Hola!!!!

Erica18: Hola!! Tienes razón, Hermione le ha hecho daño a Draco, y créeme, no la va pasar muy bien por un rato. Te vas a llevar una sorpresa más adelante XD gracias por comentar y besos!

MagisFidem: Hey!! Jajaja ¿Qué ambos sufran? Mmm...creo que eso va a ocurrir XD ¿Draco en la carcel? Te llevarás una sorpresa más adelante XD jaja buenoo van a ocurrir muchas cosas de aquí en adelante y muchas verdades iran saliendo a la luz XD ¿la mirada de Harry? Jeje vamos a ver que hace. Besos! Nos leemos.

Dreiana: Hello! ¡Definitivamente Hermione va a sufrir mucho! Jeje ¿será que todos los demás no cumplen el plan? Quien sabe XD jaja ¿final feliz? (A mi también me gusta el drama...pero no sé si habrá final feliz XD ) gracias por comentar y besos!

Etamin Malfoy: jajaja creo que después de este capítulos muchos también quedarán sin Hipotesis. XD Buenoo besos y gracias por comentar!

MARUVTA: Hello! Acá estamos bien Gracias a Dios! Jajaja llegó el tan ansiado capítulo. Jajaja y creo que te llevarás un ataque al final del capítulo así que tienes que estar preparada. Definitivamente, viene mucho sufrimiento :( Besos! Gracias por comentar!

Ale Malfoy: Hola!! 3 ¿Harry huir con Pansy? Mmmm Quizás. Bueno podría ocurrir cualquier cosa...pero bueno...te llevarás una sorpresa al final del capítulo XD quizás quieras matarme por lo que acabo de hacer. XD Besos! Y espero salgas bien en tus finales. Besos!

Capitulo 25

De cuando lo perdí todo

P.O.V Hermione Jean Granger

Tiempo Presente

Apoyé mis codos en la mesa vacía; mi frente descansó apoyada en las palmas de mis manos. Una lágrima rodó por mi mejilla seguida de otra gota salada que deseaba competir para lograr ver quien llegaba antes a mojar la superficie de la mesa de vieja madera. Muchos habían abandonado la comisaría, se habían ido a casa...yo era de esos pocos que seguían aquí. Me sequé las lágrimas con rapidez, por si alguien todavía me estaba mirando y acomodé con un movimiento los flequillos que se habían escapado de mi coleta.

-Yo ya me voy, Hermione. Deberías irte a descansar.- susurró Ginny, levanté la mirada encontrándome con mi pelirroja. Asentí, ella me acarició el hombro y luego escuché el ruido de sus zapatos mientras se alejaba hacia la salida. Agradecía su silencio...no deseaba hablar en realidad.

Me acomodé en mi silla, el área estaba desierta. El sonido de mi respiración fue el único ruido que inundó el área cuando Ginny salió. Hace una hora me habían autorizado para irme a casa, pero no tenía la voluntad para levantarme y abandonar este lugar. Tampoco comprendía que motivo me mantenía anclada a esta silla vieja, pero aquí estaba.

El estridente ruido de un cristal rompiéndose me espantó. Temblé a causa del sobresalto, mis ojos viajaron hacia las escaleras que conducían a la oficina de Dumbledore. El aparente ruido parecía provenir de allá. Tomé mi pistola, la cual había reposado en mi escritorio, y me acerqué a la escalera.

-¿Hay alguien ahí?- cuestioné subiendo poco a poco cada escalón. Mi corazón se había acelerado, sentía mi respiración pesada y el estómago apretado por el miedo.

Al llegar arriba me pareció escuchar algunos pasos, como si alguien se estuviese escondiendo. Las dudas inundaron mi cabeza...no cualquiera podría tener acceso a la oficina del coronel. Me acerqué a la puerta, comencé lentamente a darle vuelta a la perilla, pero escuché ruido a mis espaldas.

-Me asustaste.- murmuré encontrándome con Neville detrás de mi.

-Lo siento. Estaba vigilando a Malfoy, pero escuché ruido y decidí subir a revisar.- me explicó

-Oh, tranquilo. No ha sido nada. Fui yo...tropecé y derribé algunas cosas.- mentí.

-Oh, claro. Esto aquí está un poco oscuro. Ten cuidado.- me dijo con una cálida sonrisa, como esas que siempre solía regalarme.

-Lo tendré. Solo voy a revisar unos papeles y me voy.- le dije y caminamos juntos hacia las escaleras.

-¿Hermione, sabes si transladaran a Malfoy a la central? Sé que lo dejaron aquí por seguridad, pero creo que estaría mejor vigilado allá.- me comentó Neville mientras bajábamos la escalera.

-Entiendo que lo trasladarán en dos días. Lo moverán al tribunal donde le realizarán el juicio.- respondí

-Es muy rápido. ¿No crees? - me comentó.

-Si, el coronel estaba muy interesado en que se le condenase con rapidez. Después de todo, lleva años siguiéndole las pisadas.- murmuré.

-Si. Tengo que volver con Zacarías. Ten cuidado.- me dijo antes de alejarse rumbo a la otra ala de la comisaría.

Volví a mirar hacia la escalera. Sabía que estaba ocurriendo algo ahí, pero lo más probable es que fuese alguien de limpieza o quizás alguien autorizado por Dumbledore. Mi deber sería revisar que la evidencia contra Draco no sea hurtada, pero me parece que ahí estará segura. Y si no lo estaba...admito que no me molestaría que la evidencia se extraviase.

Me volví hacia mi mesa, agarré mis llaves y mi abrigo de cuero y salí de la comisaría a paso rápido. Despidiéndome de los dos guardias nocturnos que siempre se quedaban vigilando. Subí a mi auto, encendí el vehículo y mientras conducía volví a revivir lo acontecido hace apenas algunas horas. Su mirada cargada de enojo y odio volvió a reproducirse en mis recuerdos y deseé llorar...llorar ante el recuerdo.

Horas atrás...

-Quisiera que estemos así juntos mucho tiempo.- me dijo Draco cuando nos detuvimos en un semáforo. Me abracé más a su cuerpo y recliné mi cabeza de su hombro.

-Yo también. Me gusta tenerte cerca.- susurré, estaba un poco melancólica. Sabía que en poco tiempo ya no volvería a escuchar ese tono cómplice entre nosotros.

-A mi me gusta saber que estás segura. ¿Sabes algo?- me preguntó, podía imaginar su sonrisa.

-Dime.- susurré cerca de su oído, su cabello rubio me hacía cosquillas en la nariz. La luz cambió y Malfoy se dispuso a ponerse en marcha.

-¡Te amo!- gritó entre el ruido de los vehiculos, me abracé más a su cuerpo deseando olvidar hacia dónde nos dirigíamos. La motora se movía con rapidez entre los vehiculos.

-Te quiero...- susurré abrazándole fuertemente, apoyando mi mejilla de su espalda. Él se movió, levanté la mirada encontrándome con la suya, me sonrió, y volvió la vista adelante.

El puerto se alzó a lo lejos; a medida que se hacía más grande el nerviosismo causaba que sintiese dolor de estómago. Nos detuvimos minutos luego, los chicos llegaron al mismo tiempo. Al verles ahí, tan tranquilos, aparentemente confiados, un dolor me apretó el pecho. Culpa...remordimiento. Ya comenzaba a sentir los estragos de mis acciones. Aunque...era lo correcto.

-¿Nos dispersamos por ahí?- cuestionó Parkinson, Zabinni junto a ella miraba hacia las embarcaciones en el área oeste.

-Zabinni y tú quédense dando vueltas. Theo y Luna se quedaran aquí al pendiente. Voy con Hermione a ver si mi padre comenzó la descarga.- explicó Draco, sujetó mi mano y me obligó a caminar. Eché una mirada a mi reloj de pulsera, faltaban veinte minutos para que los policías se lanzaran a atraparles. Debía llevar a Malfoy al lugar indicado, pero no sabía que decirle.

-¡Ya era hora que llegarás!- exclamó el señor Lucius cuando nos acercamos a la embarcación que ya había llegado a puerto.

El lugar estaba abordado de gente que subía y bajaban de la embarcación cargando paquetes. Estaban bien sincronizados, y algunos tenían cierto toque francés así que debían ser hombres enviados desde allá. Era un botín grande. No solo atraparían a los Dragons, también a un grupo de los franceses.

-Llegamos lo más rápido posible. ¿Cómo va la descargaba?- preguntó Draco cruzándose de brazos.

-Lento. Pero ya sabes cómo son estos tipos. Llama a Theo para que se entienda con el hombre de descarga.- le dijo Lucius, me lanzó una mirada asesina...mostrando que aún no era santa de su devoción.

-Theo se quedó en la entrada, pero ya le llamo.- avisó Draco girándose, se alejó algunos pasos. Le miré mientras se separaba de nosotros, hasta que escuché como Lucius se aclaraba la garganta.

-Señor.- saludé con un intento de sonrisa.

-Son mis impresiones o...hay algo entre mi hijo y tu.- insinuó apoyándose en su bastón. Sus ojos grises grisáceos no tardaron en toparse con los míos y sentí cierto temor.

-Eso es problema nuestro.- declaré.

-Interesante...a ti no tuve que comprarte. ¿Te ofreció dinero Draco? ¿O te hizo un buen trabajo?- preguntó con una sonrisa socarrona, burlona y evaluándome de arriba abajo con cierto descaro. De tal manera, que no hacía falta que expresase más palabras para dejarme entender si opinión sobre mi.

-Ninguna de las dos.- murmuré mirándole con desagrado, ya hoy terminaba esta situación...no tenía porqué fingir que él era santo de mi devoción.

-Aquí estoy, Draco.- apareció Theo caminando con arma en mano, el rubio le señaló el barco, el castaño asintió y se alejó hacia la embarcación.

-Él se hará cargo.- declaró Draco confiadamente. Él y Theo eran muy unidos, casi como verdaderos hermanos.

-Entonces me voy. Está todo bajo control. Cuídate.- le dijo Lucius a Draco, le dio un golpe en el hombro a modo de despedida, intercambiaron una mirada que no pude interpretar y el mayor se comenzó a alejar con paso seguro y elegante. Como todo un Malfoy.

-¿Qué hablaban?- me preguntó Draco con el ceño fruncido. Escondí mi mirada de la suya observando a los hombres que se movían de lado a lado.

-Me comentó que los franceses están más lentos que de costumbre.- mentí fingiendo una sonrisa, pero sin verle.

-No les gusta trabajar con presión. - murmuró, le miré y asentí.

-¿Viste aquello? Me pareció ver a alguien.- comenté señalando hacia el lado opuesto a donde estaban descargando la mercancía.

-¿Alguien? No, no vi a nadie.- respondió Draco mirando hacia dónde le había señalado. El camino estaba desierto y la vegetación alrededor no era muy espesa.

- ¿Te importa si reviso?- cuestioné señalando el camino.

-No, te acompaño. - comentó encogiéndose de hombros. Hundió su mano derecha en uno de los bolsillos de sus jeans negros y acomodó con un movimiento rápido su cabello rebelde que estaba siendo movido por el cálido viento de la noche.

Comenzamos a caminar, yo con mi arma en mano y Draco acomodando en repetidas ocasiones su cabello que le estorbaba en la visión. Cuando estábamos a una distancia prudente de la embarcación mi corazón comenzó a latir con rapidez. No quería traicionarlo. No quería verle en prision. Yo no quería hacerle daño.

-Draco...- hablé girándome a encararle. Necesitaba hacer algo, aunque mi mente gritaba una cosa, mi corazón me impulsaba lejos de ese pensamiento. Su mirada era una clara muestra de pregunta...él no comprendía seguramente el motivo de mi tono grave.

-Te escucho...- susurró dedicándome una sonrisa, insinuante, coqueta, como todo en él.

-Hay algo que tengo que decirte...- hablé con determinación, se lo diría, aunque me odiara por haberle mentido en un inicio. ¡Necesitaba decirle la verdad, perdirle perdón, y ayudarle a escapar!

-Me intrigas...pero deberíamos esperar a estar en la mansión.- susurró con una sonrisa pícara, dirigió su mano hacia mi mejilla, pero le aparte. Realmente necesitaba que me escuchara, este no era momento para caricias o distracciones.

-No puede esperar hasta la mansión.- sentencié, porque no llegaríamos a la mansión.

-Aldrich eres muy obstinada...- comenzó a debatir con una sonrisa.

¡Policía! ¡Levanten sus manos! ¡Están rodeados!

Aquellos gritos nos tomaron por sorpresa, a mi porque pensaba que tenía tiempo para revelar la verdad, y a Malfoy porque no se lo esperaba. Nos giramos a mirar hacia la embarcación. ¡Bang! ¡Bang! Los disparos no se hicieron esperar de un lado a otro. Draco me sujetó del brazo y tiró de mi para que le siguiese.

-¡No, Draco!- intenté detenerle estaba corriendo hacia la trampa. Tiré un poco de él para que se detuviese, pero era inútil, no me estaba prestando atención.

-Conozco una salida alterna.- explicó mientras corríamos, doblamos en una esquina. Unas puertas nos quedaron a la derecha y él metió la mano en su bolsillo. Sacó un extraño artefacto e intentó abrir el candado de una de las puertas.

Me giré hacia el lado contrario a las puertas, encontrándome de frente con Dumbledore y otros chicos que salieron de entre los arbustos con sus armas. Completamente rendida...incapaz de permanecer del lado de Draco Lucius Malfoy...afirmé el agarre en mi pistola. Levanté mi arma y apunté al jefe. El candado y la cadena que mantenían la puerta firme no tardaron en caer al suelo, realizando un ruido estridente al hacerlo.

-Vamos...- anunció Malfoy girándose, se tambaleó, retrocedió medio paso, seguramente estaba sorprendido al encontrar mi pistola a poca distancia suya. Sus hermosos ojos grises se abrieron enormemente y le vi arrugar el entrecejo. Me rompía el corazón hacerle esto, no deseaba herirle.

-¡Levante las manos, Malfoy!- le advirtió Lupin, Draco seguía con la mirada en mi. Tanto que, cuando Neville le agarró fuertemente, para inmovilizarlo de rodillas en el suelo, él no reaccionó. Estaba conmocionado, seguramente incapaz de creer lo que estaba ocurriendo justo delante de sus ojos.

- Cómo lo planeamos, Granger.- comentó Lupin pasando hacia Draco con esposas en mano.

El jefe me miraba con los ojos muy abiertos, luego, como si le hubiesen sacado el aire del pecho, bajó de golpe la cabeza. La dejo caer con peso, como si le hubiesen golpeado y no desease que vieran su rostro lastimado. No se defendió. No habló. No gritó. Mis manos temblaban, mi corazón se quebró y pude escuchar el ruido de los pedazos al separarse. Esto era lo correcto. ¿Lo era? ¿Por qué me dolía verle así?

- Bien hecho Granger, sabía que lo conseguiríamos.- me felicitó Dumbledore dándome una palmada en el hombro mientras el oficial Lupin colocaba las esposas alrededor de las manos de Malfoy. Esas tersas y delicadas muñecas.

Las palabras se atoraron en mi garganta mientras observaba aquellas muñecas siendo apresadas. El rubio giró el rostro hacía mí, la expresión indescifrable y sus ojos fríos penetraron en lo profundo de mi pecho. Afirmé el agarre alrededor de mi arma, sentía que, si no la sujetaba firmemente, se escaparía de mis manos y terminaría en el suelo.

- Draco...- hablé dando un paso hacía él ante la mirada confundida de los oficiales que nos rodeaban.

- Malfoy para ti... oficial Granger.- me dijo fríamente mientras le obligaban a ponerse en pie. Sentí que algo apretaba mi corazón ante la rudeza de aquellas palabras. Le había traicionado, pero...era mi deber...él era...el malo y como policía mi deber era hacerle pagar por sus delitos. Era lo correcto. Entonces, ¿por qué dolía tanto? ¿Por qué sentía que terminaría arrepintiéndome? ¿Por qué sentía que estaba perdiendo algo valioso? ¿Por qué se sentía incorrecto?

-¡Desgraciados! ¡Les voy a partir la cara si no la sueltan, cretinos!- escuchamos gritar a Theo cuando nos acercamos a la embarcación. Draco era, prácticamente, arrastrado por Lupin y apuntado por Neville.

Cuando llegamos allí, vi a Theo inmovilizado contra una de las filas de cajas de mercancía y Luna estaba en el suelo. ¡Bang! El sonido de un disparo retumbó en el lugar. Nos giramos, Zabinni había disparado. ¡Bang! ¡Bang! Todos nos asustamos, completamente sorprendidos. El moreno de ojos oscuros cayó al suelo allá a lo lejos, sentí que todo ocurría con tanta lentitud que me aterraba. Me aterraba lo que estaba sucediendo.

-¡Zabinni!- Cómo regresando del mas allá, la garganta de Malfoy se había desgarrado con aquel grito. Jamás le había escuchado así. Roto. Fuera de si. Empujó a Neville intentando zafarse del agarre, pero solo recibió un golpe en el estómago que le sacó el aire por algunos segundos. Deseé correr a socorrerle, decirle que Zabinni no estaba muerto, seguro solo le dieron un disparo en una pierna para tranquilizarlo.

-¡Les vamos a partir la vida, desgraciados!- nos gritó Theo, nuestras miradas se cruzaron y el odio se reflejó en aquellos fríos ojos.

-¡Esto es tu culpa! ¡Sabía que no debíamos confiar en mujeres como tú!- gritó, quería insultarme, lo vi en su mirada. Seguramente, si pudiese, me hubiese golpeado, pero le tenían completamente inmóvil en aquella posición.

-¿Están todos los principales criminales, Hermione?- me preguntó Dumbledore. Giré el rostro para mirarles, no había rastro de Parkinson. ¿Por qué no estaba aquí?

-Si...son todos.- y descubrí que las mentiras comenzaban a hacer algo normal en mi vida. Ya no tenía dificiltad al mentir, era como si el escenario hubiese cambiado y ya no estaba segura de nada. ¿Qué era todo esto? ¿Qué estaba sintiendo? ¿Dolor? ¿Arrepentimiento? ¿Culpa?

-¡Suéltame, imbecil!- gritó Theo resistiéndose a que Zacarías le arrastrara, el chico parecía cansado de los insultos del castaño prepotente y agresivo.

-¡Y tú suéltala, cretino!- insultó a otro joven que estaba levantando a Luna del suelo. La rubia tenía un hilo de sangre recorriendo su barbilla y parecía que recién despertaba de algún golpe.

-Zacarías encárgate de llevarlos junto a todo este grupo de maniquíes a la central. Nos llevaremos al jefe a la comisaría...tienen muchos enemigos y no queremos que nos lo maten.- avisó Dumbledore.

-¡Más te vale que no le toquen ni un pelo, idiota!- insultó Nott a Dumbledore luchando con el agarre que ejercía Zacarías sobre él.

-Ya. Tranquilízate, Nott.- habló Malfoy luego de que hubiese estado callado mucho tiempo. Sus palabras tomaron a todos por sorpresa, Dumbledore se giró hacia él con una ceja levantada.

-Tengo derecho a un abogado y a una llamada.- terminó Draco sus palabras, el coronel dejó escapar una risa burlona.

-Tu tienes derecho a guardar silencio. En comisaría te leeremos tus supuestos derechos y mañana podrás hacer tu llamada.- le advirtió Dumbledore mirándole fijamente antes de hacer un gesto de cabeza para que siguiésemos moviéndonos.

Tiempo presente...

-Harry. ¿Estás aquí?- cuestioné abriendo la puerta de la casa. Estaba en silencio y en oscuridad. Cuando entré, escuché movimiento en la sala. Decidí asomarme a comprobar quien se encontraba ahí.

-Hola...- saludó Harry sentando frente al televisor apagado, tenía un tono rasposo, me pareció que estaba nervioso o preocupado.

-¿Dónde Estuviste? No te vi en ningún momento.- comenté dejándome caer a su lado, suspiró y se encogió de hombros.

-Me quedé lejos de todos. Pero estaba allí.- respondió escapándose de mi mirada, no quería darme la cara. Seguramente estaba ocultando algo, y yo ya me imaginaba de que podría tratarse.

-No atraparon a Parkinson.- susurré.

-Si, me di cuenta.- murmuró, llevó sus manos hacia el control remoto que se encontraba en la mesa de madera delante de nosotros. Antes de que sujetase el mismo, le agarré la mano; entonces aquellos ojos verdes se cruzaron con los míos.

-¿Dónde está ella?- pregunté.

-Hermione... ¿Cómo podría saberlo?- fingió desviando la mirada con nerviosismo. Huyendo.

-No estuviste en el operativo, Harry. Sé que la pusiste sobre aviso, o te las ingeniaste para sacarla de allí.- expresé antes de que pudiese comenzar a contradecirme. No era una idiota.

-¿Por qué quieres saber? ¿Para entregarla?- cuestionó bajando la mirada. Él era todo lo contrario a mi. Tomaba decisiones en base a sus sentimientos y no a su lógica o raciocinio.

-No. Yo...desearía haber tenido el valor que tuviste...- susurré mirando mis manos, las lágrimas se acercaron a bordear mis pupilas. Aceptar que quizás me había equivocado me hacía sentir aún peor.

-Tu estás enamorada de él...- susurró Harry, me rodeó con sus cálidos brazos.

-Me dolió tanto verle así. Acabado, sometido. Creo que...cometí el mayor error de mi vida.- susurré abrazándole, escondiéndome en su pecho mientras las lágrimas recorrian mis mejillas. Dolía mucho dentro de mi...pero ya estaba hecho.

-Ya no hay vuelta atrás. Quizás algún día él te perdone.- susurró mi amigo para consolarme. No me perdonaría. Él me odiaría hasta el día en que le tocara morir.

-Jamas lo hará. Es un criminal, Harry. Me enamoré de un mafioso.- susurré, reconocerlo me hacia bien. Ya no podía negármelo a mi misma. Lastima que me hubiese percato demasiado tarde.

-Hermione...todo estará bien.- susurró mi amigo apretándome fuertemente. Las lágrimas corrieron libremente por mis mejillas en el silencio de la sala.

Mi pelinegro no dijo nada más, permaneció abrazándome, brindándome apoyo en el silencio. Pasados algunos minutos, cuando el llanto se hizo débil, le di un beso en la mejilla y salí hacia mi cuarto. Estaba por subir las escaleras cuando me encontré con mi madre. Vestía una pijama roja y me miró con preocupación cuando nos topamos frente a frente.

-¿Qué ocurre cariño? ¿Por qué estás así?- preguntó sujetando mis manos, negué rápidamente, no quería preocuparle.

-Estoy bien, Harry me comentó algo muy triste...- susurré intentando desviar la conversación.

-Se que está pasando algo. Puedes confiar en mi.- susurró mi madre dedicándome una sonrisa.

-Lo sé...- murmuré bajando la mirada.

-Entonces...Cuéntame...- susurró.

-Hoy no. Estoy cansada. Quiero dormir un poco.- susurré. Le di un beso en la mejilla, ella también me dio uno y sin insistir me dejó subir las escaleras hacia mi cuarto.

Un baño con agua caliente me relajó un poco. Me dejé caer en la cama vistiendo una pijama azul. Al cerrar los ojos, el rostro de Draco volvió a atravesar mi mente. Sus ojos decepcionados y la tristeza de su semblante. Los gritos de Theodore. El disparo a Zabinni. Todo seguía demasiado fresco.

-Te hice daño...- susurré para mi misma. Y de paso, me había hecho daño a mi también. Nos había herido a ambos de un solo golpe, y debo admitir que deseaba creer que era lo correcto. Mi decisión había sido, moralmente, la mejor.

-Pero duele mucho.- susurré, una lágrima recorrió mi mejilla. Al cerrar los ojos, y volver a ver esos grises destellos supe que necesitaba hablar con él. Aunque no desease oírme. Aunque me despreciara. Necesitaba hablar con Draco. Y mañana mismo iría a verle.

Dormir fue una completa pesadilla, me despertaba cada diez minutos temblorosa y sudando frío. Nunca en mi vida el sonido de disparos me había ocasionado tal temblor en el cuerpo. A causa de mis pesadillas, salí temprano de la cama y preparé una taza de café. Harry se levantó rato más tarde, se sentó a mi lado en la sala y en silencio comió su sándwich y bebió su taza de café.

Las noticias que se colaban en la televisión eran bastante monótonas. Hasta que salió a relucir el tema de los Dragons. "Mafiosos al descubierto" decía el título y estaban reportando sobre lo ocurrido en la noche de ayer. Lucius Malfoy era prófugo, le habíamos ido a buscar ayer, pero no le hayamos por ningún lado. Alguien debió prevenirle.

Hoy una brigada saldría hacia la mansión Malfoy dirigidos por Mclaggen, y arrestarían al resto de la banda. Agradecí mil veces a Dios cuando el castaño no mencionó a Parkinson, al parecer la había pasado por alto. De la pelinegra no se sabía nada, y Harry no me quería comentar sobre su paradero. No lo culpo; simplemente quiere mantenerla segura; o quizás no sabe a dónde huyo.

-Vamos...- susurré apagando de golpe la televisión. Agarré mi arma e hice mi camino hacia la salida seguida por los escuetos pasos de mi amigo pelinegro.

En la comisaría todo parecía un desastre. Al entrar, vimos tres oficiales hablando con Cho Chang de forma agresiva. Me pareció que intentaban presionarle a revelar algo. Seguimos caminando hacia las oficinas de adentro, y camino haya nos encontramos con el Coronel. El mismo salía por la puerta un poco enojado hablando con Cormac. Mclaggen intercambió una mirada conmigo, pero Dumbledore no nos había prestado atención.

-Está extraño.- susurró Harry, estaba nervioso, seguramente temia que alguien pudiese descubrir que él había ayudado a una criminal a escapar.

-Me pareció fuera de si...- susurré, al atravesar la puerta nuestra pelirroja corrió hacia nosotros vistiendo su cotidiana bata de laboratorio y unos espejuelos que solía usar cuando hacía sus lecturas largas.

-¡Chicos no se imaginan lo que ocurrió!- exclamó Gin.

-Cuenta. ¿Por qué Dubledore parece enojado? Debería estar celebrando luego del operativo de ayer.- cuestionó Harry cruzándose de brazos.

-Primero, los chicos fueron a la mansión Malfoy y la hallaron vacía. No había nadie ni nada que diese a entender que era un cuartel de maliantes. Solo un jardinero y dos empleadas de mantenimiento.- comenzó a explicar Ginny.

-Alguien les alertó.- susurré, Harry me miró y en sus ojos pude comprobar que de esto él no estaba enterado. Aunque cabía la posibilidad de que Parkinson haya sido la que les salvó el pellejo a todos.

—Segundo, la mercancía del puerto desapareció. Encontraron a los guardias atados, entre ellos habían dos heridos y uno muerto. - siguió exponiendo mi pelirroja, mientras hablaba parecía una reportera de esas que habíamos estado escuchando en la televisión hace apenas una hora.

-¡Y para acabarla! Los expedientes de los Dragons, la evidencia escrita contra ellos, las fotos, todo desapareció de la oficina de Dumbledore. El Coronel está que si ve a Malfoy lo mata.- sentenció Ginny.

-¿Todo eso en una noche?- interrogué completamente impresionada. No podía ocurrir...era imposible.

-Todo. Y lo peor es que, el que robó todo de la oficina, tiene que ser un policía. Nadie entró a la fuerza, ni forzaron ventanas, ni nada...fue alguien de adentro.- explicó Ginny. Intercambiamos miradas...ninguno de nosotros lo había hecho. No éramos capaces de llegar a esos extremos.

-¡Chicos! Esto es un nido de locos.- apareció Ronald corriendo hacia nosotros desde la entrada. Vestía unos jeans rasgados y una camisa azul. Su cabello lucía desorganizado y tenía un golpe en la boca.

-¿Qué te ocurrió?- fue lo primero que se me ocurrió preguntar frunciendo el entrecejo.

-Tropecé y me di un buen golpe.- respondió.

-¿Te enteraste de todo?- interrogó Ginny, parecía estar deseosa de poner a todo el cuerpo policiaco al tanto de la situación.

-Si, Cho me lo contó cuando entré. Le querían acusar a ella, pero ayer fue su día libre.- explicó el Weasley mayor.

-¿Qué hará Dumbledore ahora? Sin evidencia no pude meterles a la carcel.- comentó Harry.

-Todavía quedan las acusaciones, nosotros presenciamos todo así que daríamos constancia.- simplifico Gin encogiéndose de hombros.

-Pero es tonto, sin pruebas...estamos como al principio.- comentó Ron iracundo.

-Tienes razón...- susurré.

-Dumbledore dijo que no piensa dejar que esta gente salga de aquí. Es más, transladaran a Malfoy antes de tiempo. Hoy, en una hora.- comentó Ginny mirándome fijamente.

-Yo...tengo que hacer algo...- murmuré escapándome de la conversación. Si se llevarían al jefe antes, yo necesitaba ponerle al tanto de todo y pedirle disculpas.

Apenas eran las diez y diez minutos cuanto atravesé la puertaque llevaba a las celdas y me acerqué a Longbotton. El pelinegro se encontraba sentado, tenía las piernas sobre su un escritorio e inclinado hacia atrás en la silla leía distraídamente el periódico. Al escuchar mis pasos, rápidamente sacó la vista de su lectura y me dedicó una sonrisa.

-Buenos días, Granger.- saludó con el ánimo habitual que siempre le acompañaba.

-Bien día, Neville. ¿Te molesta que hable con Malfoy un momento?- pregunté señalando el pasillo de las celdas. ¡Rogando que el pelinegro no cuestionará nada que no pudiese responder!

-No, no he recibido ninguna orden que impida que hables con él.- respondió encogiéndose de hombros.

-Entraré a la celda, quiero hacerle algunas preguntas.- mentí tomando las llaves que descansaban sobre la mesa junto a la pistola del moreno.

-Claro, haz como quieras.- murmuró sin ningún interés. De cierta manera, era bueno que todos confiasen en mi. Me había ganado ese título de persona intachable con mucho esmero. No puedo creer que esté enamorada de Malfoy que representa todo lo contrario a ético y moral.

-Bien.- susurré encaminándome por el pasillo.

El jefe estaba en la última celda. Según lo que escuché en la conversación telefónica entre Zacarías y Harry, camino acá, el rubio había estado exigiendo hacer su llamada en varias ocasiones. Zacarias, cansado de escucharle, decidió moverlo a la celda de más adentro. ¡Draco podía ser bastante idiota cuando deseaba serlo así que comprendía que le hubiesen trasladado! ¡Aunque, la llamada era un derecho que se supone, no podían negarle!

Me detuve delante de la celda. El rubio de ojos grisáceos estaba tendido sobre el largo y frío banco de cemento. Estaba dormido, o aparentaba estarlo porque tenía los ojos cerrados. Mi duda se aclaró cuando le escuché comenzar a tararear una canción. Triste. Triste, pero reflejando la hermosura de su voz. Introduje la llave en la ranura de la reja; el sonido seco que hizo al abrir fue suficiente para obtener la atención del chico.

Él levantó de golpe la cabeza, ojos cansados y ojeras que ya comenzaban a pronunciarse. Se levantó un poco, movio de un lado a otro su cabeza revolviendo su cabello, sus manos seguían apresadas por las esposas y yo no comprendí porque no se las habían quitado. Por más criminal que fuese, era una cuestión de humanidad. Desde mi posición podía ver el enrojecimiento alrededor de sus muñecas.

-Draco...- comencé a hablar.

-No quiero hablar contigo. ¿Te parece si te vas?- cuestionó cortante. Sus ojos me lastimaban, me miraba con odio, con coraje, con ira contenida.

-Sé que estás enojado y créeme que te entiendo...- susurré.

-¿Eres sorda, castaña? Fuera.- ordenó.

-Podrías dejar de...

-No. No quiero respirar el mismo aire que tú, déjame solo.- exigió.

-¡Deja de ser un malcriado!- exclamé elevando un poco la voz, me arrepentí al pensar que Neville podría escuchar y venir a preguntar que estaba ocurriendo.

-Y tú deja de comportarte como si no hubiese ocurrido nada.- escupió con sinismo, se puso en pie con cierta dificultad. Tenía la ropa desarreglada y sudada seguramente por la alta temperatura en esta celda. Su frente estaba perlada de sudor y algunos mechones de le adherían al rostro.

-Quiero decirte algo importante...- murmuré.

-Se lo repetiré diplomáticamente, oficial. No me interesa lo que usted pueda o quiera decirme.- declaró con descaro y un rastro de enojo que no era capaz de ocultar o que no deseaba ocultar. Aparentemente su intension era mostrarme cuanto me odiaba por lo que acababa de hacer.

-Nunca podrías perdonarme ¿cierto?- cuestioné ignorando sus palabras.

-No. ¿Era lo que querías escuchar? Entonces, ya puedes dejarme.- comentó sentándose en el banco donde anteriormente había estado sentado y dándome la espalda.

Mordí mi labio inferior ante la frialdad de esas palabras. Era de esperarse que estuviese enojado, que me despreciara. Había pasado muy poco tiempo desde que se enteró de la verdad y siendo Malfoy un chico prepotente y orgulloso era obvio que no quisiese hablarme. Suspiré y di un paso dispuesta ha acercarme, pero escuché ruido y me detuve.

Al girarme hacia el pasillo vi a Mclaggen seguido de otro oficial y de Neville caminando hacia acá. Arrugué el entrecejo mientras les veía acercarse. Volví a ver a Malfoy y este también observaba hacia los recién llegados con una mirada que no logré comprender. ¿Coraje? ¿Frustración? ¿Dolor?

-¿Qué haces aquí, Hermi?- cuestionó Cormac. Volví a mirar a Draco y este gesticuló un "imbecil" antes de desviar la vista.

-Nada. Vine a ver cómo estaba Malfoy. Veo que aún preserva las esposas.- comenté cruzándome de brazos mientras él castaño entraba a la celda.

-Si, tranquila. Lo transladaré a la central y allá se las quitarán.- restó importancia agarrando a Draco del brazo izquierdo para que se pusiese en pie.

-¿Lo transladaras solo?- interrogué sorprendida e intrigada.

-Sí. Tranquila amor, estaré bien.- bromeó zalameramente, llevó una mano a mi mejilla, pero se la aparté de inmediato.

-No soy tu amor.- le recordé ligeramente enojada por sus motes cariñosos y su accionar.

-Hablamos luego. Vamos, teñido. Te espera un lugar muy feo.- comentó el castaño empujando a Draco y obligándole a caminar

-¿Cuándo tendré mi llamada?- le preguntó Malfoy cuando salieron de la celda. Yo les seguía observando en silencio, sin moverme. Malfoy era insistente.

-Cuándo entes en la central...- Fue toda la contestación del otro.

-¿Qué hablabas con él?- me preguntó Neville consiguiendo captar mi atención. Le miré sin contestación, en realidad ni siquiera conseguía articular o pensar palabras de manera correcta.

-¿Hermione?- insistió Neville.

-Nada, intenté averiguar si podría saber dónde está el señor Lucius.- me excuse rápidamente y salí presurosa de la celda. Caminé muy rápido, intentando alcanzar a los otros dos, pero cuando salí fuera, la patrulla estaba en movimiento y se alejaba.

-¿A dónde ibas?- cuestionaron a mi espalda, me giré a mirar a Harry.

-A ningún lado.- murmuré encogiéndome de hombros. Volví a dar vuelta sobre mis pasos y entramos a la comisaría.

-Ella me llamó.- susurró Harry mientras caminábamos.

-¿Parkinson?- pregunté en apenas un murmullo.

-Sí. Parece que Cormac ya identificó a todos los del grupo...plantaron carteles en los aeropuertos y salidas de trenes para que no pudiesen escapar a ningún lado.- me explicó mi pelinegro.

-Pero ya no hay evidencia de nada. Se verán obligados a quitar la denuncia.- susurré.

-Hasta el momento, Dumbledore no parece dispuesto a dar el caso como nulo ante la falta de pruebas contra los acusados.- habló él mientras me sentaba en mi silla.

-¿El coronel está en su oficina?- cuestioné elevando la voz mientras llevaba mi mirada hacia la escalera a poca distancia.

-Si, subió hace unos veinte minutos.- contestó Ron, el pelirrojo estaba sentado a poca distancia, tecleando rápidamente en la computadora.

-¿Qué haces?- interrogó Harry acercándose al pelirrojo.

-Rutina. Es un caso que está por cerrarse, sobre un asesinato.- explicó Ronald sin detener su búsqueda.

-Al parecer...la vida sigue...- susurré a mis amigos. Harry Se había inclinado hacia Ron y ojeaba la pantalla con mucho interés. El pelirrojo le señalaba alguna imagen en la computadora antes de seguir escribiendo. Todo, poco a poco, parecía estar exactamente como hace casi un año atrás. Nosotros resolviendo casos. Los malos tras las rejas.

Saqué mi mirada de los chicos y me giré hacia la escalera. Ginny bajaba con una taza en mano y el cabello sujetó en una coleta alta. Sus espejuelos se escurrían ligeramente por el puente de su nariz mientras ella leía un papel que traía en su mano. Exactamente como un tiempo atrás, como si nada hubiese ocurridos.

Lamentablemente, aunque todo parecía amoldarse y sucumbir ante la fuerza de la resilencia. En mi interior, yo sabía que todo había cambiado. Volví a enfocar a mi pelirroja, ella levantó la mirada e intentó dedicarme una sonrisa, pero la tristeza se reflejó en sus ojos. Entonces, no era yo la única que se sentía diferente en medio de la aparente rutina.

Me volví hacia Harry, el moreno le dio una palmada a Ronald y se volvió hacia mi. Nuestras miradas se encontraron, luego de algunos segundos el sonrió levemente y luego se alejó hacia su escritorio. Le vi caer sentado y sujetar una pila de pergaminos que rápidamente comenzó a ojear. Nada podría ser como antes.

Era medio día, me encontraba leyendo los papeles que Lupin, felizmente, me había proporcionado hace unos quince minutos. Al parecer el nuevo caso, al cual habían decidido asignarme, se trataba de una niña que fue hallada muerta en su casa. No había rastro de familiares ni amigos. Unos vecinos reportaron que habían escuchado disparos y luego solo se halló a la pequeña sola. Me acomodé un mechón tras la oreja y acomodé mis espejuelos. Tras unos cinco minutos de lectura continua me detuve, me despojé de los espejuelos y pasé una mano por mi rostro buscando concentración.

-Necesito dejar de pensar en él.- susurré. Cormac se había llevado a Malfoy hace una hora y aún no regresaba. La central no quedaba tan lejos, comenzaba a preocuparme.

-¿Un descanso?- cuestionó una voz a mis espaldas, me giré encontrándome con Gin. La pelirroja me dedicó una sonrisa y me mostró la caja de dona, seguramente glaseadas, que había comprado.

-¡Eso huele delicioso!- comentó Ronald, quien se había acercado rápidamente al percatarse de que su hermana había traído comida. Solo menciona la palabra alimentos y Ronald Bilius Weasley estará ahí presente.

-Son de las de mamá...no seas antojado.- comentó Ginny rodando los ojos antes de invitarme a coger del delicioso dulce.

-Gracias.- murmuré agarrando una de las donas con glaseado de chocolate.

-Donas de la madriguera Weasley. Mis favoritas.- comentó Neville apareciendo tras Ginny y agarrando una de las donas.

-Para ti es una venta. Busca con que pagar.- se burló la pelirroja antes de girarse hacia Harry. El moreno no se había dado por enterado, llevaba tiempo revisando pergaminos en silencio, yo le había estado observando por el rabillo del ojo mientras leía.

-¿Una dona, Harry?- preguntó Gin, mi moreno al escuchar su nombre se dio la vuelta, sonrió antes de acercarse y aceptar el ofrecimiento de la Weasley más pequeña.

-¿Una taza de cafe, chicos?- cuestionó Neville.

-¡Uno para mi!- aceptó Ginny, Harry levantó la mano dando a entender que también deseaba una mientras daba una mordida al dulce.

-Definitivamente necesito uno.- acepté. Una buena dosis de cafeína quizás me ayudaría en estos momentos.

-Qué sea chocolate.- pidió Ron agarrando su segunda dona sin haber acabado completamente la primera. La mirada ligeramente enojada de Ginny no se hizo esperar.

-Ya vengo.- anunció Longbotton alejándose a buscar los cafés.

-¿Qué tanto leías?- le pregunté a Harry.

-Nada importante. Solo información sobre los Dragons que atraparon y los franceses.- simplificó encogiéndose de hombros.

-Zabinni está en el hospital ¿saben?- preguntó Ginny intentando fingir normalidad. Nada era normal.

-¿Fue grave el disparo?- cuestioné preocupada. Había estado tan pendiente a otras cosas que no había preguntado en ningún momento por la salud del moreno.

-Se recuperará. Pero quizás le tome tiempo.- respondió Gin.

-Escuché por los pasillos que no había necesidad de dispararle de esa manera. A Cormac se le pasó la mano.- sentenció Ron, parecía enojado, lo que me tomó por sorpresa y me hizo arrugar el entrecejo.

-¿Qué tiene que ver Mclaggen en esto?- pregunté confundida.

-Él castaño fue quien me disparó.- simplificó Ron, intercambié una mirada con Harry, él también parecía sorprendido.

-Pensé que no estaba en el operativo.- murmuré.

-Pues si estaba.- susurró Ron encogiéndose de hombros y agarrando otra dona, esta vez Ginny no se molestó en mirarle con molestia.

-¡565! ¡Cormac pide refuerzos!- gritó Zacarías por la radio bajando las escaleras corriendo, iba disparado hacia la salida.

-¿565? ¿Cormac?- cuestionó Ginny arrugando el entrecejo.

-Hay que ir a ver.- susurró Harry, salimos corriendo tras Zacarías y le interceptamos a mitad de carrera.

-¿Qué pasó? - preguntó Ron.

-Mclaggen pidió refuerzos. Al parecer Malfoy se le escapó.- explicó antes de levantar el radio y volver a repetir la llamada.

-¡565! ¡Todos los que estén por el área ir a ayudar!- declaró nuevamente por la radio. Claro y contundente.

-Vamos a ir.- anunció Harry, me sujetó del brazo sacándome de mi conmoción. ¿Cómo había escapado? Malfoy no tenía ni una tercia parte de la fuerza de Cormac, y era bastante malo con las armas, además estaba esposado. ¿Cómo se te escapa un hombre esposado? Por más Listo, ingenioso, mafioso que pudiese ser...solo a un imbécil podría escapársele. Aunque, Cormac cae en esa categoría.

-¡Harry! ¡Dumbledore dijo que nadie saliera!- escuchamos gritar a Zacarías, pero ya estábamos subiendo a auto y mi pelinegro no se molestó en hacer caso alguno.

Encendí la radio, colocándola en sintonía con los demás policías. Harry conducía rápidamente, tomamos un atajo cuando Zacarías volvió a repetir el destino final. Había mucha congestión en las calles, como un clásico Lunes. Mi corazón se aceleró ante la idea de que pudiesen lastimar al jefe; si Cormac no había tenido ninguna delicadeza con Blaise, tampoco la tendría con Malfoy. ¿Y si le lastimaba?

-Es por esta calle, allá...cerca del puente.- señalé, teníamos una vista panorámica de todo lo que ocurría a lo lejos.

Las patrullas habían cerrado El paso a mitad de puente, así que mi moreno frenó en seco cuando se hizo imposible pasar entre los autos que obstaculizaban. Bajamos de inmediato. Habían unas seis patrullas, policías con armas en manos y Malfoy estaba en medio del puente reclinado del barandal. No tenía salida, del otro lado también habían policías. Lo lógico sería rendirse, pero él seguí inmóvil allí en medio.

-¡Draco Malfoy no se mueva! ¡levante las manos!- pidió una voz que no reconocí. Rastree el lugar en busca de Mclaggen, pero no había rastro.

¡BANG! ¡BANG! ¡BANG!

De donde provinieron los disparos sería una pregunta sin respuesta. Me llevé las manos a los labios aterrada y conmocionada. Los disparos habían golpeado a Draco contundentemente. Lo único que logré: fue ver cómo su cuerpo, ante la brusquedad de los golpes, se tropezaba y caía del puente en dirección al agua.

Harry me abrazó; las piernas me flaquearon y mi corazón se rasgó a la mitad. Parpadeé varias veces, todavía sin poder dar crédito a lo que estaba ocurriendo delante de mis ojos allá a lo lejos. ¿Le habían matado? Ellos no podían hacer eso. Nosotros no éramos criminales.

Estos eran los instantes en los cuales veía la transición entre los buenos y los malos. ¿Qué diferencia hay entre matar con permiso y sin permiso? Ante mis ojos, ninguna. ¿Qué necesidad había de dispararle? Él no tenía a dónde huir.

-Hay que irnos.- susurró Harry tirando de mi para que volviésemos al vehículo.

-No, espera. Tengo que verlo.- susurré soltándome de su agarre y corriendo hacia el puente entre los policías que ya se asomaban para ver donde estaba el cuerpo.

-¿Quién disparó?- se cuestionaban entre ellos y al parecer...no se encontraba respuesta.

Al llegar al lugar donde Malfoy había estado, me apoyé de la baranda del puente e intenté buscar su cuerpo en el agua. Tenía que estar. No se veía su cuerpo en ningún lado. ¿Donde está? ¡No me hagas esto Malfoy!

-¡901! ¡901!- escuché decir a uno de mis compañeros por la radio. ¿Muerte accidental? ¿Era lo único que se le ocurría?

-Hay que irnos.- declaró Harry llegando a mi lado, envolviendo una de sus manos alrededor de de mi brazo derecho y tirando de mi.

-Tienes razón.- susurré y nos alejamos. No tenía sentido seguir ahí. No había forma de que alguien sobreviviese a una caída de tal magnitud. Y menos alguien tan delicado y frágil como Draco Malfoy.

Subimos al auto en silencio. Harry manejada, y yo iba como hechizada mirando los árboles. Nuevamente era como volver al principio. Harry manejando. Y yo sintiendo que mi corazón estaba desgarrado. ¿Por qué siempre me tocaba estar del lado que permanecía con vida y debía acostumbrarse a la perdida?

Primero Krum, un imbécil que no merecía mi amor. Y por el cual yo hubiese dado la vida. Ahora Malfoy, y en este caso, la imbécil que no merecía su amor...era yo. Una lágrima recorrió mi mejilla derecha y me apresuré a secarla. Llorar no cambiaria las cosas...pero las lágrimas siguieron recorriendo mis mejillas...porque ellas no comprendían mis razonamientos.

Harry se detuvo frente a casa...lo sé porque conozco la calle aún entre las lágrimas. Bajé la mirada. Otra vez tenía que pasar por lo mismo. Perder a alguien que se encuentra muy profundo en mi pecho. Lo peor es que, en parte, todo es mi culpa. Porque él peor error de Draco Malfoy fue confiar en mi...enamorarse de mi.

-Todo va a estar bien. Saldrás de esta...- susurró Harry sujetando mi mano.

-Necesito estar sola. Avisa en comisaría que...saldré unos días de vacaciones.- susurré bajando del auto.

Me apresuré a entrar a casa, subí las escaleras y me dejé caer en la cama. Allí, sola, pude llorar todo lo que necesitaba llorar. La almohada amortiguó los sollozos de dolor y absorbió las lágrimas que insistentemente se deslizaban por mis mejillas. Dolía. Dolía mucho saber que él ya no estaría. Dolía saber que jamás podría perdonarme.

Comprendí, en medio de las lágrimas, que definitivamente hubiese preferido saberle vivo y en la carcel. Porque vivo todavía había una esperanza. Pero ahora...ahora ya no hay nada.La esperanza de que algún día pudiésemos estar juntos se había muerto junto con el sonido de aquellos disparos. Había quedado reducida a nada cuando aquel cuerpo se precipitó hacia el agua.

Yo solo sabía una cosa, jamás volvería a amar a nadie. Porque terminaría buscando entre los hombres esos ojos grises, ese cabello platinado, esa sonrisa cómplice, esa mirada pícara. Y entre tanto buscar, descubriría que no podía hallarle. Descubriría que no existen unos ojos iguales a los suyos, que no existen otros labios que hagan los mismos estragos en mi cuerpo. Que no existe otra voz que logre hechizarme.

Mi vida cambió ese día. Ese día en el cual vi al hombre que me había enseñado a amar: caer muerto. Desde ese momento, supe que nunca volvería a ser feliz. Entre mis sábanas y lágrimas, supe que me casaría sin amor, que tendría hijos sin felicidad, que viviría en amargura el resto de mi vida. Y me adelanté a los hechos sin saber las vueltas que daría la vida de este día en adelante.

Y entre las lágrimas supe que necesitaba saber quien había disparado contra él. Necesitaba conocer quién lo había arrebatado de entre mis manos. Aunque me costara la vida, aunque tardara años, descubriría quien era el responsable.

"Se ríe de las cicatrices, quien nunca ha sentido una herida."

Shakespeare

Continuará...

¡No me asesinen antes de tiempo! XD ¡la historia aún no acaba y las apariencias engañan! ¡Aparentemente soy una escritora cruel que asesinó a uno de los personajes principales...pero la historia no ha terminado!

¿Hipotesis? ¿Qué creen que ocurrió realmente? Pronto veremos la otra cara de la moneda y comprenderán que es lo que está ocurriendo en realidad. ¡Hermione solo nos da una idea vaga en base a lo que ella va descubriendo poco a poco!

¿Realmente murió Malfoy? ¿Qué creen? ¿Creen que soy capaz de asesinar al rubio? XD Solo adelanto que la historia no ha acabado, y aún le falta bastante porque están todos los misterios sin resolver. ¿Qué ocurrió con los Malfoy? ¿Qué pasó con Parkinson? ¿Quién desapareció la evidencia contra los Dragons? ¿Quién asesinó a Victor? ¿Por qué? ¿Se salvará Zabinni?

¡Un capítulo lleno de emociones así que déjenme saber que opinan!

5 Reviews subo capítulo el próximo sábado.

BesosXOXO