Ping Pong Pang
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Las intenciones de ambas damiselas no eran claras para el rubio quien acepto como si nada fuese a pasar, sin embargo cuando se apagaron las luces y la puerta de la habitación se cerró empezó una lucha por el chico o… por un turno.
-ya hiciste que me quedara, ¿ahora qué?- preguntaba la princesa sin conocer las metas de la vampiresa.
-¿quiere una invitación formal su alteza?, Finn está solo, se acabó su relación con phoebe, es nuestra oportunidad- decía la vampiresa en voz baja mientras las gotas azotaban aquella peculiar casa en el árbol.
-no creo que sea oportuno "intentar" algo, por lo menos esta noche- decía la princesa no muy convencida como lo estaba la vampiresa.
-yo creo que está bien, después de todo… se quedó sin nadie, nos necesita- refutaba la chica vampira sonriente.
-¿Cómo estas tan segura?- preguntaba la princesa curiosa.
-porque apenas esa zorra lo traiciono el vino a mí en busca de sexo carnal violento- afirmaba la vampiresa con una sonrisa de oreja a oreja.
-sé que es atractivo, pero creo que deberíamos dejarlo en paz, no creo que este de humor- decía la princesa sintiendo algo de lastima por el rubio quien aún no podía conciliar el sueño en aquel incomodo sofá.
-¿quieres ver que quiere?- presumía la vampiresa.
-a ver, quiero ver, tienes 15 minutos- demandaba la princesa.
En eso la vampiresa salió de la habitación y allí vio a un joven sentado en el sofá jugando con sus manos dentro de una manta que apenas le cubría parte de sus piernas, seguía buscándole una explicación a la traición de su reina con aquel vampirismo joven ¿acaso el no era bueno en la cama?, ¿o era su estilo no era tan rebelde?, un montón de preguntas invadían su mente en aquella noche lluviosa.
-ey- decía la vampiresa llamando la atención de un distante joven que aun no podía salir de sus pensamientos.
-oh, ¿Qué sucede?, ¿necesitas algo?- aquellas palabras del rubio tenían a sabor a tristeza, no por la reina sino por su pequeña, es como si lo que acababa de decir se lo hubiese dicho a su hija así casi con el mismo carisma.
-jeje, no pasa nada, solo no podía dormir con las patadas de la chiclosa- sonreía la vampiresa frente a aquel gesto de carisma que tenía el rubio con ella.
-ya veo, bueno, para mí también es una noche algo larga- decía el joven desviando la mirada, fue entonces cuando la chica chupasangre se sentó a su lado para seguir la conversación.
-algo te preocupa, esa voz, suena como si… quisieras que el mundo te hablara igual- decía la vampiresa haciendo referencia a la faceta inocente que emanaba del rubio quien acababa de ser lastimado.
-bueno, después de hoy, no creo que el mundo me pueda tratar mejor- sonreía falsamente el rubio.
-no te siento con ese ánimo de siempre, dime, ¿en serio la amas?- preguntaba interesada la vampiresa en los sentimientos momentáneos de su amor esporádico.
-no creo que este así por esa… bah, no es ella- decía el rubio con una cara de incredulidad.
-ah, ya veo, creo que te entiendo- decía la vampiriza y eso fue lo único que quiso escuchar el rubio puesto que no creía que alguien pudiese entender cómo se sentía.
-no se si esta noche pueda dormir- decía el rubio pasando sus manos por su cara.
Entonces la vampiresa subió su cuerpo sobre el del joven e intentando seducirlo quiso alejarlo de sus problemas.
-¿crees que puedas olvidar todo por diez minutos?- preguntaba la chica lamiendo el oído del joven quien era indiferente frente aquella GRAN propuesta por parte de la ardiente fémina vampiresa.
-no lo sé- decía el rubio inerte como sin ganas de mover su cuerpo.
-déjame darte una pastilla para el olvido- decía la chica colocando sus manos en la camiseta del joven para retirarla cosa que este no permitió.
-espera, no creo que sea bueno hacerlo con la princesa aquí, así que mejor no- declinaba el rubio de algo que no pasa todos los días tratando de disimular su indisposición por causa de la tristeza.
Fue entonces cuando la vampiresa comprendio que el rubio no estaba "bien", asi que sin decir nada solo se levanto y se fue hacia la habitación donde la princesa estaba viendo desde la puerta, creo que ya no sentía tanto por aquel joven.
-¿y bien?- preguntaba la princesa a la vampira quien entrando a la habitación se abalanzo sobre la cama.
-creo que tenías razón, no está bien… jummm esto ya es aburrido, pero es bueno para distraerse- decía la vampira haciendo referencia a su interés por el tiempo y el sexo del rubio.
-te lo dije, pero la idea es que no sea nuestro juguete, porque… yo voy en serio- decía la princesa firme.
-ñeee, quédatelo, creo que a fin de cuentas ya logre lo que necesitaba- decía la vampiresa abrasando y mordiendo la almohada.
-emmm, ¿ok?- respondía algo confundida la princesa por la reacción de la vampiresa.
Más tarde en la casa de la reina la chica caos seguía con sus pies sobre la pared, seguía pensando en una respuesta a su "realidad", después de todo el hecho de que su padre biológico era aquel extraño vampiro había cambiado mucho en el corazón de la menor quien trataba de asumir una nueva postura frente al rubio postura que… a los ojos de muchos seria incorrecta.
De vuelta a la casa del joven la vampiresa había caído dormida en la cama del joven cuando la tormenta se estaba deteniendo poco a poco, la princesa se despertó y quiso salir en busca del baño, al salir se encontró al rubio quien absorbió toda su atención.
-¿has dormido algo?, dime que si- decía la princesa un poco preocupada por el rubio quien aun jugaba con sus manos viendo hacia el techo.
-desafortunadamente no- sonreía el joven para sí mismo. La princesa se dio cuenta de que algo no andaba bien, decidió preguntar.
-dime, ¿te duele que te haya mentido?- preguntaba inocente la princesa sentándose en el sofá.
-¿Qué?, no… phoebe dejo de importarme medio mes después de que naciera Holly, así que me da igual- respondía el rubio odiando mencionar el nombre de la reina.
-jummm, entonces ¿Por qué esa preocupación?- volvía al ataque la princesa con otra pregunta reveladora.
-es Holly, podría sonar ridículo, pero… extraño a la pequeña, le daba algo de importancia a la hora de llegar a casa, se volvía un motivo para estar feliz si o si- argumentaba el rubio.
-¿Por qué no dejaste quedar?- decía la princesa algo confusa.
-legalmente ellos son sus padres, no puedo hacer más que rogar porque me dejen estar con ella- respondía el rubio suspirando.
-bueno… no estarás solo, eso te lo puedo asegurar- decía la princesa colocando su mano sobre la del rubio quien se conmovió y decidió abrasar a la princesa de manera cariñosa.
-Finn…- decía la princesa sonrojada ante el acto del rubio quien solo tenía intenciones amorosas.
-espera un momento...- decía el rubio abrasando más fuerte a la princesa.
Ambos se vieron a los ojos y abrasados se besaron, la demencia no los domino, lentamente se convirtió en amor, era… amor al fin y al cabo. Alguno de los dos quería terminar con esa soledad e intentaron lo que para muchos son oportunidades fallidas.
Continuara.
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