¡Hola a todos!, ¡Perdonen la tardanza, de verdad me siento muy mal! TT-TT, pero quiero decirles que estoy muy emocionada por haber podido terminar el capítulo, a decir verdad se me hizo eterno escribir ésto. No importaba cuanto avanzara escribiendo sentía que no me acercaba al final, e inclusive había pensado en volverlo a cortar, pero no quería hacerles eso de nuevo. Cabe destacar que me esforcé por hacer la situación de lo más realista e investigué bastante sobre la condición de Kuina; Y como recompensa por hacerlos esperar tanto, les hice un capítulo más largo de lo normal, me salieron 17 páginas de Word en letra calibri 11, y me siento muy bien, ¡Hice un nuevo record!
Capítulo 24.
Adiós primer amor.
Zoro se sentía horrible, su cuerpo le dolía enormemente, además de que lo sentía pesado y apenas si podía moverse, llevaba rato que veía rojo debido a la sangre que escurría desde su cabeza a su rostro, y descendía hasta su barbilla, mismo dolor que le ocasionaba mareos y nauseas. Se encontraba aturdido y con mucha dificultad distinguía un techo blanco el cual se encontraba en movimiento, él estaba recostado en una camilla y al parecer lo estaban ingresando al hospital. Lo primero que había podido escuchar eran los gritos horrorizados de las personas al ver a dos pequeños niños ingresar a un lugar tan impropio para pequeños. Momentos después perdió la consciencia de nuevo no sin antes hacer un esfuerzo para ver a la peli azul la cual al parecer también se había desmayado.
El olor a medicina y fármacos penetraba en sus fosas nasales repugnándolo. No muy lejos de ahí podía escuchar a dos personas charlando, una de las voces le parecía extremadamente familiar pero por el momento no conseguía recordar a quién le pertenecía. Sus parpados pesaban pero aún así había hecho un esfuerzo enorme por abrirlos, y ahora se encontraba viendo a su hermana quien hablaba con un tono histérico con el doctor que se encontraba a unos cuantos pasos de distancia.
¿Qué había ocurrido?, no entendía nada, ni recordaba por qué se encontraba ahí, tampoco le gustaba ver a Robin tan angustiada, era algo que jamás le había parecido, ya que ella generalmente era una chica serena, dulce y cariñosa que siempre le sonreía aún si se encontraba triste. Ahora que recordaba hasta hace un momento había estado saliendo con Kuina. ¡Cierto!, habían ido a jugar videojuegos y comer porquerías, y después de eso... ¡O no!
-¡Kuina! - Gritó el niño levantándose de golpe provocando que la hermana de éste lo viera aturdida y corriera a su auxilio.
-¡Zoro! - Dijo preocupada. - No debes moverte.
-Pero...
-Estoy aquí...
Al instante el peliverde miró hacia su derecha encontrándose con la peli azul sentada en la cama, tenía unas cuantas vendas y yesos, pero nada que pareciera grave, cosa que lo tranquilizó al instante. Tras soltar una sonrisa ladina quiso hacer un nuevo esfuerzo para levantarse pero justo en ése instante sintió un dolor punzante corriendo por todo su cuerpo que lo obligo a volverse a acostar al momento que soltaba un grito apagado.
-Te repito que no te muevas. - Dijo su hermana al momento que lo revisaba para después comenzar a acomodar la almohada del menor.
Sin hacer mucho caso a lo que la mayor le decía giró la cabeza en dirección a donde estaba su amiga, ésta al notar que el peliverde la miraba no pudo evitar desviar la mirada, cosa que lo preocupó. Kuina se sentía culpable ya que ella no había resultado dañada ya que Zoro la había protegido usando su propio cuerpo como escudo, lo cuál había terminado con que él estuviera mucho más lastimado.
Ella se había despertado hace ya varias horas en las cuales había tenido la oportunidad de escuchar la conversación de los doctores sin que éstos se dieran cuenta de que estaba consciente. Su papá y su hermana habían ido a verla de inmediato y en ése instante no se encontraban en la habitación debido a que habían salido a comer algo después de estar tanto tiempo en espera de noticias. Por lo que sabía hasta ahora, en una de las conversaciones que escuchó a escondidas le habían mandado a hacer unos estudios generales a medida de prevención para evitar complicaciones.
¿A qué se referirían con complicaciones?, la verdad ése termino había logrado captar su atención pero solo había durado un instante ya que lo que más le preocupaba en ése momento era la seguridad de su salvador. Le parecía patético que al ser ella la mayor hubiera dejado que eso sucediera, aunque en realidad la culpa no era de ella sino del conductor que no había tenido la prudencia necesaria para no conducir estando ebrio.
-Kui-Na – La voz cortada del peli verde provocó que volviera a verlo preocupada, notando que éste la observaba con unos ojos de angustia, lo cual provocó que se sintiera aún más culpable.
-Estoy bien. - Respondió regalándole una sonrisa. - Gracias a ti no resulte herida, deberías preocuparte mejor por curarte tú, saliste mucho más herido que yo.
Zoro no tardó en soltar un suspiro aliviado mientras veía hacia el blanco techo del hospital con una enorme sonrisa demostrando la felicidad que sentía al haber podido salvar exitosamente a la persona más importante para él después de su familia. Aunque mirando la mirada de angustia de su hermana, de cierta manera lo hacía sentirse culpable por haberla preocupado, él no era ningún idiota y podía notar aquellos ojos cansados y enrojecidos por haber estado llorando; Y era cierto, Robin había sido la única presente en casa cuando recibieron la llamada del hospital, afortunadamente en su escuela, uno de los requisitos para los niños era llevar consigo una tarjeta con el número de teléfono de algún pariente en caso de que ocurriera cualquier tipo de accidente.
La adolescente saliendo de la escuela había ido a la guardería a recoger al pequeño Chopper, y es que desde que su madre falleció ella había quedado como la figura materna dentro de la familia. Su mamá había muerto puesto que su cuerpo se encontraba en un estado bastante delicado y no había podido soportar el parto, por lo cual murió dando a luz a Chopper. Ése acontecimiento había pegado muy duro en la familia, y había ocasionado que la actitud de su hermano Zoro se distorsionara un poco, y por eso ahora era tan sobreprotector con ella. Él buscaba peleas todo el tiempo no solo por la emoción de encontrar a un rival, o sentir la adrenalina que las emociones fuertes le ocasionaban... No, lo que él inconscientemente buscaba era una manera de drenar su dolor, y desde ése momento a él también se le había ocasionado un peso enorme sobre los hombros, ya que si bien a ella se le había puesto la carga de adquirir el papel de madre a Zoro por su parte por ser el hombre mayor se le había implantado la idea de que tenía que proteger a la familia en ausencia de su padre, quien salía constantemente a ganarse la vida para proporcionarles comida.
En todo caso era Robin quien estaba encargada de cuidar al pequeño Chopper quien ya tenía 4 años de edad. El menor no había tenido oportunidad de conocer a su madre, por lo cuál para él quien era verdaderamente su madre era nada más ni nada menos que Robin. Al pequeño Chopper nunca se le había culpado de nada y había crecido con el amor de los tres integrantes de la familia quienes lo consentían como el adorable niño que era. Su mamá había puesto en peligro su vida debido a que amaba a Chopper, y cada uno de los integrante de la familia Roronoa lo entendía perfectamente porque, ¿Quién no podía amar a ése simpático castaño de enormes ojos caramelo?
Cuando la adolescente llegó por fin a casa, el teléfono estaba sonando y había varias llamadas perdidas registradas por lo cual se apresuró a contestar y fue cuando recibió la noticia la cual provocó que se le helara la sangre. Con rapidez había llamado a su padre para darle la noticia para después dejar a Chopper al cuidado de sus vecinos, la pareja de doctores Hiruruk y Kureha, a quienes el menor apreciaba demasiado.
En todo caso lo que importaba era que su hermano ya había despertado y parecía demostrar mucho más vitalidad de lo que se hubiera podido imaginar. Mirándolo con vendas alrededor de su cuerpo demostrando la misma personalidad arrogante, Robin no pudo evitar que su corazón se oprimiera nuevamente, y en un impulso había tomado al menor entre sus brazos, dándole un cálido abrazo de una manera desesperada por intentar tranquilizarse a sí misma.
-¿Hermana? - Preguntaba Zoro quien comenzaba a sentir un poco de dolor debido al abrazo afectivo pero no dijo nada al saber lo mucho que debió de haberla preocupado.
Después de eso el tiempo comenzó a transcurrir endemoniadamente lento, se les había dejado reposando en la misma habitación en lo que se recuperaban de las heridas. Por fortuna, el cuerpo de Zoro era extraño y parecía curarse a una velocidad inhumana. Estaban dentro de una habitación en donde había varias camillas en donde reposaban niños con diferentes problemas clínicos, se habían hecho amigos de unos cuantos, pero aún así el peliverde ya se sentía impaciente por salir de ahí, ya que no le gustaba dejar su cuerpo sin ejercitar por tanto tiempo.
En ése lapso de tiempo había podido ver a Robin, a su papá y a su entrenador quienes los visitaban constantemente, pero no había señales ni de Chopper ni de Tashigi, ya que estaba prohibida la entrada al hospital para menores de 12 años. Zoro se sentía mal tanto por su hermanito como por su amiga, ya que debían de andar preocupándose en silencio, debería de sentirse horrible no poder ver a alguien cuando se encontraba enfermo.
-¿Más exámenes? - Había escuchado preguntar a Kuina un día. - ¿Por qué?
-Es solo como una manera de precaución. - Había respondido una dulce doctora castaña.
Después de eso había observado como se habían llevado a su amiga mientras éste lo miraba con un leve tono de preocupación en sus ojos. Ésa había sido la primera señal que había recibido de que algo no se encontraba bien, y sin saber porque dentro de su pecho había comenzado a sentir una punzada que indicaba angustia pura. Pasando un buen lapso de tiempo por fin había visto regresar a Kuina quien no se había ido directamente a acostar en su cama, sino que se había posicionado cerca de Zoro quien la miraba expectante.
-¿Qué te hicieron?
-No lo sé, una serie de pruebas, sacaron mi sangre, después me anestesiaron y me metieron una aguja en la cadera, eso dolió mucho. - Respondió sonriendo de manera nerviosa.
Zoro se había tomado unos momentos para pensar, definitivamente no se sentía a gusto, además podía sentir como Kuina se encontraba preocupada, cosa que no le agradaba para nada, ya que desde que habían ingresado a ése endemoniado hospital, su amiga había cambiado de actitud de manera notoria. No le gustaba verla con el ánimo decaído, y tampoco soportaba estar sin pelear cada 5 minutos, ya que ésa era su manera de llevarse y si no se hacía el ambiente se sentía pesado.
-Zoro... Quiero saber para qué son ésos exámenes. - Afirmó. - Tengo que investigar, ¿Me ayudaras?
La pregunta parecía ridícula, ya que estaba más que clara la respuesta. Ella podría pedir que lo acompañara al mismísimo infierno y él lo haría con gusto si así fuera la voluntad de Kuina; Lentamente y sin darse cuenta se había convertido en el fiel servidor de la peli azul y ella ni siquiera lo sabía.
Negando las indicaciones médicas Zoro salía constantemente de la camilla, sosteniéndose con la ayuda de sus muletillas. Éste hacía guardia para ver en qué momento llegaba el papá de Kuina, ya que obviamente éste sería quien recibiera las noticias de lo que sea que los doctores estaban buscando al realizar aquellos exámenes. Sabía que era algo prematuro buscarlo con tanta insistencia cuando él llegaba un tanto más tarde, pero no quería perderse el momento de la verdad. Por su parte la peli azul espiaba al doctor encargado de su caso, buscando averiguar cuando saldrían los resultados, también se encargaba de distraer a Robin quien estaba a punto de matar a una enfermera por perder de vista a su hermanito cuando ella fue al baño.
Ése día en especial se había hecho mucho más largo de lo común ya que Koushiro por alguna razón parecía estar tardándose mucho más en ir al hospital. Probablemente estaría trabajando, o estaría hablando con familiares o cualquier otra de ésas cosas que mantenían a los adultos ocupados. La misión espía se había complicado en el momento que Robin los capturo y Jin había llegado ya que no les habían dejado salirse de la camilla bajo ninguna circunstancia. Fue Jin, quien les informó que Koushiro llegaría hasta la noche y sería éste quien se quedaría en ésa ocasión a dormir para velar por su seguridad. La noche pasada había sido Jin, pero se había tenido que ir a trabajar, por lo que en cuanto llegó Robin en la mañana, éste se había ido, y desde entonces se habían estado escapando cada que tenían oportunidad, pero la oji azul no parecía dispuesta a dejar que eso sucediera nuevamente.
La buena noticia es que ésa noche estarían solamente con Koushiro, ésa era la ventaja de que los padres de ambos fueran mejores amigos, porque tenían la plena confianza como para confiar la seguridad de sus hijos al contrario. Sin tener nada más que hacer tuvieron que resignarse y quedarse quietos por lo que restaba del día.
Koushiro había llegado cuando ambos niños habían caído en los brazos de morfeo. El hombre se había disculpado con Jin y con la hija de éste por su retraso, y se habían quedado platicando por una media hora, principalmente porque Robin no quería dejar a su hermano solo. Jin la había tranquilizado, y convencido de que volviera a casa puesto que ella era quien más desvelos había tenido desde el incidente, y había logrado convencerla tras decirle que no podía seguir dejando a Chopper solo.
Cuando Koushiro estuvo solo, éste había dejado una mochila en un pequeño sillón que había al lado de la cama de Zoro y había agarrado una silla para sentarse en medio de ambos niños. Recargaba su barbilla en sus manos, clavando la mirada en el piso. Parecía estar pensando profundamente en algo, su expresión se había endurecido, su respiración estaba calmada, quizás demasiado. Tras quedarse en ésa posición cual estatua por unos cuantos minutos, se había levantado por fin para después caminar con pasos sigilosos hacia Kuina. Mirándola había comenzado a acariciar la cabeza de la pequeña con sumo cuidado para no despertarla.
La puerta de entrada había rechinado suavemente y había dejado ver a un hombre de bata blanca que había llamado al mayor por su nombre para después indicarle que lo acompañara. Koushiro había inhalado un poco de aire para después retenerlo dentro de sus pulmones, y después sacarlo de manera pesada. Mientras rascaba su cabeza de manera fastidiada había salido de la habitación con pasos pesados como quien no quiere la cosa, y tras dar una mirada hacia atrás, había cerrado la puerta.
Justo en el instante en que la puerta se cerró tanto Kuina como Zoro habían abierto los ojos, indicando que habían estado fingiendo todo el tiempo estar dormidos, todo para poder tener ésa oportunidad de oro. Casi habían tenido la necesidad de pedirle a gritos a Robin que se marchara cuando ésta seguía insistiendo en quedarse, pero de alguna manera todo había salido bien, y ahora tenían el camino libre. Saliendo de la cama con sumo cuidado de no hacer ruido, Zoro había agarrado sus muletillas, mientras que Kuina colocaba algunas almohadas bajo las cobijas para simular que había alguien durmiendo bajo éstas. Después colocó las almohadas bajo la cama de Zoro de igual manera, ya que éste por el momento no podía hacerlo por sí mismo sin que fuera a perder el equilibrio y caer.
Después habían abierto la puerta rápidamente mirando a ambos lados del pasillo buscando hacia dónde se habían dirigido el doctor y el progenitor de la chica, pero al perderlos de vista, habían optado por dirigirse hacia la derecha, que era el lugar en donde se encontraba la sala de espera. Los pasillo estaban tan solo alumbrados por unos tenues focos de colores cálidos, dejando las luces principales apagadas para no molestar a los pacientes, lo cual los ayudaba a poder escabullirse mejor. Llegando al final del pasillo se habían detenido por fin y habían asomado la cabeza encontrándose a Koushiro sentado en una de las tantas sillas de la sala de espera, en lo que el doctor le ofrecía tomar una taza de café.
-No necesito nada. - Respondió el pelinegro con un tono de voz sorpresivamente frío, algo muy extraño en él. - ¿Para qué le hicieron tantos estudios a mi hija?, nadie me ha querido decir nada hasta el momento.
El hombre de la bata blanca observaba al hombre con una mirada entristecida, sin saber muy bien como proseguir. Nunca era fácil decir malas noticias a una persona, no importaba cuantos años llevaras ejerciendo la carrera. Mirando hacia atrás había visto a una de las enfermeras de turno nocturno quien se encontraba sentada tras un pequeño mostrador, ésta estaba haciendo algunas anotaciones en papel bajo la luz de una pequeña lámpara de mesa, pero tras notar la mirada del médico, había guardado sus cosas y se había metido por una puerta que se encontraba tras de sí dándoles la privacidad merecida.
-Cuando ingresaron a los niños aquí, se les mandó a hacer una serie de exámenes generales para asegurarse de que todo se encontrara en orden, y qué tantos daños se habían sufrido por el accidente, nada inusual. - Cerró los ojos mientras metía las manos dentro de los bolsillos de la bata. - Sin embargo al momento de recibir los resultados de su hija encontramos algunas anomalías.
-¿Anomalías? - Preguntó el hombre con la voz temblorosa. - ¿A qué se refiere?
-Encontramos una cantidad anormal en la producción de glóbulos rojos, no queríamos decir nada hasta el momento de estar seguro por lo cual volvimos a realizar un examen de sangre, también tomamos muestras de médula ósea, incluso tomamos muestras de tejido y células pero todo nos llevó a la misma conclusión. - Hizo una pausa sepulcral para después decir. - Su hija tiene Leucemia Linfocítica Crónica.
-¿Leucemia? - Repitió Koushiro mientras los colores de su rostro se iban dejando su tez totalmente pálida, sus ojos se habían ensanchado a su máxima capacidad, y sus pupilas dilatadas habían perdido su brillo, su rostro era todo un poema.
-La leucemía Linfocítica Crónica es cuando las células comienzan a crecer de manera descontrolada, y...
-¡Sé que es la leucemia! - Gritó de pronto levantándose de su asiento totalmente sacado de sí. - Qué... ¿Qué va a suceder ahora? - Preguntó con la voz cortada mientras las lágrimas comenzaban a acumularse en sus ojos.
-Existen centros especializados para cáncer en niños, lo mejor es que lleve a su hija a alguno de ellos. - Dijo mientras le extendía una hoja de papel en la cual venía anotado nombre de centros con su dirección y números telefónicos respectivos. - Debe de hablar con todo tipo de especialistas e informarse sobre la enfermedad de su hija, ellos le informaran sobre la condición de la niña y podrán ponerse de acuerdo en el tratamiento adecuado para su hija, con las altas y bajas del tratamiento.
Zoro y Kuina ya habían regresado a su habitación, tras enterarse de la situación de la chica. Por una parte Zoro estaba confundido ya que no sabía que era eso de la Leucemia, pero contrario a él Kuina sabía perfectamente que es lo que quería decir eso. Ella no sabía que era más duro, si saber que le habían diagnosticado cáncer, o el haber visto aquél estado deplorable en el que su padre se encontraba. Quería echarse a llorar ahí mismo, pero no tenía intención de preocupar a Zoro, por lo cual había realizado un enorme esfuerzo para actuar como si la situación le fuera indiferente.
No tardaron demasiado en ser dados de alta, Jin y Koushiro ayudaban a sus respectivos hijos a ponerse en pie. Jin había querido cargar a Zoro quien necesitaría usar muletillas por cierto periodo de tiempo, pero éste se había negado rotundamente reclamando porque éste quisiera tratarlo como niño... Aún cuando un niño era lo que era precisamente. Caminando a pasos lentos salían de aquél blanco edificio repleto de ése asqueroso olor a fármacos. Saliendo por la puerta principal los ojos de ambos se habían tardado en acostumbrar un poco a la luz solar, pero cuando se recuperaron lo que observaron los dejó maravillados.
Frente a ellos se encontraban parados Robin, Tashigi y Chopper. Los tres tenían sostenido un gran trozo de tela blanco en el cual estaba escrito "Felicidades por su recuperación", con unas letras descuidadas que con trabajo podían leerle. La adolescente se encontraba a la derecha agarrando una de las esquinas de la tela, mientras que del lado contrario se encontraba Tashigi ayudando al pequeño Chopper a sujetar su esquina. Aparte del mensaje, habían sido coloreadas unas cuantas flores con plumones de colores, y unos cuantos dibujos igual de distorsionados que las letras.
En cuanto los ojos del pequeño de cuatro años pudieron distinguir aquella cabellera verdosa de su hermano mayor, éstos se ensancharon e iluminaron, y olvidándose por completo de sujetar la esquina de la tela para que éstos pudieran leer el mensaje, echó a correr con toda la velocidad que sus cortas piernas le permitían y se había abalanzado a los brazos de Zoro quien para recibirlo había tenido que soltar las muletas provocando que cayera al piso de espaldas con el pequeño Chopper llorando en su pecho.
-Nii-chan. - Gimoteaba el pequeño escondiendo su rostro en la camisa del mayor mientras se aferraba a su ropa apretándolo con sus diminutos puños.
Zoro sonriendo solo se dedicaba a acariciar suavemente los castaños cabellos de su hermano intentando tranquilizarlo. Ni siquiera le importaba que se hubiera golpeado la cabeza al momento de caer. Sabía que Chopper seguramente estuvo llorando cada noche por no tener a su hermano cerca, después de todo el menor constantemente tenía pesadillas, y en ésas ocasiones siempre se iba al cuarto de Zoro para dormir a su lado. En ocasiones el peli verde le contaba cuentos infantiles, o se inventaba alguna historia, pero éste siempre lograba hacer que el menor se tranquilizara y se quedara dormido.
-Vamos pequeño, no llores. - Dijo Jin mientras cargaba a su hijo en lo que Robin ayudaba a Zoro a levantarse.
-¡No, suéltame!, quiero estar con nii-chan. - Se quejaba Chopper mientras intentaba soltarse del agarre de su progenitor, a lo que éste se tocó el pecho dramáticamente para después decir.
-Es doloroso que tu propio hijo te rechace.
Siendo olímpicamente ignorado Chopper se aferro nuevamente a su hermano, mientras le mostraba la lengua a Jin, en lo que éste se volteaba y soltaba unas cuantas lágrimas, mientras Robin se divertía por la escena. Tashigi menos eufórica que el castaño se había acercado a abrazar a su gemela, mientras le preguntaba constantemente si se encontraba bien, a lo que ésta sólo asentía con la cabeza una y otra vez.
Kuina había mirado a su papá quien sonreía tranquilamente como todos los días, pero ella notaba que estaba simplemente fingiendo. Ella había decidido ser fuerte, no por ella, sino por su papá, ya que no quería preocuparlo más de lo que ya lo hacía. Habían regresado juntos a casa platicando de cualquier trivialidad en el camino.
-Oi. - La llamó Zoro susurrando. - Llegando a casa voy a investigar sobre eso que te dijo el doctor. - Soltó sonriendo.
-Ah... No importa, no lo hagas. - Se apresuró a decir. - Es algo así como una especie de gripe.
-¿Gripe? - Preguntó el peliverde arqueando una ceja. - Eso no me pareció una gripe. - Dijo serio recordando el estado en el que se puso Koushiro.
-Tienes razón, no es eso pero... Solo, no lo hagas, ¿Sí?
Él no muy convencido estuvo a punto de negarse, pero tras ver que ella lo observaba de manera seria, no le quedó opción más que asentir con la cabeza. Al llegar a su calle se habían despedido de sus vecinos, y cada quien se había metido en su casa. Lo primero que había querido hacer Zoro, era ignorar lo que le había prometido a Kuina e investigar sobre lo que tenía pero había dos problemas. Uno: Tenía que jugar con Chopper quien ya tenía una lista de actividades para realizar con su hermano cuando éste regresara a casa, y Dos: No recordaba el nombre de aquella extraña enfermedad.
Kuina por su parte se había sentado en la sala de su casa junto a Tashigi. Kuina le platicaba sobre el accidente, y lo aburrida que se había encontrado, mientras que su hermana solo asentía escuchando todo. Después habían jugado lo que restaba del día y no se habían separado la una de la otra, sino hasta que la gemela menor cayó dormida en el sillón, que fue cuando su papá la llamó para hablar con ella. Ya esperando lo que venía caminó rápidamente junto al hombre. Habían entrado a la habitación de Kuina para que ésta se sintiera más cómoda.
-Hija, no sé como decirte esto... - Comenzó nervioso rascando su nuca- Tendremos que seguir yendo al médico de manera constante.
-Lo sé. - Confesó la menor. - No te preocupes por explicarme cosas complicadas padre... Escuché tu conversación con el doctor a escondidas... Lo siento.
-Entonces tú...
-Tengo cáncer, ¿Verdad? - Sonrió débilmente, mientras el corazón del mayor se partía en mil pedazos y abrazaba a su hija echándose a llorar.
Kuina no soltó ni una sola lágrima, ella ya había decidido mantenerse firme.
A partir de ése momento sus visitas al doctor se hicieron algo rutinario. Habían visitado cada uno de los lugares que aquél doctor había anotado en ése papel, visitaban a un montón de especialistas para pedir su opinión clínica y comparar. Kuina se había informado mucho acerca de la Leucemia Linfocítica Crónica, la mayor parte de las cosas no las entendían ya que eran muy complicadas para ella, pero lo que si entendía era que debían de eliminar las células cancerosas, que al parecer la palabra "crónica", quería decir que era una enfermedad que había tenido durante ya un par de tiempo pero que no se le había diagnosticado hasta el momento del accidente.
Una de las cosas que ella había podido comprender era su repentino desgaste físico, ya que aunque no lo hubiera dicho nunca de manera abierta, en ocasiones se sentía muy cansada y con dolor al momento en el que practicaba kendo, pero hasta el momento nunca le había dicho nada a nadie puesto que su orgullo se lo había impedido. Si se miraba desde otra perspectiva, se podría decir que Kuina era una especie de monstruo porque la leucemia provocaba debilidad en el cuerpo, y sin embargo ella era la más fuerte del dojo.
Había decidido mantenerlo en secreto de Tashigi y Kuina hasta el momento en que ya no se pudiera esconder más, lo cual no debía de tardar demasiado puesto que se le había dado la fecha para su primera sesión de quimioterapia. No era que Koushiro quisiera ocultarlo de su otra hija, pero desde que recibió la noticia no había sabido como reaccionar, su esposa los había abandonado y nunca se hubiera imaginado que el destino le deparara otra prueba tan difícil. Él le había comentado ya la noticia a Jin quien se había mostrado muy preocupado, y comprensivo con él, también lo sabía Smoker.
Smoker era el único hijo de unos amigos con los que había estudiado en el colegio, pero cuando éste había cumplido 15 años, a sus padres se les había metido la loca idea de irse a viajar alrededor del mundo. No es que fueran malos padres, más bien eran infantiles y un tanto ilusos, por eso habían decidido viajar por el mundo intentando cumplir el deseo que tenían desde que eran tan solo unos locos adolescentes, además de que deseaban que su hijo se independizara a edad temprana, aunque claro, tampoco iban a dejarlo totalmente solo, por lo cual se lo habían encargado a Koushiro. Desde entonces Koushiro lo había apoyado económicamente, al principio Smoker se negaba a aceptar cualquier tipo de ayuda ya que prefería meterse a trabajar y ganarlo con su trabajo, pero cuando estuvo en problemas no le quedó más opción que pedir la ayuda del mayor, y bueno... Koushiro lo había ayudado mucho a que éste continuara estudiando, por tanto para él, Smoker era algo así como su hijo ilegítimo, y Smoker por su parte parecía querer mucho más a Koushiro que a sus propios padres.
La escuela ya estaba enterada de la condición de Kuina, y les habían otorgado el tiempo necesario para la recuperación de la niña. Hasta el momento la peli azul había seguido comportándose como si nada de eso estuviera pasando, seguía corriendo, gritando y peleando constantemente con Zoro, quien seguía teniendo un horrible presentimiento de que algo estaba a punto de ocurrir. Lo cual no estaba para nada equivocado ya que la quimioterapia estaba prácticamente a la vuelta de la esquina, y estaba claro que desde el momento en que se diera la primera sesión, la vida de Kuina cambiaría drásticamente.
Ingresando al hospital infantil especializado en niños con cáncer, había llevado a su hija de la mano. Ésta había faltado a la escuela, le había contado la noche pasada el estado de Kuina a Tashigi, antes de que el tiempo siguiera transcurriendo y le pegara mucho más fuerte el golpe. Por ende la chica de lentes tenía una expresión sombría ése día en la escuela, no quería platicar con nadie, sentía un nudo en su estómago y deseaba salir a correr o a practicar cualquier deporte para mantener su mente despejada.
Zoro había notado el estado de su amiga y había querido preguntar por su estado, pero lo único que había logrado hacer era deprimir aún más a Tashigi. Ella sabía que el peli verde aún no sabía nada, y a su edad no estaba segura de que siquiera comprendiera lo que era tener leucemia. Sabía que había sido bastante cruel que siendo él tan apegado a su familia no se le hubiera querido informar de nada hasta el momento, y no estaba segura si debía de ser ella quien le explicara, o esperar hasta que Jin se decidiera a explicarle.
-¿Dónde está Kuina? - Había preguntado el peliverde tras comprender que su amiga no le diría nada.
-No lo sé. - Había mentido terriblemente, sin saber que contestar.
-¿No lo sabes? - Preguntó incrédulo, ¿Cómo no podría saberlo?, ¡Era su hermana!
-Zoro... Estoy cansada, ¿Podrías dejarme sola por ahora?
Él sabía que ella tan solo quería desviar el tema, pero también sabía que era verdad que ella se encontraba cansada, podía saberlo con solo observar su deplorable estado. No quería hostigarla, y se sentía muy mal por verla tan decaída, por lo cual tan solo había optado por asentir con la cabeza y girar sobre sus pasos dispuesto a marcharse. Él no era una persona a la que se le diera bien el animar a las personas pero de todas maneras lo intentaba, y por eso antes de irse la había volteado a ver nuevamente observándola fijamente a los ojos por unos instantes antes de desviar la mirada nuevamente y decir en tono de voz bajo.
-Deberías sonreír, no es propio de ti estar triste... Yo creo que te vez mucho más linda cuando sonríes. - Había dicho para después echarse a correr avergonzado por decirle algo amable a alguien.
Tashigi no había podido evitar que sus mejillas se encendieran al escuchar al menor decir eso, y aunque eso de ninguna manera lograría que su humor mejorara de manera mágica, por lo menos le había ayudado a distraer su mente un poco, y permitirse sonreír suavemente. Ése día había querido ir directamente a entrenar con su maestro pero Tashigi les había dicho que no habría clases por lo cual había ido directamente a casa en donde para su sorpresa estaba su papá sentado en la sala de la casa.
Ladeando la cabeza había observado extrañado a su progenitor, quien normalmente llegaba a casa hasta la noche. En cualquier caso si él estaba ahí resultaba estupendo, ya que significaba que podría entrenar con su papá en lugar de Koushiro. Corriendo había tomado el brazo de su papá jalándolo para que fueran a practicar afuera, pero éste no se había movido de su lugar, tenía una mirada seria, cosa que lo extraño, ya que Jin normalmente era una persona despreocupada.
-Zoro, siéntate, tenemos que hablar.
Tras parpadear varias veces confundido, había acatado las ordenes de Jin, y se había sentado a su lado en el sillón. Al parecer Robin aún no llegaba con Chopper, por lo cual la casa estaba inundada en un silencio sepulcral, el cual hacía que el ambiente se tornara pesado, y comenzara a hacerse difícil respirar. Entrando en un estado de pánico, Zoro había empezado a pensar en su mente infantil que su papá se encontraba molesto con él. Empezando a sudar frio había intentado pensar en qué malas acciones había realizado en los últimos días, golpear personas en busca de gente fuerza ya era algo común así que se le hacía poco probable que lo riñera por algo tan típico, ¿Acaso se había enterado de que había puesto un alfiler en la silla del maestro encargado?, ¡Eso era imposible!, nadie había encontrado pruebas, ¿Tal vez que había hecho trampa en el examen?, la duda lo estaba matando por dentro.
-Zoro. - Había hablado Jin con voz calmada. - ¿Qué es Kuina para ti?
-¿Eh? - Había exclamado totalmente confundido.
-Es tu amiga, ¿No? - En cuanto su progenitor dijo eso las mejillas del menor se pusieron totalmente rojas cual tomate, cosa que le dio su respuesta al mayor. - ¿Es tu novia?
-A... A... ¡¿A qué viene ésa pregunta?! - Se había levantado de golpe mientras lo señalaba de manera acusadora.
-Estuve pensando en como hablarte sobre esto, pero simplemente no me venía nada a la cabeza, tú eres como yo, y a nosotros comprendemos mejor las cosas cuando nos dicen las cosas tal y como son. - Mirando a su hijo a los ojos le había dicho. - ¿Estuviste espiando a Koushiro y el doctor ésa noche cuando nos fuimos del hospital, no es así?
-¿Eh?, ¿Cómo lo... ¡Kuina te lo dijo! - Gritó sintiéndose traicionado.
-Entonces escuchaste que tiene Leucemia.
-¡Ah!, ¡Eso era! - Gritó recordando por fin el nombre de ésa enfermedad, y queriendo ir a buscar el significado de inmediato.
-¿Sabes que es la Leucemia? - Esperó al que el menor negara con la cabeza para proseguir. - Es cáncer en la sangre, ¿Sabes que es el cáncer? - Zoro lo pensó por unos instantes, ahora que recordaba ése doctor había mencionado lo mismo, había escuchado cosas muy vagas sobre el tema, pero no sabía con seguridad de qué se trataba.
-No. - Respondió por fin.
Jin comenzó a explicarle todo lo que el menor debía de saber acerca del cáncer, con una enorme paciencia había buscado las palabras más sencillas para que él comprendiera, los síntomas generales, las consecuencias, los tratamientos que de ahora en adelante debería de tener Kuina y los efectos secundarios que ésta tendría, entre los cuales estaba la pérdida de cabello. Se aseguró de que él entendiera la seriedad del asunto.
-¿Qué estás diciendo? - Había dicho Zoro retrocediendo unos pasos. - ¡Eso es mentira!, no puede ser verdad. - Gritaba retrocediendo cada vez más.
-Zoro...
-¡Cállate! - Había gritado saliendo de casa para dirigirse hacia el hogar de su vecina y tocar la puerta con desesperación siendo recibido por Tashigi. - ¿Dónde está Kuina? - Preguntó al momento de verla.
-Jin-san te lo dijo, ¿Verdad?
-¿Qué?
Incrédulo se había quedado paralizado en su lugar ante la atenta mirada de Tashigi, quien tras suspirar lo había tomado por la muñeca para que pasara. Kuina estaba en el hospital, por precaución y no regresaría por ésa noche, por lo que Koushiro se quedaría ésa noche con ella vigilándola, mientras que Tashigi estaba bajo el cuidado de Smoker. Ignorando al albino habían subido directamente a la habitación de la chica quien dejó pasar al peliverde. Zoro se había sentado en una silla mientras que Tashigi estaba en la orilla de su cama. En todo momento el niño no había despegado su mirada de la de su amiga a lo que ella había asentido con la cabeza como una manera para afirmarle que lo que le había contado Jin era verdad. Ante eso el peliverde había querido replicar nuevamente pero había callado al darse cuenta de que Tashigi debía de encontrarse igual de preocupada.
Ésa tarde se habían hecho compañía en todo momento, no querían sacar el tema a flote, por lo cual desviaban la conversación a cualquier cosa insignificante que pudiera pasárseles por la cabeza. De igual manera habían mantenido su mente ocupada pidiendo ayuda de los confiables juegos de mesa, o del entrenamiento. Cuando había comenzado a obscurecer Robin había ido preocupada a recoger a su hermano pero éste se negó a regresar, puesto que no quería dejar a su amiga sola. La adolescente entendiendo eso lo había dejado tranquilo, y ésa noche Zoro y Tashigi habían estado platicando hasta altas horas de la noche antes de caer dormidos uno al lado del otro hasta el momento en que Kuina apareció por el umbral de la puerta a la mañana siguiente.
Resulta que además de la quimioterapia se debían tomar tres semanas de reposo antes de la siguiente sesión, le habían aplicado también un trasplante de células madres, aunque no estaba seguro de que significaba ninguna de las dos cosas, y por lo que veía Kuina tampoco sabía muy bien qué es lo que le estaban haciendo. En todo caso, después de eso las visitas al doctor eran algo frecuente para la chica, los hábitos de higiene de Kuina habían tenido que ser modificados, al igual que su rutina.
Kuina ya no tenía la misma vitalidad de siempre, normalmente era una glotona pero ahora no quería siquiera probar bocado, se veía debilitada y con el pasar del tiempo se le hacía mucho más difícil sostener su espada de bambú entre manos. También tenía una dieta muy específica, entre muchas otras cosas fastidiosas, pero a pesar de eso ella nunca se quejaba. Zoro sabía que ella no quería preocupar a nadie, y por eso se guardaba cualquier reproche que pudiera tener para sí misma, y eso no hacía más que molestarlo. No le gustaba que Kuina se guardara todo para ella misma, ya que él estaba a su lado, no le gustaba que pusiera ésa sonrisa falsa pensando que engañaba a todo el mundo, él prefería a la chica quejumbrosa de siempre, a la chica sincera que no tenía miedo de demostrar sus emociones, prefería que fuera sincera y le contara todos sus pesares.
El cambio más aparente era por supuesto la caída del pelo, no había pasado demasiado tiempo hasta que ella misma le había pedido a su padre que se lo cortaran, ya que era mucho más difícil ver como se iba cayendo, a perderlo de golpe. Aún con el daño psicológico que eso podía ocasionar ella se seguía manteniendo sonriente, y sólo se había comprado unos cuantos gorros de lana al momento que decía que el cabello no importaba.
En ocasiones Kuina era ingresada al hospital por algunos días debido a que se encontraba en un estado delicado, y el detestaba eso porque a diferencia de la ocasión en la que se accidentó, no podía estar con ella ya que no se les permitía el acceso a los menores. Sabía que ella se sentiría sola estando rodeada solo de mayores, y aunque sabía que seguro había muchos otros niños él quería verla, por lo cual había espiado las conversaciones de Koushiro y Jin cada que tenía la oportunidad y había descubierto que a Kuina le asignaban una habitación individual, cosa que a él le resultaba más que perfecta.
Había buscado la manera de colarse en el hospital y de entrar por la ventana (la cual buscó por mucho tiempo antes de encontrarla) cuando se aseguraba de que no había ninguna enfermera por los alrededores. Al principio Kuina lo había regañado por ser tan imprudente, pero ése breve enojo se pasaba con rapidez y luego empezaban a hablar. ¿Cómo se la pasaba en la escuela?, ¿Cómo estaban su hermana y su padre?, ¿Se divertía entrenando?, ella siempre le hacía ése tipo de preguntas con ésa deslumbrante sonrisa que él sabía fingía, y evitaba hablar sobre sí misma, nunca mencionaba las pruebas o tratamientos que le hacían, tampoco si se sentía mal. La única razón por la que Zoro aún no decía nada, era porque de alguna manera quería respetar el deseo que la peli azul había tomado, aunque a ése paso sabía que su paciencia estallaría dentro de poco.
Con el paso de los meses el tiempo que Kuina pasaba en el hospital era más frecuente, hasta llegar a un punto en el que prácticamente vivía ahí. El pequeño Roronoa seguía con sus visitas secretas, en ocasiones Tashigi lo acompañaba ya que él se lo había contado, pero usualmente cada quien la visitaba por su cuenta ya que querían pasar desapercibidos.
-Sé que estás ahí Zoro. - Había dicho en una ocasión Kuina mientras sostenía un manga entre manos que Koushiro le había traído.
-Rayos quería asustarte. - Había dicho el niño mientras abría la ventana y se adentraba en la habitación para después mirar a la chica quien seguía recostada leyendo sin hacerle demasiado caso. - Que atenta. - Había murmurado por lo bajo de manera sarcástica.
Mirando a la chica había endurecido el rostro por unos momentos, y es que desde que se le había detectado ésa enfermedad podía notar como su cuerpo de deterioraba más y más con cada visita. La veía cada vez con el rostro más pálido, mucho más delgada y con menos energía. Él odiaba tener que verla tan debilitada, seguía sin entender muy bien lo que era el cáncer, pero con su mente infantil lo único que podía tener por seguro es que era una enfermedad, algo así como la gripe... Mentía, no era estúpido como para saber que eso era mucho más grave que una simple gripe, pero tal vez se quería engañar a sí mismo pensando que era eso, porque eso significaba que pronto volvería a ser la misma Kuina de siempre. Zoro nunca había creído en ése supuesto Dios, pero tenía sus esperanzas totalmente puestas en los doctores, creían que éstos ayudarían a que su amiga saliera de ésa situación.
-¿Cómo va la escuela?
El peliverde desvió la mirada clavándola en el blanco techo del hospital mientras soltaba un suspiro para después comenzar a responder la orden de preguntas que debía contestar en cada una de sus visitas. Con voz calmada respondía de manera pacientemente mientras miraba de reojo a la chica de vez en cuando. Aquella mirada triste le ocasionaba un vuelco en el corazón.
-¿Cómo estás tú? - Preguntó el chico arqueando una ceja.
-Bien. - Respondió sonriendo de oreja a oreja.
Ésa fue la gota que derramó el vaso, ¡Era obvio que no estaba bien!, podía saberlo solo con mirar su aspecto, podía saberlo cuando miraba ésos ojos de perrito triste, podía saberlo por su tono de voz. No era que él fuera alguien que sabía leer a la perfección a las personas, sino que por lo menos tenía la seguridad para afirmar que conocía a Kuina, no había pasado tanto tiempo desde que la había conocido pero sabía que la conocía. Después de todo ella había sido el motivo de sus frustraciones en un principio, pensaba en ella día y noche pensando en cómo derrotarla, y por lo mismo había realizado una investigación detallada sobre la personalidad de la chica buscando alguna debilidad.
-¡Deja de mentir! - Había estallado mientras se levantaba acusándola con la mirada.
-¿Qué? - Preguntó extrañada mientras ladeaba la cabeza.
-Deja de sonreír de ésa manera. - Había dicho mientras señalaba su rostro. - Me enferma ésa sonrisa tuya.
-¡Zoro! - Había gritado ahora fastidiada dispuesta a golpear al chico aún cuando se encontraba débil. - ¿Qué te pasa?, Tú... Pequeño ingrato.
-¡Deja de fingir que estás bien! - Gritó nuevamente antes de que ella pudiera seguir reclamando. - Haciéndote la fuerte, ¡No lo soporto!, ¿Por qué te lo guardas todo si me tienes a mí? - Había preguntado mientras ponía su mano en su pecho. - ¿Acaso no confías en mí?
-Zoro... - Había murmurado mientras lo miraba sorprendida.
El peliverde al darse cuenta de lo que había dicho no había tardado en sonrojarse ferozmente. Había puesto las manos enfrente tratando de negar lo que acababa de decir mientras inventaba una serie de excusas de porqué había dicho eso. Solo se había callado en el momento que había notado que Kuina no había reaccionado, por lo cual se había atrevido a mirarla nuevamente al rostro notando como ésta seguía estando en un estado de shock cosa que le incomodó. Había probado a llamarla por su nombre nuevamente, pero lo único que vio fue el rostro de la chica distorsionándose poco a poco; Su falsa sonrisa había desaparecido y sus labios temblaban levemente, las cejas de la muchacha estaban arqueados demostrando la preocupación que cargaba, y aquellos hermosos ojos que tenía se habían cristalizado permitiendo dejar escapar unas gruesas lágrimas.
-¡Zoro! - Había repetido en el momento que se lanzaba a abrazar a su amigo. - Tengo miedo... Tengo miedo. - Repetía aferrándose a las ropas del chico mientras era él quien ahora entraba en shock. - Sé que mi papá y Tashigi están tristes pero... Pero no quiero preocuparlos más...
-Lo sé. - Había respondido él mientras acariciaba la cabeza de su amiga intentando tranquilizarla. - Lo entiendo así que... Si no quieres llorar frente a ellos, por lo menos desahógate conmigo.
En ése momento ella había podido por fin sacar todas sus frustraciones, gritaba adolorida mientras dejaba salir libremente sus lágrimas. Aferrada al chico había sacado cada una de las quejas que tenía pero jamás había dicho.
-¡Odio los tratamientos!, ¡Cortaron mi cabello!, ¡No me gusta el hospital! - Decía sin hacer pausa mientras él seguía consolándola.
Zoro se había convertido en el pañuelo de lágrimas de su amiga, y ahora cada que la visitaba ella le contaba todas sus frustraciones mientras él sólo la escuchaba en silencio. Él estaba feliz por haber logrado que ella se abriera a él, pero lo que no sabía era que el aceptar ser el soporte de otra persona podía ser mucho más difícil de lo esperado. Su trabajo era escuchar a Kuina y quedarse con ella hasta que ésta se sintiera mejor, pero él de manera un tanto hipócrita se guardaba sus sentimientos, siendo él mismo quien le había exigido a ella que no hiciera. Pero aun así él se mantenía serio, ya que debía de mantener una imagen de confianza y seguridad para ella, cargaba no solo con su dolor sino también con el dolor de Kuina, lo cual era una carga tremendamente pesada, pero aún así la aceptaba gustoso si eso le traía aunque sea unos momentos de tranquilidad a la chica.
Un día cuando iba para la escuela había visto a Koushiro echar a correr hacia el hospital. Preocupado había pensado que algo le había sucedido a su amiga y había querido seguirlo pero no podía porque en ésa ocasión estaba junto a Robin quien quería acompañarlo y así buscar el momento adecuado para interrogarle seguramente. Fastidiado había tenido que asistir a la escuela, pero aún tenía un sentimiento de intranquilidad implantado en su pecho. Las horas avanzaban de manera lenta desesperándolo cada vez más.
Poco después de la hora del almuerzo vio a su papá parado tras la puerta del salón tocando dos veces para que el profesor lo atendiera. Zoro miraba a su progenitor confundido pero no había dicho nada y había atendido a las indicaciones de su profesor, cuando éste le indicó que lo habían venido a recoger temprano. Un tanto inseguro había tomado su mochila, guardando sus cuadernos y demás materiales de manera descuidada, para después ir junto a su padre a preguntarle qué estaba sucediendo.
Jin no había dicho nada y tan solo caminaba al lado de su hijo atravesando los largos pasillos de la escuela. Zoro había callado al entender que no le diría nada, por lo menos en ése lugar y se dedicó a seguirlo. Saliendo a la calle se habían dirigido al auto perteneciente de su padre, éste le había abierto la puerta para que pasara y Zoro lo hizo encontrándose con la sorpresa de que en la parte trasera estaba también Tashigi.
-¿Qué pasa aquí? - Preguntó por fin cuando el coche comenzó a avanzar.
- Pedí un favor al doctor para que los dejaran pasar a ver a Kuina. - Había dicho Jin con la voz un tanto apagada.
- ¿Sólo iremos nosotros? - Había preguntado ésta vez mientras recordaba a su hermana.
-Sí, Koushiro ya se encuentra allá y me pidió de favor que los trajera. Después de todo tienen derecho a verla.
De ésa manera habían llegado al hospital sin mencionar cualquier otra palabra. Jin se había estacionado y los había dirigido hacia la puerta trasera. Seguía sin estar permitido el acceso a menores pero el doctor asignado del caso de Kuina había hecho una excepción al conmoverse con la insistencia del padre de la niña. Éste los estaba esperando y los había dejado pasar a la habitación donde se encontraba la peli azul. Ella estaba recostada en la cama con un montón de tubos alrededor del cuerpo, su semblante se veía apagado, se veía aún más delgada, pálida, sus ojos con trabajo se mantenían abiertos. Ella había estado llamando a los dos desde hace ya bastante tiempo y se encontraba feliz de que estuvieran ahí.
-Ta...Shigi, Zoro. - Decía entre cortada respirando con dificultad.
Ambos se acercaron a ella mientras que Tashigi tomaba la mano de su hermana entre las suyas, ella no había podido soportar ni un momento para echarse a llorar, mientras que él luchaba internamente por mantenerse firme. ¿Cómo era posible que Kuina se viera tan mal en tan poco tiempo?, no había pasado prácticamente nada de tiempo desde que fue a visitarla. Con pasos lentos se había acercado a ella mientras escuchaba como Kuina trataba de decirle algo a Tashigi, pero las palabras no le salían bien, no podía entender que era lo que estaba diciendo. Con trabajo la chica de lentes se había quedado al lado de su hermana hasta lograr comprender lo que ésta quería decirle, logrando traducir por fin un:
-Te amo hermana, por favor cuida de papá.
Más asustada había querido aferrarse al cuerpo de la mayor, quería gritarle que no dijera ése tipo de cosas, eso le sonaba a una despedida, y ella odiaba las despedidas con toda su alma. Eso no podía estar pasando, no podía ser verdad. Había pasado ya poco más de un año desde que había ocurrido el accidente automovilístico, y desde entonces Kuina había estado combatiendo contra la enfermedad. En ocasiones se veía mejor que en otras, pero Tashigi siempre rezaba porque su hermana se recuperara, porque venciera a su enfermedad y porque volviera a su lado. ¿Y ahora ella le decía aquello?, ¡No era justo!, parecía como si ya supiera lo que iba a suceder, parecía que pensara que iba a morir. Eso no podía estar sucediendo, debía de ser una horrible pesadilla.
Su papá había separado a su hija para dejar que Zoro se acercara en ésa ocasión. De igual manera Kuina hacía enormes esfuerzos para siquiera intentar pronunciar palabra, ella estaba sedada y debilitada, pero aún cuando lo único que quería era dormir, se obligaba a permanecer despierta.
-Zoro... - A diferencia de Tashigi el podía entender un poco mejor lo que le decía la chica. - Te dejo... Mi Wado... Ichimonji. - Decía con dificultad mientras el peliverde fruncía el ceño confundido. - Dejo mis sueños... En tus manos.
Después de eso Kuina por fin había cerrado los ojos sintiéndose satisfecha al decir lo que quería transmitir. A Tashigi y Zoro no se les había dejado permanecer mayor tiempo en el hospital y habían tenido que ser llevados a casa. Ésa había sido la última vez que vio a Kuina dado que ésa misma noche había muerto, simplemente se había quedado dormida para no despertar más. Lo único que Zoro recordaba después de eso era el funeral, en donde había visto el rostro durmiente de su primer amor por última vez.
Tashigi era mucho más sincera consigo misma, no había parado de llorar desde que había recibido la noticia y él sin embargo, no podía derramar ni una sola. ¿Por qué no podía llorar si se sentía devastado?, cuando había pasado a ver a Kuina casi podía asegurar que ésta tan solo estaba teniendo una siesta y había querido sacudirla por los hombros para obligarla a despertar. Pero él sabía que ella no despertaría, sabía lo que significaba la palabra muerte, y sabía que ya no podría verla nunca más pero aún así, no quería quedarse ahí y ver como enterraban bajo tierra el cuerpo de Kuina, por lo cual había echado a correr antes de tener que presenciar esa escena.
Robin lo había seguido y había querido obligarlo a regresar pero él simplemente negaba con la cabeza. Su mundo se había derrumbado en un instante, no tenía ganas de hacer nada, de hablar con nadie, ni siquiera quería ir a la escuela. Su entrenador le había dado la espada de Kuina tal como ésta lo había querido antes de su muerte, y él la había guardado como si se tratara de alguna clase de joya preciosa. El tiempo pasaba de forma rápida y despiadada, como si a éste no le importara que su amiga ya no estuviera ahí.
Muchos habían intentado hablar con Zoro, su padre, su hermana, Koushiro o la misma Tashigi. Todos estaban preocupados porque ya había pasado mes y medio y en todo ése tiempo no se le había visto al menor llorar ni una sola ocasión. Tashigi se dedicaba a la tarea de perseguir a su amigo por todo el campus de la escuela buscando una oportunidad para hablar con él, pero Zoro simplemente ponía oídos sordos y se aislaba en su burbuja personal. Él se había convertido en un lobo solitario, y es que si bien el nunca había sido una persona a la que le gustara socializar, en ése momento estaba peor que nunca. No quería tener a nadie cerca, no quería que nadie lo viera estando débil, y por tanto se alejaba.
En ésos momentos de soledad a lo único que le había permitido acercarse, era a la música, la cual escuchaba colocándose sus audífonos permitiéndose perder entre las melodías las cuales le ayudaban a olvidarse de su sufrimiento y viajar a otra dimensión aunque fuera de manera temporal. Un día se había estado paseando por el patio de la escuela y había escuchado los gritos de una chica. Confundido se había dirigido al origen del sonido encontrándose con tres chicos metiéndose con una niña. Si bien era cierto que eso no era de su importancia, no soportaba ver como un montón de cobardes se metían con una mujer, por lo cual sin siquiera pensarlo había sacado su espada de bambú y había noqueado a los chicos con verdadera facilidad.
Había querido irse de inmediato pero se había detenido tras ver a la chica aún en el piso, ella estaba mojada y temblaba. La había llamado para que volteara a verlo pero no le había hecho caso y se había encogido aún más en su lugar. Él había sentido algo de empatía, seguramente molestaban con frecuencia a la chica y por eso ahora estaba tan ciscada. Cuando por fin ella lo miró pudo ver unos hermosos ojos enormes los cuales tenían terror impregnado, cosa que ocasionó que su mirada se suavizara por tan solo unos segundos. Sin más la había ayudado a levantarse, la sentía temblar en sus brazos y no dejaba de gimotear.
-Kumashi... Kumashi. - Lloraba con la voz entre cortada.
La había mirado confundido notando como ésta levantaba del piso a un desmembrado oso de felpa y lo abrazaba con fervor. Soltando un suspiro le había arrebatado el muñeco de las manos a lo cual ella empezó a llorar nuevamente cosa que le provocó una punzada de dolor en la cabeza debido a lo aguda que era su voz. Fastidiado la había tomado por la muñeca y la había llevado a enfermería en donde le dieron un cambio de ropa. Él seguía teniendo entre manos al desmembrado peluche y sin saber porqué había salido del lugar, las clases habían terminado por lo cual pudo salir sin problema buscando algún lugar en el cual pudiera comprar hilo y aguja. Le costó un poco de trabajo encontrar lo que necesitaba ya que no sabía siquiera donde lo vendían pero cuando los obtuvo regresó al cuarto de enfermería notando que la chica estaba dormida bajo las sábanas.
Al ver eso había entrado mucho más tranquilo y se había sentado en la orilla de la cama para después hacer su intento de reparar el objeto. Nunca había cosido en su vida, pero no debía de ser tan difícil, solo debía de rellenarlo y cerrar su pansa la cual estaba abierta, seguramente lo habían cortado con algún objeto punzante. Notando ése detalle había mirado hacia la dirección de la muchacha la cual seguía bajo las sabanas, y había sentido algo de rabia, por la clase de monstruo que era capaz de hacerle eso a un ser indefenso. Terminando su labor había dejado el muñeco en una mesita al lado de la cama y se había dispuesto a salir antes de que ésta despertara, pero en cuanto estuvo en el umbral de la puerta escuchó un suave.
-Gracias.
Él se había sonrojado al darse cuenta de que la chica solo había fingido estar dormida, pero no queriendo ser grosero solo había levantado la mano a manera de despedida. Después de eso ella se le acercaba de vez en cuando y almorzaban juntos, no hablaban de nada pero debía de admitir que la presencia de la muchacha no le disgustaba. Aún así se mantenía distante de su clase, seguía ignorando a Tashigi hasta el momento en que ésta salió de la escuela. Diario pensaba en el rostro de Kuina, deseaba verla una vez más, pero aún con todo eso seguía sin llorar.
Un día estaba caminando tranquilamente por el cuarto cuando un mocoso de un grado inferior se le acercó. Éste tenía el cabello negro revuelto y unos ojos enormes color chocolate, además de tener una singular cicatriz en el rostro que le llamó la atención. Aún con todo eso había arqueado la ceja fastidiado de que alguien no hubiera notado su barreara "anti-personas molestas", y había querido correrlo cuando éste habló.
-Hola, ¿Cómo te llamas?, ¡Tu cabello es genial!
-¿Ah? - Había exclamado incrédulo, y es que muchos se le habían acercado, pero nunca para decirle semejante babosada.
-Soy Luffy. - Se presentó sin más. - ¡Seamos amigos!
-¡No fastidies! - Había dicho alejándose, pero éste comenzó a seguirlo.
Desde entonces ése niño se le había pegado cual sanguijuela, cada que tenía la oportunidad se le acercaba e intentaba mantener una conversación con él. Era casi gracioso saber que éste era su nuevo vecino, por lo cual no solo lo acosaba en horas de clase sino también en casa. Zoro por supuesto se sentía fastidiado, y tenía unas ganas enormes de darle una paliza al menor, pero se contenía porque no quería provocar problemas. Ante sus ojos ése tal Luffy no era más que un niño mimado al cual se le habían dado todos los lujos en la vida y por eso se mantenía siempre sonriente, no tenía ninguna preocupación y eso le daba algo de envidia.
Un día Luffy había colmado su paciencia y él había sacado su espada de bambú para después atacarlo con la clara intensión de mínimo dejarlo inconsciente, pero éste para su sorpresa se había movido con una agilidad impresionante, dando un salto hacia atrás con una marometa. Un tanto emocionado por su hallazgo había intentado atacar nuevamente al menor pero éste esquivaba sus ataques como si nada, cosa que logró que su impresión sobre aquél molesto monito cambiara un poco para mejor.
Con el tiempo se acostumbró a la presencia de Luffy, pero seguía molestándole que éste quisiera hablarle como si fueran iguales. No soportaba que quisiera meterse dentro de su vida, definitivamente no permitiría que un niño mimado quisiera compadecerlo. Pero aún con todo eso debía de admitir que ése mocoso era persistente, aún después de todos sus rechazos éste seguía tras de él pidiéndole que fuera su nakama, y que se uniera a la banda que tenía planeada formar cuando éste cumpliera 17 años.
-¿Por qué a los 17 años? - Se había preguntado curioso.
En una ocasión Luffy estaba especialmente fastidioso, le hacía una serie de preguntas que él no estaba dispuesto a contestar, y lo insultaba diciéndole amargado, emo, u otra serie de cosas que no hacían más que aumentar su enojo. Al principio del día había logrado tolerarlo bien, pero con el transcurso de las horas había terminado por estallar y le había gritado.
-¿Tú que sabes?, no hay forma de que un niño mimado como tú pudiera entenderme.
-¿Mimado? - Se había preguntado el monito mientras ladeaba la cabeza inflando sus mejillas haciendo un adorable puchero. - ¡No soy mimado! - Se quejó aun cuando sí lo era.
-¿Ah no?, ¿Qué sabrá un niño consentido de mami?
-Yo no tengo mamá. - Había renegado el mocoso cruzándose de brazos.
-¿Eh? - Había exclamado sorprendido, eso no se lo esperaba. - Bueno, pues de papá entonces.
-Papá está fuera del país. - Dijo aún más fastidiado.
-¿Entonces con quién vives? - Había preguntado por primera vez interesado en la vida del menor.
-Con mis hermanos y con Dadán. - Dijo sonriente.
Bueno, debía de sumarle puntos al mocoso, él nunca se hubiera imaginado que siendo un crío tan consentido, no estuviera cerca de sus padres, jamás se lo hubiera imaginado al ver la actitud alegre del menor. Estaría mintiendo si dijera que no estaba interesado ahora en la historia de Luffy, a decir verdad estaba más que curioso y ahora era él quien tenía la necesidad de preguntarle al menor respecto a su vida.
-Si me cuentas sobre ti, tal vez te cuente sobre mí. - Había dicho intentando parecer desinteresado.
Luffy más que encantado había comenzó a hablar de su vida con total seguridad, revelando el trabajo de su padre, el cómo conoció a sus hermanos, sobre su abuelo espartano, sobre quién era Dadán, sobre sus visitas en el bar de Makino, sobre quién le había dado ése collar, hablaba especialmente de sus hermanos y de Shanks. Zoro estaba sorprendido, ya que la historia del menor no era tan alegre como él lo había imaginado, pero ahora entendía porqué éste tenía tantos deseos de formar una banda, y porqué era tan insistente.
-¿Dónde te hiciste ésa cicatriz? - Había preguntado.
-Ah, ¿Esto? - Había dicho restándole importancia mientras se sobaba la herida. - Me la hicieron el día que me secuestraron.
-¡¿Qué?! - Había gritado parándose al momento que lo veía con los ojos abiertos como plato.
- A sí.. - Se encogió de hombros. - Shanks me rescató, pero me dejaron ésta marca.
-¿Cómo puedes decirlo tan tranquilo? - Preguntó incrédulo. - ¿Cómo puedes sonreír tanto después de todo lo que te ha pasado? - Decía cada vez más desesperado por una respuesta.
Luffy lo miró por unos instantes antes de parpadear por unos momentos confundido, para después poner una mirada melancólica por unos instantes, recordando lo que había vivido en aquél momento en el cual habían intentado venderlo como si se tratara de mercancía barata. Había sentido mucho miedo, había llorado como nunca antes, pero gracias a Shanks se encontraba bien, y después de ése acontecimiento todos lo trataban como si se fuera a romper con el más mínimo empujón. Aquella melancolía se rompió al instante para ser remplazada por aquella sonrisa resplandeciente de siempre y después contestó.
-Eso ya pasó, yo sigo con vida y hay muchas personas que me quieren, ¡Eso es lo único que importa!
Zoro estaba impresionado con ésas palabras, él nunca se esperó que ése niño tan alegre y despreocupado pudiera haber vivido eso. Luffy siempre veía la vida por el lado positivo, él a diferencia suya estaba siempre rodeado de personas, todos querían ser amigos de Monkey D. Luffy, era amable, cariñoso y adorado por todas las personas que lo rodeaban, algo que él nunca había tenido. Él disfrutaba de su vida como si no hubiera un mañana, se preocupaba por el presente, y tomaba el pasado como una experiencia para hacerse más fuerte. Luffy nunca hacía un esfuerzo para contener sus lágrimas, ya que él sabía que no había nada de malo en llorar cuando se estaba triste, y sin embargo ahí estaba él... Haciendo preocupar a sus seres queridos, preocupando a Kuina quien debía de estarlo observando en alguna parte.
-¿Zoro? - Preguntó Luffy confundido. - ¿Por qué lloras?
El peliverde llevó una mano a su mejilla dándose cuenta de que lo que decía el menor era verdad. ¡Estaba llorando!, ¡Después de un año y cacho estaba llorando!, ¡Luffy había logrado que él llorara!, ahora entendía porque todos adoraban a ése niño, él era como un sol, tan deslumbrante cubría con sus rayos a todo a su alrededor y lo purificaba. Luffy nunca lo hizo a un lado, nunca lo juzgo por su manera de comportarse y en cambio siempre corría tras de él intentando convertirse en su amigo. Llorando por primera vez en mucho tiempo podía sentir como todas ésas emociones que había reprimido desde la muerte de Kuina resbalaban, y lo dejaban respirar aire fresco, inundándolo de una tranquilidad que había estado ansiando desde hace mucho, y en ése momento supo que todo estaría bien, que por fin podría volver a ser quien era, que podría dejar que Kuina descansara en paz; Y supo también, que Luffy se convertiría en su mejor amigo.
Continuara...
Agradecimientos:
dh matreko 35: Jajajaja ya me habías asustado, estaba de ¿Smoker y Zoro?, ¿De qué habla?, ¿Acaso escribí eso por error?, ya ibas a hacerme buscar entre el capítulo para ver en qué momento había puesto eso y corregirlo. Me alegro que te haya gustado la historia y siento la demora (ésta vez si me pase), pero creo que se los compensé porque el largo es mucho más largo de lo normal, y espero les haya gustado.
MugiwaraNoAndrea: A decir verdad yo tampoco me esperaba que terminara por ser tan largo el capítulo, pero es que por más que quería cortar mis ideas, seguían surgiendo. La historia de Zoro si se me hizo un tanto pesada, porque yo no sabía nada sobre leucemia y tenía que investigar un poco antes de comenzar a escribir. Siento tardar en actualizar, pero se los compensé con un capítulo más largo que el anterior.
Guest: :C No me presiones, hago lo que puedo. Perdona si me he tardado mucho en actualizar pero últimamente no me ha llegado mucho la inspiración.
nathaly-ab: Entiendo perfectamente que sufras porque lo deje así, la verdad fue lo que menos quería hacer pero no tuve más remedio... Si no los hubiera dejando esperando mucho más, y me hubiera salido menos detallada la historia.
StArLoRdMac2: Que bueno que te haya gustado, me he esmerado mucho en intentar finalizar por fin la infancia de Zoro, pero simplemente no pude hacerlo tan corto como lo planeaba en un inicio. Según yo me iban a quedar aproximadamente 15 hojas en total pero todo estaría redactado en una sola parte, pero al final me salieron como 11 o 12 hojas (no recuerdo bien) de la primera parte y 17 hojas y media de la segunda. :S En fin, espero que haya valido la pena y espero tu comentario. :)
Tomoyo: ¡POR FIN ACABE EL CAPÍTULO!, ¿Sabes lo feliz que me hace eso no?, tú mejor que nadie sabes cuanto me tarde en escribir esto, y cómo me comía los sesos por la enfermedad de Kuina. Al final, terminó un poco distinto a como me había imaginado que sería la infancia de Zoro, pero bueno... Estoy conforme, y muy feliz por haber terminado de una buena vez con ésta parte. En el siguiente capítulo daré por finalizado el arco de Zoro y su respectivo triángulo amoroso, para dar comienzo al arco de Luffy y Hancock.
