Sin paz, sin esperanza.

Hoy en la mañana se dio un accidente que llevo la muerte de cinco infantes y tres heridos, las causas son desconocida, tampoco se sabe la identidad del perpetrador.

AÑO 2006

– Pobres pequeñas, no se sabe ni de dónde vienen –murmuro una monja con un tono empático, frente a ella habían dos niñas, una tenía el cabello negro con unos ojos café grisáceos, la segunda tenia cabellera azul y unos ojos color rojos que brillaban en optimismo a diferencia de su acompañante. Ambas estaban sentadas en espera de alguien que les dijera que iba a ser de ellas. Cuando menos se lo esperaron una pelota golpea en la cabeza a Kobato, la joven volteo a ver curiosa y fue cuando lo vio; cabello rojo y ojos turquesas, su expresión era tierna, pero eso no le llamo la atención, fue esa extraña aura que emanaba.

– ¿Alice? –pregunto en un susurro mirando al pequeño que se acercaba a recoger la pelota y la miraba apenado.

– Disculpa, no fue mi intención golpearte –murmuro arrepentido, la niña le regalo una sonrisa.

– No hay problema –le respondió, su prima solamente miraba de reojo a los dos chicos sin decir ni hacer nada–, soy Kobato ¿Tú cómo te llamas?

– Irie –murmuro tímidamente, los chicos con los que jugaba comenzaron a llamarlo por lo que se despidió, dando nuevamente una disculpa y se alejó, las dos se miraron y mientras Kobato soltaba una risa Mitsuki simplemente cerro los ojos.


Las niñas miraban su nuevo cuarto el cual compartían con seis niños más, entre ellos tres pequeñas un par de años mayor que ellas, estas las miraban y comenzaban a susurrar soltando algunas risas, ambas ladearon la cabeza sin entender, entonces recordaron que sus ropas estaban hechas un desastre, Takuya las dejo en casa y cuando se enteraron de su muerte salieron huyendo en búsqueda de sus tíos, inútilmente por cierto.

– Idiotas –murmuro Mitsuki adentrándose, miro a los otros tres, uno era un joven mayor por cinco años, seguramente, los otros dos era gemelos, uno de ellos lo reconoció como el pequeñín de hace rato. Al comparar estaturas con ambos soltó una risa, Kobato era más alta, le llegaban a la nariz. Ella se miró, era solo un poco más alta que la peli azul. Se acomodó en su cama siendo seguida de la peli azul la cual dejo sus cosas y se acostó en la cama sonriendo, la de pelo oscuro se preguntó si la chica siempre podía conservar su felicidad.


Todos los niños se acercaron a la cafetería a comer, una monja escoltaba a las recién llegadas presentándoles el lugar, ambas miraban curiosas, les daban clases en casa por lo que no estaban acostumbradas a verse rodeadas de gente, Kobato se animó a dar el primer paso jalando a su prima menor, cuando llegaron a las bandejas tomaron una y se dirigieron donde la comida, muchos las observaban curiosos pues al agarrar las cosas, por muy asquerosas que se vieran, mantenían un aura curiosa y alegre. Ambas miraron donde sentarse y en ese momento notaron como unos niños alzaban el brazo, se acercaron curiosas.

– Hola, soy niño x, él es niño xx y el niño xxx ¿Ustedes? –pregunto uno de los mocosos con los que se fueron a sentar.

– Yo soy Kobato y ella es Mitsuki –se presentó la joven, la pelinegra asintió comenzando a comer.

Sabe mejor de lo que preparaba papá –pensó mirando al platillo sintiendo una sensación nostálgica embargarla, pero no lo demostró en ningún momento.

– No se preocupen, en la noche piden comida –explico el niño xx mirando la mueca que puso Kobato, ella asintió sonriendo tímidamente–. Oigan, después vamos a jugar futbol ¿Quieren venir?

– Tonto, las niñas les gusta más estar con sus muñecas –le regaño el niño xxx.

– Eh, miraba los partidos de futbol con mi tío Takuya, me gustaría aprender –comento la joven con un tono amigable, los tres celebraron de tener nuevos jugadores, mientras tanto a unas mesas más alejadas estaban los dos gemelos. El menor degustaba su porción de puré animadamente mientras escuchaba a sus compañeros de mesa, el mayor que tenía ojos negros miraba a las recién llegadas con interés.


– ¡Pásala Kobato! –pidió un niño, la joven pateo el balón el cual se desvió un poco pero su compañero la pudo agarrar de vuelta, la niña dio unos brinquitos divertida. Mitsuki miraba a lo lejos a su prima pasándolo bien, soltó un suspiro cansado y miro a su lado donde habían unas jóvenes riendo mientras miraban a Kobato que estaba siendo tirada por un chico, frunciendo el ceño alzo una mano y entonces ese grupito cayó al piso dormidas.

– Sabía que tenían algo raro –escucho una voz a su espalda, preparo en su mano una bola de energía color turquesa y apunto a la persona, aquel pelirrojo que era su compañero y hermano del chamaco que ayer hablo con su prima–. Ese alice no lo conocía.

– Alice del ángel, poca gente lo tiene –murmuro desconfiada y para meter miedo, el joven se acercó y sentó a su lado extrañándola, se quedaron viendo el partido.

– Mi hermano y yo tenemos dos alice, Irie tiene hielo y electricidad, yo viento y tierra.

– Muéstrame –pidió Mitsuki, no era que no creyera, por algo tenia esos conocimientos, pero quería ver la habilidad de los chicos y si podían ser de utilidad en el futuro. El joven alzo una mano mientras unas rocas se elevaban empezando a juntarse y formando un corazón de tierra, el joven lo tomo y lo guardo en su bolsillo.

– Yoshin –se presentó.

– Mitsuki, la torpe de haya es Kobato –apunto a la niña quien reía y jugaba sin preocupaciones a diferencia de los jóvenes que entablaban conversación–. Alice somnífero, barrera y del ángel, ella tiene cambio de forma.

– Ya veo –murmuro el joven interesado.

– ¿Esas tipas son así? –pregunto apuntando al grupo dormido, el chico asintió–, más les vale no cruzar los límites, el matar no supone problema para mi –susurro.

– ¿Ya lo has hecho?

– Seguimos vivas, no es por suerte, créeme, tenemos de todo menos suerte.


AÑO 2007

Todos los niños se encontraban en la sala jugueteando, una pareja se acercaba observando a cada niño, seguramente para adoptarlo y darle una nueva vida, se detuvieron en frente de Kobato la cual hablaba animadamente con unos compañeros sobre el partido que harían la semana entrante. Los señores murmuraron unas cosas con las monjas que negaron apenadas.

– Ella no quiere que nadie la adopte –explicaron, los señores se sorprendieron ante eso pero entendieron que seguía apegada a su antigua familia, sin más se alejaron en búsqueda de más niños.

– Simplemente no entiendo a esa niña, siempre se niega a que la adopten cuando uno desearía poder tener una familia –se quejó una niña molesta y con ganas de irse a llorar, cuántos de ellos no deseaban sentir el cariño de un padre y volver a comenzar. Kobato la alcanzo a escuchar por lo que se levantó y le ofreció una flor que había recogido antes.

– No te sientas mal, si tenemos esperanza podrán llegar las personas que tanto estamos esperando –le explico sonriendo apenada, la niña se levantó y le golpeo la mano tirando la flor y luego pisándola, todos los de alrededor miraron con sorpresa lo sucedido y la peli azul solo se quedó quieta.

– ¡Tú no tienes idea de lo que dices! ¡Seguramente encerrada en tu mundo color rosa no puedes ver que no todos tienen esa bonita vida que tú crees tener! –le grito molesta.

– Mejor cierra la boca, si estamos aquí no es porque queramos –le enfrento Mitsuki molesta ¿Cómo se atrevía esa mocosa a decir que su vida era color rosa? Ni siquiera las conocía–. ¡Ella es huérfana desde que nació!

– Déjalo –murmuro la peli azul con su mirada clavada en sus zapatos, su expresión era triste. Sin más recogió la flor aplastada y se la coloco en el pelo–, si no aprecias un buen regalo entonces no vale la pena preocuparse –concluyo alejándose con su grupito anterior que simplemente miraron en otra dirección. Mitsuki gruño y se alejó de aquellas mocosas.


AÑO 2008

– ¿El director de Gakuen Alice? –pregunto Kobato dudosa, su prima asintió, ambas se encontraban en el patio trasera hablando de lo que acababa de enterarse Mitsuki–. ¿Cómo lo sabes?

– Por esta foto –explico mostrando una imagen de Haruka y Kazumi, la mujer le daba un beso en la mejilla a su pareja de entonces–. Me entere que este hombre es director de la sección media superior en la academia para los alice.

– ¿Cómo estas segura que es él?

– Pura lógica, su nombre es Kazumi Yukihara, mi madre es Kanade Yukihara y la tuya Haruka Hatsune, de algún lado tenemos que tener esa unión sanguínea y no es por nuestras madres.

¿Entonces porque no me puso su apellido? –se preguntó mirando la imagen de sus padres, entonces otra pregunta la asalto solo que esta vez la dijo en voz alta–. ¿Por qué nunca me vino a visitar?

– No lo sé –gruño la peli negra mirando otras imágenes, Kobato se acercó y noto el porqué de su frustración, en esa fotografía estaban las dos, los padres de la pelinegra y la hermana melliza, Nathali.

– ¿Qué crees que paso con ella? –pregunto la peli azul preocupada. Mitsuki alzo la vista al cielo.

– No lo sé, pero espero que este bien.


Mientras tanto en Narnia.

– Abuelo~ Mikan y yo vamos a ir a la tienda –comento la melliza de ojos claros, el anciano asintió sentado frente a un árbol de Sakura con su nieta Nanami a su lado.

– Lleven suerte, empieza a hacer frío.


La peli azul miraba aquella foto entre sus manos curiosa, al entrar a la cafetería y acercarse donde las bandejas tropezó con el pie de alguien cayendo al piso y soltando la imagen, el lugar se llenó de risas de los infantes, alzo la vista haciendo un puchero y noto a aquel grupo de niñas las cuales reían, en total eran cuatro, a su lado estaban otros cuatro niños los cuales hacían burlas descaradas a la de ojos rojos.

– ¿Por qué fue eso? –se quejó molesta y sobando su mentón, miro en todas las direcciones buscando su foto pero al verla en manos de uno de esos mocosos se acercó intentando quitárselas.

– Seguro estos son sus padres –murmuro el joven que tenía la foto y la miraba alejándose de la peli azul.

– Vaya, su mamá era muy bonita –comento otro de los chicos.

– No me sorprendería que la hayan abandonado, mírenla –hizo burlas una chica, la peli azul frunció el ceño con sus ojos poniéndose cristalinos, que la hubiesen abandonado le dolería menos pero para su desgracia su madre murió en parto y de su padre solo sabía que era director de una academia para niños "especiales"

– ¡Dámela! –exclamo la niña tratando de alcanzarla, el resto de la cafetería miraba sintiendo pena por la oji rojo que al final siempre era buena compañía, pero les tenían miedo a esos chicos pues era un poco mayores. Una de las niñas la jalo tirándola al piso haciendo que la niña se quejara.

– Oh, va a llorar ¿Quieres a tu mami? –pregunto uno de los niños.

– ¡AL MENOS A MI SI ME QUERIAN MIS PADRES! –exclamo, su voz retumbo en toda la cafetería, los mocosos que antes se burlaban de ella la vieron sorprendidos y luego molestos y fue cuando entre todos la tomaron y le soltaron algunos golpes. Una niña salió corriendo en busca de ayuda.

Mitsuki se dirigía a la cafetería acompañada de los gemelos con los que había entabla amistad casi al instante, cuando vieron a la niña corriendo se detuvieron, ella les dijo que estaban molestando a Kobato y de nuevo corrió en búsqueda de una maestra, los tres corriendo a la cafetería entrando de golpe. Todos dirigieron la mirada a ellos menos la agredida que estaba siendo sostenida de la camisa, se notaba unos moretones en su rostro. La joven alzo la mirada la cual era muy fría, para sorpresa de muchos su pelo empezó a aclararse hasta volverse blanco, los bulliyngs miraron dudosos hasta que la joven soltó un grito mientras un luz blanca cubría la sala.

Todos tenían los ojos cerrados mientras cubrían sus oídos, al abrirlos se sorprendieron de lo que sus ojos presenciaban.

Kobato miraba sorprendida tendida en el piso mientras las lágrimas se mezclaban con la sangre que tenía salpicada, su pelo ahora era blanco mientras usaba un traje color rosa y que parecía un uniforme, tenía un par de alas rosas con rojo y frente a ella estaban tres niñas con piedras blancas a su lado, dos niños con el pecho perforado por bolas de energía rosadas y los restantes con heridas en todo el cuerpo, aunque parecían solo inconscientes.

– No...

Sintió como alguien la tomaba de la mano, ese era Yoshin quien le obligo a pararse y salir corriendo siendo seguidos por Mitsuki e Irie.

Hoy en la mañana se dio un accidente que llevo la muerte de cinco infantes y tres heridos, las causas son desconocida, tampoco se sabe la identidad del perpetrador.

Era lo último que escucharon los jóvenes antes de salir del pueblo en dirección a la ciudad, Kobato sonrió al verse lejos del orfanato pero con aquella opresión y miedo de que le atraparan en cualquier momento. Sintió un apretón en la mano y miro al causante, el joven de ojos turquesas el cual le sonreía tímidamente.

– Todo estará bien –le ánimo, Mitsuki y Yoshin no dijeron nada, solo miraron para atrás por última vez antes de soltar un suspiro.


– Travieso pajarito carpintero –canto cierta peli azul sentada en una rama del árbol de Sakura–, haces hoyos y en el bosque destrozos~

Un pequeño pájaro se acercó a la joven que solo alzo un dedo para que el animal se posara en él.

–Enojado el dios del bosque hizo tu pico veneno –el animal silbaba a la par que la joven cantaba–. Pobre carpintero, su nido tienen veneno, su comida también tiene veneno... y si tocaba a sus amigos –el animal paro de silbar y se alejó de la joven quien lentamente bajo la mano– todos morían...

Las lágrimas descendieron por sus mejillas mientras recargaba su cabeza en el tronco.

– ¿Por qué?