Título: Un mal consejo.
Fandom: Sailor Moon.
Claim: Yaten, Seiya/Serena.
Extensión: 827 palabras.
Notas: Escrito para la tabla Ilusoria de 30vicios y para el reto_diario.
No era la primera vez que no entendía a Seiya. Ya de por sí les costaba tener opiniones semejantes; pero lograban apañárselas bastante bien, sin tener demasiados problemas.
Lograban llegar a un punto intermedio entre la rectitud de Yaten y la poca disciplina de Seiya, aunque mayormente lo conseguían gracias a que Taiki actuaba de intermediario, porque habrían llegado a los golpes más de una vez si no hubiese sido por él. Cada uno cedía un poco de sí, aceptando que quizá (y sólo quizá) sus posturas eran un tanto extremas y que el otro tenía en parte razón. Y al ser hombres las peleas no llegaban a durar demasiado, pasaban algunas horas, el ambiente dejaba de ser tenso y terminaban olvidando el por qué de la pelea.
Claro que las peleas nunca habían sido por razones demasiado fuertes. Siempre eran por tonterías: por la irresponsabilidad de Seiya, por el malhumor de Yaten, quién se comió la última porción de la torta de chocolate. Tonterías. Incluso alguna vez por las estrategias en alguna misión cuando aun estaban en el Planeta de las Flores de Fuego. Sin embargo, Yaten jamás pudo imaginar que llegarían a pelearse por ese tipo de cosas: una chica. Y ni siquiera era que a ambos les gustaba la misma chica. Había que ser ciego, sordo y estúpido para que a uno le gustase Serena Tsukino, o ser Seiya en su defecto.
Aunque al principio no se había preocupado demasiado por los gustos de chicas que tenía su hermano, tampoco es que pudiese hacer mucho. Hay gente a la que le gusta la gente estúpida, no se podía hacer demasiado. Y al parecer su hermano entraba en esa categoría de personas. Tampoco había prestado mucha atención a que Serena tuviese novio porque cuando volviese de aquel dichoso viaje a Estados Unidos, ellos ya se habrían vuelto a su planeta con su princesa, o en su defecto estarían muertos en manos de Galaxia. De modo que tampoco podía privar a su hermano de querer pasar algo de tiempo con aquella chica atolondrada.
Lo que jamás creyó era que esa muchacha les trajese tantos problemas. ¿Quién iba a creer que ella era Sailor Moon y sus amigas, las Sailor Scouts? Un grupo de chicas tan corrientes… en fin, así les iba, tan solo había que mirar lo poco que podían hacer en el campo de batalla sin su ayuda.
Lo que haría la gente normal en esos momentos sería alejarse de la dichosa Serena Tsukino, al ver que solo traía problemas. Claro que Seiya nunca había formado parte de la gente normal, tenía que ser un jodido, aunque había esperado un poco más de sentido común por su parte.
No les quedó otra, con Taiki, que prohibirle acercarse a esa chica. No sólo era un estorbo en el campo de batalla, sino que ahora por su culpa Seiya había sido herido. La paciencia de ambos hermanos había sobrepasado sus límites con creces.
Y claro, Seiya se los replicó treinta millones de veces; pero en ese momento no había nada que mediar.
—Seiya no hay nada discutible— le objetó con dureza Yaten. Teniendo de su parte a Taiki, a Seiya no le quedaban demasiadas opciones. Su hermano menor apretó los dientes, desconforme. Era masoquista, esa era la única explicación que podía dar Yaten a tal comportamiento tan estúpido. —No puedes volver a Serena Tsukino, mira cómo quedaste por su culpa.
Eso fue lo que hizo estallar la furia de Seiya.
— ¡No fue su culpa! ¡Yo me interpuse en el ataque! ¡Ella no tiene la culpa de que quisiesen atacarle! ¡No podía permitirlo…! ¡Yo…!
Seiya se iba quedando sin palabras a la par de que su furia aumentaba. Pero también lo hacía el dolor en su cabeza.
—Seiya, Yaten— llamó a ambos dándoles una mirada de advertencia a cada uno por separado, para que supiesen comportarse. —Primero: Seiya, no debes alterarte, sabes lo que dijo el médico, debes mantenerte tranquilo. Y dos: Yaten tiene razón, no puedes volver a ver a esa chica. ¿No ves que ni siquiera está interesada en ti? Deja que sus guardianas le protejan, que para algo tienen que estar.
Seiya estaba a punto de replicar, pero Taiki volvió a hablar.
—Debes ordenar tus prioridades y esto ya no es un consejo, es una orden. Si es de la única manera en que podemos protegerte, créeme que lo haremos.
Seiya apretó los dientes y les mandó una mirada molesta a sus dos hermanos mayores.
—Es el peor consejo de todos— espetó, aunque no continuó con la pelea. No había caso. Al menos habían ganado, pensó Yaten, aunque se había quedado con un par de frases en la lengua. De todos modos se conformó al ver que su hermano había desistido. Pero había que joderse. Todos sus consejos eran buenos, que Seiya no supiese apreciarlos en todo su esplendor no significaba que era un mal hermano, sólo que el otro era bastante corto de luces.
