Capítulo XXIV

"SHELD UNIVERSITY SE VISTE DE LUTO"

"Estudiantes de la prestigiosa SHIELD University fallecen a causa de una sobredosis. El rector, Nicholas J. Fury, afirma que en su institución no se vende ni se acepta ninguna clase de comportamiento que vaya en contra de las leyes. Lamenta el fallecimiento de los alumnos conocidos como Gale Hiddelston y Jenna Patterson, quienes estudiaban primer año de administración y literatura inglesa, respectivamente, en dicha universidad, la cual está calificada como la mejor del país…"

—Primera plana del Times —anunció Natasha, tirando el periódico sobre el desayunador de su casa.

Hacía tres días que había sido el entierro de Jenna, el grupo que Tony había comenzado a llamar "Los Vengadores", puesto que vengaría esas muertes, asistió al igual que a la ceremonia de Gale. Natasha se sentía impotente al saber que estos dos chicos, ambos un año menor que ella, se habían metido en el asunto de las carreras y, ahora estaban muertos. Se prometió hacer hasta lo imposible por hacer que Brock pagase esos crímenes con lo que se merecía.

El trío "vengador" –Tony, Thor y Nat– habían incluido a Clint en las investigaciones, porque desde el incidente con Natasha, no quiso despegarse de ella –casi literalmente– hasta saber en qué estaba metida. Se vieron obligados a incluir al arquero, quien parecía conseguir un descanso de tanto entrenamiento en la universidad sobre la próxima temporada de las olimpiadas universitarias.

Baton, quien estaba comiendo su desayuno, tomó el periódico y leyó el artículo.

—Nat, esto se pone cada vez peor. ¿Crees que debamos seguir con esto? —preguntó viendo a su hermana, que estaba sumida en sus pensamientos.

—Clint, estamos a poco de saber que fue Brock. Tenemos que encontrar la manera de presionarlo para que hable.

En ese momento, Tony entró a la cocina, con un periódico en mano y el teléfono en la otra.

—Supongo que ya lo leyeron —. Tiró el motón de papel sobre el otro exactamente igual—. Ahora, ¿qué hacemos, viudita?

Thor entró en la habitación, se quedó hacia su amiga pelirroja, quien parecía ser el centro de atención.

— ¿Cuál es el siguiente paso? —quiso saber el genio.

—Tenemos qué hacer que Brock hable.

—No —dijo Thor, exaltando a los presentes—. Debemos seguir buscando más pruebas que le acusen —opinó.

—Pero, ya no tenemos mucho qué hacer. Los estudiantes están metidos en esto, y solo hay una sola persona culpable.

—De hecho, son tres. Brock, Wesker y Johann —corrigió Tony a su amiga.

—Natasha, no estoy dispuesto a que ese tipo se te acerque, además si lo hace, irá directo a la cárcel —dijo un tanto tenso.

— ¿Cómo que a la cárcel? —. Una confundida Romanoff veía a su hermano con el entrecejo fruncido,

—Sí. Steve le puso una orden de la alejamiento —explicó mientras terminaba de comer.

Esto pareció molestar a la única fémina en el lugar, puesto que apretó fuertemente los puños hasta poner sus nudillos blancos.

— ¿Con qué derecho Steve hace eso? —inquirió molesta.

—Ninguno, pero lo agradezco el gesto.

—Mierda. A Brock le tuvo que haber llegado una notificación de esto —. Natasha se pasó las manos por el rostro, molesta y alarmada.

— ¿Acaso estás sintiendo compasión por él? —. Esta pregunta de parte de Clint la espantó.

— ¡NO! —gritó horrorizada ante tal idea—. Si él empieza a indagar más, no tardará en darse cuenta que estamos haciendo algo.

Tony observaba a los hermanos discutir y sentía algo de alivio que Natasha no estuviese así de molesta con él, sino con su hermano.

—No sabrá nada —aseguró el de pupilas grises.

— ¿Cómo lo sabes? ¿Acaso ves el futuro?

Sin esperar respuesta, salió del lugar, con teléfono y llaves en mano. Salió como alma que lleva el diablo de su casa, subió al auto y condujo a una velocidad de muerte hasta casa de Steve.

— ¿Nat? —dijo él, entre asombrado y confundido de que la chica estuviese frente a su puerta tan furiosa.

—Quita la orden de alejamiento en contra de Brock —ordenó con el tono de voz elevándose.

—No —. Un firme Steve Rogers contradijo, mientras la puerta se cerraba detrás de ellos.

—Hazlo, Rogers —insistió, fijando su mirada en la de él.

—Natasha, no lo haré. Ese tipo casi te mata y no permitiré que se te acerque a menos que haya policías cerca o esté Thor contigo.

— ¡Mierda, Rogers! No tienes ni un maldito derecho de escoger quien se me acerca y quién no.

—No tengo derecho, pero lo hice. No dejaré que él se acerque.

— ¡No es tu problema! —gritó.

— ¡Es mi problema cuando te incluye! —chilló en respuesta.

Estas palabras la hicieron retroceder un paso. —Dejaste todo claro, Steven. Se acabó. Ni tú en mi vida, ni yo en la tuya —. Le recordó.

—Natasha… —. Se acercó a ella.

— ¿Steve? —. Esa voz hizo que ambos se quedaran en silencio, viéndose el uno al otro.

Natasha sentía que su cabeza iba a explotar de la ira. Debía controlar sus ganas de pegar a algo, o terminaría lastimando a alguien, de cabello castaño, con cara de santurrona, y sonrisa de idiota. Peggy entró a la casa, donde la tensión parecía un iceberg; presente, palpable y gigante. La rusa le dio una mirada con desdén a la castaña y al rubio.

—Parece que sobro —murmuró. Dirigió una mirada a su exnovio—. Espero que quites esa maldita orden.

Se marchó de allí, chocando su hombro con el de Peggy, sin delicadeza alguna y azotando la puerta al cerrarla. Subió a su auto, y se alejó de la misma manera que lo había hecho el veintiocho de diciembre. Mordiéndose el labio hasta hacerlo sangrar y corriendo por toda la ciudad sin rumbo fijo. Quería sacar esa maldita imagen de su cabeza que se formaba cada vez que pensaba en Steve. Estaba ella, Peggy. Ella estaba a su lado. Pisó el freno repentinamente, cuando logró captar que una señora junto a su hija cruzaban la calle, de manera imprudente; se movió hacia adelante y hacia atrás con brusquedad. El corazón latía acelerado en su pecho, sentía la sangre en sus oídos y sintió que se asfixiaba allí dentro. Salió del auto, viendo a una considerable cantidad de personas a su alrededor, se recostó contra Jude, poniendo sus brazos en el techo y así poder apoyar la frente sobre éstos.

—Señorita, ¿se encuentra bien? —preguntó una voz infantil a su lado.

La pelirroja se giró a quien le hablaba, y se encontró con una pequeña de unos siete años, de rubios cabellos y ojos cafés casi negro. Asintió.

—Sí, estoy bien. ¿Estás tú bien?

Ella asintió. —Sí, estamos bien.

—Vale. Entonces, me voy —dijo, tratando de no sonar tan ruda.

La pequeña asintió y se fue a donde estaba su madre. Natasha volvió a su auto, y siguió su camino, ignorando totalmente que había una cantidad de autos detrás de ella, tocando el claxon sin compasión. Arrancó y condujo hasta la cafetería a la que fue con Steve la primera vez que salieron juntos. Se sentó en el mismo lugar. Pidió lo mismo. Y pensó en ello tanto tiempo que le dio un terrible dolor de cabeza.}


Las manos se deslizaban de frenéticamente por sus rubias hebras mientras que caminaba de un lado a otro con el teléfono pegado en el oído, en el living de su casa, que le parecía demasiado pequeño y él cada vez más grande. La castaña lo veía caminar de un lado a otro, sintiéndose una total idiota por quedarse esperando a que le prestaran atención o, aunque sea, le vieran.

— ¿Steve? —llamó ella, por quinta vez.

El nombrado salió de la burbuja de preocupación en la que se encontraba.

— ¿S-Sí? —tartamudeó.

— ¿Qué sucedió con Natasha? —investigó Peggy.

—Discutimos —dijo distraído.

—Es obvio —exclamó—. Pero, ¿Por qué? Ustedes tienen meses sin verse.

—Puse una orden de alejamiento contra un tipo que la molesta —dijo no muy confiado de hablar con Peggy sobre sus problemas con Natasha. Eran sus problemas, no los de Peggy. Él suspiró—. No hablemos de ello —. Se sentó frente a ella, dándole una sonrisa—. ¿Cómo estás?

—Bien. Mi prima está destrozada —dijo con tristeza.

Él tomo las manos de Peggy entre las suyas. —No le deseo el dolor que está sintiendo a nadie, ni siquiera lo imagino.

—Nadie se esperaba eso. Y que el idiota le haya golpeado de esa manera…

Un estremecimiento corrió por el cuerpo de la castaña.

— ¿No ha dicho quien fue? —. Frunció el ceño.

—Dice que si habla, le matarán —. Suspiró, viendo los azules ojos de Steve.

— ¿Han hablado con la policía?

—Sharon no quiere —. Negó con la cabeza viendo a sus manos unidas.

—Deberían. Aunque, si Sharon no desea y teme por su vida, es compresible.

—He intentado convencerla, pero todo es inútil.

—Ya lo hará —. Le consoló él—. ¿Quieres algo de tomar? ¿Un chocolate? ¿Café? ¿Té?

Ella sonrió un poco. —Té, por favor.

—Enseguida.

Rogers se levantó de su asiento, y fue directo a la cocina, donde comenzó a preparar té de manzanilla para dos. Tomó su móvil nuevamente, y marcó decima quinta vez el mismo número. Nadie atendía. Reprimió una maldición, mientras mordía su puño.

—Oye, Steve, ¿Cómo vas con tu exposición? ¿Cómo te sientes? —preguntó Peggy, sacando de sus pensamientos a su amigo.

—Bien. La moviera para Marzo porque el señor Vittoria no se ha sentido bien y tiene que descansar un buen tiempo —informó, volviéndose a verla

— ¡Genial! —celebró con entusiasmo—. ¿Para qué día de marzo la movieron?

—Para el 21, solsticio de primavera.

—Guao

Esta expresión hizo sonrojar a Steve, quien se puso a terminar de hacer el té rápidamente.


Diez, once, doce, trece, catorce y quince días…

Quince días pasaron desde la discusión que tuvo lugar en casa de Steven Rogers. Finalizaba Febrero. La pelirroja proveniente de Rusia, Natasha Romanoff, no hacía más que hacer trabajos, exposiciones, informes y toda clase de actividad que evaluaba su desempeño como alumna en SHIELD University. Vivía en su estudio, donde se encontraban todos los implementos que necesitabay el espacio necesario para hacer réplicas de grandes estructuras, y maquetas propias junto a planos sobre papel e informes sobre éstos. Su vida se estaba consumiendo, como los cigarrillos que fumaba sentada en marco de la ventana de su habitación que daba hacia la calle; rápidamente. La investigación sobre Brock se había visto obligada a ser archivada temporalmente; los Vengadores debían esperar a que las cosas se calmaban tanto dentro de la universidad como fuera de ésta. Ella no quería levantar sospechas, por lo que esa era la única solución posible.

Natasha salió de su primera clase, al momento en que encendía el último de su caja y salía de la facultad, para encontrarse con Tony y Clint hablando frente a ésta.

— ¿Lista? —preguntó su hermano.

—Eso creo… ¿Qué tengo que decir? —. Tony le dio un trozo de papel a Natasha con algo escrito.

— ¿Esto es verdad? —preguntó asombrada.

El heredero de la fortuna Stark asintió. —Totalmente verdad.

— ¿Dónde la conseguiste? —interrogó la pelirroja.

La mirada café se desvío de los orbes verdes de la rusa, quienes lo examinaban.

—Dime que no hiciste nada ilegal —. Su tono amenazante estaba presente.

—Solo… tuve que usar mis influencias… —confesó, tragando saliva.

— ¡Tony! —chillaron los hermanos molestos.

—Lo siento, pero es necesario para lo que harás.

—Te lo dejaré pasar solo porque necesito acabar con esto de una vez.


Natasha comía su desayuno tranquilamente hasta que escuchó un alboroto detrás de ella, solo que notó que ese alboroto iba hacía ella. Se giró al momento en que recibía un fuerte tirón de cabello, que le obligó a levantarse del asiento y las chicas, Pepper, Jane y Lauren, jadearon de asombro en cuanto ésta se giró completamente furiosa a la persona que se atrevía a tal cosa, y recibió un golpe en la mandíbula que la mandó directamente al suelo, y le rompió la mejilla interna.

— ¡Maldita zorra! —gritó Brock con el odio saliendo de sus palabras.

Inmediatamente, ella se levantó en un salto, escupiendo la sangre en su boca sin ninguna delicadeza y le respondió el golpe, tomándolo desprevenido por el cabello y chocando su rodilla contra la nariz del hombre, escuchando el famoso crack de ésta romperse, y un grito de parte de él, lo soltó y golpeó su estómago con tanta fuerza que cayó al suelo sobre su trasero. Tenía la cara llena de sangre que emanaba de su horrible, y ahora torcida, nariz, llenando toda su ropa. La ira brillaba en los ojos de ambos, las manos les temblaban y estaban estáticos, esperando el próximo movimiento del otro.

— ¿Te vas quedar ahí sentado como niña? ¿Sé te fue la valentía, Rumlow? —Le provocó la pelirroja con sorna—. ¿Ya no tienes tu droga para poder ser hombre? —le preguntó—. Siempre supes que eras un cobarde.

Brock se levantó y se acercó a la pelirroja al mismo paso en el que ella retrocedía.

— ¿Cobarde? ¿Quién está retrocediendo, Romanoff? —. Su voz era expectante. El morbo brotaba de ella.

—Yo no estoy retrocediendo.

Natasha llegó justo al centro del campus, donde había espacio suficiente para pelear, donde todos los estudiantes podían apreciar como ella le pateaba el trasero al idiota que había matado a varios de sus compañeros estudiantes por sus malditas ganas de tener dinero. Esos segundos eran los suficientes para trazar un plan rápidamente. Lo haría hablar frente a todos sobre todas sus fechorías, sabía que los estaban grabando miles de personas, entre esas: Tony y Clint.

—Brock, ¿por qué no hablas de lo hiciste? —preguntó ella audazmente, a lo que él lanzaba un gancho izquierdo que falló cuando Natasha lo esquivó hacia un lado.

—No tengo nada qué decir.

—Deberías dar una conferencia, ¿Qué tal si nos dices que tanto dinero ganaste a causa de las muertes de Jena y Gale?

Otro golpe enviado por el hombre y esquivado por la rusa.

—Yo no tuve nada que ver con sus muertes.

— ¿Ah, sí? —. Natasha se detuvo y frunció el ceño—. Entonces —. Hizo el ademán que fue a golpearlo en la cara, pero fue lo suficientemente rápida como para lanzarle una patada al muslo contrario. Él se tambaleó—. ¿Cómo explicas que tus huellas estaban en las bolsas que Jena tenía en las manos cuando murió?

Esta revelación hizo que Brock se tensara más de lo que estaba y un jadeo universal llenara el espacio.

—Anda. Cuéntanos —. Lo invitó—. ¿Cómo es que tu número era el último marcado en los teléfonos de Gale y Jena? —. Natasha volvió a pegarle, esta vez en el estómago.

Rumlow se llenó de rabia. Ella no podía saber nada de eso, se suponía que las bolsas no tenían las huellas de nadie. ¿Cómo ella sabía eso? Le lanzó una patada que ella esquivó nuevamente. Ella estaba totalmente atenta a sus movimientos, estaba concentrada en su cuerpo y en el de su oponente.

—Brock, ¿Qué te pasa? ¿Estás distraído? —. La rusa golpeó el oído derecho del mencionado con la cara interna de su puño, haciéndolo tambalear nuevamente—. ¿Qué te pasa? —. Le volvió pegar, esta vez en la boca, de frente, haciendo que su cabeza se moviera hacia atrás de manera violenta.

—Brock, todos sabemos que estás metido hasta el cuello en esto. Todos sabemos que la muerte de esas personas fue tu culpa. Todos sabemos lo que hacías.

— ¡No! —gritó él—. ¡Cállate!

— ¿Por qué? Nací gritando, ¿Por qué callarme?

— ¡Maldita rusa! —. Brock se abalanzó sobre Natasha, intentando golpearle, pero ella lo detuvo y sus rostros se encontraban a centímetros.

—Eres un asesino, Rumlow —murmuró con malicia.

Lo empujó con todas sus fuerzas y lo vio sobre ella, otra vez. Solo se echó un par de pasos a un lado solo para ser expectante de cómo se caía de bruces, estrellándose contra la hierba aún con nieve. Las risas no se hicieron esperar.

— ¡Párate, haces el ridículo! —le escuchó decir a Natasha, mientras se reía.

La furia lo dominaba. La adrenalina se subió a su cerebro y comenzaba a temblar más que antes. Se levantó, caminando a grandes zancadas hacia la pelirroja que lo esperaba.

— ¡Natasha, me las va a pagar! —gritó, cabreado inhumanamente posible.

— ¿Yo? Pero, si tienes dinero de sobra, Rumlow. ¿Acaso la droga esa no te dejó suficiente?

— ¿Quieres parar de hablar de la maldita droga?

—No hasta que me digas qué hacían tus huellas en esas bolsas —insistió.

Natasha se volvió a mover, para esquivarlo. Él ya estaba cansado, había perdido mucha sangre y podía notar lo débil que estaba, por sus movimientos torpes. Ella aprovecharía esto al máximo dentro de unos pocos minutos. A Brock le faltaba poco para perder la paciencia y su estado no ayudaba.

—O tú numero en el teléfono de Gale, porque él no era tu amigo, Brock. ¡Ya sé a quién le podemos preguntar! ¡A Sharon! —dijo como si fuera sorpresa. Los ojos del pobre hombre estaban abiertos como platos—. Seguro ella sabe qué hacía, como hasta le dijiste que abortara. ¡Qué monstruo eres! Si la criatura no tiene la culpa —dramatizó—. ¿O la golpeaste? ¿Qué le hiciste a Sharon, Brock? —interrogó, fingiendo estar muy interesada en saber.

Algo dentro de él pareció explotar.

— ¡Mis huellas no estaban en ningunas bolsas, ni mi número en los teléfonos! —gritó—. ¡Yo nunca tocaba esas bolsas, y nunca daba mi número a nadie, sabían dónde encontrarme!

Hubo un silencio colectivo antes esta confesión. Todos captaron el juego de la pelirroja, el único que no parecía darse cuenta era él.

— ¿Cómo que no dabas tu numero? —Fingió sorpresa—. Entonces, los detectives tienen información falsa, pero igual te acusarán, ¿o no? —siguió ella.

— ¡No tienen ni una maldita prueba contra mí! —gritó—.

—Brock, ¿La droga te mató las neuronas? ¡Todos sabemos dónde estás!

Natasha se acercó y lo golpeó en la cara. Estaba aturdido.

—Idiota —se burló—. Tonto—. Le volvió a golpear en la pierna—. Asesino —. Le dio justo en la nariz, en la cual le salió más sangre—. Eres un asesino, Brock —. Ella estaba a un metro de él—. ¿Por qué ellos? Eran inocentes al igual que tu hijo, al que también mataste.

— ¡Ellos no eran inocentes! Les gustaba consumir esa mierda que les daba, que les gustaba como a ti te gusta que te follen como la perra que eres. Ellos conocían el cielo, y no era suficiente una dosis, querían más, hasta que me cansé que me estuvieran pidiendo y les eché veneno para ratas, por eso murieron, porque eran ratas como tú, y las ratas se matan por la boca.

Un jadeo escapó de la boca de todos los estudiantes de SHIELD University, quienes comenzaron a gritar "asesino" en coro. Natasha tomó impulso, y al aturdido Brock Rumlow, le lanzó una patada en el estómago que lo mandó al piso directamente.

—Vales lo mismo que mi padre, Brock; nada

Natasha escupió estas palabras con tanto alivio que pareció que su pasado dejaba de doler en ese mismo instante. Varios vigilantes, pertenecientes a la seguridad de la universidad, tomaron a Brock por los brazos y lo levantaron. La rusa le dio la espalda, y comenzó su camino hacia donde estaban sus cosas.

— ¡Natasha! —escuchó la voz de Clint venir de algún lugar detrás de ella, se giró y lo vio entre la multitud.

Lo siguiente pasó tan rápido que ella no tuvo chance de reaccionar, solo sintió como alguien se lanzaba sobre ella, haciendo su cabeza colisionara contra la nieve y algo malditamente frío se clavaba en su piel. Sus ojos captaron a Brock siendo golpeado por Thor en la cara y la caída de él, mientras ella se paraba de su lugar, con una mano sobre su cadera derecha. La mirada gris de su hermano estaba preocupada y sobre ella, ¿Por qué estaba preocupada? Frunció el ceño cuando lo vio bajar la vista a donde ella tenía la mano y un líquido caliente salía de entre su ropa. Repentinamente, todo lo demás se volvió oscuro y lo último que vio fue a Clint acercándose a ella.


Los sonidos eran borrosos, las palabras no lograban captarlas. Estaba aturdido, preocupado, angustiado y cualquier palabra que describa ésta clase de desesperación que le inundaba una y otra vez, como tsunami, con tan solo el hecho de pensar que su hermana, su niña, su pequeña pelirroja, estaba metida en un quirófano, luchando por su vida. Corriendo contra la muerte. Gruesas lágrimas bajaban por sus mejillas, mientras se encontraba sentado en el pasillo por el que había entrado junto a su hermana en una camilla, desangrándose. Tenía las piernas pegadas al pecho y el rostro enterrada en ella, sentía el remordimiento carcomerle. No debió haber aceptado ese juego, no debió haberla dejado, si a ella le pasara algo no se lo perdonaría nunca. Unos brazos le rodearon, y sin necesidad de levantar la cabeza, supo quién era. Lauren. No supo cuánto estuvieron así, abrazados.

Clint solo sabía que iba a morirse junto a su hermana si algo le sucedía, las horas pasaban, la angustia incrementaban con cada nano segundo que pasaba. Nadie decía nada. El grupo llamado Los Vengadores se encontraba sujeto a esa sala de esperan en la zona de urgencias en el Hospital General. Tony no parecía querer soltar su teléfono, haciendo llamadas y pidiéndole a su padre que no dejara entrar a la prensa a ese lugar, Pepper estaba tratando de distraerse y no perder la cordura con esa insufrible espera, Thor parecía estar sumido en sus pensamientos, porque no se había movido de su lugar desde que llegó, y tomó asiento. Jane estaba a su lado, con Betty, mientras que Bruce no dejaba de preguntar por su padre y si podían decirle algo sobre la pelirroja para calmar al joven de ojos grises que no paraba de sollozar en brazos de su novia.

Al parecer, su insistencia dio resultado, puesto que una enfermera salió, preguntando por los familiares de Natasha Romanoff. Todos se levantaron, diciendo "Yo", mientras que la mujer ponía una mueca severa.

—Soy su… Hermano —gimoteó, sorbiendo la nariz.

—Venga conmigo.

Clint tragó saliva fuertemente y quiso prepararse para lo peor, pero él nunca estaría preparado para algo como lo que se imaginaba. La enfermera de cabello azabache, piel pálida y ojos azules, comenzó a caminar por un pasillo a un costado de la sala de espera y él comenzó a seguirla.

—La señorita Romanoff se encuentra en estado crítico —dijo con voz neutra—. Ha perdido mucha sangre y durante la operación tuvo un paro respiratorio —. Las lágrimas descendían por las mejillas de Clint—. Logramos estabilizarla después de hacerle dos transfusiones de sangre y la herida está sellada. La navaja traspasó ambos lados por lo que solo fue tejido.

Se detuvieron frente a una habitación con una ventana que daba la vista de una Natasha Romanoff dormida sobre una cama, tenía un tubo saliendo de su boca, más cables provenientes de su pecho y dos intravenosas en su brazo izquierdo.

—Tiene una leve contusión en la cabeza, pero no es importante. Hoy estará en cuidados intensivos, y veremos cómo evoluciona.

—P-Puedo… —dijo en un hilo de voz, pero ésta le falló.

— ¿Verla? —. Clint asintió—. Permítame darle la ropa adecuada. Puede quedarse solo diez minutos, por la seguridad de su hermana.

La mujer solo hablaba, parecía un ciborg. No tenía ningún tipo de emoción en ella, ni hacía algo que demostrara lo que sentía. Barton la siguió hasta la habitación donde olía a medicamentos y el típico de los hospitales que todos odiaban. Barton entró a la habitación de su hermana, no sin antes limpiarse las lágrimas que no parecían detenerse.

—Nat… —susurró a pensando en qué se despertaría, pero sabía que no era así—. Nat. No sé si me escuchas, solo quiero decirte que lo siento…

Su voz no siguió, no podía más. La contempló. Su piel estaba dos tonos más pálidos, sus labios resecos, tenía un pequeño corte en el labio y la cicatriz que estaba sobre su ceja estaba rojiza, al igual su ceja. Su cabello estaba sobre la almohada, regado. Estaba tranquila, como cuando dormía.

—Nat, tienes… tienes que salir de ésta —lloró—. Tienes que seguir pateándole el trasero a Tony y regañándome cuando la cago… —. Quiso reír, pero solo un extraño sonido amargo—. Tienes que seguir gritándonos cuando te enojas, y molestándome cuando Laura y yo nos ponemos cursi… Nat… Por favor.

—Joven, debe salir. Ya pasaron los diez minutos —avisó la mujer.

—Si…

— ¿Joven?

—Sí, voy.

Le dio un rápido beso en la frente a su hermana, y salió a rastras de la habitación. Se encontró con los chicos esperando por él.

— ¿Cómo está? —preguntó Pepper asustada e intrigada.

—Parece que está dormida —. Sorbió la nariz y abrazó a Lauren—. La enfermera dice que está estable, pero estará hoy en cuidados intensivos.

Un sonoro suspiro colectivo llenó el espacio.

— ¿Y tú? ¿Cómo estás? —murmuró Lauren, viendo a su novio.

—Mientras ella siga respirando, yo también —confesó, dándole un beso en los labios a la castaña.