– ¡Maki, suéltame para partirle la cara a este francesito!

Nicochi se retorcía y luchaba con todas sus fuerza para librarse de los brazos de Maki que le rodeaban la cintura y evitaban que avanzara hacia el hombre que estaba a escasos metros de nosotras. Era el hombre que había llegado con Kotori al aeropuerto, el mismo que no conocíamos pero que por su apariencia, debía ser alguien importante relacionado con el mundo de la moda.

Elichi presionó el bastón donde estaba apoyada y habló con la voz más seria y dura que yo le conocía.

– ¡Usted no puede llevarse a Kotori así! Ella tiene todo el derecho a quedarse aquí, al lado de nosotras –el hombre rio con una sonrisa cínica.

Ese hombre había llegado apenas cinco minutos atrás. Al vernos había mostrado mucha molestia en su expresión y había comenzado a llamar por teléfono, supongo que a Kotori. Como no recibió respuesta se acercó a nosotras y con mala educación nos preguntó por ella.

Elichi le dijo lo que sucedía y el hombre hizo el intento a entrar por la puerta. Rin se colocó en medio, prohibiéndole el paso por la puerta y el la empujó lanzándola al suelo. Ahí fue donde comenzó la discusión que ahora tenía lugar en mitad de la sala de espera.

–Madeimoselle Minami tiene muchos compromisos importantes que resolver en Francia, donde ahora reside y triunfa. No tiene nada que hacer aquí en este país, donde era una don nadie, y ya no necesita relacionarse con ustedes.

–Jean Pierre, arrêter.

Todas miramos hacia la puerta al lado de la recepción. Kotori y Honoka estaban ahí de pie, la primera con una expresión seria en su rostro y la otra de sorpresa. El hombre se giró hacia nosotras y sonrió ampliamente, o bueno, su boca dibujó una sonrisa porque sus ojos no lo hicieron.

–Aquí estás mon cheri.

– ¿Qué estás haciendo aquí Jean Pierre?

–Buscándote. Te fuiste del hotel sin decirme nada. ¿Por qué no contestas el teléfono? Estamos retrasados para la reunión en el Shibuya Hikarie para programar el desfile del próximo mes –Le tomó la mano con fuerza–. Si nos apresuramos puedes pasar a cambiarte y…

Kotori se sacudió el agarre y bajó la mirada.

–Jean Pierre, lo siento, pero no puedo acompañarte a la reunión.

–Qu'est-ce que?

–Jean Pierre, voy a quedarme un tiempo en Japón.

– ¡Te lo dije! –gritó Nicochi aun intentando soltarse del agarre de Maki. El hombre la miró.

–Petit fouineur –dijo y regresó su mirada a Kotori.

– ¡Dímelo en japonés desgraciado…! ¡Maki suéltame! –y le clavó las uñas en el brazo. La pelirroja solo se mordió el labio, pero presionó más fuerte el agarre.

–Cálmate Nico –dijo Elichi mirándola fijamente.

–Preciosa, ¿Qué estás diciendo? –dijo el hombre, acariciando la mejilla de Kotori. Ella lo miró fijamente a los ojos, su expresión decidida.

–Lo que escuchaste Jean Pierre. No puedo continuar con el desfile, mi cabeza no está en diseños ni estilos ahora. No puedo ayudarte a organizar nada en este momento. La salud de… –nos miró un momento–…Umi-chan es mi prioridad ahora.

–Kotori, dejemos algo claro. Tú trabajas para mí. Tus diseños son míos, y tu talento también. No puedes simplemente decir que te quedas en Japón. Tenemos compromisos ya adquiridos por lo que queda del año.

–Jean Pierre…

–Tenemos un compromiso con varias compañías extranjeras para este desfile en Tokyo, no podemos dejar de organizarlo, y tus diseños son los que los accionistas quieren presentar.

El hombre miraba con mucha molestia a Kotori. Honoka se acercó a ella y le tomó la mano. Kotori lanzó un suspiro y bajó la mirada.

–Jean Pierre… perdona, de verdad, pero…

El hombre lanzó una palabra mal sonante en francés que no logramos entender. Nicochi comenzó a forcejear nuevamente con Maki.

– ¿Podemos hablar esto en privado madeimoselle? En el hotel.

–No pienso regresar al hotel todavía. Pienso quedarme aquí. Sí quieres hablar, hagámoslo afuera.

Kotori miró a Honoka y sonrió levemente. Soltó su mano y caminó hacia la salida. El hombre nos miró una última vez y la siguió. Miré a Elichi que no dejaba de observarlos mientras se colocaban cerca de la entrada, bajo la sombra de un árbol. Hanayo ayudó a Rin a ponerse de pie y Honoka se acercó a mí.

– ¿Qué sucede?

–Pues… ese sujeto vino a llevarse a Kotori a la fuerza. Ya lo escuchaste –dijo Nicochi con mucha molestia en su tono de voz.

–Ara, Maki-chan ya puedes soltar la cintura de Nicochi, si quieres.

Maki rápidamente soltó el agarre, sonrojada y Nicochi cayó de rodillas al suelo. La miró con algo de molestia mientras se ponía de pie.

Honoka enarcó una ceja. Miró a Elichi que se había acercado al ventanal de la sala. Rin y Hanayo se acercaron a nosotras despacio.

– ¿Estás bien Rin-chan? –le preguntó Maki, acercándose a ella.

–Me duele un poco el brazo nya, pero estoy bien.

Las siete miramos hacia afuera. El hombre gesticulaba con mucha fuerza y su rostro mostraba más molestia con cada palabra que decía. Kotori trataba de no mirarlo a los ojos, pero yo sentía que con cada cosa que decía, su expresión se ponía todavía mucho más triste. El hombre nos señaló y continuó hablando. Noté como Elichi agarraba con mucha fuerza su bastón, tanta, que su mano se ponía morada.

Y entonces, Kotori abofeteó al hombre. No escuchamos nada, pero lo vimos todo, una bofetada con mucha fuerza. Lágrimas bajaban por el rostro de ella mientras el hombre la miraba con mucha furia. Nicochi cerró los puños y se mordió el labio. Honoka ensombreció su mirada al igual que Maki. Incluso Rin puso una expresión de enojo muy evidente.

Transcurrieron lo que me pareció mucho tiempo hasta que el hombre, evidentemente enfadado se marchó y dejó a Kotori llorando, sola, en la entrada. Nicochi iba a salir pero Honoka pasó corriendo a su lado y salió. Llegó al lado de Kotori y ella la abrazó con fuerza.

– ¿Qué habrá sucedido? –preguntó Hanayo en un susurro. Elichi suspiró pesadamente.

–Por la reacción de Kotori… creo que hemos arruinado su carrera.

– ¿Qué? –dijeron Hanayo y Rin con sorpresa. Nicochi soltó un suspiro de molestia.

–Mejor para ella.

Todas miramos a Nicochi que tenía una expresión muy seria en su rostro mirando hacia el exterior. Me mordí el labio y metí la mano en mi abrigo. Sentí el mazo de cartas, viejo y con arrugas en sus bordes. Quise sacar una pero el miedo me paralizó. El miedo a sacar la carta que me había atormentado los últimos días.

– ¿Nozomi, estás bien?

Miré a Elichi que me miraba con preocupación. Asentí tratando de poner una dulce sonrisa y saqué las manos del abrigo. Honoka y Kotori regresaban abrazadas. Sentí mucha alegría por dentro al ver que ya se habían solucionado sus problemas.

–Kotori-chan… –mencionó Hanayo apenas terminaron de entrar. Ambas nos miraron.

– ¿Qué sucedió Kotori? –preguntó Elichi. Kotori suspiró profundamente pero fue Honoka la que habló, fuerte y claro.

–Kotori-chan se va a quedar con nosotras. No regresará a Francia.

–Kotori…

–Chicas –comenzó a decir con una leve sonrisa– gracias por defenderme. De verdad, muchas gracias.

–Kotori-chan, dinos que pasó –le dije poniendo un tono serio y maternal. Ella me miró.

–Nada especial…

–Pero le pegaste muy duro nya.

Kotori miró a Honoka que le asintió despacio. Suspiró y bajó la mirada entrelazando sus manos frente a ella. Honoka le colocó una mano en la espalda. Kotori comenzó a narrarnos la discusión que tuvo con el hombre extraño. Nos dijo quién era, su profesor e importante diseñador, y nos dijo sus logros. También nos dijo que la obligó a regresar a Francia, o simplemente le quitaría la beca de estudios, y todos los diseños que había ella creado, pasaban a ser propiedad de él por ser hechos en la academia.

–Y bueno… yo le dije que hiciera lo que quisiera. Pero que no iba a regresar, no sin saber que Umi-chan está bien.

–Kotori… –dijo Elichi en un susurro.

Todas nos pusimos tristes. Los rostros de las siete reflejaban nuestra amargura y nuestra culpa. Creo que todas nos sentíamos desdichadas. Kotori sonrió ampliamente.

–Pero no se pongan tristes chicas, no es su culpa, ni de Umi-chan.

–Kotori-chan…

–Honoka, el estar aquí con ustedes, y ver lo que acaban de hacer por mí, fue lo que me dio el valor para afrontar esa discusión. Jean Pierre es un gran profesional, pero no entiende que mi cabeza y… mi corazón están aquí en este momento.

– ¿Qué pasará con tu carrera nya? –le pregunto Rin en tono bajo. Ella suspiró.

–Tendré que empezar de nuevo seguramente. Pero ahora lo haré aquí.

Kotori volvió a sonreír y poco a poco esa sonrisa nos iba animando. Honoka le tomó la mano y le sonrió ampliamente.

–Ara, ¿Y entre ustedes…? –y las señalé a las dos. Honoka volvió a sonreír.

–Chicas, Kotori-chan y yo ya… bueno, ya nos reconciliamos.

Elichi sonrió y las abrazó fuertemente. Hanayo y Rin rápidamente la imitaron. Maki lanzó un suspiro y se unió al abrazo. Nicochi me miró.

–Que se le va a hacer –y sonrió. Se unió también al abrazo.

Yo las miré. Me sentí muy feliz de verlas, de ver sus rostros, con lágrimas de alegría en ellos. Me mordí el labio y lancé un suspiro. Elichi me miró pero antes de que dijera algo, yo también me uní al abrazo general. Nos quedamos un rato así.

–Señorita Minami-san.

Nos separamos todas, sonrojadas y limpiando nuestras lágrimas. Miramos al doctor que nos sonreía, esperando cerca de nosotras. Kotori suspiró y le sonrió.

–Doctor Ibayashi…

–Acabo de terminar de hacer un chequeo a Sonoda-san. Puedes estar tranquila, se está recuperando.

Kotori sonrió mucho más, una sonrisa muy hermosa. Miró a Honoka y se volvieron a abrazar. Elichi se acercó al doctor.

– ¿Podemos verla?

–Lo siento señorita, pero por el momento no es posible. Hice una excepción especial para Minami-san y su amiga, no puedo hacer otra por todas.

– ¿Y cuándo podremos? –le pregunté casi en un susurro. Él nos sonrió.

–Si la señorita Sonoda-san mantiene su mejoría, puede que le quitemos los sedantes en tres días. Solo así, se les permitirá verla.

– ¿Hasta el miércoles nya? Rin quiere verla ya.

Rin hizo su puchero de gato y todas reímos. Maki se acercó al doctor y lo miró fijamente.

–Kei… san –agregó al ver la mirada de Nicochi– ¿Podría Umi-chan sufrir una recaída?

Todas miramos a Maki con sorpresa, en especial Kotori. El doctor sonrió y nos miró a todas. Cruzó los brazos y lanzó un suspiro tranquilo.

–Trataré de que eso no suceda señorita Nishikino. No deben preocuparse.

Maki asintió y nos miró a todas. El doctor miró su reloj y se acercó a Kotori. Le acarició la cabeza y le sonrió.

–Debo regresar a mis labores. ¿Te vas a quedar aquí? –Kotori nos miró a todas unos segundos. Honoka le tomó la mano y le sonrió.

–Como sé que usted la va a estar cuidando doctor Ibayashi, voy a ir a descansar y a reencontrarme con mis amigas.

–Estoy de acuerdo con esa respuesta –y la abrazó.

El doctor se marchó y nos quedamos solas en la sala de espera. Elichi miró su reloj y luego nos miró a todas.

– ¿Tienen hambre? –sonrió ampliamente–. Las invito a comer.

–Que no sean Parfait de chocolate –agregó Nicochi con una sonrisa. Rin levantó las manos y dio tres pequeños saltos.

–Vamos por Ramen. Rin quiere Ramen.

Todas rieron excepto Maki que levantó la mano.

–Yo… no puedo acompañarlas. Debo regresar al hospital. Lo siento Kotori-chan.

–Tranquila Maki-chan. Luego podremos hablar.

Maki se despidió de todas y se marchó con paso veloz. Esperé unos segundos y levanté también la mano. Todas me miraron fijamente.

–Elichi… yo tampoco podré acompañarlas.

–Nozomi…

– ¿Por qué Nozomi-chan, nya?

–Eh… –evité la mirada de Elichi–…tengo que terminar de hacer una gestiones personales.

–Bueno –comenzó a decir Nicochi– te va a salir más económica la invitación Eli.

–Nozomi… –suspiró Elichi y me miró confusa. Yo sonreí.

–Si planean hacer algo para mañana me avisan. De verdad lo siento.

Antes de que Elichi o alguna de las otras dijera algo, salí del hospital. No me alejé mucho y me escondí cerca, en un lugar desde donde podía ver la salida del edificio. Esperé alrededor de cinco minutos, cuando las seis chicas salieron caminando a paso lento y riendo. Las observé hasta que se perdieron en el horizonte y lancé un suspiro triste, pesado. Guardé las manos en mi abrigo y me alejé en la otra dirección.

Llegué a lo alto de las escaleras y miré la entrada del Templo Kanda. Cerré los ojos un momento y traté de concentrar mi espíritu para sentir la paz del lugar, sentir la presencia de todos los espíritus que habitaban el templo. Era algo que me llenaba de calma, que calmaba mis sentimientos más profundos, mis pensamientos más impuros.

Entré despacio y me dirigí al edificio más alejado del altar principal, en donde una decena de personas participaba de un ritual. Cuando ya casi llegaba a la entrada, una sacerdotisa del templo me detuvo con un pequeño siseo.

–Nozomi-senpai, acércate por favor.

–Ara, si es Takama-chan.

La saludé con la mano y ella sonrió. Dejó la escoba con la que estaba barriendo y se acercó a mí. Me miró fijamente y tomó aire antes de hablar.

–Te estuve buscando durante la mañana. ¿Dónde estabas?

–Estaba en el hospital, con mis amigas. ¿Por qué?

Takama suspiró y miró hacia todos lados antes de acercarse a mí y hablar en un susurro.

–El sacerdote está molesto. Le dijiste que te ibas a quedar dos días y ya llevas más de cuatro. Él no puede darte posada así.

–Lo siento, lo siento –dije tratando de poner una sonrisa–. Sé que debí irme hace días, pero no he podido encontrar donde quedarme.

–Hazte Miko como antes y ya no tendrás problemas.

–No es tan sencillo Takama-chan… –susurre.

Takama suspiró y negó despacio. Volvió a tomar la escoba y se alejó de mí. Miré hacia el cielo, y luego miré el edificio frente a mí, los aposentos del sacerdote y las sacerdotisas. Me mordí el labio.

– ¡Takama-chan! –ella me miró–. ¿Podrías leerme las cartas?

– ¿Las cartas? Nozomi-senpai tú eres mejor en eso que yo. Eres mi senpai.

–Sí, pero… por favor Takama-chan. Solo por esta vez.

Se mordió el labio y asintió despacio. Dejó nuevamente la escoba recostada de una pared del altar y juntas caminamos hasta el edificio principal y entramos a la que era mi pequeña habitación. Dentro solo había un pequeño futon de color verde doblado en una esquina y una pequeña mesa en el centro con una vela a punto de consumirse. Una maleta algo raída donde guardaba la poca ropa que tenía estaba recostada a la otra esquina de la habitación. Takama entró detrás de mí y se sentó en el suelo a un lado de la mesa. Yo me quité el abrigo que puse sobre la maleta y me senté frente a ella.

– ¿Quieres usar mis cartas o las tuyas? –me preguntó sacando su propio mazo de cartas.

–Las mías… creo que ya no perciben las energías igual que antes. Mejor usemos las tuyas.

Takama asintió y comenzó a barajar su mazo sin quitarme la mirada de encima. Me mordí el labio y lancé unos suspiros tristes mientras esperaba. Cuando Takama comenzó a colocar las cartas en la mesa, cerré los ojos.

– ¿Pasa algo Nozomi-senpai? –negué despacio pero aun así, no abrí los ojos.

–Solo dime lo que lees en las cartas, por favor.

Comencé a escuchar como Takama le daba la vuelta a las cartas y lanzó un leve grito de sorpresa.

–Nozomi-senpai… no sé si debería… decírtelo.

Abrí los ojos y los dirigí al rostro de Takama. Estaba pálido y sudaba. Sus ojos mostraban algunas lágrimas queriendo escapar. Lancé un suspiro triste, resignado y bajé la mirada.

Una fría brisa entró, abriendo la puerta por completo. Las cartas comenzaron a volar en todas direcciones, todas excepto una, que se quedó pegada a la mesa. No podía creer lo que mis ojos estaban mirando.

–No puedo escapar de ti, verdad… –dije dejando escapar una lágrima.


Me estoy comenzando a preocupar yo también por Nozomi. Aquí les dejo otro capitulo más de mi historia, espero les guste. Los dos siguientes serán... mejor no digo, solo espero que los disfruten y comenten así como este.

Gracias por sus comentarios.

PD: yukielmarica puedes usar la historia, siempre y cuando me des el crédito por escribirla. Me encantaría ver cuando la termines tu también.