Epílogo
El día era agradable, como uno de esos días perfectos, donde no hacía ni mucho frío ni mucho calor. Prácticamente, los estaba invitando a pasear a esa hora de la tarde.
La brisa le bailoteó por debajo de la barbilla. Le hizo unas cosquillas graciosas, suaves y casi tiernas. También le levantó el pelaje cobrizo a su pequeño amigo, pero ni se inmutó por ello. Estaba demasiado concentrado viendo el partido de fútbol soccer. En las gradas, no había nadie más que ellos dos, ya que se trataba de un mero entrenamiento. No le importaba, de todas formas.
En esos momentos, no encontraba nada más idílico que estar ahí, en las gradas, estirado todo lo que le permitían las extremidades, observando el entrenamiento. Disfrutando de algo tan banal como la brisa en la cara, la luz crepuscular de un atardecer entre edificios, tan propio de Odaiba que le otorgaba un encanto particular.
Resultaba extraño pensar que había estado privado de todos esos pequeños placeres. Que no los hubiera vuelto a ver, sentir, escuchar, oler, degustar, tocar, lamer. Resultaba extraño pensarse a sí mismo en esa situación. Por su parte, no recordaba nada. Tampoco tenía conciencia de su yo en aquellos momentos. El último recuerdo que bailoteaba en su mente un poco perezosa, quizá por el trauma que ello significaba, era haber visto a Kari perder la espada mientras caía al suelo. Y verlo a él, a TK, amenazarla sin una pizca de misericordia, ni siquiera para con ella, quien era su eterno amor.
Lo demás era historia.
Sus amigos no tardaron mucho en explicarle lo que había pasado. Había muerto. Había estado muerto casi un día entero. Sin embargo, su corazón había sido capaz de proyectar la luz de la Amistad. Todavía. Tenía muchas preguntas que le daban vueltas alrededor en relación a ese oscuro episodio de su vida. ¿Dónde había estado? ¿Había muerto realmente? Si así era, ¿por qué había vuelto a la vida?
La explicación que el Señor Gennai les había proporcionado resultaba tan milagrosa que le costaba creerle. Tras el ataque megapoderoso de MagnaAngemon para derrotar a Piedmon, que había requerido toda la energía de cada ser viviente que había estado presente en el lugar de la batalla, esta energía fue devuelta a cada uno de ellos. Sin embargo, gran parte de la energía fue a parar a él, devolviéndole la vida que le había sido arrebatada por el maquineo macabro de las tinieblas. El componente divino, decía el señor Gennai, aportado por los dioses del Digimundo radicaba en que éstos, siempre justos, habían determinado que su muerte había estado totalmente fuera de lugar, ocasionada por la manipulación del alma impoluta de su hermano.
Y ahí estaba. El grito de Tsunomon los había alertado a todos. A Tai y Sora, que estaban a su lado. A Tk, que llegó corriendo a darle un abrazo que lo dejó sin aliento, y pidiéndole perdón, y él, completamente desorientado, devolviéndole el abrazo sin entender. Cuando vio en esos momentos los ojos opacos de su hermano, anegados en lágrimas, con la sombra de la amargura en el fondo, se preguntaba si es que en realidad, más que darle una segunda oportunidad a él, no habían sido los dioses que habían querido expiar el gran pecado de Tk. Se lo preguntaba a menudo entre los desvelos que tenía desde entonces, y sabía que sería una interrogante que lo perseguiría por el resto de su vida, pero no estaba seguro de si quería saber la respuesta.
- Matt. -
Miró hacia abajo, despabilando de sus pensamientos.
- Tai. – se sorprendió de hallarlo cambiado, con el bolso deportivo en un brazo y Koromon bajo el otro.
- El entrenamiento ya acabó, ¿es que no te habías dado cuenta? – lo tentó con una sonrisa burlona mientras subía las gradas para sentarse a su lado. - ¿En qué piensas? -
Suspiró, bajando los brazos.
- No lo sé. De todo un poco, supongo. Todo pasó muy rápido, ¿no lo crees? – le preguntó. Tai dejó el bolso a un lado, colocando a Koromon sobre sus piernas.
- Supongo que sí. – murmuró, acariciando a su compañero digimon tras las orejas. – Tenemos que acostumbrarnos a volver a la realidad. Fue algo así como un trauma todo lo que pasó, sólo tenemos que tranquilizarnos. – dijo su amigo moreno.
Para Tai había sido un golpe muy grave verlo muerto en el suelo, sin poder hacer nada por ayudarlo. Lo comprendía, porque él se habría sentido mil veces peor si Tai hubiera muerto de aquella forma tan horrible. Además que le había faltado muy poco para seguirlo en aquel camino del deceso eterno. Y por los chicos, sobretodo. Tk y Kari.
- Lo bueno es que MagnaAngemon se encargó de destruir a Piedmon, y nunca más volverá. – dijo Koromon, uniéndose a la conversación.
- Tiene razón. Su amenaza se ha ido para siempre. – añadió Tsunomon. – Ya no tienes nada que temer, Matt. El señor Gennai ha dicho que el orden se ha establecido en el Digimundo, y que las fuerzas de los 8 niños elegidos han sido devueltas para protegerlo. -
Todo en orden.
- Ya lo sé. – le revolvió el cabello. – Ya lo sé.
- Oye. – dijo Tai, más animado. - ¿Al final mañana irás a la fiesta en casa de Davis?
- Es probable. – contestó, mirando la cancha vacía. – Tengo que preguntarle a Sora a qué hora saldrá del entrenamiento de tenis. – y tengo que hablar con la banda, pensó. Hace tiempo que no sabía nada de ellos. - ¿Tú irás con Noriko?
- No lo sé. Ella aún está enfadada conmigo. – dijo, abatido. – Fueron muchos días en que no pude llamarla, verla, ni hablarle de ninguna forma. – se estiró hacia atrás, llevándose las manos a la nuca. – Tal vez debería pedirle perdón. – dijo después de un minuto de silencio. Matt sonrió para sus adentros, negando divertidamente por primera vez en mucho tiempo
Realmente, habían cosas que a pesar de todo, nunca cambiarían. Como el cabeza hueca de Tai y su alarmante falta de tacto.
Y cómo agradecía que fuera así.
"Todo comenzó en Hikarigaoka."
Era una buena frase para iniciar la historia, pero no estaba muy convencido. Tal vez debía borrarla y pensar en algo más antes de empezar de nuevo.
Se dejó caer contra el respaldo de la silla, pensativo. Debía escoger cuidadosamente las palabras para expresar exactamente qué era lo que había sucedido.
Había empezado a escribir otros extractos que surgían en su mente con mayor detalle, recuerdos recientes, o experiencias que le habían pasado a él. Contar toda la historia, de todas formas, le llevaría tiempo, porque tendría que recolectar cada uno de los testimonios de los participantes para obtener una visión global. Sin embargo, no era una tarea que le disgustara. Planeaba llevarla con el mejor de los ánimos.
Su padre había tenido razón al decir que escribir le ayudaría a despejarse un poco. Podía ordenar mejor sus pensamientos, y meditar sobre los acontecimientos. Así dejaría de sentirse encerrado dentro de su protagonismo hiperrealista, que sinceramente, le asfixiaba todas las noches disparatando su sueño.
- ¿Qué estás escribiendo? -
Casi se cae de la silla por el sobresalto. Había pensado que estaba completamente solo en la sala de computación.
- Nada. – dijo rápidamente, cerrando el documento y guardándolo en su correo electrónico. Se volteó, encontrándose con los grandes ojos marrones de su apreciada Kari. – Nada importante. -
Ella le sonrió con dulzura, cerrando los ojos inocentemente.
El suspiro de alivio lo hizo derretirse sobre la silla. Comprobar que Kari seguía siendo la misma chica dulce de la que estaba profundamente enamorado era la mejor noticia que podía recibir. Estaba totalmente pagado de sí mismo con ello. Piedmon, y los momentos oscuros en su castillo no serían más que un mal recuerdo.
La rodeó suavemente por la cintura, alentándola a sentarse sobre sus piernas.
- No era mi intención molestarte. -
- Tú nunca me molestas, Kari. – le acarició el borde del rostro lentamente, hasta enroscarse un mechón de cabello castaño entre los dedos. – Nunca más, de ninguna forma. – murmuró, enterrando la nariz en su cuello para perderse en su aroma.
Casi al instante sintió los dedos de la chica enterrándose entre sus cabellos rubios para masajearlos.
Se quedaron así, en su silencio cómplice. Había servido como terapia para su dolorosa y lenta rehabilitación, permanecer callados, apoyándose mutuamente en la compresión que les había otorgado compartir la trágica experiencia.
Lo más difícil había sido superado. El daño que se hicieron en el inframundo podía ser remediado por medio de su sincero y puro amor. El tiempo sería su principal garantía.
Y esta vez, si que no había ningún apuro. Tenían la promesa tácita de que las cosas se darían a su propio ritmo.
- ¿A qué hora es lo de Davies? – le preguntó Kari en un susurro.
- A las 7.30. Tenemos tiempo de sobra todavía. –
- ¿Vamos ya? Aprovechamos de cambiarnos de ropa. – Tk no pudo encontrar una mejor idea.
Apagó el computador, dejó la silla debajo de la mesa, se colgó la mochila al hombro, y le extendió la mano a Kari. Ella no tardó en seguirlo, enganchando sus dedos meñiques. Así siguieron caminando en un estado de paz interior compartido.
A esa hora, prácticamente no quedaba nadie en el instituto. Era viernes, y las clases y actividades extracurriculares terminaban más temprano. Por eso a Tk le sorprendió escuchar una voz saliendo de una de las salas de estudio.
Y le sorprendió aún más que se tratara de una voz familiar.
- Lamento que no hayas podido llegar hoy a Japón. La fiesta no será lo mismo sin ti. -
- ¡Ay Izzy! ¡Eres tan romántico! Pero no te preocupes, que la próxima semana ya estaré de vuelta. -
- Sí, lo sé. ¿A qué hora llegas, aproximadamente? Para irte a recoger al aeropuerto. -
Intercambió una asombrada mirada con Kari. Ella también sonreía divertida ante la situación. Se asomó de puntitas hacia la puerta entreabierta, y Kari se apoyó de él, aferrándose de sus hombros y respirando sobre su nuca. El gesto lo desestabilizó tanto, que perdió el equilibrio y se fue hacia delante, delatando estrepitosamente su presencia.
Izzy hizo un tremendo estruendo, asustado por el alboroto.
- ¿Pero qué demonios…? – farfulló. Sólo atinó a cerrar la laptop, bajo los quejidos de Mimi. Motimon, que había estado dormitando sobre el bolso de Izzy, despertó sobresaltado.
- ¿Qué está sucediendo aquí…? – exclamó furibundo por la interrupción de su sueño, con su infantil vocecita. Se detuvo en seco al verlos tirados en el suelo. - ¿Eh? ¿Tk? ¿Kari? ¿Qué pasa? -
Tk estaba demasiado aturdido como para responder. El peso y calor de Kari sobre su espalda lo ponía nervioso e inquieto. Ella debió de darse cuenta, porque no tardó en ponerse de pie, tendiéndole la mano para ayudarlo a levantarse.
- Lo sentimos, Izzy. – empezó ella con su dulce voz. Tk pensó que, si era ella la que le pedía perdón por alguna razón, él no sería capaz de resistirse a su voz y su adorable rostro. – Pensamos que no había nadie, y nos llamó la atención que hubiera movimiento en este salón. Por eso nos acercamos a echar un vistazo, ¿no es así, Tk? -
- Claro. – aún no soltaba su mano.
- ¿Estabas hablando con Mimi? – inquirió Kari, sonriendo levemente.
Ahora fue el momento de Izzy para quedarse callado. Al principio se le arrebolaron sólo las mejillas, pero luego el rubor se le extendió por todo el rostro.
Motimon le tocó el hombro con suavidad.
- Izzy, no deberías dejar a Mimi hablando sola. Se enojará. – y ese deje de miedo y advertencia mezclados en el consejo del digimon, daban cuenta que no era la primera vez que eso sucedía.
- Ehh, yo, bueno, lo que pasa es que… - empezó a rascarse la cabeza, mirando para cualquier sitio menos el lugar donde se hallaban parados.
- Izzy… - lo regañó Motimon, poniendo los brazos como jarras.
- Mimi y yo hemos estado hablando por videollamada últimamente… - explicó, bajando el tono de voz a medida que hablaba. – Y… bueno, ahora que la conozco mejor, sé que es una chica hermosa, tierna y agradable, muy divertida, y… -
- Y un carácter de miedo. – terminó Motimon por él. Izzy lo miró con ojos escrutadores.
- No seas hablador, Motimon. – el digimon infantil rió.
- Es una excelente noticia, Izzy. – Kari le dedicó una luminosa sonrisa. Los nervios del chico pelirrojo se disiparon, y también logró devolverle la sonrisa de vuelta.
Por eso estaba tan enamorado, desde el cielo hasta la tierra y el infierno, desde los dos mundos. Sólo Kari podía transmitir esa aura de tranquilidad con un solo gesto.
- Sí… gracias. -
- ¿Van a ir a la fiesta de Davis? – les preguntó Motimon. Asintió lentamente.
- Por eso debemos ir a recoger a Poyomon y Snowbotamon antes que se nos haga muy tarde. – respondió.
- Oh, está bien. -
- Nos vemos más rato, chicos. – se despidió Kari, aleteando la mano. Tk inclinó la cabeza en señal de despedida, y ambos abandonaron el salón.
Izzy los observó marcharse, consciente de que la laptop empezaba a echar humo. Una metáfora muy adecuada para describir cómo se estaría sintiendo Mimi en esos momentos por haberle cortado la llamado tan abruptamente.
- Se están recuperando, ¿verdad? – Motimon había saltado hacia sus brazos.
Recordó la plenitud de Tk junto a Kari. La dulzura de Kari para con Tk. La calma que irradiaban estando juntos.
- Lentamente, pero sí, Motimon. – lo alzó en brazos para verlo de frente, como venía haciendo desde hace tantos años atrás en el Mundo Digital. – Se están recuperando.
Lo último que Tk y Kari escucharon al doblar por el pasillo fue el vitoreo de Motimon.
La velada estaba siendo muy agradable. Davis estaba celebrando su cumpleaños número 15, y como una clase de recompensa por haber salvado el mundo una vez más, los señores Motomiya y Jun habían aceptado salir por aquella noche, para que se quedara con la casa a sus anchas.
Ahí estaba su hermano, abrazando a Noriko de la cintura mientras hablaba con Ken, Yolei y Davis. La muchacha lo había perdonado después de todo; más que enojada, se había asustado mucho con todo lo que había pasado, mientras estaba sin tener ninguna noticia de Tai. Así que su reconciliación fue muy de tipo hollywoodense, con besos y abrazos en el aire.
Joe, Izzy y Cody charlaban animadamente en un rincón. La relación de Izzy y Mimi la había tomado por sorpresa. No se lo esperaba, pero estaba sinceramente feliz por su decisión. Aún cuando fueran tan distintos en sus personalidades y formas de ser, estaba segura que se complementarían a la perfección.
Ella, por su parte, estaba sentada junto a Tk, hablando con Matt y Sora. Cuando escuchó el grito de Tsunomon al despertar de esa avalancha de luz, que los había dejado inconscientes a todos, sintió que se le estrechaba el corazón. Por todo lo maravilloso que existía en ese mundo, y en el otro, Matt estaba vivo. Tsunomon no se despegaba de su lado, y Sora tampoco. Podía entenderlo, porque a ella también le daba una punzada de dolor cuando Tk se alejaba de su lado. Su estómago se contraía, y no podía estar en paz hasta que Tk volvía.
Y eso la abrumaba.
Sin embargo, dado que ya había pasado aproximadamente un mes desde la batalla final a los pies de la Montaña Espiral, sabía que podía superarlo. Lo sabía porque Tk, su hermano, Snowbotamon, y todos sus amigos estaban a su lado, y confiaría en ellos para que la ayudaran a volver en sí, a volver a ser ella misma. Se sentía muy agradecida de todos ellos, y siempre tendría un espacio en su corazón para cada uno.
La pequeña Snowbotamon, que estaba sobre sus rodillas, le acarició la mano. Como Angewomon y MagnaAngemon habían estado tanto tiempo en el nivel de digievolución ultra, y habían utilizado hasta el último gramo de energía para derrotar a Piedmon, habían vuelto a ser digi-huevos. Los dioses del Digimundo les habían dado otra oportunidad, por su valentía y coraje.
Se levantó para ir a buscar comida para Snowbotamon y Poyomon. En la cocina, Tai estaba inclinado sobre el refrigerador, registrando en busca de algo interesante. Davis le daba pase libre para hacer lo que quisiera sólo porque se trataba de él, Tai Kamiya, su máximo ídolo.
- ¿Qué buscas, Kari? – le preguntó su hermano.
- Comida para Snowbotamon y Poyomon. Tk me contó que después de derrotar a Devimon, procuró alimentar muy bien a Poyomon para que creciera más rápido. – Tai asintió mientras le daba un primer sorbo a la cerveza que había sacado del refrigerador.
- ¿Cómo te sientes? – inquirió Tai. Captó de inmediato que no se trataba de una pregunta trivial.
- Estoy bien. – contestó. – Hace tiempo que no me sentía tan bien. – y era una respuesta sincera. Se sentía en paz. Sonrió ante la dicha que experimentaba en ese momento, sabiendo que podía disfrutar de la compañía de su hermano una vez más.
Tai la observó con una expresión extraña. No era preocupación, ni mucho menos. Era como una mezcla de alivio, alegría y algo más. Se acercó unos pasos hasta que la abrazó con su brazo libre, depositando un tierno beso en su frente.
- No sabes lo feliz que me hace verte sonreír así de nuevo. -
No supo que decir. Se quedó paralizada unos segundos, para finalmente abrazarlo con fuerza.
- Te quiero, hermano. -
Tai siempre sería el mejor, de eso no había duda.
La fiesta estaba alcanzando su punto culmine.
Joe y Cody se habían marchado. Cody tenía entrenamiento de kendo temprano en la mañana con su abuelo, y Joe tenía que ayudar a una compañera a estudiar. Se había puesto tan colorado al decirlo, que no bastó mucho tiempo para que lo empezaran a molestar. Noriko, para desgracia de Tai, también se había ido porque tenía que cuidar de su abuela.
Davis había tomado tantas cervezas que estaba medio desparramado sobre el sofá, hablando incoherencias, mientras Tai e Izzy se reían a carcajadas de sus ocurrencias. Ken y Yolei se hacían arrumacos en una esquina de la sala, completamente ajenos de todos los demás. Kari y Sora charlaban animadamente, acariciando cada una a su digimon, Kari a Snowbotamon, y Sora a Yokomon.
Su hermano se volteó en cuanto abrió la puerta corrediza del balcón. Había salido para fumar al aire libre. Se colocó a su lado en silencio, apoyando los codos en la baranda. Observó el cielo nocturno de Odaiba por algunos segundos.
- Mamá me llamó. Dijo que tenías pesadillas. – empezó su hermano.
Era esperable. No había hecho cosas buenas durante su estadía en la fortaleza de la Montaña Espiral, y seguía atormentándose por ello cada noche, cuando bajaba la guardia.
Suspiró, cansado.
- No puede esperarse otra cosa. – murmuró. – Pero ya son menos frecuentes.
Matt también suspiró.
- Te entiendo. – masculló antes de darle una pitada al cigarrillo. El silencio volvió a instalarse entre los dos.
A pesar de todo, aún se sentía culpable por lo que había sucedido en aquella escalera. Aunque entendía que todo se debía a la manipulación que Piedmon ejercía sobre su mente y su cuerpo, el solo hecho de saber que había herido a su hermano de muerte bastaba para trastocar sus pensamientos.
Matt debió de escucharlos desde donde estaba.
- Escucha, Tk. – tiró el cigarro al suelo y lo pisó. – Sé que te sientes terrible. Créeme, yo lo sé. – con las manos en los bolsillos de su pantalón, se volteó. Lucía sereno, con la expresión de aquel que sabe de lo que está hablando. – Pero ya es suficiente. No soporto que cada vez que me mires lo hagas con la culpa desbordándose por tus poros. – se quedó de una pieza. ¿Tanto se le notaba?
- Pero hermano, yo… -
- Pero nada, Tk. Ya pasó, ya fue, y no importa. – se acercó, posando una mano en su hombro. – De verdad. Tienes que dejar atrás este doloroso recuerdo para ser feliz. – ahora lo tomó de ambos hombros, mirándolo de frente. – Me reconforta saber que, ante todo, siempre recordaste mis palabras.
Se miraron fijamente. Azul con azul. La mirada de su hermano se volvió pesada, más cargada, incluso lo pudo percibir en el medio de la noche. Quiso voltear el rostro a un lado, pero Matt no se lo permitió.
- "Está prohibido perder las esperanzas". – susurró, sintiendo que la garganta se le apretaba y los ojos le escocían.
- Estoy muy orgulloso de ti, Tk. – musitó Matt, mientras le dedicaba una tierna sonrisa. Esta vez no pudo aguantarlo, porque el horror de saber que nunca vería esa sonrisa otra vez volvió a azotarlo. Y saber, que seguía ahí, le estrujó el corazón.
Abrazó a su hermano con fuerza. Las lágrimas se deslizaron por sus mejillas, mientras trataba de esconder el rostro entre el hombro y el cuello de Matt.
- Ver la Esperanza refulgiendo en tus ojos es el mejor regalo que puedo tener, Tk. – se aferró más fuerte. Matt le correspondió la fuerza de su abrazo, transmitiéndole la serenidad y el alivio.
- Lo siento, lo siento hermano, lo siento… - sollozó contra su cuello, sintiéndose pequeño otra vez, cuando tenía que acudir a su hermano para que lo cuidara.
- Está bien, Tk. Ya está. Está bien. – Matt le sobó la espalda, tratando de calmarlo. Lo había hecho durante toda su vida, así que no le costó demasiado trabajo. – Estamos bien, los dos, ¿no es así? -
Asintió torpemente. Matt acentuó su sonrisa. Le limpió las lágrimas de las mejillas con el pulgar, tan suavemente como lo hacía de niño.
- Vamos a seguir adelante, como siempre lo hemos hecho, frente a todo. – le aseguró Matt. Tk asintió vigorosamente, sintiendo las palabras recorrerle con energía renovada.
- Juntos. -
La sonrisa de Matt se hizo aún más grande.
- Por supuesto. -
La promesa se cerró en aquella noche despejada, con los cielos de Odaiba como testigo. Y se habría de cumplir tanto en un mundo como en el otro, hasta el ocaso de sus vidas, con la convicción de que lucharían hasta con su último hálito de vida para mantenerla.
Porque el Payaso del Infierno, en realidad, no había tenido idea de nada.
FIN.-
Comentarios Finales:
Bueno, la historia acabó. Se siente extrañamente gratificante acabar algo que ha sido tan largo y satisfactorio. Es decir, para mí, quizá para ustedes sea terrible D:
Cuando empecé a escribir este fic, a finales del 2010, estaba a un verano de empezar mi último curso de secundaria. Ahora, estoy a punto de iniciar mi cuarto año de universidad. El tiempo pasa escandalosamente rápido. Y han pasado demasiadas cosas entremedio.
Sé que la espera para este epílogo fue eterna, un año y contando. Mis excusas son básicamente 2: la primera, como no, el año académico. Mientras más avanzo, más difícil se pone la cosa, y no hay tiempo para nada más que estudiar, comer o dormir. Y este semestre se viene aún peor D:
La segunda es porque me empecé a obsesionar con otro fic que estoy escribiendo, y me ocupa mucho más el tiempo. De todas formas, ahora que El Regreso del Payaso del Infierno ha terminado, podré dedicarle todo mi tiempo a este fic relativamente nuevo c:
La buena noticia es que se viene una nueva temporada con nuestros amigos elegidos como protagonistas! Habrá que esperar a junio para ver de qué va todo esto, pero lo confieso, me siento muy entusiasmada, hahaha. Sólo espero que mi niñez no se arruine, del mismo modo en que David Yates arruinó mi pre-adolescencia con la película 2 de Harry Potter y las Reliquias de la Muerte.
No sé si vuelva a escribir algo más sobre Digimon. Tal vez con la nueva serie me anime y salga algún one-shot o una historia corta, pero no creo que me involucre seriamente con un long fic de Digimon. Todas mis ideas buenas ya se han acabado, hahaha.
Espero que este epílogo haya cumplido sus expectativas. Definitivamente, Matt no podrá ser el mismo de antes, tampoco Kari ni Tk, pero la moraleja de esta historia, es que a pesar de todas las cosas horribles que pasaron, ellos seguirán luchando para seguir adelante, sin rendirse, y tratando de ser mejores personas. Ese es el quid de la cuestión. Como escuché por ahí, "Lo que puede cambiar el futuro es la resolución de luchar". Es una bonita frase, y sirve para la reflexión. Además, que la saga Digimon, al menos la de Digimon Adventure y 02, es precisamente eso, seguir adelante, luchar por lo que creemos correcto, y no rendirnos si las cosas se ponen medianamente difíciles.
Queridos lectores y lectoras, no me queda más que decirles; muchas gracias por todo su tiempo y dedicación a esta historia c: Me hace muy feliz que tenga tantos seguidores y favoritos –quizás no son tantos, pero para mi son demasiados-, y por supuesto, sus reviews que siempre son muy bienvenidos.
Los dejo invitados, si es que son fans del fandom, (como yo jejeje) a leer el nuevo fic que estoy escribiendo, "The Highwaymen", de Harry Potter. Sólo les diré que si pensaron que "El Regreso…" era siniestro, no saben lo que les espera ;) La trama es mucho más oscura, y tiene más situaciones y escenas para adultos (uy!).
Como ya me he extendido demasiado en esta pseudo despedida, es hora de cortar. Que estén todos muy bien, y la pasen excelente
Y recuerden, es tiempo de que la aventura digievolucione ;)!
Nr.-
