Disclaimer: Los personajes pertenecen a S. Meyer, la historia es mía.
¡Hermosas!
Seguro no me esperaban en jueves, pero el resto de la semana lo tengo muy liado, espero poder actualizar el domingo o el lunes, el 24 ni el 25 podré, seguramente, pero estén pendientes.
¡Mil gracias por sus reviews! Siempre tomo en cuenta lo que me dicen, por eso ahora quiero saber qué les parece este giro en la historia.
¡Las amo!
Capítulo veinticinco.
Un año después.
En la solitaria cafetería de Londres, un joven cobrizo ojeaba las páginas del periódico de hace unos días, los fines de semana lo ponían un tanto confuso, así que procuraba no leer los periódicos de esos días hasta que fuera lunes nuevamente.
Ahora residía en Londres, en un bastante modesto apartamento del Soho, en donde, de no ser por Benjamín, su socio, no podría dirigir su compañía, la cual aun no terminaba de transferirse a Londres, cierta parte de Edward no estaba preparada aun para dejarlo todo atrás.
Al ver una imagen en la página de espectáculos, su corazón se detuvo, solo para latir tan rápido que seguramente le podría sangrar.
Era ella, y se veía más hermosa que nunca, sonreía mientras caminaba al lado de Rosalie, sus ojos castaños estaba cubiertos por unas enormes gafas así que no podía adivinar si aquella sonrisa era sincera o no.
Las letras negras rezaban "ISABELLA S., MODELO ESTRELLA, CAMINO AL ALTAR", con todo su ser contraído el joven se dirigió a la página en la que estaba el artículo completo.
En él hacían mención de la muy exitosa carrera de Bella, de sus últimos vistazos recorriendo tiendas de vestidos y joyerías, y por último, dos sospechosos del posible enlace.
El primero, su estilista, con quien nunca tuvo reparos en mostrar su afecto al público y lo unidos que eran, Edward aun podía recordar sus miradas envenenadas y el fuerte derechazo que le había dado.
El segundo, y el cobrizo apenas podía creerlo, era su hermano… Jasper.
¿Cómo coño había pasado aquello? Era cierto que en el último año solo había hablado con sus hermanos dos o tres veces a lo mucho, pero no creía que hubiera sido para tanto como para que no le mencionaran que Jasper y Bella mantenían una relación, además, la último que supo de su hermano menor era que seguía loco por Alice Brando, entonces… ¿Qué carajos?
Sin pensarlo muy bien, terminó su desayuno, tiró el periódico en el primer bote que encontró y tomó un taxi al aeropuerto.
Eran las ocho de la noche de ese día cuando aterrizó en Seattle, llegó al apartamento que un servicio de limpieza mantenía inmaculado, se cambió de ropa y se subió a su auto que ronroneo como un gatito al ver a su dueño en casa de nuevo.
Condujo como poseso hasta que llegó a Forks, cerca de las dos de la madrugada, y despertó a todos en la casa de los Cullen, o bueno, solo a Emmett y a sus padres.
— ¿Edward? — preguntó su madre, más despierta que dormida, pero adquiriendo poco a poco un brillo en su mirada al darse cuenta de que en realidad su hijo sí se encontraba ahí.
— ¿Cuándo pensaban decirme lo de Bella y Jasper? — exigió, apartándose furioso de los brazos de su madre.
Durante las horas de su viaje había tenido tiempo de analizar toda la situación y su ira iba en aumento gradualmente hasta el punto en el que se sentía estallar.
—Primero que nada salúdame, jovencito— lo reprendió su madre, completamente despierta, en ese momento descendían Emmett y Carlisle— Segundo, esas no son maneras de hablarle a tu madre, y tercero, no sé de qué estás hablando— padre y hermano mayor rieron por lo bajo al ver cómo Esme Cullen reprendía a su hijo.
—Disculpa, mamá, ¿cómo has estado? — La mirada de Esme se suavizó y asintió— ¿Por qué no me dijeron que Jasper y Bella tenían una relación y que se van a casar? — No fue su madre quien contestó, sino la atronadora risa de su hermano mayor.
— ¡Chico, el clima de donde sea que hayas estado en este año te ha afectado la cabeza! — y prorrumpió en más risa el enorme hijo de los Cullen, Esme y Carlisle también intentaban controlar su risa.
—He estado en Londres, Emmett— respondió con los labios apretados.
— ¡Pues tanta lluvia ya te aguadó los sesos! — Siguió burlándose su hermano.
—Hijo, lo que Emmett quiere decir— intercedió Carlisle al ver que uno de sus hijos estaba por perder toda paciencia y el otro no pararía de reír— Es que Jasper y Bella no tienen ninguna relación, en realidad Jasper y Alice han estado en Venecia de vacaciones por dos meses ya, hace unos días nos anunciaron su compromiso.
Edward no sabía qué decir, qué hacer, ¿entonces…?
— ¿Qué hay de los rumores de la boda de…Bella? — Ahora que ni la furia ni el pánico lo controlaban, volvía a sentir ese dolor que el solo pensamiento de la mujer que amaba le provocaba.
—Si no te hubieras esfumado del radar durante casi un año y cambiado tu número cada vez que nos llamabas como si fuéramos la CIA y quisiéramos encarcelarte— comenzó su hermano, recuperado de su ataque de risa y claramente indignado por la actitud de su hermano menor— Te habríamos podido informar que los preparativos que se están haciendo son los de mi boda con Rose y que cada semana salen nuevos chismes sobre Bella, el mes pasado la comprometieron con Brad Pitt, esa semana fue un caos total, sobre todo por Angelina que llamó en persona a Bella para reclamarle todo eso— Edward apenas podía entender lo que su hermano le decía.
— ¿Bella no está comprometida? — su hermano bufó y sus padres lo vieron con pena.
—Cariño, me temo que Bella sí está comprometida— replicó su madre, la leve esperanza que hubiera podido renacer en su corazón, fue aniquilada con las sencillas y tristes palabras de su madre.
—Creo que debería irme— susurró él, cabizbajo.
—Hijo, por favor quédate, es tarde y estás cansado— intervino su padre, que lo miraba con dolor en sus ojos claros.
Edward simplemente asintió y subió los escalones ignorando completamente a su hermano, que lo miraba entre abatido y furioso.
Al llegar a su habitación se derrumbó y lloró amargamente por su estupidez y por ese corazón que a pesar del tiempo aun no sanaba, él seguía amando tanto a Bella, pero ella había pasado la página, se había perdonado por su pasado y había continuado con su vida, y ahora… Estaba comprometida.
Se preguntaba cómo sería ese bastardo que le había robado a su ninfa, quién se había dado cuenta de lo invaluable que era, de lo hermosa por dentro y por fuera, lo única que era.
Y lo odiaba, detestaba que él pudiera tener lo único que Edward anhelaba, el amor de Bella.
A la mañana siguiente lo despertó un barullo procedente de la cocina de la casa de sus padres, Emmett reía como siempre mientras varias voces femeninas se entremezclaban entre sí.
Al bajar y darse cuenta de quienes se trataba casi le da infarto.
— ¡Hubieras visto la cara de ese idiota paparazzi, Emmy! ¡Era digna de un premio! — Chillaba Rosalie, mientras todos reían por su broma.
En la cocina de la familia se encontraban todos, Jasper, Alice, Emmett, sus padres, Renee, Charlie, un hombre alto y de piel morena a quien reconoció como el estilista de su ninfa, junto con una chica de piel igualmente bronceada que le rodeaba el cuello con sus brazos y estaba sentada en sus piernas, también había un joven de cabello rubio oscuro, alto y pálido, que tenía bien aferrada por la cintura… a su Bella.
— ¿Edward? — Fue Alice la primera en reconocerlo y en saltar del lado de Jasper para colgarse de su cuello y saludarlo efusivamente. — ¡Edward! ¡Qué alegría verte! — De repente se soltó y corrió hacia el montón de papeles que había alrededor de la mesa, en los cuales no había advertido antes. — ¡Ahora todo es perfecto! Tenemos a los padrinos y a las damas de honor en número ideal, qué bueno que las medidas ya las tenía, sí todo saldrá perfecto— Seguía con su perorata la enana hiperactiva.
—Lamento interrumpir— dijo a modo de saludo el cobrizo, que no podía mirar a un punto fijo por temor a encontrarse de nuevo con la visión de Bella siendo sujeta por aquel tipo.
—Descuida, cariño, te prepararé el desayuno— se adelantó Esme.
—No, no te molestes, mamá, creo que debería irme…
— ¡No! — El grito no podía haber venido de otra persona que no fuera Bella, se dijo Edward, que permanecía estático.
Todos observaban a Bella, que comenzaba a colorearse de un fuerte rojo escarlata, pero que no apartaba su mirada de Edward.
—No tienes por qué irte, tus hermanos y tus padres te han echado mucho de menos, quédate— terminó susurrando la morena.
Bella no sabía qué ocurría con ella, estaba bastante consciente de que todos la miraban atónitos, de que su prometido estaba a su lado, mirándola desconcertado y que Edward ni siquiera la volteaba a ver.
Pero el volver a verlo, especialmente después de no haber sabido más que dos o tres cosas durante todo ese año, y de repente, tenerlo de nuevo frente a ella, había sido demasiado para su pobre corazón.
Hacía tiempo que la joven había aceptado que su amor permanecería siempre con ella, enterrado y olvidado, pero Edward siempre sería parte de su vida quisiera o no, saber que estaba bien, que no era una ilusión verlo ahí, había encendido de nuevo esa llama que creía extinta desde hacía un año, esperanza.
—Yo opino lo mismo— intercedió Jasper, apoyando a Bella en su petición— Hace un año que casi no sabemos nada de ti y tú de nosotros, quédate— Edward fijó su mirada en su hermano, a quien tenía la firme intención de castrar horas antes, ahora le parecía completamente diferente, con una imagen mayor, más madura, podía apostar todo lo que tenía que parte de ello tenía que ver con la duendecilla loca que tenía por prometida.
—No harás que todos te roguemos que te quedes, ¿cierto? — bufó Rosalie con irritación pero con cierta alegría de ver al desgraciado de su cuñado de nuevo.
—Por supuesto que no, Rose, solo haré que tú me ruegues— señaló el cobrizo, ganándose una señal obscena con su dedo medio por parte de su cuñada.
—Yo que tú no haría eso en frente de mi madre— le respondió el joven Cullen, adentrándose de nuevo a la cocina, Rosalie solo le dio una deslumbrante sonrisa, por las muecas de sus hermanos podía asegurar que Esme no le diría nada aun si comenzara a soltar una retahíla completa de maldiciones.
Como el buen hijo de Esme y Carlisle Cullen que era, comenzó a saludar a todos apropiadamente, a sus padres primero, después a sus hermanos, a sus cuñadas, a los señores Swan, y Alice se encargó de presentarle a Jacob Black junto a su esposa Leah.
Entre Jacob y Edward hubo un raro momento en el que se midieron uno a uno, y concluyeron, para sorpresa de Edward, que entre ellos, aunque no pudiera haber una amistad, tampoco se consideraban rivales, su rival estaba a unos asientos de ellos.
Después, con todo el dolor de su corazón y todas sus fuerzas, se acercó a Bella.
—Hola, Bella— saludó cortésmente, pero lo más distante que pudo, tuvo que centrar su mirada en un punto por detrás de su cabeza, pues si veía directamente a esos ojos chocolate que tanto amaba seguramente haría una estupidez como besarla en frente del idiota de su novio y no le importaría ni un poco.
— ¿Cómo has estado, Edward? — preguntó insegura, sin buscar su mirada tampoco.
—Mejor que tú no creo— aseguró el cobrizo, imprimiendo un tono de sarcasmo que solo Bella pudo identificar e hizo que su corazón se encogiese en su pecho, un leve carraspeo la regresó de su mundo de miseria.
—Edward, él es Riley Biers— comenzó a presentar Bella, el joven se acercó con una sonrisa cortés pero un tanto desdeñosa al mismo tiempo.
—Su prometido— concluyó por ella, haciendo que la morena se encogiera un poco más en su lugar— He escuchado mucho sobre ti, Edward.
— ¿Sí? — Cuestionó el cobrizo, mientras regresaba a su lugar en la mesa y eludía la mano que le había tendido—Me temo que yo no he escuchado nada sobre ti.
El tono de Edward sonaba más bien indiferente, sin embargo, su familia y por supuesto Bella sabían que detrás de aquel tono se escondía un desdén puro.
—No lo dudo, como todo el mundo, se preguntan quién es el afortunado que ha atrapado a esta hermosa chica— dijo tomando a Bella de nuevo por la cintura— Pero nunca se podrían imaginar que se trata un soso profesor de historia de la ciudad de Forks— terminó riendo.
"Maldito hijo de puta", pensó Edward para sus adentros mientras ignoraba la supuesta broma de Riley y bebía impasible su café.
—Muy bien, Edward, tenemos que apresurarnos, solo tenemos tres semanas para el gran acontecimiento y debemos tomarte medidas para el traje, reacomodar sillas, imprimir tu nombre en las invitaciones y en las tarjetas, es demasiado trabajo y muy poco tiempo, así que…— Alice estaba en el centro de la cocina, como una verdadera directora de una gran orquesta— Todos saben qué hacer, ¡a trabajar! — como si de magia se tratara todos se comenzaron a retirar de la cocina y salieron de la gran mansión Cullen, dejando solamente a Emmett, Rosalie, Jasper, Alice, Edward, Bella y Riley.
—Bien, será mejor que me vaya antes de que se me haga tarde— anunció Riley, Bella se levantó a su lado y con la bilis recorriendo la garganta de Edward, observó como lo guiaba hasta la salida y se quedaba con él despidiéndolo.
—Al fin— suspiró Rosalie, Edward se preguntaba qué ocurría ahí.
El joven Cullen continuó degustando su desayuno, esperando a que alguien hablara.
— ¿Y bien? — lo encaró Rosalie, roja de furia.
— ¿Y bien qué? — cuestionó él, tomando su café.
—Se los dije— presumió Emmett, cruzando sus brazos sobre su pecho— La lluvia le aguó los sesos.
—Hermano, por favor, tú sabes qué— apremió Jasper, sin apartar su mirada de la entrada, pendiente de que Bella regresara. Edward se alzó de hombros.
— ¡Edward Cullen! ¡No me irás a decir que te quedaras ahí comiendo tranquilamente mientras Bella se casa con ese zopenco! — estalló Alice.
— ¿Debo presumir que no les agrada mucho quien sería su cuñado? — cuestionó medio divertido.
— ¡Quién eres y qué has hecho con el odioso de mi cuñado! — le recriminó Rosalie también.
—Chicos, creo que debo irme ahora— anunció Bella, regresando en ese momento, Edward continuó bebiendo de su café tranquilamente, sin ver la mirada triste que le dirigía Bella. —Ha sido bueno verte de nuevo, Edward— el cobrizo reprimió un estremecimiento y asintió sin verla de nuevo.
La joven morena sintió sus esperanzas morir tan rápidamente como habían llegado y asintiendo salió cabizbaja de la casa Cullen, con una mirada de reproche y furia dirigida hacia Edward, Alice y Rose salieron detrás de su amiga.
— ¿Qué ha sido eso, Edward? — Preguntó molesto Emmett, Jasper lo escrutaba con la mirada, intentando adivinar qué rayos pensaba su hermano mayor— Sabía que eras un idiota pero, ¿llegar a esto? ¿Qué acaso ya no amas a Bella?
—Emmett— intentó Edward cortar la cháchara de su hermano.
—No, dime, ¿dónde quedaron esas ganas de luchar? Sé que no lo han tenido fácil pero ustedes se aman y tú ni pestañeas al verla con ese imbécil— continuó el mayor de los Cullen sin escuchar a su hermano, Jasper se quedaba aparte, ya habiendo adivinado los propósitos de su hermano.
—Emmett— intentó de nuevo cortar a su hermano, pero éste no lo escuchaba, seguía con su indignado discurso, cuando estaba a punto de explotar, Edward se puso de pie y colocando sus manos en sus hombros lo detuvo.
— Emmett, no dejaré que nadie, y mucho menos ese tipo insignificante, me arrebate a Bella. — sentenció decidido, sus hermanos, sonrieron orgullosos.
Ya saben dónde estuvo escondido Edward, por todo un año, y ¿cómo ven a Riley? En lo personal él no me molesta en absoluto pero ya veremos.
¿Reviews?
Love always, An
