Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Edward's Eternal, yo sólo traduzco.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is Edward's Eternal, I just translate.
Gracias a mi beta Isa por revisar y corregir este capítulo.
Capítulo 25
Las luces de la oficina eran tenues, el piso estaba vacío, yo estaba sentado, tirado en mi silla con los pies en el escritorio. No deseaba salir de la oficina por ahora. Este era el lugar donde se sentía más fuerte la presencia de Bella. Eché la cabeza hacia atrás, ignorando la punzada en mi mejilla.
Bella cargaba un buen gancho en esa pequeña mano. Tal vez debí dejarla lanzarle uno o dos golpes a Riley esa noche en el callejón.
Mi sonrisa ante esa idea se desvaneció al recordar la expresión furiosa y herida de su rostro justo antes de que me golpeara.
Nunca me iba a perdonar.
Miré a mí alrededor, preguntándome si debería empacar las cosas de mi escritorio ahora para irme en silencio, o arriesgarme a quedarme y ser despedido cuando Bella me reportara o, peor, que ella dejara la compañía.
No quería que se fuera.
Esto era mi culpa.
Mi propia estúpida idea para acercarme a ella. Nacida de un comentario que hizo en voz alta, con el cual me convencí a mí mismo que ella decía en serio y por el que yo había actuado sin pensar en las consecuencias.
La consecuencia de que eventualmente ella descubriría quién era Edward y se apartaría.
Nunca antes había sentido pánico de la forma en que lo sentí hace rato cuando escuché a Alice gritar mi nombre completo en medio de la oficina y vi la creciente realización de Bella sobre lo mucho que la había engañado, dentro y fuera de la sala de copiado.
Luego de que se fue, la gente se movió torpemente por aquí, sin saber qué había pasado. Incluso Alice se apartó, sorprendida por lo que había visto. Por suerte, al ser ya tarde, no había tanta gente alrededor, pero sabía que para mañana en la mañana todos habrían escuchado sobre el encuentro entre el tímido Masen y la callada Bella. Nadie conocería la historia que había detrás, pero todos habrían visto el desenlace.
Sólo esperaba, por su bien, que todo muriera rápidamente.
El suave tintineo del elevador me hizo mirar hacia el pasillo. Cuando Bella entró en la oficina, me congelé. Sus ojos llenos de emoción encontraron los míos y se acercó a mí. Bajé los pies del escritorio y me enderecé, sin saber qué hacer después. Sin saber por qué estaba ella aquí.
Su primera pregunta me sorprendió.
—¿Por qué te haces llamar Masen?
Tragué, aclarándome mi seca garganta.
—Me pusieron así por mi padre. Desde que puedo recordar, mi abuela me ha llamado Masen. Creo que la entristecía decirme con su nombre luego de que él murió. Nunca uso Edward. Nadie me dice así. Nunca lo hicieron… ni siquiera cuando era niño.
Parpadeó antes de hablar de nuevo. Sus ojos seguían confundidos, su voz temblorosa, pero un poco del enojo que había visto antes ya había desvanecido.
—Cómo. Quiero saber cómo.
Entendí lo que quería y me paré, indicando con mi mano que debía seguirme. Se merecía las respuestas a sus preguntas. Crucé la oficina de Alice, deteniéndome brevemente para enseñarle el vidrio cubierto. Ella miró, entendiendo cómo había podido verla tan fácilmente. En silencio, salí por la puerta de un lado con Bella detrás de mí. Fui a la bodega y me paré junto a la aparentemente inofensiva puerta. Alzando la mano, empujé el panel y la puerta se abrió sin hacer sonidos, revelando la sala de copiado detrás de ella. Bella jadeó en voz baja. Saqué el control de mi bolsillo y presioné el pequeño botón, mirando su cara cuando las luces se encendieron. Se movió junto a mí hacia la sala con el ceño fruncido, y esta vez la seguí.
Se giró, su cara era una masa de emociones.
—¿Cómo? —exigió de nuevo.
—Di algo sin hablar, Bella. Sólo mueve tus labios.
Miré su dulce boca moverse y asentí.
—Sí, Bella, te estoy diciendo que puedo leer los labios. Aprendí cuando mi abuela se empezó a quedar sorda y fui a clases con ella. "Escuché" cada palabra que le dijiste a Rose ese día. También otras cosas.
—¿Por qué? —exhaló.
Me pasé las manos por el cabello con frustración.
—Porque era demasiado tímido para hacer algo más. Quería ser tu amigo; quería ser mucho más que tu amigo, pero luego de lo que ese bastardo te hizo, estuve seguro de que me alejarías… —Me encogí de hombros—. Sólo te cuidé desde la distancia. Intenté hacerte saber, de manera discreta, que estaba aquí si me necesitabas.
Caminé por la pequeña sala.
—Cuando estás molesta o preocupada, hablas contigo misma. A veces en la comida o mientras estás sentada en tu escritorio empiezas a murmurar. Podía ver lo que estabas diciendo. —La miré—. Esos eran los días en que me aseguraba de acercarme con café o dulces para ti. O me sentaba en tu mesa para hacerte compañía.
Me miró, y me acerqué a ella.
—Desearía haber estado en la oficina en tus primeros días, Bella. Antes de que ese maldito bastardo te atrapara. —Sacudí la cabeza con disgusto—. Él sabía que me importabas. Solía burlarse de mí todo el tiempo cuando salían. Sabía que te estaba usando, y era incapaz de detenerlo. Luego de que terminaron, todo lo que pude hacer fue estar ahí para ti. Hacerte saber que todavía tenías un buen amigo.
—Fuiste un buen amigo.
Solté una carcajada.
—Hasta el día en que le respondiste a Rose.
Entrecerró los ojos, y por instinto retrocedí un paso. En serio no quería que me golpeara de nuevo, aunque lo aguantaría si lo hacía.
—¿Cómo lo hiciste? —Sacudió la cabeza—. Te ibas a hacer recados o no estabas en la oficina, pero luego siempre aparecías… aquí. Conmigo.
Sonreí con tristeza.
—Alice es muy organizada, Bella. Siempre tiene sus listas de "Cosas que Masen debe hacer" preparadas. Las leía una noche antes, hacía todo lo que me fuera posible, metía cosas en mi carro y me escondía en la bodega hasta que llegabas. Luego corría e iba por ellas; parecería como si me hubiera ido. Y los días en que pensabas que no estaba aquí, estaba en la oficina de Alice trabajando en la esquina. Le dije que necesitaba el tiempo y silencio para estudiar, así que ella cerraba la puerta y me dejaba. Te miraba… luego me salía por la puerta de un lado y… aparecía para ti como Edward.
Sus ojos estudiaron mi cara.
—Parece que pensaste en todo. ¿Pensaste que nunca me enteraría?
—Claramente no pensé, Bella. Tenía el celular que le había comprado a mi abuela en caso de emergencias en mi escritorio. Te mandé ese primer mensaje para animarte. Hacerte sonreír. —Suspiré—. Luego todo fue creciendo y, sin pensar en las consecuencias, me convencí de que esto era lo que realmente querías. —Inhalé profundamente—. Ya que no podía acercarme a ti como Masen, me convertí en tu fantasía. Quería darte eso, así que me convertí en Edward.
—Eras… diferente aquí.
La miré a los ojos.
—Tú también eras diferente, Bella. Sé que sentiste algo en esta sala por la forma en que respondías. Todos tienen diferentes lados. Ya sabes, Dr. Jekyll y Mr. Hyde.
—¿Es real?
Asentí.
—Me gusta el sexo, Bella. Me gusta estar en control. De alguna forma, cuando estoy en esa parte de la relación estoy mucho más… tranquilo conmigo mismo —pausé—. Me encantaba cómo respondías ante mí.
Sus mejillas se enrojecieron.
—¿Eso es todo lo que fue, Masen? ¿Sexo?
—No. No contigo. Fue más. Siempre fue más. —Me tiré del cabello mientras la veía—. Me dije a mí mismo que sólo te estaba dando tu fantasía. Una vez. Luego me desaparecería y te dejaría en paz. Pero no pude. Te deseaba; todo el tiempo, Bella. Pero quiero cada parte de ti. Y quiero que tú me quieras a mí. Que me veas. A Masen.
—¿Cómo creíste que iba a terminar?
—No tenía... no tengo idea, Bella. Sólo sabía que, luego de que te besé esa primera vez…, no pude detenerme.
Avanzó y me preparé para su enojo. En lugar de eso, se quedó parada, viéndome con el ceño fruncido.
—Tu toque siempre fue tan… familiar. Como si te conociera. Nunca se sintió mal.
—No estaba mal. No pienses en eso de esa manera.
—¿Qué debes pensar de mí, Masen?
La miré boquiabierto.
—¿Qué?
—Te dejé follarme… alguien que pensé que era un extraño. Debes haber cuestionado…
Alcé la mano.
—No. Nunca. Te conozco, Bella. Sé que normalmente no actúas así; era una fantasía que nunca esperaste cumplir. Sé que fue inusual para ti. —Me reí sin humor—. Yo tampoco me comporto así, por muy extraño que parezca. Sólo… pasó. Para ambos —pausé—. Tal vez, Bella, de alguna forma siempre supiste que era yo. Tal vez eso fue lo que te dio la libertad de actuar en base a tu deseo. Dijiste que querías que fuera yo.
Me miró, mordiéndose el labio.
—Tal vez…
No quería que se cuestionara a sí misma. Quería que supiera cómo la veía yo. Lo perfecta que era; para mí.
—No pienso menos de ti, Bella. Significas mucho para mí. Nada ha cambiado eso; al contrario, me siento más cerca de ti. ¿Tú piensas menos de mí? —Moví una mano frente a mí—. Por lo que pasó aquí; ¿tú opinión de mí cambió?
Suspiró suavemente.
—No.
—Entonces deja de preocuparte por eso. Por favor.
Nos miramos el uno al otro, los ojos de Bella ya no estaban enojados, pero seguían cautelosos.
—Me besaste la otra noche. Masen me besó. Me gustó.
—A mí también me gustó, Bella, muchísimo... No tienes idea de qué tanto.
—Terminé lo de Edward porque quería explorar esto contigo.
Cerré los ojos por el comienzo de su despedida. Ya podía sentir el dolor construyéndose en mi pecho, sabiendo que iba a decirme que ya no había oportunidad para nosotros. No después de lo que había hecho.
—Lo sé. Estaba… tan feliz, Bella. Iba a decírtelo. Lo juro. Quería que lo supieras.
No dijo nada.
—No siempre soy Edward… —susurré.
—Incluso cuando eras Edward, seguías siendo tú, Masen.
Abrí los ojos para ver que se había acercado.
—¿Qué?
—Seguías cuidándome. Me abrazabas. Te asegurabas de que estuviera bien, incluso después de que… me follabas.
—Nunca fue sólo una follada, Bella. Sé que fue oscuro y brusco…
—Y sucio —susurró.
—Sí —acepté—. Te di lo que dijiste que querías; sexo caliente, rápido y duro con un extraño. Pero siempre significó algo para mí. Más de lo que sabes. Mucho más que sólo sexo.
—Era lo que pensé que quería.
—¿Pero ya no?
—También significó algo para mí; pero, Masen, quiero más.
Un pequeño parpadeo de esperanza comenzó.
—¿Sí?
Asintió.
—Edward me hizo mirar a mí alrededor. Me hizo verte, Masen. Me hizo… desearte.
Se me atoró la respiración.
—Yo te deseo a ti, Bella.
—Dijiste algo hace rato, Masen. —Sus manos estaban apretadas—. ¿Lo decías en serio?
Estiré un brazo de manera tentativa y tomé su mano en la mía, emocionado cuando me permitió entrelazar nuestros dedos.
—Te amo, Bella. Te he amado desde el primer día que te vi —pausé cuando mi voz se rompió—. Te he estado esperando por mucho tiempo.
Me miró, sus labios estaban fruncidos mientras pensaba en lo que había dicho.
—Eres un poco acosador, ¿lo sabes, verdad?
—Sólo por ti. —Sonreí con cautela, inseguro de si estaba leyendo bien su reacción—. Si fueras mi novia, le llamaríamos salir en lugar de acosar.
—¿Estaría saliendo contigo… o con Edward?
—Vienen en paquete los dos.
—Eres muy… perverso.
—A veces.
—Fuiste muy gentil la otra noche.
Alcé nuestras manos enlazadas y besé suavemente sus nudillos.
—Puedo ser ambos. Quiero ser ambos… para ti, Bella.
Frunció los labios.
—Dr. Sucio y Mr. Tímido, ¿es así, Masen?
Me reí por su astucia.
—Supongo, pero ambos te aman, Bella.
Su otra mano subió e intenté no encogerme cuando se acercó a mi cara.
—Nunca había golpeado a alguien antes —susurró al acunar mi sensible piel—. Siento muchísimo haberte lastimado.
—Me lo merecía.
Inhaló profundamente.
—No. Nadie merece ser golpeado. Jamás. Me arrepiento más de lo que puedo decir. —Pasó gentilmente sus dedos sobre la marca e inhaló—. Tengo hielo y hay una buena pizzería que entrega a domicilio cerca de mi apartamento, Masen. ¿Vendrías a casa conmigo y me dejarías cuidarte a ti esta noche?
—Bella, ¿estás segura?
Inhaló profundamente.
—No más mentiras.
—No.
—Me dirás todo, Masen —pausó—. Todo.
Tragué profundamente.
—Sí.
—Si digo que necesito conocer a Masen más, antes de que Edward…
La interrumpí.
—Lo tienes. Esperaré. Sé que necesitas confiar en mí de nuevo. Dame esa oportunidad, Bella. Déjame enseñarte cómo me siento por ti. —Agarré su mano con más fuerza—. Por favor.
Vaciló, luego asintió.
La jalé con gentileza, envolviendo mis brazos a su alrededor. Sentí su temblorosa respiración cuando se relajó contra mí.
—Desde hace tiempo he querido abrazarte así en esta habitación con las luces encendidas —murmuré en su suave cabello.
—Me gusta que me abraces.
Apreté mis brazos, a duras penas podía creer que ella me estuviera dejando tocarla de nuevo.
Bella echó la cabeza hacia atrás, su expresión era seria.
—Me gusta mi pizza con aceitunas.
Esta vez mi sonrisa fue tan grande que me lastimó la cara, pero ignoré las punzadas que causó mi mejilla adolorida.
—Perfecto, a mí también.
Parezco loca actualizando cada rato pero es que ya quiero terminar esta historia, así que hoy en la noche llega el capítulo 26.
Espero que les haya gustado, ¡gracias por sus comentarios, alertas y favoritos!
Nos leemos en el siguiente ;)
