Nuevo capítulo, más corto de lo habitual. No sé cuando podré volver a actualizar, aunque espero no tardar demasiado. Gracias por las reviews!
Presiono el botón de la cafetera y pongo la máquina en marcha. El olor a café no tarda en llegar a mis fosas nasales y eso hace que me relaje un poco. Alguien entra a la sala y cierra la puerta, quedando solamente los dos dentro. Es Kate. No me doy la vuelta, pero sé que es ella, no solamente por el olor a cerezas que lleva siempre con ella, sino también porque puedo sentir su presencia.
No dice nada. Siento cómo se aproxima hasta quedar detrás de mí, muy cerca de mi espalda. Tanto que siento su aliento sobre mi hombro. El café ya está listo, sin embargo no le presto atención.
Siento cómo desliza su mano por mi brazo, hasta acariciarme la mano. El simple contacto con su piel ya me tranquiliza. Quiero girarme, darle un abrazo y besarla, sin embargo me tengo que recordar a mí mismo lo que ella pretende hacer y lo peligroso que es.
-Rick… - su voz me llega en un pequeño susurro, haciendo que mi corazón se encoja. Acerca su mano hasta mi mentón y yo no puedo más que girarme hacia ella, quedando frente a frente – No haría esto de no ser seguro.
-No sabes si es seguro. No lo es. Él no es seguro.
-Tú, Espo y Ryan vais a estar a unos metros, escuchándolo todo. Confío en vosotros, sois la seguridad que necesito.
Aparto la mirada de esos ojos color avellana, expulsando un pequeño suspiro.
-Quiero hacerlo – dice de repente – pero no lo haré si tú no estás de acuerdo.
-¿Por qué crees que tienes que hacerlo? Kate, podemos buscar otra manera…
-Necesito hacerlo – me dice, su mirada es suplicante ahora – Nunca había pensado en volver a enfrentarme a él, nunca había pensado en volver a verlo, pero ahora… creo que necesito hacerlo, para poder cerrar esta parte de mi vida, para poder estar en paz con lo que pasó.
Me separo de ella unos centímetros, sacudiendo la cabeza, pasándome una mano por el pelo mientras trato de pensar. Es una locura, una auténtica locura. Pero quizás tenga razón, y si así es como se siente, no puedo negarle eso.
-Kate sabes que confío en ti – le digo, acercándome de nuevo a ella y cogiendo sus manos entre las mías – pero tengo que preguntarte esto, ¿de verdad te crees capaz de enfrentarte a él?
Ella me mira fijamente a los ojos, antes de asentir con convicción.
-Necesito mirarle a los ojos… - dice, mientras sus ojos comienzan a adquirir un toque brillante, sin llegar a llenarse de lágrimas – Necesito mirarle a los ojos y demostrarle que no le tengo miedo, que no soy yo quien tiene que tenerlo. Tú me has demostrado eso Rick – siento sus cálidas manos agarrar más fuertemente las mías mientras me dice estas últimas palabras – No tiene ningún poder sobre mí. Y voy a acabar con eso y vamos a continuar con nuestras vidas justo donde estamos ahora, y vamos a aumentar la familia.
No puedo evitar sonreír al escuchar sus últimas palabras y la convicción y emoción con la que habla, a pesar del leve tembleque en su voz.
Asiento y, tras un pequeño suspiro, la acerco a mí y la rodeo con mis brazos. Ella acomoda su cabeza en mi pecho, imagino que sintiéndose relajada y reconfortada entre mis brazos.
-Todo va a salir bien.
Tras un largo minuto abrazándonos, volvemos a la sala donde todavía nos esperan Esposito y Ryan. Cuando entramos nos miran con cara de circunstancias, analizándonos a ambos.
Yo les hago un pequeño gesto afirmativo con la cabeza, supongo que para indicarles al mismo tiempo que Kate y yo estamos bien, y que finalmente vamos a seguir su plan.
Mantenemos una larga conversación en las que establecemos ciertos puntos que tendremos que llevar a cabo una vez que sepamos dónde se va a alojar Josh cuando se marche de la casa de su hermano, y finalmente Kate y yo abandonamos la comisaría.
Cuando salimos del edificio, ella cierra los ojos y coge aire profundamente.
-Vamos a buscar a Allan – le digo yo, pasándole una mano por la parte baja de su espalda.
Ella acomoda su cabeza en mi hombro unos segundos, antes de comenzar a caminar juntos por la acera.
-Sí, vamos.
Cuando Jim abre la puerta de su apartamento y Allan aparece detrás de él con una galleta de chocolate en la mano y toda la camiseta llena de manchas, trato de contener la risa mientras Kate abre la boca, mirando a nuestro hijo y a su padre intercaladamente.
-Papá, pero qué… ¿por qué le dejas que se manche de esta manera? – dice, entrando en la casa y agachándose junto a Allan, quien feliz le muestra la galleta con el chocolate derretido que sujeta en la mano.
-No pasa nada, es solo un niño, tiene que mancharse – dice Jim, haciendo un aspaviento con la mano restándole importancia mientras se aparta de la puerta y me invita a pasar haciendo un gesto con la cabeza.
-Precisamente, tiene que aprender a comer bien no a… - señala a Allan mientras trata de encontrar las palabras adecuadas – ¡Por dios, lleva hasta el pelo manchado!
-Pero se lo ha pasado muy bien con el abuelo, ¿verdad? – dice Jim con un tono infantil, inclinándose para dirigirse a Allan.
-Chii– dice él, sonriendo, mostrando sus pequeños dientes manchados de chocolate.
Yo no puedo evitar soltar una carcajada, tanto por lo gracioso de la situación como por lo adorable que está Allan, incluso manchado de chocolate.
-No, no está bien – dice Kate, tratando de no reír también – Tu abuelo te tiene totalmente consentido.
-Es mi único nieto, no puedes culparme por eso – argumenta él, alzando ambas manos.
Casi una hora más tarde, Allan está metido en la bañera, lloriqueando porque Kate le está enjabonando el pelo.
-¿Puedes ayudarme? Distráelo o algo, así yo puedo lavarle bien.
-Claro – me siento a su lado en el suelo, remangándome las mangas del jersey para no mojarme, y cojo un pez de goma que flota en el agua – Mira Allan, ¿quieres jugar con el pez? Mira como nada.
Él alza la cabeza hacia arriba cuando yo elevo el pez, haciendo pequeños movimientos con él y facilitando así que Kate le lave la cabeza sin que el jabón le llegue a los ojos.
-Namee – dice, estirando sus manos hacia el pez.
-Espera un poco, mamá te tiene que lavar la cabeza.
-No, name – se queja él, volviendo a estirar su manitas intentando alcanzar el muñeco.
-No estarías ahora mismo en la bañera si no te hubieses puesto de chocolate hasta las orejas – dice Kate, aclarándole la cabeza.
-Chi, chocolate – dice Allan, esta vez dejando de prestar atención al pez para comenzar a salpicar el agua.
-Míralo por este lado – le digo a Kate – si nos damos prisa, Allan pronto dejará de ser el niño mimado de tu padre – digo, guiándole un ojo, tras recordar las palabras de Jim al decir que Allan era su único nieto.
Ella sacude la cabeza, sonriendo.
-En realidad me gusta la relación que tienen, pero no se lo digas a mi padre – dice ella, ahora devolviéndome el guiño.
-¡No! – grito de repente.
-Demasiado tarde – ríe Kate, después de que Allan tire hacia mí un pequeño cubo de plástico con el que suele jugar en la bañera, lleno de agua.
Allan hace lo mismo de nuevo, esta vez con Kate, quien cierra los ojos al sentir el agua sobre su cara.
-Eso te pasa por reírte de que me mojase a mi – le digo yo, riendo.
Pronto comenzamos los tres una batalla de agua, salpicándonos los unos a los otros entre risas. Creo que, a pesar de que es Allan el que está dentro de la bañera, Kate y yo acabamos incluso más mojados que él.
Termino de limpiar la cocina, después de la cena, y cuando termino subo al piso de arriba. Me acerco, sigilosamente, a la puerta, entreabierta, del dormitorio de Allan.
Observo cómo Kate, tumbada junto a Allan sobre su cama, le lee un cuento. Agudizo mi oído, tratando de escuchar.
-Entonces, la ranita se acercó a los niños.
-¿Nanita? – pregunta Allan, con un tono curioso en su voz.
-Si mi amor, una ranita verde y pequeñita – le explica, mostrándole la ilustración del libro - Se acercó a los niños, que le miraron con curiosidad…
Me quedo parado en el marco de la puerta, escuchando durante todo el tiempo que dura el cuento, percibiendo la ternura con la que Kate le habla. Un rato después lo único que puedo escuchar es la respiración acompasada de Allan entre el silencio de la habitación.
La leve luz que aporta la pequeña lámpara sobre la mesita de Allan, me deja vislumbrar entre las sombras, cómo Kate se tumba de lado y abraza a nuestro hijo, emitiendo un suspiro después y dejando un sonoro beso sobre la cabeza de Allan.
Atravieso el dormitorio y me acerco hasta la cama. Kate siente mi presencia, pero no se levanta, continúa allí, abrazada a Allan. Y entonces comprendo que quizás se trata de una especie de nostalgia. Nostalgia porque fue Allan quien le hizo salir de ese profundo agujero en el que estaba, fue nuestro hijo quien le ayudó a salir adelante cuando yo no estaba ahí.
-¿Estás bien? – le pregunto, en un susurro para no despertar a Allan.
Ella se inclina sobre la cama, con cuidado de no despertarlo, y se levanta.
-Sí – asiente, mirándome a los ojos, haciéndome saber que así es, antes de girarse y quedarse de nuevo mirando a Allan.
Yo la abrazo por la espalda, pasando mis manos por su cintura. Ella agarra mis manos y se relaja sobre mi pecho. Ambos nos quedamos allí unos segundos, mirando a nuestro hijo dormir, quien, por cierto, cada día está más grande.
- Todo va a estar bien – le susurro junto a la oreja - Ahora estamos juntos, superaremos cualquier obstáculo.
Ella retira sus manos de encima de las mías, haciéndome retirarlas a mí también de su vientre, y se gira hacia mí y coge mi cara entre sus manos, dándome un profundo y, al mismo tiempo, delicado beso.
