24.

Abrió los ojos en cuanto la tenue luz del sol se filtró por las cortinas, dándole en sus párpados con suavidad debido al color que habían escogido entre los dos: anaranjado.

Los rayos solares traspasaban esa cortina naranja intenso con una suavidad agradable pues el astro parecía conocer perfectamente quienes se encontraban viviendo allí y parecía querer acunarlos con su tonalidad envolviéndolos con su color.

Osomatsu por fin decidió que era momento de levantarse, pues aunque fuera domingo y fuera su día de descanso debía preparar la comida para cuando ella llegara.

Y su rutina de los domingos comenzó.

Llegó a la cocina, manipuló algunas cosas y empezó a pensar en cómo le iba a cada uno de sus hermanos. Todomatsu lo había visitado el día anterior con su novia, una mujer madura y responsable mucho mayor que él pero que seguía conservando su juventud. Se llamaba Osoko y a cada rato estaba pendiente del menor, lo que le había quitado una gran preocupación de encima a Osomatsu.

Totty estaba en buenas manos.

El mes anterior lo había visitado Karamatsu, quien sí le había angustiado un tiempo debido a que se había estado metiendo con pandillas y cosas turbias, pero ahora que había conocido a una chica llamada Todoko un poco más joven que ellos estaba cambiado para bien. Habia vuelto a encontrar el camino.

Jyushimatsu se había despedido de él la semana anterior porque se habia ido unos días a la ciudad de esa chica que tantos sentimientos le había despertado. Gracias a sus ahorros continuos había podido juntar suficiente (y un poco más) para quedarse una pequeña temporada. Osomatsu estaba seguro que volvería con ella.

Ichimatsu trabajaba arduamente con Chibita y Osomatsu aún no podía distinguir si acaso entre ellos algo estaba empezando a nacer. Pero lo que sí podía asegurar era que estaba más feliz.

En cuanto a Choromatsu... hacía mucho que no lo veía y se preguntaba qué sería de su vida. Había puesto la comida al fuego justo cuando ese pensamiento cruzó su mente y en el mismo instante la voz de Totoko anunciando su llegada lo despabiló.

Eso era extraño... ella nunca llegaba tan temprano.

Fue a recibirla y grande fue su sorpresa cuando la vio cansada, como si se sintiera mal y mareada, apoyándose en el brazo de Choromatsu que la ayudaba a mantenerse de pie.

Osomatsu pestañeó antes de reaccionar e ir con ella, abrazándola.

Claro que la presencia del tercero lo había shockeado, pero no podía evitar preocuparse por su esposa.

—¿Estás bien? ¿Qué pasó?—empezó a preguntar, mirando preocupado a su hermano que solamente le sonrió con ternura. Eso lo desconcertó aún más y apretó el abrazo sobre Totoko.

—Al fin haces algo bien, Osomatsu-niisan—dijo Choromatsu, palmeando su hombro en un gesto de felicitación y como si no hubiera sido suficiente obvio lo confirmó con palabras: —. Felicidades.

—¿Qué…? ¿De qué hablas? ¿Qué pasa, Totoko? No me preocupes…—Pero la sonrisa que había en los labios femeninos lo hizo callarse. Los ojos marrones de Totoko se alzaron hacia él y Osomatsu los encontró cristalizados—Totoko, ¿qué…?

—Comencé a sentirme mal en el trabajo y entonces una compañera me llevó en su auto al hospital. En el pasillo me encontré con Choromatsu-kun que había ido a retirar unos estudios y él se quedó acompañándome—Osomatsu agradeció no solo que ella empezara por fin a explicarle, sino también que su hermano la hubiera auxiliado—. Y cuando el médico me atendió comenzó a hacerme preguntas que solo podían apuntar a una cosa.

Osomatsu tembló, agarrándola con más firmeza si es que podía. Nervioso. Preocupado.

—¿Qué? ¿Qué cosa? ¿Qué pasa?

Totoko rió, conmovida por su preocupación. La enternecía tanto que no podía contestarle.

—¡Totoko! Por favor dime, ¡no entiendo! ¡Choromatsu!—Miró al menor en busca de alguna explicación y pudo percibir por primera vez, orgullo y satisfacción en esos ojos verdes.

—Vas a ser papá, Osomatsu-niisan. Felicidades.

La mirada de Osomatsu se cristalizó y su corazón se encogió de felicidad.

No había duda alguna de que la familia volvería a reunirse una vez más. Y no solo eso, sino que se agrandaría… como el amor en todas sus formas.