormido un poco más que yo. Willis abrió los ojos y se percató rápidamente de mi pesar, ya era imposible detenerlo.

-Eres el líder, debes de hacer algo- Dijo mi amigo mientras nos dirigíamos a los baños. –Ella no merece un destino así. Sólo Dios sabe que le harán a su alma.

-Si ordeno parar esto, ellos verán que nuestra decisión no va en serio. Lo lamento pero debo de seguir.- Entramos a las regaderas donde Anthony nos esperaba.

-Buenos días- Saludó cordialmente. –No deseo apresurarlos pero no hay mucho tiempo, Melissa me ha pedido que les entregue sus uniformes. Espero que los porten con orgullo.

-¿Qué no el orgullo es un pecado?- Pregunté con algo de frialdad.

-Cierto- Anthony bajo la cabeza y la alzó mostrando una sonrisa forzada. –Espero que honren el uniforme, después de todo somos quienes liberaran al Digimundo de la oscuridad.

-Gracias- Dije al momento de verlo salir.

-Sonaste algo duro.

-Lo sé, no pude evitarlo.- Respondí con la mirada abajo.

-"Tengo un plan"- La voz de Max atravesó mis pensamientos dejándome perplejo. –"No hay razón por la que ella debe de ser castigada, si llegamos hasta ellos y comenzamos el ataque nuestros amigos sólo nos odiaran y más si matamos. Podemos esconderla y fingir su muerte."

-Plan muy trillado, más de uno lo ha intentado y lo han descubierto.

-¿Sabes? Odio esas pláticas mentales con Max- Dijo Willis mientras se quitaba la ropa. –Dile que se necesita de su ayuda fisca, no requerimos que nos diga que hacer.

-"Lo sé y lo lamento. No fue mi idea venir a causar problemas pero en algún momento les prometo que les ayudaré. Apenas sepa como regresar a mi cuerpo."

-No te preocupes, todo será a su tiempo.- Me quité la ropa y comencé a bañarme, el agua fría apenas podía calmar las heridas. La sangre ya había parado de brotar pero el dolor seguía allí, un dolor que ya había aprendido a soportar y a disfrutar. Los comentarios de Willis respecto a mis heridas y a mi estado emocional eran algo hirientes pero en el fondo sabía que no lo decía para lastimarme.

Salimos de las regaderas lo más rápido posible y nos vestimos con los uniformes de los Cazadores de Virus, un conjunto militar blanco y zapatos negros. Corrimos a donde los demás quienes ya estaba listos para partir. Apenas salimos de aquel lugar que ocultaba la base, las oscuras nubes se apoderaron del sol. En ese Digimundo gobernado por los Demonios no había más que oscuridad, nada que te diera la mínima esperanza tenía vida, todo había muerto y eso sólo podía ser obra de aquellas criaturas de sombra. Una había caído pero otros seis seguían con vida.

Los ángeles de los Cazadores ya estaba listos, cada uno de nosotros era llevado por su respectivo Digimon. Poderosos, ocupaban la gran fuerza de la luz y ante eso no existía quien se le oponía. Dominimon de Anthony era muy parecido a MagnaAngemon, tenía dos grandes hombreras a manera de escudo, una armadura resistente y tres pares de alas, por su parte Anubismon era más parecido a Nefertimon, un chacal egipcio con un par enorme de alas y un anillo sagrado en cada brazo. Uno de los más imponentes era Mistymon, era tan poderoso que apenas se podía acoplar con Christopher, este era más parecido a un gran caballero con una gran espada envuelta en fuego, sin alas y una gran capa. Pegasusmon, Shakoumon, ellos ya eran conocidos, sin embargo algo más me llamaba la atención, algo que pasé por alto. El color blanco. Todos esos ángeles eran blancos, no existía otro color en ellos más que el dorado de sus anillos sagrados.

Al llegar con los otros, ellos ya estaban afuera. Tai, mi hermano, Sora, Mimí, Davis, todos nos estaban mirando con tristeza en los ojos. Christopher se voltio y nos entregó dos antifaces, el mio simulaba la cruz de Seraphimon mientras que el de Willis era un cruz como la de Angemon. Todo se veía claramente tras esos antifaces. Todos se quedaron quietos, esperando mi orden. Entendí rápidamente lo que ellos me estaban tratando de decir, con pase fuerte pero lento avancé hasta estar al frente de mi grupo. Miré y dibujé forzadamente una mueca de odio que ellos percibieron. Kari pasó al frente junto a Marco.

-No tienes por qué temer- Le dije a Kari –Si eres fuerte sobrevivirás.

-Me temo que esto es guerra.- Aclaró Marco –Sólo podemos dar lo mejor de nosotros.- Marco sonrió felizmente provocando la ira de Christopher.

-Les daremos una oportunidad, entreguen a la portadora de la luz y los dejaremos en paz.- Kari me vio horrorizada, sabía lo que iba a hacer pero no hizo nada. Detuve una lágrima y mire a Christopher.

-Yo soy el jefe y yo decido si les doy o no esa oportunidad.- Regresé la mirada y me fijé en los ojos de Kari, nada me hubiera hecho más feliz que detener el ataque pero debía de hacerlo. –Espero que tengas buenas defensas, Marco. ¡Ataquen!- El horror se apoderó de la mirada de todos mis amigos, quizás, era miedo con desilusión. Ver a un amigo muy cercano declarar un ataque sabiendo las posibles consecuencias puede ser duro pero es más duro dar esa orden contra aquellos que me vieron crecer. –Tai, eres mi hermano pero comprende que esto es por el bien. Te prometo que nadie saldrá lastimado.

Escuché la voz de Willis decirme que estaba loco, quizás lo estaba, no tenía nada planeado pero no por eso atacaría a Kari. Marco dibujó media sonrisa y chasqueo los dedos, en seguida un gran temblor sacudió el suelo, debajo de nosotros la tierra comenzó a abrirse provocando grandes grietas por las que salían Stegomons, volvió a chasquear los dedos pero esta vez dos veces, una pequeña cúpula salió de la tierra y tras abrir sus puertas salieron Commandarmons cargando metralletas. Ese era apenas una porción de todo lo que aquel gran poder del Digimundo podía mostrar.

-No es nada, si realmente quieres pelear lo haremos pero no me mediré en usar todo lo que tengo.- Dijo Marco al momento de darse la vuelta. –Pensé por un momento que eras más que esto.- Dijo dándome la espalda.

-Cazadores, ataquen.- Marco paró en seco mi miro por un segundo a Kari.

-Bien.- Alzó la mano e hizo una señal. -¡Los quiero ver muertos!- gritó el pequeño niño, los Digimons comenzaron a ponerse en posición.

Los Digimons de nosotros se pusieron en frente para protegernos de los daños, los Stegomons llegaron rápido a envestirnos pero Mystimon los interceptó, miles de datos eran lanzados al viento conforme esos enormes Digimons se acercaban a nosotros, Gargoleymon y Anubismon ya estaban listos y habían creado ese gran aro de luz para purificar todos los datos. Por otra parte los Commandramos comenzaron a disparar, Pegasusmon petrificó a los más posibles mientras que Shakoumon detenía a otros más. Ni Cherubimon ni Seraphimon sabían qué hacer por lo que se limitaban a detener a todos esos Digimons sin causarles serios daños.

No sabía qué hacer pero antes de que alguien más lo notará corrí hasta Kari, ignorando los gritos de mis amigos y evadiendo los ataques de sus Digimons tome a Kari de la cintura y la cargué en mi hombro, llamé a Willis quien sólo estaba parado observado la batalla. Al escucharme corrió para alcanzarme, el desierto no tenía ningún lugar donde escondernos. Corríamos como locos, Karia ya había entendido nuestro propósito por lo que no alarmó a los demás, aprovechamos una gran explosión que elevó mucha arena haciendo complicada la visibilidad. Entramos rápidamente por la cúpula por donde habían salido aquellos Digimons armados y descendimos asta un lugar más seguro para ella, allí la baje de mi hombro y me senté en el suelo, exhausto.

-Valla, ha sido todo improvisado.- Bromeó Willis –Casi me trago eso de lo del jefe.- Dijo sentándose junto a mí.

-Menos mal que siguen siendo los mismos, ya había pensado que les lavaron el cerebro.- Kari se agachó y me beso en la mejilla. –Ya te extrañaba.- Me dijo en un susurro, como secreto.

-No mal interpretes nuestro acto, no podíamos dejar que te maten. Mantente escondida en este sitio hasta que tengamos una buena cuartada para explicar que sigues con vida.- Me levanto bruscamente tratando de esconder el sonrojo de mis mejillas pero Willis lo notó.

-Claro, sólo fue por obligación.- Apoyo mi amigo rubio con sarcasmo. –Mejor bésense ahora que nadie los ve, prometo cerras mis ojos.- Kari lo miro y soltó una carcajada.

-¿De qué se ríen?- Aun seguía sonrojado por lo que no giré la cabeza para verlos, sólo escuchaba sus risas de diversión. –Es hora, los estruendos ya se han calmado. Willis asintió y se levantó del suelo, Kari me sujeto de la mano y me obligó a verle a la cara.

-Yo te…- Nuestras mejillas comenzaron a arder, podía sentir como las mías se calentaban y las de ellas tomaban un color rojo más y más fuerte. Desvié mi vista al techo pero ella llevó sus manos a mi rostro para que la mirara, segundos después nos conectamos momentáneamente por un beso. –Amo- completo después de separarnos, antes de que se diera la media vuelta para irse la tomé de la mano, algo dentro de mi decía que no debía de irse, no aun.

-Yo- Callé por un segundo y la abracé. –No debo de hacerlo…

-Yo sólo deseo verte feliz.- Max salió por un segundo, lo suficiente como para decirle eso al oído. Tanto Kari como yo quedamos sorprendido la escuchar salir de mi boca eso pero estaba bien, ella lo sabía.

-Eso, ahora ya no importa. Somos enemigos Takaishi y esto no acabará hasta que uno de los dos muera.- Frunció el seño y se alejo del lugar. Sonreí para mí, entendió.

-Sigues teniendo ese toque.- Se mofó Willis. –Creo que tu nueva tonalidad de ojos te ayuda.

-Esto no es más que una maldición.- Dije, luego salimos del lugar.

Aun la arena hacia difícil ver pero todo se había calmado, a lo lejos vimos como Marco y Christopher discutían. Nos apresuramos a llegar, pocos eran los Digimons aun vivos y escasos eran los que no tenían ningún daño, la mayoría habían sido destruidos por los Cazadores. Al momento de llegar Tai me ataco furioso, mi hermano sólo agacho la cabeza. Tai me tiro al suelo y comenzó a golpearme en el rostro pero yo no hice nada, lo dejé golpearme hasta que se cansará pero se detuvo por petición de Sora. Me miro aun con rabia en los ojos y se alejo de mi.

-Nunca pensé que fueras capas de esto, T.K. Por tu culpa han muerto muchos.- Dijo mi hermano sin verme a los ojos.

-Te creíamos distinto.- Comenzó Mimí.

-Es difícil creer que alguien tan amable como tú haya podido dejar morir a unos Digimons.- Joe me miro con tristeza.

-¿Dónde está Kari?- Sora corrió hasta mí, me preguntó mientras me sujetaba de los hombres y soltaba lagrimas. -¡¿Dónde está?- Nuevamente Tai llevo y me volvió a tirar al piso, mientras nuevos golpes daban contra mi cara el gritaba y preguntaba.

-¡¿Dónde dejaste a mi hermana?- Gritó, me pegó y me dejó. Un poco asustado, con la boca y nariz rotas me levante con dificultad, Willis corrió para ayudarme y sostenerme.

-Quizás deban fijarse mejor en mis manos y en las de Willis.- De camino a encontrarnos con los demás Willis había tropezado y rasgarse la pierna. Usamos esa sangre para simular, sonaba loco e inútil pero al ver el horror apoderarse de Tai y los demás me sentí tranquilo, Christopher también se lo creyó.

-¡Eres un…!- Tai iba nuevamente contra mí pero Aarón lo detuvo.

-Esto ya ha acabado.- Dijo Aarón. –Es hora de regresar.- Comenzamos a caminar, nos abríamos paso y tratamos de ignorar las penetrantes y frías miradas de mis amigos.

-¡Que error haberte considerado mi hermano!- Me grito Tai.

-Lo lamento.- Marco nos miraba con odio, Christopher le correspondía.

Las alas de los ángeles se desplegaron, estábamos listos para marcharnos pero repentinamente una fuerte ráfaga de viento nos hizo parar. Devidramos comenzaron a aparecer a la lejanía y poco a poco se acercaban, una gran bestia se aproximaba con furia, era custodiado por los Devidramos. Su rugido se escuchó atemorizante y desgarrador, casi como si el viento fuese cortado por aquel gran rugido de ira, todos estábamos asombrados al ver tal ejército de Devidramos en el aire. Marco llamó y pidió que nos refugiáramos pero nadie le hizo caso. Esos Digimons estaban cada vez más cerca hasta el punto en que pocos metros nos separaban, descendieron.

-Uno de nosotros ha caído en manos de un chico y su Digimon.- Dijo la gran bestia de voz grave. –También he venido por Takato.

-¿Takato?- Pregunté. –Marco, ¿Él está aquí?

-El chico llegó a mi hace unos días, llegó con ordenes de eliminar la base central pero no pudo ni acercarse lo más mínimo. Liberamos a Megidramon para que eliminara a esos Devidramons que traía consigo. Luego el chico en cuestión se quedo con nosotros dándome su lealtad…

-Jamás lo vi.- Dijo Tai. -¡Podría ser un agente doble!

-El chico siempre está en la parte más profunda de la base, habla con Megidramon y este parece ser de su agrado ya que nunca antes alguien pudo acercársele sin que esta bestia lo atacara.

-Te equivocas, él no es una bestia.- Takato apareció tras nosotros, la presencia de Belphemon lo llamó. El señor demonio rugió de furia una vez que vio al joven que me ayudó a escapar de la casa de Lucemon, la mirada de ese chico ahora era más clara pero aun se distinguía el miedo e inseguridad. –Megidramon es muy violento porque nadie le entiende, es complicado, lo sé. Pero él es bueno.

-Es un maldito dragón con atributo virus, maligno. Cada dato que lo compone es maligno.- Dijo el señor demonio de la pereza -¿Cómo unos niños pudieron encerrarlo?

-No fue sencillo, mantenerlo tras esa puerta subterránea nos ha costado mucho pero su gran poder nos ayuda a librarnos de enemigos con facilidad.- Respondió Marco –Uno de los cuatro grandes dragones del Digimundo está de nuestro lado.- No era común escuchar eso, en estos momento cualquier dato que nos pudiera servir seria crucial para encontrar esos objetos sagrados, ese dragón como uno de los cuatro nos sería de gran ayuda, sin embargo hablar con él no era un opción.

-Dame a Takato y prometo sólo destruir tu base.- Dijo la gran bestia de la pereza.

-Quiero verte pelear por él.- Respondió Marco ante la amenaza de Belphemon.

Un nuevo rugido cargado de ira emanó de la boca del oso demoniaco, los Devidramons comenzaron a atacar a los Digimons que quedaban vivos de la batalla pasada pero no soportaron mucho ya que esos poderosos Digimons oscuros atacaron sin piedad, los ángeles comenzaron a atacar. Seraphimon disparó los siete cielos contra un pequeño grupo de Devidramons eliminándolos rápidamente, Cherubimon se encargó de otros cuantos pero el número de ellos aumentaba conforme eran eliminados. Los Cazadores no tardaron en conjurar el aro para purificar recolectar los datos que se elevaban por el aire, repentinamente otro rugido de Belphemon llamó la atención, Marco tronó los dedos y el suelo se abrió, tembló levemente mientras una plataforma subía y mostraba a Megidramon encadenado fuertemente.

-Están hechas de Crome Digizoid en una pureza de 100%, casi imposible de conseguir y por eso es que lo detiene.- Megidramon enfrentó miradas con Belphemon aumentando la ira del primero, comenzó a intentar liberarse de su prisión pero sin éxito hasta que Marco presionó un botón rojo de su reloj de mano, las cadenas que sujetaban cuello, manos y cintura de Megidramon se abrieron dándole la libertad. –Lamento que tengas que ver esto, Takato.

-Lo van a matar… ¡No sabes lo cruel que puede ser Belphemon!- Gritó.

-Por qué lo sé lo permito. Esto saldrá bien.- Megidramon se enfrentó a Belphemon mientras los Digimons de los Cazadores de Virus y los Digimons de nuestros amigos eliminaban a la gran cantidad de Devidramons.

Belphemon comenzó a atacar, usaba sus enormes y afiladas garras para herir a Megidramon sin mucho éxito debido a la armadura de este, por su parte, el dragón Megido usó su afilada cola a manera de poderosa espada para clavarla en el pecho de la bestia de la pereza. En un punto de la pelea el Digimundo comenzó a distorsionarse, la tierra comenzaba a abrirse y las nubes se movían bruscamente como el viento, las dos técnicas más poderosas de cada uno de ellos chocaron en una gran explosión que elevó más arena al aire, grandes estruendos aparecieron en el cielo junto a atemorizantes rayos que caían cerca de nosotros. Intenté hacer algo pero Tai me lo impedía, con el pretexto de no permitirme lastimar a nadie más pero pude zafarme para llegar hasta Marco, evadiendo las inesperadas grietas que se hacían, Marco quien estaba con Takato me explicó que Megidramon era conocido por ser una de las encarnaciones más peligrosas del Digi-peligro, su simple existencia ponía en un grave peligro el orden del Digimundo pero aumentaba cuando Megidramon peleaba.

Takato chillaba y le imploraba a Marco que detuviese al gran dragón pero el líder del Rugido del Dragón no lo hizo, los estruendos, rayos y grietas eran cada vez más constantes poniendo en peligro la vida de casi todos, sin embargo Belphemon seguía peleando con Megidramon. Una voz peculiar me hizo girar la cabeza. Si bien era complicado y extraño conversar con el alma de alguien, ver el cuerpo de Max moverse y hablar era aun más raro.

-Tienes que hacer algo.-Dijo mirando detenidamente la pelea. –Los Digimons se agotarán y no podremos defender nada.

-Intento hacer algo, Seraphimon y Cherubimon pueden detenerlo pero faltaría Ophanimon.- Max me miro fugazmente. –Ella está…

-Viva, no tienes por qué decirlo. Ten, al momento de nuestro encuentro esto apareció en mi bolsillo.- Max me había entregado la pequeña arma de Anna le entregó a Max en el infierno. –Parece que cuando sus almas fueron selladas en el mismo cuerpo el arma pasó a mí ya que le fue entregada al alma de Max. ¿Complicado, cierto?

-Bastante, desgraciadamente yo no puedo aceptarla. Esto fue un regalo de Anna para ti y sólo contigo funcionará.- Le dije rechazando el arma.

-Yo no soy él, no puedo hacer nada y como su alma está en ti… quizás puedas hacer algo.- Lo mire dudoso, lo que había dicho podía ser cierto, sin embargo no estaba convencido. –Sólo tiene dos balas, dale en el pecho.- Me miro sin expresión alguna, sólo pude atinar a asentir. El señaló como único objetivo a Megidramon y Takato no lo pasó por alto.

-¡No permitiré que le hagan daño!- Gritó poniéndose en frente. –Dispárame- Dijo con lágrimas en los ojos. -¡Hazlo!

-Max…- Max embistió a Takato cayendo ambos en el suelo. –Lo lamento pero la existencia de los demonios no afecta al Digimundo como Megidramon.- Marco no me miraba, su vista estaba fija en la batalla entre esas dos grandes bestias. –Marco…-Le llamé al momento de encañonar a Megidramon. –Si no me equivoco, esta arma es uno de los objetos creados por los cuatro grandes dragones.

-Si es así, no le harás daño a Megidramon.- Marco miró a Takato que pataleaba en el suelo. –Pero la bala es una de plata, las que según los textos antiguos alberga a un Caballero Sagrado.

-No saldremos de dudas hasta comprobarlo, lo siento Takato.- Disparé en el momento donde Megidramon estaba más quieto, la bala salió del arma dejando atrás una especie de camino de luz y desapareció cuando impactó en el pecho del dragón. –Eso… será suficiente.

La bala penetró sin problemas la armadura del pecho de Megidramon quien cayó al suelo después de impacto, Belphemon estaba listo para eliminarlo con sus garras pero Seraphimon y Cherubimon lo detuvieron. Takato derramaba lagrimas de dolor, cuando Max lo soltó Takato corrió hasta darle encuentro al cuerpo sin vida de Megidramon. Belphemon seguía luchando contra mi Digimon y el de Willis. Takató gritó lastimosamente, luego comenzó a llora en el brazo del ya muerto dragón Megido.

-Lamento eliminar a tu mejor arma.- Le dije a Marco, el sólo rió y me sugirió que continuara observando. Un pequeño destello logré ver donde estaba Takato, Marco dijo que el sello se había quebrado. El pecho de Megidramon se abrió y una luz brillante cubrió todo su cuerpo y poco a poco fue liberando datos que iban ser recogidos por los Cazadores peo no se elevaban, los datos se fueron juntando nuevamente para al fin dar nacimiento a un nuevo cuerpo en forma de caballero medieval con capa.

-Gallatmon, uno de los perdidos Caballeros Reales.- Soltó Marco, se dio la vuelta y me miro con mirada relajada. –Ahora ya te puedes encargar de él.- Caminó hasta llegar con los demás.

-Es hora de usar eso de nuevo.- Dijo Max

-La última vez sentí como el poder de la oscuridad se apoderaba de mi cuerpo, por suerte logré romper la conexión antes de que algo malo pasara.- El me miró de arriba abajo.

-Los llevas contigo, debes de hacerlo.- Se limitó a decir.

-Esta vez será distinto.- Respondí. Gallatmon ataco sorpresivamente a Belphemon con un gran rayo proveniente de su escudo. Belphemon cayó a causa del poderoso ataque pero aun logró levantarse, su ira aumentaba y los Digimons estaban cansados. Sólo Gallatmon podía darle pelea pero por proteger a Takato fue herido.

-En ese caso…- Max me quitó la Dark Sevens que tenía guardada en mí bolsillo. –Yo también tengo uno de esos Rosemon's Lure.

-Las Sevens sólo funcionan con alguien que posea un sentimiento fuerte… regrésamela.- Se negó a mi petición, decidí dejársela ya que nunca pasó por mi mente que él pudiera usarla pero desgraciadamente estaba equivocado, cuando vi ese sello de luz formarse bajo sus pies Tipo Sakura Card Captor trague saliva. Bien usada la Dark Sevens destruye los datos de cualquier cosa en el Digimundo, Max apuntó con aquel objeto a Belphemon. Era imposible fallar. –Dale de una vez.- Dije desesperadamente. Él me miró y por unos pocos segundos noté un brillo peculiar en sus ojos.

-¿Lo has visto?- Me preguntó el alma de Max quien también se había percatado de lo mismo. –Es como si tuviera alma propia.

-Lamento desilusionarte pero parece que tiene alma propia.

-¿A qué te refieres?- Max sonó espantado, eso sería un problema para él ya que si su cuerpo desarrollase un alma él no podría regresar. El cuerpo de Max estaba firme, de un momento a otro un destello rojo salió de la Dark Sevens y fue a dar al cuerpo de Belphemon pero sorprendentemente no lo eliminó, simplemente cayó al piso para que segundos más tarde Gallatmon disparara su Ejecución final y acabara con el Demonio de la pereza.

Destruirlos era cada vez más sencillo pero ese rastro que dejaban tras su muerte era lo que nos dejaba preocupados. El sello en forma de luna que había dejando Lilithmon y el de Belphemon que mostraba a Marte. Destruir a los demonios para batallar con algo desconocido pero seguramente poderoso.

Después de reagruparnos y ver los daños, los más afectados fueron llevados a observación para poder curarse. Mi hermano estaba agitado.

Nuestra vida después de enterarnos de su estado ha sido complicada pero no imposible, estar lejos de él y pensar las cosas malas que le pueden pasar por su terquedad me intranquilizan. Por suerte no tenía ninguna herida, apenas leves rasguños, nada de gravedad pero por su parte, Tai y los demás tenían heridas un poco más profundas.

Los Cazadores de Virus ya habían visto de qué lado estábamos, nos costó la amistad de nuestros verdaderos amigos pero era necesario. Ahora ellos confiaban en nosotros. Después de curar las heridas de nuestros Digimons ordené que esperaran. Debía de hablar con Max sobre un importante asunto, algo que nos involucraba. El chico era completamente distinto cómo lo conocí, recordé instantáneamente el brillo de sus ojos antes de efectuar el ataque.

-Regrésamela.- Ordené cuando lo vi

-Es poderosa, desde el momento en que te vi usándola supe que esto es algo de extremo peligro. ¿Qué te hace pensar que te la regresaré?- Me preguntó ocultando su rostro al darme la espalda.

-El conocimiento de tu alma.- Se quedó sin habla, por dentro Max me preguntó a lo que me refería pero el otro Max lo iba a contestar. –Sabes a lo que me refiero.

-Yo- Titubeó un poco, su frialdad se había desvanecido –No sé cómo pasó, sin embargo no estoy dispuesto a continuar con esto. Lo lamento- Ocultó su mirada al pasar a mi lado pero le sujeté la mano, las cosas aún no quedaban claras y necesitábamos respuestas.

-Lamento retenerte a la fuerza pero es crucial saber la verdad.- Estrujé un poco más fuerte.

-Me lastimas- Dijo, lo solté y se me puso en frente. -¿Qué clase de loca vida estamos viviendo?- Me pregunto con la mirada firme en mi. –Somos ya tres que sienten algo especial por ella.

Lo había dicho, con él tiempo ese cuerpo sin alma comenzó a interesarse más y más por ella. Mantuvo la promesa de cuidarla del peligro, eso fue lo que principalmente lo mantuvo de pie durante más de tres días, pero como era de esperarse, él comenzó a desarrollar sentimientos profundos hacia ella. Eso lo llevo a experimentar sentimientos y con ellos un alma propia. Era estúpida la idea, pero eso no le quitaba la posibilidad de ser cierto.

-Lamento haberlo dicho en un momento como este pero debía de salir, no soporto más el teatro de aparentar ser una persona que no soy.- Apoyó su mano en mi hombro y bajo la cabeza –Al principió era distinto pero ella me hizo cambiar.

Quité su mano y le abofeteé

-Lamento haberlo hecho, pero no seas tan dramático. Así era…- Antes de terminar recibí de su parte un golpe más fuerte.

-No vuelvas a tocarme- Dijo seriamente. –Podré haber cambiado pero no por eso permitiré que me hagan lo que plazcan, las apariencias en gañan. No por estar en su cuerpo signifique que soy igual a él.- Se alejó dejándome con la mejilla roja y sorprendido.

-Tengo la culpa- Dijo Max –Al momento de separarlo dejé algo de mí en él, un recuerdo de mi niñez.

-Eso significa que tendremos problemas. Ahora será más complicado que regreses a tu cuerpo, "él" es alguien ahora.- Contesté mientras me marchaba del sitio.

Cuando llegamos a la base de los X-Angels me dirigí a la cámara de abajo cuidando que nadie me siguiera. Al momento de entrar me despojé de mi uniforme, comencé a azotarme. Mis leves quejidos de dolor eran ahogados por las gruesas paredes.

La sangre caía gota a gota al suelo, los golpes eran tan intensos que ya me habían desgarrado la carne. Poco a poco y sin miedo a admitirlo, el dolor pasó a último término dándole paso a una sensación de satisfacción completamente distinta, el dolor había desaparecido y en su lugar con cada azote el placer estremecía mi cuerpo.

-Kari.- Dije dando el último golpe.


Bien, ¿Qué tal? Sé que es tarde para actualizar pero entiéndanme que las vacaciones fueron muy exhaustas, descansé bastante pero el desgaste físico y emocional eran del diario. Espero que les guste este nuevo capitulo, ya estamos por terminar el fic después de unos 3 años, creo. Gracias a todos lo que siguen leyendo mis fics, los que comentan, agregan a favoritos y le dan manita arriba… ah! Pero no es facebook verdad? Jaja Cuando termine con este fic prometo seguir con los otros. Gracias.