Disclaimer: Los personajes aquí mencionados son propiedad de Naoko Takeuchi. El uso de ellos en mis historias es con fines de entretención libre de lucro. La autoría de la historia recae en quien les escribe y Belcebú, llévate al inframundo a quien se atreva a plagiarme.


¡Hola a todos! ¿Cuánto tiempo sin vernos por aquí? Espero que no lo suficiente como para que me hayan tirado al olvido x'D

Como saben, todo comentario lo hago al pie de la página. Esta sección la hago más bien por fastidiar porque mucha finalidad no tiene xD así que sin más los dejo con el nuevo capítulo…

¡Buena lectura! :D


*´¨)

(¸.•´ (¸.•` ¤

POV Serena

9:00 AM en punto. La primera mañana en que puedo considerarme, de una vez por todas, una mujer absolutamente plena en el ámbito más íntimo en una relación de pareja.

Siento que dormí con un colgador de ropa en mi boca pues no puedo parar de sonreír.

Un tanto adormilada, estiro ampliamente los brazos y sacudo firmemente la cabeza para al fin poder despertar como corresponde. Después de bostezar miro hacia mi izquierda y lo encuentro a él, quien también ha sido víctima del sonido punzante de la alarma de mi radio-reloj y que sin embargo, al igual que yo, ha despertado con una sonrisa.

Luce tan hermoso…

—Buenos días, señor —le saludo a la par en que acaricio el contorno de su barbilla.

—Muy buenos días, querrás decir —responde coqueto, dejándose mimar cual gatito pequeño.

—¿Dormiste bien? —consulto.

—Como nunca antes —contesta algo somnoliento, pero feliz.

—No es necesario que te levantes inmediatamente, si quieres puedes seguir durmiendo un rato más —propongo.

—Me encantaría pero no sé si pueda. Debo volver al departamento, ordenar mis cosas y prepararme para la fiesta de hoy.

—¿Al menos desayunaremos juntos, no? —inquiero con velocidad.

—Por supuesto que sí. Después de una noche como la que tuvimos necesito recobrar energías —susurra casualmente seductor.

Un par de mariposas comenzaron a danzar en mi estómago tras escucharlo.

Todavía no puedo creer que pasó, que finalmente estuvimos juntos.

Sonrío fugaz al recordar todo y de la misma manera, beso sus labios.

Tomo la sábana para taparme pues la mañana está algo fresca. Giro parcialmente e interrumpo nuestra coqueta conversación para hacer algo que no puedo dejar de lado. Él lo advierte y con curiosidad se abalanza sobre mí dejando su mentón sobre mi hombro.

—¿Qué haces?

Busco en el cajón de la mesa de noche la caja de mis anticonceptivos, saco la pastilla correspondiente y se la muestro. Él asiente en silencio.

—Olvidé traer agua. Aprovecharé de ir a la cocina para ver qué podemos comer.

—Entre tanto me gustaría tomar una ducha. Andrew no dejará de fastidiarme si llego a casa con aspecto desaliñado. Ya te imaginas qué cosas diría al respecto —bromea.

—Hazlo tranquilo. Todo lo necesario está en el baño y si necesitas algo más, solo debes avisarme.

—Me faltarás tú pero bueno, tendrá que ser para otra ocasión, ¿no?

—Tómalo con calma, Chiba —le digo con falso tono de reproche—. Hace solo unas horas que "nos hemos iniciado" en el tema así que deja algo para los días venideros.

—¿Puede ser mañana?

—No seas fastidioso —respondo entre risas, haciéndolo callar con un suave, pero contundente, golpe con la almohada en el rostro.

Me pongo de pie sabiéndome contemplada por sus ojos. Me dirijo al clóset con la intención de sacar alguna prenda ligera pero antes de hacerlo paso a llevar la camisola que deseché anoche, siendo curioso el que justamente iba en busca de ella en específico.

Volteo para confirmar mis sospechas y sí, Darien me mira tan explícitamente como quiere. No me perturba ni inquieta, muy por el contrario, me halaga. Nadie me había observado de la manera en que él lo hace.

—No será la última vez que me veas así, tenlo por seguro —anuncio antes de poderme vestir.

—Lo sé pero de todas formas creo que nunca me sentiré completamente satisfecho. Algo me dice que siempre voy a querer más —su coquetería no se detiene. Es encantador.

—Me complace que sea así, que no te haya bastado esta noche juntos y que anheles que se repita —respondo, correspondiendo a su galantería.

—Una vez más reafirmo que soy tu fan número uno, el más fiel de tus seguidores y quien, cual adicto a tu belleza, siempre deseará poder disfrutarla lo máximo posible.

Puede pasar mucho tiempo entre nosotros, pero sus frases, esas que me enamoran y encandilan, nunca desaparecen.

Le vuelvo a sonreír mientras me visto. Busco mi bata favorita, la cual es de color carmín y está bordada con preciosos detalles en negro ya que incluso queriendo lucir casual, pretendo verme lo suficientemente arreglada como para no horrorizar a mi novio con un look mañanero desastroso y lamentable.

—Te espero abajo —le digo antes de cruzar la puerta. Él, aun estando en la cama, me guiña el ojo como señal de pacto correspondido.

Salgo de mi habitación con paso firme, pero tras alejarme algunos metros me libero en un acto compasivo. No puedo continuar con un elegante caminar en estas circunstancias.

Me duele hasta el último pelo de la cabeza, así de simple.

Tengo las piernas algo acalambradas y dormidas. Soy la mejor versión de bambi aprendiendo a caminar después de su nacimiento. No sé si esto sea bueno o malo pero sí puedo asegurar que es doloroso. Sospecho que ninguna rutina de ejercicios en un gimnasio podría dejarme tan destruida como sí lo hizo esta pasional noche entre Darien y yo.

Viendo el lado amable de la situación, en algunos meses tendré piernas más firmes que cualquier personal trainer.

Mi andar se torna miserable y me doy pena, pero este es el precio a pagar después de desatar tantas energías hace pocas horas atrás. Tal vez deba tener más cuidado para la próxima. No pretendo terminar en silla de ruedas solo por tener sexo.

Desciendo lenta y, énfasis en esto, dolorosamente por la escalera. Ni siquiera estando ebria he necesitado hacer tanto uso del pasamanos como sí lo requiero en este segundo. Lo hago así porque me da terror pensar que, con la suerte que suelo llevar, acabaré rebotando en cada peldaño y remate siendo una "maldita lisiada" en un día tan importante como hoy, pues veré a la familia de Darien en la fiesta y…

¡La fiesta, cierto! ¿Cómo voy a presentarme si estoy así?

Nota mental: Tomar un antiinflamatorio un par de horas antes de ir a esa reunión. No necesito dar qué hablar para toda la parentela de mi querido y dulce novio.

Llego a la sala tras la cruenta batalla que me significa caminar. Giro en dirección a la cocina para…

—Hola.

¡Qué demonios!

Con el corazón en la mano y espantada a más no poder, miro hacia todos lados para dar con quien sea que me haya hablado. No puedo lidiar con la sorpresa que resulta ver a Mina sentada en el sofá.

—¿Qué haces aquí? ¿Cómo entraste? —le grito aún un tanto espantada.

—¿Qué manera es esa de saludar? —se atreve a decir.

—¡¿Acaso quieres matarme del susto?!

—No, pero considerando que no respondiste mis llamadas y tras haber acordado que estaría aquí a las nueve, usé la llave que tu mamá deja escondida bajo la roca que está al lado del rosal.

Nota mental número dos: Sacar esa cosa de ahí con suma urgencia.

No puedo responder nada coherente por el momento. Decido no dirigirle la palabra y en cambio voy directo a la cocina, tomo un vaso, dejo en él un poco de agua y me tomo la pastilla anticonceptiva antes de que siga pasando más tiempo. Intento relajarme sin saber si sigo asustada o más bien estoy molesta. Creo que al final puede ser un poco de ambas cosas.

—¿Serena?

—¿Qué? —contesto siendo un poco grosera, he de reconocer.

—¿Tuviste sexo, no es así?

Menos mal ya había bebido agua porque de lo contrario la hubiera escupido a lo largo y ancho de la cocina.

Dejo el vaso en el mesón y salgo disparada en dirección a la sala. Mina me espera con una pícara sonrisa, lista para querer saber los detalles de cualquier afirmación o negación respecto a su pregunta.

—¿Por qué lo dices? —indago antes de sentarme en el sofá.

—Conozco esa manera de andar y sus razones, sin considerar que traes el cabello hecho un nido de paloma y si por si fuera poco, tus mejillas están algo rojas y tus labios están inflamados. Todo eso, querida amiga, es la prueba contundente de que te tocó y muy duro.

No sé si reír a carcajadas, llorar amargamente o bien ofenderme con indignación.

—¿Todo tiene que ser sexo en tu vida? —satirizo.

—Dime que estoy equivocada y en castigo cancelaré la cita que tengo la próxima semana, con las respectivas consecuencias que eso conllevaría.

—Pues… ten la cita en paz, qué más te puedo decir…

—¡Me alegro tanto, Serena! ¡Pensé que ibas a ser virgen otra vez después de tanto tiempo que pasaste sin tener romántica acción!

Esta mujer no cambia.

No solo le basta tirar sus ácidas frases de apoyo-burla, sino que también se lanza sobre mí, me abraza, sacude y aprieta a su completo antojo. Así nadie se puede enojar con Mina, al menos no yo.

Al final de todo termino aceptando su especie de felicitaciones, abrazándola casi con la misma efusividad que ella a mí.

Cuando nos separamos, y digo separarnos como el solo alejarnos unos centímetros pues ella opta por sentarse a mi lado, me toma la mano fuertemente y obvio, habla sin demorar.

—Cuéntamelo todo —exige.

—¿Todo?

—Absolutamente todo.

—¿Es necesario?

—¿Para qué preguntas idioteces? ¡Por supuesto que sí! —exclama.

—Tendrá que ser después ya que tengo que preparar algo para desayunar y sobre eso, yo había dejado el pastel justo aquí…

—Lo guardé en tu refrigerador y de paso limpié un poco la mesa. Todo estaba hecho un desastre —explica.

—Te lo agradezco. No tuve tiempo para ordenar… —comento.

—¡Uy! ¡Eso es magnífico! Eso me dice muchas cosas, sí que sí, ajam, por supuesto —juguetea, asintiendo con exageración.

—No es que todo haya ocurrido rápido o algo así, es solo que después de que ambos supimos qué iba a pasar, dejamos todo lo demás olvidado —explico con un intento de calma.

—Pues hiciste lo correcto —afirma—. Una vez atrapado el momento no hay que dejarlo ir bajo ninguna circunstancia. Las cosas sucias seguirán sucias, pero querer hacer cosas sucias y desatenderlas es un pecado que, menos mal, no cometiste —concluye orgullosa, como si viera que su pequeña aprendiz hubiera aprendido bien de ella, la maestra.

—Y ya era hora —agrego velozmente—. De haber sabido que Darien es capaz de tantas cosas no hubiera aplazado tanto el asunto.

—Puedo apostar que Seiya no le llegó ni a los talones.

—Ni a la sombra —respondo con un guiño.

—Según recuerdo con él ni siquiera…

—No, nada.

—Y con Darien…

—Oh sí.

—¿Y qué tal?

—Nunca imaginé la magnitud que significaba llegar al clímax. Creo que quedé en coma varios segundos.

—Serena, déjame decirte que tienes mucha suerte. Hoy por hoy abundan los que se preocupan de entrar en coma solos y una queda ahí, con exceso de buena salud —comenta con un toque de satírica angustia.

—¿No te ha ido muy bien con las últimas conquistas? —investigo.

—No mucho. No sé si estoy perdiendo mis poderes porque en el último tiempo he tenido muy mal ojo para elegir, eso o ya nada me produce mayor gracia —responde resignada.

—¿No será hora de que te busques a alguien estable? —pregunto, procurando ser respetuosa.

—No creo poder llevar una relación de ese tipo aunque no te miento, desde que te veo tan feliz con Darien he deseado lo mismo para mí.

—Y algún día sucederá, te lo digo yo. Sabes que no lo creía posible pero heme aquí —resuelvo con entusiasmo.

—Lo dudo, Serena… una chica como yo, que se hace cierta fama, no es muy apetecida por hombres parecidos a tu novio.

Esto es un poco alarmante. Hace mucho que no escuchaba a Mina hablar de esta manera. Me preocupa.

—¿Cómo dices? ¿Una chica como tú? ¡Pero si eres grandiosa!

—¿Sabes? Este día no se trata de mí así que olvídalo, no vine para amargarte ni nada, mejor sigue contándome lo tuyo —contesta tras sacudir su cabeza y sonreír.

—¿Estás segura? —inquiero.

—¡Claro que sí!, porque estoy feliz de que al fin te permitieras compartir algo más íntimo con ese hombre que te ama con tanta devoción. Si alguien merece eso eres precisamente tú.

—Todas los merecemos, amiga querida.

Tomo su mano y la aprieto bien. Mina me observa silente y tras sonreírme le doy un beso en la mejilla. Sé que ella es un caso especial, que nunca ha temido revelar la verdad de sus pasos y que disfruta su sexualidad como pocas se atreven a hacerlo, pero también sé que es una mujer que tiene mucho por ofrecer, especialmente su corazón, el cual es dulce y desinteresado.

—Mantengamos la compostura, ¿quieres? —dice, zafándose de mí con falsa molestia—. No te hagas la que no escuchaste, ya sabes que necesito saber todos los detalles sabrosos.

—No sé por dónde partir —respondo sin poder evitar ruborizarme.

—¿Dónde lo hicieron? —tan explícita…

—En mi habitación… ¿es malo? —consulto.

—No para partir. Siguiente pregunta: ¿fue directo al grano?

—¿Lo preguntas por él? La verdad es que no… fue muy paciente ya que según sus palabras "quería disfrutarme como hace tiempo había deseado"

—Maravilloso —comenta con decisión—. Es decir que primero se preocupó de ti.

—Exacto. Primero me tocó con suma lentitud, como reconociéndome por primera vez, ya después la cosa cambió.

—Doblemente maravilloso —afirma Mina mientras asiente—. Esa es la idea, un juego previo para "calentar motores" y ya después seguir con la carrera.

—¿Te digo la verdad? Cuando Darien estaba… estaba… —¿por qué diablos se me trabó la lengua?

—¿Sí? —continúa Mina, haciendo un ademán con su mano, queriendo incentivar mi confesión.

—Bueno, tú sabes…

—No, no lo sé y por eso te pregunto.

—¡Ay, Mina! Darien me hizo…

—¿Sexo oral? ¿Eso te cuesta tanto decir? —¿acaso no es obvio?

—Sí, eso —revelo sin más, sintiendo como mis mejillas explotan en ardor.

—Bueno, ¿qué pasó cuando hizo eso?

—Al sentirlo así me sentí algo extraña, como invadida pero en un buen sentido, no sé explicarlo bien, fue raro, pero lindamente raro, ¿entiendes?

—Sí, puedo llegar a entenderlo —contesta tras filosofar al respecto algunos segundos—. Una cosa es que parte de él esté por aquella zona pero una muy distinta es que su nariz ande metida por los alrededores. Dime por favor que te depilaste.

—Obvio que sí —respondo ligeramente ofendida—. No fue eso lo que me resultó raro, fue otra cosa.

—¡Dilo de una buena vez! —exige.

—Me excité demasiado rápido y por poco termino muerta a medio camino, eso fue, ¡eso fue! —recalco.

—¡No te sientas mal! —expone mientras golpetea mi espalda con empatía—. Si mis cálculos son correctos, esta es la primera vez que te hacen algo así. Te juro, Serena, cuando fue mi turno, cosa que pasó hace bastante tiempo la verdad, debo reconocer que yo no aguanté. Ese orgasmo fue sumamente rápido y de hecho me resulta curioso que tú hayas podido seguir adelante, siempre digna.

—¿Lo dices en serio?

—¡Claro! Ese tipo de estimulación es muy directa y es esperable que las reacciones sean distintas y más todavía si te hacen el favorcito de juguetear antes.

Ahora entiendo más…

—Ya no me siento como bicho raro entonces —resuelvo más tranquila.

—¿Y tú qué hiciste además de dejarte amar?

—Creo que no mucho. Estaba algo nerviosa al principio aunque debo decir que en un momento mis manos se mandaron solas.

—¿Y qué tal? —¿eh?

—¿Qué cosa?

—Ay niña… dimensiones —¡ah, eso!

—Bastante generoso —susurro despacito, aunque orgullosa.

—Triple maravilloso. Considérate bendecida porque hay tanta insignificancia repartida por el mundo…

Ella lo lamenta y yo me echo a reír.

Esa picardía que tiene para decir las cosas es única.

—¿Algo más que quieras saber? —pregunto.

—No por ahora —dice ella con seriedad.

—¿Por?

—Voltea.

Ya me quedó claro.

Veo a Darien reacomodando la toalla que rodea su cintura después de batir su húmedo cabello. Mina lo observa discretamente y le sonríe. Yo quedó aquí, sin saber qué hacer o decir, eso sí, sé lo que pensar: mi novio luce ridículamente sexy y si estuviéramos solos probablemente me hubiera lanzado sobre él.

—Buenos días, joven Darien —le dice mi amiga, con suma simpatía.

—Buenos días, Mina, qué sorpresa verte por acá.

—Qué cordial tu manera de decir "y esta qué diantres hace metida en la casa de mi novia"

—No es eso —aclara él, entre risas.

—¿Saben qué cosa es una buena idea? ¿No? Bueno, esa es que juegue al trencito y me haga humo, ¡chu-chu! —se responde a sí misma, a la par en que se pone de pie.

—Si gustas puedes desayunar con nosotros, sería un gusto—le contesta Darien.

—No te preocupes, ya comí lo suficiente así que iré a arreglar ciertas cosas —resuelve—. Serena, quizás no lo notaste pero vengo con una maleta llena de cosas para que tú, las chicas y yo podamos prepararnos para la fiesta de hoy. La dejaré en la habitación de tu mamá si no te molesta, porque a la tuya no pienso entrar todavía por obvias razones, ¡con permiso —¡Mina!

No soy capaz de responderle antes de que con suma gracia y rapidez, ella termine yéndose de la sala.

Ya estando solos, Darien se sienta a mi lado y me observa de manera graciosa. Imagino qué es lo que está pensando.

—Había olvidado que ella estaría aquí temprano —justifico antes de siquiera escucharlo decir palabra alguna.

—Estaban hablando de lo que pasó entre nosotros anoche, ¿verdad? —lo sabía.

—Un poco, solo un poco —miento.

—Espero que nada malo —bufonea.

—Por supuesto que no. Si te molesta te ofrezco una disculpa pero ya sabes, Mina es…

—Mientras seas amable conmigo no tengo por qué quejarme —dice, interrumpiéndome.

—¿De verdad?

—Déjame pecar de soberbio otra vez, pero lo que pasó es digno de ser contado. Si yo pudiera lo mandaría a publicar en el periódico.

—¿Tú piensas contarle a alguien? —inquiero.

—Ley pareja no es dura, amorcito —contesta antes de golpear suavemente mi nariz.

—¿Andrew? —le digo.

—No seas curiosa —pedir eso es una estupidez pero bueno…

—Bueno, es mejor que te vistas luego para que tomemos desayuno.

—No te hagas problemas, mejor atiende a Mina y conversen lo necesario, eso sí, deja algo para la imaginación, por favor. Yo comeré en casa y paso a buscarlas en unas horas más.

—¿Estás seguro?

—Completamente. Es justo y necesario que descanses un rato de mí —bromea con sencillez.

—No digas tonterías —le respondo—. Y gracias por comprender lo de Mina. Sería feo dejarla sola tras ver toda la molestia que se tomó al llegar temprano.

—Descuida, de verdad —me responde con dulzor, antes de depositar uno de sus besos en mi frente—. Ahora iré a tu habitación para vestirme —anuncia.

—¿No estará tu ropa muy arrugada? ¿Quieres ayuda con eso?

—No hace falta. Salgo de aquí, voy directo al auto, llego al edificio, me bajo del auto y subo de inmediato al departamento, así que da igual.

—Está bien —resuelvo con una sonrisa que se disuelve tras recibir un fugaz y tierno beso en los labios.

Veo a Darien alejándose y sigo sin poder creer que es mi novio, que me ama y yo a él, que anoche estuvimos juntos y bueno, todo eso. No hay nada en esta vida que pudiera arrebatarme o empañar la felicidad que ahora siento. Sin duda hoy es uno de los mejores días que he tenido el placer de experimentar, tanto metafórica como literalmente.

Ahora bien, es hora de preparar café para dos, uno para Mina y otro para mí, pues la plática que se nos aproxima será sumamente interesante, además de que debo tener las energías necesarias para soportar sus fashion emergency pues según ella "para ser bella hay que ver estrellas"

Bueno, para qué me quejo en todo caso, pues la verdad lo único que deseo es verme linda para mi Darien… por él me entregaré a las crueles garras de Mina que, aunque me provoque dolor y todo, sé que intentará hacer lo mejor por mí, como siempre.

*´¨)

(¸.•´ (¸.•` ¤

POV Michiru

Llevo en el alma y en las notas la tormentosa nostalgia de mis recuerdos. Hoy el violín ha llorado de igual manera como lo hace mi corazón desde que lo dejé ir…

¿Debí haber luchado antes por volver a su lado? Quizás debí insistir, demostrar, hacer entender cuánto lo necesito conmigo, cuánto lo añoro y extraño. Puede que hoy sea tarde, lo sé, mas no quisiera enfrentarme a esa verdad ni a ninguna otra.

He perdido tanto por eso…

Nunca imaginé verme en esta posición. Nunca creí posible no ser la compañía de Darien en este día tan especial. Nunca supuse que encontraría a alguien más con semejante rapidez. Qué golpe más grande a mis emociones fue saberlo pues lo desee o no, sigo enterándome de su vida de una u otra manera. Si los rumores vuelan, entonces qué queda para los hechos.

Según tengo entendido él es feliz aunque no pueda concebir la idea de que lo sea con alguien como esa tal Serena. Solo me bastó verla una vez para comprender que no es una persona que a la larga vaya a servirle de complemento. Me pregunto por qué él no lo ha visto todavía, por qué no se da cuenta de que tarde o temprano sus caminos se distanciarán irreconciliablemente.

Tal vez lo que tengo que hacer es esperar hasta que eso ocurra para acercármele, para decirle todo aquello que he callado por tanto tiempo y así, de una vez por todas, recobrar la estabilidad que tanto necesito, pero…

No puedo ni pretendo ser hipócrita conmigo misma y decir que nuestro fin no fue en gran parte mi responsabilidad, eso sería absurdo, pero el precio que tuve que pagar por lo que fue solo un desliz, un momento de irresponsabilidad y debilidad, es demasiado alto como para soportarlo sin hacer reclamo alguno.

Sé que arriesgo mucho en este minuto pero no será más de lo que pondré en juego si permanezco como silente observadora desde un rincón.

Mis manos están frías y apenas puedo conservar la tranquilidad. La ansiedad me recorre por completo y un impetuoso dolor se ha hecho presente en mi garganta. Con dificultad podré sacar la voz y lo más probable es que termine desmoronándome sin así quererlo, pero esto no puede seguir así, creo que no.

Toco la puerta suavemente esperando que Darien recuerde que así es la manera en que anuncio mi llegada. Los segundos pasan y nadie responde. Me impacienta.

Apego mi rostro hacia la madera con tal de capturar algún sonido que me indique que hay alguien en este departamento. No percibo ruido, ni el más mínimo. Es bastante inusual que siendo apenas las diez de la mañana nadie se encuentre aquí.

Insisto, esta vez tocando el timbre un par de veces y vuelvo a esperar. Esta vez sí se escucha algo, si no me equivoco son pasos y deseo con toda el alma que se trate de él y nadie más.

No he tenido suerte.

—¿Michiru?

—Andrew… qué gusto verte. Lamento molestar si ese es el caso. Espero no haber interrumpido tu descanso o algo similar —independiente de todo, nunca se debe perder la educación.

—Bueno… la verdad es que no esperaba visitas y menos a esta hora —contesta mientras se talla los ojos frente a mí. Desagradable.

—Te ofrezco una disculpa, pero he venido a ver a Darien pues hoy es su cumpleaños, ¿puedo entrar y saludarlo?

—Si te soy sincero, no sé para qué quieres hacer eso.

—Y no es algo que pretenda explicarte en este minuto —resuelvo punzante.

—De todas formas él no se encuentra aquí así que lo siento. Tampoco sé a qué hora va a llegar.

—¿No pasó la noche aquí?

—Pues qué comes que adivinas —responde con un aire de infantilidad y sarcasmo.

Es curioso pensar que sigue creyendo que sus comentarios y la forma en que los hace son graciosos. Veo que algunas malas manías no se las lleva el viento ni el paso de los meses les pone remedio. Desagradable, muy desagradable.

—Entonces, si no te molesta, me gustaría esperarlo en la sala. Prometo no causar ningún inconveniente. Vengo en son de paz —explico mientras lucho por mantenerme calmada.

Tras negar un par de veces y bloqueándome totalmente el paso, Andrew bufa y me observa con explícita incomodidad. Permanecemos callados y quietos por varios segundos hasta que él vuelve a dirigirme la palabra.

—No quiero ser grosero ni meterme donde no me llaman, pero no creo que sea bueno que veas a Darien. Discúlpame si te molesta mi comentario, pero aunque entiendo que quieras saludarlo porque es su cumpleaños y todo eso, ambos sabemos, y todos en realidad, que las cosas han cambiado en estos meses.

—¿Me tomas por tonta? ¿Imaginas que no lo sé? —cuestiono.

—Si lo supieras tan bien como yo, no habrías venido.

—Estás siendo muy descortés, ¿no piensas lo mismo? Como te he dicho, mi visita se trata de un gesto amigable pues si no recuerdas, antes de que Darien tuviera nuevamente novia, él y yo teníamos ese trato amistoso, cosa que se vio perdida una vez que él optó por reorganizar sus prioridades.

—Pues bien lo has dicho, tiene nuevas prioridades y en serio lamento si crees que estoy siendo maleducado, incluso creo que te estoy diciendo estas cosas por tu bien, porque realmente no creo que le vaya a gustar demasiado tu visita.

—Dejemos que él lo decida, ¿no te parece? Si pide que me retire será justamente lo que haré.

—Michiru, yo…

Ambos somos distraídos tras escuchar algunos pasos haciendo eco a lo largo y ancho del pasillo. Guio la mirada hacia la izquierda y velozmente todo mi cuerpo se paraliza.

Es Darien.

Con una imperturbable seriedad en su rostro logra hacer añicos mi tranquilidad. Su mirada es severa y me cala en lo más profundo. Nunca me había observado de esa manera, con tanta distancia y desdén.

La expresión de Andrew me hace entender que él percibe lo mismo. Luego de bajar su cabeza, como si estuviera avergonzado, le regresa la mirada a su amigo y se encoge de hombros.

—Discúlpame, le estaba diciendo que…

—No te hagas problemas, Andrew —le responde tras acercarse, sin siquiera mirarme—. Dame un par de minutos a solas si no te importa.

—¿Seguro? —le susurra él, como si prácticamente yo no estuviera aquí.

—No quiero importunarte ni a ti ni a Lita con visitas inesperadas. Me quedaré aquí afuera —Darien…

—No está. Quedamos en juntarnos en un rato más para… bueno, para ver ciertos detalles.

—Pensé que habías aprovechado de estar con ella considerando que tenían el departamento solo para los dos —por qué dices eso…

—Lo mismo creí pero Lita optó por hacer las cosas de otra forma. Quiso ir a su casa antes de…

—Ya me imagino qué es. Serena me habló algo sobre eso anoche.

—Darien, no hace falta que hagas esto. Solo quise venir a saludarte, a charlar un rato contigo y nada más. Ya me queda claro que sigues con tu novia, que pasaste la noche con ella y todo lo que eso conlleva—no pude seguir callando, realmente no.

—La verdad es que le hablaba a Andrew y en ningún momento pretendí lanzarte algún tipo de indirecta.

¿Qué clase de respuesta es esa? Una cruel, una de las peores que me ha dado desde que lo conozco.

—¿Les cuento algo? Es un día muy bonito y lo aprovecharé. Iré a la casa de Lita y la sorprenderé al llegar tan temprano a verla. Será una buena oportunidad para desayunar allá antes de que vayamos a ver los otros asuntos. Los dejo solos.

Dicho esto, Andrew toma un manojo de llaves que estaban colgadas al lado de la puerta, se ordena un poco el cabello y pasa por nuestro lado tan rápido como puede aunque no por eso se va de inmediato, puesto que se detiene al llegar donde está Darien, le susurra algo que no pude escuchar y sea lo que haya sido, recibe por respuesta un "te llamo en cuanto esto termine"

Tenía razón, mi visita no sería bien aceptada.

Haciéndome un ademán ya a distancia, Andrew termina yéndose de aquí. Lo miro hasta que desaparece y es ahora cuando vuelvo, con temor, a observar a Darien. Su mirada no ha cambiado en lo absoluto y me duele, duele más de lo que imaginé.

—Pasa —me dice con seca voz.

—Pensé que te quedarías aquí afuera conmigo.

—Ahora que lo pienso mejor no quiero que algún vecino salga y nos vea juntos, por eso te lo pido.

Sin tener oportunidad de responder ante tan ácido comentario, él ingresa al departamento dejando la puerta abierta tras su paso. Ofendida y consternada lo sigo.

—Cierra bien, por favor.

—Lo hice —anuncio—, ¿quieres que ponga seguro?

—No hace falta. Siéntate si quieres —contesta, apuntándome el sofá que está situado frente al que él elige para acomodarse.

—Gracias, supongo…

Deslizo mi falda por debajo de mis piernas y tomo asiento lentamente. Reajusto mi pañuelo y desato un poco el nudo puesto que un súbito calor me invade desde el cuello hacia el rostro. Exhalo largamente tras hacerlo y relamo mis labios, sin saber qué decir a continuación.

El silencio se hace intolerable y es Darien quien lo rompe.

—Te escucho.

—Yo… quise venir a desearte un muy feliz cumpleaños. En cuanto desperté me acordé de ti y antes de corroborarlo supe que se trataba de tu día especial.

—Gracias.

Frivolidad pura.

—Junto con decirte esto debo confesar que mi primer pensamiento fue solo recordarte e intenté concentrarme en otras cosas, pero el sonido de mi violín impidió sacarte de mi cabeza. Hoy he tocado las melodías más tristes en mucho tiempo.

—¿Algo más? —prosigue, tosco.

—¿Debes comportarte así? ¿No podemos hablar de otra manera? No hace falta que te defiendas tanto —puntualizo conmovida por el pesar que su trato me provoca.

—Es solo que no entiendo por qué creíste oportuno venir hasta acá, verme y decirme estas cosas —explica a más detalle aunque no por eso, más accesible.

—Incluso sin que lo comprendas, me duele que me hables como si fuera una desconocida o peor, una enemiga —digo sin ocultar ya mi tristeza.

—Michiru… ¿sabes lo que hubiera pasado si mi novia hubiera estado aquí, no es verdad? Me habrías causado un gran problema con ella y temo que parte de tu motivación para venir fue justamente provocar eso.

—¡Te prometo que no es así! Aunque entiendo, tal vez lo que primero debí hacer fue llamarte, avisarte que vendría y…

—No, no tendrías por qué haber venido en primer lugar. No te hace bien, tampoco a mí y a nadie.

—Y aun así me dejaste entrar. Creo que de algún modo igualmente no te desagrada tanto mi presencia —jugada audaz, pero debo aprovecharla.

—Eso es porque antes que todo soy un caballero y por mucho que sí, me desagrade verte, no iba a cerrarte la puerta en la cara aunque tal vez debí hacerlo.

—Cuánto has cambiado, Darien… y lamentablemente no para bien —digo a regañadientes al sentir mi pena convertida en rabia.

—¿Algún otro comentario?

—Sí, luces espantoso. Te recordaba como a alguien que procuraba cuidar su imagen personal y que sin embargo hoy luce desordenado. Tu ropa está arrugada y tu rostro luce marchito.

—Te lo concedo —responde tras una larga pausa. Una sonrisa le ha adornado los labios—. No tuve mucho tiempo para arreglarme mejor y sí, mi ropa está arrugada por motivos que no te competen. Ahora bien, sobre mi rostro, no sé si la definición sea marchito, más bien diría trasnochado y eso también se debe a algo que no es de tu incumbencia.

—¿Acaso tu novia te dio un regalito de cumpleaños?

—Ya que prestas tanta atención hacia los rostros ajenos te sugiero atender el propio. Se te acaba de desfigurar —contesta y sí, sigue sonriendo.

—Pues también te lo concedo. Sí, se me acaba de desfigurar y eso es por tu desfachatez, por hablarme de esa forma cuando solamente pudiste decir que pasaste la noche con ella. El resto se explica por sí solo.

—¡Pero qué es esto! —satiriza entre risas y ademanes innecesarios—. ¿Me reclamas como si te hubiera faltado el respeto?, ¿Cómo si fueras mi pareja y te debiese algún tipo de explicación o fidelidad? Por favor, Michiru, no puedes tener ese nivel de descaro.

—Lo que hagas o dejes de hacer no es lo que me ofende, reitero que es tu conducta y manera de hablar lo que sí. Tu capacidad de entendimiento se ha estropeado bastante.

—¿Sabes? Creo que fue suficiente. Ahí está la salida, hazme el favor de cerrar bien la puerta y…

—No, todavía no me iré.

—Debes estar jodiéndome…

Quedando boquiabierta ante tan inapropiado lenguaje, veo a Darien ponerse de pie e ir hacia la cocina. Enciende la cafetera y, por supuesto, no es capaz de ofrecerme una taza de café, agua, ni nada. Tampoco se la pediré pues no necesito ni merezco salir todavía más humillada de aquí.

—Ya me saludaste y si no te quieres ir aún es porque quieres saber cosas. Si eso es lo que basta para que me dejes en paz, te responderé lo que quieras preguntar. Adelante —dice de un instante a otro y sin mirar. Su atención sigue estando en lo que comprende la preparación de su bebida.

—¿Estuviste con ella? —la pregunta ha saltado de mi boca de manera innata. Rápidamente me arrepiento por tal arrebato.

—Dijiste que habían cosas que se explicaban por sí solas —contesta Darien, todavía dándome la espalda.

—Olvídalo entonces —añado, aunque tardíamente.

—Para que no te quepan dudas pues sí, estuve con mi novia, pasé la noche con ella de la forma en que ambos quisimos. Y si con esto no queda claro pues te digo explícitamente: intimé con mi pareja, ¿contenta?, ¿eso querías escuchar?

Claro, para decirme eso sí que voltea…

—Ha de haber sido la primera vez si haces tanto alarde sobre ello, eso o hizo quizás qué cosas para buscar tu aprobación —satirizo.

—La primera, la décima, la milésima o la que sea, eso sí es algo que a ti no debiera importarte, tampoco lo otro, por cierto.

—Bueno, no me extrañaría que fuera la milésima pues si alguien puede tener tan poco amor propio como para meterse con Seiya Kou, no sería particularmente raro que se te entregase de inmediato y que lo de anoche fuera solo una más de tantas.

—Otras personas tienen tan poco amor propio que engañan a sus parejas y después no saben qué hacer con sus vidas porque le es más fácil renegar en vez de aceptar, ¿no te parece?

—Te habías demorado en sacarme eso en cara.

—Es solo una respuesta acorde a la inmensa idiotez que acabas de decir pero no te juzgo, no tienes idea sobre quién es Serena y por eso tu percepción sobre ella es solo lo que tu ego herido necesita proyectar.

—¿Ego herido has dicho? —ironizo, imitando su cínica sonrisa.

—Dime qué es si no, porque no veo otra explicación que justifique todo lo que estás haciendo en este momento. De partida, no puedo comenzar a explicarte lo patético que es mencionar la relación pasada de mi pareja. Cómo se nota que estás muy preocupada de su vida, escudriñando por donde puedas con tal de hacer daño.

No puede ser, no puedo dejarme vencer por este bajo instinto, este que detesto verlo tanto en mí como en los demás. Odio las escenas y también que sea yo quien la está haciendo precisamente en esta ocasión. Esta no soy yo, no funciono así pero ver a Darien tan entregado a otra me provoca esta innegable sensación de ira y frustración. Quizás sí sea ego herido, y cómo no si me va quedando claro que mi lugar ha sido ocupado por una mujer tan distinta a mí.

No es prudente seguir llevando este ritmo de conversación, por ende me intento calmar, respiro hondamente mientras cierro los ojos y lucho por reorganizar mis ideas. Finalmente no he venido hasta aquí para comportarme como una niñita con ataque de celos.

—Lamentablemente la situación me supera, Darien. No puedo aceptar la idea de que no estemos juntos, esa es la verdad. No es algo personal con tu novia, creo que este arranque lo tendría de igual manera si estuvieras con cualquier otra mujer, cualquiera que no sea yo —me sincero tras haber guardado silencio por un plazo razonable.

La expresión facial en Darien no cambia demasiado, pero sí lo suficiente como para saber que al menos estas palabras las atiende con mejor disposición. No olvido el detalle de sus gestos, de cuando sus ojos se tornan nobles nuevamente, cuando su ceño de frunce con particularidad al analizar ciertas cosas con más detenimiento o cómo su boca se entreabre levemente antes de morder su labio inferior para después hablar.

Lo hace.

—Quieras o no, debes hacerte la idea de que estoy con alguien más —sentencia.

Enredo mis manos en el pañuelo que recae sobre mi pecho. Los pasos de Darien se escuchan cercanos y le observo de reojo. En su mano trae una taza de café y la deja con suavidad sobre la mesa de centro que nos separa para después mirarme detenidamente.

El nerviosismo otra vez me golpea hondamente.

—¿Fue así de sencillo para ti? —inquiero, temiendo por la posible respuesta.

—Nunca dije que lo fuera y creo que eso lo sabes muy bien —contesta él, más calmado.

—¿Te hice tanto daño? —prosigo, lamentando desde ya lo que escucharé, sea lo que sea.

—Más del que creí poder tolerar —revela—. Nunca pensé que fallarías de la manera en que lo hiciste, que no pensaras en las consecuencias que traería tu actuar para mí tanto como para ti. Imaginé que realmente me querías, que apreciabas lo nuestro y terminaste demostrando lo contrario.

—Estar aquí a sabiendas de que no soy bienvenida y de que estás con alguien más puede estar diciendo lo opuesto a lo que piensas. No todo se dice explícitamente puesto que los gestos a veces explican más que las palabras.

—Sigo pensando que no es el cariño lo que te mueve sino que es la soledad y el sentirte ofendida al descubrir que no solo tú podías hacerme feliz alguna vez.

—Te equivocas.

—No creo lo mismo.

Mi voz se vuelve nostálgica mientras que la de él evidencia rencor. No hay una gota de dulzor en la suya, ningún indicio de tregua y menos de reconciliación.

Debí esperarlo…

—Comienzo a sospechar que nunca serás capaz de perdonarme, que siempre te haré daño, que mi recuerdo te es destructivo y por ello has olvidado todo lo bueno que alguna vez te di.

—Lamento decirte esto, pero el que pienses que sigues siendo un factor esencial en mi vida dice que no has cambiado demasiado —desata velozmente, sorprendiéndome por completo—. Hace mucho que mi mundo no depende de ti.

—Pero sí de alguien más.

—Sí, de Serena —dice con férrea convicción.

—Entonces eso me dice que tú tampoco has cambiado.

Quien se sorprende por lo escuchado ahora es él. Si esta es la hora de sincerarnos, que así sea.

El húmedo vapor del café revolotea sobre sus labios. No es capaz de beber un sorbo aún. Lo he inquietado.

—¿Estoy equivocada?

Su silencio dice lo que él opta por omitir.

Lo conozco como a la palma de mi mano y eso es algo que Darien no puede negar.

Estoy consciente de mis equivocaciones y he llevado a cuestas el gran peso que sus consecuencias significa, pero si estas le resultan a él todavía más dolorosas se debe exclusivamente a su forma de ser. Darien es como un niño, uno muy vulnerable y rápidamente busca cobijo en alguien más pues no es capaz de soportar la soledad por mucho tiempo. Muy en el fondo sospecho que ese fue el factor principal que lo condujo a establecer otra relación romántica rápidamente tras el fin de la nuestra. Y debe saber que si llego a tener razón, en algún momento terminará solo otra vez.

—La historia no se repetirá. No dejaré que eso pase —dictamina con seriedad en su voz y mirada, como si estuviera retándose a sí mismo y demostrándome lo equivocada que supuestamente estoy.

—Hay quienes podemos modificar nuestra esencia o bien ocultarla, pero tú no, Darien. Tu alma y sentimientos son delicados y transparentes. Tu vida está destinada a cierto orden pues nunca serás capaz de cambiar lo que eres. Eso no es malo, debes entenderlo en algún momento y cuando lo aceptes verás la realidad de tu presente.

—Crees que lo sabes todo… —bufa molesto e intranquilo.

—Aunque te deje un sabor agrio en los labios y también en la consciencia, tienes claro que conozco cada parte de la luz y las sombras que te hacen ser quien eres.

—¿Piensas que me conoces solo por todos los años que pasamos juntos? —cuestiona feroz.

—En parte, pero creo que mayoritariamente es por cada experiencia que compartimos —contesto con plena sinceridad.

—Pues bien, esa misma cantidad de experiencias y si es que no más, son las que tengo con mi actual pareja. El tiempo que llevamos no define la profundidad de nuestra relación como así tampoco dictamina la manera en que la manejamos. Realmente no tienes idea de cómo he crecido junto a ella ni cómo ha podido renovar o crear nuevas cosas en mí.

—Te oyes muy seguro.

—Es porque lo estoy.

—¿Tan especial es esa niña para ti?

—Lo es todo.

Duele…

De mi pecho huye el más tormentoso suspiro. Me he quebrado. Incluso estando tan cerca de Darien, nunca antes lo había sentido tan lejano.

No puedo continuar negándome ante esta nueva verdad, pero tampoco puedo dejar atrás todo lo que conozco de él, todo lo que mi corazón le añora, todo lo que siento al ver sus ojos penetrando los míos…

—¿Y qué soy yo ahora para ti? —me atrevo a preguntar.

Sé que puedo resultar aún más lastimada.

—Tú eres…

—¿Sí?

—Solo eres Michiru, alguien que estuvo conmigo en algún momento y ahora no.

—¿Quizás soy un recuerdo? —vuelvo a inquirir, a insistir…

—Ya no te pienso como antes.

—¿Un fantasma entonces?

—Ellos te asustan por las noches y en las mías ya no hay temor, solo anhelos y caricias, sonrisas y besos que llevo conmigo siempre.

No soportaré más. Ha sido suficiente.

Me pongo de pie y estiro mis prendas en caso de que estas se hayan arrugado más de lo que me resulte cómodo. Anudo el pañuelo de seda que cubre mi cuello e inicio mi retirada, no sin antes mirarlo a él, a mi pasado y futuro, despidiéndome con una premonición hecha promesa.

—Realmente deseo que seas feliz, Darien. Serena es tu presente y quiero que disfrutes a su lado antes de que todo caiga por su propio peso. Cuando eso ocurra yo estaré ahí, dispuesta a retomar lo que juramos. Ese es nuestro destino. Algún día lo comprenderás.

—Nunca retomaremos nada, eso dalo por hecho.

—Es muy osado pronunciar la palabra "nunca" —le indico sin poder disimular una sonrisa.

—Osado y lamentable es aferrarte a algo que jamás pasará. No te vayas de aquí creyendo que todo esto es solo una pausa entre los dos, que algún día volverás a tenerme a tus pies.

—El tiempo dirá.

Cruzo el umbral sin dar cabida a más excusas o explicaciones. No hacen falta.

En algún momento nuestro pasado será más fuerte que sus ilusiones momentáneas y su enamoramiento fugaz. Se cumplirá, lo sé bien.

No será mañana ni pasado, ni siquiera este mismo año o en los más cercanos que vendrán, pero cuando menos lo espere llegará el día tan deseado, ese que nos permitirá vivir la historia que escribimos con nuestras almas, la historia que por siempre nos pertenecerá solo a los dos.

*´¨)

(¸.•´ (¸.•` ¤

POV Darien

Si tan solo por un momento pudiera desconectar mi consciencia, gustoso lo haría. Ya estoy cansado de escuchar repetidamente los ecos de su voz, sus burlescas sentencias e insolentes augurios.

¿Con qué derecho creyó justo importunarme de esta manera?

Sostenido aquí en la barra mientras espero el licor que pedí, analizo qué diablos fue lo que pasó hoy con Michiru. Detesto estar haciéndolo pero por más que trato de suprimir todo lo que hablamos, continúo repasándolo de inicio a fin.

Molesto, es así como me siento. Profundamente molesto, sin más.

Sé que parte de mi mal humor se centra en que no he podido desahogarme lo necesario. Después de que mi ex al fin se fue del departamento, llamé por teléfono a Andrew y le pedí discreción al respecto. Por suerte él todavía no se encontraba con Lita así que prometió no decir algo. Lo que menos necesito es hacer de todo esto un gran problema y menos un chisme. Debo decir que también me siento culpable, incluso descarado, por no haberle comentado esto a Serena, sin embargo creo que eso puedo considerarlo el mal menor puesto que de haberle dicho algo, probablemente terminaría arruinando todo lo que hoy teníamos programado.

—Aquí está su whiskey, señor. Que lo disfrute.

—¿Eh? ¡Ah sí, cierto! Gracias…

Recibo el vaso y volteo lentamente para volver a enfrentarme con lo que pasa en este segundo: mi celebración de cumpleaños. Busco a mi novia sin mayor demora y al menos me alivia verla junto a Hotaru, pues esta, prendada de ella, la luce cual trofeo ante nuestra familia. Me da gusto por las dos y especialmente por mi rubio torbellino, pues la noto cómoda al lado de mi hermana, como si fueran amigas de antaño, siendo esto, por cierto, algo que jamás observé entre ella y Michiru.

Michiru otra vez…

Un buen sorbo de licor es lo que necesito.

Lo bebo y arde, pero al menos aplaca un poco esta incómoda sensación que llevo en el estómago.

Detesto que todo haya sucedido justo hoy, justo en mi cumpleaños, precisamente en el día en que Serena y yo al fin nos permitimos estar juntos.

Maldita sea la ironía del destino.

No sé qué debo hacer y eso me desconcierta. No he podido disfrutar de esta velada como se debe.

—¿Qué dijo, señorita?

¿Ah?

—Dije que cuál es el licor más fino que tienes pues ese quiero porque… es barra libre, ¿no?

—Lo es, pero…

—Entonces sí, dame el mejor que tengas y no escatimes en cantidad. Me veré pequeña y todo lo que quieras, pero mi tolerancia al alcohol es muy alta así que adelante, con confianza.

—Está bien, creo…

Debí suponer que algo así pasaría. Serena no estaba equivocada.

—Hola, Mina —le saludo.

—¡Darien! Apenas y te vi. Pensé que estabas en el baño o en cualquier otro lugar —anuncia ella, evidentemente sorprendida.

—Pues heme aquí —respondo, intentando bromear.

—¿Escuchaste lo que dije? Perdón por mi escasa, o bien nula, timidez, pero ocasiones como estas no abundan en mi vida social así que creí que sería la oportunidad ideal como para poder beber algo muy decente, para variar, digo yo.

—No te preocupes. Yo también estoy aprovechando pues mi presupuesto actual no me permite comprar licor de primera.

—Pues según veo algún día tendrás dinero para despilfarrar porque tus padres parecen tener un bolsillo muy acomodado y algún día morirán… ¡no, no quise decir eso! ¡ay!, omíteme si quieres, creo que ya estoy un poco ebria.

Su comentario, por poco prudente que fuera, me cayó en gracia así que no pude evitar reír, eso provoca que el notorio sonrojo en Mina disminuya y se una a las risas. Poco después ella recibe el mismo licor que yo y se mantiene a mi lado, pudiendo sentir su mirada detenida en mí.

—No te veo precisamente feliz, ¿acaso no te gusta estar rodeado por tanta gente? —pregunta.

—No, no se trata de eso —comento tras sorber algo más de whiskey.

—¿Es por el lugar entonces? Porque permíteme decir que no cualquiera tiene la oportunidad de celebrar su cumpleaños en un salón tan elegante del four seasons. Este lugar es fantástico por donde se le mire y de solo estar aquí me siento parte de la familia real de… ¿qué países tienen todavía reinado además del nuestro?, aunque bueno, para el ejemplo da lo mismo porque se entiende lo que quise decir, ¿se entendió o no?, si no entendiste no te preocupes porque ni yo misma me entendí pero bueno, lo que te decía era… ¿qué fue lo que te dije al principio?

—Que si se trataba del lugar —contesto echándome a reír otra vez de buena gana.

A esto me refiero con que Serena tenía razón… Mina es muy agradable, espontánea y por qué no decirlo, un tanto demente.

—¿Entonces es eso? —vuelve a inquirir.

—Tampoco —esclarezco—. Es por otra cosa pero no tiene mayor importancia. Mejor cuéntame si te has divertido.

—No te diré que estoy aburrida pero siento que algo le falta a esto… no te ofendas, pero tanta música clásica termina por saturarme y mi cuerpo comienza a exigir algo para bailar.

—Bueno, aunque hubiese música bailable no creo que te gustaría terminar compartiendo una pieza con alguno de mis tíos o algún amigo de mis padres —comento entre risas.

—No me molestaría, pero la mayoría de la gente ya cruzó la edad en que una los puede catalogar como "gente vintage" así que paso. Algo de filtro tengo aunque no sé si podré decir lo mismo tras dos o tres copitas más.

Mantengo la risa y Mina las comparte conmigo, sin embargo percibo algo extraño en ella y comienzo a incomodarme.

Qué hacer, qué decir o mejor dicho, qué esperar…

—¿Ya viste mi regalo? —pregunta de un segundo a otro.

—La verdad es que no. Los abriré en casa, me resulta más conveniente.

—Ah… eso es por si alguno no te gusta.

—Nada de eso —explico rápidamente—. Lo hago así por Hotaru pues ella no escatima en evidencia cuando se trata de eso. Si algo le parece "poco digno" a su ver, lo dejará en claro y prefiero ahorrar esa incomodidad a los presentes.

—Veo que tu hermana es bastante distinta a ti. Me simpatiza y ojo, con esto no estoy diciendo que tú me caigas mal. Digamos que los dos tienen su encanto, ella es clara para decir qué le molesta y lo que no, mientras que tú prefieres omitirlo por un bien mayor.

—Pues que observadora eres, Mina —le contesto mientras asiento, sorprendido.

—Sí, soy como una especie de bruja en el grupo que tenemos. Y por ser la bruja te diré que es mejor que ya vayas deshaciéndote de lo que ocultas porque sí, algo te traes calladito.

Eh… ¿eh? Bueno, tiene razón pero…

—¿Por qué dices eso? —evadir, evadir…

—Porque la cara que traías hoy en la mañana no es ni parecida a la que andas trayendo ahora. Si estoy equivocada culpemos al licor y si estoy en lo cierto agradezcamos a mis dotes de clarividencia.

—Es solo que… Mina, ¿puedo confiar en ti?

—¡Por supuesto! Eres el novio de una de mis mejores amigas, una que es como una hermana para mí así que tú pasas a ser lo mismo, o sea no una hermana sino que un hermano, bueno, es lo mismo solo que con una diferencia que es obvia, la hermana tiene cosas que un hermano no y… ¡aish! Sí, puedes confiar en mí.

—Pero esto es en serio, ¿está bien? —le susurro mientras observo el entorno y así saber que mis palabras no serán escuchadas por alguien más—. Lo que pasa es que… hoy recibí un saludo que no esperé, que no me dejó bien porque más que saludo fue otra cosa.

—¿De tu ex?

¡Bingo!

¿Tan rápido lo supo adivinar? Parece que comenzaré a dar validez a eso de que es algo bruja para sus asuntos…

—Pues sí… —confieso, algo avergonzado.

—A ver… y te fue con el cuentito de "oh, todo el día pensé en ti y por eso no pude evitar saludarte, discúlpame, no quise molestar, pero era tan importante hablarte hoy que no pude evitarlo" ¿algo así?

—¡Exacto! —exclamo más fuerte de lo que me hubiese agradado.

—Pues eso sale escrito en la primera página del libro de manipulación de las ex.

—¿Tú crees? —pregunto genuinamente intrigado.

—No lo creo, lo sé que es distinto —resuelve con presunción.

—Entonces sí fue lo que sospechaba… —comento a baja voz.

—¿Y es por eso que te sientes mal? —consulta.

—No precisamente, más bien me siento mal por no decírselo a Serena. No sé si estoy haciendo lo correcto, pero sospecho que de habérselo dicho antes de venir para acá se habría molestado y quizás no estaría aquí, lo cual hubiera hecho de este día un completo desastre.

—¿Solo por eso? —interroga.

—¿Qué estás insinuando? —cuestiono, ligeramente ofendido.

—No me malentiendas, pero se me hace que alguien como tú también se siente mal por lo que escuchó de su ex. Eres un chico bueno, Darien, y generalmente los chicos buenos son algo tontitos para estos asuntos. Sin ofender.

—Bueno, para qué te voy a mentir… tienes razón —resuelvo sin tener oportunidad de negar la validez de sus declaraciones.

—Mira Darien, te voy a explicar un par de cosas —anuncia con gran efusividad y seguridad, la cual también se traduce a su postura. Deja reposar su espalda en la esquina de la barra y continúa—. Hay mujeres que tienen la capacidad de meterse en las mentes de sus ex parejas y se me hace que Michiru es una de esas. No es tu culpa pues son pocos quienes se resisten al arte de la manipulación bien planificada. Lo que sí sería tu culpa es que sabiéndolo sigas dándole validez a lo que sea que te haya dicho. Puedes pecar una vez de inocente pero la siguiente es de idiota. Nuevamente, sin ofender.

—No, no me ofendes —bueno, un poco, pero para qué se lo voy a decir…

—Lo más seguro es que Michiru haya dicho que tu relación va a fracasar y que cuando eso ocurra ella retomará el lugar que quede disponible. Eso se dice en caso de que efectivamente la amenaza salga cierta y así creas que, primero, realmente te tiene en la palma de su mano, y segundo, para que jures que entonces ustedes están destinados a terminar juntos.

—Sí, me hace sentido —y vaya que sí, porque fue justamente lo que Michiru insinuó.

—Pues es mera manipulación, te reitero. Tu ex está en la posición donde puede ocupar todo el pasado de ustedes en su favor, diciendo que eso es mucho más de lo que tienes con tu actual pareja. Apelar a la nostalgia es muy efectivo en algunos casos.

—Disculpa la pregunta pero… ¿alguna vez lo has hecho?, ¿te ha funcionado? pues te escucho muy segura.

—No, pero hubo una ocasión en que un chico realmente me gustaba y el muy tarado terminó haciéndole caso a su ex bajo un pretexto parecido al que te estoy diciendo. Fue una lástima pero él dejó que los recuerdos con esa tipa fueran más importante que el presente que teníamos en ese instante.

—No quise ser grosero, perdón —digo tras ver que su fresca expresión fue opacada por una de ligera tristeza.

—Tranquilo, no eres el primero que imagina que soy lo peor del mundo.

—¡No, para nada! Muy por el contrario pues realmente te considero una buena chica. No te hubiera contado todo esto si no lo creyera. De verdad lamento si te sentiste insultada.

—¡No digas tonterías! —grita a la par en que me pega una gigantesca palmada en la espalda—, no me enojo fácilmente ni me ofendo por comentarios así y menos si provienen de gente amable como tú, gente que no sabe hacer daño, personas que no son malas.

—Pues te agradezco tan linda visión que tienes sobre mí —aprovecho de comentar.

—Es la verdad y nada más —añade mientras me sonríe—. He tenido la oportunidad de conocer a muchos hombres y no solamente porque tenga algo con ellos, sino que en el mismo ambiente en que me desenvuelvo hay de todo así que sé distinguir entre las buenas y malas personas. Hoy por hoy me ha tocado lidiar con hombres más malos que buenos pero en fin.

—Ojalá algún día encuentres a alguien que aprecie esa sabiduría tan tuya, Mina. Nos conocemos hace meses pero esta es la primera vez que tenemos una conversación más larga y realmente lo aprecio. Me va quedando claro por qué Serena te quiere de la manera en que lo hace.

—¿Cierto que soy un amor? Por cierto, querido bartender, sea tan amable de llenar esta copita con algo más de licor, pero llenar, ojo con eso, porque lo que me sirvió recién parecía una muestra gratis —dice a la par en que voltea y menea el vaso frente a la cara del chico que la atiende, el cual solo le sonríe antes de acceder a su petición.

—Me has dejado mucho más tranquilo tras esta charla y te lo agradezco.

—Queda algo pendiente, Darien, así que no huyas de aquí.

—No pretendía hacerlo —comento nuevamente entre risas. Espero que Mina reciba su nueva copa de whiskey para seguir escuchándola.

—Como me caes bien y ya me entró lo simpática gracias a este brebaje de los dioses, te haré un favor al decir algo muy importante.

—¿Cuál sería?

—Cuéntale a mi amiga la verdad, Serena prefiere eso en vez de que le oculten las cosas. Ella decide si le duelen o no y detesta que alguien más se tome la atribución de elegir en su nombre. Además te comentaré que tiene un don, o bien maldición, para terminar enterándose de todo, así que será mejor que esto con Michiru lo sepa de tu boca y no de la de alguien más.

—Es muy sensato lo que dices pero, ¿en qué momento podría decírselo? No creo que este momento sea una buena oportunidad, no ahora que se siente a gusto con mi familia, que está disfrutando con sus amigas, que conoce a mis parientes, no tras haber estado juntos por primera vez hace solo cosas de horas y… bueno, creo que me doy a entender.

—Eres tan romántico que llegué a vomitar un poco, ¿de verdad te fijas tanto en eso? —pregunta con un aire divertido y sarcástico a la vez.

—¿Y cómo no? Imagínate, algo sumamente importante entre nosotros acabó por ocurrir, obviamente tengo miedo de estropearlo y que termine haciéndole creer que meterse conmigo fue un error.

—Pues es lindo que tengas en consideración todo eso pero parece que no escuchaste lo que acabo de decir. Si esperas y Serena se entera por otro lado, créeme, la hará enfurecer y te mandará al demonio, en cambio, si le cuentas, sabrá que puede seguir confiando en ti. Serena es de esas personas que aprecian la sinceridad con todo lo que eso conlleva. A la pobre le han mentido tanto en la vida que por incómoda que sea la verdad, prefiere eso.

—Sí, ni cómo negarte ese punto —afirmo antes de dar un nuevo sorbo a mi vaso.

—Mira, pretendía llevarme a esta mujer a mi casa después de esta fiesta, ya sabes, para que me terminara de contar con detalle lo que pasó entre ustedes y…

—¿Detalle?—pregunto, sintiendo mi privacidad ligeramente invadida.

—Sí, con muchos detalles, y no te hagas el inocente pues los hombres tampoco los restringen cuando relatan sus aventuras, así que vete haciendo la idea.

—Está bien, no discutiré ni reclamaré más. Sigue, por favor —resuelvo mientras niego con simpatía.

—En fin, decía que ese era el panorama a seguir según yo, pero considerando lo que pasó con tu ex propongo un cambio de planes. Vamos a un bar, no uno con karaoke porque Serena los odia, te aviso. Pasémoslo bien todos juntos y alarguemos la celebración de tu cumpleaños, así ambos se relajan, salen de la formalidad de esta reunión y cuando sea prudente, te la llevas a su casa. Ahí es cuando debes contarle lo que pasó con Michiru y le explicas por qué esperaste hasta ese instante para decírselo. Si te va mal te va a decir que no la llames en un mes pero si te va bien, te invitará a pasar y no saldrás hasta el amanecer.

—Suena bien pero tal vez Ikuko estará ahí así que…

—Nah, esa señora dice una cosa pero hace otra. Igual y por si las dudas le mandaré un mensaje diciéndole que las chicas y yo estaremos en su casa junto a Serena, así se sentirá con la libertad de dejarnos solas.

—¿No crees que eso vaya a molestarle? —inquiero, preocupado.

—¿A Serena?

—Sí —aclaro.

—Mira cuñadito… a todo esto, ¿me dejas decirte cuñado?

—Por supuesto —respondo de inmediato al sentir agrado por lo que me preguntó.

—Muy bien, entonces como te decía, cuñadito —recalca junto a un guiño amistoso—, a ella no le molestará. Siempre hemos hecho cuartadas que nos favorezcan como grupo así que cuando estemos en el bar le diré mi idea. No le desagradará en lo absoluto, al contrario, es muy probable que termine amándome todavía más.

—Espero que tengas razón.

—¿Sabes, Darien? Deberías comenzar a confiar más en mí. No sé por qué, pero siempre he creído que soy algo así como una guardiana del amor, estas cosas se me dan bien y rara vez le fallo a algo, claro, cuando se trata de alguien más excepto de mí —aprovecha de bromear, luego prosigue—. Mis planes suelen ser exitosos y conozco cómo hacer feliz a mi amiga, así que no se diga más, ya sabes qué hacer y yo también, ¿estamos de acuerdo?

—¡De acuerdo! —contesto, con optimismo renovado.

—Muy bien. Si todo sale como planeo me tendrás que agradecer una muy grata noche con Serena. Lo mínimo es que le pongan mi nombre a su primera hija o bueno, si tienen un niño pónganle Mino, pero no sé… ¿Mino Chiba? ¿Mino Tsukino? No, mejor a la niña, ¿te parece?

¿Hijos? Aunque sea una broma el que mencionara la posibilidad, se me hace lindo…

—Lo tendré en cuenta —respondo con, vaya… algo de, ¿ilusión?

—¡Listo! Ahora mismo voy y les digo a los chicos dónde iremos a parar más tarde. ¡Nos vemos después!

Sin tener oportunidad siquiera de agradecerle otra vez, Mina se retira del lugar con desmesurada rapidez. Vaya, qué energía tiene esta chica…

Vuelvo a la barra y quien la atiende me sonríe mientras limpia unas copas. Es una suerte que no nos conozcamos porque, cosa que recién voy considerando, acabó escuchando todo lo que Mina y yo charlamos en, lo que creímos, privacidad.

Le devuelvo la sonrisa a este hombre y dejo mi vaso vacío sobre el mármol.

—¿Una más? —pregunta.

—No, por ahora es suficiente. Te agradecería un poco de agua mineral.

—No hay problema —responde él, servicial y ameno.

Mis dedos golpean la superficie de la barra mientras espero recibir lo que he pedido. Velozmente el chico, que veo más o menos de mi misma edad, me lo entrega. Se lo agradezco y antes de poder irme, percibo una intención de diálogo proveniente de él.

—Suena a un buen plan, ¿sabe? —comenta.

—Esperemos que así sea —le contesto, sin entrar en mayores detalles.

—Parece que esa muchacha realmente lo quiere ayudar. Se ve buena gente. Ojalá salga todo bien —añade cordial.

—Eres muy amable —le correspondo.

—No es nada. Tenga un muy feliz cumpleaños.

—Muchísimas gracias.

Con vaso en mano me alejo de la barra, busco a mi novia y la veo hablando con Mina tal y como era esperable. Las veo asentir y sonreír, supongo que la idea de esta "guardiana del amor" ha tenido buena acogida por parte de Serena. Solo espero que no se equivoque y que de llegar a tener la valentía de confesar todo, no tenga un problema todavía mayor.

Por ahora resta seguir disfrutando de esta velada y que más tarde ocurra lo que el destino quiera o bien, lo que la reacción de mi novia permita.


*´¨)

(¸.•´ (¸.•` ¤

¿Qué les pareció?

*u*

Como anuncié en Facebook, este capítulo fue extra largo x'D (más de 10.000 palabras) y espero que haya sido del agrado de todos ustedes. Últimamente no puedo dar un capítulo por terminado sin antes pasar por varios estados como pasó con este, es decir (según yo) hay romanticismo, humor, tensión, intriga y shalalá. Ojalá piensen lo mismo :D

Espero que pudieran apreciar el "después de" entre Darien y Serena. La verdad es que barajé muchas ideas pero opté por la que publiqué ya que quería centrarme más bien en el asunto de Michiru y en las consecuencias. Por cierto, ¿qué opinan de eso? Me interesa mucho saber sus pensamientos al respecto *0*

El otro punto que me agradó de este capítulo (sé que nadie me ha preguntado pero déjenme ser xD ya que no solo disfruto escribiendo este fic sino que también leyéndolo) fue la conversación entre Mina y Darien. Me gusta demasiado la evolución de este personaje tan querido y me fascina poder darle más protagonismo a esta altura del fic. A mi parecer es uno de los personajes más completos después de Lita, Andrew, Serena y Darien. Amo su picardía, su actuar sin tapujos pero también disfruto su buena voluntad y sabiduría. Ella siempre intenta hacer lo mejor por los demás incluso cuando personalmente no se encuentre del todo bien. Es definitivamente una gran amiga y por eso pretendo incluirla más en la historia.

Hablando de personajes… ¿será posible que haya agregado uno más?, ¿alguien tiene sospechas al respecto y se aventuraría a dar un nombre?

¡Chan chan chaaan!

Cuando se descubra explícitamente, deseo con todo el corazón que les guste la idea. A mí me tiene muy entusiasmada así que haré lo mejor posible al respecto.

Por ahora es todo lo que añadiré por acá. La temática del próximo capítulo está bastante clara aunque, no prometo nada pero trataré, incluiré algunas otras cosillas por ahí. Solo diré que algo "Eternal Eternity" se me cruzó por la cabeza :P

Muchísimas gracias por su lectura y paciencia, como siempre. En este minuto se me complica mucho responder reviews ya que mi internet está malo y estoy abusando secretamente de la señal wi-fi de otra persona mientras no se dé cuenta x'D pero les digo que leí cada letrita atentamente y adoré sus opiniones. Me alegra muchísimo que disfrutaran el lemon, ese laaargo lemon, después de tanta espera.

¡No olviden comentar qué les pareció esta entrega!

El sueldo del fanficker es el review. Sean amables y déjenme sus palabritas, ¡digan no al salario mínimo! Jajaja

Un beso y un abrazo para cada uno de ustedes.

¡Nunca dejemos de soñar!

¡Nos leemos, sayo!

Usagi Brouillard.-

*´¨)

(¸.•´ (¸.•` ¤