Esta historia contiene lenguaje violento y obsceno, escenas fuertes tanto de violencia como de sexo.
Los personajes, salvo alguna excepción, pertenecen a CAPCOM.
Algunos detalles, como pueden ser escenas, diálogos o escenarios, pueden estar inspirados o tomados de alguno de los juegos o similares.
Se aceptan dudas, sugerencias y criticas constructivas con fundamento, esto es para pasarlo bien entre todos, recordar que yo no soy escritora.
Capítulo 25
Había oscurecido después de un par de horas tras haber descubierto que Wesker estaba detrás de todo, y Ada trabajaba para él, pero a pesar el tiempo transcurrido, nadie había dejado de pensar en todo aquello, aunque cada uno lo hacía a su manera.
Los tres se encontraban en las urgencias de un hospital del centro de los Ángeles. Leon aún continuaba dentro de la consulta del médico mientras Jack revoloteaba de aquí para allá, y Amy se mantenía sentada, a la espera, en el largo y vacío pasillo frente a la habitación donde se encontraba el rubio.
La morena observó el pañuelo manchado con la sangre de Leon entre sus manos, mientras veían en su mente aún las tétricas escenas de lucha entre los hombres: Como Leon caía al suelo, derrotado por aquel rubio con superpoderes. Había pasado un miedo horrible aquellos minutos, y daba gracias porque aquello hubiera salido bien. La chica sonrió levemente sin dejar de mirar el pañuelo.
La puerta se abrió repentinamente y Leon salió del lugar con un pequeño yeso en el puente de la nariz. Amy se levantó de inmediato, esperando a que el rubio llegase a su altura para hablarle.
-¿Qué tal estás, qué te ha dicho? –Preguntó con interés, observando sus heridas.
-No ha llegado a rompérmela del todo, pero aún así tendré que llevar esto unos días. Lo demás está bien, un par de moratones durante unos días.
-Has tenido mucha suerte, después de ver como te hacía volar por la habitación de una pared a otra. Podría haberte matado. –Susurró tras una pausa, mirándole a los ojos, para después abrazarlo con fuerza, sintiéndose mucho mejor al estar junto a él.
-No perdéis el tiempo, ¿eh? ¿Nos vamos? –Intervino Jack apareciendo en escena, contemplando a la pareja, la cual se separó lentamente, sin sorprenderse ante su llegada.
-Claro, ¿estás bien? –Preguntó Leon al hombre, quien tenía unos puntos en la mejilla.
-Sí, veo que tú también. ¿Cuál es el plan ahora? –Cambió de tema radicalmente mientras todos se ponían en marcha, saliendo del hospital.
-Recuperar la muestra. Ahora que sé que la tiene Wesker, sabremos dónde buscar, y tenemos que darnos prisa.
-¿Y qué pasa con tu amiga? No nos dejará acercarnos. Lleva haciéndolo todo el tiempo y es buena.
-Ya pensaremos algo –respondió con algo de tristeza el rubio, dubitativo–. Ahora tenemos que buscar un lugar donde pasar la noche.
Amy escudriñó discreta el rostro rígido de Leon mientras pensaba en cómo debía sentirse el hombre tras descubrir la traición de Ada. A pesar de todo, sintió pena por aquella situación, pues sabía que el rubio era una buena persona, y no se merecía aquello después de lo que había contado; Después de tantas veces de salvarla la vida y preocuparse por ella.
-Entremos aquí. –Sugirió Leon delante de un pequeño hotel de una calle principal, haciendo que la chica volviera a prestar atención.
-Supongo que te gustaría estar con él esta noche, ¿no? –Susurró Jack a su hermana mirándola a los ojos, conociendo la respuesta.
-¿No te importa? –Preguntó con una pequeña sonrisa.
-Ve, anda, antes de que coja una habitación para nosotros.
La chica sonrió ampliamente abrazando a su hermano fuerte y rápidamente, para después correr hacia el mostrador e informar al rubio.
Tras algo más de una hora, Amy salió del cuarto de su hermano dirigiéndose a la habitación que compartía con el rubio, algo preocupada por el estado anímico de este. Sin duda el descubrimiento de la traición de Ada había sido un duro golpe para él.
Abrió la puerta lentamente por si Leon ya se encontraba dormido, pero no encontró a nadie hasta que atravesó el pequeño pasillo y llegó a la altura del baño, donde encontró al agente apoyado sobre el lavabo con ambas manos, observándose en el espejo taciturno y triste. Amy se paró en seco, y tras un leve suspiro, se adentró en el baño acercándose a él.
-Lo siento. Puedo imaginar lo duro que ha sido descubrir lo de Ada. –Susurró mientras acariciaba la espalda desnuda del hombre, siguiendo el recorrido de las pequeñas gotas de agua que caían de su pelo mojado.
-No entiendo como puede trabajar para él después de saber las cosas horribles que hizo. –Comentó él mientras alzaba la vista hacia el espejo, buscando el reflejo de los ojos verdes de ella.
-Quizás todo tenga una explicación.
-¿La estás defendiendo? ¿Quién eres tú y qué has hecho con Amy? –Preguntó en broma el hombre mientras se giraba con una sonrisa a media asta, y ella le respondía de igual forma, acercándose más, mirando el largo corte de su torso.
-Creo que no es de los malos. La visita que me hizo antes de que vinierais a por mí me hizo cambiar de opinión.
-Pues ahora soy yo el que no está tan seguro.
-Descubriremos la verdad, no te tortures, Leon. Tú no podías saber nada hasta hoy, pero lo importante es que las cosas van tomando forma. No estarás solo en esto. –Comentó de forma amable mientras apartaba un mechón rubio que caía sobre su cara, ocultando uno de sus bonitos ojos, para después volver a centrarse en la herida. –Voy a vendarte esto.
-Creo que eso puede esperar.
Acto seguido, ambos se besaron tiernamente, con lentitud, a la vez que sus manos se posaban en el cuerpo del contrario, acariciándose suavidad y delicadeza.
-Ojalá nos hubiéramos conocido en otras circunstancias. –Comentó la joven tras separarse del chico, contemplando sus pies, resignada y melancólica.
-¿Qué más da eso? Lo importante es que ha ocurrido.
-Sí importa. Si todo hubiera sido normal estaríamos cuatro días metidos en la cama de esta habitación, sin pensar en si mañana será el último día de nuestras vidas.
-Puede que no podamos estar cuatro días, pero aún queda mucha noche por delante para no hacer nada más que estar tirados en la cama.
Amy respondió a su sonrisa de igual forma, para segundos después, volver a besarle, está vez de forma más pasional, haciendo que el hombre la correspondiera de buen gusto, cogiéndola a horcajadas, llevándola hacia la cama lentamente sin dejar de besarla.
Leon tumbó a la joven posicionándose sobre ella, mientras ambos continuaban con el juego de caricias y besos, pero de una forma algo diferente que ambos notaron con la misma sensación, con aquel latir frenético de sus corazones, con aquel cosquilleo interior al observarse fijamente desde tan cerca, sintiendo como aquel momento era lo mejor que les había pasado en mucho tiempo.
Tras unos segundos de intensas miradas, ambos volvieron a besarse, no pudiendo resistirse a las ganas de estar todo lo cerca que pudieran el uno del otro, intensificando, esta vez, la pasión.
Leon dejó de acariciar el rostro de Amy para bajar lentamente hacia su cadera, donde desabrochó con maestría el pantalón de la chica, centrándose después en deshacerse de su camiseta.
-Sé desnudarme sola, tranquilo. –Murmuró entre besos con una sonrisa, observando los ojos azules de Leon.
-Ya, pero seguro que lo hago mejor. –Respondió pícaramente, volviendo a su tarea, pero la chica le detuvo bruscamente saliendo de debajo de él, tumbándolo al lado para ponerse encima y volver a besarlo con euforia.
Leon se deshizo de la camiseta de la joven por fin, dirigiéndose a desabrochar su sujetado, cuando de pronto, la puerta del cuarto se abrió súbitamente.
Un hombre entró apuntando a la pareja con un arma, comenzando a disparar mientras Leon agarró fuertemente a Amy, abrazándola para después lanzarse hacia el suelo y así poder cubrise junto a la chica de los disparos.
El rubio cogió velozmente su pistola de la mesilla de noche, y comenzó a disparar al hombre con cuidado mientras Amy escuchaba como en la habitación contigua sucedía algo parecido, y automáticamente sintió un gran pavor al pensar en Jack.
El rubio alcanzó al extraño en una pierna, haciendo que este perdiera el equilibrio y tirase su arma, entonces, salió rápidamente hacia él, dejándolo inconsciente de un puñetazo.
Amy se levantó sacando su pistola de uno de los cajones y salió de la habitación rápidamente, ignorando los gritos de Leon, quien salió raudo tras de ella preocupado por el sonido de pelea que provenía de la habitación del hermano de ella.
