Era todavía muy temprano, pero Nadia ya se había levantado cuando Sam se despertó. Se la encontró en el sofá, rodeada de libros, pero concentrada en uno en particular. La joven no se dio cuenta de la llegada de Sam, que se la quedó mirando un momento. No le hacía falta preguntarle para saber que estaba preocupada y no era para menos después de lo que había ocurrido con John.
"¿Has dormido algo?" Le preguntó Sam a su actual cuñada pero ella no contestó. El cazador ni siquiera sabía si le había escuchado. "Nadia, cariño, no puedes hacerte esto, al final vas enfermar y si llamo a Dean le digo…"
"Dean me necesita ¿vale? Al fin y al cabo todo esto es por mi culpa. Soy una bruja y siempre he sabido que los vampiros no son nuestros amigos. He sido el detonante que ha sacado…" Nadia no lo pudo decir, pues las palabras se le atragantaron. "Tengo que encontrar algo, tiene que poner algo en estos libros."
"Nadia, no ha sido tu culpa y Dean no piensa eso. Tan sólo está intentando proteger a su familia. Es lo que siempre hace, desde que tengo memoria, Dean siempre ha estado allí para protegerme y ahora lo está haciendo con John y contigo."
"No es justo, Dean lleva sufriendo toda su vida y ahora…"
"Mira, no te conozco tan bien como mi hermano, no he estado dentro de tu mente y no he visto todos tus sentimientos, pero aún así, creo que se muchas cosas de ti después de tanto tiempo con nosotros. Y una de ellas, es que eres una de las mujeres más fuertes que he conocido nunca. No debes dejarte vencer por esto ahora."
"Pero duele, como si todavía compartiéramos los mismos sentimientos. El corazón me duele, pensando que no haya forma de salvar a John, me duele la cabeza, no sólo de llevar dos días sin dormir, si no hago más que darle vueltas al tema. Sam tiene que haber algo que pueda hacer."
"Claro que lo habrá y lo encontraremos, pero ahora mismo tienes que descansar o de lo contrario caerás enferma." Sam le ofreció la mano y aunque ella dudó un momento antes de tomarla, al final le hizo caso y le acompañó al dormitorio. Se tumbó en la cama y poco más de un minuto más tarde había cerrado los ojos y se había quedado dormida.
Sam la arropó con cariño y le besó la frente. Aunque no había tenido tiempo de decirle nada a Dean, se había propuesto cuidar a Nadia como si fuera una hermana más para él. No iba a permitir que le ocurriera nada malo.
Retomó el trabajo donde lo había dejado de ella, entre todos aquellos libros, muchos de los cuales Sam no había visto en su vida. Todos ellos hablaban sobre las brujas, algunos nombraban también a los vampiros y otros, escritos en un latín muy antiguo simplemente eran tratados de brujería.
Después de dos horas leyendo, Sam estaba llegando a la conclusión de que ninguno de esos libros le iba a ayudar para solucionar la situación que tenía entre manos. Ya echaba de menos a John, sus juegos con él, que el niño se quedara dormido con al cabeza apoyada sobre sus rodillas y escucharle reír cuando Sam hacía alguna broma solo para él.
También pensó en su hermano. Seguramente Dean estaría hecho polvo, lejos de la mujer quería e intentando encontrar la forma de conseguir que su hijo volviera a la normalidad y dejara de ser un vampiro.
En cambio él se sentía totalmente frustrado, incapaz de encontrara nada que ayudara a su hermano, que pudiera hacer que John volviera a ser un niño normal y quitarle a Nadia la enorme carga que llevaba sobre los hombros.
"No te lo tomes así Sam." El cazado se levantó de golpe del sofá, al ser cogido por sorpresa por la recién llegada.
Se trataba de una mujer que debía rondar los cuarenta años, era realmente hermosa, con su cabellera morena y ondulada cayendo sobre sus hombros y aquellos negros totalmente penetrantes.
"¿Quién eres?" Dijo Sam cuando consiguió calmarse.
"Entonces mi pequeña Nadia no te ha hablado de mi. Que poco a amor tiene para su madre."
"¿Madre? ¿Eres la madre de Nadia? Entonces tienes…"
"No es de buena educación hablar de edad con una mujer y mucho menos cuando mis años los puedo contar por siglos." La mujer sonrió, mostrando una expresión bastante similar a la que utilizaba Nadia, cuando quería hablar con picardía.
"¿Qué es lo que haces aquí?"
"Tan sólo protejo a mi hija y veo que no está pasando por su mejor momento. Pero yo puedo ayudaros con el problema con el pequeño vampiro." Sam se quedó mirando fijamente a la mujer, preguntándose cuando sabría sobre ellos si sabía lo de John, tal vez llevaba tiempo siguiéndoles y ninguno de ellos se había dado cuenta todavía.
"¿Qué tienes tu que ver con John? ¿Le has provocado tu que le haya ocurrido esto?" A Sam no le hacía ninguna gracia que aquella mujer se hubiera colado en su habitación y ahora le dijera que sabía todo lo que estaba ocurriendo en su vida mejor que él mismo. "Como le hayas hecho algo a mi sobrino…"
"Tranquilo Rambo, que no tengo nada que ver con eso. Lo de John era algo que tenía que pasar. Teniendo cuenta la estupenda relación que existe entre las brujas y los vampiros… lo que no entiendo es como tu hermano se ha podido enamorar de una bruja teniendo un hijo vampiro. Tan sólo era cuestión de tiempo que ocurriera algo así."
"John es un vampiro y te aconsejo que cuides tu lenguaje, por no estoy del mejor humor posible." La mujer de nuevo volvió a sonreír, pero con una expresión mucho más horripilante que antes.
"Entonces será mejor que vaya al grano." La mujer dio un par de pasos y se sentó en el sillón cruzó las manos sobre su regazo y esperó a que Sam también tomara asiento.
"¿Y bien?"
"Puedo acabar con el problema de vapirismo de tu sobrino." Sam sintió aquella revelación como un jarro de agua fría. Sabía perfectamente que aquella mujer no podía traer nada bueno a su familia, tenía claro que cualquier cosa que le dijera conllevaría un gran sacrificio para los suyos, pero aquello le había cogido totalmente por sorpresa. "No me mires así, ¿crees que soy la más anciana de mi raza por casualidad? Tengo mis trucos y uno de ellos te podría ayudar."
"Y que es lo que quieres a cambio." Sam intentó mantenerse serio, pese a que estaba muerto de miedo por lo que pudiera decirle aquella bruja.
"No es mucho, tan sólo algo que te pertenece de nacimiento." Sam esperó en silencio, aquello no tenía buena pinta. "Es muy sencillo."
La puerta del dormitorio se abrió en ese momento y Nadia apareció en el salón, se quedó petrificada al ver de nuevo a su madre, pero al recuperarse de la primera impresión, llegó a la conclusión de que su madre no estaba allí para hacerle una visita cordial.
"Ella dice que puede ayudar a John, que puede hacer que deje de ser un vampiro si yo le doy algo. ¿Sabes algo de eso Nadia?
La chica no le contestó, pero al mirarle a los ojos, Sam supo que algo no marchaba bien. Allí estaba esa mirada asustadiza pero que conseguía mantenerse firme, esos ojos que pedían que las cosas no salieran tan mal como estaba a punto de ocurrir y poco a poco, su boca se convirtió en una línea muy fina.
"No puedes hacerlo mamá, con Sam no. Tiene que haber otra manera, todavía me quedan muchos libros revisar. No puedes aparecer aquí e intentar hacer uno de tus horribles intercambios, no cuando estás poniendo en peligro a mi propia familia."
"¿Familia? Nadia cariño, yo soy tu familia desde hace mucho más que ellos, te traje al mundo y te enseñé todo lo que sabes."
"Incluso como arrebatarle la vida a la gente con tus asquerosas maldiciones. No vas a poner una sobre Sam, no por mucho que prometas ayudar a John." Sam miró a su cuñada sin entender ni una palabra de lo que estaba diciendo.
"Tal vez deberías dejar que fuera él mismo quien decidiera que es lo que está dispuesto a sacrificar por la vida de su sobrino y el matrimonio de su hermano."
Nadia dio un paso y se interpuso entre Sam y su madre. "No vas a conseguirlo, no esta vez."
"Un momento. Sigo estando aquí y ya que estáis hablando de mi, me gustaría saber que es lo que no quieres que sacrifique." Nadia se dio la vuelta hacia Sam y aunque no dijo nada, sus ojos suplicantes estuvieron a punto de conseguir que el muchacho la abrazara. "¿Qué ocurre? Vamos Nadia dime lo que pasa, seguro que puedo ayudar."
"No puedes, en realidad no debes hacerlo."
"¿Por qué?"
"Lo que mi hija no quiere decirte, por miedo a que aceptes a darme tu alma de cazador y te conviertas en un ser humano normal y corriente."
Sam volvió la mirada de nuevo hacia Nadia. Aquello no sonaba tan mal, no después de todo lo que había escuchado que podían los demonios para dar sus favores a los humanos. Pero Nadia no cambió su expresión, mantenía su mirada asustada.
"Nadia…" Al poner sus manos sobre los hombros de Nadia, Sam se dio cuenta que la chica había empezado a temblar. "Nadia ¿Qué pasa?
"No lo hagas. No hagas caso a mi madre, sólo te va a hacer daño."
"¿Cómo? Vamos Nadia dime algo, porque si de verdad puede ayudar a John. Yo no se que hacer por él y no puedo mirar a Dean a los ojos hasta que arregle lo que yo mismo estropeé al permitir que John me mordiera."
Por fin lo había dicho, hasta ese momento se había atrevido a decirlo en voz alta. No podía soportar la idea de haber causado la nueva situación de su familia, que John fuera un vampiro para siempre por su culpa, que Dean y Nadia no pudieran estar juntos por lo que él había causado.
"Sam tiene razón mi pequeña, puedo ayudar a John, tan sólo quiero que Sam sea un chico normal y corriente. ¿No es eso lo que siempre has querido Sam?"
Con un fuerte golpe para conseguir moverlo, Nadia hizo que Sam retrocediera y dejara de escuchar a su madre. "Sam escúchame, eres cazador igual que eres moreno o igual que eres diestro. Es algo que va contigo, es algo que llevas de nacimiento. Ser cazador es ser de una raza distinta a una persona normal."
"Claro que soy humano."
"No Sam, no lo eres, ni tu ni tu hermano ni lo será John. ¿Cuántas veces has tratado de tener una vida normal y no lo has conseguido? No puedes dejar de ser cazador por lo mismo que no puedes dejar de respirar."
"Eso no es cierto, puedes ser un hombre normal, conocer una chica, evitar hacerle daño como a tus previas relaciones y tener una familia. Puedes volver a la universidad, todo lo que quieres y además que tu sobrino sea perfectamente normal. ¿Qué me dices a eso Sam?"
El cazador se lo pensó un momento, pero lo suficientemente largo para que Nadia pudiera decir algo más. Sam dio un paso adelante y pese a que la joven intentó detenerle, Sam tiró con fuerza.
"Es toda tuya, mi capacidad de ser cazador como quieras llamarlo, pero quiero a John bien ya."
"¡No!" Gritó Nadia, pero ni su madre, ni Sam parecieron escucharla.
"Muy bien entonces."
La mujer levantó la mano hacia Sam, cerró los ojos y comenzó a recitar extraños cánticos en una lengua que Sam no había escuchado nunca antes. Al principio no sintió nada, pero a poco una extraña sensación recorrió su cuerpo.
"Que así sea." Dijo finalmente la mujer. Cerró el puño con fuerza y al abrir los ojos hacia Sam, este se sintió más extraño todavía. "Ya está. Me marcho, mi trabajo está hecho, ha sido un placer hacer negocios contigo."
La mujer salió de la habitación sin que nadie dijera nada.
"¿Sam que has hecho?"
"No lo se." Sam se miró las manos, que ya no parecían ser completamente suyas, igual que su mente, sus pensamientos parecían provenir de muy lejos y sus recuerdos… no es que hubiera muchos recuerdos en su cabeza en ese momento.
"Sam ¿Qué te ocurre?" La chica zarandeó un poco al muchacho hasta que por fin él la miró a los ojos.
"¿He cometido un terrible error verdad?" Sam miró a la muchacha con sus ojos de cachorrillo abandonado.
"En realidad no lo se Sam, sólo espero estar equivocada."
El teléfono de Sam comenzó a sonar de repente. Sam se acercó a la mesilla y lo cogió con manos temblorosa.
"Sammy dime que Nadia y tu habéis hecho algo. John está bien, como si nada, dime que habéis sido vosotros."
"Creo que si Dean, creo que hemos sido nosotros."
"Muy bien Sam, pues ya estáis volviendo porque quiero que me contéis lo que habéis hecho. Y a ver si no me vuelves a dar un susto como este nunca más." Sam colgó el teléfono.
"Ha funcionado."
"Bien. ¿Y tu como estás?"
Eso me gustaría saber a mi."
