CAPÍTULO XXII
PLENILUNIO
Sesshomaru sintió las risas femeninas a su alrededor, podía percibir la presencia y el desagradable olor de aquellos extraños seres, sin embargo, no podía verlos aún. Se quedó quieto, con lo sentidos muy despiertos esperando el momento, tarde o temprano saldrían a la luz.
Y de pronto, lo percibió, percibió el sonido en el techo, alzó de forma leve los ojos, sin perder su concentración, esa alerta percepción; sabía que había más de uno. Vio tres mujeres pegadas al techo como moscas, moviéndose sigilosas y escalofriantes, esperando el instante oportuno para atacar. Y luego, una extraña respiración a su espalda, toqueteo, suaves gemidos de excitación, y una mano deslizándose suavemente, subiendo por el pantalón. Había una a su espalda y otra a sus pies, en total eran cinco. No entendía muy bien como esas dos se las habían ingeniado para acercarse así, y asediarlo de esta forma. ¡Parecían unas jodidas apariciones! Pero se quedó quieto, esperando el segundo certero, sabía que en cualquier momento las que se encontraban en el techo le saltarían a la cabeza, y las de alrededor, aprovecharían la instancia para desplegar el ataque.
Las dos mujeres retozaban con las caricias y la distracción ocular, riendo de forma traviesa con aquellos juegos de seducción. Para cualquier hombre hubiese sido muy fácil caer en aquel espectáculo, pero para Sesshomaru estos no eran más que trucos baratos y ridículos, jamás caería en sandeces tan patéticas como estas, y más si venían de estos desagradables seres que despedían este asqueroso olor que lo enfermaba.
De pronto, las dos mujeres intentaron cercarlo más, una pretendió ir por su cuello y la otra por la mano y la muñeca, al parecer con un beso inocente, pero Sesshomaru estaba perdiendo la paciencia. Y los ojos rojos se demarcaron en su mirada.
¿¡Por qué él, el Gran Sesshomaru, tenía que tolerar el acoso de estas criaturas tan repulsivas que le estaban revolviendo el estómago!?
¡Ese fue el instante certero! Mientras las otras dos marchaban sigilosas hacia su bocado, las otras tres se lanzaron en picada, y Sesshomaru con el poder de su energía sobrenatural las expulsó con furor, azotándolas contras las paredes, y derribando tabiques y paneles en el impacto. Sin embargo, algo había pasado por alto. Una de ellas se levantó con una sonrisa socarrona y se llevó una garra ensangrentada a la boca degustándola con placer, el restó se abalanzaron tratando de saborear con desesperación la sangre en las uñas de su compañera.
—¡Qué repugnante! —pensó él mientras observaba la escena. Pero… ¡Vaya! ¡Al parecer estas cosas eran bastante rápidas! Le había hecho un corte en el rostro y él ni siquiera lo había notado en el momento.
Unas gotas de sangre se deslizaron por su mejilla como si fueran lágrimas, y eso excitó más el instinto desenfrenado de aquellas neófitas. Sin embargo, esto para él había sido el límite de tolerancia.
Recogió con su dedo la sangre que se deslizada por la mejilla mientras se le abalanzaban con bestias salvajes. Estiró su dedo y materializó su látigo, en el acto le cortó la cabeza a tres, y a la cuarta le enterró su garra venenosa en el pecho, dándole un golpe certero justo en el corazón. Al parecer ese había sido el final de aquellas repulsivas bestias, pero aún quedaba una.
Sesshomaru se quedó quieto esperando el momento, al fin y al cabo, sólo había que hacer eso; el instinto salvaje y desmedido la haría salir de la oscuridad para atacar de nuevo. Y avanzó menos de un minuto cuando aquello ocurrió. Desde las sombras la cosa se le tiró encima con las garras alzadas, pero el inugami, sin moverse de su lugar, sólo necesito estirar su brazo, la agarró en el aire de la cabeza. La neófita comenzó a patalear, a dar zarpazos intentando alcanzarlo, era la misma que le había hecho el corte en la cara. Como no podía hacerlo, le enterró sus garras en el brazo. El rostro de Sesshomaru permaneció inmutable al dolor, sin embargo, su atención se desvió hacia los cuerpos de las otras mujeres degolladas, notó que de repente, de forma casi imperceptible, en los cuerpos se producían unas cortas pulsaciones nerviosas. Sintió curiosidad ante aquello, y se preguntó si realmente ese había sido el final definitivo de aquellas cosas, no obstante, se le ocurrió una idea, curvó una sonrisa macabra.
—Veamos cómo les va con el fuego. Las porquerías de cadáveres andantes se destruyen con eso ¡Jm! Probablemente con ustedes sea lo mismo. ¡Hagamos la prueba!
Expuso la cabeza de la mujer a la llama de un cirio. El cabello de encendió en un santiamén llegando al rostro, y sólo se demoró un par de segundos en hacer combustión en todo el cuerpo.
Sesshomaru siguió su camino mientras la mujer dando desgarradores alaridos corría de un lugar a otro, propagando el fuego a su paso; ardió como una antorcha a su espalda.
—¡Ahora vamos con ese maldito! —murmuró, y luego corrió con decisión por los pasillos.
Corría una brisa helada, Daniel metió los brazos dentro de la capa y cubrió su cabeza con la capucha, no entendía muy bien pero se sentía intranquilo. Observó a la reina pálida que refulgente exponía su belleza nocturna. Siempre le pareció bella pero a la vez algo escalofriante la luna llena. De cierta forma, la consideraba como símbolo de premoniciones funestas: accidentes, inundaciones, demencia, asesinatos, euforias desenfrenadas que siempre acaban mal, aquelarres y todas esas cosas; el plenilunio de las desgracias. Mientras la cara pálida y luminosa te hipnotiza con su gran belleza, las sombras se mueven sigilosas en la oscuridad en la cara oculta; ¡la luna negra!
Estaba cerca de un poblado, y al parecer era noche de fiesta, había música, luz, risas y bullicio en una casona noble a las afueras del pueblo, probablemente la casa de algún terrateniente o algo parecido. Se detuvo en el camino, observó desde la distancia, desde aquel pequeño muro que bordeaba la casa. Las siluetas de las personas de aquel jolgorio se transparentaban a través de los paneles. Observó por un momento y luego desvió la mirada, no entendía por qué pero tenía una desagradable sensación metida en la piel y en el corazón. Cerró los ojos, frunció el ceño.
¿¡Pero qué era esto que sentía!? La brisa cruda dándole en el rostro. La música estridente y las risotadas grotescas golpeándoles los tímpanos. Se imaginó los rostros de aquellas personas deformados por emociones depravadas. Volvió a abrir los ojos, se pasó la mano por el rostro. ¡Quería quitarse este desagradable sentir!
Estaba a punto de retirarse y seguir su camino, cuando el sonido de un fuerte golpe lo detuvo. Un hombre salió disparado desde el interior rompiendo las puertas correderas a su paso, otro salió de la casa con espada en mano.
—Maldito! ¡Me las pagarás! —pronunció con irritación el que había sido derribado, agarrando la espada que había caído un poco más allá. ¡Vaya! ¡Una pelea de samuráis borrachos! Pero la atención de Daniel se fue en picada hacia el brazo derecho de aquel hombre, tenía un corte en el antebrazo; estaba sangrando.
¡Y todo se detuvo, todo dejó de existir! Daniel cayó bajo el hipnotismo de aquella representación. La sangre cayendo lentamente, gota a gota, inundando la tierra, alimentando las sombras y entidades tenebrosas.
Retrocedió unos pasos, sacudió la cabeza para salir del trance.
—¿¡Qué diablos pasa conmigo!?
Y entonces se dio la vuelta para largarse de una vez. ¡Pero qué horrenda sensación y que extraña visión!
Solo caminó un par de pasos cuando sintió un fuerte golpe en el pecho, en el corazón, una punzada desgarradora, su cuerpo se descompensó y se fue de rodillas al suelo, todo le daba vueltas, su vista comenzó a nublarse y en la oscuridad escuchó un llamado, una voz lejana, ahogada…
—…Daniel…
¡La voz de Melisa! Él intentó levantarse, su vista suavemente comenzó a esclarecerse, pero aún estaba mareado.
—¡Maldición! ¿Melisa?
De repente, escuchó otra voz a su costado:
—¿Muchacho, estas bien? —Un hombre maduro con un botellón de sake en mano lo miraba con curiosidad, estaba algo borracho— Eres un muchacho, ¿verdad? ¿Por qué llevas esas extrañas ropas encima, quieres ocultarte de alguien o qué? ¡De tu novia a lo mejor! Lo típico, en noche de parranda uno siempre arranca de la mujer. Bueno, te ayudaré a levantarte ¡Si es que puedo! ¡Estoy tan borracho como tú! —El hombre le tomó un brazo para ayudarle. Daniel se levantó con dificultad, y posó sus manos en los hombros de aquel hombre mirándolo serio, de frente, como si estuviera a punto de hacerle una confesión. La vista, de repente se le nublaba, pero trataba de hacer el esfuerzo para mantener su estabilidad.
—«Las aguas fluyen… la llama arde, el aire circula, y en la tierra todo fecunda. Lo denso se hace sutil. Mi cuerpo es ligero y mis pasos son livianos» —Y luego de terminar de decir la última palabra, el cuerpo de Daniel se desvaneció de forma lenta a los ojos del hombre. El tipo quedó boquiabierto, se turbó con la situación, miró hacia un lado, hacia el otro. ¡El muchacho había desaparecido frente a sus ojos! Sin embargo, solo atinó a mirar su botella de licor, se encogió de hombros y se la llevó a la boca.
—¡Muy bien, preciosa! ¡Qué te parece si damos una vuelta por el castillo! ¡Ese maldito quiere aguarnos la fiesta! Vamos a otro lugar más cómodo donde podamos recibirlo ¡Y que se relaje un poco! ¡Vamos a ver si le cambian los ánimos luego con la sorpresa!
Tomó a Melisa en brazos. La muchacha estaba semiconsciente, no podía moverse, sin embargo, lograba escuchar los sonidos de alrededor, aún.
El sujeto abrió puertas y puertas, cruzó habitación por habitación.
—No, es muy pequeña. Esta tampoco. Esta no me gusta. ¡Ay pero que poco acogedora! Mm… Mala decoración —Y de pronto llegó a una donde en el centro había una enorme estatua budista—. ¡Ah, pero esta es perfecta! ¡Esta me gusta! —Llevó a Melisa hacia la estatua—. Bien, te dejaré aquí, quiero que recibas a la visita y las deleites con tu belleza —El sujeto la sentó a los pies, y la semirecostó, sólo para que su cuerpo no se fuera de bruces, cruzó sus piernas y apartó un poco el kimono para que quedaran al descubierto, alzó sus brazos y los acomodó para que quedaran más o menos en forma horizontal, al estilo acto de crucifixión. La miró por un momento apreciándola, y luego comentó:
—¡Perfecta! ¡Como una reina en su trono! Bien, creo que voy a echarme un rato, he bebido demasiado, estoy enguatado¹ —Y se fue a una esquina oscura de la habitación y se sentó—. Creo que se me anduvo pasando un poco la mano, o mejor dicho los colmillos —Se pasó el dedo por uno de ellos—. ¡Bueno! ¡Es la emoción que sientes cuando llegas a un país extranjero! Aunque… creo que después de esto una hibernada no me vendría mal. ¡Naa! ¡Primero hay que seguir con el festejo! Total, la noche es joven y la vida eterna. Pero esta vez, esperaremos un poco, necesitamos a un invitado más para que todo sea perfecto, porque cuando despiertes… ¡créeme que estarás muy sedienta! Así que vamos a esperar a ese tipo que huele a perro, se viste como samurái y tiene una patética apariencia de hada que no pega para nada con su cara de plasta. ¡Qué sujeto! ¡Y qué gustos los tuyos! ¿Cómo es que se llamaba? ¿Chesumare?² ¡No! ¿Shosemaru? Mm… ¡Sesshomaru! O tal vez… ¿Daniel? ¡Jajaja!
Sesshomaru penetró en todas las salas y habitaciones por las cuales había transitado ese sujeto, la estela putrefacta que dejaba era demasiado evidente a su olfato. Y por supuesto, no le costó para nada encontrar el salón, se detuvo por un momento antes de traspasar las puertas, sabía que debía estar atento, al sigilo y al acecho, apenas traspasara el umbral sabía muy bien que la batalla definitiva iba a comenzar. Y la verdad, es que estaba algo ansioso por acabar de una vez por todas con el maldito. ¡Verle la patética cara y secarla con veneno! ¡Retorcerle el maldito pescuezo!
Y ¡Crash! con una peculiar maniobra derribo las puertas, sin embargo, la primera visión con la que se encontró fue con la imagen de Melisa.
La vio expuesta, desmallada. Hilos de sangre corrían por su cuerpo, por las piernas, las muñecas, el cuello, traspasando el seno de su pecho, y también… en la comisura de sus labios. Estaba ahí, ahí bajo la estatua religiosa, como si fuera un trofeo, ¡un maldito sacrificio! De cierta forma, la imagen de la muchacha le produjo una especie de impacto, Sesshomaru sintió como la sangre le comenzaba a hervir. ¡Realmente esto era una burla!
—¡Qué bien! Estábamos esperándote —pronunció el vampiro saliendo de las sombras—. Así que definitivamente mis niñas no pudieron contigo. ¡Lástima! Era su primera noche de nacidas, es una pena que no pudieran disfrutar un poco más de esta nueva vida. ¡Pero no hay que estar triste! Me quedé sin hijas pero ella lo recompensa todo, ya verás lo bien que lucirá cuando despierte —Sesshomaru lo observó con gravedad.
—¡Así que este es el maldito! —pensó.
—¡Hui! ¡Si las miradas mataran…! —pronunció con sorna el vampiro, al ver la forma en que el inuyökai lo observaba—. ¿Sabes? ¡Te ves algo tenso… eh…! ¿Cómo es que te llamabas? Shose… Chesu… chuzo… ¡No no no! Era con S, Sssesh… ¡Sesshomaru! ¿¡Verdad!? ¡Ese es tu nombre! Sesshomaru… ¡No no no! ¡Espera! Creo que no… —El vampiro se paseó de aquí a allá haciendo la mímica de la duda—. Ella te llamó de otra forma… Veamos… ¿Cómo era…? ¡Daniel! ¡Ahí está! —El inuyökai entornó los ojos con fastidio—. ¡Eres Daniel! Aunque… —Volvió a dudar—, recuerdo haber escuchado por ahí que ese renacuajo verde te llamaba Sesshomaru. ¿Entonces como es? ¿Sesshomaru… Daniel…? ¡Mm…! ¡Creo que me quedó con Daniel! ¡Sí! ¡Definitivamente! ¡Tienes cara de Daniel! ¡Probablemente se trate de tu segundo nombre, ¿verdad?! —El inugami estaba perdiendo la paciencia con sus malditas ironías.
—¡Déjate de hablar tanta porquería y prepárate para la batalla! No hagas el esfuerzo de recordar mi nombre, ¡no te preocupes!, porque de eso me encargaré yo —El inuyökai se llevó la mano a la altura del rostro mostrando el dorso, tensó tres de sus dedos exhibiendo sus filosas garras, listas para el ataque—. ¡Lo grabaré con sangre en tu memoria! Y ahora veamos de qué eres capaz. Espero que des una mejor pelea que las basuras que enviaste. De todas maneras, no puedo esperar mucho de un hombre… ¡Jm! —Sesshomaru curvó una sonrisa sarcástica—…que comete la mariconada de mandar a un grupo de mujeres para protegerlo. ¿Acaso no puedes hacerlo por ti mismo? Dime, ¿es una costumbre la tuya eso de esconderte en sus faldas? —El vampiro sonrió al escuchar su comentario. ¡Al parecer también se le venían bien las ironías como a él!
—¿¡En sus faldas, eh!? ¡Pues déjame decirte que ellas lo disfrutan bastante! Si no me crees, ¡Ja! ¡Pues pregúntaselo a tu amiga! —El vampiro señaló a Melisa. En ese instante, Sesshomaru se le lanzó encima con furia.
Daniel avanzó como un fantasma, liviano y fugaz, las imágenes de los lugares y paisajes que recorría, se le presentaban al frente como proyecciones fugaces que se deforman como un túnel a su alrededor. Sentía la ligereza en su materia.
De pronto la proyección de un castillo, luego el afluir incesante por accesos y pasillos, y finalmente su viaje culminó frente a una estatua budista. Se sentía algo débil, sus poderes y habilidades habían disminuido en gran medida. Esa era la consecuencia del pacto, del vínculo. Sin embargo, metido en la cuarta dimensión todo era más llevadero. No son las mismas leyes físicas las que gobiernan este plano sutil de la naturaleza.
Observó el cuadro, Sesshomaru frente a un peculiar sujeto. ¿Quién era este tipo?, era la primera vez que lo veía. Melisa estaba desmallada bajo la estatua.
—¡Ese sujeto! —comenzó a escudriñarlo. Observó la peculiar aura densa y sanguinolenta que lo envolvía y rápidamente lo supo—. Es un vampiro… —Observó a Melisa y notó que el mismo tipo de energía trataba de devorar su aura—. La ha mordido… ¡está intentando infectar su vital! —Y finalmente musitó—. ¡Maldición!
Sesshomaru avanzó hacia él para asestarle sus mortales garras, sin embargo, el vampiro en un abrir y cerrar de ojos desapareció frente a él.
—¿Hacia dónde estás apuntando, perrito?
Estaba a su espalda. Sesshomaru se enderezó, lo miró de soslayo y dijo:
—Ya veo. Eres rápido —Y al instante se movió con su velocidad sobrenatural, quedando a su costado, sin embargo, el vampiro con actitud desenfadada imitó un bostezo y le respondió:
—Al parecer tú también, aunque no tanto como yo —Y de nuevo lo hizo, antes de poder ser alcanzado por las garras del inugami—. Creo que deberías relajarte un poco —Sesshomaru escuchó su voz en otra esquina oscura de la habitación, estaba apoyado en la pared, con los brazos cruzados—. Aún falta para su despertar, y no me gustaría tener que acabar antes contigo, necesito conservarte para que ella finalmente te de su «beso del adiós».
—¡Jm! «acabar». Al parecer, estas bastante confiado. Sin embargo, hablas mucho y actúas poco. Dudo mucho que eso te ayude a vencer al Gran Sesshomaru.
—No tengo interés en vencerte, perrito.
—Sólo estás haciendo tiempo. Y Melisa aún está viva, si hubieses querido matarla y beberte toda su sangre ya lo habrías hecho, pero no, ella aun está viva. Hace un momento hablaste de «su despertar» ¿¡Qué diablos estas planeando, maldito!? ¿Acaso piensas hechizarla o poseerla para hacerla pelear conmigo? ¡Por favor! ¡No me hagas reír! —Sesshomaru casi estuvo a punto de romper en risa al pronunciar esto último, y él que no era muy risueño. ¡Realmente la idea se le hacía ridícula!
—¿Hechizarla? ¡Vaya vaya! Tienes muy poca imaginación —Sesshomaru no dijo nada, y el vampiro entonces pronunció, casi incrédulo—. ¿¡Qué!? ¿¡No lo sabes!? ¡Oh, vaya! ¿¡Realmente no sabes que soy!? ¡No lo esperaba! ¡Allá en el viejo mundo somos prácticamente leyenda! ¡Y aquí…! ¿¡Nadie ha escuchado hablar de nosotros alguna vez!? ¡No lo creo! ¿¡Qué no hay más seres como yo en este condenado país del diablo!?
—¡Jm! ¡Afortunadamente no! —Se escuchó el sonido de los huesos de su garra, preparándose para el ataque—. ¡Y no te preocupes, maldito chupasangre! porque tu existencia acabará aquí, en estas cuatro paredes con el silencio del sepulcro. ¡Serás aplastado como la vil garrapata que eres! —Al decir esto último el tono de Sesshomaru agarró cierto vigor salvaje. Se fue directo a él con una velocidad mayor, el vampiro a duras penas pudo esquivarlo, la garra de Sesshomaru le rozó la cara, sin embargo, el vampiro se deslizó veloz a la zona opuesta de la habitación.
Tenía marcadas las garras del inuyökai en su rostro, no obstante, Sesshomaru pudo ser testigo de cómo su herida cerraba casi de forma instantánea, y de nuevo tenía una piel perfecta, como de porcelana. Su veneno, al parecer, tampoco había hecho efecto sobre él.
—¡Tú sabes! ¡La alimentación! —comentó sarcástico el vampiro—. La dieta de sangre tiene sus propiedades.
En ese momento se escuchó la voz de Jaken resonando por los pasillos:
—¡Amo Sesshomaru! ¡Amo Sesshomaru! —Jaken venía montado sobre los gemelos Ah-Un, y venían a toda velocidad. Los siameses frenaron de forma brusca en el umbral y el pobre Jaken salió disparado, pero se levantó al instante—. ¡Oh, aquí está y también Melisa! ¿¡Ah, y esta cosa!? ¡Hay más por acá! —Jaken corrió unos pasos alzó el báculo y lanzó su ataque flamígero contra el vampiro, lo hizo de forma inconsciente, ni siquiera se había fijado con exactitud de quien se trataba, ya estaba acostumbrado a alzar el báculo a cada momento, cada vez que veía a un enemigo. El vampiro se pegó en la intersección del techo y la pared como su fuera un insecto, mostrando su cara transformada con los colmillos ostentosos, mientras gruñía amenazante como si fuera una bestia. El pequeño kappa se asustó:
—¡Ay mami! ¡Pero si es este tipo!
Los gemelos Ah-Un se crisparon recelosos en su posición y Sesshomaru curvó una sonrisa astuta.
—Jaken —ordenó el inuyökai—. A un lado, ¡él es mi presa!
—¡Oh, sí amo, está bien! —Y retrocedió hacia el umbral, ahí le ordenó a los gemelos—. ¡Ya muévanse! ¡Ya escucharon al amo! ¡Andando para atrás! —Los siameses retrocedieron de forma torpe, no estaban acostumbrados a deambular por zonas estrechas y cerradas, por lo que se sentían algo incómodos.
—¡Qué bien! ¡El renacuajo y la mascotita dragón! ¡Ahora está toda la familia fenómeno reunida! ¡Qué bonito! —se burló el vampiro, pero mientras hablaba con aquella cara transformada, su boca gesticulaba de una forma exagerada, dándole a su rostro una expresión un poco escalofriante.
—¡Jm! ¡Al parecer el fuego no te sienta bien!, ¿verdad? —pronunció Sesshomaru curvando una sonrisa sarcástica.
—¡Qué puedo decir! No soy muy amante de las altas temperaturas —El vampiro volvió a pisar suelo—. Aunque la sangre tibia de exquisiteces como estas. ¡Si que es algo tentador, casi irresistible! —El vampiro volvió a señalar a la muchacha—. ¡Bien! Creo que ya he esperado bastante. Se me está agotando la paciencia y no me gustaría tener que encontrarme con el «cara de gallo».
—¿El sol? ¡No me digas que también eres vulnerable al sol! ¡Jm! ¡Patético!
—¡Bueno! Como me podrás observar tengo una piel muy blanca, y el sol me pone rojo no moreno. Pero no hablemos de mí, sino démosle más sabor a esta fiesta, ¡qué tal si vamos con tu amada! —El vampiro posó su mirada en la muchacha, y pareció concentrarse en ella. Sesshomaru entonó los ojos con escrutinio, curioso de lo próximo a acontecer.
Unos minutos de una ansiosa expectación, y de pronto… ¡Nada! El vampiro rompió su concentración terminando en un impaciente y fastidiado…:
—¡Oh, vamos! ¡No lo creo! ¿¡Qué nada inmuta a esta mujer!?
—¿Qué? ¿Qué pasó? —preguntó el pequeño kappa no comprendiendo lo ocurrido. La tensión del ambiente se rompió por un momento.
¡Al parecer, al afamado vampirito, el plan le había fallado!
—¡Diablos! ¡Realmente debo reconocer lo sorprendente que es esta mujer! ¡Jamás me había topado alguna vez con alguien que fuera inmune a mí! ¡Es extraño!
—¿Inmune? —preguntó Jaken sin comprender muy bien de que hablaba.
—¡Pues claro! La envenené con mi ponzoña al momento de morderla. Y luego al ver que nada ocurría le di de beber mi propia sangre ¡Pero nada! Hace un momento intenté dar la orden a su cerebro para que despertara, como su creador puedo hacer eso, pero ¡Esta condenada mujer realmente me está haciendo perder la paciencia! —concluyó con enfado, pero luego cambiando su humor de forma drástica sonrió extasiado—. ¡Aunque no puedo negar que es fascinante! Creo que podría enamorarme de ella ¡Es como un animalito exótico!, ¡o quizás podría quedármela como mascotita!
—¿¡Qué diablos estás planeando!? —preguntó Sesshomaru receloso, las palabras del vampiro comenzaron a dar vueltas en su cabeza: ¿ponzoña?, ¿alimentar con sangre?, ¿dar la orden a su cerebro?, «¿creador?» ¿Qué se supone que iba a hacer con Melisa?
—¿¡Qué!? ¿¡Todavía no lo pillas!? ¡Vaya, realmente eres muy poco inteligente! ¡Pues quiero hacer de ella una de las mías! ¡Eso es todo!, que sea igual que yo —Sesshomaru volvió a entornar los ojos—. ¿No recuerdas a mis cinco preciosas? ¿Las que te mandé?
—Esas mujeres… ¡Eran unas bestias repulsivas igual que tú!
—Sí, ¡exacto!, yo las convertí en eso.
—Así que esas mujeres eran humanas —respondió el inugami.
—¡Puaj! ¡Por fin lo pillas!
Sesshomaru se mantuvo pensativo, porque al momento de enfrentarse con ellas no había percibido olor humano sino la misma fragancia repulsiva de este tipo. No cabían dentro de la categoría de hanyö, o el de alguna alma perversa poseída. Dentro de su enciclopedia habían hombres mitad bestias, nacidos de la unión de un humano y un yökai, u hombres o mujeres hechizados por el poder de alguno, también humanos poseídos por demonios dando a origen a seres como Naraku o Sara ¿Pero un humano convertido en un ser sobrenatural con sólo el poder de una mordida? ¿Cambiar su aura y su estructura natural como si nunca hubiese sido humana? ¡Qué ridículo! ¡Ni el mismo Naraku con toda su fanfarrea había podido liberarse de su esencia humana! Si realmente un poder como este existía en el mundo, realmente era asqueroso y aberrante. Al menos esto era lo que Sesshomaru pensaba.
—Dime —pronunció el inuyökai—. ¿Alguna vez tú fuiste humano?
—¡Por supuesto! Pero eso fue hace mucho mucho tiempo atrás. ¡Ay, ahora que lo recuerdo hasta me da un poco de nostalgia!
—¡Jm! ¡Qué mal chiste! ¿¡Qué jodido aborto de la naturaleza es este!? —El inugami volvió a exhibir su garra —¡Pues se acabó el juego! ¡Voy a acabar con esta morbosidad! ¡Una aberración como esta no puede existir en el mundo!
Notas finales:
¹Enguatado: Supuestamente se puede tomar como sinónimo de engordar, pero en este contexto, se refiere a que está lleno, ya que ha bebido bastante.
²Chesumare: Por aquí por mis tierras, esta palabra se puede tomar como alusión o la abreviación de un insulto, de una palabra soez (Aunque no es la palabra propiamente tal). La primera vez que la escuche utilizada como mención del personaje, fue de la boca de mi madre XD. Supongo que no se acordaba del nombre de Sesshomaru, y en un juego de palabras y sonidos se le confundió, y comenzó a llamarlo Chesumare XD
