El día de clases terminó en un parpadeo. Había sido una jornada muy tranquila, sin nada bueno o malo que contar, al menos hasta ese momento, pues dentro de aproximadamente una hora iba a ser el esperado partido de soccer entre la Academia Othori y la Secundaria Shiko, otra escuela de la misma ciudad, pero claro, no tan grande y popular como la primera, la cual siempre ganaba prácticamente cualquier competencia en la que se involucraba, y el soccer no era la excepción. Iba a ser el primer partido, aunque amistoso, previo al torneo de verano, y el primero que Li Shaoran, miembro del Consejo Estudiantil, y estrella del equipo durante el último año de primaria, iba a jugar como alumno de secundaria. Eso provocaba que mucha gente, sobre todo las chicas de Othori, se sintieran emocionadas por este evento.
Nanami y sus amigas tenían pensado asistir. No era que, como el resto de las chicas que asistirían, desearan ver al equipo, y menos al chico extranjero, corriendo de un lado a otro, empujándose, pateando un balón y sudando; al menos Nanami no, mas no podía hablar por sus tres amigas. Ella deseaba más que nada ver que reacción había tenido realmente sobre él su "venganza" del día anterior, y viendo como ésta repercutía en su desempeño en el partido. Esperaba ver, inocentemente, como jugaba distraído, tonto, fallaba y hacia que su equipo perdiera; eso sería más divertido que ver el partido en sí, o al menos eso pensaba ella.
- El partido es en una hora, ¿por qué no vamos a comer algo antes?; tengo hambre. – Sugirió Keiko, mientras las tres caminaban fuera del edificio de los salones de secundaria.
- Podemos comer en el partido, no sean llorona, Keiko. – Le contestó Aiko con un tono burlesco en su voz, algo que no le agradó mucho a la joven de coletas.
- ¡No soy llorona! – Exclamó con fuerza, volteando a ver la pelirroja con molestia.
La hija menor de los Kiryuu caminaba concentrada en sus propios pensamientos, sin poner mucha atención a lo que sus acompañantes platicaban. En su mente seguía repasando paso a paso todo lo que habían hecho el día anterior. Recordaba con orgullo la cara que había puesto Li, y como había gritado así de molesto; nunca lo había visto tan enojado. A su vez, imaginaba que pasaría ese día, y eso la hacía emocionarse aún más. Pero hiciera lo que hiciera, no podría adelantar la hora del partido, así que era mejor que no se precipitara.
- ¿Qué sucede ahí? – Pronunció Yuuko de pronto, y todas se detuvieron, menos Nanami, que estaba tan sumida en su cabeza que tardó algunos segundos en darse cuenta de que las otras se habían detenido y, por esos mismos segundos, que había caminado sola.
Se volteó a verlas por encima de su hombro; Keiko y las otras dos miraban con curiosidad a un tumulto de gente que estaba de pie, alrededor de una cancha de Basquetbol pequeña de una sola canasta que se encontraba en el patio delante del edificio que acababan de dejar. Ese grupo de personas parecía relativamente numeroso y animado, viendo aparentemente un juego que ahí sucedía. ¿Qué juego de básquetbol podía ser tan interesante como para llamar a tanta gente?
- ¿Es ahí? – Escucharon que una voz femenina que pasaba a su lado preguntaba; un par de chicas se dirigían juntas al lugar de la conmoción.
- ¡Sí! – Exclamó entusiasmada la otra mientras avanzaban. Inconscientemente, Nanami y sus amigas comenzaron a ponerle atención a esa conversación ajena. – Dicen que un chico de primaria reto a cinco miembros del equipo a que podía pasarlos y encestar cinco veces antes de quince minutos.
- ¿Cuántos crees que lleve?
- ¡Vayamos a ver! – Y entonces las dos se adelantaron rápidamente al sitio, casi corriendo.
Las tres acompañantes de la chica rubia comenzaron a verse mutuamente con curiosidad. ¿Acaso habían dicho "chico primaria", "cinco miembros del equipo", "pasarlos y encestar cinco veces antes de quince minutos"? Si habían oído bien, de seguro sólo se trataba de algún niño presuntuoso intentando demostrar algo. Nanami no pareció del todo interesada en el asunto, muy diferente a Keiko y las otras que parecían tener curiosidad de saber qué estaba pasando y, en especial, averiguar si era cierta tal afirmación.
- ¿Vamos a ver qué pasa? – Preguntó Keiko sonriendo ampliamente.
- ¿Qué no tenías hambre? – Contestó con sarcasmo Yuuko.
- Eso no importa, la curiosidad me quitó el hambre. ¿Vamos Nanami-san?
Nanami volteó a verlas en cuanto escuchó que mencionaron su nombre. Las miró por un par de segundos y luego volvió de nuevo hacia la cancha. La gente echó un grito de emoción de golpe. Si lo que aquellas dos habían dicho era cierto, esa reacción generalizada podría deberse a que el supuesto retador había encestado; eso fue suficiente para despertar por completo la curiosidad de la Rosa Blanca.
- Qué más da, vayamos a ver si tanto les interesa. – Comentó con completa indiferencia mientras comenzaba a caminar hacia la cancha con sus manos en la cintura, evidentemente intentando disfrazar su propio interés.
La escena en la cancha era tal y como habían oído mencionar. El campo de juego era ocupado por cinco chicos de estatura alta, todos portando el uniforme de la escuela, aunque algunos se habían retirado el saco para mayor comodidad en el juego. Por sus estaturas y complexiones, cualquiera de ellos que dijera que era miembro del equipo de baloncesto, de seguro le creerían, aunque no era seguro que tal afirmación fuera cierta. Los cinco estaban todos debajo de la única canasta de la cancha, respirando con ligera agitación por esos minutos de juego que acababan de tener, mirando con un poco de molestia a su retador que, tal y como decían los rumores, era un muchacho de primaria, de cabellos rubios y cortos, ojos azules, complexión delgada, usando la camisa blanca, un poco abierta, de la escuela, y unos pantalones cortos color blanco. También se le notaba un poco agitado, pero no tanto como sus contrincantes.
En cuanto Nanami y su grupo se sumaron a los espectadores del singular juego, pusieron sus ojos en este chico, quedándose en silencio por largo rato, pues cada una quería estar segura de que realmente era quien creía antes de hacer algún comentario. Al final, fue Yuuko la primera en animarse a decirlo.
- ¡Miren!, ¡es Tsuwabuki! – Exclamó de golpe, totalmente sorprendida al no tener ninguna duda de que se trataba de él.
Al oírla, las otra tres, con Nanami incluida, casi de manera sincronizada voltearon a verla y luego volvieron a mirar al chico en la cancha. En efecto, no había ninguna duda: ese chico era Tsuwabuki Mitsuru. ¿Era quién había retado a cinco miembros del equipo de baloncesto a que podía pasarlos y encestar cinco veces en menos de quince minutos? Esto dejó a todas casi perplejas; no sonaba muy su estilo.
La verdad era que Mitsuru no sólo los había retado: los estaba venciendo. Para ese momento, ya habían pasado alrededor de doce minutos, y había encestado cuatro canastas. Era obvio para el público presente que poco importaba si era capaz o no de encestar la quinta canasta en esos tres minutos que quedaban, pues ya había demostrado de más sus grandiosas habilidades. Sin embargo, para los cinco chicos, supuestamente del equipo, evitar esa quinta canasta era lo único que los separaba de quedar en ridículo frente a todas esas personas, o quedar con un poco de dignidad. Por lo tanto, en esa última jugada estaban dispuestos a todo con tal de que ese niño no encestara, aunque tuvieran que cometer falta apropósito.
Todos guardaron silencio de pronto, mirando fijamente hacia la cancha. El balón estaba en manos del chico rubio; los tres minutos restantes iban a comenzar a contar en el momento en que la jugada comenzará. Los cinco oponentes se colocaron de manera distribuida en la cancha, casi como si quisiera crear un muro entre él y la canasta. Tsuwabuki estaba tranquilo, y eso se reflejaba vívidamente en la expresión de su rostro. Botaba el balón con su mano derecha, sin apartar su mirada de los cinco. Un sexto se encontraba fuera de la cancha con un silbato. Una vez que todos estaban en posición, lo acercó a sus labios lentamente, soplando en él con fuerza; el sonido del silbato fue la señal para el comienzo de la última jugada de ese desafío. Sin espera, Tsuwabuki se lanzó al frente con gran agilidad, tan rápido que salió de la vista de algunos espectadores por casi un segundo. Los cinco chicos se movieron rápidamente, intentando bloquearle su avance, extendiendo sus brazos hacia los costados y moviéndose de un lado a otro para detenerlo. Tsuwabuki sorprendió a todos. A pesar de sus intentos, el muchacho rubio fue capaz de escabullirse entre ellos; cualquier apertura en su defensa, por más pequeña que fuera, era una oportunidad para él, la cual tomaba y avanzaba, pasando a uno y luego al otro, dejando al anterior totalmente perplejo.
En un momento, luego de pasar al quinto de ellos, ya se encontraba justo debajo de la canasta, listo para lanzar. El quinto chico, de cabello muy corto y negro rapado de los lados, no estaba dispuesto a permitírselo, costara lo que costara. Se giró rápidamente hacía él y se le abalanzó, alzando su brazo con fuerza al tiempo que saltaba, listo para bloquear su tiro, y a la vez lo empujaría con fuerza contra el poster. Parecería un accidente, y aunque no fuera así, igualmente lo haría. Sin embargo, las cosas no salieron como él pensó. La preparación de Mitsuru para tirar había sido sólo un engaño. En el momento en el que aquel chico se giró para tapar su tiro, prácticamente al mismo tiempo, bajó sus brazos, se giró con notable sigilo para sacarle la vuelta a su atacante, y colocándose a su franco derecho. Para cuando el defensa colocó sus pies de regreso en el suelo y se dio cuenta de lo que había pasado, Mitsuru ya estaba listo y en posición. Flexionó sus rodillas, se impulsó un poco hacia arriba y alzó sus brazos con rapidez, encestando la quinta y última canasta en el minuto 14 con 5 segundos, ante los ojos atónitos de todos.
Se escucharon algunos gritos de emoción por la proeza, acompañados de algunos aplausos, susurros, e incluso gritos de burla hacia los cinco chicos que habían perdido.
- No sabía que era bueno en Baloncesto. – Murmuró sorprendida Keiko, mirando con sus ojos totalmente abiertos al chico rubio.
- Ni yo. – Agregó Aiko casi de la misma forma. – En verdad es un chico multiusos.
Nanami también se habría sorprendido de ver esa jugada tan ágil e inteligente, pero no se dejaba llevar de más como sus amigas. Para ella, no era tanto que Tsuwabuki fuera bueno o malo en básquetbol. Su victoria debería de deberse a dos cosas: primero, por su estatura y complexión más pequeña que sus contrincantes, que obviamente le ayudaba a escurrirse entre ellos hasta en la más pequeña brecha de su defensa. Y la segunda era su evidente agilidad y habilidad física, de la cual Nanami tenía pleno conocimiento. Fuera como fuera, que él hubiera podido hacer algo así, era en efecto, algo extraordinario.
- Oigan, ¿pero que no tenía su puesta en escena hoy? – Comentó Yuuko luego de un rato, haciendo memoria con respecto a lo que les había dicho el día anterior. Las chicas también parecieron recordar.
- Sí, es verdad, casi se me había olvidado. – Agregó Keiko. – ¿Qué hace jugando baloncesto en estos momentos?
Nanami recordó al igual que las otras: Tsuwabuki pondría en escena Macbeth ese mismo día. En el fondo se había sentido, aunque sea muy poco y muy en fondo, mal por los comentarios que le había hecho el día anterior. No le había mentido, y en verdad no pensaba que fuera una obra que un grupo de primaria debía interpretar, y aún lo sostenía. Claro, podría haber tenido más tacto, pero después de todo hablamos de Nanami Kiryuu, y tacto es lo que menos poseía. Comenzaba a considerar que tal vez sería mejor asistir a ver su obra, aunque sea un rato. Sin embargo, lo que vio un segundo después de pensar eso, la hizo olvidarse por igual de la obra y del partido.
- ¡Bien hecho!, Tsuwabuki. – Exclamó emocionada su amiga Mari, caminando a su lado mientras éste se acercaba a la banca en la que había dejado sus cosas antes de comenzar el partido. – Eso fue increíble, en verdad no conocía esa parte de ti.
- Gracias, Mari. – Agradeció sonriente el joven rubio; en verdad se encontraba muy feliz por lo que había logrado. Las cosas eran realmente diferentes ese día.
Se paró frente a la banca y tomó una toalla para secarse el sudor; no se le veía realmente cansado, aunque sí respiraba con agitación. Una vez que se limpió el rostro, tomó su saco y comenzó a colocárselo… pero algo no estaba bien. Ese saco que Tsuwabuki se estaba poniendo, no era del uniforme. De hecho, esos pantalones blancos cortos, tampoco eran los del uniforme. El saco era totalmente negro, con detalles amarillos, un poco largo de la parte de abajo, casi podría confundirse con una gabardina.
- "¡Ese saco…!" – Pensó totalmente atónita la rubia al verlo.
Sus ojos se abrieron de par en par. Ese diseño, la forma de ese saco, Nanami lo conocía… era… No, no podía ser posible, pero era del mismo diseño, muy similar que utilizaban su hermano y los demás miembros del Consejo Estudiantil, sólo que el saco de ellos es blanco y rojo, el de Tsuwabuki era negro y amarillo. ¿Qué significaba eso?
Li… Li había dicho algo al respecto, aquel día, el primer día en que ella puso un pie en el Balcón de la Rosa.
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- Así como nosotros, existen otros siete duelistas, descendientes de los Dragones de la Tierra, las llamadas Rosas Negras, los poseedores del Sello de la Rosa Negra. Y así que para nosotros existe un Príncipe de Blanco, que posee a la Doncella de Blanco, de su lado existe un Príncipe de Negro, que posee a la Doncella de Negro…
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Rosas Negras, duelistas al igual que ellos, y que buscan exactamente lo mismo: El Poder para Revolucionar al Mundo. No era posible que ese saco tuviera algo que ver con eso… ¿o sí? Todo eso tenía que ser una boba coincidencia, tenía que serlo. Pero, necesitaba estar segura, y sólo había una manera de estarlo, y la respuesta se encontraba en el dedo anular de su mano izquierda. Sin dar explicación, comenzó a caminar en dirección al chico rubio.
- ¿Nanami-san? – Preguntó extrañada Aiko al ver como se alejaba.
- ¿Creen que vaya a felicitarlo? – Cuestionó Keiko, siguiendo con la vista el avance de Nanami; había algo extraño en sus pasos.
- No lo creo, ese no es su estilo. – Agregó Yuuko con seguridad en sus palabras.
Tsuwabuki recibía las felicitaciones de algunos chicos, la mayoría compañeros de clase, mientras bebía de una botella de agua. Traía su saco puesto, pero aún abierto; era realmente cómodo, mucho más que el uniforme normal que la Academia. En ese momento, la atención de los chicos que lo rodeaban se centró en esa hermosa chica de cabellos rubios y ojos azules que se les acercaba, parándose justo detrás de él con los brazos cruzados y una mirada seria en los ojos. Al notar que todos miraban a sus espaldas, se giró un poco curioso, encontrándose con la figura de la joven Kiryuu, a no más de un metro de distancia de él.
- ¡Señorita Nanami! – Exclamó con notable emoción, girándose hacia ella con una amplia sonrisa. – ¡¿Me vio jugar?!, ¡¿Qué le pareció?!
La reacción de su compañero de clases dejó un poco confundida a Mari, que seguía de pie a su lado. Volvió su atención a Nanami, mirándola de arriba abajo. Esa chica, ¿acaso era…?
- Tsuwabuki. – Susurró en voz baja la rubia, sin cambiar la expresión de su rostro. – ¿Puedo ver tu mano izquierda?
- ¿Mi mano? – Contestó él sin entender, y rápidamente volvió a ver su propia mano, preguntándose qué podría haber de interesante en ella. Pero entonces, en cuanto miró sus dedos, recordó lo que en ese sitio portaba: una sortija de color negro con un sello azul. – Ah, ¿se refiere a esta sortija?
Con una sonrisa de ligera inocencia, el muchacho alzó su mano hacia ella, para que pudiera ver claramente la sortija que ahí portaba, justo en su dedo anular. El rostro de Nanami palideció. Una sortija, exactamente igual a que ella misma usaba, pero de color negro. ¿El Sello de la Rosa Negra? ¿A eso se refería Li? ¿Qué significaba eso? ¿Qué clase de broma era esa? ¿Tsuwabuki era una Rosa Negra?, ¿Era él un duelista?
- Algo increíble pasó. – Prosiguió el chico sin notar el efecto que provocaba en su oyente. – Ayer conocí a Mikage-senpai, él dirige el Círculo de la Rosa Negra, y…
- ¡Esto es una broma! – Interrumpió de golpe la rubia, alzando su voz con fuerza, sorprendiendo a todos a su alrededor, incluyendo a sus tres acompañantes que se habían acercado justo en el momento en el que prácticamente había gritado eso.
Tsuwabuki dio un paso hacia atrás confundido. El rostro de la menor de los Kiryuu reflejaba consternación, confusión e incluso enojo. No lo miraba a él, sino al suelo con la mirada baja. ¿Había dicho algo malo?
- Tú no puedes ser uno de ellos. – Susurró en voz baja, más para ella que para el chico rubio. – Tú… eres sólo un niño…
- ¿De qué está hablando? – Preguntó él a su vez con un poco de duda, pero de inmediato ésta se dio la media vuelta y comenzó a caminar apresurada, lejos de ese lugar, y sin dar la menor explicación. – ¡Señorita Nanami!
- ¿Nanami-san? – Preguntó Keiko cuando pasaba caminando a su lado, pero ella prácticamente la ignoró. – ¿A dónde vas?
Keiko, Yuuko y Aiko, se apresuraron a seguirla, llamándola, pero en todo el camino la rubia ni siquiera volteó a verlas. ¿Qué era lo que le pasaba? Nanami siguió caminando y caminando, alejándose de ese sitio totalmente aturdida y concentrada en lo que acababa de ver. No sabía qué hacer; tenía que ir a buscar a su hermano.
La Rosa Blanca
Capitulo 25: El Reencuentro
¿Dónde se encontraba la mente de Tomoyo Daidouji ese día? Ni siquiera ella lo sabía. En un instante era de mañana, había llegado a su salón, se había sentado… y al siguiente parpadeo ya era hora de salida. La supuesta "primera cita oficial como novios" que había mencionado Kamui, a pesar de que no eran novios realmente, había sido sólo una salida comer un helado y caminar por un par de minutos por el parque. No había sido la gran cosa para tratarse de su primera cita real con un chico; bien podría haber hecho lo mismo con cualquier amiga, en especial con Sakura con quien ya lo había hecho anteriormente. La única diferencia era que había sido un chico. ¿Eso lo hacía tan especial? Tomoyo no lo entendía o veía así. En todo ese rato no mencionaron absolutamente nada con respecto a las Rosas Negras, el Poder para Revolucionar al Mundo, ni nada que se le relacionara; era prácticamente como fingir que nada pasaba, y Tomoyo era una experta en hacer eso. Eso le agradó en parte, poder desconectarse de todo ese asunto, aunque fuera por unos momentos, fingir que en verdad todo estaba bien, y pasar un rato tranquilo, aunque no era precisamente con la persona que ella deseaba. No era que tuviera algo malo contra Kamui, era simplemente que luego de lo ocurrido, ya no confiaba tanto en él como comenzaba a hacerlo en un principio.
No había visto a Sakura en todo ese día, y de hecho, tampoco la había buscado. La verdad era que no deseaba saber, al menos no todavía, que había ocurrido tras esa conversación entre ella y Li. Igual, podía prever de antemano que había pasado; la propia Sakura se lo había dicho incluso antes de que ese encuentro se llevara a cabo. Aún no estaba muy segura de que era lo que tenía que hacer al respecto. Le había prometido hacer las paces con Shaoran y ayudarla a que ella y él estuvieran juntos pero… ¿Podría hacerlo? Eso había ocupado su mente durante todo el día, y aún lo hacía en ese momento, mientras caminaba en dirección a la salida de la escuela.
- Daidouji. – Escuchó que una voz pronunciaba a sus espaldas, provocando que por simple reflejo se detuviera y volteara.
Justo detrás de ella, parado con firmeza prácticamente a unos cuantos centímetros, se encontró con la figura alta y delgada de aquel chico de cabellos rosados y largos, mirada fría y atuendo azul que le había dado la bienvenida al Círculo de la Rosa Negra… y claro, también quién casi había matado a Sakura. Tomoyo se sobresaltó casi asustada al verlo de pie de esa forma tan cerca de ella, y en especial al ver esa expresión casi sombría. Rápidamente se alejó varios pasos de él, sin poder disfrazar el susto que aquello le había provocado.
- ¡Mikage-senpai! – Exclamó en voz baja la ojos azules, intentando calmarse. – Buenas… tardes….
Mikage permaneció quieto, mirando con curiosidad la reacción de la joven. Era extraño, pero casi todos reaccionaban así luego de conocer su personalidad más a fondo y de saber de qué era realmente capaz. Sin embargo, Tomoyo se había adelantado a eso con una sola conversación que habían tenido, en la cual, el chico de preparatoria había intentado sido lo más político posible. La mente sigilosa y observadora de la Rosa Negra rápidamente lo hacía pensar que había algo detrás de eso, o bien, solamente tenía una apariencia realmente siniestra. Como fuera, no le dio mucha importancia al asunto, y prosiguió como si nada hubiera pasado.
- Buenos tardes. – Contestó con la mayor tranquilidad del mundo. – No quería asustarte, sólo deseaba preguntarte cómo has encontrado tu habitación y el edificio estas noches, ¿estás cómoda?
- Sí, he dormido muy bien… Gracias… - Contestó ella con un poco de duda, manteniendo aún su distancia de él; no necesitaba poder sentir magia para darse cuenta de que había algo maligno a su alrededor.
El joven de cabello largo hizo un ademán con la mano de que siguieran caminando. Sin poder oponer mucha resistencia al respecto, Tomoyo accedió, comenzando a caminar a su lado, aunque con su mirada totalmente apartada de él, e intentando no acercársele mucho.
- Me alegra oír eso. – Comentó con seriedad la Rosa Negra. – He estado atendiendo algunos asuntos, y por ellos no he podido supervisar como se debe tu adaptación al Círculo. Aún así, había algunas cosas que quería aprovechar para tratar contigo cuando hubiera la oportunidad más próxima.
A pesar de su tono serio y hasta cierto punto frío, se notaba un cierto toque de… ¿Amabilidad en su voz? No podía decir si realmente estaba interesado en lo que decía o sólo intentaba, a su modo, parecer una persona cordial.
- No se preocupe, Senpai. – Murmuró la joven de ojos azules, volteándolo a ver de reojo con una sonrisa ligera. – Todo está bien hasta ahora.
- ¿Cómo te trataron los demás?
- ¡Bien! – Contestó apresuradamente con nerviosismo. – Bueno, en realidad no trate a casi nadie… Pero Shirou-san fue muy amable conmigo.
- ¿Hokuto? – Exclamó en voz baja, volteándola a ver también, obligándola a desviar su mirada a otro lado. ¿Había algo malo en que se llevará con ella? – Bien, si tienes algún problema con la habitación o algún asunto referente al Círculo, puedes consultarlo con Himemiya. Con respecto a los otros asuntos... – Guardó silencio unos segundos y entonces prosiguió. – Me refiero a asuntos relacionados con los Duelos, por supuesto.
Tomoyo se sorprendió al oírlo decir eso tan tranquilamente. Iban caminando hacia la salida, y prácticamente estaban rodeados por varios otros chicos que también hacían lo mismo. Miró con un poco de preocupación a su alrededor, pero tal parecía que todos seguían en sus propias platicas, sus propios pensamientos o en sus propios caminos.
- Puedes hablar con tranquilidad, pero despacio. – Escuchó que Mikage le decía al notar como miraba a todos los demás. – En el momento en que las últimas Rosas Negras aparezcan, realizaré una reunión con los tres para explicarles todo lo referente a este asunto, y aclarar lo que sepan y lo que no. Sin embargo, tu caso es un poco diferente. La mayoría de los duelistas llegan a Hooshi tras recibir su Carta del Florecimiento y no poseen un contacto real con todo esto hasta que se unen a su respectivo bando. Pero tú en estos momentos ya sabes mucho al respecto, ¿o no?
- Más o menos. – Murmuró la joven de cabello oscuro. – Sé que en el interior de ese bosque detrás de la escuela hay algo que no todos los alumnos pueden o deben de ver. – Se quedó callada unos segundos, y luego alzó su mano izquierda un poco para mirar su sortija. – Sé que esta sortija puede abrir esa puerta, y significa que se tiene el privilegio de pelear en ese sitio. Y sé que Kotori es de alguna forma el premio para el vencedor, aunque el verdadero premio es el Poder para Revolucionar al Mundo, un poder que es capaz de hacer cualquier deseo realidad.
Estaba más informada de lo que él creía, pero esto no le sorprendía mucho. Según su investigación, ella era de Tomoeda, la misma ciudad que el actual Príncipe de Blanco, Kinomoto Sakura. Había varios datos que había recolectado que en efecto lo hacían sospechar que existía cierta relación entre ambas chicas, así que era probable que incluso fueran "amigas". De ser así, no sería raro que Kinomoto le hubiera contado varias cosas sobre los Duelos, incluso desde antes de que supiera que era una Rosa Negra. Sin embargo, la mayor razón que lo hacía ver que había una relación entre ambas, se basaba en un factor en común que ambas poseían…
- Básicamente se trata de eso, pero de igual forma les daré esa explicación más detallada para que conozcan de que se trata, y bajo que reglas actuamos. Tú eres un duelista muy especial, pues eres el único hasta ahora que no posee un poder mágico conocido. Aún así, no creo que sea un impedimento para que participes en los Duelos. Después de todo, si viniste a nosotros por tu cuenta, debes de tener ya un buen motivo por el cual querer participar, ¿no es así?
¿Un buen motivo? ¿Era su manera de preguntarle si poseía un sueño que deseara hacer realidad con el Poder para Revolucionar al Mundo? Sakura se lo había preguntado, el propio Kamui parecía saber la respuesta, e incluso ella intentaba aclararlo. Su deseo, si así se le podía llamar, no era algo claro y conciso, sino más bien un conjunto de ideas que no lograba encajar. ¿Exactamente qué era lo que deseaba en el fondo de su corazón? ¿Qué deseaba lograr? Toda adolescente de esas edad de seguro se hacia la misma pregunta, pero muy pocas estaban prácticamente "obligadas" a encontrar una respuesta en ese preciso momento.
- Mientras esperamos a que las últimas Rosas Negras den la cara, ¿tienes alguna pregunta en especial que desees hacer?
La chica de Tomoeda pensó por unos segundos en que contestar. Sí, había algo que deseaba preguntar desde el día anterior.
- Sí… hay una. – Murmuró en voz baja, deteniéndose y volteándolo a ver fijamente. – ¿Qué es El Fin del Mundo?
Mikage no se había detenido cuando ella lo hizo, pero esto cambió por completo en cuanto pronunció esa pregunta. El joven de preparatoria se había quedado un largo rato de pie, dándole la espalda y mirando al frente, totalmente inmóvil. Tomoyo llegó a pensar que su pregunta lo había molestado, pues en verdad el aire supuestamente amigable que tenía hace sólo unos segundos, se desvaneció por completo. Luego de casi un segundo sin decir nada, comenzó a hablar acompañado de su distintivo tono frío.
- Interesante postura la que tomas. – Murmuró en voz baja sin voltear a verla. – En lugar de optar por las preguntas más sencillas o directas que vendrían a la mente de una persona, escoges irte de lleno a una de las más complicadas de hacer y de contestar. – Lentamente se giró un poco hacia ella, volteándola a ver por encima de su hombro con una singular ligera sonrisa en sus labios. – Me agrada.
Tomoyo parpadeó confundida por ese cambio tan repentino. ¿Qué era lo que le agradaba de eso?
El Fin del Mundo, quién les enviaba esas cartas y les daba esas instrucciones, era el misterio más grande que existía en torno a los Duelos de la Rosa. Ni siquiera podían decir de manera segura que se trataba de una persona, un grupo de personas… O algo más. Sólo sabían que enviaba cartas, las firmaba con ese sobrenombre, "El Fin del Mundo" y les decía que hacer y que no. Todo lo que sabían de los Duelos lo habían averiguado por sus cartas, pero nadie sabía quién o qué era en realidad. Mikage siempre ha pensado que conocer la identidad de El Fin del Mundo rebelaría todas las demás preguntas existentes a ese asunto, pero hasta ese momento no estaban ni cerca de lograrlo. Aún así, tenía que contestarle algo a la chica delante de él.
- ¿Has escuchado en alguna ocasión, cuando una persona se refiere a un gran deseo que posee, la expresión: "Iré hasta el fin del mundo con tal de conseguirlo"? – Fue su sencilla y corta respuesta. Para cualquiera que escuchara esa frase, de seguro no entendería de qué estaba hablando. Sin embargo, pero Tomoyo y los otros duelistas, esas sencillas palabras eran demasiado significativas. – Míralo de esa manera, pues me temo que por el momento no tengo mucho para contestar esa pregunta. La misma Carta que recibiste y que te hizo venir a Othori, todos la recibimos enviada por alguien o algo que firma bajo el nombre de El Fin del Mundo. Igualmente ha enviado instrucciones, incluyendo las reglas que rigen estos duelos, por lo que hemos llegado a pensar que es quien controla todo esto y, tal vez, es quien nos eligió para participar en ello.
¿Quién controla los duelos y los eligió a todos ellos? ¿Existía una persona que estaba detrás de todo eso? ¿El Fin del Mundo era esa persona? Si era así, entonces, ¿qué significaba aquello que Kamui le había dicho?
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- Se podría decir que soy un simple espectador… Un espectador que a su vez representa y protege los intereses del Fin del Mundo…
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¿Sería posible que Kamui conociera quién era realmente ese individuo detrás de esos duelos? Entonces, ¿sería posible que Kamui supiera la verdad?, ¿la verdad detrás de todo eso a pesar de no ser un Duelista? No sería difícil de creer, pues siempre daba la impresión de saber algo que los demás no.
- ¿Te puedo hacer yo una pregunta ahora? – Escuchó que pronunciaba la voz del chico a unos escasos pasos de ella, llamando de nuevo su atención. – Si lo deseas puedes contestarme de la misma manera en la que yo lo acabo de hacer, pues no puedo exigir mucho más en estos momentos.
- ¿Qué pregunta? – Contestó ella con tranquilidad, aunque curiosa de saber cuál era esa dichosa pregunta.
Mikage se quedó callado, mirándola fijamente, clavando esos ojos tan penetrantes directo en los de ella. Tomoyo no tardó mucho en sentirse intimidada, y hasta cierto punto incómoda de sentir esos ojos púrpura sorbe ella. No tuvo más remedio que desviar su rostro un poco para evitarlo. Sólo pasaron unos cuantos segundos de silencio pero para ella habían sido casi minutos. ¿Qué tanto esperaba para hacer su pregunta?
- ¿De dónde obtuviste esa sortija?, ¿quién te la dio? – Murmuró de pronto con seriedad de manera firme y cortante. Esas palabras habían sido pronunciadas casi como un golpe contra la chica de cabello largo, tanto que casi le pareció sentir que era empujada hacia atrás mientras las decía. Sus ojos azules se abrieron de golpe ante la sorpresa, y su cuerpo se tensó por completo.
¿De dónde la había obtenido? ¿A qué se refería con esa pregunta? La mente de Tomoyo comenzó a trabajar a una velocidad increíblemente rápida, intentando encontrar que contestar. Su sortija se la había dado Kamui, él la tenía, y él se la dio. Pero, ¿sabían algo Mikage y los otros sobre Kamui? ¿Él no les había dado sus sortijas de la misma forma? Y a las Rosas Blancas, ¿quién se las había dado? Ahora que lo pensaba, era demasiado extraño que Kamui tuviera esa sortija en su poder. ¿Simple espectador que representaba los intereses del Fin del Mundo? ¿Por qué tenía él esa sortija? Algo le decía que no era correcto en esos momentos decirle a Mikage la existencia de Kamui. Pero entonces, ¿qué le diría? ¿Qué podía contestarle? No sabía cómo era que los demás habían recibido sus sortijas… Excepto…
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- ¡Qué bonita sortija traes puesta Sakura! – Le dijo de pronto su amiga, volteando a ver la mano izquierda de Sakura.
- Sí, eso creo. – Contestó la joven mientras la contemplaba. – Su emblema se parece al sello de la escuela, ¿no?, en casi todas partes lo he visto.
- La sortija y la carta me llegaron hace algunos días. – Prosiguió la Card Captor con su relato. – No sé qué relación tenga todo esto con lo ocurrido en aquel entonces. Pero siento la necesidad de averiguar qué fue lo que pasó, y que quieren decir con "Mi Destino…"
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- Me llegó… - Murmuró rápidamente la ojos azules, sin mirar a la persona que la cuestionaba. – Vino en el mismo sobre junto con mi carta…
La situación desesperada la había hecho tomar la primera salida con la que se había encontrado y decir la misma historia que Sakura le contó cuando recién llegó a Othori. Esperaba que pudiera creerle; si Sakura la había recibido así, ¿por qué no pasaría lo mismo con ella? Miraba de reojo con cuidado al joven de preparatoria, que ni siquiera se había mutado por su respuesta; simplemente estaba de pie, sin apartar sus ojos de ella.
- ¿Segura? – Susurró en voz baja con notoria tranquilidad.
- Sí… - Dijo como respuesta, asintiendo lentamente con su cabeza.
Un ligero cambió surgió en su rostro: la mirada de Mikage se endureció y su ceño pareció fruncirse un poco. ¿Se había molestado? ¿Sabía que era una mentira? Tomoyo se preparaba para lo que fuera. Ese era el chico que había atacado sin piedad a Sakura hasta casi matarla, ¿qué le haría si mentía? Pero su miedo se tranquilizó en el momento en el que su expresión volvía mágicamente a la normalidad, para luego darse la media vuelta, aparentemente para seguir caminando.
- Bien, gracias por tu respuesta. – Agradeció con cortesía el joven, y entonces prosiguió caminando; Tomoyo no sabía si sentirse aliviada por lo que acababa de pasar. – Tengo unos asuntos que arreglar. Nos veremos después.
- Sí… gracias por todo… - Contestó ella apresurada, sonriendo como le fue posible, y despidiéndolo con la mano, aunque él no volteaba a verla.
No le había creído, y eso era más que obvio. Entonces, ¿Por qué se había ido así como así? Era cierto que anteriormente dijo que no podía exigir mucho, pero aún así la hacía sentir preocupada por ello. ¿Cómo habían recibido sus sortijas los demás como para que decidiera preguntarle a ella especialmente cómo la había recibido? ¿O acaso se lo preguntaba a todos? Tal vez era algún tipo de prueba y esperaba ver qué era lo que contestaba. No estaba segura, pero por el momento deseaba suspirar aliviada y pensar mejor en el hecho de que se había librado de ese predicamento… Excepto por una cosa: había vuelto a mentir descaradamente, una vez más… Mentira tras mentira iba saliendo de su boca en esos días... Aunque, ¿no era toda su vida una mentira en realidad?
El balón de soccer con estampados blancos y negros voló por los aires hasta lo más alto, subiendo y subiendo cada vez más despacio hasta obtener su altura máxima, y entonces comenzar a descender como bala de cañón. Todos los jugadores corrieron rápidamente en dirección a dónde el esférico estaba por caer, peleando todos contra todos para ganarlo. El partido había sido en las canchas de futbol a lado de Othori. Había en total cinco campos, perfectamente cuidados, cada uno con sus gradas, pasto y porterías, especialmente para ese tipo de partidos. Las gradas del Campo B estaban llenas de personas, tanto de Shiko como de Othori, algo muy extraño considerando que era un partido amistoso, y había mucha tensión y emoción de ambos lados. Y no era para menos: eran ya los últimos minutos, y estaban 1 a 2 a favor de Othori. Ese instante significaría la diferencia para Shiko entre empatar e irse a tiempo extra, o perder sin más remedio. Por ellos los chicos de camisa blanca y shorts negros se aproximaban con todo para realizar la que posiblemente sería la última jugada de ese largo partido.
Su esfuerzo fue recompensado: el número 10 de Shiko logró tomar el balón en su poder, manejándolo y comenzando ahora a dirigirse directo a la portería, en donde el portero de Othori lo esperaba. Cinco de sus compañeros lo seguían desde atrás, dividiéndose a los lados, listos para recibir un pase de ser necesario. El número 10 se colocó frente a la portería, justo del lado derecho, se detuvo, puso el balón en posición luego alzó su pierna derecha hacia atrás con fuerza; el portero se preparó, mientras toda la defensa intentó adelantarse para colocarse justo entre el tirador y el portero. La atención de todos los presentes se centró en aquel número 10, y ese fue su error. En lugar de patear el balón a la portería, desvió la atención para pasarlo hacia un lado, haciendo que el balón volara directo a los pies de otro jugador, el número 4, ubicado en el flanco izquierdo de la portería; el portero estaba fuera de posición. Ante los ojos sorprendidos de la defensa, el número 4 pateó con fuerza el balón al frente, directo a la portería, en un hueco casi perfecto; no había nada que pudiera detenerlo.
De pronto, el salvador de Othori surgió de la nada. El número 7 se abalanzó a toda velocidad entre los jugadores desde el momento en que el pase se estaba realizando. Para cuando el balón estaba en posesión del 4 de Shiko, él estaba parado justo a su lado. Podría haber intentado quitárselo, pero era arriesgado, y prefirió seguir su camino, corriendo a toda velocidad directo a la portería. El 4 disparó, y el balón se fue directo a la red, pero el 7 de Othori estaba el poster en ese mismo instante. Con una agilidad casi acrobática, saltó usando el impulso que llevaba al correr, colocó su pie derecho contra el poster, y con él se impulsó rápidamente hacia el lado, estirándose y desviando el balón con un cabezazo. El esférico salió volando hacia un lado, quedando cerca de la banda derecha; la potería estaba a salvo.
Un gritó de emoción, en su mayoría hecho por las chicas, se hizo presente con fuerza en el sitio por parte de los animadores de Othori. Eso era algo que había ocurrido durante todo el partido, sobre todo por las acciones hechas por ese chico de primero que había bloqueado ese cañonazo, aquel que había metido el segundo gol de Othori, aquel que se había llevado los aplausos de ese partido: el número 7, Li Shaoran del Consejo Estudiantil de Othori.
Como había prometido, Sakura estaba ahí, sentada en las gradas, prácticamente en el centro de ellas, especialmente para ver jugar a Shaoran. Y ahí estaba, justo en el centro, rodeada de tal vez cincuenta personas, en su mayoría mujeres, que gritaban emocionadas con cualquier cosa que el hechicero de Hong Kong hacía, desde correr hasta meter un gol; eso era ligeramente incómodo para ella.
- Parece que era verdad que todas las chicas de esta escuela se enamoran de los miembros del Consejo, ¿no? – Murmuró en voz baja con una ligera sonrisa nerviosa, mientras todas gritaban a su alrededor. Para su suerte no estaba sola; Kotori había accedido a acompañarla, y estaba sentada a su diestra.
- ¿Celosa, señorita Sakura? – Comentó sonriente la joven de cabellos largos, volteándola a ver con tranquilidad.
- ¡¿Ah?! ¡Clara que no! – Contestó la ojos verdes totalmente sonrojada. – Yo, bueno, yo sólo…
No estaba muy segura de que decir; no sabía si eran celos o no. Era muy parecido a lo que había sentido el día anterior en la sala de Música, pero… Era ligeramente diferente. ¿Eran celos? ¿Estaba celosa de esas chicas? ¿Por qué ese tipo de cosas siempre tenían que ser tan complicadas?
El partido no duró mucho después de eso, y el marcador se quedó 1 a 2, favor de Othori, como era de esperarse luego de la grandiosa intervención de Li Shaoran. Los espectadores de Othori se entusiasmaron por completo y sin espera se dirigieron a la cancha para felicitar a sus compañeros. Los asistentes de Shiko no compartían ese entusiasmo, pero al menos era sólo un partido amistoso. Alrededor de cinco, seis, o tal vez ocho chicas vistiendo el uniforme de Othori, se reunieron alrededor de Li, mientras éste caminaba a una banca, donde estaba su maleta con su ropa, toallas y una botella de agua. Todas ellas iban con el único fin de felicitarlo por su gran hazaña de esa tarde; la imagen era muy similar a una de las fotos que Nanami y sus amigas le habían mostrado el día anterior a Sakura. Igual que en la foto, Shaoran parecía muy indiferente de las felicitaciones de sus… ¿Fans?
- ¡Estuviste increíble, Li-kun! – Le dijo una totalmente emocionada, mientras caminaba a su lado.
- ¡Metiste el gol ganador y casi hiciste todas las jugadas tú solo!, ¡eres genial! – Agregó otra en la misma situación.
Él se mantenía tranquilo y sereno, caminando con expresión relajada hacia su maleta y tomando su botella de agua para dar un largo trago; se encontraba realmente sediento. Esa apariencia serena y tranquila no era del todo real. Lo cierto era que ese tipo de situaciones eran de lo más incomodas y estresantes para él. Por afuera podía estar indiferente a todas esas chicas rodeándolo, saludándolo y felicitándolo, pero por dentro, se sentía extremadamente nervioso y apenado, como cualquier adolescente de su edad lo estaría, pues a pesar de ser un hechicero, miembro del Clan Li, Duelista de la Rosa y demás, seguía siendo un chico de trece años. Sin embargo, había aprendido a mantener la compostura en estos casos, sobre todo con los "consejos" dados por la mejor influencia que podría haber tenido al respecto: Touga Kiryuu. En realidad era tal vez la peor influencia que se pudiera tener en casi cualquier aspecto de la vida, pero le había ayudado a mantener las apariencias.
Justo detrás de toda esa multitud, se encontraba Sakura, que entre salto y salto intentaba ver a Shaoran, pero todas ellas parecían ponerse de acuerdo para bloquearla al mismo tiempo. Eso era tonto, ¿tantas chicas emocionadas rodeando a un chico sólo porque sí? No era que le pareciera que Shaoran no merecía tanto atención, pero la forma en la que pasaba era una situación demasiado inverosímil; casi parecía un mal manga de comedia romántica. Al final sus intentos dieron frutos, pues Li fue capaz de ver su cabellera castaña y ojos verdes asomándose ente todas esas chicas a su alrededor.
- ¿Sakura? – Murmuró con una sonrisa ligeramente emocionada, caminando un poco en su dirección.
Las admiradoras guardaron silencio de pronto al oírlo pronunciar ese nombre, y en especial de esa forma. Rápidamente parecieron voltear al mismo tiempo, todas directo hacia Sakura, la cual sintió de golpe como todas esas miradas se clavaban sobre ella, poniéndola no del todo cómoda. Sus expresiones pasaron de confusión a ligero enojo, al tiempo que se hacían a un lado, prácticamente abriéndole el camino para que avanzara. No muy convencida, la joven comenzó a caminar lentamente entre esa multitud, aún con todos esos ojos sobre su persona. Kotori, por su parte, se limitaba a quedarse atrás y reír para sí misma.
- Ah, hola. – Saludaba en un tono nervioso la joven mientras avanzaba con pasos lentos y cortos. Una risita ligera surgía como señal de dicho sentimiento. – Con permiso… Disculpen…
Una vez frente a Shaoran se sintió un poco más tranquila, aunque sabía muy bien que si se volteaba miraría a un tumulto de chicas muy molestas que no le quitaban la mirada de encima ni un segundo.
- ¿Qué les pareció el partido? – Comentó con tranquilidad el castaño, aparentemente no notando el "aura" oscura que se elevaba a las espaldas de Sakura.
- Fue… muy… divertido… - Balbuceó ella mientras jugaba un poco con sus dedos. – Ah, quiero decir que… ¡Estuviste genial Shaoran!... Bueno, tú sabes, todos lo estuvieron…
Varias gotitas de sudor surgieron por toda su cabeza, mientras sentía demasiada presión surgir de atrás de ella. No sabía que la ponía más nerviosa, hablar con Shaoran, toda esa horda de chicas enojadas a sus espaldas, o hablar con Shaoran con esa horda de chicas enojadas a sus espaldas. ¿Eso era parte de tener un novio? Bien, de hecho aún no estaba segura si lo tenía o no.
- De seguro tú nos vencerías a todos juntos al mismo tiempo, ¿no? – Murmuró el chico, volteándola a ver con una sonrisa.
- ¡Clara que no! – Contestó ella rápidamente, agitando sus manos con fuerza frente a ella. – El soccer no es mi… fuerte.
De seguro el comentario de Shaoran se debía al hecho de la gran facilidad que tenía la ojos verdes para cualquier actividad física, incluyendo los deportes. Sin embargo, rara vez había jugado soccer, sólo un par de veces en la primaria, y no era precisamente jugadora de selección. Tampoco era un deporte que le llamara tanto la atención. De hecho, en esos momentos parecía estarse interesando por otro tipo de cosas, como la música, aunque no tuviera la misma facilidad con la flauta que con los deportes.
- Bien hecho chico maravilla. – Escucharon todos que alguien decía no muy lejos de ellos, acompañado del sonido de sus pasos acercándose lentamente. – Siempre siendo el centro de atención, ¿o no?
El aura oscura de las fans enloquecidas de Li se esfumó de golpe, al distinguir la figura alta, el atuendo blanco, y el cabello rojo y largo ondeándose de Kiryuu Touga del Consejo Estudiantil, sonriendo gentilmente con una mirada en sus ojos azules que lo hacía ser tan característicamente apuesto para cuanta chica que posara su atención en él. Las jóvenes de Othori, que hace un momento parecían casi rogar por la atención del joven de Hong Kong, se olvidaron por completo de él, y sus ojos les brillaron con fuerza al ver al mayor de los hermanos Kiryuu acercarse de esa forma.
- ¡¡Touga-senpai!! – Exclamaron todas al mismo, y prácticamente hicieron a un lado a Sakura para poder acercársele a Touga hasta rodearlo. Él les sonrió a todas con elegancia, y eso pareció ser suficiente para que vayas suspiraran de manera soñadora. ¿Qué les pasaba a las alumnas de esa escuela?
- Buenas tardes, Senpai. – Exclamó la Doncella de Blanco, que se había quedado alejada durante ese rato, pero decidió acercarse a saludar, con esa amplia sonrisa despreocupada en su rostro.
- Buenas tardes Kotori, Kinomoto… - Saludó el chico pelirrojo mientras las miraba de reojo; las chicas se sorprendieron al ver que también él la saludaba. Luego, hizo lo mismo con el chico castaño a su lado, que se encontraba guardando sus cosas sin ponerle atención. – Li…
El chico volteó a verlo por encima de su hombro con inmensa seriedad en su rostro. Por su cara, cualquiera diría que no estaba feliz de encontrarse con él, o incluso que eso le molestaba. Pero la verdad eso no era del todo cierto. De hecho, en esa ocasión en especial, esperaba con ansias el verlo, incluso iba a buscarlo en ese mismo instante. Su cara, por otro lado, podía explicarse de manera muy sencilla: no poseía otra cuando se trataba del joven pelirrojo.
Una vez que tuvo todo guardado en su lugar, se colocó la maleta colgando del hombro derecho y se giró con cuidado hacia Sakura y Kotori.
- Sakura, ¿nos acompañas un segundo? – Le susurró en voz baja, refiriéndose al parecer a Touga y él.
- ¿Ah? Sí, claro; está bien. – Contestó la hechicera rápidamente, aunque el modo en que se lo pidió parecía dar a entender que era algo serio.
- ¿Yo también puedo ir, Joven Li? – Preguntó sin cambiar su expresión la Doncella de Blanco, sin percibir la misma seriedad que su ama percibía.
- Claro. – Respondió rápidamente, mientras se disponía a avanzar. – ¿Vienes, Kiryuu?
- Supongo que tengo opción. – Comentó divertido el pelirrojo, encogiéndose de hombros y comenzando a caminar. – Lo siento chicas, el deber nos llama…
Todas parecieron un poco decepcionadas al ver como ambos se alejaban, y volvieron a ver con enojo a Sakura por estar caminando a su lado como si nada. Esto volvió a ponerla incomoda, obligándola a acelerar un poco sus pasos.
- ¿Quiénes son esas dos? – Comentó una de ellas con enojó, pateando un poco el suelo.
- ¿Por qué Touga-senpai y Li-kun les hablan con tanta naturalidad? – Agregó otra cruzándose de brazos.
Algunas conocían a Kotori. La habían visto por ahí, por halla, acompañada por Sainoji u otros miembros del Consejo, o tocando el piano el kiosco del jardín central de Secundaria, pero ninguna conocía a Sakura… Excepto una de ellas, la única que no parecía tan molesta como las otras, la única que tenía el vago recuerdo de haber visto a esa chica en otra ocasión. Era una joven pelirroja de trece algo, con una cola de caballo hacia atrás y ojos cafés claro.
- "Creo que yo conozco a esa chica…" – Pensaba para sí misma, intentando recordar donde la había visto. Esa tarde, casi por accidente, lo recordaría: estaba en su salón y tocaba la flauta como ella.
Li y Touga, acompañados por detrás por Sakura y Kotori, caminaban de regreso a la escuela. Ya era tarde, de hecho, en un par de horas comenzaría a atardecer. Li seguía con su uniforme de soccer, así que era probable que deseara pasar a los vestidores de la escuela para cambiarse, o tal vez darse una ducha. No habían dicho mucho desde que salieron de los campos de futbol. De hecho, no habían dicho nada. Posiblemente estaban esperando a llegar a algún punto más despejado, pues alrededor de los campos aún había mucha gente por el partido que acababa de terminar. Los dos chicos caminaban al frente y las dos chicas los seguían, esperando a que dijeran algo, en especial Sakura que deseaba saber porque le había pedido que los acompañara.
- ¿Me tienes alguna novedad? – Preguntó de pronto el joven chino, cuando ya estaban cerca de la puerta principal.
- ¿Sobre qué? – Comentó Touga a su vez con un tono de sarcasmo.
- Ya sabes sobre qué, no juegues. ¿Averiguaste lo que nos dijo tu hermana?
Sakura volteaba a ver a Touga y a Shaoran mientras hablaban, sin entender por completo a que se referían. Cuando Li mencionó a "tu hermana", tenía que estarse refiriendo a Nanami; ¿qué tenía que ver ella?
- Bien, no tenemos los mismos contactos que Mikage Souji en las oficinas de Othori, pero se hace lo que se puede. – Respondió luego de un rato el pelirrojo. – Y lo que pude, fue averiguar algunas cosas no muy interesantes. Al parecer es un cerebrito, promedio excelente, conducta excelente, y aparte de todo es actor.
- ¿Actor?
- Es parte del club de teatro. Hoy mismo tiene una presentación, por lo que envíe a Mikki a verla para que me dijera su opinión. Ya sabes que le gusta ese tipo de cosas.
¿Eso serviría de algo? No era un experto en teatro, pero cualquier información en ese momento sería bienvenida para él.
- ¿Qué hay de su familia? – Preguntó de inmediato, volteándolo a ver con curiosidad.
- Familia promedio de clase media alta. Su madre es ama de casa, su padre dirige una línea de restaurantes, y tiene un hermano mayor que estudia en el extranjero. Nada fuera de lo común.
- Entonces no es de una familia de hechiceros. – Murmuró en voz baja Shaoran, bajando un poco su mirada.
- Por lo que hay altas posibilidades de que él no sea uno. – Agregó Touga casi al mismo tiempo.
Entonces, hasta ahora sólo podían afirmar que era un chico bueno en la escuela y hábil en varias cosas, pero fuera de eso tenía una familia y una vida completamente normal, y por lo tanto era un chico completamente normal sin magia. Podría haber llegado a pensar que se trataba de algún tipo de error o incluso una trampa para confundirlos por parte de las Rosas Negras, si no fuera porque ya hubo otro Duelista que cumplía con esas mismas características: no poseía magia, pero era hábil en varias actividades. ¿Sería una coincidencia?
- Disculpa, Shaoran. – Escuchó que decía Sakura a sus espaldas, acercándosele un poco para que lo oyera. – ¿Ocurrió algo?
Todo ese rato ambos habían platicado como si estuvieran solos. No era apropósito, era simplemente que Shaoran estaba demasiado interesado en saber lo antes posible sobre aquel asunto, y por lo tanto se había dejado llevar.
- Ah, perdón – Se disculpó mientras se detenía y volteaba a ver a ambas; ya se encontraban frente al edificio de la Torre de la Rectoría. – No, nada grave; no te preocupes. Lo que ocurre es que al parecer la sexta Rosa Negra ha aparecido. – Los ojos de Sakura se abrieron de golpe como señal de sorpresa al oírlo. – O al menos eso es lo que creemos.
La joven guardó silencio. La sexta Rosa Negra. Hasta ahora Sakura había conocido únicamente de frente a tres Rosas Negras: Mikage Souji y Takatsuki Shiori en el incidente del Parque Hooshi, y, por supuesto, su amiga Daidouji Tomoyo. Según tenía entendido, cuando ocurrió dicha pelea en el parque, existían en total cuatro Rosas Negras conocidas, e inmediatamente después Tomoyo se les unió; ahora aparecía la sexta.
- ¿Y quién es? – Preguntó después de haber quedado en silencio por algún rato.
- Un alumno de primaria. – Le contestó. – De hecho, lo acabas de conocer ayer mismo. Tsuwabuki Mitsuru, el chico que estaba con Kiryuu.
¿Ayer? ¿A qué se refería? De pronto, Sakura recordó lo ocurrido el día anterior con Nanami. Ella iba acompañada de tres chicas, y también de otra persona…
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De pronto, una quinta persona apareció, pero ahora surgió al frente de Nanami, surgiendo de abajo hacia arriba, parándose al frente, pero era una persona más baja que ella y las otras, así que no la cubrió por completo. No le parecía familiar a Sakura, pero era un chico de cabello rubio, ojos azules, complexión delgada, vestido con un uniforme casi igual al de los varones de Othori, pero con pantalones cortos color verdoso. Era más joven, aproximadamente de diez u once años.
- Eso es lo que muchos dicen. – Afirmó el chico en cuanto apareció, sacando una pequeña libreta de forro café, y al parecer comenzando a leerla. – Varias personas vieron al joven Li y a Kinomoto llegar juntos hace cinco días, e igualmente él visitó el Dormitorio D-3, una vez en la mañana y otra durante la tarde del mismo día, y durante el mediodía del día siguiente. Por último, fue a su salón esta mañana especialmente para pedirle que se vieran en este sitio…
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- ¿Ese chico? – Mencionó sorprendida la ojos verdes al recordarlo. ¿Él era la sexta Rosa Negra? Eso si era una coincidencia.
- Ese muchacho es como el admirador número uno de Nanami. – Comentó Touga, metiendo sus manos a los bolsillos de su pantalón. – Siempre hace todos los mandados, tareas, incluso espía e investiga para ella. Es casi como un ninja moderno multifuncional. Sin embargo, hace un par de horas, Nanami afirmó haberlo visto portando un uniforme similar al que usan los miembros del Círculo de la Rosa Negra, y que traía incluso el Sello de la Rosa Negra en su dedo.
- Sin embargo, hay algunas cosas muy extrañas en esto. – Agregó Li. – Hasta ahora los duelistas más jóvenes habíamos sido lo que teníamos alrededor de trece años; este chico tiene diez. Este chico al parecer nació y creció en esta ciudad, estudiaba en esta escuela, y había tenido contacto con Kiryuu desde hace ya mucho tiempo. Y además, al igual que Daidouji, no hay nada que parezca señalar que es un hechicero.
En efecto, esa persona en común era Tomoyo, otro duelista que no pertenecía a una familia de magos, y no tenía ninguna señal que los hiciera pensar que poseía algún poder mágico, y además de todo, tenían la característica de ser hábiles en diferentes áreas. Tsuwabuki era bueno en prácticamente cualquier actividad escolar, incluso deportiva, muy similar a Tomoyo. Pero, no poseían magia, al menos no que ellos supieran.
- Entonces es el mismo caso de Tomoyo. – Comentó Sakura ligeramente sorprendida. – Eso significa, ¿qué estos duelos no tienen nada que ver con la magia?
- No saquemos conclusiones apresuradas. Los otros once duelistas siguen siendo hechiceros, por lo que no podemos descartar esa posibilidad por sólo dos. Mientras no tengamos totalmente seguro el factor que nos convierte en Rosas Blancas y Rosas Negras, sólo podremos especular al respecto.
¿El factor que los convierte en Rosas Blancas y Rosas Negras? Sakura recordó algo al momento de escuchar esas palabras. ¿Qué significaba realmente ser una Rosa Blanca o ser una Rosa Negra? Ella había escuchado algo al respecto, algo que no le había dicho a Shaoran y a los otros hasta entonces. Ese algo lo escuchó durante aquella visión que tuvo en el Parque Hooshi… Aquello que le había dicho ese ser de nombre "Kamui"…
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- Desde el final de esa batalla en el que mi cuerpo desapareció de éste y de todos los mundos, un pedazo de mí reside en cada uno de los elegidos… En cada uno de mis Descendientes… En cada una de las Rosas Blancas.
- ¿Un pedazo de ti? – Murmuró tras recordar esas palabras, alzando con lentitud su mano derecha, colocándola sobre su propio pecho. – ¿Eso significa ser una Rosa Blanca?
- Así es. Y el más grande, y más fuerte de todos se encuentra… - Sakura sintió en ese momento como él colocaba su mano con cuidado sobre la mano que ella tenía en su pecho, sintiendo su firmeza y calidez, pero a la vez una gran delicadeza y dulzura. –… En ti… En la estrella que reside en tu corazón…
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Una pedazo de él, residiendo en cada una de las Rosas Blancas; eso era lo que aquella visión le había dicho. ¿Debería de contárselo a Shaoran? No lo consideraba prudente por dos motivos: el primero, no entendía que era lo que significaba "un pedazo de él". Y segundo, no estaba segura si eso había sido real, o si simplemente lo había soñado. ¿Existía realmente ese ser de nombre Kamui?
- ¿Ocurre algo, señorita Sakura? – Le preguntó la voz de Kotori, sacándola de sus pensamientos.
- ¡No!, no, perdón, estaba pensando en otra cosa. – Se disculpó rápidamente con un poco de pena.
- Lo importante en estos momentos – Comentó el chico de Hong Kong con seriedad, mirando fijamente a Sakura a los ojos. – es que si este chico es realmente un Duelista, significaría que ya son seis Rosas Negras. Cuando aparezca la séptima, los Duelos por la Doncella de Blanco continuarán. Tienes que estar lista, Sakura.
Era cierto, cuando las siete Rosas Negras estuvieran reunidas, los duelos continuaran, eso era lo que Mikage había dicho en aquella ocasión, y con la aparición de la sexta, ese momento estaba cada vez más cerca. ¿Se encontraba preparada para reanudar los duelos, ahora contra las Rosas Negras? Físicamente se encontraba mejor; sus heridas estaban casi curadas por completo, y su único miedo era que le quedará alguna cicatriz visible. Se sentía más fuerte, y ya casi no le dolía el cuerpo. Pero…
- Al fin los encontré. – Escucharon que una persona pronunciaba cerca de ellos.
Mikki caminaba hacia el grupo reunido fuera de la Torre de Rectoría, desde el lado izquierdo con una amplia sonrisa. Traía puesto el traje del Consejo, y cargaba en su mano lo que parecía ser algún tipo de panfleto.
- Buenas tardes, Mikki. – Saludó en voz baja la joven ojos verdes; parecía aún un poco aturdida por toda la información.
- Buenas tardes, joven Mikki. – Agregó inmediatamente después la chica de cabello largo, haciéndola una reverencia al frente.
- Buenas tardes. – Repitió ahora el recién llegado con amabilidad; no esperaba que sus dos compañeros del Consejo lo saludarán. – ¿Me perdí el partido?
- No te perdiste de mucho. – Fue la simple respuesta de Touga.
- ¿Fuiste a ver al chico? – Preguntó de inmediato el Presidente del Consejo, yendo directo al grano, como era su costumbre.
Sakura miraba algo confundida la forma en que Shaoran actuaba. No sólo había sido así de serio y cortante con Mikki, sino que también se le notaba de la misma forma mientras hablaba con Touga hace unos momentos. Era raro; Shaoran no era así, al menos no como ella recordaba. Cada vez le parecía que este Shaoran era más parecido aquel chico de mirada penetrante y actitud seria que se presentó en su salón cuando recién comenzaba a cazar las cartas Clow, y no el chico amable y preocupado que siempre estuvo a su lado y le confesó sus sentimientos. Aunque con ella seguía siendo igual, con las demás personas actuaba siempre de forma seria y casi fría. ¿A qué se debía eso? ¿Tenía ella algo en especial que los demás no para causar ese efecto en él?
- Sí, y la verdad resultó impresionante. – Comenzó a contar el joven de cabellos azules, extendiéndole el panfleto a Shaoran, que de hecho era el programa de la obra que acababa de ir a ver. – Interpretaron Macbeth, pero a pesar de ser chicos de primaria, la adaptaron muy bien, y las actuaciones también fueron muy buenas. Pero hubo un actor que se llevó en definitiva la obra, a pesar de que no era el protagónico. Adivinen de quién hablo.
- Tsuwabuki Mitsuru. – Contestó rápidamente Kiryuu. La expresión de Shaoran se endureció más.
- En efecto. En verdad es un grandioso actor a pesar de tener diez años. Debería de considerar actuar en películas.
- Igual que Tomoyo. – Agregó Sakura un poco sorprendida. – Cuando recién teníamos nueve años, ella ya cantaba y componía de una manera hermosa; todo el mundo decía que parecía que era demasiado avanzada para su edad.
- Bueno, eso no es muy extraño. – Murmuró Touga un poco divertido. – Mikki también tocaba el piano y componía desde muy niño, ¿o no?
- Sí, es verdad. – Contestó el muchacho asintiendo con la cabeza. – Aunque también mi hermana podía hacerlo… y…
Los tres chicos guardaron silencio de golpe, abriendo sus ojos por completo. La misma idea les había cruzado a los tres prácticamente al mismo tiempo, la misma visión. ¿Cómo ninguno lo había visto antes? No eran sólo Tomoyo y Tsuwabuki, había varios duelistas entre las Rosas que poseían habilidades más allá de la magia. Incluso Sakura en los deportes, incluso Shaoran en las artes marciales, hasta Sainoji con la espada, Mikki y Kozue en el piano, Takatsuki Shiori en la pintura… Era probable que pudieran encontrar que todos poseían esa característica, una o varias habilidades adicionales que no tuvieran que ver propiamente con la magia, al menos no de manera directa. ¿Qué significaba eso? ¿Qué era lo que hacía que todos ellos tuvieran esas habilidades tan desarrolladas? Algunos de ellos sin tener un entrenamiento verdadero. ¿Era esa la clave? ¿Pero qué significaba?
Sakura, por su parte, no parecía detectar o entender porque habían reaccionado de esa forma. Era de esperarse, pues a diferencia de ellos, no conocía tan a fondo a todos los duelistas existentes, por lo que no podía detectar tan vívidamente esas mismas coincidencias que ellos acababan de detectar.
- ¿Viste algo más? – Preguntó Li rápidamente, alzando de nuevo su mirada.
- Nada fuera de la común además de eso. – Comentó casi como un susurro el chico de cabello azul, aún un poco aturdido por esa casi "epifanía" que habían tenido. A pesar de no haber pronunciado ni una palabra, los tres sabían perfectamente lo que había cruzado por las mentes de los otros. – No estuve lo suficientemente cerca como para ver si portaba o no la sortija del Sello de la Rosa en su dedo, pero en definitiva puedo decir que no es un chico ordinario…
De nuevo todos guardaron silencio. Si ese factor en común era cierto, entonces Tsuwabuki Mitsuru encajaría perfectamente en ello. Si era así, entonces no había motivo para dudar que este chico fuera la sexta Rosa Negra, tuviera magia o no. Pero, ¿en verdad no poseía magia?
- ¿Ocurre algo? – Preguntó confundida Sakura. – ¿Hay algo malo?
- No, no es nada. – Susurró en voz baja el chico castaño, dándole la espalda. De pronto, volteó a ver rápidamente a Touga. – Kiryuu, acompáñame a los vestidores.
- ¿Qué necesitas ayuda para cambiarte?
La mirada de Li era suficiente para decirle que deseaba hablar con él a solas, o más precisamente, que Sakura no los escuchara. Sin decir más, ambos chicos comenzaron a caminar en dirección al edificio de secundaria en donde se encontraban los vestidores más cercanos.
- Enseguida vuelvo, espérame aquí Sakura. – Se explicó el chico castaño mientras ambos se alejaban
- ¡Sí! – Contestó ella rápidamente. – No te preocupes, Shao… ran…
Prácticamente no espero a que ella le contestara. De inmediato y sin espera se alejó con pasos ligeramente rápidos. ¿Qué había ocurrido?
Li y Touga se perdieron de vista en un parpadeo. El joven chino se veía realmente consternado, aturdido. Su mente daba vueltas, y pensaba en mil cosas al mismo tiempo. Comenzaba a ver pistas que estuvieron frente a sus ojos todo este tiempo pero no había sido capaz de detectarlas. Lo único a lo que llegaba después de meditar tanto era preguntarse: "¿Mikage si lo habrá notado?"
- ¿Cómo no me di cuenta de esto antes? – Murmuraba en voz baja una vez que se encontraban más lejos de Sakura y los otros, y cerca del edificio de secundaria. – Me concentré tanto en la magia, las familias y la procedencia, que ni siquiera detecte esas habilidades adicionales que poseíamos.
- Tal vez nos estamos precipitando. – Agregó Touga, el cual caminaba a su lado. – ¿Cuál sería en todo caso mi habilidad especial? ¿Ser guapo y conquistar chicas?
Algunas habilidades eran más notorias y "clásicas" que otras, debía admitirlo, pero en efecto, todos las poseían. Incluso Touga. Él de seguro no se había dado cuenta, pero poseía una gran habilidad que el propio Shaoran envidiaba demasiado, y no era esa que acababa de decir exactamente. Sin embargo, no le daría la satisfacción de decirle cuál era.
- Necesito saber si realmente ese chico no tiene magia. – Dijo de pronto, deteniéndose de golpe. – Y no es así, que tan peligrosa es. Además, no podemos permitir que Sakura tenga un duelo con él sin saber de qué es capaz
- ¿Qué propones, entonces? ¿Una prueba estilo Mikage Souji?
Li no contestó. Mikage había atacado a Sakura hasta casi colocarla a la orilla de la muerte con el sólo propósito de ver cuáles eran sus habilidades. Le costaba aceptarlo, pero ese sería el método más rápido y seguro para descubrir si Tsuwabuki Mitsuru poseía magia, o en su defecto, qué era capaz de hacer. Pero él no podía hacer eso, él no era como Mikage; no atacaría a alguien inocente sólo para saber cuáles son sus poderes… Aunque… ¿No había hecho lo mismo con Tomoyo? ¿No la había atacado directamente esperando ver cómo reaccionaba? ¿Era acaso como Mikage sin siquiera saberlo? ¿Qué era lo que tenía que hacer?
- ¿Ya tomaste una decisión? – Preguntó Touga luego de un rato de silencio. – Si no te crees capaz, ¿quieres que nos encarguemos nosotros de eso, Presidente?
Una sonrisa ligeramente maliciosa surgió en su rostro, mientras miraba fijamente al chico, esperando escuchar que contestaba. Li seguía callado, mirando al suelo con la expresión perdida. Sabía que ese tema surgiría, y por ello no deseaba que Sakura los oyera. ¿Qué podía hacer? Podría esperar a que ocurriese el duelo entre Sakura y él, y ahí podría ver con sus propios ojos cuáles eran sus poderes. Sin embargo, eso significaría enviar a Sakura a ciegas con un enemigo desconocido. ¿Cuál era su decisión?
- Sólo sean discretos. – Susurró en voz baja como respuesta, sin voltear a verlo en ningún momento.
- ¿Yo? – Contestó él, riendo ligeramente. – Siempre soy discreto.
Shaoran se encontraba muy aturdido; temía estar cruzando una línea y tomando un camino que posiblemente no tuviera retorno. No, no tenía porque engañarse así mismo: había estado en ese camino desde que puso su primer pie en esa ciudad. Comenzó a caminar de nuevo, dando un par de pasos, antes de volver a alzar la cabeza, sólo para detenerse nuevamente.
Frente a ellos, varios metros al frente y caminando en su dirección contraria, se encontraba una chica de cabello oscuro, largo, vistiendo un traje de color negro y blanco, y cargando delante de ella un maletín de color café. La joven parecía caminar con tranquilidad, hasta que también divisa a los dos chicos más adelante en el camino, principalmente a Shaoran. Se trataba de Tomoyo, la cual curiosamente estaba en busca de él. La joven sonrió con cuidado y alzó su mano derecha, saludándolos con gentileza.
- Li. – Exclamó la joven con una amplia sonrisa en el rostro, al tiempo que comenzaba a caminar hacia ellos. – Qué bueno que te encuentro.
Shaoran siguió totalmente quieto al ver como se le acercaba de esa forma; ¿había escuchado algo de lo que hablaban? No, se encontraba muy lejos para que lo hubiera oído. El joven chino agitó un poco su cabeza, como intentando aclarar sus ideas con ello. Para cuando reaccionó, Tomoyo se encontraba de pie justo frente a él, con sus manos juntas al frente sujetado su maletín, su cabeza ligeramente inclinada con elegancia hacia la derecha, y una sonrisa levemente dibujada en los labios.
- Deseo hablar contigo un segundo, si es que es posible. – Agregó la joven de Tomoeda con tranquilidad. Li pareció confundirse con poco por esa actitud, en especial considerando que días anteriores no parecía estar muy feliz al momento de verlo.
- Éste no es un buen momento, Daidouji. – Explicó el castaño, mirando de reojo al joven pelirrojo a su lado.
- No quiero molestarte, escuche que acabas de tener un partido y que ganaron; muchas felicidades, por cierto. – Tomoyo rió un poco, e inclinó su cabeza hacia un lado con ligera inocencia; ésta sí era la Tomoyo Daudouji que Shaoran conocía. – Es sólo que… Bueno, no sé de qué habrán hablado tú y Sakura ayer, pero ella me compartió su deseo de que tú y yo habláramos y arregláramos algunos asuntos. Tú sabes, sobre aquel incidente…
Él sabía muy bien de qué estaba hablando. De hecho, hasta el propio Touga a su lado lo sabía: hablaba de la patada que le había dado en el rostro aquel día en el dormitorio de Sakura. Desde aquel momento, por eso que había ocurrido y también por el hecho de que ella fuera en realidad una Rosa Negra, el aire entre ellos había sido muy denso. Sólo se habían encontrado un par de veces luego de eso, pero ese par de veces habían sido de lo más incomodas. Li, al igual que Tomoyo, había prometido arreglar las cosas también, no sólo por Sakura, sino también por qué se sentía un poco culpable por haberse dejado llevar de esa forma. Sin embargo, ese no era un buen momento.
Pese a que Li estaba a punto de disculparse argumentando que tenía que irse a cambiar y luego hacer algo con Touga, éste pareció no querer arrojarle el salvavidas, y en su lugar de eso darse media vuelta y dejar que se ahogara solo.
- Bien, creo que es mejor que los dejé solos. – Comentó el chico, comenzando a caminar, sacándole la vuelta a la joven y alejándose. – Entonces iré adelantando ese encargo, ¿te parece?
Shaoran miró sorprendido como Touga se iba así como así. Una expresión de ligero enojo surgió en su rostro, mientras maldecía en silencio al chico del club de Kendo. Sin embargo, logró tranquilizarse luego de un par de segundos. Un largo suspiro salió de sus labios, y entonces prosiguió su camino con pasos lentos.
- En verdad, éste no es un buen momento. – Susurró el muchacho mientras caminaba, pero para su sorpresa ella comenzó a seguirlo. – ¿Puede ser en otra ocasión?
- ¿Ocurre algo malo? – Preguntó confundida ante la notoria negación del chico.
- No, nada. Es sólo que en estos momentos tengo que ir cambiarme, y hay algunos asuntos que debo atender.
- ¿Asunto?, qué misterioso. – Comentó un poco divertida la chica de cabello largo. – ¿Tiene que ver con ese encargo a Kiryuu-senpai?
Li se detuvo un segundo al escuchar lo que decía. ¿Qué significaba esa pregunta? ¿Acaso sí había escuchado lo que hablaban?, ¿eso le estaba insinuando? No, eso no era posible. Necesitaba relajarse; estaba sobre reaccionando por nada. Siguió caminando, todo ese rato sin voltear a verla, intentando tranquilizarse y pensar mejor lo que hacía y decía. Tomoyo ahora caminaba un par de pasos detrás de él; parecía que no quería ella lo viera a los ojos o algo parecido.
- ¿Qué ocurre Li? – Comentó ahora la ojos azules, haciendo referencia a la actitud tan extraña del chico. – ¿Te molesta hablar conmigo sólo porque soy una Rosa Negra y tú una Rosa Blanca? – No hubo respuesta. – Supongo que tienes malas experiencias con eso. Pero Sakura y yo acordamos que eso no se interpondría en nuestra amistad, y ella desea que tú y yo hagamos las paces, y aunque seamos Rosas Blancas, Rosas Negras, o lo que sea, no se interponga tampoco entre nosotros dos. Después de todo, somos amigos, ¿o no?
Esa última frase fue acompañada de un amplio gesto de alegría en su cara, mientras miraba fijamente su cabellera corta y castaña.
Hubo un silencio profundo entre los dos por largo rato; sólo el sonido de sus pasos sobre el camino de cemento se hacía presente. Tomoyo mantuvo su misma expresión todo ese rato, sonriente, tranquila, esa expresión que siempre la había ayudado en cualquier situación hasta entonces... Esa expresión que había sido su máscara por años. La verdad era que se encontraba ansiosa de escuchar su respuesta. Lo miraba fijamente, y cada segundo que pasaba la ponía más y más desesperada. ¿Qué iba a decir? ¿Cuál iba a ser su respuesta? Todos esos días esa había sido una de sus mayores dudas: ¿eran o no amigos?, ¿había una amistad entre ellos o lo único en común era Sakura? ¿Era ella su única relación? Deseaba escucharlo de él mismo, que lo dijera abiertamente: ¿era su amiga? ¡¿Por qué tardaba tanto en contestar?!, ¡¿Qué tanto se necesita para pensar una pregunta como esa?!
Shoaran se detuvo de pronto, obligándola a detenerse también. Volteó a verla con cuidado por encima de su hombro. Sonreía, le sonreía con gentileza, de la misma forma que sólo había visto sonreírle a Sakura, y entonces le contestó con un tono de voz tranquilo y correcto.
- Claro que sí, somos amigos…
La sonrisa del rostro de Tomoyo se fue desapareciendo poco a poco, y se quedó totalmente inmóvil al oír esa respuesta. Esa respuesta, esas palabras…. No significaban nada para ella. Le había sonreído, le había dicho eso de manera clara, pero todo eso carecía de significado; igual podría haberlo dicho en otro idioma y habría sido lo mismo. Todo lo que necesitaba saber, estaba en sus ojos, y esa mirada ligeramente fría, casi indiferente que acompañó a su sonrisa, esa mirada con la cual alguien ve algo que no tiene nada que ver con él… La mirada de un embustero. Él ni siquiera notó la reacción que había causado en ella, y de inmediato siguió su camino.
Todo se movió extremadamente lento para Tomoyo en ese instante. Bajó un poco su mirada, con sus cabellos ocultándole el rostro, mientras Li daba paso a paso lejos de ella… De pronto, la joven alzó su mirada con fuerza hacía él. La expresión feliz e inocente había desaparecido; la máscara se había roto. Sus ojos azules reflejaban completo enojo, casi odio, y todo su rostro podría causarle miedo a cualquiera que lo hubiera visto. Soltó su maletín de golpe, tirándolo al suelo sin pudor. Luego, comenzó a caminar detrás de él, con pasos fuertes y rápidos, acercándosele por detrás, con toda su atención puesta directamente en su cabeza.
- "Mentiroso… Eres un mentiroso..." – Se decía así misma en su mente mientras se le acercaba, aunque su cabeza era todo un revoltijo de ideas en esos momentos. – "Tú lo sabes muy bien, tan bien como yo… No eres mi amigo, nunca me has visto como tu amiga, nunca he sido nada para ti… A ti no te importa si vivo o muero, en cambio yo…"
Se acercó cada vez más y más a él; Shaoran ni siquiera parecía sentirla. De haberse volteado, habría visto esa cara casi asesina que había surgido detrás de su máscara, habría sentido ese enojo incrementándose más y más a su alrededor, y habría notado como acercaba sus manos, con sus dedos tensos, directo a su cuello, poco a poco, milímetro a milímetro.
- "¡Quisiera verte muerto en este mismo momento!"
Ni siquiera pensaba en detenerse; de haber tenido la oportunidad, estaba casi segura de que hubiera puesto sus manos alrededor del cuello hechicero, y luego… ¿Qué haría luego? No estaba segura, pero para su suerte, no tuvo que averiguarlo. Li se paró de golpe sin motivo, pareciendo sobresaltarse por algo. Esto hizo reaccionar Tomoyo, regresándola a realidad de un instante a otro. Rápidamente bajó sus manos y se alejó de él un par de pasos. ¿Qué era lo que había hecho? ¿Qué le pasó? No sabía que le preocupaba más: lo que le acababa de pasar, o que Li se hubiera dado cuenta de ello.
Sin embargo, el joven de Hong Kong ni siquiera notó ese cambio súbito en su acompañante. Lo que lo había sobresaltado había sido otra cosa: una sensación, una sensación que le recorrió el cuerpo, que lo envolvió y prácticamente lo obligó a detenerse. Él sabía que era eso, lo había sentido demasiadas veces como para no saberlo: era una presencia mágica extremadamente fuerte.
- ¡¿Qué es esto?! – Exclamó sorprendido, tirando su maleta a un lado y girándose rápidamente a todos lados. – ¡¿De quién es este poder?!
Tomoyo miró confundida las reacciones de Shaoran; era incapaz de sentir la presencia mágica que él percibía, por lo que no comprendía qué pasaba, hasta que esto fue visible. Algo surgió en el suelo justo debajo de ella, algo similar a un agujero de forma redonda, totalmente oscuro, al cual comenzó a caer con rapidez.
- ¡Li! – Exclamó con miedo la joven, mientras caía, perdiéndose en la oscuridad.
- ¡Daidouji! – Intentó apresurarse rápidamente a dicho agujero, pero en cuanto intentó dar el primer paso, uno más surgió debajo de sus pies, y sin poder evitarlo comenzó a caer también rápidamente. Ambos desaparecieron por completo de ese lugar, y un instante después ambos agujeros desaparecieron también.
Envuelta en esa oscuridad, sin tener el menor control de su cuerpo, pareció perder poco a poco el conocimiento, hasta que su mente no fue consciente de lo que pasaba a su alrededor. ¿Qué había ocurrido? Un momento estaba en el patio con Li, y al siguiente había sido cubierta por ese extraño manto oscuro; ni siquiera lo vio venir. Mientras caía, pues parecía que estaba cayendo, no era capaz de pensar o razonar nada con claridad. Sólo veía imágenes, visiones, escenas que pudieron o no ser reales, en ese o en algún otro momento. Escenas de niños riendo y jugando en el patio de una escuela, escenas de adultos en fiestas, comiendo, bebiendo y riendo, y escenas de gente caminando por la calle, de un lado a otro, de izquierda a derecha, cada uno concentrado en sus propias cosas, pensando en su propio mundo, sin voltear a ver siquiera a quien pasaba a su lado. Podía verlo todo y a todos, excepto a una persona: a ella misma. ¿Por qué no estaba ella jugando con ese grupo de niños? ¿Por qué no era una de esas personas sentadas en la fiesta comiendo? ¿Por qué no caminaba como los demás pensando en sus propios asuntos? ¿Por qué ella no pertenecía a ninguno de esos grupos…?
Comenzó a reaccionar de pronto. Sentía algo duro y frío contra su mejilla. ¿Qué era?
- Daidouji, Daidouji, despierta. – Escuchó como una voz susurraba lentamente muy cerca de ella.
Luego, sintió como una mano se colocaba en su hombro, moviéndola un poco. Esto provocó que sus sentidos reaccionaran, trayéndola de nuevo a la realidad, si es que eso podría llamarse realidad. Al parecer estaba recostada en el suelo. ¿Qué había ocurrido? ¿Se había caído? Lentamente se fue alzando hasta sentarse; la cabeza le dolía un poco.
- ¿Te encuentras bien? – Preguntó la misma voz de hace un momento, la voz de Li Shaoran que se encontraba de cuclillas a su lado.
Tomoyo no contestó. Simplemente guardó silencio y comenzó a girar su cabeza hacia un lado y hacia el otro, mirando todo su alrededor; algo no estaba bien. Ya no estaban en el patio, sino en el pasillo oscuro y totalmente silencioso del edificio de secundaria, más exactamente, en el segundo piso.
- ¿Qué pasó? – Murmuró confundida la ojos azules al reconocer el escenario que los rodeaba. – ¿Cómo llegamos aquí? Hace un momento estábamos afuera…
- No te confundas, ésta no es la escuela. – Contestó rápidamente el castaño mientras se ponía de pie. Tomoyo la miró confundida aún en el suelo. ¿A qué se refería con que esa no era la escuela? Luego, Li volteó a ver hacía la ventana, haciéndole el además con la que cabeza de que mirara también. – Mira.
La joven se levantó con cuidado, arreglándose su falda para luego caminar a la ventana y echar un vistazo hacia el exterior. Sus ojos se llenaron de asombro al ver el cielo color carmesí sobre ellos, totalmente cerrado, y la niebla oscura que rodeaba el edificio, el cual no los dejaba ver que había más allá de los cristales de esas ventanas. ¿Qué ocurría? ¿Qué era esa extraña escena ante ella?
- ¿Ahora lo entiendes? – Preguntó el chico detrás de ella. – Aunque parezca la escuela, en realidad estamos atrapados en una dimensión aparte de la nuestra.
- ¿Dimensión? – Repitió la joven sin entender.
- De cierta forma es como el Territorio de Duelos o una Ilusión Omyou… - Li se detuvo unos momentos tras recordar que estaba hablando con Daidouji, quien, hasta dónde sabía, no tenía conocimientos de magia. – Es complicado de poner en palabras simples, pero la verdad es que este sitio no es nuestro mundo. Si tuviera que resumirlo de alguna forma, diría que nos encontramos encerrados en el hechizo de alguien.
- ¿Esto es un hechizo? – Susurró en voz baja, mirando de nuevo hacia la ventana.
Li subestimaba a Tomoyo. Estaba pasando por alto dos cosas muy importantes: la primera, es que durante todo el tiempo que Sakura estuvo participando en los incidentes relacionados con las Cartas Clow y las Cartas Sakura, de principio a fin, ella estuvo a su lado. Así que, aunque no tuviera poderes, conocimientos y demás, no estaba tratando con cualquier analfabeta en el tema. Y segundo, Tomoyo era más inteligente de lo que él creía. No le fue difícil adivinar que todo eso era creado por la magia de algo o alguien. Después de todo, no era la primera vez que oía de algo así.
- ¿Crees que se trate de Mikage-senpai…? – Murmuró en voz baja, volteándolo a ver con cuidado. Su pregunta se basaba en aquello que había hecho en el Parque Hooshi el día de aquella pelea.
Li simplemente negó con la cabeza.
- Esta presencia mágica no es la de él, pero no dudaría en ningún momento que estuviera involucrado de alguna forma. Lo que no entendiendo es qué propósito podría tener para atraernos a mí y a ti a un hechizo como éste.
La conversación fugaz que habían tenido Mikage y Tomoyo vino a la mente de la joven en un instante. ¿Tendría algo que ver con el hecho de haberle mentido sobre el origen de su sortija? ¿Intentaba probarla de alguna forma justo como lo había hecho con Sakura? De una persona que estuvo a punto de asesinar a su mejor amiga, esperaría cualquier cosa.
- Tal vez sólo uno de nosotros era su objetivo, y el otro se encontraba en el lugar y momento inadecuado. – Mencionó la chica de cabello largo, susurrando más para ella que para Li.
Éste terminó por tal vez mal interpretar un poco su comentario. ¿Intentaba decirle que no sabía nada de ese asunto? Sería difícil de creer, después de todo, ella era una Rosa Negra, y eso había ocurrido casualmente cuando ambos estaban solos. No era qué pensará que ella lo había hecho, o incluso que supiera quién había sido. Sin embargo, ¿no era todo eso demasiada coincidencia?
- Puede ser. – Contestó luego de un rato. – Pero lo importante en estos momentos es encontrar la forma de salir de aquí.
- ¿Sabes cómo hacerlo?
- Sin conocer la verdadera naturaleza de este conjuro, no hay mucho que pueda hacer para repelerlo. Sólo encontrar su fuente y detenerlo.
- ¿A qué te refieres con su fuente?
El joven guardó silencio unos momentos y viró a ver de nuevo por la ventana. Todo estaba completamente oscuro. Bien podría estar algo o alguien del otro lado del cristal, mirándolos fijamente durante todo ese rato, y ellos serían incapaces de notarlo.
- No tengo mucha experiencia en este tipo de magia. – Comentó lentamente sin quitar sus ojos de la ventana. – Pero, en un hechizo de esta magnitud… Es probable que quién lo haya hecho, se encuentre aquí también.
Tomoyo se sorprendió al escuchar esas palabras. Encontrar la fuente del hechizo y detenerlo, significaba encontrar a la persona que había creado ese mundo.
Para logar ese cometido, no les quedaba más que comenzar a caminar, buscando en los sitios de ese edificio que les eran posibles revisar al responsable o al menos una pista de la verdadera naturaleza de dicho conjuro. Si en efecto había sido una persona quien los atrajo a ese lugar, debía de haber algún motivo para ello. La pregunta era, ¿cuál era ese motivo?
Revisaron algunos de los salones, pero en todos era lo mismo: se encontraban completamente vacíos. La luz de los pasillos y de los salones no funcionaba. Lo único que parecía alumbrar era ese escaso resplandor rojizo que radiaba del cielo y entraba por las ventanas. ¿En verdad no estaban en el edificio de secundaria? Todo era igual, los pasillos, paredes, todo era exactamente lo mismo. Como Li había dicho, era complicado de explicar, en especial a una persona que no tenía amplios conocimientos en magia. Además, él tampoco estaba muy seguro de cuál era realmente la forma en que trabajaba dicho hechizo, pues existían tal vez mil y un tipo diferentes de conjuros que podrían provocar un resultado muy similar a ese, como transportar a la gente a una dimensión dentro del mismo mundo. En este caso, las personas seguían en el mismo lugar, pero físicamente se encontraban en una dimensión diferente, que la gente del mundo original, aunque esa persona en la otra dimensión estuviera parada a su lado, no podría ver, oír o tocar. Otro tipo era aquel que una determinada área la dejaba bajo el control de quien hacia el hechizo, y podía introducir o sacar de esa área a quien quisiera. Incluso se encontraba la magia que era capaz de crear totalmente desde cero de un pequeño mundo, y cada hechizo era diferente, tanto para hacerlo como las limitaciones que implicaba.
Luego de andar rondando por los pasillos sin obtener ningún avance, a Tomoyo se le ocurrió intentar abrir una de las ventanas que daban al patio. Intentó deslizar una de ellas hacia un lado, pero por más que la jalaba ésta no se movía, aunque no tuviera el seguro puesto. Siguió intentándolo unos segundos y luego lo dejó por la paz aparentemente algo frustrada.
- No se puede abrir. – Comentó la ojos azules luego de su fallido intento. En ese momento sintió como Li colocaba su mano sobre su hombro izquierdo.
- Retrocede. – Murmuró el chico chino, mirando fijamente a la ventana.
Haciéndole caso, Tomoyo se apartó de él varios pasos, mirándolo con curiosidad. Él, por su parte, se colocó de pie frente a la ventana, quedándose quieto por unos momentos. Cerró sus ojos con cuidado, alzó su mano derecha a la altura de su cabeza con su puño cerrado. Un brillo dorado surgió de entre sus dedos y un objeto alargado comenzó a tomar forma, cubierto por esa misma luz. En un parpadeo, la espada mágica de Shaoran surgió en su mano. La blandió con fuerza hacia un lado y para luego tomar uno de sus pergaminos de color verde.
- ¡Dios del viento! – Exclamó con fuerza, al tiempo que golpeaba el pergamino con el lomo de su espada.
Del pedazo de papel con caracteres chinos surgió una fuerte ráfaga de viento que se fue directo contra la ventana para golpearla. Sin embargo, algo pareció evitar que el viento tocara siquiera el vidrio. Una barrera de color dorado brillo al contacto con el viento mágico, y éste se disipó con fuerza hacia los lados.
- ¿Qué pasó? – Murmuró sorprendida la joven, mientras se cubría un poco con sus brazos, pues algo de viento los llegó a tocar.
- Repelió mi hechizo. – Contestó el chico castaño, bajando su espada. – Al parecer las ventanas están selladas con magia, y es probable que las puertas también lo estén. Quien quiera que esté haciendo esto, no quiere que salgamos de este lugar.
Entonces se encontraban prácticamente atrapados en ese edificio. ¿Por qué hacer eso? La ojos azules miró con cuidado a su alrededor, intentando analizar la situación. Intentaba ponerse en el lugar de la persona que los había metido en ese hechizo. Primero, ¿por qué a ellos dos? Seguía pensando que lo más lógico era que iba en busca de unos de los dos, de Li o de ella, no de ambos. Después de todo, ¿qué persona podría estar interesada en ambos al mismo tiempo? Ellos no tenían nada en común, ningún lazo, sólo Sakura. Así que quien haya sido, quería atraer a uno a ese hechizo, y como el otro se encontraba con él, lo atrajo también. La pregunta siguiente era, ¿para qué? ¿Para qué atraer a uno de ellos a ese sitio y atraparlos adentro de ese edificio? Ahí había muchas posibilidades, pero era evidente que si no podían salir, lo que sea que tuvieran que hacer, buscar o descubrir, si había algo, se encontraba en el interior de ese edificio. ¿Pero en dónde?
Los salones estaban vacíos, los pasillos estaban vacíos, ¿qué más había ahí? Baños, armarios, la sala de música, ¿qué más? De pronto pareció pensar en algo. Alzó su mirada hacia el techo, mirando éste por un par de segundos sin decir nada.
- ¿Crees que la puerta de la azotea esté abierta? – Pronunció con un susurro despacio.
¿La puerta de la azotea? Técnicamente también era una puerta que daba al exterior, pero no al patio como las ventanas o las otras puertas. La verdad en esos momentos no sabía de que podría ayudar el salir, pero tampoco tenían mucho que hacer adentro.
- Podríamos intentarlo. – Contestó el chico chino mientras comenzaba a caminar a las escaleras. – Pero no te separes de mí; nono sabemos que podría salir en cualquier momento.
Tomoyo asintió con su cabeza y comenzó a seguirlo unos cuantos pasos detrás. Li caminaba con cuidado, mirando a todos lados rápidamente; no quería que nada los tomara por sorpresa. El autor de ese hechizo podría surgir con cualquier cosa, como objetos que se movieran, trampas, incluso seres artificiales que los atacaran. El hecho de que nada hubiera aparecido hasta entonces sólo lograba que se pusiera más nervioso. Las escaleras estaban oscuras. Desde la base del primer escalón del segundo piso, daba la impresión de una escena realmente tétrica. Pero igual empezaron a subir, Li al frente y Tomoyo detrás de él.
- Esto casi parece una película de terror. – Comentó un poco divertida la ojos azules mientras subían. – En cualquier momento podrían salir los fantasmas de la escuela. Si Sakura estuviera aquí, de seguro estaría muerta del miedo al oírme decir eso.
Para su sorpresa, su comentario pareció arrancarle una pequeña risita al chico chino; al parecer no era del todo un robot.
- ¿Le sigue temiendo a los fantasmas? – Preguntó sin voltear a verla.
- Sí. Hubieras visto cuando vio por primera vez el Dormitorio D-3 y le dije que decían que estaba embrujado. Se le notaba que no deseaba entrar.
- Me parece curioso que aún después de todo lo ocurrido le siga temiendo de esa forma.
No era un secreto que Sakura siempre le había tenido miedo a los fantasmas. Según afirmaba su propio hermano, Touya, él había sido el culpable de dicho miedo, pues desde que era niña siempre le contaba de las cosas que él podía ver, desde fantasmas hasta algunos demonios. A pesar de todas las cosas que había visto desde que se convirtió en Card Captor, ese miedo no había desaparecido.
Y ahí estaban de nuevo, hablando de Sakura, el único tema en común que podían tener. ¿Aún así podía decir tan tranquilamente que él y ella eran amigos?
- Oye Li. – Murmuró luego de un rato, volteando a ver su espalda; no faltaba mucho para que llegaran a su destino. – ¿Tú y Sakura…? ¿Qué son en estos momentos?
Li pareció sorprenderse al oír esa pregunta. Se detuvo quedándose un par de escalones por arriba de ella, volteándola a ver un poco confundido. Ella lo miraba hacia arriba desde su escalón con una leve sonrisa.
- ¿A qué te refieres? – Le preguntó el hechicero.
- Ayer Sakura me dijo que tú aún le gustas, y piensa que a ti aún te gusta ella. ¿Es así? – Li pareció sobresaltarse un poco por la pregunta, y un ligero rubor surgió en sus mejillas sin poder evitarlo. – En esa conversación que tuvieron ayer, ¿ustedes dos…?
Ambos se miraron mutuamente el uno al otro en silencio. Tomoyo miraba fijamente a Li con una expresión tranquila y sonriente, como esperando pacientemente a que le contestara, mientras él parecía ligeramente nervioso por el cuestionamiento de su acompañante. Se volvió a sonrojar, ahora con más fuerza, y rápidamente miró de nuevo al frente.
- No pudimos aclarar eso. – Murmuró mientras volvía a comenzar a subir las escaleras. – La hermana de Kiryuu se interpuso a lo último. ¿No te contó al respecto?
- No, la verdad es que no la he visto desde ayer. – Contestó ella mientras lo seguía. – Entonces, ¿tú aún deseas llegar a ser novio de Sakura? – Li no dijo nada. – Tal vez pienses que soy entrometida… Pero Sakura es mi mejor amiga, y todo lo que tenga que ver con ella me interesa…
- No creo que sea el momento para hablar de eso. – Dijo de pronto el muchacho, casi interrumpiéndola. – Cuando salgamos de aquí hablemos con más calma de esto si quieres.
¿Estaba evitando el tema acaso? En verdad no era tal vez la mejor situación como para tratar algo como eso, pero aún así le parecían muy sospechosas las negaciones de la Rosa Blanca. ¿Le daba pena hablar de eso? Era lo más probable, incluso hace algún tiempo, cuando recién Li intentaba decláresele a Sakura, no era muy fácil para él hablar al respecto. Normalmente Tomoyo tenía que picarlo, y picarlo y picarlo hasta que se abriera. Pero había algo más, había algo más detrás de eso. Mientras miraba fijamente su espalda, intentaba descubrirlo, intentaba ver a través de su corazón y saber que estaba ocultado, que era lo que no quería decir… ¿Qué ocultaba en el fondo de su corazón Li Shaoran?
Un rato después llegaron ante la puerta de la azotea. Li le indicó a Tomoyo que se mantuviera atrás, mientras él intentaba abrirla. Para su sorpresa, no tuvo ningún problema: la puerta se abrió casi por sí sola.
- Está abierta. – Pronunció sorprendido. Eso podría significar sólo una cosa: el responsable quería que fueran a ese sitio.
Dudó un poco en abrirla por completo; no sabían que podrían encontrarse del otro lado. Le indicó a la joven de cabello largo que se mantuviera detrás de él, y entonces prosiguió a mover la puerta muy lentamente con su mano izquierda, mientras con la derecha seguía sujetando su espada. Las bisagras rechinaron ligeramente, al tiempo que ante sus ojos surgía la imagen de esa azotea… Pero había algo más. El aire del exterior, toda el área de la azote en sí, estaba cubierto por objetos blancos que flotaban hacia un lado y hacia el otro, como copos de nieve u hojas re árboles movidas por el viento. Pero esos objetos blancos no copos ni hojas, eran…
- ¿Plumas? – Dijo sorprendido el joven de Hong Kong, mirando a todas direcciones. En efecto, eran plumas, plumas blancas de ave, pero de mayor tamaño.
Ambos chicos dieron un paso al frente, mirando a su alrededor sorprendidos. ¿Qué era eso? Las plumas eran muchas, y al flotar parecían sacarles la vuelta. ¿Era parte del conjuro acaso?
De pronto, Tomoyo vio como Li colocaba su brazo frente a ella, evitando que siguiera avanzando. El joven de ojos cafés miraba fijamente al frente con expresión dura; había divisado algo entre toda esa nube de plumas frente a él, algo… o alguien. Era una silueta, parada frente a la cerca protectora. No podía verla con claridad, pues todos esos objetos que flotaban frente a él parecían esconderlo. ¿Había una persona parada más adelante en la azotea? ¿Alguien oculto entre todas esas plumas?
- ¿Quién está ahí? – Murmuró en voz baja, dando un paso hacia el frente. Al oírlo, Tomoyo pudo notar también a esa supuesta persona. ¿Era quien había hecho ese hechizo? – ¿Quieres eres…?
Daidouji se quedó en su lugar frente a la puerta, mientras veía fijamente como Li siguió caminando, lentamente, poco a poco hacia ese sitio donde esa persona estaba parada. ¿Quién era esa persona? ¿Quién los había llevado a ese sitio? ¿De quién era esa magia? Antes de que pudiera verlo, algo cambio. Las plumas se detuvieron todas de golpe, quedando suspendidas en el aire alrededor de ellos. Li se detuvo en ese mismo momento sorprendido. Todas comenzaron a brillar, despidiendo una luz dorada muy fuerte. Un instante después, todas comenzaron a volar directo hacia la persona que estaba parada a unos cuantos metros del hechicero, cubriéndolo cada vez más y más, formando una esfera grande luz.
Shoaran retrocedió rápidamente de un salto, blandiendo su espada de manera defensiva. Todas las plumas se habían acumulado en esa esfera frente a él, la cual comenzaba a crecer y moverse de manera irregular. ¿Qué era eso? ¿Qué era lo que iba a hacer? De pronto, algo se alargo con rapidez contra él, casi de manera desafiante. Era como si esa esfera de luz se hubiera alargado, como estirando un puó o un brazo. Shaoran reaccionó, aunque algo sorprendido, colocando su espada delante de él con fuerza y utilizando su magia creó un escudo ante él. El choque de dicha extensión luminosa y su escudo, creo un destecho blanquizco entre ambos. A pesar de su escudo, se pudo ver como el cuerpo del joven era empujado un poco hacia atrás, arrastrando un poco los pies mientras intentaba resistir la presión contra él.
- ¡Li! – Exclamó casi atónita la joven detrás de él al ver lo que pasaba.
- ¡Quédate Daidouji! – Le gritó con fuerza mientras seguía intentando resistir.
Pasó rápidamente sus dedos por la hoja de su espada y esta se cubrió con varios rayos similares a electricidad, para luego blandirla con fuerza hacia un lado, haciendo que su atacante se desviara hacia un lado. Pudo ver en ese momento que ese algo se elevaba y comenzaba a moverse en círculos sobre ellos. Era alargado, similar a una serpiente voladora. Cuando la luz dorado se disipó por completo, pudieron ver claramente de qué se trataba. Era un ser alargado, como un animal con garras como patas. Su cuerpo parecía estar hecho de fuego, y de su cabeza surgían dos cuerno. Además, tenía seis ojos: tres a cada lado de su cabeza. Era muy similar… A un dragón hecho de fuego.
- ¡¿Qué es eso?! – Exclamó sorprendido al distinguir la figura de ese ser casi de cuento. Tomoyo también lo vio, e igualmente se encontraba atónita, pero ella no decía nada. Simplemente se quedaba ahí, de pie, totalmente quieta, mirando fijamente al dragón girando sobre ellos. Pero había algo diferente…
- "Ese dragón…" – Pensó sorprendida la ojos azules al verlo. – "Ese dragón es como…"
La criatura de fuego se le abalanzó a Shaoran desde las alturas. Éste reaccionó rápidamente, saltando hacia un lado y luego rodando en el suelo para alejarse de él, EL dragón casi choca contra el suelo, deteniéndose y flotando muy cerca del suelo hacia donde estaba el hechicero. Al estar tan cerca del piso, alzó una fuerte ráfaga de viento que casi empujaba a Tomoyo en el proceso, lo que la hizo retroceder contra la puerta.
Li se incorporó rápidamente, sacando tres ofudas de color azul oscuro. Justo cuando el dragón estaba a unos cuantos metros de él, sin dudarlo alzó su espada con fuerza al frente, golpeando los pergaminos con el lomo. Los conjuros de los papeles reaccionaron, y de estos surgieron tres chorros de agua que se lanzaron con fuerza, golpeando a su atacante. Humo y vapor surgió de su cuerpo al contacto con el agua, al tiempo que se retorcía y movía de un lado a otro, al parecer con dolor; parecía que su cuerpo realmente estaba hecho de fuego. Gracias al conjuro se Shaoran, el dragón desvió su camino, estrellándose contra el suelo y deslizándose por él contra la reja protectora.
El joven se movió hacía un lado, preparándose para atacar de nuevo. Al parecer su enemigo era débil agua, pero su conjuro utilizando sus pergaminos no era tan fuerte y grande como para un ser mágico de ese tamaño. ¿Qué podía hacer? Antes de pudiera decidir una estrategia, el dragón movió su cola con fuerza contra él de golpe. Rápidamente dio salto en el aire, elevándose y dando una maroma hacia atrás para poder esquivarlo. La cola terminó por estrellarse contra la reja, casi derrumbándola. Mientras se encontraba suspendido en el aire luego de su largo salto, volvió a tomar de nuevo sus pergaminos azules, listo para atacar desde las alturas.
- ¡Dios del Agua! – Gritó con fuerza mientras volvía a repetir su conjuro. De nuevo, tres chorros de agua golpearon el cuerpo de la criatura, haciendo que éste reaccionara y se retorciera de un lado a otro, golpeando la reja con fuerza con su cuerpo.
Tomoyo casi tuvo que meterse de nuevo en el edificio para evitar ser alcanzada por el enorme cuerpo de aquella criatura. Sin embargo, a pesar del peligro, no podía quitarle los ojos de encima; intentaba verificar que efectivamente, era lo que ella estaba pensando.
Li volvió a tocar el suelo luego de su acrobacia, pero sólo para volver a moverse rápidamente para esquivar todos los coletazos que la criatura lanzaba. Desde los tiempos en que cazaba las Cartas Clow en Tomoeda al igual que Sakura, ya daba la impresión de ser un chico realmente ágil y hábil. Sin embargo, lo que era capaz de hacer a los diez u once años, no se comparaba en nada a lo que estaba haciendo en esos momentos. Sus habilidades habían mejorado considerablemente, como lo había demostrado anteriormente en su combate contra Mikage. Era evidente que era un miembro de la gran Familia Li, la Familia del Dragón de China.
El criatura de fuego se alzó de nuevo el aire, elevándose por encima de la azote para luego lanzarse en picada hacia donde estaba Li. A medio camino, abrió su boca por completo, exhalando con fuerza una llamarada candente contra él. Li no se mutó. Rápidamente tomó uno de sus pergaminos de agua entre sus dedos y lo alzó con fuerza hacia el aire. El pergamino se desintegró, creando en un segundo una esfera de agua a su alrededor, misma que lo protegió efectivamente del fuego. Una vez que el peligro había pasado, su barrera protectora se desvaneció, y un segundo después el joven se lanzo a un lado para esquivarlo y provocar que el dragón en esta ocasión se estrellara contra el suelo de cabeza.; el golpe pareció aturdirlo.
- "¿Cuál es el propósito de atacarme utilizando una criatura como ésta?" – Pensaba el joven castaño, sin perder su guardia. – "No es propiamente una criatura mágica creada de la nada, sino más bien algún tipo de Ilusión materializada, prácticamente es lo mismo que todo este edificio: no existe realmente. ¿Qué se propone la persona que creó todo esto? ¿Acaso desea matarnos?"
De un segundo a otro fue sacado de sus pensamientos, pues el monstruo de llamas había reaccionado de nuevo, lazándose directo contra él, casi pegado al suelo. El primer reflejo de Shaoran hubiera sido esquivarlo, pero de inmediato recordó algo: Tomoyo. En esa posición, Li estaba de espaldas a la puerta justo donde estaba ella. De esquivarlo, terminaría yéndose de golpe contra ella. Tuvo que pensar rápido. Sin dudarlo, se dio media vuelta y corrió rápidamente hacia Tomoyo, el cual veía sorprendida como éste se le acercaba con el dragón pisándole los talones.
- ¡Sujétate! – Fue lo único que le dijo al mismo tiempo que rodeaba su cintura con un brazo, pegándola contra él, justo para elevarse con fuerza los dos al mismo tiempo, haciendo que la cabeza del dragón se estrellará contra la puerta, prácticamente destruyéndola.
Tomoyo miró hacia abajo, estando casi aferrada a Shaoran para no caerse. La vista desde esa altura era increíble. La parecía que Li casi saltaba igual que Sakura con la Carta Salto, aunque en realidad ambos altos no se comparaban. Aún así, sólo con su habilidad física, el joven castaño no se quedaba atrás. Comenzaron a descender, pero justo al mismo tiempo su oponente volvía a reaccionar. Sacando su cabeza de los escombros de la pared que había destruido, sólo para elevarse de nuevo contra ellos. Loa ojos azules se quedó casi petrificada al ver el rostro de esa criatura abalanzárseles de esa forma, mientras Li intentaba mantener la compostura. Rápidamente y mientras comenzaban a bajar, jaló su espada con su mano libre hacía atrás; su hoja se cubrió de un destello luminoso. Luego, la jaló con fuerza hacía el frente, justo cuando la cara del Dragón estaba tan cerca de ellos, que incluso llegaron a sentir el calor que sus llamas emanaban. El movimiento de su espada pareció convertir el viento creado en una cuchilla de energía dorada que voló hacia el Dragón, golpeándolo con fuerza y haciéndolo retroceder. El Dragón gruño de dolor y rápidamente se alejó de ellos, alzándose en el aire.
Por su parte, ambos chicos volvieron a salvo al suelo, si a salvo se le podía decir. Sin esperar el chico se colocó frente a Tomoyo, volteando a ver a la criatura sobre ellos mientras sostenía su espada con ambas manos, listo para el momento en que los atacara.
- "Esto está tomando demasiado." – Pensaba con un poco de fastidio en relación a toda esa pelea. – "Me temó que tendré que usar ese método si no encuentro otra salida…"
- Ese dragón… - Escuchó de pronto que Tomoyo murmuraba a sus espaldas.
Volteó rápidamente a verla por encima de su hombro. Tomoyo aún estaba a unos cuantos pasos de él, mirando hacia arriba con sus ojos totalmente abiertos; se encontraba demasiado cerca. Justo cuando estaba por decirle que se alejara, y que era muy peligroso, ella dijo algo que lo sorprendió incluso más que la criatura con la que peleaba.
- Se parece mucho a aquel que Sakura creó para aquel video. – Susurró en voz baja, más para ella misma que para él, pero aún así fue capaz de oírla
- ¿Qué dices? – Preguntó confundido al oírla, llamando la atención de la joven; ni siquiera había notado que lo había dicho en voz alta.
- ¿No lo recuerdas, Li? Te lo mostramos en aquella ocasión cuando Meiling y tú fueron a Tomoeda en las vacaciones. – Le explicó. – Sakura creó dos dragones con su magia, y Yue, Kero y ella los derrotaron mientras yo los grababa. Hizo un video bien hecho, con diferentes tomas y música de fondo.
Los ojos del joven se abrieron más y más conforme la joven se lo describía, hasta abrirse de par en par como señal de asombro. Lo había olvidado por completo, pero ya lo recordaba. Fue en el incidente de la Carta Sellada. En uno de esos días que él y su prima Meiling pasaron en Tomoeda el verano del año pasado, les mostraron ese video. El video había sido grabado en el aquel Parque Tomoeda, en donde estaba el Rey Pingüino. Sakura, acompañada de sus guardianes, Yue y Kerberos, combatí a tres criaturas: un Golem de tierra, un elefante de hielo… y un dragón de fuego, un dragón de fuego completamente igual a ese, o al menos, el parecido era increíble.
¿Qué significaba eso? ¿Una coincidencia? No, eso no podía ser una coincidencia, tenía que significarse algo. ¿Ese dragón era creación de Sakura? No, no era posible. A pesar de que sus grandes poderes serían más que suficientes para hacer una dimensión como esa, no poseía los conocimientos teóricos para hacerla; además, no tenía motivo para hacer algo como eso, atraerlos a ese sitio inesperadamente y atacarlos así, Sakura no haría eso. Entonces, ese dragón… Era una pista, una pista puesta premeditadamente por el autor de todo eso. Quien estaba detrás de todo eso, había visto ese video… hace casi un año…había visto… ese video…
Shaoran se sobresaltó de golpe, totalmente atónito por la idea que acababa de cruzarle por la cabeza. No podía ser, no había forma de esa fuera la respuesta, pero era lo único que tenía sentido en ese momento. ¿Era posible? ¿Podría ser? Rápidamente se volteó hacia ella.
- ¿Quién vio ese video? – Le preguntó de golpe.
- ¿Eh? – Exclamó confundida ella a su vez.
- El video de Sakura, ¿a quién le mostraste ese video? – Volvió a preguntar con insistencia.
Tomoyo guardó silencio, pensando en qué respuesta dar. ¿A quién se lo habían mostrado? Ya había pasado algo de tiempo, pero por suerte, no habían sido muchas personas como para que le fuera difícil recordarlos a todos.
- No podíamos mostrárselos a mucha gente, pues hubiera sido difícil explicar esos efectos especiales. – Murmuró en voz baja mientras recordaba. – Sólo lo vimos Sakura, Kero, Meiling, tú, yo… - Intentó recordar a otra persona, pero tardó un largo rato en que se le ocurriera alguien más. – Creo que le envíe una copia a…
La ojos azules palideció de golpe; la misma idea en la mente de Shaoran llegó a su mente sin aviso. Volteó a ver lentamente a Li, con una mirada casi de miedo en los ojos. No necesitaba decir más: esa mirada lo decía todo.
- Me lo suponía. – Murmuró en voz baja con algo de pesar, girándose de nuevo lentamente hacia el enorme dragón, el cual giraba sobre ellos, preparándose para volver a atacar. – Al principio no lo creía, pero ahora que lo pienso todo tiene sentido. ¿Quién más puede ser? ¿Quién acostumbra hacer este tipo de cosas? ¿Quién tiene la magia suficiente para atraernos a su Ilusión y además crear algo como esto? ¿Quién además de todo esto pudo haber conocido a este dragón?
- No te puedes referir a él. – Comentó ella a su vez sin salir de su asombro.
Él no le contestó. Simplemente se quedó de pie, mirando fijamente a la criatura sobre él. Tomó su espada con fuerza con su mano derecha, y la colocó al frente, estirando por completo su brazo y haciendo que la hoja quedara verticalmente, señalando al cielo. Luego, la inclinó un poco hacía él, casi como si deseara que el filo tocara su cabeza, y coloco los dedos índice y medio de su mano izquierdo sobre su lomo. Cerró los ojos lentamente, al parecer para comenzar a concentrarse. ¿Qué iba a hacer? Una luz muy fuerte lo rodeó de golpe, y algo surgió en el selo debajo de él. Al igual como ocurría en ocasiones con Sakura, un signo también surgió a los pies de Shaoran. Esa era la primera vez que veía que Tomoyo veía que eso pasaba con él. El símbolo era similar a una estrella de ocho picos, formada por dos cuadros. En cada pico había un signo que parecía ser un kanji, lo más probable chino, encerrado en un triangulo. En su base había más signos diferentes, al parecer divididos por anillos concéntricos, que estaban alrededor del símbolo clásico del Ying y el Yang, que se encontraba justo debajo de los pies del castaño. Si su memoria no le fallaba, esa marca era en parte similar al tablero mágico que le servía de brújula a Li para encontrar las Cartas Clow. ¿Tenía esa marca de algún significado en especial?
El Dragón volvió a moverse, abalanzándose de nuevo directo contra Shaoran. Tomoyo reaccionó por sí sola, alejándose de él caminando de espaldas, saliendo a su vez de la marca mágica a sus pies. Sin embargo, Li parecía completamente tranquilo. El dragón se acercaba más y más, e incluso abrió sus fauces por completo, como si estuviera listo para devorarlo.
- ¡Li!, ¡Cuidado! – Le gritó casi con miedo al ver que no reaccionaba.
El joven parecía inmóvil, con la misma posición y los ojos cerrados. El brillo a sus pies se incrementó de golpe. La hoja de su espada pareció cubrirse de pequeños rayos, similares a electricidad. Justo cuando las mandíbulas de su atacante estaban a menos de un metro sobre él, abrió sus ojos de golpe, los cuales casi parecían brillar.
- ¡¡Dios del Trueno!!, ¡¡Ven!! – Gritó con todas sus fuerzas mientras alzaba rápidamente su espalda hacia el aire.
Una increíble serie de relámpagos, mucho más poderosos que los que había hecho con anterioridad con sus pergaminos, surgieron de golpe de su espada, dirigiéndose directo contra la boca del dragón; casi asemejaban a la forma de enormes serpientes hechas de electricidad. Las serpientes entraron por la boca del dragón, atacándolo por adentro, cubriendo su cuerpo por rayos de electricidad que lo recorrieron de punta a punta. Los rayos lo atravesaron, surgiendo cada uno de diferentes partes de su cuerpo, dejándolo totalmente fuera de combate. El cuerpo casi sin vida de la criatura cayó de manera seca al suelo frente a ellos. Pero aún no estaba del todo vencido. Para acabar de una vez, tomó de nuevo tres pergaminos de agua, lanzándolos al frente con fuerza. Cada pergamino queda flotando en el aire alrededor del dragón, casi encerrándolo en un triángulo.
- ¡Dios del Agua!, ¡Ven! – Exclamó con energía mientras alzaba su espada hacia el frente, apuntando los ofudas con la punta de su hoja.
Los tres pedazos de papel azul brillaron con fuerza y soltó cada uno un chorro de agua contra el dragón, cubriendo su cuerpo y apagando las llamas poco a poco, creando una densa cortina de vapor a su alrededor; lo había derrotado.
Tomoyo miró todo eso realmente sorprendida. ¿Eran esos los verdaderos poderes de Li? En verdad, se había vuelto mucho más poderoso de lo que era hace un solo un año atrás.
- Lo logre… – Murmuró en voz baja el chico castaño, mirando como el cuerpo de fuego de su oponente era reducido. Sin embargo, su respiración era ligeramente agitada, y se le veía cansado. Sus piernas le temblaron ligeramente, y no pudo evitar caer de rodillas, al mismo tiempo que la marca a sus pies desaparecía de golpe.
- ¡Li! – Exclamó la joven ojos azules, acercándosele rápidamente, intentando ayudarlo a levantarse. – ¿Estás bien?
Se veía realmente agotado; había usado mucha energía en ese conjuro de trueno que acababa de usar.
De pronto, ambos notaron como el cuerpo del dragón comenzó a brillar sin ningún motivo. Un segundo después, pareció despedazarse y dividirse en diferentes pequeñas esferas de luz, comenzando a flotar lentamente como pequeñas luciérnagas. Ambos miraron confundidos a un lado y hacia el otro, como esperando a que el próximo golpe fuera lanzado, pero un fue así. Ocurrió algo más extraño: el cielo sobre ellos pareció quebrarse. Desde su perspectiva, como si se tratara de un espejo o un vidrio, el cielo rojizo sobre ellos comenzó a rasgarse y luego romperse en varios pedazos de vidrio que comenzaron a caer lentamente como nieve. Mientras caían, todo su alrededor parecía volver poco a poco a la normalidad. El cielo volvía a ser el de siempre, la luz regresaba, y en un parpadeo se encontraban en la azotea real del edificio de la Secundaria.
- ¿Qué está pasando? – Murmuró en voz baja la joven Daidouji.
- La Ilusión se está desvaneciendo. – Le contestó él con tranquilidad, mientras e paraba lentamente.
Li tenía su atención puesta al frente, en un punto gusto delante de ellos, donde la Ilusión no se desvanecía, donde aún parecía flotar un poco de niebla oscura, y donde aún estaba alumbrado por luz rojiza. De la nada, todas las esferas de luz comenzaron a moverse rápidamente hacia punto, comenzando a reunirse de nuevo, justo como habían hecho las plumas en cuanto salieron a esa azotea. La mirada del hechicero se puso seria. En ese lugar, estaba lo que estaban buscando: el responsable de todo eso.
- Es momento de que te muestres. – Murmuró con firmeza, con sus ojos clavados en ese punto frente a ellos en donde todas esas esferas de luz comenzaban a juntarse. Su mirada se endureció, mientras tres siluetas diferentes comenzaban a formarse. – Hirakizawa Eriol…
Los ojos de Tomoyo se abrieron de golpe al oír como Li pronunciaba ese nombre. El cielo volvió a iluminarse, mostrando el color entre anaranjado y dorado del atardecer. La oscuridad que los envolvía se desmoronó por completo, como una hoja de papel quemándose, hasta dejar todo de regreso en su lugar. Las esferas también se disolvieron en un conjunto de destellos dorados, dejando en su lugar a esos tres seres, los tres parados sobre aquel extraño símbolo que surgía del suelo. Para ellos dos, que habían estado en la cacería de las Cartas Clow, aquel símbolo dorado compuesto de una luna, un sol y diferentes anillos, líneas y signos, no era extraño: era el Símbolo del Mago Clow, y los tres seres parados sobre él no eran tampoco extraños para ellos.
Del lado izquierdo, se encontraba un enorme ser con forma de animal, similar a una pantera negra, pero tenía dos enormes alas en forma de mariposa color azul surgiendo de su espalda. Del lado derecho, había una mujer de cabellos rojos y largos, con una extraña túnica rosa y negra, y de igual forma, de su espalda salían dos alas con forma de mariposa, pero de color rojo claro. Por último, justo en el centro de ambos, había una tercera persona, un joven de tal vez trece años, cabellos cortos, en un tono entre azul oscuro y negro, piel blanca, ojos azules, casi ocultos detrás de unos anteojos redondos, y una sonrisa pequeña que reflejaba, junto con su mirada, cierta astucia e incluso malicia. Este joven en el centro, vestido con un suéter azul marino y unos pantalones negros, era el punto en común de las miradas de ambos Duelistas, sobre todo aquel largo báculo dorado, en cuya punta parecía tener un sol y una luna.
- Veo que me descubriste demasiado fácil. – Escucharon como murmuraba en voz baja el chico de lentes, mirando fijamente al hechicero de China. Su tono de voz era, extrañamente, ligeramente inocente. – La próxima vez seré más cuidadoso. Aún así, me alegra ver que te has vuelto más fuertes que la última vez que nos vimos, Li…
La sonrisa en su rostro se amplió lentamente. Hirakizawa Eriol, le Reencarnación del Mago Clow, se presentaba ante los dos Duelistas de la Rosa de manera inesperada…
FIN DEL CAPITULO 25
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Sakura: Las Siete Rosas Blancas y las Siete Rosas Negras se han reunido. ¿Cuál es ese lazo oculto entre todos? ¿Cuál es el secreto detrás de las Rosas? Los Duelos por la Doncella de Blanco están a punto de continuar, y la verdadera Batalla por el Poder para Revolucionar al Mundo dará inicio en Othori… No se pierdan el próximo capítulo de "La Rosa Blanca"… ¡El Mundo yo voy a Cambiar!
= Capitulo 26: El Último Duelista =
