La isla

Epílogo

"¿Sabes? Anoche tuve un sueño rarísimo. Al principio pensarás que te hablo de una pesadilla, pero no es así. Soñé que vivía en Londres y tenía una vida espantosa. Tenía que compartir piso con un ex novio borracho y que me hacía sentir que no valía nada, pero me daba pena por haber tenido un accidente por mi culpa, y cada día intentaba escapar de esa realidad. Hasta que un día…mis padres me encontraron, y a pesar del miedo, quise ir a visitarlos."

Regina despierta ese día más tarde de lo normal. Aunque hace tiempo que se ha acostumbrado a no levantarse tan temprano, los días que duerme sola suele seguir una rutina que empieza a las 6 de la mañana, y son las 10. Henry no ha ido a despertarla todavía, y quedarse descansando un rato más es una idea cada vez más atractiva. Solo que, sin el cuerpo de la rubia a su lado, no tiene sentido remolonear en la cama.

Decide que no hay tiempo para hacer el vago y comienza su rutina de fin de semana, dirigiéndose a la cocina para preparar las deliciosas tortitas que tanto le gustan a su pequeña familia. Y cuando su hijo entra la pilla sonriendo, como ocurre cada vez más veces.

- Buenos días, mamá. – la saluda Henry, dándole un beso en la mejilla.

- Buenos días, cariño. ¿Has dormido bien?

Henry asiente a la vez que ataca su plato de tortitas, llenándose la boca de un solo mordisco. Saborea su desayuno contento, no sabe cómo pero su madre cada vez cocina mejor.

- Te has levantado tarde hoy. – comenta él.

- Sí, no sé qué me ha pasado.

- ¿Seguro que no tiene nada que ver con haberte quedado hasta tarde hablando con mamá por teléfono? – se ríe, observando la cara que pone Regina cuando sabe que la ha pillado.

- Ya, bueno. A lo mejor es por eso.

Para tener tan solo diez años, Henry es bastante espabilado e inteligente. Aunque era de esperar, siempre lo ha sido. Su pequeño se hace mayor y no puede evitarlo. Sonríe una vez más al verlo tan grande, tanto ella como Emma están muy orgullosas de él.

- ¿Cuándo llega mamá entonces?

- Pasado mañana. Me lo has preguntado todos los días. – ríe. – Parece que no soy la única que la echa de menos, ¿eh?

- Es sólo porque me debe una revancha al juego de carreras que compramos el otro día. – explica, rodando los ojos. – Y bueno, a lo mejor la echo un poco de menos. – admitió, antes de darse cuenta de algo. – ¡Eh! Pero pasado mañana es el día que paso con papá.

Henry y Daniel habían desarrollado una buena relación desde que el chico supo que era su padre. De vez en cuando quedaban y salían por ahí, e incluso Daniel cenaba de vez en cuando con ellos. Regina y él mantenían una buena relación, al igual que él con Emma.

- Y verás a tu madre cuando llegues. – advirtió Regina. – Daniel ha hecho lo imposible para conseguirte esas entradas y no vas a dejarle tirado.

"Soñé que montaba en avión por primera vez y estaba aterrada. Y al final, una de mis peores pesadillas se hizo realidad. Sufrí un accidente, el avión cayó y se partió por la mitad. Por suerte sobreviví, pero me quedé atrapada en una isla desierta junto con tres supervivientes más. Dos de ellos murieron, así que ella y yo nos quedamos completamente solas. Se llamaba Regina."

Emma ya no tiene miedo a los aviones. No desde que sabe que la llevarán de vuelta a su familia y a su hogar. En los últimos cinco años había tenido la oportunidad de viajar bastante, y aunque al principio intentó resistirse, Regina había conseguido arrastrarla con ella a todos lados.

Sin embargo, la muerte de John – su primer padre adoptivo – la ha llevado de nuevo a Londres por unos días. La verdad es que no echa de menos la ciudad. Se ha pasado a saludar a sus antiguos compañeros de trabajo y su jefe y amigo James, pero nada más la hace sentir añoranza o deseo de volver.

Y ahí está. A un par de días de volver a casa, de visita al cementerio. Ha pasado por la placa conmemorativa a las víctimas del accidente de avión al que sobrevivió. Ha dejado unas flores, sobre todo por Ruby y August. Y ha sonreído, porque le gusta pensar que la camarera del bar más famoso de Storybrooke, donde vive ahora, se parece a ella. Le gusta creer que al final consiguió cumplir su sueño, de una manera u otra. Sin embargo, ahora se encuentra frente a la tumba de John. Se agacha, deja una sola flor y hace lo único que puede hacer. Contestarle a la carta que le dejó antes de morir.

- Te perdono.

Ha sido solo un susurro, pero significa mucho para ella. Después de todo lo que ha vivido, no quiere guardarle rencor, e incluso entiende sus motivos. Se equivocó, mucho y muchas veces, pero también sufrió. Así que, finalmente, lo deja ir.

Antes de marcharse, también pasa por la tumba de Graham y acaricia suavemente la lápida, donde está su nombre grabado. Entonces, le habla. No está acostumbrada a expresar sus sentimientos, aunque en los últimos años ha aprendido algo.

- Hola, Graham. Ha pasado mucho tiempo, ¿eh? Sólo venía a pedirte disculpas de nuevo. Y a darte las gracias. Ahora sé lo que significa estar dispuesta a sacrificarse por amor. Sé que lo hiciste porque, al igual que yo, lo haría una y otra vez, y no me arrepentiría. Ojalá estuvieras aquí. – hace una breve pausa, de verdad le gustaría que Graham siguiera allí. – Solo espero que, estés donde estés, te sientas orgulloso de mí. Siento…siento no haberte correspondido como te merecías.

"Regina era la mujer más antipática del mundo. Se portaba como si creyese que era una reina y todos los demás éramos sus súbditos. Maldita Regina. Maldita y preciosa Regina. Maldita, preciosa e incomprendida Regina."

Regina está en plena campaña electoral para volver a ser elegida alcaldesa, y aunque Emma no se ha cansado de insistir en que no necesita hacer nada porque ya tiene el amor del pueblo, la morena aún tiene mucho trabajo que hacer. Y es por eso que no ha podido acompañarla a Londres, aunque le pese.

Llevan diez días sin verse, y aunque no ha sido tanto tiempo, la echa de menos. El pueblo no es lo mismo sin ella. Además, tiene a sus padres pegados como si no tuvieran vida o casa propia. Aunque tiene que admitir que las cosas han cambiado. Mary y ella han enterrado el hacha de guerra para siempre, de una vez por todas, y mantienen una relación cordial, aunque a los ojos de la otra mujer sea una amistad con todo el significado de la palabra.

"Poco después descubrí que Regina era la mujer de mi vida. Nunca me lo hubiera imaginado, jamás, era mucho más de lo que podría haber soñado. Después de muchos años yendo de un lado a otro, con mala suerte en el amor, finalmente ella había llegado.

Regina estaba herida, tampoco le había ido bien en la vida, quizá por eso conectamos. Las dos estábamos rotas."

Ha llegado el día. Emma por fin está esperando para subir al avión que la llevará de vuelta a casa. Ha comprado Regalos para Regina, Henry, su hermano y sus padres. Lamenta haberse perdido su aniversario con la morena, el día anterior. Han decidido llamar aniversario al día en que el avión chocó y se conocieron. Aunque haya sido una decisión bastante atípica, las dos están de acuerdo, pues para bien o para mal, aquel día marcó un antes y un después en sus vidas.

La rubia se pierde recordando los primeros días en la isla y sonríe, sin poder evitarlo, porque sabe que, si la dejaran vivir otra vida, no cambiaría nada. Le gusta donde está hoy, y le gusta la manera de la que han pasado las cosas. Al fin y al cabo, la suya no es una historia común.

"Cuando salimos de aquella isla y tuve que separarme de Regina, tuve la certeza de que no quería vivir sin ella. Así que, una vez más, superé mi miedo y me subí en un avión hacia Nueva York. Me esperaba mi familia. Y sí, mi familia incluía también a la morena de la que me había enamorado. Y no fue fácil, pero lo logré. Encontré la felicidad."

En poco menos de 15 minutos Emma atravesará la puerta de llegadas. Regina ya está ahí, impaciente, esperándola. Aunque había calculado perfectamente en tiempo, ha llegado mucho antes al aeropuerto, pues ya lleva 20 minutos allí. Pero no le importa. La rubia estará de vuelta y no puede esperar para abrazarla de nuevo. A veces se odia por sentirse tan cursi. Llevan cinco años juntas, pero su amor es tan fuerte como el primer día.

Y para intentar recortar esos minutos de espera que le quedan, saca la carta que lleva perfectamente doblada y guardada dentro de su bolso. La misma que dejó Emma antes de irse, la misma que por fuera del sobre ponía claramente "no leer antes de nuestro aniversario", a lo que ella no ha hecho caso.

"¿Lo mejor del sueño? Despertarme cada mañana y ver que todo lo que pasó fue real. Que toda aquella vida la he dejado atrás, y que cada vez que me despierto al lado mío descansa ella, la misma Regina de la que me enamoré hace cinco años.

Siento no poder estar ahí para nuestro aniversario. Nos vemos pronto.

Te ama,

Emma."

Emma ha llenado la carta de corazones dibujados, y la morena no puede hacer otra cosa que reírse entre lágrimas. No sabe cuántas veces la ha leído ya. Casi se la sabe de memoria cada palabra, cada punto y cada coma. Y aunque sabe que la rubia tiene algo más preparado para la vuelta, el detalle le ha parecido precioso.

Queda poco menos de cinco minutos para que Emma aparezca, así que aprovecha para releer todas las posdatas que ha puesto, que no han sido pocas, y en las que sus palabras no pueden ser más acertadas.

"PD: Sé que no has esperado a nuestro aniversario para leer la carta.

PD.2: Te echo de menos. No importa cuándo leas esto.

PD.3: Ríete todo lo que quieras de esta cursilada, pero sé que te ha encantado y ahora mismo estás llorando."

Es oficial, ha llegado. El aterrizaje es suave, cosa que agradece y agradecerá siempre. Ha sido tan práctica que no ha llevado más que una pequeña maleta de mano para no tener que esperar más dentro del aeropuerto. Así que, lo más rápido que todo el proceso de desembarque le permite, Emma sale a reencontrarse con Regina.

Desde un primer momento no la ve, lo que le parece extraño, aunque piensa que lo más probable es que haya ido a por un café, pues la conoce y sabe que lleva bastante tiempo esperando. Sin dudarlo, se dirige al Starbucks más cercano y espera pacientemente en la cola, comprobando si tiene algún mensaje o llamada de la morena.

Va tan distraída que, justo cuando va a ser su turno, se choca con la mujer de delante de la cola, que le vacía el café encima.

- ¡Joder! – grita, el líquido está caliente y quema.

Está a punto de decirle que tenga más cuidado – a pesar de que sabe que la culpa es suya – cuando levanta la cabeza y ve un rostro, una mirada conocida.

- ¡No me lo puedo creer! – exclama, empezando a reírse. - ¡Lo has preparado todo! No puedo creerme que te hayas vengado.

Regina está frente a ella, riéndose a carcajadas. La verdad es que lo ha hecho adrede. Poco antes de ver cómo Emma la buscaba con la mirada, se ha camuflado entre la gente y, adelantándose a sus pasos, lo ha preparado todo.

Se vuelven a mirar y sus carcajadas paran, para dar paso a una amplia sonrisa en ambas caras. Y se abrazan. A la morena no le importa mancharse también de café, no esta vez. Se abrazan y se hunden en los brazos de la otra como si no se hubieran visto en años, porque sinceramente, es lo que han sentido.

Finalmente se besan, y de la mano se van de allí en dirección a casa, todo ante la atenta mirada de la dependienta del Starbucks, que no entiende nada.


¡Y hemos llegado al final de esta historia!

¿Qué puedo decir?

Muchísimas gracias por acompañarme hasta aquí, me ha encantado pasar todo este tiempo escribiendo esta historia, y espero que el epílogo no os deje con un mal sabor de boca.

Contadme qué os ha parecido, nos vemos en otras historias :)