La estupefacción reinaba en la sala y los gritos ahogados por la sorpresa no faltaron en ningún rincón del lugar. Hermione miraba con expresión mortificada y los ojos empañados en lágrimas de Lucius Malfoy a la tarima donde se encontraba el par de rubias.
¿Cómo era posible que aquel tosco hombre que siempre la rechazó por su origen le diera lo que mas anhelaba su corazón?
Aquello no podía ser verdad, pero ¿entonces qué era? Tal vez y sólo tal vez ese hombre de expresión estoica frente a ella guardara algo de bondad en su interior, además que en el recuerdo se vio que encontró a sus padres por fines egoístas.
La castaña ya no aguantaba sus lágrimas y lloraba en silencio, mientras el resto del Gran Comedor la miraba sin disimulo, algunos con lástima, otros con envidia al saber que sus seres queridos perdidos por la guerra nunca regresarían, otros con compresión... Harry hizo el intento de levantarse para ir a consolar a su amiga pero sus hijos se lo impidieron, él los miró sin entender por qué no le dejaba acercarse a su mejor amiga.
-Ella está bien, además sus hijas aún no terminan, si la vas a consolar espera hasta el final.- Harry se volvió a sentar con expresión seria y asintiendo con la cabeza.
Narcisa veía a la castaña llorar y por más que le desagradara la chica no podía evitar entenderla, ella perdió a su hermana cuando fue desterrada por enamorarse de la persona que su familia consideraba incorrecta, en aquellos días sintió que se moriría sin la única persona que realmente la entendía y la aconsejaba con la cabeza y el corazón sin hacer caso a los estúpidos prejuicios, Bellatrix por razones obvias no era una opción para confiarle sus dudas y secretos.
Una vez más Narcisa sintió simpatía por la joven, su concepto de ella cambiaba por momentos y tal vez no pudiera suplir el lugar de su madre pero intentaría en estos días darle su apoyo pese a que por sobre cualquier cosa su hijo estuviera primero.
-¿Está bien, srta. Granger?- Le preguntó con voz suave pero sin reflejar ningún tipo de emoción en su rostro.
La castaña asintió mientras se limpiaba las lágrimas, miró a las chicas que esperaban a que se repusiera y les sonrió.
-Podéis continuar.-
Lucius no perdía detalle de lo que pasaba a su alrededor, vale que hubiera cometido muchos errores durante toda su vida, vale que hubiera arruinado la adolescencia de su hijo por sus estúpidos ideales, vale que sus nietos no fueran puros, pero ¿por qué mierda tenía que hacer de hada de los deseos con el arbusto andante?, ¿qué puta clase de droga le administrarían en el futuro para convertirlo en tremendo gilipollas? Lucius por dentro estaba al rojo vivo sentía que de mover tan sólo un dedo explotaría y daría rienda suelta a su ira. Sabía que si hacía lo que tenía en mente- levantarse y empezar a lanzar hechizos y maldiciones como loco- en medio minuto estaría entre rejas en Azkaban así que se forzó a sí mismo a conservar la calma.
Lyra y Althea al ver que no había ningún brote psicótico por parte de su abuelo, ni de su padre -que estaba extrañamente callado y mirando fríamente a su alrededor, analizando la situación- y que su madre había dejado por fin el llanto dieron paso a los siguientes recuerdos.
La ya común neblina comenzó a mostrar un ancho y largo pasillo, nadie pudo identificar en donde se encontraba.
Por él iba un pequeño rubio mirando a su alrededor cada vez más asustado, esa era su casa pero nunca había estado ahí, estaba oscuro y lleno de cuadros con gente vieja que lo miraban como si estuvieran enfadados con él, provocando que el pequeño Scorpius se encongiera más en sí mismo. Llegado a un punto y viendo que el pasillo no tenía fin se acurrucó en una esquina y dejó salir toda su frustración y angustia en un silencioso llanto.
- Tú, niño.- Le llamó la atención una voz en tono serio y déspota. Scorpius alzó la cabeza y miró hacia el cuadro que lo llamaba.
Era un señor con el pelo blanco como el suyo, su cara era muy seria incluso más que la de su abuelo Lucius, y tenía ojos grises como él.
-¿Se puede saber por qué lloras y no me dejas descansar?-
- Yo... Yo m-me perdí.- Dijo mientras sollozaba.
-¿Y por esa nimiedad lloras?-
- Es que no sé dónde estoy...- Se defendió el niño.
Abraxas lo observó y notó claramente sus rasgos en el niño.
-¿Quiénes son tus padres?- Preguntó suspicaz.
El niño se sorbió los mocos y aún con los espasmos del llanto contestó.- Draco y Hermione Malfoy.-
-Mestizo.- Susurró Abraxas.-¿Cómo has llegado aquí?, ¿acaso no sabes que está parte de la mansión es sólo para los antepasados? Estás perturbando nuestra paz con tus ridículos lloros.- Scorpius frunció el ceño.
-Me perdí, mi casa es muy grande y buscando a mi abuela Cissy me perdí.- Dijo Scorpius adoptando un la expresión fría como hacían su padre y abuelo, algo que no pasó desapercibido para Abraxas.- ¿Cómo se llama?- Abraxas lo miró con una cena enarcada.
-Abraxas.- Contestó cortante, MUY a su pesar debía admitir que niño había sacado bien sus rasgos, sino fuera por su sangre sería un digno heredero de la fortuna Malfoy.
Scorpius abrió mucho los ojos con cara de sorpresa.- ¿Usted es el abuelo de mi papá?, ¿el de mis cuentos?-
Abraxas con expresión altiva y sin mirar al niño le contestó.- Sí, soy el abuelo de Draco Malfoy.- Aún le costaba concebir a ese niño siendo el hijo de su preciado nieto.- Y yo nunca he sido el protagonista de ningún cuento así que no puedo afirmar o negar eso.-
-Sí, sí, mi papi me cuenta todas las noches las travesuras que hacía con su abuelo Abraxas, dice que era el mejor abuelo del mundo porque siempre le daba chocolatinas a escondidas, y mi abuelo Lucius dice que su padre era muy astuto, que gracias a la hefencia que le dejó a mi papi ellos pidieron hacer tooooooodo un imperio y mi casa, ¿es usted?-
Abraxas estaba alucinado y rebosante de orgullo.- Sí, ese soy yo. Y se dice herencia, haz el favor de hablar bien me irritas.-
-Vaya, es un placer conocerlo señor, y sepa que me gustan mucho los cuentos.-
Abraxas sabía que era un impuro, un mestizo pero era tan parecido a Draco y tenía unos modales tan exquisitos, más ese brillo travieso que no tuvo más opción que hacer lo que en su vida había hecho, dejar de lado a sus ideales puristas. Ese niño había sido el único que había logrado desarmarlo.
-El placer es mío Scorpius, creo que es hora de que vayas a cenar, yo podría acompañarte para que no te pierdas.-
El niño asintió con la cabeza enérgicamente.
-Bien, vamos pues.- Fue pasando de cuadro en cuadro mientras era seguido por el pequeño que le relataba con detalle su día a día, cómo la abuela Narcisa lo regañaba cariñosamente para enseñarlo a ser un señorito caballeroso, cómo su mami lo arropaba cada noche y le daba un beso en la frente, cómo jugaba a quiddicht con su papá mientras su madre estaba pálida de miedo, cómo su abuelito le daba galeones y dulces a escondidas, Scorpius también le contó cómo una noche no podía dormir y salió al pasillo para ir a la cocina a hurtadillas y comerse un trozo de bizcocho de chocolate de su mamá cuando al pasar por las habitaciones de sus abuelitos y sus papás escuchó a su abuelo y papá gritar, el pequeño le confió su creencia acerca de que su madre y su abuela les estaban castigando por haber sido malos pero aclaró que no veía necesario que les pegaran hasta hacerlos gritar. Abraxas quedó en ese momento encantado con el crío y rió a carcajadas como hacía siglos que no lo hacía, el niño le acababa de dar un motivo para pasarse por el despacho de su hijo y pasar un rato agradable riéndose de él. Cuando llegaron al final del pasillo ambos se detuvieron.
-Muchas gracias, por traerme sin usted no habría encontrado la salida y me hubiera perdido la cena.-
- Yo también lo he pasado bien.-
-¿Cree que podría verlo más veces?-
-No veo porqué no.-
-El problema es que yo no quiero ir a ese pasillo tan oscuro.- Susurró Scorpius con tristeza.
- Pues ese sí que es un problema porque yo vivo ahí.-
Al niño de repente se le iluminó la mirada.- Podría pedirle a mi abuela Cissy que le cuelguen en el salón principal, yo casi siempre juego ahí o en mi cuarto de juegos.-
-Bueno me encantaría presidir la casa, además de que no estaría mal ver la luz de vez en cuando.-
- Pues esta noche en la cena les diré que le cuelguen encima de la chimenea.- El niño se fue decidido a cumplir su promesa y Abraxas se dirigió de vuelta a su cuadro henchido de orgullo. Al llegar lo único que se escuchaba eran los murmullos de otros antepasados.
-Un impuro en el linaje Malfoy.-
- Es una aberración.-
-¡VERGÜENZA!-
Abraxas los miró intimidante enmideciendolos en el acto, Abraxas no fue el primer Malfoy pero sí el patriarca más respetado e intimidante de todo el clan.- Quien ose hablar mal de mi bisnieto será desterrado y no sólo de estas paredes sino también del árbol genealógico y jamás habrá existido en el clan Mafoy, ¿he sido claro?- Todos los cuadros asistieron a regañadientes.
Al día siguiente tal como había prometido el niño su nuera se presentó frente a él para trasladarlo al salón principal cuando ya se iba no pudo evitar llamar su atención.
-Narcisa, intenta no hacer gritar tanto a mi hijo por las noches, pareciera que le estuvieras castigando.- Su nuera se ruborizó como pocas veces lo hacía, y sin contestarle nada salió a prisa de la sala mientras el viejo hombre estallaba en carcajadas.
La neblina se hizo espesa para después volver a esclarecerse.
Era un soleado día en Inglterra y la mansión Malfoy estaba más espléndida que nunca y cómo no si ese día había llegado de Hogwarts los herederos del clan.
Hermione y Draco aprovechaban cualquier momento para estar con sus hijos, les habían ido a recoger a la estación esa misma mañana, los chicos los recibieron con una sonrisa torcida y un fuerte abrazo, las gemelas sin embargo estaban más reacias, evitaban la mirada de su padre a toda costa, cosa que no pasó desapercibida para sus progenitores.
Una vez en la mansión las chicas prácticamente corrieron a sus habitaciones. Draco preguntó a sus hijos si sabían algo pero la única respuesta que recibió fue una negativa.
Hermione decidió tomar a toro por los cuernos y se plantó en el cuarto de sus hijas, primero fue a ver a Lyra, pese a que fuese idéntica a la madre de su suegro en personalidad era igual que ella. Llamó a la puerta y espero hasta recibir respuesta.
-¿Puedo hablar contigo, cielo?- Preguntó asomando la cabeza al interior, Lyra asintió secamente.- Os he notado a ti a tu hermana un poco serias, ¿ocurre algo que tu padre y yo debamos saber?- Lyra titubeó.
-Puede que haya algo que os queramos decir pero que no nos atrevamos.-
-Bueno, siempre vais a poder contar con nosotros, por muy malo que sea ese secreto, si nos necesitáis estaremos en la sala principal esperando a los abuelos.- Lyra asintió mientras miraba al suelo pensativa.
Hermione salió de nuevo al pasillo y caminó por él hasta llegar a una esquina cercana en la que se apoyó refugiándose para no ser vista, segundos después Lyra se asomó para comprobar que no había nadie en el pasillo, Hermione sonrió. Conocía a sus hijos como la palma de su mano.
Lyra cruzó el pasillo para ir a la puerta de en frente a la que entró sin tocar, Hermione oyó algunos murmullos pero después todo quedó en silencio por lo que supuso que sis hijas habían lanzado un hechizo silenciador. Con más curiosidad que antes volvió al salón donde su esposo leía aparentemente tranquilo el periódico.
Cuando se sentó a su lado bajo el periódico violentamente.- ¿Has visto que ni siquiera me miran?, ¡Son unas insensatas malcriadas!- Hizo un breve pausa para mirar a su mujer.- ¿Y los otros?, ¡unos traidores! Que no saben nada ¡JA! Y yo voy y me lo creo, ¿tú sabes algo?- Preguntó mirándola suspicaz.
Hermione se encogió de hombros.- Estoy en ascuas, dragón. Traté de hablar con Lyra pero no soltó prenda, después se encerró en la habitación de su hermana e insonorizaron el cuarto.-
-¡Traman algo!, está más que claro.- Draco se paseaba por la sala como un loco intentando hacer un agujero en el suelo.
El matrimonio se mantuvo en silencio pensando en cuál podría ser el secreto que sus hijas guardaban tan celosamente. Al cabo de unos segundos o minutos escucharon un carraspeó procedente de la puerta, ambos miraron y se encontraron con sus hijas mayores.
- Queríamos saber si podíamos hablar con vosotros un momento.-
Ninguno contestó simplemente se sentaron en el sofá esperando que sus hijas les comunicaran aquello que tanto parecía preocuparlas. Las chicas imitarons a sus padres y se sentaron frente a ellos.
-Bueno.- Althea fue quien tomó la palabra.- Cómo sabéis ya estamos en sexto año, y tenemos dieciséis años, nunca hemos hecho nada grave, es más sólo un ejemplo a seguir en Hogwarts, y gracias a eso nos hemos ganado vuestra confianza, por eso debéis saber que siempre tomamos nuestras decisiones con cabeza.- Althea frenó su discurso al ver la mirada escrutadora de su padre "Lo sabe" pensó.
-¿Habéis hecho algo malo?- Preguntó Hermione preocupada, aunque con una ligera idea en la cabeza.
-Nosotras...- Fue el turno de Lyra.- Tenemos novio.- No fue capaz de elevar la mirada porque ya bastante tenía con sentir los ojos de su padre quemándola a pesar de ser tan fríos como un iceberg.
-¿Con qué permiso osáis hacer una tontería cómo esa?- Dijo Draco con tono gélido.
-Papá, esto no es ninguna tontería, si os lo estamos diciendo es porque nuestras relaciones van en serio.- Dijo Althea.
-¿Los conocemos?- Preguntó Hermione claramente más tranquila.
- Sí, por supuesto.-
-¿TÚ LO CONSIENTES?- Gritó Draco perdiendo los nervios.
-¿Y qué alternativa me queda? Draco son muy maduras para su edad y confío lo suficiente en ellas como para saber que harás las cosas con precaución.-
-¡PUES YO NO!- Furioso se levantó del sofá y se fue de la sala dando un portazo.
Hermione soltó un jugoso ante la actitud infantil de su marido.- Idiota.- Susurró. Miró a sus hijas y los que vio hizo que su corazón se rompiera y que su sangre bullera. Lyra miraba con los ojos cristalizados hacia la ventana, mientras que Althea miraba al suelo con expresión pétrea pero sin poder evitar que una lágrima se escapara de sus cristalizados ojos.
- Él lo aceptará, sólo está haciendo berrinche.-
Lyra negó con la cabeza.- No confía en nosotras.-
- Claro que sí, sólo es... imbécil.-
-Mamá, déjalo, lo ha dejado muy claro, no cree en nuestras decisiones porque no cree en nosotras, pues muy bien entonces no sé qué rayos pintamos en esta casa.- Althea se levantó y siguió los pasos de su padre cerrando como él, de un portazo.
A Hermione no le quedó de otra que consolar a Lyra y dejar que todo fluyera poco a poco. A la tarde Draco estaba acostado en su cama refunfuñando, de repente escuchó un portazo en una de has habitaciones contiguas. Enfadado salió al pasillo para escuchar un gran escándalo en la habitación de Althea. Entró y lo que vio lo sorprendió, todo a su alrededor volaba para meterse en enormes baúles.
-¿Qué está pasando aquí?- Preguntó sorprendido y enfadado a partes iguales.
-¿No lo ves? Me voy.- Dijo Althea cargando varias prendas.
-¿Qué te vas?, tú no te vas a ningún lado esta es tu casa y esta es tu familia.-
- No, esta es tu casa y tú no confías en mí por lo tanto no tengo ningún motivo para quedarme en un sitio en el que no me tienen confianza.-
- Sí que confío en ti.-
-Oh sí lo has demostrado estupendamente está mañana.- Dijo la rubia sacásticamente.
-Controla ese sarcasmo, Althea, soy tu padre y me debes un respeto.-
-¿Me pides respeto cuándo tú me lo faltas al desconfiar de mí?, ni siquiera sabes quién es, o cómo empecé con mi relación.-
-¡ES QUE NO ENTIENDES QUE ERES PEQUEÑA PARA TENER NOVIO!-
-¡NO SOY UNA NIÑA!-
-¡PERO SIEMPRE SERÁS MI NIÑA!- Aquello dejó muda a Althea.
-Papá.- Musitó.
-Eres mi niña, mi bebé y no me gusta que un imbécil, porque ya te lo adelanto me da igual quién sea o cuánto lo conozca, si es tu novio es un imbécil y lo mismo va para tu hermana, no me gusta que ese imbécil venga y se lleve a mi niña.-
-Papá, yo no voy a ir a ningún sitio, y si es necesario el día que me case lo arrastro a la mansión pero yo no me voy a ir nunca de tu lado.- Dijo Althea con los ojos cristalizados y haciendo tiernos pucheros que derretían el corazón de Draco.- Yo sólo quiero que confíes en mí.-
- Lo hago.- Susurró el rubio con voz ronca.- Te juro que lo hago al igual que con tu hermana, pero no confío en esos papanatas, no quiero que os hagan nada.- Aspiró aire.- Se lo que los chicos de dieciséis años le hacen a las chicas, yo lo hacía, y se me revuelve el estómago de sólo pensarlo, mis hijas son castas y puras hasta que yo lo diga y eso es toda la vida.- Dijo enfurruñado haciendo sonreír a Althea.
El rubio se tumbó en la mullida cama y palmeó el lado derecho para que su hija se acostara junto a él, abrazados en la cama Draco soltó un profundo suspiro.
-Hace cuatro días salía corriendo a vomitar cada vez que tenía que cambiarte el pañal y tú me recibías con una no muy agrable sorpresa y ahora ya tienes novio. No es justo.-
- Tú siempre serás el hombre más importante en mi vida. Pero por desgracia no eres eterno, así que tengo que buscarme a algún tonto que me mime y me consienta por lo menos una quinta parte de lo que tú lo haces.- La única respuesta que recibió fue un beso en la coronilla.
Oyeron como tocaban la puerta.- ¿Puedo pasar?- Preguntó Lyra. Draco asintió con la cabeza y la chica corrió a acostarse en el lado libre de la cama para abrazar a su padre.- Papi, te quiero mucho.- Draco besó su cabeza.
-Y yo a ti, ¿cuándo crecísteis tanto?-
-Cuando dejamos de darte sorpresas apestosas con los pañales.- Respondió Lyra.
Al cabo de un rato de estar abrazados y en armonioso silencio.- ¿Quiénes son?- Las hermanas se miraron Y volvieron a apoyarse en el pecho de su padre.
-El mío te va a gusta más que el de Lyra.- Soltó Althea, ganándose una mirada fúrica de su hermana.
- Ninguno de los dos me va a gustar.- Contestó Draco.- Lo único, es que tal vez a uno lo mate antes que al otro.-
-¡Papá!- Exclamaron al unísono.
-Mi novio es Lyssander Nott.- Bueno, era el hijo de su amigo lo que lo inquietaba un poco era que también era hijo de Lovegood.
-El mío es James Potter.-
- Pero si es un mujeriego.- Lyra rodó los ojos al ver a su padre hacer berrinche como un niño pequeño.- Nunca me voy a poder librar de Potty.- Dijo Draco en tono lastimero.
- Pero como somos tus hijas favoritas no vas a hacer ninguna locura, porque si te pasara algo ahí si que nos morimos del susto.- Dijo Lyra.
- No sois mis favoritas, Hermione tiene a Scorp; vuestras abuelas Narcisa y Jane a Abraxas; mi padre te tiene a ti, Althea; y otro abuelo a ti, Lyra, así que a mí me queda Antares.- Ambas se incorporaron para mirar con el ceño fruncido a su padre.
-¿ No somos tus favoritas?- Preguntó Althea.
- Pues si no somos tus favoritas no tendrías que hacer esos circos.- Ambas eran celosas y caprichosas, no por nada eran de la familia Malfoy.
- Está bien, está bien, confieso que las tres sois mi punto débil, pero al menos Antares no tiene novio, ¿no?- Ambas rubias se miraron sin contestar nada y fue todo lo que Draco necesitó, sólo tenía catorce años por el amor de Merlín.- ¡¿¡ANTAREEES!?!- Gritó a pleno pulmón siendo escuchado por media mansión.
La neblina apareció para volver a mostrar la mansión Malfoy sólo que está vez parecía algo ajetreada.
Narcisa se encargaba de dirigir a todos los elfos y empleados, tenía que supervisar que las flores, las mesas, los centros de mesa, en definitiva que todo estuviera a punto pues hoy no era cualquier día, ni cualquier fiesta, hoy su adorado niño contraería nupcias con su prometida, Hermione Granger. La chica había insistido en tener un ceremonia en una iglesia católica muggle lo que suponía más organización, ¿y quién era ella para negarle a la joven sus deseos? Estaba totalmente dispuesta a arriesgarse y definitivamente había quedado adorable la Iglesia estaba plagada de adornos florales exquisitamente elegidos, las pareces blancas de la Iglesia contrastaban perfectamente las vidrieras y si a eso le sumamos los adornos florales, los lazos, los pétalos y porqué no su presencia conseguíamos el resultado perfecto de una boda de revista.
El único inconveniente que Narcisa encontraba a todo aquello era su consuegra, Jane, la mujer quería meterse en todas sus decisiones lo que las había llevado a más de un rifirrafe, ateniéndose que meter Hermione por el medio para mediar, al final ella era la novia y tenía la última palabra.
- Las azucenas van al fondo.- Y ahí estaba su nueva peor pesadilla.
Se giró con una mueca que pretendía ser una sonrisa.- Hola, Jane.- Ambas mujeres se asesinaron con la mirada.- ¿Qué estás haciendo?- Se forzó a sí misma a no perder los nervios, nunca lo había hecho en toda su vida, no empezaría ahora.
-Colocar flores.-
-Ya. Pero da la casualidad de que ya están colocadas. TODAS.-
- Pero a mi hija le gustan las azucenas y tendrá MÁS azucenas.-
Narcisa sonrió irónica.- Un poco vulgar eso de cargar todo el lugar de una sola flor...- Dijo con inocente malicia haciendo que a Jane le bullera la sangre de puro coraje.
- Peor es pretender que es la boda de uno mismo siendo la de su hijo.-
-No pretendo nada, ya tuve la mía y fue preciosa. Ahora si me disculpas, Anthony quita esos horrorosos centros. Adiós, querida, arréglate que la ceremonia no tarda en empezar.-
En la mansión Hermione miraba su reflejo en el espejo, se sentía plena al pensar que menos de una hora se uniría al arrogante hombre que había conquistado su ahelante corazón. Pensó en todos los cambios que había traído su relación con Draco a su vida, nuevas perspecticas, nuevos sueños e incluso nuevas amistades.
Estaba concentrada en su reflejo que cuando escuchó la puerta tras ella no se inmutó.
-Tengo la mayor suerte de todo el puto mundo.- Dijo una voz ronca y siseante tras ella. Al oírsu voz Hermione se giró sobresaltada.
-No deberías estar aquí, ni verme, ¿nunca has oído que ver a la novia antes de la boda da mala suerte?-
-Que le jodan a la suerte me moría por besarte, ratoncita.-
-Como sigas llamándome así no vas a besarme en una buena temporada, huroncillo.-
Draco no pudo evitar carcajearse.- No sé si te acuerdas pero al final de la ceremonia nuestro matrimonio queda sellado con un beso.-
-Pues nos casaremos a medias.- Draco alzó las manos en señal de paz.
- Nada de ratoncita, ¿qué tal leona?- Dijo acercándose lentamente con una provocadora sonrisa.
-No está mal.- Dijo Hermione indiferente.- Ahora debes irte, nuestras madres se pondrán histéricas si nos ven aquí.-
-Están demasiado ocupadas con los preparativos.- Dijo dándole un breve beso.
-Entonces supongo que hice bien en darles total libertad con la boda.- Dijo Hermione divertida mientras lo abrazaba por el cuello.
Draco rió y volvió a besarla.- Hoy es nuestra boda, nuestra celebración.- Pegó su boca en el oído de la chica.- Nuestra noche de bodas.- Lo dijo de una forma tan íntima y sensual que Hermione no pudo evitar sonrojarse.
-Bueno pero para eso todavía quedar dar el sí, ¿cómo va todo por allá abajo?-
-Ogh, lo típico, Wealey gritando que no entiendo porque te casas conmigo, Pansy parándole los pies, Daphne preñada y Potter sobreprotector, Blaise coqueteando, mi padre de morros, el tuyo intenta sacarle conversación... Ya sabes lo normal.- Hermione negó con la cabeza mientras sonreía cansada, sus amigos y familiares nunca cambiarían.
Horas más tarde Draco y Hermione eran declarados marido y mujer tanto por la vía muggle como por la mágica, las ceremonias habían sido espectaculares además de emotivas, Jane y Narcisa no habían podido reprimir las lágrimas, al igual que Ginny, Molly y Daphne que habían llorado a moco tendido. Hermione sólo tenía ojos para su recién estrenado marido al igual que Draco no podía pasar dos segundos sin mirar a su hermosa esposa.
Tras las ceremonias la joven pareja habían estado de acuerdo celebrar un banquete con amigos y familiares, que eminencias de la sociedad mágica estuvieran presentes era cosa de los padres de Draco, en total en los jardines de la mansión Malfoy había unos trescientos invitados.
Draco y Hermione Malfoy no tuvieron tiempo para comer durante el banquete pues se la pasaron saludando y agradeciendo por la asistencia de los invitados. Finalmente llegó el momento de su primer baile como matrimonio, era una canción lenta y romántica, nada que ver con su primera canción aquella en la que tras su incidente en pompa Draco la invitó a un café, fue en el momento en que sus manos se rozaron cuando en la vieja cafetería empezó a sonar la canción más romántica que ésta incompatible pareja podía encontrar, la macarena.
Hermione sonrió recordando mientras recargada la cabeza en el hombre de Draco.
-Creo que ya nos podemos escabullir.-
-¿De verdad crees que sea correcto?- Preguntó Hermione mirando a su alrededor.
-Es nuestra fiesta nos podemos ir cuando nos de la gana.-
-Oh claro, eso díselo a nuestras madres.- Replicó la castaña rodando los ojos.
Draco la miró divertido, acercó sus labios y mientras se fundían en un tierno beso, el rubio los desapareció.
Cuando Hermione dejo de sentir el tirón en el ombligo abrió los ojos, encontrándose de lleno con unas magníficas vistas, ante ella se alzaba imponente y maravillosa la Torre Eiffel.
Hermione sintió como la abrazaban por la espalda.
-Una vez te oí decirle a la mini comadreja que te encantaría conocer Paris, también que morirías por una noche romántica en esta ciudad, pues bien ya te puedes morir.-
-No diré que eres el mejor marido porque significaría que habría una explosión de tu ego.-
-Puedes estar tranquila, el espejo me dice cada mañana lo perfecto que soy.-
-¿Podrías decirme donde está para al llegar a casa tirarlo o mejor destruirlo?-
-No deberías porque es como mi horrocrux.- Dramatizó el rubio.
Hermione permaneció seria y únicamente murmuró.- Tentador.-
-Oh por Merlín, pensé que me casaba con una leona pero veo que me he casado con una viuda negra.-
-Y yo pensaba que me casaba con un hombre pero resulta que me he casado con una drama queen.-
-Ahora vas a ver.- La beso efusivamente mientras la arrastraba hacia la cama matrimonial de la suite, Draco fue quitándole el vestido al tiempo que besaba su cuello. El recuerdo se fue haciendo más opaco hasta privar la visión.
Lyra y Althea estaban decididas a hacer sufrir a sus padres.
La imagen se fue haciendo más nítida para mostrar a Hermione dormida mientras los primeros rayos del sol le daban en la cara, Draco estaba recostado junto a ella, de la viéndola dormir, Hermione fue recuperando la consciencia mientras aún con los ojos cerrados buscaba la mano de su marido, Draco esbozó una de las pocas sonrisas sinceras de su vida.
Hermione por fin abrió los ojos y sonrió adormilada.
-Hola.- Susurró.
-Bueno días, ¿cómo te sientes?-
Hermione se ruborizó levemente.- Bien.- dudó un poco pero preguntó.- ¿y tú?-
Draco la miró y poco a poco borró su sonrisa para dejar de mirarla.- ¿Estás enfadado?- Preguntó Hermione incorporándose a su vez.
-Mucho.- Dijo Draco completamente serio pero sin llegar a mirarla, Hermione agachó la mirada pensando que su inexperiencia lo había decepcionado al grado de enfadarlo.
-Entiéndeme Hermione, yo pensaba que ya habías sido del inútil del zanahorio.- Exclamó Draco haciéndose el ofendido. Hermione lo miró brevemente al tiempo que esbozaba una sonrisa.
-Aunque sea muy machista decirlo y espero que lo entiendas porque no volveré a repetirlo.-
-¿Qué?-
-Que soy toda tuya. De hecho tengo dos anillos que lo demuestran, al igual que tu tienes un anillo que demuestra que eres mío.-
-Oh, ¿soy tuyo?, querida acabas de destrozarle el corazón a millones de chicas que se mueren por este cuerpo.-
-Ni casado dejas de ser un idiota.- Draco se puso encima de ella.
-Te mueres por este idiota, además no soy un idiota recuerda que compartimos título de premio anual.- Hermione lo besó para que dejara su ego por un rato y para qué engañarse porque le encantaba besarlo, el ambiente se fue poniendo más candente hasta que.
-¡PARAAAD!- Gritó Hermione levantándose de su asiento en el gran comedor, la pobre muchacha estaba colorada como el cabello de su mejor amigo, de los nervios se le había encrespado todavía más el pelo, por imposible que pareciera.
-Vaya hombre ahora que la cosa se ponía interesante.- Se escuchó a Dumbledore de fondo haciendo que Hermione adquiriera un tono rojo chillón.
-¡¿Qué demonios queríais mostrar?!, ¡ESOS RECUERDOS SON ÍNTIMOS NO LES IMPORTAN A NADIE!- Miró a su alrededor y sin mirar a nadie por la vergüenza se volvió a sentar.
-Exagerada.- Murmuró Draco mirándola.
-Cállate imbécil, que tú no tengas pudor por nada no significa que los demás seamos iguales.- Respondió mordaz.
-Ejem.- Carraspeó Lyra llamando la atención de los presentes.- Nosotras ya hemos terminado.- Dijeron a la vez en un tono un poco escalofriante.
Mcgonagall avisó sobre el receso para comer y descansar un poco. Hermione durante el descanso evitó a toda costa a sus amigos y a Malfoy, no sabía cómo reaccionar ante ellos después de haber visto semejantes recuerdos.
Por un lado, ¿qué debía esperar ahora de Malfoy?, ¿amabilidad?, ¿complicidad?, ¿química? La situación era muy difícil incluso para una persona con tanta entereza como ella. Por otro lado estaban sus hijos que eran perfectos Malfoy los 4, y sus futuros suegros que pese a que Narcisa había sido cordial sabía perfectamente que seguían sintiendo cierto grado de reticencia hacía los nacidos de muggles. Reflexionando de sus padres y amigos hizo el camino de regreso hacía el Gran Comedor donde gran parte de la gente ya estaba acomodada en sus asientos a espera de otra presentación se sentó junto a Scorpius con el pronto comenzó una amena conversación, fue entonces cuando Hermione descubrió cual fue la cualidad que sus hijos habían sacado de ella, el intelecto.
Una encapuchada subió a lo del estrado y como sus hermanos al quitarse la túnica dejó ver a un dama de ojos grises, su cabello era rubio pero más oscuro que el de sus hermanos, rozando el castaño claro.
-Hola.- Dijo con mirada insegura pero tono firme.- Mi nombre es Antares Malfoy, soy la última hija del matrimonio Malfoy, tengo 16 años y pertenezco a la casa de Slytherin aunque el sobrero seleccionador tuvo un debate interno sobre si dejarme con las serpientes o con los leones, ya que tengo un carácter semejante al de mi madre. Soy prefecta y aspiro a ser Premio Anual, mis notas son excelentes ya que quiero trabajar como medimaga.- Aspiró aire.- No me gusta el quiddicht y... Tengo novio.- Draco dio un rebote en su asiento.-
Es Albus Potter.-
-La madre que la parió.- Se lamentó Draco en voz alta y con poca clase mientras Blaise le codeaba las costillas.
