Capítulo 25: "Como si un interruptor hubiera chasqueado en alguna parte"
Resumen:
Parte 2: Mulder intenta alejar a Scully de su vida, pero ella no se va a ir a ninguna parte, no sin dar pelea antes.
Este capítulo contiene material sexualmente explícito.
Notas:
Active Child (feat. Ellie Goulding) - "Silhouette"
Giving this world everything I've got
Running through the woods
Running through these shots, trying to survive a day
And all I want is that you extend your hand to me
Sitting outside waiting for the world to come
Living my life trying to do what's right
In the hope of a better day
And all those words you wrote me brought me to my knees
But all that I'm saying is
You, you'll never be alone
You, you'll never be alone
You, to be alone
You, hope you find your way home
Sitting outside waiting for the world to come
Living my life trying to do what's right
In the hope of a better day
And all I want is that you extend your hand to me
Show me where it hurts
Will you make it okay?
Tell me that you'll stay
Even when I'm far away
My voice will carry through
Until the end it's me and you
We can make it if we try
But all that I'm saying is
You, you'll never be alone
You, you'll never be alone
You, to be alone
You, hope you find your way home
You're never gonna be alone
You're never gonna be alone
Mulder caminó hasta el sofá, entregándole la taza a Scully. Ella sonrió y le dio las gracias. Se sintió aliviado al ver que había dejado de llorar. Se sentó en el sofá, y Scully se sintió decepcionada al ver que se había sentado casi fuera del alcance de su brazo. La observó beber el té caliente, ella suspiró con satisfacción, la infusión había entibiado su interior y calmado su mente. Cuando terminó de beber toda la taza, dejando sólo el sedimento, sus ojos ya no estaban inyectados en sangre y las manchas rojizas por la emoción habían desaparecido de su rostro.
- ¿Qué dijo el Dr. Parenti, Scully?
- No quiero hablar de eso ahora, Mulder. - Giró para mirarlo y se encontró con su ceño fruncido y la expresión preocupada. - ... Lo siento, Mulder... Te prometo que voy a decirteló, pero... mañana o dentro de un par de días... Es sólo que no quiero pensar en eso ahora... No quiero pensar en nada hoy...
Él asintió con la cabeza.
- ¿Cómo estuvo lo de Pittsburgh? - Preguntó Scully.
Oh Dios. ¿Por qué se lo recordaba? - Uh... fue horrible, pero atrapamos al tipo... Scully... - Le sonrió. - No quiero hablar sobre eso... Me gustaría olvidarlo, en realidad.
- Lo siento por sacar el tema. - Suspiró, dándole una mirada comprensiva. A ella también le gustaría olvidar esos 27 muertos. Los hombres, mujeres y niños que habían sido encontrados en Virginia, víctimas de un líder de culto megalómano.
- Está bien, Scully. - Vamos, pedazo de mierda sin valor. Di tu parte y acaba de una vez.
Ella le sonrió y dijo: - Gracias por el té, Mulder. - Dejó la taza vacía sobre la mesa de café.
Mulder asintió, se inclinó, poniendo los codos en las rodillas, y se miró las manos entrelazadas. Los ojos de Scully volaron a su postura, sabiendo muy bien que significaba: La conversación estaba a punto de volverse incómoda. Se movió en el sofá, acercándose a él, se acomodó contra el apoya brazos para enfrentarlo, con la pierna derecha doblada bajo su cuerpo y la otra cubriéndola, su pie izquierdo apenas tocaba el suelo.
Él cerró los ojos y tragó saliva. No podía hacerlo, no podía. No podría vivir sin ella. Maldito pedazo de mierda. Egoísta hijo de puta. Le debía todo, y podía comenzar a devolverle algo dejándola ir.
Mulder suspiró. - Scully... Estuve pensando mucho sobre algo, no sólo esta noche o las últimas dos semanas, llevo dándole vueltas al asunto desde hace varios meses, la verdad...
Lo miró fijamente. Los azules ojos se volvieron de repente enormes, la boca entreabierta, y su estómago se retorció formándole un nudo de miedo. No le gustaba el tono de voz de Mulder. No le gustaba su postura, y el hecho de que estaba hablando con sus manos y no la miraba a la cara. No le gustaba a dónde se dirigía esto. En su experiencia, cada conversación que había comenzado con: "Estuve pensando mucho sobre algo" nunca, nunca terminaba bien. De repente tuvo la abrumadora sensación de que estaba a punto de ser objeto de descarte. ¿La estaba desechando? Esa sensación no la experimentaba desde la secundaria.
- Scully... te mereces una vida real. Te mereces ser feliz. Mereces la exitosa carrera que siempre quisiste, la que tu familia siempre quiso para ti. Mereces una gran casa en Fairfax o en Falls Church, con el resto de las familias acomodadas. Mereces tener un matrimonio amoroso con un marido éxitoso y respetable, y con la cantidad de hijos que desees. Esas cosas... te fueron sustraídas: tu oportunidad de ser madre, tu hermana, tu salud, tu seguridad. Todos fueron sacrificados por mí culpa, por mi trabajo, mi búsqueda, o cómo quieras llamarlo. No puedo dejar que lo hagas más. Llegó el momento de parar.
- Mulder...
- No, ya me hice a la idea. Se terminó tu estadía en los X- Files, Scully. Lo primero que voy a hacer el lunes por la mañana es hablar con Skinner. Y entonces podrás hacer lo que quieras. Volver a Quántico, o empezar a practicar la medicina. Estoy seguro de que cualquier hospital del país caería de rodillas por contratarte.
- Mulder...
- Todavía no terminé, Scully... No logré nada, pero te arrastre hacia abajo. Mira las vidas de tus hermanos con sus esposas, mira a sus hijos. Esa podría haber sido tu vida también. Recuerda tu vida y las expectativas que tenías cuando entraste a mi oficina el primer día. Dios, Scully, sólo tenías 29 años. Mira toda la mierda que te pasó desde entonces. Me da asco. Me enferma. No tenía derecho a involucrar a otra persona, para ponerla en peligro durante estos años y que acabara sin nada. ¿Encontré a mi hermana? ¿Qué logré, exactamente? Nada que valga lo que sacrificaste. Te hice pasar un infierno, Scully. Hice a tu familia vivir un infierno. Tu vida hubiese sido mucho mejor si ni siquiera me hubieses conocido. Así que... estoy trazando la línea aquí, Scully. Se acabó. Ve a ser un médico. Ve a vivir tu vida. Encuentra un poco de felicidad. Eso sólo sucederá si te mantienes tan lejos de mí como sea posible. Quiero morir.
Ella parpadeó para contener las lágrimas. - ¿Si ni siquiera nos hubiésemos conocido? - ¿Qué habría sucedido si nunca la hubiesen asignado para trabajar con él? ¿Dónde estaría ahora? Aún podría estar en el FBI, o quizá no. Podría estar trabajando en un hospital, o tener su propio consultorio. Podría haber encontrado un hombre, en algún lugar, con el que finalmente se permitió permanecer por más de un año, y tal vez habría superado su miedo al compromiso, estableciéndose en los suburbios y con algunos niños. El solo pensamiento la horrorizó.
Mientras lo miraba sentado allí, inclinado y con los codos apoyados en las rodillas, cayó en la cuenta de que ni una sola vez, durante todo ese discurso, sus ojos dejaron sus manos. Scully conocía a Mulder lo suficientemente bien como para saber que si todo lo que decía hubiese sido real y verdadero, se lo habría dicho directamente a la cara, como aquella noche en su apartamento cuando le gritó sus razones para mantener sus óvulos alejados de ella. Él la había mirado a los ojos y dicho la verdad. ¿Qué era lo que no le estaba diciendo? ¿Qué estaba escondiendo? ¿Cuál era la razón por la que le hablaba a sus manos y no podía mirarla a los ojos? Pero... ¿qué era? Estaba decidida a averiguarlo.
- Mulder... tienes razón.
Él cerró los ojos con fuerza. La había perdido. Se estaba terminando, ahora. El hecho estaba consumado.
Scully miró las manos de Mulder apretar los puños. Sabía que iba en la dirección correcta.
- Podría haber tenido un marido. Tal vez él sería un médico, o algún funcionario o agente de la policía o del FBI, tal vez un corredor de bolsa o un político. Podría haber tenido la gran casa del millón de dólares con una valla de estacas blanca, un montón de niños, y un perro. Podría haber tenido la vida que mi familia quería que tuviera, la vida que siempre había esperado tener. Podría haber sido feliz, aunque eso no suceda siempre con los matrimonios y las familias, ¿verdad? Pero, eso sí, podría haber sido madre, pasando los años amando y cuidando a mis hijos. Y todo eso me fue sustraído en el momento en que quedé bajo tu cargo hace más de seis años. Es verdad, perdí un montón de cosas.
Mulder sintió como su corazón se trituraba en un millón de pedazos. Quería morirse... quería morirse.
Scully lo observó mientras le decía todo eso. Todavía estaba inclinado, seguía sin mirarla; ni una vez había separado la mirada de sus manos. Sus cejas se fruncieron, los ojos cerrados, oprimiendo los puños, con la mandíbula apretada. ¿Cómo podría hacerle entender, sin avergonzarse a fondo o sin decir algo que no debía? Algo como: "Te amo" Uf, no podía. Esas palabras ni siquiera lo cubrirían... de todos modos...
- Mulder...
Mulder empezó a sentir pánico. Tenía que salir de allí.
- Mulder, mírame. - Los ojos de Scully se llenaron de lágrimas, su voz quebrada.
Suspiró, y luego se enderezó, abrió los ojos, y se volvió para mirarla. Scully pudo ver que sus ojos brillaban con lágrimas contenidas. Mulder pudo ver que lo estaba mirando ferozmente, como si deseara mantener el contacto visual; deseando entender, creer en lo que iba a decirle.
- No cambiaría los últimos seis años contigo por nada. Ni por otros seis años en algún lugar mejor. Mulder... no te cambiaría por la casa más grande, por el barrio más exclusivo, por el trabajo con mejor paga, o por el mejor esposo.
Él la miró parpadeando. ¿Qué estaba diciendo?
- Mulder... yo no te cambiaría ni por una docena de niños.
La miró fijamente. ¿Qué... qué acababa de decir? Mulder vio algo en los ojos de Scully, en su cara. ¿Deseo? ¿Afecto? ¿Ambas cosas? Sus ojos suplicaban por él. No podía creer lo que estaba viendo. Pero esto era exactamente lo contrario de lo que estaba tratando de hacer. Él estaba tratando de hacer que lo dejara. No que deseara quedarse. Pero... ¡oh Dios! ella seguía mirándolo de esa manera...
Scully vio la misma mirada en su rostro que había tenido cuando le dijo: "Sí" a su petición sobre ayudarla a quedar embarazada. Sus ojos se llenaron de ternura, y su rostro se suavizó. Vio algo en sus ojos, pero no pudo definirlo. Su rostro... él la miraba como... de una manera que no sabía cómo detallar. Nunca la había mirado así antes, esto era algo nuevo para ella. Se dio cuenta de que su respiración se había acelerado gradualmente y sus pupilas se habían dilatado ligeramente.
En ese momento Dana Scully descubrió tres cosas:
1) Tenía que dejar claro que de ninguna manera, forma o proceder Mulder nunca jamás podría deshacerse de ella.
2) Mulder nunca iba a ser el primero en actuar sobre los sentimientos e impulsos y estaba perdiendo el tiempo esperando a que lo haga; definitivamente tenía que ser ella la que diera el paso.
3) Finalmente podría tomar coraje (grow a spine) y enfrentarse a lo que deseaba e ignorar esa voz en su cabeza que siempre le decía que Mulder no tenía sentimientos por ella más allá del amor platónico o la amistad. O podría terminar siendo una vieja amargada mirando hacia atrás, hacia esta noche, deseando haber sido más valiente.
Y en ese momento, Dana Scully tomó una decisión fácil. Pateó el suelo con su pie izquierdo, levantándose por encima del cojín del sofá con su rodilla derecha, y se lanzó hacia delante, hacia Mulder, aterrizando en su regazo a horcajadas.
Los brazos de Mulder habían llegado instintivamente al cuerpo de Scully, como si estuviera tratando de llegar a atrapar una pelota de baseball volando hacia su rostro. Y antes de que realmente pudiera comprender lo que estaba pasando, Scully estaba pegada a él y su boca estaba en la suya, moviendo suavemente sus labios contra los suyos. La abrazó contra su cuerpo, y luego poco a poco comenzó a devolver el beso.
Scully suspiró en su boca, moviendo las manos hacia el pelo de Mulder, esto lo llevó a envolverla con sus brazos, de manera más apretada, subía y bajaba sus manos alrededor de su espalda, presionándola contra su pecho. Él estaba tratando de convencerse a sí mismo mientras mordía sus labios que esto era una mala idea, que podría ser un gran error, pero su cerebro se había transformado en algo borroso y cada reprimenda mental, era rechazada por el movimiento de sus labios suaves contra su boca. Y cuando Scully usó la lengua, rozando lentamente el labio inferior de Mulder, su sexo se endureció apretándose contra la ropa interior y él gimió, abriendo su boca ligeramente, permitiendo que su lengua entrara.
Sus besos se intensificaron cuando la lengua de Scully encontró la de Mulder, y sus manos pasaron de la espalda a sus caderas, su miembro chocando contra ella, colisionando en el interior de sus jeans contra la entrepierna de su compañera. Pronto tuvieron que separarse para poder respirar. Ella apoyó la frente contra la suya, jadeando, mientras seguía moviéndo sus caderas contra él, buscando un poco más de fricción al sentir su clítoris despertar.
Él comenzó a entrar en pánico. No deberían estar haciendo esto. ¿Qué significaba esto? ¿Que estaba pasando?
- ¿Mulder? - Susurró Scully. Iba a hacerlo. Tenía que ser la que actuara dando el 1er paso. Mulder nunca lo haría.
- ¿Hmm? - Dijo en voz baja, todavía jadeando.
- Quédate conmigo esta noche.
Oh Dios mío. Esto no puede estar pasando.
- Mulder, dijiste que te quedarías el tiempo que quisiera... - Ronroneó, continuando el balanceo de sus caderas contra las suyas. Ambos estaban empezando a arder, su clítoris volviendo a la vida y su sexo ahora completamente duro, abultando sus jeans. - Y quiero que te quedes conmigo esta noche... toda la noche.
Él se la quedó mirando, respirando pesadamente. No sabía qué decir. No podía creer que ella realmente quisiera esto. Bueno, acababa de decir "esta noche". Puede que sólo fuera cosa de una sola noche. Oh Dios. No sabía cómo sentirse respecto a eso. Esto podría arruinarlo todo. Pero... ¿no estaba tratando de terminar su sociedad? Debería haber sabido que eso era algo imposible. Y había estado preocupado por si la IVF se interpondría entre ellos. Esto sin duda lo haría. ¿Pero no era lo que quería? ¿Lo que había soñado? ¡Podría terminar tan mal! Pero... oh Dios, quería tanto coger con ella.
Scully miró sus pupilas dilatadas, vio que el verde de sus ojos se había oscurecido a un tono verde bosque o tal vez musgo oscuro, y manchas doradas en sus iris. Podía sentir su corazón latiendo contra su pecho. Se retiró de su regazo, colocándose de pie delante del sofá. Se alisó la camisa negra sobre su abdomen, y lo miró, sentado en el sofá, respirando pesadamente con su sexo erecto sobresaliendo de su regazo. Continuaba mirándola, con los ojos muy abiertos. Ella pudo adivinar que su mente estaba en marcha.
Scully le tendió la mano.
Mulder suspiró y extendió la suya para tomarla de la mano. Cuando se puso de pie, ella giró y, sosteniendo su mano todo el camino, lo llevó a través del pasillo, más allá de la puerta cerrada de la habitación de invitados y el baño, hasta cruzar la puerta abierta de su dormitorio. La habitación estaba a oscuras, pero sus ojos se acostumbraron a ella, la habitación parecía lo suficientemente bien iluminada por la luna y las luces de la ciudad.
Scully cerró la puerta de su dormitorio, y se volvió hacia Mulder. Caminó hasta él mirándolo a la cara, deslizó sus brazos alrededor de su cintura, hasta la espalda, presionando sus pechos y abdomen contra su cuerpo. Levantó la mirada hacia su rostro, y él se inclinó para besarla, sus brazos serpenteando alrededor de su espalda. Cuando sus labios tocaron los suyos nuevamente, Scully sintió nuevas oleadas de deseo acumulándose en su centro. Comenzó a retorcerse contra él, necesitando algo de alivio.
Pero entonces, Mulder, se llenó de dudas e inseguridades. Casi todas las noches en sus sueños, sostenía a Scully en sus brazos y la complacía. Sabía exactamente qué hacer y cómo hacerlo. La hacía gemir hasta acabar. Pero esos eran sólo sueños. Sabía que la realidad era muy diferente; podría ser dolorosamente, vergonzosamente diferente.
- Scully... - Murmuró, separándose del beso y jadeando contra sus labios.
- ¿Qué, Mulder? - Respondió, también respirando con dificultad, lo miró a los ojos, pero él desvió la mirada.
Mulder sintió que la inseguridad comenzaba a aplastarlo. - Um... No hice esto en un tiempo muy largo y, uh...
Ella le dedicó una pequeña sonrisa y se encogió de hombros. - Yo tampoco.
Él resopló. - Sí.
Los ojos de Mulder volaron hasta Scully, y se dio cuenta que ella realmente lo deseaba. Esto era algo que quería. Algo que ella necesitaba. Y podía dárselo. Su compañera lo había querido antes, pero había terminado cogiendo con el jodido Ed Jerse sólo porque él no podía mantener la cabeza fuera de su culo. Probablemente hubiera cogido con el jodido Padgett también, si no hubiera intervenido. Y esos hijos de puta habían tratado de asesinarla después. Mulder de repente quería hacer esto, realmente quería hacer esto. Empujó todos sus miedos persistentes, las dudas y las inseguridades lejos de él. Empujó todas las razones por las que no deberían estar haciéndolo. Él iba a coger con Scully. Ella lo necesitaba. Iba a hacerla sentir bien. Podía hacer eso.
Y llevó su boca sobre la de ella, besándola lentamente, pero con pasión, registrando mentalmente la suavidad de los labios de Scully y la firmeza de su lengua contra la suya. Para sorpresa de Mulder, se encontró con que no tenía prisa. En todas sus fantasías y sueños con Scully, la besaba de manera desaforada y un agudo sentido de la urgencia, donde frenéticamente arrancaban sus ropas y se tocaban a tientas en la oscuridad, empujando y colisionando como si sus vidas dependieran de acabar tan pronto como fuese posible. Pero ahora, esa noche, de pie en ese dormitorio a oscuras, no había urgencia. No tenía ganas de correr. Mulder quería que esto durase el mayor tiempo posible. No quería que terminara tan pronto como había comenzado.
Mulder giró sin soltarla, y la hizo caminó hacia atrás hasta que la parte posterior de los muslos femeninos golpearon la cama.
- Sube a la cama, Scully. - Susurró, mirándola fijamente, con los párpados pesados.
Scully sintió que su clítoris latía al escuchar sus palabras, una nueva ola de la humedad se derramaba en su centro. Se sentó en la parte superior de la colcha, Mulder la sostenía por las caderas mientras se arrastraba hacia la cabecera. Se acostó sobre su espalda, y él subió, acostándose de lado junto a ella, sosteniéndose a sí mismo con el antebrazo. Envolvió su cintura con el otro brazo, y la giró levemente para mirarla, mientras empujaba su pierna entre las de ella, acomodándose contra su centro. Scully se revolvió contra su pierna. Mulder sonrió, antes de inclinarse una vez más devorando sus labios.
La mano de Scully fue hacia el cabello de Mulder, mientras su otra mano se deslizaba dentro de su camiseta, lo acariciaba lánguidamente con sus dedos arriba y abajo por la espalda. Podía sentir su erección empujando su cadera. Luego puso su otra mano en el dobladillo de la camisa y se la quitó, junto con su camiseta blanca, en un solo movimiento. Sus labios se encontraron de nuevo, y ella envolvió sus brazos alrededor de su espalda desnuda, pasando los dedos arriba y abajo por su piel. La cabeza de Mulder estaba volando y su sangre hervía. No quería darse prisa, pero Scully estaba balanceándose contra su muslo.
- Mulder... - Gimió. Su clítoris palpitaba de forma insoportable, necesitaba desesperadamente un poco de alivio.
Él nunca pensó escuchar un sonido así viniendo de Scully. Su ingle se apretó aún más contra su ropa interior, su sexo hinchado esforzándose dolorosamente. Se incorporó un poco. Le sonrió, tomando el dobladillo de su camisa negra, tiró de ella sacándosela por la cabeza. Mulder miró su sujetador de encaje negro, y gimió con fuerza. ¿Cuántos años habían pasado desde que había visto pechos? Pechos reales en vivo.
Se inclinó, capturando su boca, y presionando su pecho contra el de ella. A pesar de su dolorosa necesidad, Scully comenzó a preocuparse. No se parecía en nada a las mujeres de la colección de vídeos de Mulder. Sus pechos eran nada comparados a las grandes orbes plantadas en los pechos de esas mujeres. Era pequeña, y con vello en el cuerpo. No se parecía en nada a esas mujeres, con senos falsos, pelo falso, uñas postizas y vaginas sin pelo. ¿Era eso lo que le gustaba a Mulder? Oh Dios. Esta era una mala idea. ¿Y si, después de esta noche, él no quería volver a hacerlo? ¿Y si prefería el porno y masturbarse en lugar de lo real? Eso era mortificante. ¿Y si ella no era lo que realmente quería o esperaba?
- Scully... - Mulder respiró ahogado, rompiendo el beso. - ¿Estás bien?
- Sí... estoy bien.
No sabía si se trataba de la verdad, o la típica respuesta Scullyliana que significaba todo lo contrario. Tal vez esto era una mala idea. Tal vez ya se estaba lamentando y arrepintiendo. Tal vez quería parar, pero se sentía demasiado avergonzada para decirlo.
- ¿Estás segura de que quieres hacer esto, Scully? - Susurró Mulder mirándola a los ojos. - Podemos parar, si lo deseas.
Ella suspiró. No quería sentirse insegura. No quería que él tuviese dudas. Deseaba que sus cerebros simplemente se apagaran.
- Estoy segura. - Susurró Scully, levantando sus dedos para posarlos en sus labios, rozándolo suavemente. - No más palabras, Mulder. Y no pensemos más.. Solo hagamos esto.
Mulder buscó su rostro, mirándola a los ojos. Vio que decía la verdad. Su boca estaba sobre la de ella otra vez, sondeó con la lengua durante un segundo hasta que ella la abrió para permitirle la entrada. Sus manos fueron a su pequeña espalda, desabrochando su sujetador. Cuando cayó por sus brazos, Scully lo arrojó al suelo.
Él presionó su pecho contra sus pechos desnudos, gimieron juntos en la boca del otro. Era tan hermoso lo que sentían. Mulder quitó la pierna de entre las de ella, haciendo que Scully hiciera ese sonido, ella estaba gimiendo de nuevo, por lo que su cerebro volvió a convertirse en papilla al oírla. Scully abrió las piernas, y Mulder se instaló entre ellas, sin dejar nunca de besarla, ella movió sus caderas contra el sexo endurecido de su compañero. Mulder no podía permitir que continuara a pesar de lo mucho que lo disfrutaba, o todo habría terminado antes de que realmente hubiesen comenzado.
Se liberó de sus labios hinchados, y se movió hacia atrás, arrastrándose mientras dejaba besos por su cuello, pechos, estómago bajando hasta sus caderas, besando todo menos su centro, haciendo que Scully se retorciese.
- Mulder... tócame... - Dijo Scully, gimiendo de nuevo. No podía creer lo que acababa de decir. Los músculos de la boca del estómago se anudaron, su voz interior luchando entre su necesidad por Mulder y sus inseguridades.
Él le sonrió. - Creí que habías dicho: "No más palabras", Scully.
Ella rodó los ojos. Mulder sonrió de nuevo, volviendo sus labios, dientes y lengua a su cuello, y luego posó sus manos en sus pechos suaves, los apretó intensamente por la excitación, reteniéndolos en las manos, rodando su pezón tenso entre el pulgar y el índice. Esto provocó un gemido gutural de Scully. Había pasado tanto tiempo desde que un hombre la había tocado así. Mulder gimió en su cuello. ¿Cuándo fue la última vez que había tomado unos pechos con sus manos? Su sexo hinchado ahora era insoportablemente doloroso. No podía seguir más a ese ritmo lento. Necesitaba hacer que Scully acabase.
En un rápido movimiento, bajó la cabeza al pecho de Scully, chupando su pezón endurecido con la boca, chasqueando la lengua hacia atrás y hacia delante, rodando su lengua sobre él hasta hacer que ella jadeara y se sacudiese. Cada movimiento de la lengua de Mulder se registraba en su clítoris, haciendo a sus caderas corcovear y retorcerse. Ella gemía mientras su boca se movía al otro pecho, continuando con sus succiones en torno a sus tensos pezones.
Mulder comenzó a besarla por su abdomen y cintura, alcanzando sus pantalones. Se sentó sobre sus rodillas entre sus piernas. Le desabrochó los pantalones, tirando de la cremallera hacia abajo con lentitud haciendo que ella jadeara por la espera, y después se desplazó de modo que ya no estaba entre sus piernas, tomó la cintura con las dos manos y tiró de sus pantalones. Miró las bragas negras, cerrando los ojos con fuerza mientras respiraba profundamente. Tuvo que reunir una enorme cantidad de fuerza de voluntad para contener las ganas, que lo desgarraban, de enterrar su sexo en su centro caliente de una maldita vez. Él enganchó los pulgares en la cintura de las bragas, y las bajó por sus piernas también.
Una vez más se movió, poniéndose de rodillas entre sus piernas. Le inclinó las piernas, sus pies se plantaron en el edredón a ambos lados de las caderas y la observó. Sus manos fueron hasta sus caderas y su cintura, acariciándola arriba y abajo por los costados. Mulder se detuvo momentáneamente en la cicatriz que había dejado la bala del Agente Ritter, y decidió que no dejaría a Scully nunca más fuera de su vista. Empujó esos pensamientos oscuros fuera de él. Desvió la mirada hacia sus pechos suaves, completos y perfectamente redondos, se estiró sobre ella hasta apretarlos suavemente y acariciarlos. Frotó las manos arriba y abajo de los muslos de su compañera. Era una mujer de verdad. Con la piel suave y lechosa. Mulder miró su centro, unos rizos castaño-rojizos cortos apenas cubrían su sexo. Podía ver su humedad brillando en la luz que entraba desde la ventana. Él gimió.
Scully se preguntó en qué estaba pensando Mulder. No se parecía a las mujeres con las que fantaseaba mientras se masturbaba mirando sus vídeos. Pero cuando ella lo miró, sus ojos le dijeron que le gustaba lo que estaba viendo. Parecía hipnotizado, acariciando la piel de su vientre, sus caderas, sus lados, los senos, las piernas. Scully estaba respirando en forma pesada de nuevo y sintió el deseo inundando de humedad su sexo.
- Mulder...
Rompió la concentración separando la mirada de su cuerpo, y la miró a la cara. - ¿Qué?
- Vamos a sacar el edredón de la cama.
Él parpadeó. - Correcto.
Mulder se inclinó hacia delante sobre Scully, y agarró la parte delantera del edredón, junto con la sábana superior, tiró hacia abajo. La ayudó, levantándola de la cintura mientras corría las mantas y ella se arrastraba hacia atrás para apoyar la cabeza sobre una almohada contra la cabecera. Se inclinó sobre ella, besándola apasionadamente, acariciando sus pechos. Scully colocó sus piernas alrededor de sus caderas, todavía cubiertas por sus jeans oscuros.
No podía esperar más. Tenía que hacer que Scully acabase. Ahora.
Cuando Mulder comenzó a dejar un rastro de besos por su cuello, pechos y abdomen, bajando por su pelvis, Scully se dio cuenta adónde se dirigía su boca. Su mente se llenó de lujuria desenfrenada, pero también lo hizo de una dolorosa inseguridad. Muy pocos de los hombres con los que había estado habían hecho esto, en parte porque generalmente, los detenía cuando lo intentaban. Era algo tan... privado. Daniel era el único al que había dejado hacerlo con algún tipo de regularidad, y eso había sido hacía mucho tiempo. Jack lo había hecho una que otra vez y no había permitido que nadie más lo hiciera desde entonces. Su cerebro le dijo que lo detuviese antes de llegar a destino, pero su clítoris palpitante anuló esa idea.
Cuando el rostro de Mulder llegó al centro de Scully, y él sopló sobre su sexo, su mente se fue nadando y se quedó sin aliento, con la cabeza gacha. Sus caderas involuntariamente se impulsaron sobre el colchón. Dios, ese olor. ¿Qué había estado pensando él para perder tantos años sin oler algo como eso? Tanto tiempo perdido.
Mulder la miró a la cara notando que había girado la cabeza hacia un lado y los dedos de su mano derecha cubrían sus ojos. No quería mirar. Él quería lograr que ella lo mirara. Quería sacarla, hacer que se retorciese y obligarla a que le ruegue chuparle su clítoris. Dios, ¿de dónde venían esos pensamientos? Calmate y enfocate .
Mulder estaba agradecido que Scully no podía leer su mente. Gibson Praise tenía razón, su mente estaba sucia. De repente, se preocupó por esa mente sucia. ¿Y si esto tenía un efecto negativo? Scully era su pareja, su compañera, no una estrella porno. No debería estar pensando esas cosas sobre ella. Era su amiga, debía respetarla y... ¿Qué sucedería si esas cosas dentro de su mente sucia, incrustadas allí por tantos años de porno en lugar de una relación sexual real, incomodaban a Scully? No pienses en eso ahora mismo. Puedes pensar en eso más tarde.
Los labios y la lengua de Mulder fueron a la cara interna del muslo de Scully, besando su pelvis. Encontró su entrepierna empapada con sus jugos, y la lamió hasta dejarla limpia mientras empujaba su sexo duro como una roca contra el colchón, sentía la presión dentro de sus jeans, haciendo un esfuerzo se lo desabrochó, bajando la cremallera, desesperado por un poco de alivio. Las caderas de Scully empezaron a oscilar, Mulder plantó sus hombros contra la parte posterior de sus muslos, manteniendo la pelvis hacia abajo con las manos. Ella puso los pies en el colchón detrás de sus brazos, pero descubrió que así no podía mover sus caderas, y comenzó a gemir de nuevo. El dolor palpitante de su clítoris era insufrible.
Él la miró, pero se encontró con que su cabeza todavía miraba la pared, con la mano sobre sus ojos cerrados. Oh, bien. Mulder acercó su rostro al calor de su centro, sus bonitos pliegues empapados en sus jugos. Su lengua se movió sobre ella, comenzando en la parte inferior de su sexo, trabajando su camino a través de sus pliegues, pero deteniéndose antes de llegar a la yema hinchada. Scully comenzó a gemir más fuerte, y luego gimió de nuevo cuando su lengua llegó a donde la quería más. Mulder miró su clítoris hinchado, y empezó a empujarla contra el colchón de nuevo.
Scully no podía dejar de retorcerse. Su cabeza le daba vueltas y su sangre estaba ardiendo, su piel se prendía fuego. Se sentía como si pudiera llorar por la insaciable necesidad, pero aún sintiendo todo eso, mantenía los ojos fuertemente cerrados y no podía mirarlo.
La boca de Mulder ya estaba en su hinchado manojo de nervios, chupando, chasqueando y rodando su lengua alrededor de su clítoris sin parar. Haciendo que ella gimiera y se sacudiera como una enajenada contra sus labios.
- Oohhh, carajoooo... - Scully gritó.
Mulder la miró en estado de shock. No sabía cómo conciliar todo lo que sabía acerca de Scully a lo que estaba sucediendo en este momento. Su pene se llenó de sangre dolorosamente por su propia necesidad. Pensó en el hecho de que ella no lo había hecho en mucho tiempo también. No quería hacerle daño. Debía mantenerla tan excitada como le fuese posible. Ese sentido de la urgencia lo golpeó.
Su boca volvió a trabajar en su clítoris mientras ella se mecía contra él, con los ojos cerrados fuertemente, y gimiendo incoherentemente. Mulder movió la mano derecha desde la pelvis, tomando su cadera más firmemente con la izquierda, y la bajó cerca de su boca. Con la palma de la mano hacia arriba insertó el índice en su sexo mojado. Scully gimió con fuerza y se retorció contra su mano. Él la miró, pero su rostro estaba todavía de lado, con los ojos fuertemente cerrados. Maldita sea.
Mulder acarició sus paredes internas, apretadas alrededor de su dedo, mientras su lengua establecía un ritmo lento contra su clítoris. Podía sentir el cuerpo de Scully tensarse y ponerse rígido. Estaba cerca. Gracias a Dios. Quitó el dedo, antes de volver a empujar dentro de ella junto con su dedo medio, curvándose ligeramente hacia arriba. Encontró el, ligeramente áspero, cojín esponjoso en su pared frontal. Comenzó a acariciar con sus dedos contra la almohadilla al mismo ritmo lento mientras le chupaba el clítoris. Cambió el ritmo y la manera de mover los dedos mientras su boca, lengua y dientes hacían maravillas sobre su sexo a cada vez mayor velocidad.
Scully sintió una increíble tensión edificándose dentro de su cuerpo, sus músculos se apretaron, y entonces estaba acabando con fuerza, moviendo sus caderas contra él, gimiendo en voz alta un discurso incoherente, sus manos volaron para sujetar la sábana ajustable, pero no pudo encontrarla dignamente. Mulder sacó los dedos de su sexo palpitante, levantando ambas manos hacia ella sin dejar de comerla con la boca, Scully se apoderó de sus manos apretándolas con las suyas, cabalgando las olas de placer que corrían por su cerebro y su cuerpo.
Cuando empezó a bajar de la cima, empujó suavemente la cara de Mulder lejos de sus super sensibilizados nervios. Él se levantó para observarla. Estaba tumbada sobre su espalda, con la cara hacia delante mirando al techo, los ojos abiertos, y con las manos en la cara, riéndose nerviosamente.
- Oh, Dios mío... Oh, Dios mío... Oh, Dios mío...
En ese momento, por primera vez desde que Phoebe Green, había salido de su vida hacía tantos años en Oxford, Mulder tuvo una "mindfuck" extraordinaria (idea o concepto que sacude las creencias o suposiciones realizadas previamente sobre la naturaleza de la realidad): Estaba realmente agradecido de que ella hubiese entrado en su vida y lo convirtiese del ingenuo chico de 22 años que había llegado a Inglaterra en ese hombre que sabía hacer muy bien ciertas cosas.
Scully, sintiéndose salvaje por la excitación y las ansias de sentirse penetrada por su compañero, se sentó y comenzó a acercarse a la erección de Mulder, que sobresalía desde el interior de sus boxer grises, sus jeans habían cedido, por todo el movimiento constante.
- ¡Scully, espera! - Casí grito estirando su mano para evitar que lo toque.
Ella frunció el ceño. - ¿Por qué?
- Porque estoy a punto de explotar, y si me tocas, lo haré, y todo esto habrá terminado demasiado rápido... Yo solo... - Mulder respiró hondo. - Sólo tengo que calmarme un poco, pensar en otra cosa durante un minuto antes de volver a ti sin hacer un papelón... estoy muy caliente, Scully... sólo dame un minuto...
Scully sonrió, mordiéndose el labio inferior, y se arrojó de vuelta a la cama sobre su espalda. Lo escuchó mientras tomaba unas cuantas respiraciones para calmarse, y luego lo vio tirar de sus jeans sacándoselos junto con sus calcetines. Mulder le llamó la atención. Ella estaba lamiendo sus labios.
- Me estás volviendo loco, Scully. - Susurró. Ella sonrió, llevando con nerviosismo el dorso de su mano derecha a la boca.
Observó el rostro de Scully mientras él se bajaba los boxer, sus ojos como platos y su boca abierta. Ella se reía nerviosamente de nuevo. Mulder deseó no haber desperdiciado tantos años sin oír ese sonido, pero rápidamente alejó ese triste pensamiento.
Se movió hacia la cama, colocándose sobre ella. Scully extendió las piernas, ubicándolas alrededor de sus caderas, y él se instaló entre ellas. Su erección congestionada pinchó su centro húmedo. Tomó otra hazaña de fuerza de voluntad no acabar con el solo pensamiento de estar allí, en su interior, donde él quería estar. Mulder se dio cuenta que no tenía condón. Normalmente, esto lo hubiese hecho entrar en pánico. En los pocos encuentros sexuales después de Diana, inclusive en su relación de cinco años con ella, nunca cogía sin condón. Nunca. Nunca había querido tener hijos, y estaba malditamente seguro que no los tenía ya que NUNCA lo había hecho sin condón. Y notó la ironía del momento, ahora, cuando más deseaba darle la bienvenida a un niño, los preservativos eran innecesarios ya que Scully no podía darle un hijo. Mulder no estaba seguro que si el dolor que sentía era por ella o por él mismo, y cuando su sexo hinchado pinchó los pliegues resbaladizos y calientes de la entrada de su compañera, oró por ese milagro.
Mulder se inclinó aún más, presionando su abdomen contra el de ella, sintiendo su piel desnuda debajo de él. Esperaba fervientemente que esta primera vez no fuera la última, pero sabía muy bien que Scully podría despertarse mañana y freak out, asustarse y hacia fuera, diciendo que todo fue un error, que nunca debería haber actuado bajo esos impulsos hormonales, y que las cosas estarían mucho mejor si fingieran que esa noche nunca había sucedido. ¿Pero eran impulsos hormonales? ¿Fue simplemente, nada más que un impulso sexual el que envió a Scully a volar sobre su regazo? De alguna manera no lo creía.
Mulder la miró a la cara, llevando su mano hacia arriba, rozando su mejilla y su mandíbula. Scully sentía que estaba buscando su mirada por algo, como una respuesta o permiso, tal vez. Sus ojos brillaban, y ella vio no sólo la excitación, sino el amor, el afecto, la devoción. Y su corazón se hinchó, se llenó a reventar.
En ese preciso momento, la otra mano de Mulder guió su sexo hinchado, palpitante de necesidad, dentro de su vagina, sus paredes húmedas saludándolo con su calor y presión.
- ¡Aahh, carajo, Scully! ... Esto no va a durar mucho tiempo.
Ella le sonrió, no le importaba. La sensación de Mulder sobre su cuerpo, su piel apretada contra la suya, su duro miembro dentro de sus paredes internas, Mulder mirándola a los ojos con cariño, todo esto estaba resultando abrumador.
Después de varias embestidas, él comenzó a gemir. Gracias a Dios, pensó Scully. Siempre le había desagradado fuertemente tener relaciones sexuales con hombres que hicieran poco más que gruñir un par de veces al eyacular. Le gustaban los hombres vocales, los sonidos de su placer siempre se registraban en su clítoris.
Los empujones frenéticos de Mulder dentro del calor húmedo de Scully buscaban el éxtasis que nunca pudo lograr en sus sueños. Mientras la miraba a los ojos, sabía que no había Fumador aquí, nadie que la llevara lejos de él, y de hecho, no había ni rastro del tipo en ningún lugar desde que llegó a casa del hospital. No había amenazas, ni susurros de actividades ilícitas, nada más que silencio. Mulder pensó que había sido una locura permitir que el miedo por ese hijo de puta le impidiera estar con Scully. Deberían haber hecho esto hacía mucho tiempo.
Podía sentir su liberación inminente; su ingle se apretó, la tensión edificando en sus bolas hasta que no pudo aguantar la presión, y Mulder comenzó murmurando un lenguaje tremendamente explícito mientras su rostro se cernía sobre el de Scully para besarla. Scully abrió sus ojos con sorpresa al escucharlo, pero le gustaba oírlo, como sus palabras estaban llenas de referencias a su cuerpo, a lo que deseaba de ella y a su nombre.
Scully sintió como Mulder empujaba los brazos debajo de ella, para apretarla más contra su pecho, enterrando una mano en el pelo, presionando su cara en su cuello mientras se movía más rápidamente embistiendo con más fuerza; ella sentía que iba a suceder otra vez, que estaba cerca también. Mulder salió completamente de ella para enterrarse con más fuerza, una, dos veces. A la tercera colvulsionó contra su cuerpo.
- ¡Ahhh! ¡Scullyyy! ¡Scullyyyyyy!
Estaba acabando con fuerza, gimiendo en voz alta, y ella podía sentir su semilla caliente inundando su vientre. Y acabó también. Su cuerpo explotó gritando su nombre, sus manos se clavaron en sus hombros mientras se sacudía y temblaba buscando su cuello para enterrar su cara. Lo abrazó con fuerza, manteniéndolo contra su pecho mientras sus cuerpos seguían aún temblando.
Y en ese momento, todo fue demasiado: el acto en sí, después de haber pasado tanto tiempo desde que lo había experimentado por última vez, el hecho de que era la primera vez que tenía relaciones desde el descubriento de su estérilidad, y que la persona con la que se estaba acostando fuese Mulder. Todo esto envió demasiadas olas emotivas a su cerebro haciendo que lo abrazara con más fuerza y llorara sin poder ni querer controlarse contra su hombro. Lloró por ella misma, lloró por Mulder, y lloró por los hijos que ellos nunca podrían tener.
Él estaba confundido y preocupado. - Scully... ¿no te lastimé verdad... o qué...?
- No. - Exclamó contra su cuello sin dejar de llorar. - Tú nunca podrías lastimarme, Mulder.
- ¿Qué puedo hacer? ¿Dime cómo puedo ayudarte? - Preguntó, sintiéndose impotente.
Scully lo empujó despacio, de modo que ahora yacían sobre sus lados, ella envolvió su pierna alrededor de su cadera, con un brazo alrededor de su cuello y el otro alrededor de su espalda.
- Sólo sostenme, Mulder. - Lloró en su hombro.
Mulder la abrazó con fuerza, sus brazos y piernas entrelazadas, mientras ella lloraba cada vez con más fuerza. Después de unos largos minutos, sus gritos disminuyeron, y él se inclinó hacia atrás para mirarla a la cara. Ella todavía estaba emitiendo sollozos, su cuerpo estremeciéndose, mientras trataba de recuperar el aliento. Mulder llevó la mano a su cara, acariciando suavemente su mejilla, secándole las lágrimas con ternura mientras le daba pequeños besos en la cara.
Scully quería decir las palabras, quería decirle: "Te amo". Pero no podía. El miedo seguía allí. Las paredes estaban todavía levantadas, y ella continuaba levantando el muro, siempre en un estado de auto- preservación. No tenía ni idea de lo que era esto que había sucedido entre ellos, o lo que significaría a largo plazo. Tal vez él no deseaba hacerlo por segunda vez. Tal vez esta era sólo una cogida por lástima. Tal vez él empezaría a tratar de empujarla nuevamente de los X- Files. No parecía que ese fuera el camino correcto ahora, con Mulder mirándola de una manera afectuosa y con sueño, con una mano en el pelo y la otra sobre su trasero. Pero Scully sabía que los hombres a menudo se iban a dormir con la felicidad post- coital, sólo para despertar a la mañana siguiente sintiéndose muy diferentes.
A pesar de las lágrimas de Scully, y lo desconocido que tenían por delante, Mulder estaba feliz, y, posiblemente, más contenido y contento de lo que se había sentido alguna vez en su vida. No tenía ni idea de lo que pasó o por qué ocurrió o si volvería a ocurrir. Sólo podía esperar y rezar para que sucediera otra vez. Y al ver a Scully sucumbiendo al sueño, Mulder sonrió, siguiéndola un segundo de inconsciencia después.
CONTINUARÁ…
