Sé que toca capítulo de Love Boat, pero como de este solo quedan dos, pues he preferido adelantar y acabarlo cuanto antes.
Capítulo 25
Pasaron algunos días y aunque lo intentaba, Emma no había conseguido avanzar en su búsqueda de alguna prueba que, al menos, pusiera en duda el carácter del senador, así como el del jefe de departamento de policía. Según se había enterado, Graham, su único amigo en el departamento, había sido trasladado a otra ciudad, cuyo nombre no le fue revelado. Pero a pesar de todo, su relación con Regina continuaba sólida, pero no sabía hasta cuándo.
«Emma, tengo un amigo abogado muy competente y podría ayudarte a desenmascarar al senador» dijo Ruby
«Buscar un abogado significaría denunciar a Henry Mills y al jefe del departamento» dijo Emma, suspirando «No quiero hacer eso sin pruebas»
«La fiscalía investigaría si haces la denuncia, Emma»
«No confío en ellos…»
«Entonces, ¿en quién vas a confiar? ¿Cómo vas a conseguir que los culpables paguen?»
«Ruby tiene razón, Emma» se pronunció Mérida «Sola te será difícil conseguir alguna prueba, pero si los denuncias, las personas que saben de esto investigarán. No todos son unos hijos de puta»
«Sí…creo que tenéis razón»
«Entonces vamos a ahora mismo a denunciarlos» dijo Mérida, y rápidamente Ruby y Emma asintieron.
Entonces casi perdieron el aliento cuando, al abrir la puerta, se encontraron con media docena de policías plantados en el pasillo del piso donde vivía Ruby. Por un instante, la confusión cruzó el rostro de Emma, pero desapareció cuando la invadió la rabia al darse cuenta de lo que iba a pasar.
«¿Emma fue encarcelada?» preguntó Regina, en su rostro una expresión de absoluto asombro «Pero, ¿por qué? ¿De qué la acusan?»
«Conspiración contra el senador del estado» dijo Ruby «También de haber simulado su propia muerte y de un montón de cosas más…está en un buen lío»
«No voy a permitir que esté en la cárcel» dijo Regina, cogiendo su bolso y dirigiéndose a la puerta.
«¿A dónde vas?»
«A hablar con mi padre» dicho eso, se marchó
En pocos minutos, Regina entró en el despacho donde su padre pasaba la mayor parte de su tiempo desde que había hecho pública su supuesta enfermedad. De repente, Henry empalideció cuando constató la forma arrolladora en que ella invadió su cuarto. En silencio, él la miró desconfiado.
«Emma está en la cárcel acusada de…»
«Lo sé» la interrumpió «Los canales de la tele no hablan de otra cosa»
«¿Has sido tú quien ha inventado esa historia de conspiración?»
«¿Hasta cuándo seré el culpable de todo lo malo que le pasa a esa mujer?»
Un silencio tenso se apoderó de la habitación antes de que Henry pestañeara lentamente y se volviera a acomodar en su silla. Regina lo miraba callada, conmovida por la hondura de la tristeza que parecía nublar el rostro de él. Se sintió mal por casi haberlo acusado de algo de lo que, tal vez, no tuviera culpa.
«Las cámaras de vigilancia de la mansión captaron a alguien andando por los alrededores, como si estuviera estudiando la propiedad. La policía fue informada y descubrió que Emma Swan estaba viva, y que aparentemente estaba planeando mi asesinato»
«Emma sería incapaz»
«No es lo que la policía piensa»
«Sácala de la cárcel, papá»
«No puedo hacer eso»
«¡Claro que puedes!» exclamó ella, en un tono exaltado «Es hora de que demuestres que tu arrepentimiento es verdadero y que lo habrías hecho diferente en el pasado»
Un momento de silencio, y Henry asintió, al igual que estuvo de acuerdo en dirigirse en aquel exacto momento a la comisaría donde Emma se encontraba detenida. Aunque supuestamente no hubiera una denuncia de Henry, el comisario de policía afirmó que Emma permanecería detenida durante toda la investigación, a fin de cuentas, según él, había sospecha de conspiración contra otros políticos.
Incrédula y asolada, Regina pidió autorización para hablar con Emma. El corazón se le encogió aún más en el pecho al verla encerrada en una celda. Regina, se acercó, respiró hondo, pero de manera irregular mientras miraba sus ojos.
«Regina, ¿qué haces aquí? Este lugar no es para ti, amor» dijo Emma, agarrándole las manos a través de las rejas.
«Ni para ti» dijo ella, con voz temblorosa «Voy a encontrar una manera de sacarte de aquí, mi amor»
«Todo va a salir bien, cariño. Voy a salir de aquí…» replicó Emma, afligida, al ver el miedo en el rostro de ella.
Acercándose más, Regina presionó sus labios contra los de ella. Sus ojos llorosos no consiguieron aguantar por más tiempo. Fue entonces cuando Emma sintió el gusto salado mezclado con el dulce de sus labios, y eso la destruyó por dentro. Nada le dolía más que ver a Regina sufriendo.
«Voy a contratar al mejor abogado para que…»
«Regina, amor…» Emma la interrumpió «Estate tranquila. Un abogado, amigo de Ruby, se va a encargar de todo» añadió, para tranquilizarla, y antes de que Regina respondiera, un agente interrumpió la conversación.
Tras una breve despedida, Regina dejó la comisaría junto con su padre. El corazón se relajó, pero un dolor arrebatador la golpeó en el instante en que los ojos verdes de Emma se inmiscuyeron en su mente. Sus devaneos fueron interrumpidos cuando la mano de Henry le tocó el hombro.
«Hablaré con algunos contactos y pronto será puesta en libertad, ¿está bien?» dijo el senador, y al recibir la sonrisa agradecida de Regina, un suspiro de alivio se le escapó a él.
Henry era consciente de que Emma no se quedaría mucho tiempo en la prisión, aunque sus contactos en la fiscalía y en los departamentos de policía fueran muchos. Y sería por medio de uno de esos contactos en la comisaria que Emma saldría para siempre del camino de su hija.
«Hija, ¿a dónde vas? ¿Acabas de llegar con tu padre y ya vas a salir?» preguntó Cora
«Tengo que hablar con Ruby, mamá. No tardaré» respondió Regina
«¿Y no puedes hablar por teléfono?»
«Mamá, por favor»
«Hija, con la historia de esa muchacha que estaba muerta y ahora ya no. Esas acusaciones de conspiración…»
«Las acusaciones son falsas»
«Está bien, querida. Pero, por favor, no vuelvas muy tarde»
«No te preocupes, mamá. No tardaré»
«¿Dónde está Regina?» preguntó Henry, mientras se sentaba a la mesa
«Dijo que tenía que hablar con su amiga Ruby, pero no ha vuelto aún» respondió Cora, comprobando la hora en su elegante reloj de muñeca.
Una lluvia copiosa caía esa noche en Boston, y a través de los delicados cristales de las ventanas, Henry y Cora miraban caer las pesadas gotas, mientras esperaban noticias de Regina. Según Ruby, había visto a Regina por la mañana, cuando la avisó del encarcelamiento de Emma. Ese hecho solo hizo crecer la angustia que sentían, y en mitad de la desesperación, el senador pensó en contactar con la policía, pero se detuvo al recibir una misteriosa llamada.
«¿Diga? ¿Quién habla?» preguntó él, con la voz temblorosa mientras la mano agarraba el teléfono.
«Escuche bien, senador…tengo a su preciosa hija. Así que, piense mil veces en avisar a la policía» dijo el desconocido.
«¡Por favor, no le haga daño! Solo dígame cuánto quiere y…»
«No quiero su dinero, no lo necesito. Pero para devolverle a su hija quiero algo a cambio, eso es evidente»
«Diga lo que quiere, pero por el amor de Dios, no le haga daño» suplicó Henry, ante la mirada desesperada de su esposa
«Emma Swan a cambio de su hija»
«¿Qué? Pero…»
«Mañana a mediodía llamaré para organizar el intercambio. Y recuerde, si la policía se entera de eso, su querida hija será mujer muerta» y entonces la llamada se cortó.
«Henry…por favor, no me digas que…»
«Regina ha sido secuestrada, Cora. ¡Nuestra hija está en manos de un psicópata maldito!»
«No puede ser, Dios mío» murmuró ella, derramándose en lágrimas
«Cálmate, querida. La tendremos de vuelta en casa, te lo prometo»
«Dios mío, Henry…págales lo que hayan pedido, pero, por favor, quiero a mi pequeña de vuelta»
«No sé cómo podré pagar lo que me piden»
«No importan cuánto te hayan pedido…»
«¡No es dinero, Cora!» él la interrumpió «Quieren a Emma Swan a cambio de nuestra hija» dijo él, y la expresión perpleja y de asombro en el rostro de su esposa, curiosamente, pareció suavizarse.
«¿Qué vas a hacer?»
«Voy a hablar con ella sobre esto. Veremos si realmente ama tanto a mi hija como dice hacerlo»
«Está presa y es por tu culpa»
«Al igual que he tenido el poder de meterla en prisión, puedo sacarla»
A la mañana siguiente, a las siete en punto, el senador del estado estacionaba su coche de lujo frente a la comisaría donde Emma permanecía detenida. Siguiendo las órdenes del secuestrador, Henry ocultó todos los hechos a las autoridades, y aunque estaba intrigado con aquel cambio repentino, el comisario dio orden para que Emma fuese puesta en libertad.
«Tengo que hablar con usted, Emma Swan» dijo el senador
«¿Decidió matarme con sus propias manos? ¿Por eso ha retirado las falsas acusaciones?» preguntó ella, esbozando una sonrisa desdeñosa
«Entre en el coche» pidió
«No voy a ninguna parte con un crápula como usted»
«Por favor…la vida de mi hija depende de esto»
Entonces, Emma percibió que sus ojos brillaban, más húmedos de lo normal. Los ojos redondos, de mirada penetrante estaban tristes. Pudo ver retratada en su rostro la emoción. Quizás de sufrimiento y dolor. En shock, Emma intentó decir algo, pero no lo consiguió. El miedo pareció robarle su voz y los pensamientos comenzaron a formar escenarios asombrosos sobre dónde y cómo estaba Regina. Aún en silencio, Henry intentó esconder, discretamente, las lágrimas que comenzaban a descender por su rostro, y entro sollozos, finalmente explicó lo que había pasado.
«Estoy dispuesta a dar mi vida por Regina, pero antes, usted va a confesar todo lo que me hizo» dijo ella, con el corazón desbocado y la sangre palpitando en su pulso «Va a confesar incluso que su enfermedad es falsa, porque realmente lo es, ¿verdad?»
Con la boca entreabierta en un resolló silencioso y los ojos desorbitados y llenos de lágrimas, él miró fijamente a Emma, hecho un manojo de nervios y entonces asintió. No existía enfermedad alguna y estaba dispuesto a confesar todo lo que ella pidiera si ese era el precio para tener a su hija de vuelta.
En el apartamento de Ruby, en presencia de ella y del abogado, que grabó toda la conversación, Henry confesó ser el mentor del intento de asesinato contra Emma, y dio todos los nombres de las personas envueltas. La cuestión de la falsa enfermedad también fue revelada y él sabía que todo esto podía costarle el cargo de senador, pero en aquel momento, su hija Regina era la prioridad.
«Lo secuestradores llamarán a mediodía para definir el intercambio» dijo el senador
«No entiendo» murmuró Ruby «¿Por qué te quieren a ti y no dinero?»
«No sé, ni me interesa» dijo Emma, aunque estaba casi segura del motivo de ser la "moneda" de cambio.
«Emma, esto es muy arriesgado. La policía debería ser avisada» dijo Mérida.
«¡No!» intervino Henry «Si la policía se entera, mi hija morirá» dijo él, y antes de que alguien más se pronunciase, su móvil sonó, y finalmente el secuestrador le informó de la hora y las coordenadas donde se realizaría el intercambio.
«¡Espera ahí! ¿Vas a ir sola y desarmada? ¡Emma, por al amor de Dios!» exclamó Mérida
«Dos guardias de seguridad del senador irán conmigo para traer a Regina de vuelta» explicó ella
«¿Y tú?»
«Yo me las arreglo, tranquila. ¿Es un intercambio, no? Yo voy y ella vuelve, sencillo»
«Emma…»
«Mérida, por favor. Ya lo he decidido»
A través de los cristales oscuros de la ventana del coche de lujo cedido por el senador, Emma observaba el paisaje y se perdía en pensamientos. Pedirle que no fuera a rescatar a Regina era lo mismo que pedirle que no la amase, que no respirase. Aunque se mostraba segura, Emma tenía miedo, tanto por la vida de Regina como la suya, pero, al mismo tiempo, un hilo de esperanza vivía en su interior, en el fondo de su alma. Su sendero, a pesar de las camadas de felicidad, también estaba adoquinado por una necesidad que solo Regina conseguía llenar, y por ella sería capaz de cualquier sacrificio, hasta incluso morir. En su opinión, vale la pena morir si es por amor.
Una inquietud angustiante se apoderó de ella cuando el coche se detuvo en el lugar estipulado. Al lado de los dos guardias de seguridad del senador, Emma no tuvo tiempo de dar tres pasos cuando sus oídos fueron castigados por un ruido de disparos que, al principio, no supo decir de dónde venían. Con el corazón casi saliéndosele por la boca, sus ojos se desorbitaron cuando los dos guardias cayeron sin vida junto a sus pies. Mirando a su alrededor, se dio cuenta de que dos hombres armados se acercaban por detrás y por un momento llegó a pensar que su vida acabaría allí mismo, igual que los dos cuerpos en el suelo. Entonces le asestaron un golpe en su cabeza y un segundo después, el sol que estaba a punto de ponerse desapareció de su vista como en un pase de magia, y aquel final de tarde se transformó en una completa oscuridad.
