El día en que Otabek y Yuri efectuarían el plan acordado había llegado, Otabek se puso su traje de agente y Yuri se vistió como un vampiro corriente utilizando una peluca de color negro para evitar ser reconocido. El kazajo le esposó las manos y lo subió al automóvil de Jean con cuidado en la parte trasera. Ambos estaban nerviosos, la verdad es que ni siquiera sabían si saldrían con vida de aquella misión, si alguien descubría la verdadera identidad de Yuri las cosas se tornarían verdaderamente hostiles.
—Oye idiota, si nos descubren finge ignorar mi verdadera identidad— musitó observando por la ventana del automóvil.
—¿Me estás pidiendo que te deje a tu suerte? No haría eso, no va con mi forma de ser— contestó Otabek un tanto ofendido, si había algo fundamental en la vida para él era la lealtad y el honor.
—Me servirás más de ayuda como un agente infiltrado que como un traidor— le miró con una expresión seria mientras Otabek le devolvía una mirada de preocupación por el retrovisor.
—Supongo que tienes razón, pero si llegara a pasar algo y no te ayudo a salir pronto te utilizarán como conejillo de indias ¿Estás consciente de eso cierto? — le replicó un tanto preocupado, pese a lo mal que se habían llevado en un principio los últimos días compartiendo con Yuri le habían hecho tomarle cariño.
—Estoy dispuesto a hacer ese sacrificio con tal de impedir la extinción de mi especie, además, aunque en estos momentos lo odie realmente no quiero que algo malo le suceda a Viktor. Sin tengo de hacer esto para detener la conspiración en su contra estoy dispuesto a pagar el precio— Yuri volvió a voltear la mirada hacia la ventana y observó hacia afuera con nostalgia, realmente extrañaba a Viktor.
Otabek guardó silencio y encendió el auto para partir, aquellas palabras del rubio le hicieron caer en cuenta que detrás de esa personalidad un tanto hostil y rebelde se encontraba un vampiro con un corazón enorme, una persona extremadamente leal que pese a las circunstancias mantenía sus convicciones. Por un momento se sintió un tanto celoso de Viktor, era tan afortunado de tener el apoyo incondicional de Yuri y ni siquiera lo tomaba en cuenta o al menos eso le parecía a Otabek.
Mientras Otabek manejaba ambos permanecieron en silencio, concentrándose muy bien en su plan para no cometer ningún error ni dar algún paso en falso. El plan era que Otabek lo llevara como rehén por causar revueltas en algún sitio, lo llevaría a la celdas con la excusa de que era un vampiro un tanto fuerte como para que un agente de menos rango se encargara de aquello, le dejaría a Yuri la llave de las esposas y las celdas, en el baño del guardia escondería un bolso con un traje de agente para que Yuri después de liberar a los vampiros causando una revuelta se disfrazara de un agente para subir al segundo piso a los laboratorios y robar el suero original. Todo estaba perfectamente planeado, absolutamente nada podía salir mal.
Cuando llegaron al departamento de la VCD Otabek bajó a Yuri con brusquedad a lo que Yuri bufó y le miro con una expresión asesina.
—Lo siento, pero debe parecer real— le susurró Otabek mientras Yuri fingía estar débil por el suero.
—Vaya vaya que tenemos aquí, encontraste un ejemplar ¿De qué rango es? — Le preguntó uno de los subordinados de Jean mientras inspeccionaba a Yuri.
—Es un simple Vulgus, pero resultó ser un tanto resistente al suero por lo que he decidido llevarlo a las celdas para que los del laboratorio lo examinen— respondió Otabek con desdén.
—Deja yo me encargo, ayer mi novia me dejó y tengo ganas de botar estrés pateando traseros vampíricos—
—Es resistente al suero e intentó morderme varias veces, prefiero encargarme yo para evitar accidentes si se sale de control a no ser que desees ser convertido en un Neophity— El joven subordinado de Jean tragó saliva y puso una expresión de horror, lo que menos quería era convertirse en un monstruo de semejante calaña, lo más bajo en el mundo de los vampiros.
—Todo tuyo— musitó para alejarse de ambos rápidamente.
—Vaya cobarde— Musitó Yuri bajito haciendo que Otabek soltara una risa que debió disimular al instante.
Otabek lo llevó a la celda y lo arrojó con brusquedad mientras el guardia miraba a lo lejos, fingió cerrar el cerrojo y se retiró tarareando una canción como lo hacía de costumbre cada vez que atrapaba un vampiro.
—Buena tardes agentes Altin— le saludó el guardia mientras Otabek le saludaba con una seña de la mano.
—Buenas tardes Gregory— le contestó mientras caminaba a paso firme para continuar con la segunda parte del plan, ir a coquetear con la agente que se encargaba de los dispositivos de seguridad y anularla en la sala de los laboratorios. La chica lo había invitado a salir en innumerables ocasiones por lo que no le costaría mucho distraerla seduciéndola.
Por otro lado, Yuri sacaba las llaves que había dejado Otabek en el bolsillo de su pantalón y luchaba con dificultar para quitarse las esposas, una vez que lo logró con el corazón latiendo a toda velocidad preso de la adrenalina suspiró hondo y se dispuso a salir, utilizando su velocidad de inmediato para aturdir al guardia de un golpe. Utilizó las llaves para liberar a todos los vampiros de las celdas y de inmediato comenzó la revuelta.
En el tercer piso, en la sala de seguridad, se encontraba Otabek coqueteando con la chica que había tomado una actitud nerviosa y tímida frente a un audaz Otabek.
—Hoy luces muy linda— musitó el Kazajo mientras se acercaba a la chica que estaba parada frente al comando principal de la sala de seguridad, Otabek avanzó unos pasos y la arrinconó en el lugar para tener un mayor acceso a la computadora.
—G-Gracias Otabek, e-estás actuando de forma distinta— le contestó de manera tímida y nerviosa, mientras Otabek le pasaba una mano por la cintura.
—¿Te disgusta? Si te sientes incómoda puedo marcharme— le dijo haciendo un puchero, la chica negó con la cabeza y le sonrió de manera traviesa.
—No es eso, sólo... pensé que no te agradaba— le contestó la chica haciendo una expresión triste y en ese mismo instante Otabek se sintió como un mal nacido por estar coqueteándole sin tener intención alguna de salir con ella, pero era necesario. Se prometió a sí mismo invitarla al cine como recompensa en plan de amigos por los líos en los que la iba a meter en unos minutos.
—Eres muy agradable, es sólo que tenía mucho trabajo encima... pero ahora esto libre— le susurró con voz aterciopelada en el oído mientras dirigía su mirada hacia los comandos y desactivaba la seguridad de la planta del laboratorio. Apegó su cuerpo aún más a la chica y la besó en el cuello para alcanzar el botón que desactivaba todo.
—Otabek... aquí no, estamos trabajando— gimoteó la chica haciéndose la difícil, aferrándose a la espalda del azabache.
—Lo siento, es que no me pude resistir— musitó al terminar de cambiar la clave de los comandos de seguridad para que tardaran tiempo en reestablecerla —Entonces continuemos esto otro día— concluyó Otabek alejándose de la joven que estaba completamente sonrojada.
—Espera...— musitó la chica, pero el kazajo ya había dejado la sala de seguridad, se maldijo a sí misma por haberlo alejado, sus sueños más pervertidos habían estado a punto de cumplirse y es que era inevitable fantasear con un hombre tan varonil y atractivo como el agente Altin.
Por otro lado, Yuri con el traje de agente ya puesto, se encontraba en los laboratorios. La seguridad era nula y se alegró por eso, Otabek era muy eficiente y el plan les estaba saliendo de maravilla. Jean le había dicho que el laboratorio que albergaba el suero era el último del pasillo, había al menos diez laboratorios antes. Avanzo con seguridad fingiendo realmente ser un agente que paseaba por el lugar, cuando había atravesado el laboratorio número siete un agente se acercó a hablarle.
—Agente Jones— le saludó observando la placa que Yuri llevaba en el pecho —No lo había visto por aquí antes—
—Agente Parks, soy nuevo me transfirieron desde Rusia gusto en conocerlo— Yuri le ofreció la mano y el agente la estrechó sintiendo el inusual frío de su piel que le llamó de inmediato la atención.
—¿Que lo trae por aquí? — le cuestionó un poco desconfiado, aquél frío en la piel era característico de los vampiros, pero ¿Acaso era posible que uno se hubiera infiltrado?
—Tengo que dejar éstas muestras sanguíneas en el laboratorio número diez— Afirmó Yuri mostrándole un contenedor.
—Yo las llevo, el acceso al laboratorio diez está restringido para algunos agentes— le contestó desconfiado intentando arrebatarle el contenedor de las manos. Yuri quería desfallecer en ese momento, ¿Qué diablos le diría para que lo dejase pasar? —Algo sucede abajo, encárgate rápido de eso y ven a ayudar, creo que hubo una revuelta— para su suerte la alarma de la fuga de vampiros se activó en todo el departamento y el agente salió corriendo a ayudar por una orden que le llegó de su superior.
Yuri sonrió triunfante y corrió hacia el laboratorio final donde se encontraba el gran premio. Para su mala suerte el agente era bastante desconfiado por lo que llamó por el intercomunicador a un agente licántropo para que fuera a vigilar lo que el agente nuevo iba a hacer al laboratorio.
Al llegar al lugar Yuri buscó desenfrenadamente el suero original, dio vuelta el laboratorio casi por completo preso de los nervios, si no lo encontraba rápido alguien podía llegar y pillarlo con las manos en la masa. Cuando al fin encontró sintió que alma le volvía al cuerpo, lo metió en el contenedor frío portátil y se dirigió a la salida, para su mala suerte el hombre lobo ya había llegado.
— Buenas tardes agente Blake, vine a dejar unas muestras y ahora me retiro— Musitó Yuri con la sonrisa más fingida del mundo y cuando intentó pasar el tipo le obstruyó la salida con el brazo. En ese instante sintió un olor que le provocó dolor de estómago, aquél tipo no era un humano era un hombre lobo y seguramente ya sabía que él era un vampiro.
—Apestas a muerte— le gruño el licántropo sosteniéndole el brazo con fuerza.
—Y tú apestas a perro— le contestó Yuri de mala gana dándole un fuerte golpe en las costillas que hizo rebotar al licántropo contra la pared.
El hombre lobo se reincorporó de inmediato y mordió a Yuri en el hombro, la mordida de los hombres lobo tenía una especie de veneno que a los vampiros les impedía la cicatrización rápida de las heridas provocándoles hemorragias profusas. En ese instante Yuri tomó real conciencia de que estaba en problemas.
Yuri se giró y buscó el cuello del adversario para morderlo, la mordida de los vampiros a los licántropos les causaba un dolor intenso e insoportable. Yuri logró morderlo en el cuello y en la clavícula. El licántropo se transformó de inmediato y le rasgó la espalda con sus garras provocando que Yuri gritara del dolor, la sangre de ambos comenzaba a adornar el suelo, ambos tenían conciencia de que sería una pelea a muerte.
El vampiro golpeó al hombre lobo con todas sus fuerzas con la intención de romperle una pata, luego se ayudó de su poder para torturarlo con la mirada comprobando ahí mismo que las leyendas eran ciertas, los poderes de los vampiros no tenían el mismo efecto en los lobos que en los humanos. El dolor que le provocaba al lobo era soportable, el licántropo aulló y arremetió nuevamente contra Yuri mordiéndole el cuello, Yuri cayó débil al suelo maldiciendo su mala suerte, definitivamente moriría en unos instantes, se sentía débil y su sangre estaba regada por todo el suelo.
El lobo gruño satisfecho al ver en las condiciones que se encontraba el vampiro, a pesar de que le había roto varios huesos en la batalla el rubio lucía mucho más dañado que él. Cuando se disponía a realizar su último y mortal ataque sintió que algo ardiente le atravesó el pecho, cayó hacia un costado y perdió su transformación. Otabek había aparecido en el instante preciso para propinarle un disparo con una bala de plata.
—Yuri, mírame. ¿Puedes oírme? — Le preguntó el azabache preocupado tomándolo en los brazos.
—Sí, tengo el suero— le contestó con debilidad mientras hacía un esfuerzo grande por acercarle el contenedor.
—Eso da igual, estás mal herido te sacaré de aquí— le dijo el kazajo avanzando unos pasos mientras Yuri dejaba huellas de sangre en el camino.
—Otabek lleva el suero con Seung y JJ, las mordidas de un lobo no son fáciles de curar, no duraré mucho en estas condiciones es mejor que me dejes— Yuri lo miró con seriedad y esbozó una sonrisa quebrada, realmente sentía que estaba muriendo poco a poco.
—Maldición ¡no!, debe haber algo que pueda hacer. Dime Yuri, sé que hay algo— insistió Otabek con desesperación mientras continuaba corriendo con Yuri en brazos hasta llegar a un ascensor.
—He perdido mucha sangre y la única forma de sobrevivir es recuperarla— afirmó Yuri y Otabek de inmediato se descubrió el cuello y acercó a Yuri para que le mordiera —No es tan simple idiota— dijo rechazando el cuello ajeno —He perdido tanta sangre que si muerdo a un humano no creo ser capaz de detenerme. ¿Lo entiendes? Puedo llevarme tu vida, para no morir tendría que convertirte— concluyó haciendo su cabeza a un lado.
Otabek se sentó en el suelo del ascensor y apretó el botón de emergencia para que se detuviera, tomó un cuchillo de su arnés y se cortó la muñeca para acercarla a la boca de Yuri —No le tengo miedo a la muerte, además si estoy muriendo estaría bien si me conviertes— Le dijo esbozando una sonrisa —No te dejaré morir—
Yuri quiso llorar en ese momento, nadie en su vida había dado tanto por él como aquél chico. Yuri sabía perfectamente cuanto odiaba Otabek a los vampiros y sin embargo estaba aceptando la posibilidad de ser uno con tal de salvarlo. Yuri asintió y aceptó el ofrecimiento, comenzó a beber lo más lento que podía para poder controlarse y no tener que convertir a Otabek. La sangre del chico tenía un sabor sublime, tan sublime que realmente sentía miedo de no poder detenerse, bebió unos minutos de su muñeca y el descontrol de su hambre le hizo luego dirigirse al cuello del kazajo donde enterró sus dientes con fuerza para comenzar a beber con desenfreno.
Otabek se sentía más y más débil a cada instante, pero no quiso decir nada porque sabía que si emitía alguna palabra sobre eso Yuri se detendría y seguiría en peligro por sus graves heridas, entonces cerró los ojos y se entregó al momento, nunca hubiera pensado que ser mordido por un vampiro se sintiera tan bien, tomó a Yuri entre sus brazos y le acarició el cabello con suavidad comenzando a perder un poco la conciencia de sus actos. Fue entonces cuando Yuri volvió en sí, aquella caricia lo había aterrizado de sus instintos, se detuvo y tomó con sus manos el rostro de Otabek quien esbozó una sonrisa fingiendo que estaba bien, pero su palidez le indicaba a Yuri que había bebido de más, quizás no hasta el punto de poner el riesgo su vida, pero si lo suficiente para dejarlo muy débil.
—Lo siento— musitó Yuri para tomar a Otabek en brazos, se había recuperado bastante gracias al sacrificio del que se había convertido en su amigo.
—Descuida— contestó Otabek antes de desvanecerse en sus brazos.
