Disclaimer: Los personajes y el universo le pertenecen a JK Rowling y a Stephenie Meyer.

La historia es mía.

No obtengo ningún tipo de beneficio lucrativo al escribir esto.


Capítulo 25.

Licaios ya había cumplido un año y su fiesta de cumpleaños había sido grandiosa. Si los vampiros creían que Alice era exagerada e hiperactiva, se debía a que nunca Sirius y ella habían organizado un acontecimiento importante juntos. Claro, estaban los cumpleaños de Blaise y los demás niños, pero durante el primer año de Licaios tiraron la casa por la ventana.

Harry, Tedy, Mark, Jaden y Blaise fueron los que más disfrutaron porque el cumpleañero se pasó la mayor parte durmiendo aunque sí le gustó la piscina de bolas.

Aún meses después, seguían encontrando bolas de plástico por la casa.

Sam y Remus le habían dicho que el cumpleaños era demasiado porque Rigel era solo un bebé, pero Sirius estaba tan entusiasmado que al final le habían permitido hacer lo que quisiera.

A veces, más de las que Uley quería admitir, su imprimado se sentía culpable por haberlos dejado durante tantos meses.

Racionalmente sabía que había sido lo mejor, pero el metamorfo estaba seguro de que si Sirius pudiera dormir, tendría pesadillas.

El hecho de que no encontraran todavía a Victoria los ponía nerviosos. Temían lo que la pelirroja inestable podría estar haciendo.

Los adultos no se preocupaban por ellos mismos, pero sí por los pequeños. Eran los más vulnerables de todos y siempre estaban bajo vigilancia.

-Ven con papá. -Decía Sirius.

Días atrás Licaios había dado sus primeros pasos y los padres estaban emocionados. Para ambos era la primera vez que podían estar allí durante las primeras veces de su pequeño. Black de vez en cuando lamentaba haberse perdido esos momentos con Blaise. Sin embargo, se consolaba pensando en que lo tenía consigo y que aunque no lo había visto nacer, ni gatear, caminar o escucharlo decir su primera palabra, había podido enseñarle a montar en escoba, había presenciado su primer brote de magia accidental y muchas otras cosas.

Suspiraba al contemplar las fotos de su pequeño y como se notaba el crecimiento cuantas más hojas pasaba de su álbum especial.

Temía verlo envejecer si decidía que la vida inmortal no era para él.

Era consciente de que no debía pensar en ello de momento, pero la vida era efímera. Bien lo sabía él.

El bebé miró a su padre pero no se soltó de la silla a la que estaba agarrado.

-Mira Cai. -Blaise llamó su atención mostrándole su peluche de lobo.

El pequeño balbuceó queriendo alcanzarlo y puesto que su hermano no se lo acercaba, decidió ir él.

Sus pasitos eran inseguros y a menudo se tambaleaba, pero su lobo negro era un buen motivo para continuar caminando.

Todos los que estaban en la sala le miraban como halcones y cuando llegó hasta donde Blaise esperaba, aplaudieron y él chilló de alegría.

Se sentó cansado en el regazo de su padre Sirius y abrazó su peluche como si Blaise fuera a cogerlo de nuevo para hacerle caminar.

-Es determinado. Creo que si resulta ser mago, irá a Gryffindor. -Comentó James.

-Yo digo que irá a Slytherin. -Intervino Regulus solo por molestar.

En otro momento, Sirius habría estallado ante eso, pero sospechaba que tal vez Blaise podría ir a Slytherin y aunque la casa no le gustara nada, su pequeño se sentiría horrible si pensaba que Sirius no le querría por ir allí.

-Mi hijo será un Hofflepaff. -Sam gruñó. -Lo que quiera que sea eso. -Se cruzó de brazos.

Regulus se echó a reír y su hermano mayor le dio un puñetazo en el brazo.

Rosalie le dio una galleta al pequeño como premio por su hazaña y aunque la galleta acabó comiéndosela Sirius porque su pequeño se la ofreció y aunque le supo a serrín no quiso quitarle la carita emocionada, fue un buen día.

por la noche, antes de que Sam se durmiera pero después de que acostaran a los niños, Sirius dramatizaría sobre el mal sabor de la galleta y engatusaría a su pareja para que compartieran besos para que el regusto arenoso se le fuera del paladar.

El lobo sabría que su imprimado estaba exagerando, pero le seguiría el juego.

Si años atrás le habrían dicho que acabaría enamorándose de un vampiro, al atrevido le habría seccionado la aorta.