Epílogo.

-Hermosa.

Se giró hacia su madre, de pie en el umbral de su habitación. Le sonrió.

-Gracias.

Alice había insistido en que debía usar el vestido que ella había diseñado tiempo atrás. El azul iba mejor en su piel nívea, resaltaba su cabello oscuro y sus labios de fresa. Había peinado sus ondas desde una corona trenzada en lo alto de su cabeza. Llevaba cómodos tacones que quedaban a la vista con el modelo.

-Me siento extraña.

-Te ves como una modelo.

Rodó los ojos.

-Ya quisiera.

-Edward no va a pensar lo mismo.

Sonrió sin pensarlo. René conocía a Edward desde hacía un par de meses, prácticamente desde que luego del juego de medio año había corrido a sus brazos. Toda la escuela había dado por sentado su relación. Jessica dejó de asistir al cabo de un par de meses, cuando su vientre ya no podía ocultarse y Mike estaba recluido por sus padres al estudio dentro de la casa.

-Llamó Ivannette. Te desea suerte.

-Gracias.

Los Newton no habían reaccionado tan mal como lo había esperado. Solo se apenaron por tener un hijo demasiado estúpido.

El timbre hizo saltar sus nervios.

-Iré yo.

René rió.

-¿Le abrirás a Edward?

-Si, quiero verlo usando un traje a la medida. Recorrimos todo el centro comercial con Emmet y Rosalie para encontrar uno que le fuera de su agrado. Finalmente quiero admirar mi obra de arte.

Bella caminó hacia la sala y respiró hondo antes de abrir la puerta.

-Hola, cariño.

Su respiración zumbó en sus oídos, como si fuera a desmayarse. Su corazón se aceleró de golpe. No era capaz de hablar, ni siquiera de reaccionar. Solo supo que tenía que hacerlo. Saltó a su cuello y se aferró a su padre. Charlie la envolvió con sus brazos y cerró los ojos.

-Estás hermosa.

-Gracias.

No necesitaba oír excusas ni explicaciones. No podía decir que no las necesitara. Solo, no era el momento adecuado. Porque cuando el corazón decide dar una oportunidad, lo hace de esa forma. Sin pedir nada a cambio, entregándolo todo.

-Lo siento.

-Lo sé.

Alguien carraspeó. Bella se apartó de Charlie y miró a su espala. René estaba convertida en piedra, tan impactada como ella misma.

-Charlie...

-René.

Sonrió suavemente y caminó hacia ella. Bella se volvió y encontró a Edward frunciendo el ceño.

-Ven...

Le tendió la mano y él la presionó, antes de darle una sonrisa.

-Edward, éste es mi padre. Charlie.

Charlie estrechó su mano y sonrió como cual padre mide cuidadosamente los movimientos del novio de su hija.

-Hola señora Swan.

-Hola, Edward.

René no soltó la mano de Charlie. Edward ajustó la de Bella y le entregó la caja transparente con su rosa blanca. Tenía un prendedor, por lo que la ayudó a añadirlo al vestido.

-Diviértanse.

-Lo haremos.

Bella saludó a sus padres y salió junto a Edward. La atrajo a su cuerpo y notó que temblaba.

-¿Estás bien?

-Mejor ahora.

.

En la entrada del salón un fotógrafo los detuvo y les tomó una fotografía. Se las entregó y la hizo firmar por detrás. La añadió al álbum anual y cerró las tapas. El baile de graduación documentado oficialmente.

Eward la llevó a la pista y la atrajo a su cuerpo. Bella enredó sus manos detrás de su cuello y se acercó a él. Besó su mandíbula y sonrió.

-¿Te dije lo apuesto que te ves?

Rió con voz ronca.

-¿Te dije lo sexy que te ves en ese vestido?

-No, pero gracias.

Edward la besó, lento y sin prisa. Sonrió sobre sus labios.

-Eres perfecta.

Bella sonrió.

-No lo soy, pero tú haces que quiera serlo.

La música cambió y Bella lo llevó hasta la mesa de bebidas.

-Mira, allí está Emmet.

Rosalie llevaba un vestido rojo de infarto e iba tomada de su mano. Eran una maldita buena pareja. Emmet la miraba como si fuera el secreto de la jventud. Deseoso de emergerse en ella y no soltarse nunca. Bella sonrió.

-Hermano...

Jasper palmeó su hombro. Alice chilló.

-¡Te dije que iba a ser perfecto!

Edward le entregó un vaso de plástico a Alice.

-Entonces a ti debería agradecer, esta noche.

Alice lució su mejor sonrisa de superioridad.

-Por supuesto. Gracias.

Jasper la tomó de la cintura y besó su mejilla. Alice había elegido un vestido corto negro al igual que sus tacones. Su cabello iba en todas las direcciones y su maquillaje oscuro resaltaba su mirada verde.

Edward se acercó a su oído.

-¿Quieres que vamos por un poco de aire?

Le tomó la mano para llevarla hacia el jardín. Preparado con iluminación suave y los rosedales naturales. Un lugar realmente bello, romántico y tranquilo. La forma del mirador le recordaba a su mirador en la playa.

La ajustó a su cuerpo y comenzó a moverse lentamente con la melodía que se oía a lo lejos. El perfume de Bella se confundía con las flores frescas de principio de verano.

La escuela había tocado su fin. Había ganado una beca en una escuela que estaría cerca a la que Bella iría. Iban a trabajar por conseguir algo juntos. Nada podría separarlos. Edward estaba seguro de eso. Se movió hasta su oído.

-¿Recuerdas nuestra primera noche? Fue en un lugar como éste.

Bella sonrió.

-Sí... lo recuerdo.

-El dueño lo destruyó.

-Eso es horrible.

-Lo es. Pero... me alegra que éste lugar se parezca...

Edward se separó para verla a los ojos. Bella tenía ese brillo en la mirada que lo hacía querer amarla a cada minuto del día, prometer una vida llena de felicidad y todas las noches a su lado como fuera capaz de cumplirlas.

-¿Por qué?

-Parecemos destinados a obtener momentos de éste tipo de construcciones.

Bella rió.

-¿Y eso qué quiere decir?

Edward tomó su mano izquierda y la bajó, acariciándola con suavidad.

-Que quiero inmortalizar este momento, Bella. Para siempre.

Algo frío rozó su piel. Bajó su mirada hacia el anillo que comenzaba a desplegar por su dedo anular. Una sencilla banda de plata con un óvalo lleno de diamantes pequeños.

-Edward...

-Cásate conmigo. Sé la madre de mis hijos. Mi compañera para toda la vida, Bella. Te amo. No puedo soportar ni un día más sin ti.

Antes había creído que jamás estaría lista para el matrimonio joven. Pero todo lo que quería era estar con Edward. Fuera de la forma que eso significara. Si eso quería decir que debían casarse, lo haría con gusto. Nada le parecía mejor que eso.

Sonrió, y sostuvo las lágrimas en sus ojos.

-Quiero...

Lo abrazó por la cintura y se aferró a él.

-...te amo, Edward. Quiero ser tu esposa. Para siempre.

Edward tomó su rostro con ambas manos y la besó.

-Para siempre...

Susurró Bella. Él dejó su sonrisa a medio camino, con gracia.

-Quién lo diría, de un verano... para toda la vida.

~FIN~


No te pierdas la reseña de la próxima historia en el capítulo llamado "Nota de autora (dos)"