Título: Love is lawless
Claim: Crow Hogan/Sherry LeBlanc
Notas: Post-series.
Rating: T
Género: Romance/Humor
Tabla de retos: Leyes de Murphy
Tema: No puedes caerte del suelo.
El teléfono había comenzado a sonar a las 3 de la madrugada una noche como cualquier otra e incluso antes de responder, medio adormilado y dando manotazos al aire, como si tratara de espantar a un molesto mosquito, Crow ya sabía quién era. ¿Quién más tendría el poco tacto como para hablarle en la madrugada? Jack estaba del otro lado del teléfono y estaba entre furioso y divertido, balbuceaba todo tipo de cosas y se carcajeaba como si estuviera en un circo, cosa que él no entendía del todo.
—¿Qué pasa, Jack? —preguntó el joven, en el lapsus de tiempo que Jack dejaba entre carcajada y carcajada—. Mira, tengo sueño y estoy ocupado, ¿de acuerdo? Llama más tarde.
—Esto es serio —dijo de pronto el rey, modulando su tono de voz de una manera que hasta casi lo asustó, como si de pronto hubiera dos Jack al teléfono—. ¿Por qué dijiste que a Sherry le gustaba Yuusei?
—Para salvarla, claro está, nos tenían rodeados, Jack y... —el súbito silencio de su ex-compañero de equipo le indicó que no iba de broma y que el enojo estaba ganándole a la diversión. De alguna manera le recordaba a la conversación que había tenido con sus compañeros, Peter y Alan le habían regañado por haberse emborrachado y hecho un espectáculo, pero más le habían regañado por lo que le había hecho a Sherry, según ellos, algo poco caballeroso y hasta humillante. ¿Acaso Jack le reclamaría sobre eso también?
—¿Y pensaste en Yuusei cuando lo dijiste? ¿Pensaste en Aki? —que Jack se pusiera a mediar en una relación amorosa le parecía absurdo, por eso se echó a reír—. Voy en serio, Crow. No han dejado en paz a Yuusei desde que diste tus declaraciones y Aki... bueno, lo oculta bastante bien, pero no es que no se note que está celosa. ¿En qué estabas pensando? ¿En ti mismo? ¡Eso parecía!
—¡Lo siento! —gritó Crow, con cada una de esas palabras cayendo sobre su espalda como un peso muerto, logrando que un nudo se formara en su garganta de pura culpa—. ¡Dile a Yuusei que lo siento! ¡O si quieres iré a decírselo yo mismo! No estaba pensando racionalmente, ¿vale?
El extraño silencio desde el otro lado de la línea le hizo pensar que el Rey estaba satisfecho y había colgado, pero luego su voz volvió a cortar el silencio nocturno.
—Eso díselo a Sherry.
Tras esas últimas palabras, la señal de que habían colgado se dejó escuchar, aguda y nítida contra su oído. ¿Qué se lo dijera a Sherry? Se acostó en posición fetal a pensarlo, no, más bien a planearlo. Sí, sí le debía una disculpa, más que una disculpa... Pero, ¿cómo hacérselo saber si ella ya no quería hablarle?
